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TEXTO: HENRIK IBSEN
ADAPTACIÓN: MARC ARTIGAU, CRISTINA GENEBAT y JULIO MANRIQUE
DIRECCIÓN: JULIO MANRIQUE
INTÉRPRETES: ANDREU BENITO, IVÁN BENET, JORDI BOSCH, LAURA CONEJERO, PABLO DERQUI, MIRANDA GAS, JORDI LLOVET, LLUÍS MARCO, CARLES PEDRAGOSA y ELENA TARRATS
DURACIÓN: 1h 30 min + 15min entreacto + 1h
FOTOGRAFIA: ROS RIBAS
PRODUCCIÓN: TEATRE LLIURE
SALA FABIÀ PUIGSERVER (LLIURE MONTJUÏC)


El sector teatral es un animal de costumbres, se encapricha de un autor y se representan sus obras más conocidas, pero se olvidan otras que sin tanto renombre, son igual de excelentes. Es lo que le pasaba, qué bien poder hablar en pasado, a Ibsen con L'ànec salvatge. Su última representación en España data de 1982, una servidora no había nacido, en Catalunya es la primera vez que se representa. 

Quizás haya sido que no es una obra realista, sino más bien simbólica, llena de metáforas y que requiere que su puesta en escena sea mitad y mitad. Un juego donde el director, los actores y los espectadores se dejen guiar por el texto, sin peros, simplemente con las ganas de descubrir la historia, mirando más allá de las acciones, los personajes esconden más palabras que las que son pronunciadas.

Una familia (pobre) vive feliz hasta que un antiguo amigo de la infancia aparece en sus vidas. Hasta el momento el secreto mejor guardado era tener un pato salvaje encerrado en el sótano, acompañado por gallinas y conejos. Pero entonces empieza el dilema, ¿es mejor vivir "un poco" engañado o descubrir toda la verdad? Evidentemente la caja de los truenos se abrirá, porque sino no habría obra.

L'ànec salvatge és un montaje 100% factoria Julio Manrique. Manteniendo la esencia del texto original, la adaptación ha conseguido quitarle el leve olor a naftalina del siglo XIX y ubicarlo en un espacio atemporal y sin referencias concertas a dónde. La magnífica escenografía de Lluc Castells nos evoca en cierta manera a Suecia (colores neutrons y esa madera clara predominante), pero sin que sea demasiado evidente. La puesta en escena sigue patrones anglosajones, como ya es habitual: texto que se funde con una espectacular música de Carles Pedragosa, que juntamente con Damien Bazin firman un espacio sonora que pone los pelos de punta y la dulce voz de Miranda Gas vuelve a deleitar a los presentes en sus momentos de "cabaret". 

Magistral dirección de Julio Manrique, que vuelve a contar con un reparto de primera, donde destaca: Ivan Benet, Hialmar, un padre y fotógrafo que ve cómo la tranquilidad de su familia se ve alterada con la llegada de un viejo amigo, Gregor (Pablo Derqui). Pero aunque ellos sean quienes desencadenan la acción, el peso de la misma recae en una extraordinaria, Gina (Laura Conejero) y en todo un descubrimiento, Heda (Elena Tarrats). Sin duda en el plano interpretativo poco a descubrir de los grandes nombres consagrados, pero Elena Tarrats ha conseguido robarnos el alma, con la contrucción de su personaje, inocente, preciosista, delicado y lleno de sensibilidad. Sus escenas son simplemente maravillosas.

Casi tres horas de tensión, a las que no les sobra ni un segundo, de un montaje sobresaliente. Una vez más, Julio Manrique vuelve a hacer diana y esta vez con todo un clásico. Va ser que no hay texto que se le resista. Por lo pronto esperemos que siga abriendo cajones si con ello ganamos experiencias teatrales a la altura y al nivel de L'ànec salvatge. Gracias y bravo!

