Font: Laura Serra (ara.cat)
El que Pere Riera ha unit no ho separaran ni les bombes. Les actrius Emma Vilarasau i Míriam Iscla, protagonistes de Barcelona , no es coneixien abans d'estrenar l'espectacle, el maig passat, a la Sala Gran del Teatre Nacional. Ara són companyes, còmplices, s'admiren, s'abracen, s'estimen. Agraeixen al seu director que les unís sota el mateix sostre, el d'una família burgesa que resisteix els bombardejos sistemàtics sobre Barcelona el març del 1938. Iscla interpreta la mare de família viuda que s'entesta a quedar-se a dins de casa. Vilarasau és una actriu soltera i alliberada que va fugir de la guerra i torna anys després per endur-se la seva família postissa lluny del perill. Aquesta nit tornen a convidar el públic al menjador del seu palauet -atrotinat però amb un piano de cua-, situat ara al Teatre Goya.
El dramaturg i director Pere Riera (DesclassificatsLluny de Nuuk) les va guiar amb la seva mestria aparentment dòcil per un text que es pot anar descabdellant en cercles concèntrics. Al nucli hi ha l'amistat de dues dones de caràcters oposats que mantenen un tête-a-tête que culmina en un tango seductor i violent. "El que ja no es poden dir amb paraules ho diran sense roba, sense enganys, amb l'essència del que són elles, ballant", diu Iscla. Vilarasau ho veu des de la perspectiva del seu personatge: "Quan se li acaben els arguments per convèncer-la, és l'última estratègia per fer-li recordar que abans no era així d'eixuta, li fa recordar que era sensual, que estimava la vida i que hi ha més coses". "Ens ho passem tan bé, en aquesta escena! La vam assajar poc i sempre té un punt de risc, ens la juguem cada nit", expliquen conjuntament.
Una família, una ciutat, un país
Fent zoom out, l'obra teixeix un altre cercle al voltant de la família protagonista: l'avi addicte als fàrmacs (Jordi Banacolocha), el fill adolescent (Carlos Cuevas), la filla que vol ser cantant (Anna Moliner), el seu xicot de dretes (Joan Negrié, que substitueix Joan Carreras), el pretendent d'esquerres (Pep Planas) i la discreta majordoma (Pepa López). Després de fer temporada, gira i vacances, la reestrena és un nou al·licient: "Quan has deixat dormir l'obra un temps, cada personatge guanya pòsit, és molt subtil. L'obra no està mecanitzada però en canvi té més veritat", diu Iscla. La família representa els fonaments i les arrels. Per això la Núria decideix que no correran al refugi quan sonin les sirenes, cada mitja hora, sinó que faran com si no passés res. O cantaran i ballaran. "És una manera de sobreviure davant de la situació", explica Iscla. Els paral·lelismes amb l'actualitat són fàcils de traçar, segons l'ex-T de Teatre: "Et minen l'esperança amb bombes, et quedes?, te'n vas?, insults socials, la indignitat... I la manera que tenim de lluitar ésfer l'indio , com diu l'obra". "Ara que el teatre té més sentit que mai, no ens en podem anar a casa", reflexiona Vilarasau. "És el que volen, que no sigui necessari", lamenta Iscla.
Els altres cercles concèntrics de l'obra són la ciutat -la Barcelona que hauria pogut ser i que va quedar arrasada- i finalment el país sencer. Riera concep l'espectacle com un acte d'amor a una gent que va perdre la vida injustament. L'obra té un vessant didàctic i alhora un posicionament polític. Un dels punts més emotius de Barcelona és quan la família entona junta La santa espina . "És una cançó que era popular a l'època. Com a actors, no hem de tenir pudor", defensa Iscla. I Vilarasau s'hi suma: "¿Els francesos canten La marsellesa a Els miserables i ens emociona i si ho fem nosaltres resulta que fem un melodrama?" "Tenim un gran complex amb nosaltres mateixos que ens hem de treure de sobre", opina Iscla. Això: ànimes bessones.

