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Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.com) | Foto: David Ruano

Àlex Rigola (Barcelona, 1969) dejará Venecia este verano, después de seis años al frente de la sección de teatro de la Bienal. Es el desenlace previsible al cambiar el festival de presidente. La costumbre es que el nuevo designe a su propio equipo. En este tiempo, el director catalán ha sembrado la capital véneta de laboratorios escénicos, en los que algunos tótems del teatro europeo han desarrollado los embriones de sus espectáculos fronterizos e híbridos. Muy difícil es deslindar ya en ellos la sintaxis teatral tradicional de la cultivada por las artes plásticas. Esa es la corriente que se impone en Venecia y cuya onda expansiva intenta abrirse paso en las carteleras. Tendrán que salvar inercias y prejuicios que pretenden encauzarla hacia un espacio marginal.

Tanta experimentación también ha calado en el trabajo Rigola, que no ha dejado de manufacturar sus propios montajes, cada vez con una vocación de vanguardia más explícita. Acaba de presentar en el Teatro Nacional de Cataluña su adaptación de Incerta glòria, el novelón de Joan Sales sobre la Guerra Civil, poco conocido hasta la fecha pero que va cobrando impulso. Al decir de algunos críticos, esta obra es lo más cerca que ha estado la narrativa catalana de Dostoiesvki. Y para octubre desvelará en la Abadía su versión del cóctel de abstracción y onirismo que Lorca derramó sobre El público. De todos estos trabajos (más bien desafíos) y de su fértil paso por la Bienal habla con El Cultural, al teléfono desde su casa en Barcelona, mientras sus dos hijos, de 6 y 8 años, se le van cayendo dormidos a su lado en mitad de la noche.

Llegó a Venecia con la intención de potenciar los talleres. ¿Han dado los frutos esperados?
Esta vez sí estoy safisfecho. Y mire que eso es difícil: soy insoportablemente autocrítico, rara vez me quedo contento con lo que hago. No quería reproducir el modelo de otro festival, sino hacer algo específico, adaptado a la idiosincrasia de una ciudad en la que casi todo el mundo está de paso. La idea era que grandes figuras organizasen talleres en los que sus participantes, casi todos profesionales jóvenes en proceso de asentar su personalidad artística, pudieran absorber su magisterio. Ellos se ponen a las órdenes del maestro pero la investigación es un esfuerzo conjunto. De esos laboratorios han salido algunos espectáculos y muchas conexiones. Todo en un ambiente muy cosmopolita, en una auténtica Babel escénica.

El Frinje ha redoblado su apuesta por los laboratorios y reducido la exhibición. Parece que su modelo va calando...
En Madrid impartirá de hecho un taller Carlota Ferrer, que ha estado en Venecia varios años. Quizá la diferencia es que el Frinje está pensado para un entorno más local, pero es cierto que hoy día juega un papel crucial, tras la desaparición del Escena Contemporánea. Las políticas públicas han dejado caer muchos festivales. Los más afectados han sido los que apuestan por un teatro que se funde con otras artes y que necesita más tiempo para implantarse por su carácter novedoso. Espacios como el Frinje son absolutamente necesarios. Las artes escénicas también necesitan su I+D para avanzar, como cualquier otro sector. El modelo de ensayar dos meses un texto ya escrito y estrenarlo después no le vale. Aquí el texto puede nacer en el propio taller, a partir del trabajo de cada día. Los recortes han dejado a España en una posición de inferioridad para competir en este terreno.

¿Cuáles son los países a la cabeza en I+D escénico?
Hay personalidades geniales que pueden aflorar en cualquier lugar. Pero se nota que donde el apoyo institucional es más fuerte, donde se plantan semillas, los resultados son mejores. Frente a Francia y Alemania, tenemos poco que replicar. Por ejemplo, es envidiable su canal de televisión, Arte, dedicado sólo a cultura y arte. Y el fenómeno de Bélgica es impresionante. De allí han salido Plattel, Lauwers, Fabre, Van der Keybus, Rosas... No es casualidad esa hornada.

Creo que no le tiene mucha fe al cacareado mecenazgo...
No son las empresas las que deben decidir la cultura de un país, son los ciudadanos. Una compañía se rige por la lógica de la rentabilidad. Difícilmente apostaría por un teatro experimental. Y hay que preguntarse también por el dinero que dejarían de ingresar las arcas públicas debido a las desgravaciones. Veo algo ingenua esa ilusión por el mecenazgo.

