Mostrando entradas con la etiqueta Sala Triángulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sala Triángulo. Mostrar todas las entradas


Fuente: Javier Molina (elpais.com)
Al bajar del taxi, José Martínez mira a su alrededor, se palpa la billetera y agarra a su mujer del brazo. Parece inquieto mientras camina entre la bulliciosa masa multicolor que pulula por las angostas calles del barrio de Lavapiés. “¿Eso es el teatro?”, pregunta incrédulo al llegar al portal número 24 de la calle de los Abades. Tiene 69 años y hace casi diez que no acude a una representación. Su perplejidad no disminuye al entrar en la sala, una casa oscura y estrecha de ornamento decimonónico. Su paciencia parece a punto de agotarse cuando, tras pagar la entrada, es conducido a una habitación de 20 metros cuadrados y sentado en una incómoda silla de madera rechinante. Al poco, la luz se apaga y aparecen dos hombrecillos barbudos disfrazados de niñas de colegio de monjas. Resopla, bosteza, remueve el culo. “No duro hasta el final”, advierte a su avergonzada esposa. El público chista para que se calle. Los minutos pasan y el desastre parece inminente. Pero algo ocurre a lo largo de la hora y cuarto que dura la obra: al final del primer acto, José parece atento y concentrado; en el segundo ha soltado más de diez carcajadas, y al finalizar la función, sus ojos son dos esferas abiertas y humedecidas y sus palmas amenazan con romperse de tanto aplaudir. “¡Bravo!”, grita antes de salir de La Casa de la Portera.
La obra en cuestión se llama Las huérfanas y es uno de los últimos éxitos de José Martret, director y fundador de la sala, que protagoniza junto a Jorge Calvo esta asombrosa comedia con ecos almodovarianos. Los 25 espectadores tratan de disimular las lágrimas ante estos dos travestidos que se hacen más complejos y entrañables a cada instante.
No es la primera vez que ocurre. El pasado 8 de marzo se cumplió un año desde que Alberto Puraenvidia reformó y decoró este bajo lóbrego –que fue local anarquista, refugio patera para inmigrantes y hogar de la portera– y lo transformó en el escenario de Ivan-Off, la versión de Chejov con la que su socio José Martret dio inicio a uno de los acontecimientos más sorprendentes del mundo de las tablas. Desde entonces, más de 10.000 personas se han sentado en las 25 butacas de La Casa de la Portera, según estimaciones propias, y el dúo fundador ha recibido más de 30 propuestas de repu­­tados directores. Las obras seleccionadas llenan a diario con listas de espera de hasta un mes para comprar entradas. Un milagro teatral que no llega solo: a su lado emergen otras salas alternativas que se mantienen a flote gracias a un boca a boca muy intenso. Entre las que destacan están Microteatro por Dinero, pionera de los formatos cortos, y la Flyhard, que está cautivando al público de Barcelona. A estas les siguen nuevos espacios con espectáculos de gran calidad, como las madrileñas LumièreKubik FabrikSala Tú y Teatro del Arte, y las barcelonesas Atic22Atrium y Porta 4. Son solo algunos de los ejemplos recientes que sirven como remanso y referente en el agónico pano­­rama de la escena independien­­te. El diario británico The Guardian ha llegado a referirse a algunos de estos lugares como parte de “una revolución cultural dentro del teatro español”.
El fenómeno de lo alternativo no tiene nada de nuevo. En España, desde mediados de los ochenta, varias compañías y escuelas de actores abrieron espacios no convencionales enfocados a un público menos numeroso, pero más entregado. Los noventa supusieron la consolidación de un movimiento que cristalizó en salas como la Cuarta Pared, la Triángulo y la barcelonesa Beckett, motor de la dramaturgia contemporánea catalana. Talleres, garajes, edificios en ruinas y todo tipo de rincones imposibles se teatralizaron gracias al esfuerzo de los creadores.