Fuente: Carmen Rosa Fernández (elpais.com)
“Cada momento de mi experiencia artística tiene que ser único e inolvidable, y llevarme para delante”. Con esta filosofía lleva Blanca Li veinte años en París como directora de su propia compañía, pintando coreografías sin límites en las que el mundo que la rodea, su cotidianidad, ocupan el papel protagonista como inspiración de un imaginario que siempre es el suyo propio. Ese mundo lo alimenta hoy con la misma voracidad con la que grababa en su memoria las tablas durante sus años de gimnasta profesional, los arranques flamencos en su Granada infantil o los brincos callejeros en su vecindario juvenil en Nueva York. Porque Blanca Li es una depredadora de pasiones: las de la calle, las que caza en los viajes, o las que descubre al trabajar con otros artistas y que luego ella traduce en el lenguaje universal de la danza.
La coreógrafa ha encontrado un hueco mientras termina su nuevo trabajo, inspirado en los robots, y nos ha abierto las puertas de sus ensayos como parte del proyecto 'Impulso creativo'. Junto al director de cine Daniel Sánchez Arévalo y a la banda Marlango, participa en una serie de vídeos que muestran a artistas de distintos ámbitos en la intimidad de su proceso de creación. Una ventana abierta a las ideas, la conexión, la motivación, la inspiración y la pasión de los personajes de 'El País Semanal'. Tres historias, tres formas de crear y de reinventar para celebrar que la revista del domingo del diario EL PAÍS también se reinventa. A partir del 20 de octubre, presenta nueva cabecera, diseño, estructura, secciones y contenidos.
Blanca Li nació en Granada en 1964 y a los 12 años ya era profesional de la gimnasia, un mundo exigente del que se alejó para seguir trabajando con su cuerpo, pero mediante su hilo conductor desde entonces, la danza. Su primer objetivo fue aprender de los mejores y con 17 se instaló en el Spanish Harlem de Nueva York para acudir a la prestigiosa escuela de Martha Graham. En la Gran Manzana pasó cinco años y allí comenzó la fusión de las influencias flamencas, árabes y hip hop que ha marcado su carrera. De regreso a Madrid abre un bar, El Calentito, epicentro de la Movida y que su hermana Chus Gutiérrez tomará de inspiración para su película del mismo nombre. En 1992 Blanca es elegida para actuar en la Exposición Universal de Sevilla y de allí vuela a París para en 1993 montar nueva compañía y un estudio, de nuevo bautizado como El Calentito, su centro de operaciones desde entonces. En Francia la granadina despega internacionalmente con varias piezas, en particular su obra de hip hop Macadam, Macadam, que se convierte en referencia mundial del género. Le siguieron Alarme, Al Andalus, donde la acompañó la cantaora Carmen Linares, o Poeta en Nueva York que le valió un premio MAX.
Pero el universo Blanca Li no limita su espectro a los escenarios, es cineasta y asidua colaboradora de Jean Paul Gaultier, para el que imagina las coreografías de sus desfiles, y Michel Gondry, con el que ha trabajado en los videoclips de Daft Punk (suyos son los míticos pasos de Around the World) y Paul McCartney. También a ella le debemos los recientes contoneos de Los amantes pasajeros, de Pedro Almodóvar, otro de sus incondicionales, y de Beyoncé en su último trabajo publicitario. Óperas, spots de las marcas de moda más exclusivas o eventos como el Baile de la Rosa en Mónaco son otros de los formatos en los que esta artista multidisciplinar ha volcado su mirada en estas dos décadas de profesión.
“Nunca me ha gustado definir la danza contemporánea porque mi danza es la mía, es la que me he inventado y corresponde a mi manera de ver el mundo, que cambia igual que cambio yo”. Así explica Blanca Li el secreto de su constante reinvención, en la que lo único que se mantiene intacto es su esencia, esa que se envalentona cada vez que se reencuentra con una página en blanco. “Es el momento más íntimo, más difícil y más apasionante, el que transcurre desde que te preguntas ¿por dónde empiezo? hasta que tienes el primer borrador y arrancas la coreografía. Sientes el vacío y el pánico de empezar un nuevo proyecto pero para mí es la fase más bonita”.
Cuando Blanca Li habla de intimidad debemos, como con sus obras, desprendernos de cualquier idea preconcebida. “En mi caso mi intimidad siempre está compartida por un grupo de bailarines. La vivo con ellos”.
