Fuente: Rocío García (elpais.com)
Ese verano hacía un tórrido calor en Madrid. En la calle de San Roque, a dos pasos de la tumultuosa Gran Vía, en una pequeña sala de ensayos, un grupo de seis actores con un director y un productor a la cabeza daban vida a un texto complicado y muy filosófico, enredado. Todos se habían quedado sin vacaciones por su culpa. No había dinero, ni presupuesto, ni teatros donde poder estrenar. No había ningún padrino detrás. A los actores no les dieron ninguna esperanza. Miguel del Arco y Aitor Tejada, también intérpretes, guionistas y socios de Kamikaze Producciones, solo les garantizaron el pago por ensayar La función por hacer, una obra basada enSeis personajes en busca de un autor, de Luigi Pirandello.
A Raúl Prieto (Valencia, 1976), uno de los intérpretes, le pillaron relajado en un chiringuito de la playa en Denia, donde pretendía tirarse a la bartola después de un duro invierno de trabajo. Miriam Montilla, entre cuyos trabajos más conocidos figuran La Caja 507 o Héctor, no atravesaba su mejor momento. Estaba arrasada, confiesa, y no se encontraba con fuerzas para acometer ese personaje tan dramático que le ofrecía su amigo Miguel del Arco. Menos mal que los cientos de mensajes insistentes que le dejó Miguel en el contestador surtieron efecto. “Le agradeceré toda la vida lo pesado que fue”, reconoce hoy la actriz. Bárbara Lennie (nominada en 2005 al Goya como mejor actriz revelación por Obaba) no conocía al director que le llamó por teléfono para ofrecerle el papel de esa mujer visceral que descorcha las pasiones. Fue en una terraza de la plaza de Santa Ana donde Bárbara dio el sí definitivo. A Manuela Paso (Madrid, 1969) le convenció la carga dramática de las palabras escritas por Del Arco, aunque dudó por ese papel de madre con tan pocas frases que le habían asignado. La explicación del director –“hacer vivir a un personaje que parece que no está es más complicado”– fue definitiva. Por su parte Israel Elejalde, conocido para el gran público por sus papeles en series de televisión como Amar en tiempos revueltos, Toledo o Herederos, y Cristóbal Suárez (El comisarioAmar en tiempos revueltos) estaban en el proyecto desde sus inicios.
Y ahí estaban esos seis actores creando, en el verano de 2009, una de las obras teatrales más impactantes de los últimos años en España. La función por hacer fue el inicio de una aventura y un viaje colectivo que no ha terminado. Supuso el germen de una compañía estable de teatro, algo casi inimaginable en estos tiempos inestables. La formación de una familia de cómicos que con su talento y su trabajo recorren pueblos y ciudades. Como decía el cómico de los cómicos, Fernando Fernán-Gómez, en El viaje a ninguna parte. “Porque nosotros, los cómicos, ya se sabe, siempre de acá para allá”. Picados por ese veneno del teatro. “Lo tiene, ¿sabes? Un no sé qué, un misterio. Hay gente que dice: voy a probar, un año, dos, y si me va mal, me dedico a otra cosa. Y luego no lo puede dejar”, escribía Fernán-Gómez. Y ese veneno, arrastrado por el éxito, lleva a esta nueva familia de cómicos a viajar en estos días a Colombia. Allí presentarán La función por hacer en el prestigioso Festival Internacional de Teatro de Bogotá, primera parada de una gira internacional. A continuación, a finales de este mes, estrenarán por todo lo alto en el Teatro Español de Madrid su tercer trabajo como compañía, Misántropo, basado libremente en el texto de Molière.

Lo que se vivió en esas cuatro paredes de la calle de San Roque, unos 80 metros cuadrados a pie de calle y sin luz exterior, un lugar con sensación de intimidad, fue, todos lo dicen, vertiginoso. “Se lio desde el primer día”, cuenta Miguel del Arco. “Aquel texto tan complicado sobre el papel se hacía grande en la boca de esos actores. Nació una química especial cuando empezaron a jugar juntos”, añade el director. Era un texto, ni cómodo ni fácil, que ya habían intentado mover hacía cuatro años y fue un fracaso. Ni siquiera les recibían para poder entregar en mano aquel puñado de folios. Así que se decidieron a montarlo solos, siguiendo ese pálpito del que habla Aitor Tejada, el que hace las veces de productor de la compañía. “Por unas causas u otras, atravesábamos unos momentos de cierta frustración y pensamos que ese verano era el idóneo para lanzarnos a la piscina”, explica Israel Elejalde, gran amigo de Miguel del Arco.