Si atendemos a las confidencias de los teatreros más curtidos, Madrid siempre fue el vivero de la escena nacional y hoy no ha dejado de serlo. Su poder telúrico tiende a concentrar un influjo cultural que se repite a lo largo del tiempo. Ya en el Siglo de Oro, algunos de los mayores genios de la historia, como Cervantes, Lope, Góngora y Quevedo, convivieron en unas pocas calles. Lorca, Alberti y Miguel Hernández hicieron de las suyas en el Madrid de preguerra. El arte más vanguardista volvió a ponerse de acuerdo desde los años previos a la movida. Y hoy, en plena crisis, parece brotar de las cenizas en pequeños espacios que ejercen un gran poder de atracción. Uno de los veteranos del teatro español, el actor y director José María Pou, no ahorra elogios para definir el fenómeno: “Estas salas son un semillero fantástico para los creadores”.
Un teatro que capta la atmósfera vital de nuestro tiempo, que surge del impulso de actuar ante los acontecimientos que vivimos. Animalario fue la palabra clave, y La boda de Alejandro y Ana, el punto y aparte que marcó la escena española en 2004. Aquella sátira sobre la derecha fue representada en un salón de bodas auténtico y aún hoy sigue inspirando a los miembros de la compañía. Uno de sus artífices, Alberto San Juan, regresa a salas alternativas como la Cuarta Pared –donde Animalario hizo sus pinitos– y la Triángulo para protagonizar monólogos cortos circunscritos en el teatro reivindicativo. Y es que para el actor, el resurgimiento de la escena independiente va ligado a la necesidad de cambio social: “Ya lo decían en el 68: cuando el Parlamento se convierte en un teatro, el teatro ha de ser un Parlamento”.
Independiente, artesano, experimental… Las definiciones no sirven para concretar la esencia de los nuevos modelos que surgen ajenos al mundo institucional. Y mucho menos para explicar su éxito. Entrar un sábado en Microteatro por Dinero puede convertirse en una experiencia no apta para claustrofóbicos. Pero debe de ser que el roce es adictivo o hedónico. Solo así se explica la incesante afluencia de espectadores que acuden a ver las piezas de 15 minutos a cuatro euros por función. Ubicada en pleno centro de Madrid, la sala fue una antigua carnicería hasta que un grupo de actores y directores liderados por el cineasta Miguel Alcantud la transformó en una especie de burdel escénicocompuesto por cinco habitaciones alineadas de unos siete metros cuadrados cada una. El resultado es un lugar en el que, al decir del dramaturgo Félix Sabroso, “uno tiene la sensación de que va a hacer el amor”. Quince personas pasan en fila y se apiñan en cada cubículo como mejor pueden, sentados, apoyados en la pared o en el hombro del de al lado. Los actores trabajan a centímetros de los espectadores, casi llegando al contacto físico, a lo pudoroso.
“Nuestra casa es la de todos los actores, directores y dramaturgos que se atrevan a contar una historia en 15 minutos”. La sala recibe unas 150 propuestas mensuales y ha engatusado a decenas de miles de espectadores. Una comedia rusa, una escena de tanatorio, una discusión en una cama de matrimonio o una exhibición de danza acrobática pueden sorprender en cada sala. Nunca ver teatro fue tan visceral.
El auge de los pequeños formatos tuvo sus orígenes en los años cincuenta en el off-Broadway neoyorquino. Se trataba de una serie de locales que daban cabida a un arte premeditadamente humilde, sin los oropeles de los coliseos de Manhattan. En su tiempo fue todo un bombazo. Pero dos décadas después el off se contagió del éxito, los precios subieron y los creadores alternativos decidieron huir más lejos del centro para crear el off-off-Broadway en salas aún más pequeñas.