Volviendo a Venecia. No parece que sea fácil poner a remar coordinadamente a tanto gurú. ¿Cómo ha manejado todos esos egos revueltos?
Uno ya tiene cierto oficio. Hay que explicarlo todo muy bien de entrada. Todos han querido repetir, porque en Venecia pueden confrontar su trabajo con profesionales y tener una reacción directa e inmediata.

De España ha contado con Lluís Pasqual y con La Zaranda.
Pasqual ha desarrollado buena parte de su carrera en Italia, casi tanta como en España. Los italianos le conocen muy bien y les gusta. Por eso tenía sentido que estuviera aquí. Todo lo contrario con La Zaranda. Apenas se les conoce. Creo que era un regalo traer su personalísimo estilo. Eso es lo que busco: que vengan artistas reconocibles con un solo un trazo. Para mí La Zaranda es a las artes escénicas españolas lo que Tadeusz Kantor a las polacas.

¿Tiene intención de dirigir de nuevo un teatro u otro festival? ¿Hay ofertas?
Hoy mismo me acaban de llamar para proponerme encabezar un teatro con tres salas y les he dicho que no. Estar viviendo todo el tiempo con las maletas hechas no es sencillo. Esa es la vida del artista, a la que mi en caso se suma la de gestor. No descarto nada pero me apetece parar y centrarme en propios proyectos.

El último que ha presentado es Incerta glòria. ¿Qué aporta la voz de Joan Sales al numeroso coro de narradores que se han ocupado de la Guerra Civil?
La guerra no es la protagonista, sino el desencadenante de reflexiones filosóficas. Son pensamientos y dilemas propios de una persona que encara la senectud pero aquí están en boca de jóvenes de menos de 30 años, a los que la contienda los ha hecho envejecer aceleradamente. La novela se centra en el frente del Ebro, en la peripecia de un teniente republicano muy crítico con su bando. Kierkegaard está de fondo y la angustia existencial que implica la libertad de decidir sobre todo, desde la cuestiones más mundanas hasta si creer en Dios.

¿Y qué le ha empujado a El público?
La locura. Es un texto que me apasiona. No sé si llegaremos a la excelencia de Lluís Pasqual a mediados de los 80, un hito de la escena española. Me apetecía porque es una obra que cuestiona el papel del artista. Tiene un grado de simbolismo extremo pero la poesía lorquiana te permite saber qué terreno pisas en cada momento.

Algunos la consideran irrepresentable: por su carácter abstracto e inacabado...
Yo estoy cada vez más lejos de la lógica aristotélica, del teatro lineal con un planteamiento, un nudo y un desenlace. No entiendo por qué si en pintura hemos asumido perfectamente a Rothko, en teatro cuesta tanto asimilar ciertas propuestas. Creo en la sucesión de chispazos de belleza y de sugestión, sin agobiarme con el sentido y sin aburrir, claro.

¿Vio El público del Real?
No, pero se me hace extraño encerrar y acotar este texto en una partitura.

Ha dirigido tres óperas, la última, Madama Butterfly, en la Fenice, como parte de su compromiso con la Bienal. ¿Tiene una querencia natural hacia el género lírico o se aproxima a él sólo a golpe de encargo?
De la ópera me llama la música, que tiene ese componente dionisíaco que tanto me atrae. Te induce sensaciones imposibles de racionalizar, como la poesía. El problema es que lo que más me gusta de ella no se lo puedo ofrecer al público: es ensayar un dúo a las 10 de la mañana, cuando tu cuerpo está todavía arrancando para el nuevo día. Es un gozo esa intimidad. Los cantantes trabajan con el piano y no tienen la preocupación de atravesar con la voz una orquesta. Se relajan y dan lo mejor de sí mismos, con sencillez y sutileza, ajenos al histrionismo habitual de la ópera.

¿Sigue leyendo a Bolaño con ánimo de escenificarlo?
Sí, ya hay un nuevo proyecto en marcha pero no puedo decir mucho todavía. Parte de Chile y quizá acabe en coproducción con España.

Un idiota en la platea

Dice que hay montajes que le hacen sentirse un idiota. ¿Qué le lleva a esa impresión?

Es curioso que hay grandes actores de cine que cuando se suben a un escenario se convierten en momias antiquísimas. Te quedas alucinado. No sé qué piensan del teatro. Luego hay un tipo de director que te puntúa hasta los momentos en que debes reír. Por favor...

Denuncia que España ha sufrido un grave retroceso en las artes escénicas durante la crisis. Ahora que empezamos a ver algo de luz, ¿qué balance hace de estos ‘años críticos'?
Los avances cívicos de Europa habían ruborizado a muchos. La crisis se ha utilizado para desmantelarlos y ha dejado claro que el poder de los gobiernos es minúsculo frente al de las grandes corporaciones. Para el desmontaje es necesario anular el pensamiento, para lo que es necesario anular el conocimiento, para lo que es necesario anular la educación y la cultura. Y atiborrar a la gente de mucho fútbol. Que no falte en la televisión.