No solo era confianza en el texto y el director. También una cierta desazón con las formas de trabajar. “Tenía ganas de ser dueño de mi trabajo, de tener una relación directa y sin escalafones con mi director y mis compañeros”, añade Elejalde, quien no duda en calificar como uno de los momentos más emocionantes de su vida lo que se fue encontrando ese caluroso verano en aquel local con las ventanas forradas. “Todos pusimos mucho de nosotros. Sin saber realmente adónde íbamos, ya desde el principio todos tuvimos la sensación, que he tenido pocas veces en esta profesión, de que estábamos haciendo algo bueno. Cuando acabábamos los ensayos, nos mirábamos y sabíamos que aquello funcionaba, que no estábamos locos”, dice Elejalde.
“Fue todo muy mágico, unos nos conocíamos y otros no, pero se creó un ambiente de trabajo en el que todos teníamos ganas de hacer eso bien. El tiempo que quedábamos íbamos a muerte”, dice Montilla. Raúl Prieto por supuesto que no se arrepintió de tener que prescindir de sus vacaciones ese verano, aunque lo que estuvieran ensayando no tuviera futuro. “Fue toda una aventura en el vacío. Desde luego, en ningún momento podía prever lo que pasó después. Miguel siempre nos decía: ‘Lo mismo solo hacemos dos funciones en esta misma sala de ensayo y luego nos tomamos unas cañas y tan amigos’. ¡Anda que no nos hemos tomado cañas desde entonces!”.

Decidieron organizar tres funciones al público, en la misma sala de San Roque, y aquello fue la debacle. Amigos tenían muchos, pero les costó que se acercaran programadores y profesionales del teatro. Lo recuerda bien Ayanta Barilli, entonces directora artística del Teatro Lara de Madrid y hoy una de las socias de la entidad. “Me lo van a birlar”, fue el primer temor de Barilli nada más acabar esos 90 minutos de teatro en estado puro, con unos intérpretes vestidos con sus propios ropajes, que se movían entre el público, que tropezaban con él. “Me di cuenta de que estaba ante una experiencia litúrgica que es la sensación que te ofrece el teatro de calidad”. Fue tan emocionante que literalmente se tiró en plancha hacia Miguel del Arco para ofrecerle el recién inaugurado espacio off del Teatro Lara.
Y así llegó el gran estreno, el 4 de diciembre de 2009. La que se montó en el Lara en las noches de los fines de semana, muchas de ellas bajo fuertes nevadas, todavía lo recuerdan en los bares de la zona. Las colas nocturnas eran eternas y de las 60 sillas de tijera habilitadas en el hall del teatro se pasó a las 100 localidades, gracias a sillas o butacas pedidas a los locales de ocio de la calle y al empeño de los espectadores de ver la obra, ya fuera de pie o en el suelo.
El reconocimiento de la profesión llegó pocos meses después, con siete Premios Max, entre ellos al mejor espectáculo de teatro, director e interpretaciones de reparto para Raúl Prieto y Manuela Paso. Pero ese sueño no hizo más que empezar. A continuación llegó Veraneantes, un montaje realizado a partir de la obra de Gorki que se estrenó en el teatro de La Abadía. Han pasado poco más de cuatro años desde el milagro de La función por hacer y ya se puede decir que la compañía Kamikaze se ha convertido en familia, una familia de cómicos en carretera. También un ejemplo y una referencia para muchos, una manera de trabajar diferente, un viaje artístico colectivo que ha dado sus frutos. Un lugar medianamente estable, donde poder explorar límites, en el que los actores –“todo tiene que girar en torno al ejercicio del actor, todo es prescindible excepto su trabajo, son los que se desnudan en el escenario, los que dan la cara para explorar una serie de emociones, cuando los demás estamos un paso atrás, en un cuarto oscuro, en un lugar más preservado”, defiende Del Arco– salen a sorprender, a escuchar al compañero para alimentar la energía común, a buscar y ofrecer al público el mayor compromiso emocional.