La esencia de lo alternativo no llegó directamente desde la Gran Manzana. Sudamérica funcionó como un gran pinball que hizo rebotar la bola hasta España. En los ochenta, la dictadura militar argentina llevó al exilio a decenas de profesores que exportaron el modelo a Madrid y Barcelona. La frescura del teatro bonaerense impactó a los creadores españoles acostumbrados al estilo declamatorio del franquismo. Hoy sigue siendo un referente indiscutible: en 2005, el porteño Claudio Tolcachir transformó su casa en un escenario –Timbre 4– que sacudió el mundo teatral con un éxito transatlántico. José Martret emuló el experimento en La Casa de la Portera y el eco de los aplausos llegó –como por un nuevo golpe de pinball– a los teatreros del otro lado del charco. Tanto es así que el pasado febrero, el actor y director Lautaro Perotti, cofundador de Timbre 4, estrenó en la sala de Martret su obra más intimista: Breve ejercicio para sobrevivir. “Estos pequeños teatros son nuestros hermanos”, comenta el porteño, “ambos nacemos del compromiso absoluto con el arte”. Un ejemplo de sinergia entre dos actitudes artísticas que no entienden de crisis.
Hoy, Timbre 4 tiene un gran palco de butacas. Y el proceso que ha experimentado la escena alternativa española es similar. Salas como la Cuarta Pared y la Beckett crecieron, comenzaron a depender de las subvenciones y se consolidaron como espacios de referencia en los que, al igual que en Nueva York, el término off cada vez encajaba menos.
La tormenta perfecta llegó con la crisis, y más aún tras la subida del IVA al 21%, decretada por el Gobierno en septiembre de 2012. En solo cuatro meses, el teatro perdió un 31,43% de espectadores con respecto al año anterior. Y tras la paulatina pérdida de las ayudas institucionales, muchos se cansaron de esperar y crearon microespacios constituidos como asociaciones culturales con propuestas artísticas más atrevidas. El off-off español ha llegado para quedarse. Aunque nadie se está haciendo rico en el camino, la respuesta del público está logrando mantener los puestos de trabajo. Y en estos tiempos, eso es una gran noticia.
Nos trasladamos a Barcelona, donde el fenómeno de las pequeñas salas se vive en versión catalana. El mayor éxito se traduce de forma unánime en la sala Flyhard, un espacio con 40 butacas ubicado en el barrio de Sants que, al decir del crítico de EL PAÍS Marcos Ordóñez, es “el lugar de la escena barcelonesa donde más cosas están pasando”.
En marzo, esta sala estrenó Rei borni, una sutil comedia negra sobre la violencia policial y la concienciación en tiempos de crisis. “Con este tema lo petaríamos en Madrid”, comenta Alaín Hernández, responsable de encarnar a un violento mosso d’esquadra capaz de provocar odio y carcajadas. El texto hila muy fino, los actores lo bordan y el debate que genera continúa en los bares barceloneses a golpe de cañas.
Nuevas salas, nuevos formatos, reencuentros con el pasado… ¿Qué está ocurriendo en los escenarios españoles? Para unos es una revolución, “una respuesta espontánea a un exceso de establishment”, comenta el dramaturgo Félix Sabroso. Otros, más pesimistas, nos recuerdan el reciente cierre de salas míticas, como la Ítaca, el Albéniz, la Tis o la Espada de Madera. Casi todos creen entrever una luz al fondo del túnel. “Estos lugares son un laboratorio lleno de futuro”, concluye José María Pou. Teatro de piel o, como prefiere Martret, “teatro subcutáneo”, que traspasa la piel del espectador y se instala en nuestro cuerpo para no marcharse, para convertirnos en militantes de la escena y para demostrarnos que el arte es alegría, autoestima y esperanza, incluso en estos tiempos.


