Que vivimos en tiempos convulsos no es una novedad. Y pese a quien le pese, seguimos teniendo que reivindicarnos día tras día. Las personas cis nacemos con una ventaja, pero aun así, si perteneces a esa mitad de la población, te acompañan otras desventajas. Vivimos por y para que nos miren, nos etiqueten, nos clasifiquen y, si no entramos en sus estereotipos “del ideal”, nos lancen al infierno más lejano que encuentren.
El binarismo, la dictadura del género, el querer saber constantemente qué eres y dónde encajas provoca que estemos cuestionando nuestro cuerpo y nuestra mente siempre. Un debate constante entre lo que uno quiere para sí mismo y lo que esperan los demás de ti.
No gender llega en el momento adecuado. En estos años donde se pone en tela de juicio constante qué son y qué no son las personas trans, donde todo lo andado en cuanto a equiparación de derechos pende de un hilo y donde los que quieren volver a la oscuridad y el ostracismo ganan adeptos.
Contradicciones y estereotipos se dan la mano en un espectáculo que empieza como si una epopeya griega se tratara, pasando por momentos que destilan mamarrachismo y mucha performance y humor y otros que gestionan momentos de puro éxtasis, para acabar en una poesía que te eriza la piel.
No gender es teatro físico con un texto que va echando raíces emocionales para ponerte justo en el mood de contradicciones y afirmaciones necesarias para que entiendas el tránsito largo y tedioso al que la sociedad somete al protagonista de la historia.
Un espectáculo de alto impacto que no se conforma con texto, danza y una dramaturgia muy cuidada, sino que lo envuelve todo con una potencia visual y sonora muy poco común en una sala como el Tantarantana. Samuel Silva firma un diseño de luces que amplifica la sala y potencia la expresión artística al máximo, al igual que la música original de Bastian Iglesias y el propio Odin Maldonado, con un final espectacular.
No gender es un espectáculo necesario por el mensaje e imprescindible por su potencia escénica. Un montaje para los crédulos y los incrédulos. Para los que disfrutan mientras les vuelan la cabeza. Para los que entiendan, los que no entiendan y los que no quieren entender. Porque no nos afecta, pero sí nos afecta, porque hay luchas en las que estamos, o tendríamos que estar, todes.
Que vivimos en tiempos convulsos no es una novedad. Y pese a quien le pese, seguimos teniendo que reivindicarnos día tras día. Las personas cis nacemos con una ventaja, pero aun así, si perteneces a esa mitad de la población, te acompañan otras desventajas. Vivimos por y para que nos miren, nos etiqueten, nos clasifiquen y, si no entramos en sus estereotipos “del ideal”, nos lancen al infierno más lejano que encuentren.
El binarismo, la dictadura del género, el querer saber constantemente qué eres y dónde encajas provoca que estemos cuestionando nuestro cuerpo y nuestra mente siempre. Un debate constante entre lo que uno quiere para sí mismo y lo que esperan los demás de ti.
No gender llega en el momento adecuado. En estos años donde se pone en tela de juicio constante qué son y qué no son las personas trans, donde todo lo andado en cuanto a equiparación de derechos pende de un hilo y donde los que quieren volver a la oscuridad y el ostracismo ganan adeptos.
Contradicciones y estereotipos se dan la mano en un espectáculo que empieza como si una epopeya griega se tratara, pasando por momentos que destilan mamarrachismo y mucha performance y humor y otros que gestionan momentos de puro éxtasis, para acabar en una poesía que te eriza la piel.
No gender es teatro físico con un texto que va echando raíces emocionales para ponerte justo en el mood de contradicciones y afirmaciones necesarias para que entiendas el tránsito largo y tedioso al que la sociedad somete al protagonista de la historia.
Un espectáculo de alto impacto que no se conforma con texto, danza y una dramaturgia muy cuidada, sino que lo envuelve todo con una potencia visual y sonora muy poco común en una sala como el Tantarantana. Samuel Silva firma un diseño de luces que amplifica la sala y potencia la expresión artística al máximo, al igual que la música original de Bastian Iglesias y el propio Odin Maldonado, con un final espectacular.
No gender es un espectáculo necesario por el mensaje e imprescindible por su potencia escénica. Un montaje para los crédulos y los incrédulos. Para los que disfrutan mientras les vuelan la cabeza. Para los que entiendan, los que no entiendan y los que no quieren entender. Porque no nos afecta, pero sí nos afecta, porque hay luchas en las que estamos, o tendríamos que estar, todes.