Tac-tac-tac-tac. En la sala contigua repiquetean sus nuevos compañeros de intimidad: robots. Robots músicos y robots bailarines ensayando con humanos para un espectáculo que sube al escenario el ‘más difícil todavía’, una coreografía cuyo Leitmotiv surgió cuando percibió que las máquinas lo dominan todo, desde cómo compramos a cómo viajamos y hasta cómo nos relacionamos. “Aquí mi reto fue preguntarme: ¿Puedo crear una emoción con las máquinas?” Su mirada dice que sí, que puede, porque ese músculo, como ella imagina la inspiración, está una vez más a pleno rendimiento.

Fuente: Andrea Aguilar (elpais.com)
El estreno oficial está previsto el 27 de octubre y será entonces cuando se publiquen las críticas, pero la tan esperada producción de la obra del Nobel Harold Pinter ya ha batido un récord en taquilla: Traición ha recaudado más de un millón de dólares en su primera semana sobre el escenario del Ethel Barrymore Theatre en Broadway. Esta nueva producción protagonizada por la atractiva y hollywoodiense pareja formada por Daniel Craig, (el último James Bond), y Rachel Weisz (ganadora de un Oscar por su interpretación en El Jardinero Fiel) prometía hacer historia y no ha defraudado las expectativas, al menos económicas. El montaje, dirigido por Mike Nichols podría recaudar hasta 12 millones antes de su estreno oficial, –algo insólito para una obra que no es un musical– y de momento ya ha desbancado la caja que hizo durante su preestreno el año pasado la obra Muerte de un viajantedirigida por el mismo Nichols y protagonizada por Philip Seymour Hoffman.
Los actores, pareja en la vida real, han querido dejar al margen su propia historia durante las escasas entrevistas que han concedido, pero sin duda verles juntos por primera vez en un escenario interpretando a un matrimonio que debe hacer frente a una infidelidad ha encendido la curiosidad de muchos espectadores, algunos de los cuales han llegado a pagar 423 dólares por su entrada, –aunque el precio medio es de 149 dólares. El teatro tiene más de 1000 localidades y esta semana han colgado el cartel de no hay billetes. Tras su estreno a finales de mes sólo estará 14 semanas en cartel, hasta el 24 de enero, y no habrá posibilidad de alargarlo puesto que Craig arrancará justo después el rodaje de la próxima película de Bond.
Harold Pinter escribió esta obra en 1978 y planteó una estructura cronológica inversa, un flashbacks en escena, para narrar con nervio contenido la traición de Emma a su esposo, Robert, con su mejor amigo, Jerry –papel que en esta nueva producción interpreta Rafe Spall–. El drama estaba inspirado en su affaire con Joan Bakewell entre 1962 y 1969, cuando aún estaba casado con Vivian Merchant. Al escribirlo aún seguía en este matrimonio, aunque mantenía una relación con Lady Antonia Fraser con quien acabaría casándose en 1980. La acogida crítica tras su estreno en Londres no fue muy buena, pero la obra ha sido puesta en escena posteriormente con relativa frecuencia, incluso por otra pareja de actores en la vida real (Daniel Messey y Penélope Wilton). Hoy está considerada como una de las mejores piezas de este dramaturgo, que debutó en 1957 con El Cuarto.
La última vez que Traición estuvo en Broadway fue en el año 2000 con Juliette Binoche en el papel protagonista. La nueva producción, ampliamente publicitada desde el verano, ha despertado la curiosidad incluso de la propia viuda de Pinter, Lady Antonia Fraser que ha afirmado que viajará a Nueva York para ver este montaje, producido por Scott Rudin. Y apenas unas calles más allá también podrá ver Tierra de Nadie otra obra escrita por su esposo, elevado este otoño a la improbable categoría de rey de Broadway.

Fuente: abc.es
Las Naves del Español, en Matadero Madrid, acogen del 17 al 20 de octubre, la XIV edición del Salón Internacional del Libro Teatral, que organiza la Asociación de Autores de Teatro y en el que se convoca a instituciones, asociaciones, editores y libreros para que oferten sus publicaciones. El encuentro pone al alcance de los lectores durante cuatro días una amplia oferta de publicaciones teatrales (textos dramáticos, estudios teóricos, revistas, manuales técnicos, etcétera) a través de más de treinta expositores, dando así la oportunidad a los autores y editores de presentar sus novedades. Además de la participación española, el Salón cuenta este año con varias entidades públicas y privadas de siete países distintos: Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertoriqueño (Puerto Rico); Editoriales Biblos, Colihue, Corregidor y Galerna (Argentina); Esenología, A. C. y Fondo de Cultura Económica (México); Internacional Theatre & Film Books (Holanda); y Revista Estreno (EE.UU).