Fuente: Sergio C. Fanjul (elpais.com)
Durante la huelga general del 14 de noviembre, entre el mar de banderas y pancartas reivindicativas, hubo una que llamó la atención de muchos: “Chéjov nos salvará”, decía, y la portaba, aunque de incógnito, la compañía teatral La Xirgu. Resulta que era el título de esta obra, un buen cóctel de referentes contemporáneos como los zombis, la telebasura, la manipulación mediática, la Tercera República, los portales de Internet de búsqueda de pareja, las hipotecas, y, cómo no, la ubicua crisis.
“A las actrices de la compañía no les convencía el título”, explica Antonio Morales, el dramaturgo y director que lleva cinco años colaborando con La Xirgu en diferentes montajes como Mise en scène o Maravillosa criatura, “entonces les dije que había que cargarlo de simbología política: teníamos que salir a la calle con él. Hicimos una pancarta, no para hacer publicidad, sino a modo de eslogan reivindicativo. Descolocaba un poco, porque a veces los lemas se vuelven muy manidos y no tienen fuerza, pero este emocionaba a algunos. Además nosotros, como artistas, tenemos que ser más creativos, utilizar metáforas. Esa es nuestra arma”.
En la comedia Chéjov nos salvará, una mujer ocupa su propia casa en compañía de dos amigas (y una intrusa que aparece por allí) y trata de conseguir pareja en una web de contactos. Mientras tanto, fuera, algo ocurre: grandes masas soliviantadas proclaman la Tercera República, aunque al final esto no sea lo que parece. La obra, que por casualidad coincide en estas fechas con el aniversario de la Segunda República, que se celebra mañana, se puede ver en la sala Triángulo (Zurita, 20) todos los viernes y sábados hasta el día 4 de mayo.
“No es una obra política ni un panfleto propagandístico, aunque ocurre en el contexto general de la crisis: trata de personas que intentan sobrevivir a esta situación. Gente que quiere tener una vida normal, una casa, un trabajo, una familia, y no puede”, dice Patricia Jordá, una de las protagonistas junto a Ana Astorga, Carmen del Conte y Ana Adams. El texto está, por tanto, fuertemente conectado con la actualidad, hasta el punto de que en cada función se hace referencia a los titulares del día, “aunque hemos evitado utilizar demasiados nombres propios”, dice Morales. “La gran equivocación es echarle la culpa a alguien en particular. El rey Juan Carlos no es el problema, el problema es la Monarquía; tampoco es el PP o el PSOE, sino el propio sistema”.
La referencia al escritor ruso Antón Chéjov no es gratuita, pues cumple su función en la obra, pero “además es un autor todavía muy contemporáneo, han pasado 100 años, y me sigue llegando mucho. Pero también sirve como símbolo del teatro, o incluso de la cultura en general, en medio de esta situación de recortes y subida del IVA. Hay gente que necesita que le cuenten una historia y acudir al teatro o al cine a seguir emocionándose. Nosotros sacamos tiempo, dinero y esfuerzo de donde sea para seguir haciendo teatro. La vida no puede reducirse a las necesidades biológicas básicas que tienen las gallinas o los pollos, sino que necesitamos la cultura, eso nos hace humanos. Yo lo veo como una necesidad básica”.
Están bastante cabreados en esta compañía, pero en la obra reconvierten el cabreo en gamberrismo y ácida ironía: “Por encima de todo, lo que queremos era provocar risa, porque la risa es subversiva”, dice el autor y director, “sobre todo en este momento, en una sociedad atemorizada a la que se manipula de manera aberrante y aterradora. La risa es una forma de catarsis”. Como opina la actriz Ana Astorga: “Hay tal nivel de surrealismo en los medios y en todo lo que está pasando en el ámbito político, que ¿cómo vas a responder a eso? Pues poniendo un espejo: con más surrealismo”.
Chéjov nos salvará. Sala Triángulo (Zurita, 20). Viernes y sábados, hasta el 4 de mayo; 14 euros.