Entre Pasqual y La Zaranda

Serán 13 espectáculos los que se levanten en la Bienal. Asomarse a los nombres de sus autores es hacerlo a la historia de la vanguardia escénica europea en las últimas décadas. Veamos: Ostermeier, Castellucci, Latella, Richter, Lauwers, Marthaler... Este último abre la fastuosa programación con Das Weisse vom Ei/Une île flottante, obra inspirada en Le Poudre aux yeux de Eugène Labiche en la que retrata las trampas del lenguaje. El director suizo recogerá también el León de Oro. El de Plata tendrá destinataria catalana: la Agrupación Señor Serrano, capaz de importar desde el teatro los códigos del cine. En esa constelación de figurones, Rigola le ha hecho hueco a dos insignes representantes de nuestras tablas. Lluís Pasqual esgrimirá la finura de su Caballero de Olmedo y La Zaranda levantará acta de su pesimismo respecto al homo contemporaneus, sometido, a su jucio, al Régimen del pienso.

Fuente: Germán Aranda (elmundo.es)
Que la entrevista con los flamantes ganadores del León de Plata de teatro de la Bienal de Venecia sea por Skype es una exigencia del guión. Primero por la distancia, puesto que la productora Barbara Bloin y el director creativo Álex Serrano viven en Barcelona y Pau Palacios, responsable de contenidos y comunicación, reside en Varna, un pequeño y remoto municipio de 4.000 habitantes al norte de Italia, cerca de la frontera con Austria, donde vive con su mujer y sus dos hijas. Y segundo por coherencia con la trayectoria: las dos almas creativas de la Compañía de Teatro Sr Serrano han hecho del vídeo uno de los elementos centrales de su dramaturgia, charlan cada día por videoconferencia y así fue también como el director de escena de la Bienal Àlex Rigola les comunicó hace unas semanas que se llevarían el premio, como confirmó este viernes oficialmente e mismo Rigola. 
"Estamos tremendamente felices, es una de las noticias más importantes de nuestras vidas", lanza desde una ancha sonrisa Serrano, que confirma que "ganar este premio nos abre las puertas a un nuevo circuito de actuar en lugares y festivales donde no nos podríamos imaginar", a pesar de que la compañía ya viene rodando el mundo -Japón, Estados Unidos, Brasil, Francia, Bélgica...- y recibiendo elogios de la crítica en cada esquina, recientemente del New York Times por su obra 'Brickman Brando Bubble', un divertidísimo relato en paralelo de las vidas de un constructor inglés y Marlon Brando, enredadas con reflexiones sobre la vivienda, el consumismo y la felicidad al ritmo de un banjo y en medio de un juego de proyecciones de películas sobre el escenario, maquetas, ciudades de poliespán y juguetes. 
En 'A house in Asia', su obra más reciente y que se podrá ver en el Teatre Auditori de Granollers el próximo 8 de mayo, las vídeo-proyecciones y maquetas acaban prácticamente suplantando el trabajo de los actores en escena en una insólita recreación de la casa donde fue abatido Bin Laden en la que todo es posible, desde la lucha entre Estados Unidos y talibán convertida en 'western', con Bush hablando por boca del Sheriff, hasta una aparición surreal del ex cantante de Take That, Mark Owen, pasando por el atentado de las Torres Gemelas desde un simulador de vuelo. Todo con la casa de Bin Laden como centro de la obra.
"Todo empezó en 2011, cuando nos enteramos de que esa casa en la vivía, y de la que no se sabía nada, tenía una réplica exacta en Carolina del Norte y otra en Jordania, donde se grabó la película de Kathrin Bigelow 'La noche más oscura'. De hecho, la foto de la casa en el filme fue usada en una información sobre la realidad, lo que nos dio pie a todo este juego en el que las copias, las imitaciones y los simulacros acaban imponiéndose a la propia realidad, como sucede con los clones en Blade Runner", reflexiona Palacios.
Al parecer, ellos mismos adoptan la fórmula de los clones, porque el peso de los actores ha ido perdiendo espacio en sus rompedoras obras, cada vez más protagonizadas por 'streamings' de imágenes filmadas sobre el escenario y por maquetas y juguetes que configuran espacios y experiencias únicas. "A las maquetas las puedes quemar y 'putear', que ellas no se quejan, y te dan junto a los vídeos un abanico de posibilidades enorme. Los actores preguntan demasiado", bromea Serrano. 
Serrano y Palacios se conocieron en un grupo de teatro de la universidad, empezaron haciendo cada uno proyectos por su cuenta y acabaron fusionándose en 2006. De ahí ha surgido una trayectoria "firme en sus convicciones éticas y estéticas", elogia Rigola, premiada ahora por uno de los más prestigiosos certámenes internacionales. 
La atención de las salas del extranjero la tienen desde hace tiempo, pero en España son pocos los que han apostado por ellos y los exiguos recursos económicos en el mundo del teatro apenas le permiten actuar en su propio país. En 2015, tan sólo tres de los 60 'bolos' habrán tenido lugar en suelo español. Poco importa que en 2014 ganaran el premio de la crítica de Barcelona por la presentación de 'A house in Asia' en el festival Grec, uno de los pocos que han apostado por ellos cuidándoles como es debido. "Incluso cuando hay interés en que actúes, los problemas llegan cuando se habla de dinero. Lo supeditan todo a la taquilla y tampoco hacen esfuerzos reales por tal de que se llene la sala", lamenta Pau, que calcula que con 30 actuaciones al año consiguen subsistir, pues las subvenciones que reciben son relativamente pequeñas. "Tres actuaciones por mes significa muchísimo trabajo cada día", añade. 
Las quejas nunca eclipsan la energía creativa y de buen rollo que se respira entre estos dos socios, artistas y amigos y que se traslada en sus divertidísimas e inspiradoras creaciones de vanguardia, que desafían formatos e ideas y están comprometidas con una "experimentación lúdica", afirma Serrano, muy lejana al "imaginario colectiva de que lo experimental es todo aquello críptico, extraño e incomprensible". Con ese compromiso están ya cocinando su próxima obra, que se dirá 'Birdie' y hablará del movimiento, "de por qué hay cosas que se mueven tan fácilmente y otras que cuestan tanto, de movimiento de pájaros, migraciones humanas, divisas internacionales, bienes de consumo...". Toca esperar un nuevo delirio de arte vanguardista, comprometido con su tiempo y burlón con los formatos.

