Mostrando entradas con la etiqueta La Vilella. Mostrar todas las entradas
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Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)

Cuando los focos se apagan, las plateas se vuelven desiertas y las persianas anuncian un "Cerrado por Vacaciones" es hora de hacer balance de la temporada teatral que ya ha terminado. Este año por circunstancias personales y laborales no he podido asistir con tanta regularidad a las salas, tan sólo en poco más de 100 ocasiones, contando la maratón que con mucho gusto me he pegado con el Festival Grec.

Esta ha sido una temporada floja, se presentó como la temporada de la recuperación y hemos acabado con ocupaciones tras la Semana Santa que a penas alcanzaban al 40%, es verdad que cuando sale el sol, la playa tira más que las salas teatrales, pero son números preocupantes para un sector ya de por sí afectado por diversas políticas culturales.

Pese a todo hay vencedores que se han llevado el gato al agua y que han visto sus plateas a rebosar. Comencemos con dos nombres y apellidos que por una u otra razón han destacado esta temporada. Ernesto Collado, que parecía que tenía vetado la exhibición de sus espectáculos en Barcelona, esta temporada ha conseguido que deseemos ver más tras Montaldo (La Seca) y Constructivo (Hiroshima). Nuevos lenguajes escénicos, una apuesta clara por incluir al público en la pieza escénica y una experiencia muy recomendable para aquellos que no se conforman con sentarse en una butaca y disfrutar. Volviendo al teatro más clásico y convencional, esta ha sido la temporada de Lluís Homar que ha maravillado con su Terra Baixa (que volverá al Borràs del 23 de septiembre al 25 de octubre tras agotar localidades en su primera temporada) y con la dirección de L'art de la comèdia de Eduardo de Filippo en la Sala Gran del TNC y que después pudimos ver "paso a paso" en el programa Teatral del Canal 33.

De los nombres y apellidos pasamos a las salas. Destacaré tres, una por su nacimiento, la otra porque aunque llevaba ya un tiempo entre nosotros, este año ha consolidado su presencia, quizás no tanto para el gran público que busca un teatro más comercial, pero sí para los teatreros que buscamos otro tipo de emociones y por último la consagración de una sala/compañía que el año pasado dejó el listón muy alto y éste ha vuelto a superarlo. 
Hace apenas cuatro meses nacía la Sala Hiroshima, venía a ocupar una parcela poco explorada en Barcelona como es el teatro experimental, la performance, la danza, los géneros híbridos... Pegadita al Paral·lel, cuna de los grandes teatros comerciales, este proyecto huía de los neones para mostrarnos otro tipo de propuestas, que poco a poco van ganando adeptos entre el público teatral. He podido asistir en dos ocasiones y tengo ganas de más. En unos días os explicaré una avanzadilla de su nueva temporada. Estad atentos! 
Y siguiendo en Poble Sec, en lo alto de la Montaña de Montjuïc nos encontramos con La Vilella, hervidero de pequeñas propuestas. En ella se horneó una de las joyitas de la temporada, Et vindré a tapar, que más tarde, ya en verano ha recalado en La Seca. Tanto una como otra han conseguido participar en el Festival Grec de este año, una buena señal de que dejan el anonimato para entrar en el circuito. 
Finalizamos en el centro, sorteando guiris, para refugiarnos en el anteriormente conocido como Círcol Maldà, que a partir de esta nueva temporada se llamará El Maldà. Entre los múltiples estrenos de esta temporada, dos montajes me han sorprendido. La producción de esta temporada de la compañía, Els Pirates Teatre, que han versionado con su estilo, Nit de Reis de Shakespeare. Disfrutada de obra donde la música volvió a tener protagonismo y El llarg dinar de Nadal, que agotó entradas y volvió fuera de Navidad, para regalarnos una ambiente cuidado con una puesta en escena sublime y unas interpretaciones que dejan la boca abierta. Esta Navidad vuelven. No se la pierdan.

En el último tramo de temporada nos aguardaba una de las sorpresas que nos ha tenido en vilo durante dos meses y con la que hemos disfrutado enormemente, tanto que nos hemos quedado con ganas de más. La responsable es la compañía La Brutal con David Selvas y Julio Manrique a la cabeza que han creado una especie de teatro seriado y con su ciclo Tot pels diners ha conseguido llenar el Espai Lliure de mentes despiertas con ganas de ver una serie de montajes diferentes. Mammon, CleopatraL'onzena plaga nos ha convencido y hecho adictos a montajes que no acaban en los aplausos.

Y acabamos con fuegos artificiales, para el que es sin duda el montaje de la temporada. Y aunque algunos digan que es un melodrama (si Shakespeare levantara la cabeza...), lo cierto es que tuvo las entradas agotadas antes de estrenarse y nos hizo soñar con lo que puede conseguir un director, Julio Manrique, con los recursos limitados, con algo más de imaginación. Sí, estoy hablando de El Curiós Incident del Gos a mitjanit que se pudo ver al Lliure de Gràcia y que la temporada que viene se podrá ver al Lliure de Montjuïc. Después de ver el de Barcelona fui a Londres, y vale que allá tienen más dinero y escenográficamente es espectacular pero les falta Pol López, inconmensurable la interpretación de unos de los grandes de la escena catalana actual. Las entradas volarán, de eso tampoco hay duda.