Entre las actividades destacan la entrega del Premio a la Mejor Labor Editorial –concedido en esta ocasión a Ediciones Cátedra– y se rendirá homenaje al dramaturgo catalán Josep María Benet i Jornet, nombrado socio de honor de la AAT.
El jueves 17 se celebrará un concurso de teatro exprés. Los participantes dispondrán de tres horas para escribir in situ un texto teatral, cuya lectura posterior no deberá exceder los diez minutos. La obra deberá atenerse a una serie de requisitos de carácter formal que se harán públicos justo antes de comenzar el certamen, si bien los contenidos y su tratamiento serán totalmente libres. El premio está dotado con 1.000€ y la lectura dramatizada en el acto de clausura del Salón.
Habrá, además un encuentro de autores y traductores, charlas individuales y debates que abordarán temas como la traducción de la dramaturgia contemporánea en Europa. El Salón incluye también varias lecturas dramatizadas: «La final», de Paloma Pedrero; «Seca sangre», de Guillermo Heras; «El librero de Azaña», de Miguel Murillo; «Inversiones», de Ángel Solo; o «Balconing», de Eugenio Asensio Solaz. Las obras serán intepretadas por actores como María Luisa Merlo, Víctor Ullate o Amparo Pamplona.


Fuente: Justo Barranco (lavanguardia.com)

Ya no son aquellos jovencitos que hace 34 años montaron el grupo de teatro gestual Tricicle. Tras ocho exitosos espectáculos que comenzaron con Manicòmic, las largas, larguísimas giras, y estar lejos de casa, de la familia, dicen, les pesa bastante más ahora. Así que Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans creen que Bits, la obra con la que aterrizan hoy en el teatro Poliorama después de año y medio de gira por toda España -y de nada menos que 150.000 espectadores pese a la crisis que sufrió el teatro en la pasada temporada- va a ser su última creación. No es que se despidan de los escenarios, puntualizan. Por un lado, a Bits, su actual obra, le queda mucho recorrido, y no sólo en Barcelona. Por otro, para cuando acabe Bits y se acerquen a los 40 años de Tricicle, planean una gira de cierre con sus grandes éxitos, sus mejores gags. Y además, recuerdan, Tricicle seguirá vivo como marca, creando obras que no protagonizan ellos, como ya han hecho estos años dirigiendo -con mucho éxito- los musicales Spamalot o Forever young.

Así que por ahora queda Tricicle para rato. Quedan muchos gags por delante, como los que ahora presentan en Bits, una comedia inspirada en el nuevo mundo de internet. Una pieza que definen irónicamente como "un espectáculo digital en código de gags trinario". Y en la que los tres intérpretes arrancan vestidos de bits, de esas unidades de información que circulan por la red para darle vida: esto es, van vestidos a medio camino entre una feria y un peculiar hombre del futuro, con trajes repletos de centenares de luces led que cambian de color a voluntad, y con las que lo mismo muestran sus jocosos estados de ánimo que juegan a crear banderas. Pero aún hay una última novedad muy importante: de vez en cuando, ¡hablan!

Carles Sans explica que para el nuevo espectáculo tenían muchas ideas de tipo muy distinto y que la idea de los bits, de internet, les ha ayudado a incluirlas todas, porque de hecho la red "es un gran cajón de sastre donde se encuentra de todo a golpe de ratón a una enorme velocidad". Una velocidad que, remarca, es la que precisamente siempre busca Tricicle en sus creaciones. De hecho, la obra, dice Joan Gràcia, está formada por sketches "de hechos cotidianos que le pueden suceder a cualquiera", situaciones, eso sí, a las que dan un toque surrealista, como un policía enfrentado a una manifestación con un solo manifestante. Y en ella rinden incluso homenaje a personajes de obras anteriores, como las tres viejecitas de Exit, del año 1984, o como a algunos de sus referentes artísticos, sean Les Luthiers, "con los que hace años hablamos de hacer un espectáculo nuevo pero por fechas nunca pudo ser", o el maestro Jacques Tati.