Font: Juan Carlos Olivares (ara.cat)
Un dels grans al·licients del programa de la Biennal de Teatre de Venècia és descobrir una ciutat que gaudeix mantenint sempre un racó ocult a la curiositat depredadora. Dissabte al matí es va organitzar el gran tour shakespearià per la Giudecca -el fi de festa dels tallers que donen alè al festival-, tot i que divendres a la nit La Veronal ja havia arrossegat el públic fins al Camp de San Francesco della Vigna, en els confins del barri de Castello. Los pájaros muertos planteja des de la seva estrena al Museu Picasso el diàleg amb l'espai com un element essencial del projecte. Però el dramatisme d'una columnata del segle XIX que retalla la vista d'un canal venecià, el seu pont i una façana de cases historiades és imbatible. El contrast amb les figures negres de l'Espanya de mantellina i bandarojigualda és potent.
Los pájaros muertos vol ser un homenatge a Pablo Picasso i tots aquells noms de la història que van ser coetanis en la seva llarga vida. Però sobre la pedra, la coreografia és un retrat expressionista de tot el que va mantenir Picasso lluny de la seva pàtria. Amb la banda sonora de pasdobles i boleros de Ravel, La Veronal dibuixa un paisatge humà grotesc. Corbs ultramuntans que fugen espaordits quan irromp a la plaça una bandera francesa republicana portada per dues llibertats nues. Un retrat de Solana suavitzat per una amable ironia. Només quan la dansa adquireix força solitària l'amabilitat desapareix i el quadre adquireix una tonalitat més torturada.
El gos que miola
La coreografia és perfecta per omplir de contingut un workshop a la Biennal. No és el cas de Natura i origini della mente , la proposta de Romeo Castellucci. El seu teatre metafísic es torna banal quan intenta resoldre les seves inquietuds amb la col·laboració dels seus joves alumnes, potser no tan torturats. El públic penitent, esperançat davant el nou Castellucci, passa un a un per una silueta femenina retallada, i entra en una gran nau buida. Un gos negre miola lliure per la sala. A dalt, al mig de l'alt sostre, una jove penjada del seu dit índex d'un cable. Impressionant efecte d'il·lusionisme, que, per si sol -amb el contrapunt del gos amb veu de gat-, valdria per tot el muntatge. La resta és un acte de revelació i il·luminació, individual i col·lectiu, amb una vergonyosa coreografia de renascuts a l'estil Busby Berkeley. Un únic dit separa el muntatge de la catàstrofe.
Potser Castellucci envejava en aquest moment la solitud de l'intèrpret únic, com la de David Espinosa en la seva sorprenent miniatura. Tot i que prové del món de la dansa, Mi gran obra és una funció que només demana a l'intèrpret destresa i precisió en les mans, control mental del temps i una gran idea prèvia. Escenes de la vida -reals o metafòriques- que es presenten com si els espectadors fóssim els gegants de Brobdingnag de Gulliver i les figuretes de plàstic fossin de mida normal, com els barcelonins de les cortinetes de BTV. Diminutes figures de maquetes de tren el rostre de les quals només es revela amb (im)pertinents binoculars. Imatges de vida, mort, felicitat, violència, somnis i malsons, on un test és un cementiri i un plat d'arròs una illa caribenya.
Thomas Ostermeier en té prou amb una gran pissarra per dibuixar o desdibuixar tots els escenaris d' Un enemic del poble. La seva adaptació té com a principal objectiu fer de Stockmann un personatge creïble per al segle XXI. Ja no es planteja una integritat suïcida. La seva llar és la típica contradicció d'un Bo-bo (Bohemian bourgeois). I la seva croada, l'ambició d'una esmena a la totalitat del sistema. Per a l'entorn íntim utilitza l'estètica d'un musical indie , amb tots els discos preparats de Kings of Convenience, tot i que que el leitmotiv sigui el Changes de Bowie. Per a la dimensió política de l'obra transforma l'assemblea popular en un debat obert al públic, que pot discutir, opinar, posicionar-se lliurement. Una manera molt seriosa de fer teatre públic, encara que la mateixa obra es permeti jugar amb l'humor. El final, obert, com ha de ser en la nostra era sense veritats absolutes. El protagonista és l'actor Stefan Stern, un prodigi en cadascuna de les facetes del personatge, des del més atabalat fins al més iracund o abandonat pel món.