Y claro que hay cosas negativas, espectáculos que me han decepcionado, ha sido una temporada como muchas otras, donde sales corriendo de una sala porque si alguien te pregunta qué te ha parecido se te va a notar que no te ha gustado demasiado tirando para nada, pero eso en agosto se te olvida nada más poner un pie en la arena, ni te acuerdas de las listas que has podido hacer en una platea por estar aburrida o no conectar con el mensaje. En septiembre vuelves descansada, con un montón de kilos de más... en la maleta y con ganas de sumergirte en más historias, con nuevos personajes, mientras la página en blanco te sigue esperando para que la rellenes con una y mil reflexiones. Este agosto, el blog sigue, te esperan una serie de artículos para que la vuelta a la rutina sea más liviana porque estés deseoso de iniciar la temporada teatral con una y mil propuestas. Esto es tan sólo un punto y seguido... Continuará.

Señores y señoras hemos sobrevivido a la temporada de transición! Así es como se la viene denominando ya hace algunos meses en círculos profesionales. Y en cierta manera por lo que sabemos de la temporada que viene así ha sido. Las temporadas de teatros como el Lliure y el Romea ya ha sido presentadas y se me hace la boca agua sólo de pensar lo que no espera a partir de septiembre. Pero de momento echemos la vista atrás...

Seguimos con el IVA al 21% lo que es un lastre para todos, pero unos esta temporada lo han sabido gestionar mejor que otros. La foto que encabeza la crónica ya lo anuncia, esta ha sido la temporada del Lliure de Lluís Pasqual, la temporada que ha vendido más entradas que ningún otro teatro. La verdad es que la programación se lo ha merecido con éxitos como Els Dies Feliços, Un trozo invisible de este mundo, Vània, Jo Mai o la reposición de Els Ferèstecs

Otra sala a la que acudir obra tras obra ha sido la Sala Atrium que tras muy pocas temporadas a sus espaldas se han hecho un hueco indiscutible en el panorama teatral barcelonés. En esta temporada Lo único que necesita una actriz..., Carme, Lili, Amanda o su gran éxito Himmelweg han demostrado que no hay que perderse su programación.

La Seca por su parte es una de las salas más multidisciplinares de la temporada, en la que poesía, danza, teatro, audiovisuales se dan cita temporada tras temporadas. A ella es mejor ir con los ojos cerrados como fue el caso de El club de Fernando Pessoa, del que salí fascinada y que al ser teatro experimental sólo unos pocos se atrevieron a probar. Lástima!

Pero la temporada más esperada era la de Teatre Nacional de Catalunya donde se estrenaba Xavier Albertí como director artístico. El modelo de programación, con obras, recuperación histórica, coloquios, conferencias... es todo un descubrimiento y una maravilla de aprovechamiento de recursos. Pero la temporada en sí, contando las obras no me ha acabado de convencer. Ni Fum, ni Doña Rosita la Soltera,  ni la gran homenaje a Flotats y El Joc de l'amor i de l'atzar han acabado de poner ese poso que faltaba. Se espera la próxima temporada con ansia, a ver si el modelo que ha mantenido los mismos espectadores que la peor temporada del TNC, la anterior, convence al público en un segundo asalto.

Las decepciones han sido numerosas como en otras temporadas, sobre todo cuando vas a cerca de 150 montajes. Los más sonados: la temporada de la FlyHard (antes y después del abandono de su capitán, Jordi Casanovas) y la adaptación de El setè cel de Caryl Churchill en la Beckett por Teatro de l'Enjòlit, de la que no fui capaz de escribir la crítica en su día porque era incapaz de ver algo de la obra original en el montaje. Catastrófico. 

Pero también ha habido grandes sorpresas que han cosechado alabanzas y aplausos como la apertura de una nueva sala, La Vilella, donde el riesgo y la apuesta por las nuevas dramaturgias está presente y se agradece. Que alguien se acuerde de que en Madrid también hay teatro y nos regale un lunes por la noche, El Intérprete, un disfrute que volverá la próxima temporada. Y obras como: De quan somiava, Nedant cap el mar de la Xina, La Flor de paper, La Realidad, Ojos Verdes, Los hijos de las nubes, Translations, Consejos, Pulmons, o del maravilloso universo de El loco y la camisa.

Pero si me tengo que quedar con una me quedo con Llibert. Este ha sido su temporada. Primero porque la obra es maravillosa, dramaturgia, interpretación, dirección. Entra como una bala directa al corazón y allá sigue inmune a las palpitaciones. Y también por toda la polémica de que ha despertado, porque ha servido al menos por unos días para que algunos dejen de pensar que todo es de color de rosa y que hay problemas que es urgente empezar a solucionar.

Con la llegada del verano también llegó lo que es toda una maratón teatral para lo que nos gusta el teatro, y sobre todo ver qué se hace fuera de nuestras fronteras, el Festival Grec. Esté año chapeau para la dirección artística y para los organizadores. Siempre se le consideró un festival menor, muy lejos de lo que puede ser un Temporada Alta, pero el riesgo de este año ha tenido su recompensa. Plateas llenas, gente aplaudiendo de pie, y éxitos que quedarán en nuestras retinas como: Ubu Roi, Vader, Beyond, Vells Temps y otros que podeís recuperar en breve como Victòria d'Enric V.

De todo, para todos, y con plateas llenas como hace tiempo que no se veía. Con IVAS sin IVAS, pero el teatro ha nacido para quedarse, llueva o salga el sol. Una experiència única que no se asemeja a ninguna otra. En breve volveré a ocupar las butacas de los teatros de aquí y de allá, ¿me acompañas?