Paco Mir puntualiza que formalmente Bits está más emparentado con Manicòmic o Garrick porque presenta gags que no tienen nada que ver unos con los otros y que sólo están unidos por la red. Eso sí, como dice Sans, tras muchos espectáculos a sus espaldas, con 34 años de profesión, "la nueva propuesta parte de la desinhibición y la relajación, hemos hecho lo que nos ha dado la gana sin cuestionarnos si era ortodoxo o no, así que hablamos un poco más que de costumbre, hemos perdido el respeto a que todo se tenga que hacer a través de la gestualidad, y si ya nos habían oído onomatopeyas, ahora nos oirán alguna frase". "Pero monologuistas no somos", bromea Gràcia.

En cuanto a su retirada, Sans recuerda que "Tricicle hace un tipo de teatro muy físico" con el que suelen ir de gira entre tres y cuatro años, y que ya están en una franja de edad en la que hay que ser realista sobre la posibilidad de seguir haciendo espectáculos a la altura de los que han hecho y que no quieren convertirse en una de esas viejas glorias que ocupa el escenario hasta el último aliento. Además, añade, que estar lejos de casa y de la familia "pesa un poquito más ahora y te lo vas planteando". Eso sí, "estamos como nunca", y dice que el público de todas las ciudades en las que han estado ha recibido Bits sin parar de reír y que además no se trata sólo del público de siempre sino que se va renovando y se incorporan las nuevas generaciones. En ese sentido, concluye, su particular mirada crítica y surrealista sobre la cotidianidad sigue funcionando, una mirada en la que, explica, no buscan dar soluciones sino en la que la solución es el humor.

Fuente: Flor Gragera de León (elpais.com)
Imaginemos un mundo sin arte. Sin cine. Sin música. Sin pintura. Sin literatura. Sin fotografía. Sin … Sin teatro. ¿Podemos? “¿Es reparable una pérdida tan profunda como la del amor, o cualquier pérdida? Las medicinas que nos han dado, la religión, los psicólogos hoy en día… ¿funcionan?” agrega el actor, director teatral y maestro de actores Juan Pastor a las anteriores preguntas. ¿Sirven para nuestra depresión, un mal que se extiende en el siglo XXI? El abismo de la pérdida con mayúsculas y el poder (o la ausencia de él) de los tratamientos que intentar afrontarla es clave en Duet for one. El propósito de vivir, el montaje que el teatro Guindalera de Madrid ha elegido para celebrar que lleva 10 años llevando producciones sobre los escenarios y creando una forma de hacer teatro que va más allá de las carcajadas, las luces y los grandes escenarios. Un estilo que apuesta por la reflexión, y por el encuentro en la intimidad en este espacio de setenta butacas que supone el sueño de una familia, la de Juan Pastor, su hija, la actriz María Pastor, y de Teresa Valentín-Gamazo, una mujer repleta de fuerza que habla de un trayecto que han recorrido “a la inversa”.
El camino de este proyecto ha sido tan simple como pedregoso: despojarse de mucho para llegar a la esencia, cuentan sus impulsores. Porque ellos dijeron “no” a lo que no les convencía para dar vida a “textos de calidad” y con independencia de cualquier ayuda. En este cumpleaños pueden presumir de excelentes críticas, haberse convertido en una referencia en la escena madrileña, tener un público fiel y variopinto y haber dado vida a Chéjov, Friel, Pinter, Rudnick, Mayorga, Ibsen…
La escena en que “la magia funciona sin artificios”, describe la actriz María Pastor, resuena en ecos con estas palabras: “¿Podemos vivir sin arte?” con una historia cuyo personaje principal es Stephanie Abrahambasado en la celebérrima violonchelista británica Jacqueline du Pré, quien a los 28 años y por una esclerosis múltiple perdió su poder de tocar el instrumento que amaba. Escrita por Tom Kempinkski, la obra se estrenó en el West End londinense en 1980, y nos lleva a las conversaciones marcadas por el humor, la cólera y el lirismo entre la música y su psiquiatra, el doctor Feldman. Los intérpretes, padre e hija, enfrentados mientras el fantasma de la depresión nos lleva a plantearnos preguntas. No cesan, y una de las más importantes es: ¿qué tiene que decir el teatro en este “universo cada vez más complejo, en el que estamos desconcertados”?, se plantea Juan Pastor, quien cree firmemente en la creación de un estilo, en el trabajo actoral “de rigor”.