Fuente: Justo Barranco (lavanguardia.com)

Si Josep Maria Flotats tuvo una insólita reparación hace escasas fechas en el Teatre Nacional de Catalunya, la Bienal de Teatro de Venecia que dirige Àlex Rigola ha logrado desagraviar a otro hombre que no es profeta en su tierra: Romeo Castellucci, que este domingo cumplió 53 años. El presidente de la Bienal de Venecia -que agrupa los festivales de cine, teatro, música, danza, arte y arquitectura-, Paolo Baratta, ex ministro de Industria, entregó el León de Oro a Castellucci diciendo que "debíamos reparar una deuda con un director que Europa ha reconocido como uno de los más grandes y aquí algunos han visto como molesto".

Felicidades por su cumpleaños y por el León de Oro. ¿Cómo lo ha vivido?

Me ha conmovido mucho. Es una voz institucional que representa una institución italiana importantísima y ha dicho palabras fuertes que me han sorprendido. Aún estoy tocado. El premio es naturalmente idea del director del festival, de Àlex Rigola, pero luego lo tiene que confirmar el consejo de la Bienal y lo han aceptado. Me ha golpeado porque mi teatro nunca ha sido bienvenido en Italia. Dos veces han intentado cancelar mis trabajos por el Ministerio. Recientemente ha habido dos interrogaciones parlamentarias, dos, naturalmente organizadas por la derecha, por la Liga Norte y el partido de Berlusconi pidiendo nuestra suspensión, la censura del espectáculo Sobre el concepto de rostro en el hijo de Dios. El primer intento de censura fue hace 14 años con el primer gobierno de Berlusconi. Han sido las instituciones, porque el público está. Pero para las instituciones soy un mal ejemplo, un ejemplo de teatro peligroso. Logro mostrar mi trabajo en Roma, en el Europa Festival, y en otros pequeños centros donde puedo mostrar las obras pequeñas, las performances, no las grandes.

¿Quiere que su trabajo sea peligroso?

Sí. Depende de qué cosa se entienda. En cierto sentido el teatro es algo que tiene un lado peligroso, como en todo el arte. El deber del arte es generar pensamiento, y entiendo que en ciertos casos mejor si no se piensa. Y el teatro es visto por las instituciones italianas como un divertimento, como un producto de industria, de comercio.

¿Qué queda de ese embrión de teatro europeo que parecía estar germinando estos años al programar en bastantes países muchas obras del resto del continente?