L'ÀNEC SALVATGE

by on 20:53
TEXTO: HENRIK IBSEN ADAPTACIÓN: MARC ARTIGAU, CRISTINA GENEBAT y JULIO MANRIQUE DIRECCIÓN: JULIO MANRIQUE INTÉRPRETES: AND...

Fuente: Saioa Camarzana (elcultural.es)

Los días de Cayetana Guillén Cuervo (Madrid, 1969) parecen tener más horas que las del resto. Actualmente compagina Versión española, su papel en la serie de televisión El Ministerio del Tiempo y encarna a Hedda Gabler en el teatro María Guerrero. Es la historia de una mujer inconformista en una sociedad en la que la felicidad de ellas dependía de la de los hombres. Con Hedda Gabler el dramaturgo culminaba su etapa más simbolista y ahora la llevan a los escenarios en una versión firmada por Yolanda Pallín y dirigida por Eduardo Vasco. 

Se mete en la piel de Hedda Gabler, ¿qué supone este papel?
Es un reto muy grande porque es uno de personajes más complejos de Ibsen, dentro de que sus caracteres femeninos son conocidos precisamente por ser contradictorios. [Ibsen] Marca una época del teatro, sin ninguna duda, porque fue un revolucionario, un romántico, aunque sus actitudes no lo fueran lo era en su literatura. Es un personaje que se ha interpretado menos que Nora de Casa de muñecas precisamente por eso, por su oscuridad y complejidad y ponerte en su piel, intentar comprenderla y cargarla de razones es una aventura. 

El personaje, dicen, es uno de los más complejos de la historia del drama moderno. ¿Qué dificultades ha tenido para representarlo?
Los actores siempre andamos buscando caminos en los que justificar a nuestros personajes y hay veces que realmente no se puede justificar las acciones cuando entran en un código, como Hedda, romántico, de transgresión constante. Hay que intentar más comprender que justificar, sin ninguna duda. Quisiera conseguir darle luz a las razones de Hedda frente a las actitudes de los otros personajes a través de su encierro, su claustrofobia y angustia para que los espectadores puedan entenderla. Hay algo que es la insatisfacción que todos podemos entender muy bien cada uno en su entorno y rincón del mundo. Es cuando en un momento dado empiezas a mirar alrededor y ves que no estás donde deseabas estar, que no has conquistado el lugar que crees que te va a hacer feliz. Entonces te empiezas a dar contra las paredes porque no tienes solución más que en tus propias decisiones. No puedes andar culpando al resto de tu infelicidad, que es lo que hace Hedda y lo que normalmente hacemos. Ante la culpa, si se puede llamar culpa, la responsabilidad es tuya y tienes que tomar decisiones para ir avanzando y, a veces, romper los esquemas que no son los establecidos. Ella no acepta el orden establecido y no la hace feliz. Es un arma en presente, lúcido e inteligente en ese orden establecido y a la hora de echar a volar destruye un poco lo que tiene alrededor y a ella misma, que es algo bastante habitual.

Una actitud, por otro lado, bastante actual.
Exactamente. Creo que vas culpando y haciendo daño al otro.

Además muchas veces la culpa la tenemos nosotros mismos pero lo hacemos para, de alguna manera, justificarnos.
Para quitarnos carga de culpa, efectivamente. Y una persona con amargura siempre está dando latigazos a los demás con su negatividad. A Hedda le pasa eso hasta que su inconformismo le explota a ella y a los demás. No es un ser hecho para conformarse y ese es su error, que intenta conformarse.

Pero en realidad es muy inconformista. ¿Qué más es Hedda Gabler y qué intenta transmitirnos Ibsen a través de ella?
Es inconformista, libre e inteligente. Lo que yo creo que intenta contar Ibsen es que no hay que encerrar a una mujer inteligente y lúcida, como se le encierra a lo largo de las generaciones con condicionantes sociales determinados de cada época, porque se convierte en un animal peligroso. Ibsen era un gran observador de la mujer y veía a mujeres muy capaces encerradas en unos condicionantes sociales inhabitables. 