La familia protagonista de Guindalera no rehúye el interrogante que nos coloca en una existencia sin el teatro, en un encuentro en el escenario ya a última hora de la tarde, después de otro día de horas de ensayo que preceden al estreno. “Me he sentido muy identificada con el personaje, y al investigar me he dado cuenta de que es Jacqueline du Pré, clavada a ella… Guindalera es mi chelo. ¿Qué me pasaría si esto me lo quitan? Y me asusta mucho esa idea”, afirma María Pastor.
Cruzar las puertas del Teatro Guindalera es de alguna forma como entrar en casa. Y lo es porque plantas cuidadas y verdes bordean el pasillo que guía hasta el espacio austero en que público e intérpretes tienen escasos metros de separación. “Casi se puede escuchar la respiración o alcanzar a los actores con los dedos”, describe Juan Pastor. En una pequeña vitrina se atesoran los recuerdos en forma de diversas versiones de guinda, insignia de la casa, que han llevado los espectadores como obsequio. Tras los aplausos de cada puesta en escena hay un momento para charlar con un vaso de licor de guindas ofrecido por los anfitriones, algo pionero en las tablas madrileñas, y que funciona como una sobremesa con actores que aún portan su vestuario.
Pero no son buenos tiempos para Guindalera, y no está la falta, dicen los Pastor-Valentín, en el público del que se enorgullecen “y que va más allá de las fronteras del barrio”. “Nuestra situación es muy precaria, no sabemos qué pasará a continuación… El IVA cultural ha sido ruinoso”, explica el director. Juan, María y Teresa conversan apasionados sobre la asfixia a la cultura del Gobierno de Mariano Rajoy y hay una conclusión: la actual política cultural “pone zancadillas; son claramente cortapisas para que lo dejes…”. Teresa Valentín añade: “No se dan cuenta de que el teatro da vidilla a todo, a los bares, al metro… La gente necesita un espacio donde confortarse en la ciudad sucia, abandonada, en desamparo, para poder charlas después, es un lugar de encuentro… Es una necesidad espiritual”. Y su hija rememora las veces en que los espectadores la han abrazado agradecidos o en chavales “algunos bastante brutos” que, tras haber conocido Guindalera por los programas pedagógicos que dirigían sus padres, han seguido acudiendo a las funciones. “A veces los colamos. ¡Un chico de Fuenlabrada ha venido tres veces a ver Chéjov! Con su bonobús”, relata.
Teresa Valentín y Juan Pastor dieron vida a Guindalera pisando suelo firme y con un techo de hojalata que obligaba a suspender la función cuando la lluvia caía fuerte. Sus ingresos procedían de proyectos pedagógicos de creación de audiencias con Entra en escena con la Obra Social de Caja Madrid y Tras teatro con la Comunidad de Madrid. Ahora con la crisis eso ya es pasado. Pero las ideas siguen fluyendo para mantenerse en pie. Desde el micromecenazgo al que se anima al público, hasta la posibilidad de apadrinar una butaca desde 20 euros al mes, hasta la promoción, que va desde organizar grupos, difundir en redes sociales…
“Hemos sustituido el templo por el teatro, es una forma de encontrarnos a nosotros mismos, al menos, el que hacemos aquí… Ese ritual tan desnudo entre público y espectador es cada vez más necesario por la sobrecarga de estímulos…”, asegura Juan Pastor. ¿Y si desapareciera? Por lo pronto, el antídoto es el trabajo y los planes de futuro. Proyectos pequeños de dos o tres actores, cuentacuentos, versiones del trabajo pedagógico que se realizó anteriormente… Contra todos los malos augurios y las preguntas que nos podemos hacer, el dramaturgo Juan Mayorga lanzó en agosto en Santander un mensaje que da que pensar. “El teatro es el arte del futuro”. Mientras tanto, en Guindalera, siguen regando su jardín y transformando aquel de 1904 de Chéjov de cerezas a guindas.