Ha habido un gran momento de intercambio sobre todo gracias a la labor de algunos teatros y festivales, en España el Grec y el Teatre Lliure, siempre con una programación internacional, y así como en España en tantos otros países había teatros y festivales que han permitido este gran intercambio de información fundamental y que en América no existe, es una riqueza típicamente europea. Ni inglesa. Es una riqueza que tenemos en Europa y es un bien precioso a salvar. Y con la crisis los intercambios se han reducido pero no han muerto, aún está activo. Han cambiado las reglas, la modalidad. A mi juicio, la pobreza no debe ser vivida sólo como un límite sino también como una ocasión de repensar las reglas fundamentales del teatro. La crisis debe necesariamente llevar a una renovación. Es una obsesión. ¿Se puede hacer un espectáculo con 500 euros? Quizá sí. Y si se puede el pensamiento sobre la creación cambia, se convierte en otra cosa, se abren nuevos lenguajes. Yo creo profundamente en la capacidad de salir adelante, sobre todo de los jóvenes, que no tienen nada que perder. La gente de mi generación tiene más problemas, porque se han acostumbrado, quizá de modo equivocado, a tenerlo todo, a tener demasiado. Espero que las nuevas generaciones puedan tomar este momento de crisis para hacer un cambio.

Dice que este intercambio teatral europeo no ha muerto pero se ha reducido. Es como Europa hoy.

Sí, sí. Es el retrato de Europa. Veamos qué sucederá con el festival de Aviñón, que ha sido una muestra fundamental para crear lazos entre culturas diferentes y lenguajes diversos. El Grec también era así. Muchos festivales. Espero que continuarán en estas direcciones. Si te cierras sobre ti mismo, se ha acabado. Se convierte en otra cosa. Un espejo de identidad nacional, sin apertura, sin discusión, sin confrontación con los demás. Espero que los grandes festivales continúen teniendo una visión abierta.

Dice que la crisis puede ser una oportunidad, que las generaciones que trabajan se han habituado a mucho, que se puede trabajar con menos. ¿Ve un cambio?

Sí, siento estas cosas. No he visto todavía las grandes obras, pero deben nacer obras extraordinarias. No buenas, extraordinarias, que permitan dar el salto no sólo para artistas singulares, sino para generaciones enteras. No han llegado aún. Hay fermento, están creciendo. Veo las cosas que hacen los jóvenes de mi laboratorio y hay cosas extraordinarias, imágenes de belleza fulgurante que no he encontrado en la Bienal de Artes Visuales de este año. Las ideas y la potencia creativa está, aún en fase potencial, y se deben dar cuenta del poder que tienen. Son un poco tímidos, deben ser más osados.

¿Qué papel puede tener el teatro como respuesta a esta crisis, porque parece que el público está dejando un poco el teatro?

Las instituciones también han perdido público en Italia, pero están surgiendo muchos lugares pequeños, espontáneos, de artistas y es una cosa muy positiva. Falta un diseño, una línea artística, pero no es lo más importante. Y están llenos de gente, hay necesidad pese a la dificultad económica. Además en estos lugares el precio es bajo, la gente va a cambiar la política económica del espectáculo en el teatro. Lo que se pone en discusión ahora es todo el sistema teatral. Y las instituciones culturales no se dan cuenta de estos grandes cambios. Son máquinas demasiado grandes y no logran seguir la velocidad de la contemporaneidad. Las instituciones más ágiles, independientes, han resuelto el problema mejor.

¿La crisis ha cambiado su teatro?

La crisis se siente por todas partes. Busco hacer un trabajo más esencial, por todo, pero también por un sentido ético. Hacer un trabajo de economía. Soy afortunado porque sigue habiendo muchos teatros interesados en producir mi trabajo y puedo producir bien las piezas y poner un precio más bajo porque son muchos. Pero además hago pequeñas producciones extremadamente simples, he hecho un espectáculo en Aviñón recientemente sin escenografía. La dificultad te ayuda a encontrar las ideas.

¿Qué significa lo que dice el programa de que quiere empujarse más y más lejos? ¿Qué quiere cambiar de su teatro?

El peor enemigo de tu trabajo eres tú. Quiero cambiar siempre. Estoy haciendo trabajo también en la ópera pero es una situación diferente, no hay tantísimo pero hay mucho. En el teatro ni siquiera hay suficiente. Hay que cambiar no sólo por la crisis sino por ir a una dimensión desconocida, mi objetivo es perder la orientación. Ir a lo ignoto, que cada paso que das, cada decisión, sea incierta. Es una manera de tomar distancia del propio trabajo. El teatro no es mi casa, no quiero un hábito. Personalmente creo que es equivocado tener confianza en el teatro, en lo que se hace, extremadamente peligroso.

¿Pero seguirá trabajando en ese mundo de imágenes tan potentes que caracterizan sus obras?