Entre mis sueños estaba tener una compañía de repertorio, moderna, que pudiera investigar y trabajar con una cierta perspectiva, dice Miguel del Arco
Se han reunido hoy para la sesión de fotos, en un estudio de un popular barrio de Madrid. Es un encuentro de amigos. En esta ocasión, les acompaña un colega de siempre que se estrena como actor con el grupo en Misántropo, José Luis Martínez. Miriam Montilla abraza amorosa a Bárbara Lennie, mientras Manuela Paso, sonriente, se prueba una blusa de lunares algo transparente. “Estar en este momento dulce que tenemos por expectativas y expectación ante nuestros trabajos no me lo imaginaba para nada. Sí que entraba en mis sueños tener una compañía de repertorio, moderna, que pudiera investigar y trabajar con una cierta perspectiva”, dice Del Arco.
La evolución ha sido extraordinaria, con respecto a su próximo montaje,Misántropo, que se estrena en el Teatro Español el 23 de abril. “Ojalá pueda decirlo muchas veces más a lo largo de mi carrera. Hasta ahora, Misántropoha sido el proceso creativo más fabuloso que he vivido porque ya contaba con la complicidad de base, la compañía está absolutamente armada y hemos implicado a todo el equipo que nos ha acompañado desde La función por hacer como nunca antes habíamos hecho”, señala su director, al que le aburre la soledad de la escritura. El montaje de Misántropo ha sido todo un taller de investigación, lecturas, conocimiento y eternas discusiones, en el que no han faltado tareas y juegos. Un grupo trabajando todos en la misma dirección, advierte Raúl Prieto, en el que nadie destaca por encima de otro, en el que la escenografía o las luces o el vestuario son tan importantes como cualquier otro componente de la compañía.
Antes de encerrarse en la escritura, Del Arco convocó a actores, técnicos y creativos en torno a este clásico de Molière (estrenado en junio de 1666), a ese personaje complejo y dolorido que desprecia al género humano y que responde al nombre de Alcestes. Todos se leyeron no solo la propia obra de Molière, sino las dos recomendaciones del director: Discurso y verdad en la antigua Grecia, del filósofo francés Michel Foucault, un tratado sobre la moralidad y sinceridad de los sabios aun a riesgo de su vida o de su soledad, y la biografía del dramaturgo francés, escrita por el soviético Mijaíl Bulgákov, Vida del señor Molière. En esas reuniones previas no se habló de los papeles, los actores no sabían a quién iban a interpretar, todos tenían que entrar en el corazón de todos, desde el propio Alcestes, ese ser complejo y contradictorio, reñido con el mundo, a la bella Celimena, ambiciosa y seductora, o a ese amigo sincero, aunque algo hipócrita, de nombre Filinto. También a Oronte, exitoso y sin escrúpulos, en la rígida y calculadora Arsinoé, a la culta y reflexiva Elianta o al despreciable y corrupto político Clitandro.
Incluso se planteó un juego en el que cada uno tenía que defender o criticar ciertas ideas de la función, escuchar los matices de los compañeros, las dudas y los ruidos que generaba el Misántropo. Con todo ese material, Miguel del Arco se fue a escribir su versión y a colocar a los intérpretes con cada personaje. “Nunca nos habíamos implicado tanto”, explica Miriam Montilla (finalmente Elianta). “Esa cantidad de información que te llevas a tu casa se va posando poco a poco y cuando te pones de pie y subes al escenario tienes incorporado no solo a tu personaje, sino toda la función, también el concepto espacial”, añade Montilla. “En el caso de Misántropo,todo un clásico teatral, reflexionamos y discutimos mucho sobre los lazos con la realidad actual. No llevamos pelucas, pero hablamos con las palabras de Molière al público de nuestro tiempo”, explica Elejalde (Alcestes). “Fue muy interesante porque antes de saber qué papel ibas a interpretar te veías obligado a ponerte en la piel de todos y te dabas cuenta de que ninguno es bueno o malo, que todos tienen sus motivos para hacer lo que hacen”, asegura Raúl Prieto (Filinto).
Eso sí, sueños los justos, que no están las cosas para muchas alegrías. Y en eso está siempre vigilante Aitor Tejada. Hasta para calcular el volumen del escenario y que pueda caber en una furgoneta, no sea que les vaya a pasar como en Veraneantes, un éxito que no pudieron girar por el tamaño de la escenografía. “La diferencia entre una furgoneta y un tráiler de seis metros es que te cargas o no la gira”, reconoce Del Arco y advierte de que, a pesar de estar bien colocados en la industria, todavía siguen trabajando muy en precario. “Este Gobierno no hace más que poner palos en las ruedas de los espectáculos culturales, y el 21% del IVA es solo uno de ellos. No hay una conciencia clara de lo que tiene que ser la cultura. Es posible vivir de esto, pero con un esfuerzo tremendo. Por ejemplo, en el mes de febrero no hemos tenido ni un bolo y sin bolos el teatro muere, y eso que nosotros estamos ahora colocados en lo más alto”, añade Del Arco, mientras Tejada apunta: “Las giras son las que dan a una compañía la estabilidad necesaria para continuar”.