Por otro lado, uno de los rasgos que caracterizan a Ibsen es el realismo. ¿Qué hay de esto en Hedda Gabler?
Sí, en este caso es una de las últimas obras de su etapa más simbólica. Hay que entrar en el código romántico como espectador y como actor, si buscas solo un código realista te pierdes un poco y puedes no comprender determinadas cosas. Yo creo que hay que entrar en una metáfora de código romántico donde él suelta al personaje de Hedda y la deja anhelar ideales románticos y rincones que van más allá de la mediocridad que la rodea. Es esa búsqueda de un deseo que es más álgido y más complejo y que está por encima de lo que los demás te pueden dar. 

¿Podría tratarse de un retrato de la sociedad machista en la que siempre se ha dejado a la mujer en segundo plano?
Sí, es la heroína romántica más contemporánea de Ibsen y de los personajes más actuales. Fue una revolución en el XIX ahora creo que es contemporáneo, no revolucionario. Se pretendía o se esperaba que las mujeres fueran felices a través de ellos, de los trabajos de ellos o de una maternidad que ellas no deseaban pero ellos esperaban, ellas encerradas en casa esperando el fin de su jornada, el éxito y felicidad de él y la mujer como cualquier otro ser humano, si es capaz e inteligente tendrá que desarrollarse independientemente.

Pero Hedda se casa con alguien a quien no quiere y decide actuar aunque nadie le hace caso. ¿Qué ocurre?
Ella se deja llevar, es el análisis de que las acciones tienen consecuencias y que a veces nos vamos dejando llevar por lo que la vida nos va arrastrando y cuando te paras y te miras al espejo no te reconoces. La decisión de casarse con Jorge, que es un hombre estupendo, la ha tomado ella pero no es el hombre que puede hacerla feliz. Ella necesita admirar el talento, la brillantez a su lado. Digamos que vive intentando conformarse con el entorno pero luego recuerda quién era y revive, las alas empiezan a batir y aquello ya no vuelve a su orden. 

Hay quien dice que esta Hedda es la versión trágica de Nora de Casa de muñecas.
Puede ser que si Nora no se hubiera ido hubiera terminado como Hedda. Hay una diferencia fundamental y es que Nora es madre y su portazo se aplaudió mucho pero hay que recordar que Nora abandonó a sus hijos. Hedda no quiere ser madre, lo cual es una de las grandes cosas que se le cuestionan, como actualmente a la mujer que decide no tener hijos. Son cuestiones que no se superan en la sociedad, si una mujer no quiere hijos se le mira con cierta extrañeza y se le carga de culpa de egoísmo. Por eso es más contemporánea, porque plantea ese tipo de cosas. Ibsen es capaz de destruir a sus personajes como individuos para salvar al ser humano, quiere arrojar luz sobre una necesidad de la mujer más imperiosa y más grande que es su libertad, independencia y capacidad de decisión aunque se equivoque. Para eso Nora abandona a sus hijos, Hedda destruye a quien tiene al lado y se acaba suicidando, etc. Son situaciones extremas para a dar a conocer situaciones cotidianas. 

No es la primera vez que trabaja con Eduardo Vasco. ¿Cómo es?
Eduardo Vasco para mí es un pilar absoluto. Nos encontramos cuando estábamos construyendo El malentendido. Estamos levantando proyectos que son interesantes, grandes textos de la historia del teatro con una mirada contemporánea, limpia y honesta. Para mí es un regalo estar a su lado y con su equipo porque aprendo mucho.

Además de actriz es la productora de la pieza y está en la televisión con El Ministerio del tiempo. ¿Por cuál de todas esas facetas se decanta?
Me decanto por la interpretación, me gusta mucho más que conducir un programa. Pero ha sido mi manera de trabajar constantemente, estudié Periodismo y siempre me ha gustado mucho toda la vertiente de la comunicación en cualquier plano. Pero yo soy más feliz interpretando, ya sea en El Ministerio del Tiempo o en Hedda Gabler, pero proyectos interesantes.