Chéjov al rescate

by on 12:53
Fuente: Sergio C. Fanjul ( elpais.com ) Durante la huelga general del 14 de noviembre, entre el mar de banderas y pancartas reivindic...

Fuente: Patricia Peiró (elpais.com)

El mundo teatral de Madrid vive su propia primavera. Y sus integrantes cada vez son más numerosos. Las salas alternativas crecen como setas frente a los grandes escenarios a los que, dicen las compañías, cada vez es más difícil acceder. Se consideran a sí mismos “invernaderos de cultura”. Hacen que siga viva, protegiéndola, hasta que pase el temporal. Un garaje, un sótano, una casa de dos habitaciones, un antiguo sex shop una peluquería barrida por la crisis son lugares perfectos para llenarlos de teatro. Su aforo es limitado, la programación se renueva constantemente, la escenografía se reduce a lo básico y se puede oír hasta la respiración de los actores. Las salas fuera del circuito convencional han subido el telón.




No siguen un patrón, cada una tiene una semilla diferente, pero cualquiera diría que se han puesto de acuerdo para brotar al mismo tiempo. Sol de York, ubicada en el barrio de Chamberí, por ejemplo, nació auspiciada por un mecenas enamorado del arte el pasado 20 de diciembre. A sus 89 años, Julio Amuriza permitió a seis socios transformar un antiguo centro de egiptología en un espacio teatral con clases, aulas de ensayos y una sala con 160 localidades. Uno de ellos, Javier Ortiz explica que “cada uno puso lo que pudo, unos dinero y otros trabajo”.
Y así, el invierno de su descontento se volvió primavera con el sol de York, como reza uno de los fragmentos de Ricardo III de William Shakespeare y del que surgió la idea para denominar el teatro. Como no tienen miedo, pintaron la estancia principal de amarillo, un color maldito para los artistas. En una de sus paredes de la entrada un montón de post-its contienen las opiniones de todos los que ya han visitado el espacio. “Gracias por arriesgar tan bien”, se lee en uno de ellos. Las propuestas osadas también son la especialidad de estas salas, aunque no todo es transgresión, ni mucho menos. Los que van a estas salas se encuentran a muchos actores conocidos, no solo de las tablas, sino también de la televisión o del cine. Muchas de ellas ofrecen obras también para el público infantil.

La Casa de la Portera acaba de cumplir su primer año. Esta sala se sitúa en el corazón de La Latina. La idea de montar un teatro en una vivienda podría parecer descabellada, pero no lo pensaron así ni sus creadores ni las compañías que en estos doce meses han seguido proponiendo ideas para representar en esta vivienda. Han llegado a interpretar un monólogo en el baño. Al atravesar el umbral, el espectador siente que se traslada a otra época, hasta los años cuarenta. Muchos de los asistentes entran vacilantes, pero en el reducido grupo de 25 personas que disfrutan de cada función hay algunos que ya conocen bien el sistema. Las obras se desarrollan sobre todo en dos estancias, aunque los actores pueden jugar con todo el espacio. “Estas salas dan más independencia al creador, sin necesidad de que tus ideas pasen por mil personas antes de llegar a escena”, apunta José Martret, uno de los directores de la sala junto a Alberto Puraenvidia.
En estos teatros los espectadores están muy próximos a los actores. Mucho. Y los intérpretes ven así la respuesta del público. Benja de la Rosa, que ahora presenta en la Casa de la Portera Louella Persons cree que “esto les va bien, porque el actor tiene que enfrentarse a esto para que se curta”. Esta cercanía permite incluso que los artistas interaccionen con más facilidad con los asistentes. “Para nosotros es el mejor escaparate, ahora que cada vez es más difícil entrar en los teatros convencionales”, añade De la Rosa.
La mayoría de los nuevos teatros tienen programación regular, pero cada día de la semana suelen ofrecer una propuesta diferente. Esto obliga a las compañías a dar una vuelta de tuerca a su creatividad y conseguir que un mismo escenario se convierta cada día en un espacio distinto con la mínima escenografía y juegos de luces. “Nosotros les ofrecemos la casa y ellos tienen que hacer algo que se adapte a este emplazamiento”, detalla Martret. El cambio continuo también facilita que el público rote y que así más gente conozca la sala, porque el boca a boca es uno de los grandes aliados de estos espacios.
Sala Tú, en Malasaña, abrió sus puertas el 15 de noviembre. Lo que hoy es un teatro y un pequeño bar, en su día fue una peluquería y unsex shop que no pudieron sobrevivir a la crisis. Sus seis socios se conocieron trabajando en la obra El divorcio de Figaro. Alfonso Lara es uno de ellos y está convencido de que “el futuro” de la profesión se encuentra en estas salas porque permiten "que los actores sigan activos" cuando los hermanos mayores, los teatros más grandes, no dan trabajo a todos.