Para mí las imágenes son muy importantes. Las palabras tienen un peso específico enorme, hay que usarlas como se usa el explosivo, son extremadamente densas, pocas palabras son suficientes porque explican conceptos que son revelados. Es un peligro de la comunicación verbal, te arriesgas a caer en el discurso. En cambio las imágenes cuanto más precisas son, son más plurales. Como un prisma transparente que lo giras y cambia de forma pero sigue siendo transparente. Es la potencia de la imagen. Tú espectador recibes de un modo, el de al lado de un modo completamente distinto. Eso es una garantía de la potencia de la imagen. Me gusta esto, pero también la contradicción, así que quien sabe si un día mi trabajo no serán imágenes.

Se lo decía porque últimamente ha trabajado obras de Hölderlin y Nathaniel Hawthorne.

Pero es que Hölderlin es un escritor muy particular. En él la palabra no reconduce al significado, es el acto, hablar es operar, liberar, para él es muy importante la cesura para crear una interrupción, un espacio, sus palabras dan espacio al espacio, son el pretexto para construir un espacio. Como la palabra trágica, ¿eh? La palabra trágica, que Hölderlin retoma, produce silencio, esta es la paradoja. No es para nada un discurso. Es un abismo que se abre siempre más. El error trágico en este sentido hablando produce el vacío. La palabra se produce a sí mismo, es la materia, el cuerpo. Y Hawthorne es un escritor que escribe muy bien pero produce imágenes. No me interesa cómo escribe sino por su puesta en escena, el dispositivo teatral, a la envoltura de su increíble personaje de El velo negro del pastor, que es aún una pesadilla para mí.

¿Qué les dice a sus alumnos del taller de la Bienal?

Les presento problemáticas y ellos deben desarrollarlas y luego hay una discusión. No digo cómo se hace porque eso no funciona. No hay una obra, hay tantas, esa es la fuerza del teatro. Les pido que intenten ser infinitamente problemáticos. Una búsqueda que debe tocar extremos impensables. Se trata de despertar la imagen, de evocarla, porque no se puede dominar, por definición pertenecen a todos. Cómo evocarlas, volverlas problemáticas.

Aunque vivamos en el mundo donde nos inundan las imágenes, todo el mundo haciendo fotografías.

Estas imágenes pertenecen a este río infinito de información que no informan nada, que se convierten en un desierto perfecto. Venecia, porque aquí estamos, es un desierto. En esta realidad hiperconectada donde las imágenes viajan en tiempo real es un campo perfecto para despertar las imágenes porque no hay nada, hemos vuelto al desierto. Estamos como Juan Bautista en el desierto, nada a ver, nada a sentir. Es una situación privilegiada, muy diferente a los años 80 aunque ya tenían muchas imágenes. O en los años 60, que lo resolvieron con el pop art. ¿Qué hacer con todas las imágenes que les rodean? El pop art usó las imágenes de la cultura popular en sentido homeopático. Hoy no es ya posible, pero es una buena noticia. En esta infinidad de señales se puede ser puro de imágenes.