Fuente: Clara Morales Fernández (elpais.com) | Foto: Gorka Lejarcegi
“Yo tenía con Hedda la misma reserva que todo el mundo: poder entenderla, y hacer que otros la entiendan”. Cayetana Guillén Cuervo (Madrid, 1969) no lo tenía fácil. La gran mujer de Henrik Ibsen, después de Nora de Casa de muñecas, ha sido tachada de caprichosa, de malvada, de nihilista, de loca, desde su nacimiento en 1880. El público y la crítica de la época no entendió la oscuridad de Hedda Gabler, la hija del general que destroza su matrimonio, a su antiguo amor y su propia vida en pos de una meta que ni ella misma consigue identificar. Incluso la brillante y libérrima escritora Lou Andreas-Salomé la tachó entonces de “lobo con piel de cordero”, de “mezquina” y de “frívola”.
Para liberarla de su mala fama, que llega hasta nuestros días (Laia Marull la representó en 2012 y dijo de ella que estaba “como una puta cabra”), ha querido alejarla de la locura. La Hedda Gabler que ha ideado junto a Eduardo Vasco a la dirección y Yolanda Pallín en la versión del texto “tampoco es una niña pija que se aburre”. La Hedda que subirá al Teatro María Guerrero de Madrid desde mañana hasta el 14 de junio es “una mujer capaz, que, por una serie de condicionantes, se comporta de una cierta manera”. La base de sus actos no está en sus elaborados laberintos mentales, sino en la sociedad. “Queríamos construir las razones de Hedda a través de la actitud de los demás”, defiende la actriz.
Hedda Gabler es, entonces, un marido dedicado a su trabajo, una luna de miel que dista mucho del ideal romántico, una tía política obsesionada con que un posible embarazo de la protagonista y una vida que no promete más que años de hastío. “Intermitente agitación femenina de pensamientos. Súbita angustia y espanto periódicos. Todo ha de ser soportado a solas. La catástrofe se aproxima inexorable, inevitablemente. Desesperación, lucha y destrucción”. Es el diagnóstico que Henrik Ibsen hacía de la vida doméstica de la mujer en 1878. La actriz, asegura, ha llegado a entender la sensación de asfixia de la antiheroína: “No puedes pasarte toda la vida pensando que tus acciones tienen consecuencias, como dice ella. Pero es verdad, la vida se construye con las cosas pequeñas. Empiezas una relación y de repente tienes un hijo. Ahí ya sí que no hay opción: estás atada a un ser humano, y a la familia del otro, para siempre”.
Habla a su salida del primer ensayo general de la obra, el pasado martes. Son ya las once de la noche y lleva trabajando desde primera hora de la mañana (rueda Versión española y Atención obras) y apenas ha comido. Jura, sonriendo, que no está cansada, y sigue dándole vueltas a la prueba de vestuario de los diseños por Lorenzo Caprile. Sus creaciones, un abanico de vestidos que pasan del gris al negro según avanza la obra, y el gran telón art déco elevan a Hedda por encima de su entorno como a una actriz del Hollywood de los años veinte sobre la muchedumbre.
Para el estudio del personaje (que han interpretado Ingrid Bergman, Isabelle Huppert o Cate Blanchett), Cayetana Guillén Cuervo se sumergió en la biografía del dramaturgo. “Es su alter ego. Por los condicionantes sociales que seguía a rajatabla, él vivía con angustia la vida cotidiana”, explica. La obra fue escrita solo un año después de la ya escandalosa Casa de muñecas, pero aquí la libertad se alcanza de manera mucho más tenebrosa: si Nora es capaz de escapar de casa con un simbólico y eterno portazo, Hedda solo encuentra escapatoria en la muerte. ¿Qué cambió? En verano de 1879, Ibsen se enamoró de una joven vienesa de 18 años. Él tenía 61. La esperanza parece esfumarse de su obra.
“Durante muchas generaciones, la mujer ha tenido que ser feliz a través del hombre. A ella eso le explota en la mano. No puede conformarse. Hasta que ya no tiene cabida en el mundo”. Las mujeres en revuelta (la femme revoltée de Simone de Beauvoir) no pueden ser entendidas por la sociedad, asegura. ¿Todavía es así? La voz de Cayetana Guillén Cuervo se oscurece cuando se le pregunta si la “catástrofe que se aproxima inexorable”, como escribió Ibsen, podría haberse evitado: “Siempre terminaría de la misma manera. Quizá si hubiera nacido hoy hubiera tenido más posibilidades. Pero me hace pensar en todas las mujeres que todavía intentan acomodarse para no ser criticadas, para sobrevivir. No lo sé. La verdad es que no lo sé”.