No solo de la escena viven estas salas. La mayor parte de ellas sirven como semillero cultural y albergan exposiciones, música en vivo, cursos, ensayos o talleres. Es una forma de sacar el máximo rendimiento a unos espacios con los que “no te haces rico”, afirma David Sánchez, otro de los propietarios de Sala Tú. Las entradas a los espectáculos teatrales suelen ser algo más baratas. Oscilan entre los siete y los 20 euros, dependiendo de la obra y de la compañía. Algunos también hacen ofertas especiales a parados y a padres que lleven a sus hijos. Normalmente la sala y la compañía se dividen la taquilla a partes iguales.
Sala Tú ofrece un curso de interpretación lunes y martes. “Cuando todo se está viniendo abajo, lo que emerge es lo artesanal, que es el teatro: solo el texto y al actor. Sin artificios”, afirma Micaela Quesada, otra de las socias.
El lugar en el que ahora se ubica Sala Tú estaba destinado a ser un teatro. Allí actúo ya cuando aún era una peluquería la compañía Yo erótica, dirigida por Camilo Vásquez. En su búsqueda de espacios alternativos, Yo erótica acabo encontrando Espacio 8, a escasos metros de la Casa de la Portera. Este lugar nació hace cinco años como sala de exposiciones, de conciertos y almacén para grupos de teatro, entre otras actividades.
En noviembre se introdujo en el mundo de la oferta teatral cuando Vásquez lo encontró y propuso a su dueña, Larisa Balinge, que su obraLeche se interpretara allí. Fue un inicio accidental, pero Balinge, una promotora por sorpresa, está abierta a escuchar más propuestas cuando finalice la representación de Leche, a finales de este mes. “El espacio se convierte en un cuarto actor, esto no lo consigues en otro sitio más grande”, asegura Vásquez.
A veces hay que bucear un poco para encontrar estos teatros. O bajar al antiguo almacén de un bar para descubrir un escenario que a primera vista recuerda a The Cavern, el bar de Liverpool en el que Los Beatles ofrecieron sus primeros conciertos. Pero en realidad es El Sótano de la Graciosa, en la plaza Dos de Mayo.
Beatriz Ortega es una de sus directoras. “Es impresionante lo que hacen las compañías con tan poca escenografía”, se sorprende. Tras el pequeño escenario hay encajonados un minúsculo vestuario y un camerino. “Pequeños pero apañados”, asegura Ortega, mientras enseña orgullosa la sala que estrenó su primera obra el pasado septiembre. En estos espacios cada centímetro cuenta, cada foco que se pueda añadir aporta algo nuevo con respecto a lo anterior.
Lo mínimo se aprovecha en los nuevos teatros que surgen en los lugares más inverosímiles. En el piso de al lado o el sótano del bar pueden estar interpretando un texto de Shakespeare o de Chejov. Son los viveros teatrales que han eclosionado en el interior de Madrid. Ante la escasez de dinero, abundancia de ideas.

Las salas y su programación


Sol de York. Tiene en cartel Cuando fuimos dos yDe noche justo antes de los bosques. Arapiles, 16.
La Casa de la Portera. Presenta Luella PersonsLas huérfanas, entre otros. El fin de semana,Ivan-Off. Abades, 24.
Garaje Lumiere. Ofrece Medeas y Que nadie se mueva. Ciudad Real, 12
Espacio 8. Leche, hasta fin de marzo. Santa Ana, 8.
Arte y Desmayo. Ofrece Extraños en un diván yLos carisss. Baleares, 14.
Bululú 2120. Algunas de las obras son El Soldado Fanfarrón de PlautoCuerpo Dividido,Mi amigo en mí. Canarias, 16. Tarragona, 17.
Tarambana. Presenta, entre otras, La noche al revésArtrisisEscuela de machosImpro Night Show. Dolores Armengot, 31.
Sótano de la Graciosa. Las chicas del Cabaret, a partir de abril. Plaza del Dos de Mayo.
Sala Tú. Tiene en cartel El camello de al salir de claseEspañoles Franco ha muerto... otra vez!!?Velarde, 15.
Triángulo. Desperfectos, todo marzo. Zurita, 20.
Teatro del Arte. Tiene Oddi en cartel. San Cosme y San Damián, 3.