Font: Juan Carlos Olivares (ara.cat)
En un lloc atrapat en el temps i el fang, els monstres llisquen impassibles per les aigües. Monstres que s'alcen sobre les teulades i trenquen amb el seu cos colossal l'impertorbable horitzó. Grans depredadors metàl·lics que descansen unes hores a la llacuna per continuar la seva ruta pel mar dels Sargassos dels tòpics. Venècia aguanta la respiració -com Job davant la balena- quan un transatlàntic recorre els seus canals. Una respiració que aquests dies està escalfada per una temperatura ambient amb el confort d'un hammam. És l'humit termòmetre que persegueix l'aficionat teatral que ha respost a la crida estival de la 42a Biennal de Teatre, dirigida pel barceloní Àlex Rigola.
Cultura entre ruïnes
La segona jornada del festival es concentra als espais habilitats a l'Arsenale, el gran complex urbà que acollia les drassanes venecianes. Tan sols suant i recorrent les seves impressionants naus s'aconsegueix mesurar l'enorme poder naval de l'antiga república. Dimensions imperials i industrials que ara es dediquen a la cultura, còmode entre les ruïnes enwork in process cap a l'arquitectura reciclada. El teatre utilitza tres recintes (el Piccolo Arsenale i els Teatro alle Tese 1 i 2), com el Mercat de les Flors però amb la dignitat catedralícia d'un maó col·locat fa cinc-cents anys. Si es busca a Barcelona una sensació espacial similar, recomano visitar la biblioteca central del campus de la Ciutadella de la Pompeu Fabra, dibuixat a la romana com a Dipòsit d'Aigües per Josep Fontserè.
Al Piccolo Arsenale, Wajdi Mouawad es presenta ell sol com a autor, director i actor. Sempre parla amb l'eco de la primera persona, però aquesta vegada l'experiència íntima té la vibració de la seva veu i el seu gest. Seuls no s'allunya gaire del seu repertori dramàtic: conflicte patern, amb les seves tradicions i la seva història tràgica; el desarrelament, l'exili interior, el conflicte amb la identitat present personal i la identitat passada col·lectiva; la memòria, el retorn a la terra perduda, el rescat d'un jooriginal -vorejat per l'assimilació i l'acceptació d'una cultura apresa, no heretada-, i la recuperació de la llengua de la infància i les seves imatges associades. També la convivència amb un element irreal, gairebé sempre lligat a un estat de mort en vida. Tot aquest patrimoni es reutilitza a Seulscom un totum revolutum.
La primera part de l'obra transita per paisatges dramàtics coneguts, tot i que amb alguna novetat: una història paral·lela que es relaciona amb el present del protagonista, amb la seva nova individualitat. Aquest jo (Harwan) és un estudiós de la sociologia de l'imaginari i prepara la seva tesi sobre un monòleg (fictici?) de Robert Lepage, i el director quebequès treballa a Sant Petersburg sobre un nou restaurador encarregat de recuperar les mans del seu pare. La persecució de Lepage (l'entrevista que ha de concloure una tesi de 1.500 pàgines) es converteix en una odissea còmica esquitxada d'obstacles cada vegada més absurds. Lepage també serveix d'inspiració per un acurat joc de projeccions per visualitzar la dimensió freudiana del text. Un delicat imaginari d'ombres que comença amb un viatge astral, una subtil pista per a la posterior resolució de l'enigma del text.
Del teatre a la 'performance'
Cansat de ser ell mateix, sent la necessitat de revelar el secret i abandonar la lògica del text per dedicar-se només a l'impuls de l'acció: opta per expressar la crisi del seu protagonista amb l'energia de Pollock. Literalment. Passem del teatre a la performance sense entendre gaire per què. Perquè ell ho vol així. Doncs molt bé! Sort que l'última imatge (amb Rembrandt al centre de la idea) li serveix de redempció.
Al Teatro alla Tese, un altre monòleg. Dirk Roofthooft -actor superlatiu exercitat amb els millors creadors belgues- recita les paraules de Jeroen Brouwers, l'autor de Bezonken rood , una obra autobiogràfica a partir de la seva experiència infantil en un camp de concentració durant l'ocupació japonesa d'Indonèsia. Una carta de comiat a la seva mare, morta recentment. Les vicissituds són comunes a la popular sèrie Tenko . El més interessant és com el passat, a partir de la defunció de la mare, sola al seu apartament de la residència d'avis, exerceix de revulsiu per exorcitzar els dimonis interiors. Un punt de contacte amb el subtext de Mouawad.
Sense conèixer el llibre i les seves intencions, la versió escènica de Guy Cassiers és una línia recta cap a l'infern de la depressió. Un descens perfectament pautat en temps i tessitura per la hipnòtica veu de Roofthooft, cada vegada més densa, com l'atmosfera tropical que s'estén per la sala. Una funció que incorpora la tecnologia quan amb la veu de l'actor ja en té suficient per atrapar l'atenció del públic.
Àlex Rigola, exdirector del Teatre Lliure, seguirà al capdavant de la Biennal de Venècia de Teatre durant el bienni 2012-2013, segons ha informat avui el consell d'administració de la Biennal en un comunicat. "Rigola seguirà el cicled'activitats de formació que van centrar la seva experiència el 2010-2011. En els darrers dos anys, el director català ha fet seves les aspiracions de la Biennal de ser laboratori internacional d'especialització que abasta tots els aspectes d'un espectacle –escenografia, il·luminació, interpretació, moviment. Aquesta nova fórmula de festival-taller ha tornat a Venècia el caràcter d'un centre de debat sobre les arts escèniques contemporànies", es pot llegir a l'anunci.

Entre altres espectacles, Àlex Rigola (Barcelona, 1969) ha dirigit els següents espectacles: 'Suzuki I & II', d'Alexei Xipenko, 'Woyzeck', de Georg Büchner, 'Juli Cèsar', de William Shakespeare, 'Glengarry Glen Ross', de David Mamet, '2666', basat en la novel·la homònima de Roberto Bolaño, 'Rock'n'Roll', de Tom Stoppard, i 'Nixon-Frost', de Peter Morgan. El pròxim 23 de febrer estrenarà al Teatre de Salt una nova versió de 'Coriolà', de Shaskespeare, la primera obra que signa com a director resident d'El Canal.
Font: www.ara.cat