Redimir a Hedda Gabler

by on 15:52
Fuente: Clara Morales Fernández ( elpais.com ) | Foto: Gorka Lejarcegi “Yo tenía con Hedda la misma reserva que todo el mundo: poder e...
El escenario estará en penumbra y los actores, iluminados por una luz neutra y vestidos con ropa oscura, no tendrán más apoyo que una silla y un atril para interpretar a los personajes que creó el dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828- 1906). Las obras Un enemigo del pueblo y Espectros se representan esta semana en Bilbao en lecturas dramatizadas que demandarán al público la imaginación necesaria para acabar de componer las escenas que no verán sobre las tablas (sala BBK. Un enemigo del pueblo, 7 de febrero. Espectros, 9 de febrero. 20 horas).

“Los actores solo cuentan con su voz. El resto está oculto porque huimos de cualquier pretensión de puesta en escena. Es una propuesta cercana al teatro radiofónico”, explica Pablo Viar, el director de las lecturas dramatizadas de Ibsen. “Lo ideal sería vendar los ojos de los espectadores”.

Viar entró en el teatro de Ibsen —el segundo dramaturgo más representado en el mundo, después de Shakespeare— como ayudante del director Bob Wilson en el montaje de La dama del mar que protagonizó Ángela Molina. “La naturaleza realista de las obras se adapta a la lectura dramatizada”, señala. “La acción transcurre, fundamentalmente, en interiores y el diálogo prima sobre la acción”.

Gurutze Beitia será la viuda del capitán Alving, protagonista de Espectros (1881), un gigantesco escándalo teatral en el momento de su estreno, tachada de inmoral y prohibida durante años. Joseba Apaolaza interpretará al doctor Stockmann, el personaje central de Un enemigo del pueblo, estrenada un año más tarde. Lander Iglesias, Asier Hormaza, Mikel Losada y Jon Ariño, entre otros intérpretes vascos, participarán también en las lecturas. “Cuando un actor solo puede utilizar su voz para comunicar tiene más libertad, le permite explorar otros límites”, defiende el director. Respetuoso con el original, Viar ha recortado ligeramente los textos para dejar cada función en poco más de una hora. Busca, dice, un estilo primitivo en la que los actores comuniquen lo esencial de las obras evitando la exageración melodramática.

Las lecturas dramatizadas no son frecuentes en el teatro español, pero empiezan a aparecer en los programas agobiados por las estrecheces económicas. La Casa Encendida, en Madrid, por ejemplo, puso en marcha a finales de 2011 un ciclo, dirigido por José Sanchís Sinisterra, con 10 obras que plasman momentos determinantes de la historia del siglo XX. “Es una idea imaginativa para acercarse a un autor y buena para tiempos de crisis”, destaca Viar. Las dos sesiones en la sala BBK serán de entrada gratuita. Las lecturas abren un miniciclo dedicado a Ibsen, que volverá en el mes de marzo al mismo escenario con un montaje de Hedda Gabler, protagonizado por Laia Marull.

Fuente: Eva Larrauri (www.elpais.com)