Fuente: abc.es

El escritor Daniel de Vicente (22 años) publica y estrena de su primera obra teatral: Cordón Umbilical. El joven autor logra que su primera obra de teatro sea editada (por Ediciones Antígona) y estrenada al mismo tiempo (en el Festival de Teatro La Alternativa), lo que supone un nuevo éxito en su corta carrera tras el ya conseguido al escribir con dieciséis años el libro 'Escribir para vivir'.
El nuevo libro estará disponible en librerías y también por internet en formato e–book en una edición que cuenta con la introducción de Luis Merlo, para quien la obra se basa en «el mundo de las relaciones, y fundamentalmente, sobre el mundo de la familia. Sin olvidarse de la ironía, del humor y de esa extraña e indefinible cualidad que debe tener el diálogo teatral; la sensación de que al leerlo, ya estás oyendo hablar a los actores a través de él, de que es lenguaje teatral, de que ya vive. Daniel nos propone una mirada tragicómica sobre el peso inevitable que la palabra 'familia' deposita sobre nuestros hombros».
La puesta teatral, dirigida por el propio director, se estrenará en Madrid dentro del Festival La Alternativa (Sala Triángulo, 8, 9 y 10 de marzo a las 20:30 h). El elenco está compuesto por Luz de Paz, Doriam Sojo, Silvia Vivó, Alberto Delgado, Mónica Regueiroy Carles Magnet. La música original corresponde a Pascal Gaigne, mientras que la escenografía fue diseñada por Ana Garay.
Una obra llena de sorpresas
La obra arranca en la celebración del veinticinco aniversario de Javier y Laura, donde la hija del matrimonio, Ana, les comunica a sus padres y a su novio David una noticia que nadie esperaba. Esa noticia cambiará el devenir de los acontecimientos de los cuatro, pero también influirá en el transcurrir de Alberto, que pronto conocerá a David en una discoteca; y en el de su compañera de piso Lucía, que se encontrar con Javier en una habitación de hotel. A partir de entonces, los seis formarán un cordón umbilical al que, sin saberlo ni tan siquiera intuirlo, permanecerán unidos, pero también atados.Y que terminará siendo la soga con la que se asfixien.
Fuente: Ana Marcos (elpais.com)

Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
El texto de Samuel Beckett Rumbo a peor se enraíza en frases breves, dos o tres palabras, a veces sin verbos, otras sobre el verbo. El escritor, dramaturgo y poeta irlandés, autor de Esperando a Godot niega el lenguaje verbal y se entrega a una forma de fracaso innombrable que el actor Alberto San Juan interpreta en tres funciones en la sala Triángulo de Madrid (13, 20 y 27 de enero). "La decisión de llevar Rumbo a peor al teatro se basa, antes que nada, en la confianza en el propio texto", explica el intérprete. "Las palabras son todo en esta ocasión. Y sin embargo, resulta un viaje que va más allá de lo intelectual".
San Juan se encuentra con Beckett por primera vez en escena, después de unas lecturas en la escuela de escritores Formación Lenguaje. Acompañado de un combo de jazz formado por algunos de los profesores, la melodía del irlandés le atrapó de tal manera que tuvo que deshacerse de todo acompañamiento y mirar de frente al texto. "Siento que provoca una experiencia sensorial, física, a través de la pura palabra", relata. "Es un texto profundamente filosófico que, curiosamente, se comprende con el cuerpo".
En Rumbo a peor, los cuerpos se desplazan y las manos entran en contacto, en un baile hacia la vejez y, por tanto, la muerte. Porque el texto recorre la vida en tránsito. "Y de alguna manera apunta a reconciliarse con ese fin, con ese fracaso, que invariablemente nos espera al final. Reconciliarse con el hecho de la muerte conquistándolo, haciéndolo nuestro al aceptarlo como parte de la vida". El problema es que en este relato, Beckett, en su fidelidad literaria al lenguaje y el recuerdo, asume el fin desde la negación a su forma oral, una premisa que puede resultar ardua para un oficio que se sustenta en la palabra.
"Un foco, un atril, un actor, el texto. Nada más", dibuja la puesta en escena San Juan. Entre cajas, el director argentino Pablo Messiez, al que el actor encontró en los espectáculos Ahora y Los ojos, con el que volvió a coincidir en Hamlet, ayuda a desentrañar la tensión y tortura del texto para poder decirlo. "También a despojar progresivamente la escena y mi interpretación, buscando una coherencia con lo esencial que resulta todo en el texto". La actriz Fernanda Orazzi, las conversaciones interminables y los estudios sesudos sobre el autor, han terminado de desplegar Rumbo a peor.