Yo quería trabajar así, desarrollarme artísticamente en grupo. Esta compañía es ese lugar seguro para estar inseguro, cuenta Bárbara Lennie
Se ponen en carretera como los cómicos de antaño, sin olvidar esa palabra. Cómicos, que, según proclamó José Luis Gómez en su reciente discurso de entrada en la Real Academia Española, “incluye la conciencia de la precariedad y el desamparo como el disimulado orgullo, consciente o no, de su función pública”.
Bien lo sabe Cristóbal Suárez (Oronte, en Misántropo) que vivió sus inicios de carrera con una sensación de culpabilidad. “Siempre he tenido maestros importantes, he trabajado con gente muy potente a la que he reverenciado, pero con esta compañía se ha creado algo que para mí es nuevo. Aquí no hay una pirámide, sino que todo es circular. Todo se pone en común para crear juntos”, asegura.
Han sido tiempos bonitos, ha habido niños, rupturas, parejas…, “mil millones de cosas que hemos ido viviendo de alguna manera juntos”, reflexiona Bárbara Lennie (Celimena), que recuerda ahora las palabras que Peter Brook plasmó en su autobiografía Hilos de tiempo, en la que el director de escena británico hablaba de la importancia y la excelencia del trabajo en una compañía. “Me daba envidia, yo quería trabajar así, desarrollarme artísticamente en grupo. Lo hemos conseguido. Siento que he encontrado ese grupo. No sé dónde irá, ni si lo mantendremos y de qué manera, pero los años que ya hemos vivido han sido de mucho crecimiento, de muchos descubrimientos. Pertenecer a esta compañía me ofrece ese lugar seguro para estar inseguro. Uno puede entrar ahí y estar perdido, y buscar cosas que a priori no encuentras, pero vas de la mano de una gente de la que te fías y a la que puedes entregarte. Esto en este oficio es muy difícil porque a veces está uno muy solo. El grupo te da calor y seguridad para afrontar los miedos colectivos”.
Es algo más que un viaje artístico y económico, es una manera de ver la vida, el teatro, el arte, de relacionarse con el mundo, una forma de organizar tus huecos, tu tiempo, tu trabajo. Israel Elejalde, hombre ya poderoso en la escena teatral, defiende que cuando uno pertenece a una compañía eres dueño de tu profesión, “un trabajo en el que casi nunca uno es dueño de nada”. Por eso, este intérprete siempre busca la mirada de sus compañeros. “El teatro es un arte colectivo y solo funciona bien cuando el grupo lo hace. Un protagonista no existe sin la mirada del resto de los personajes. Es muy difícil que un protagonista esté bien si alrededor no hay una serie de gente que esté a la altura y sepa transmitir al público la envergadura de ese personaje. Cuando un grupo funciona bien es cuando el espectador se olvida de que está viendo teatro. Las quiebras aparecen cuando uno empieza a ver que se lo sabe todo, que no hay riesgo, ni grietas, ni vértigo. Nunca nos relajamos, no nos lo permitimos. El día que empiece a pasar nos disolveremos”.
De momento, esto parece lejano. Y si no, que se lo pregunten a José Luis Martínez (Clitandro), que se incorpora por primera vez en Misántropo al equipo actoral, en el que ha encontrado ese espacio de libertad tan ansiado en el campo del arte. “Aquí no se cuestiona nada más que tu capacidad de creación. Nos conocemos bien y respetamos nuestros espacios vitales, nos vamos acoplando, queriéndonos, sin alharacas, admirándonos mutuamente”.
Manuela Paso (Arsinoé) no se cansa de repetir que la clave del éxito de este grupo es la “inteligencia emocional”. “La incomodidad no te permite dar lo mejor de ti, ni entregarte, ni comunicarte con el colega. Somos todos responsables de lo que ocurra en la compañía, cada uno de sí mismo y de los otros”.
La sesión de fotos ha terminado y la familia se despide. Cada uno es distinto. Miguel del Arco lo sabe y lo que más le emociona es el esfuerzo diario que hacen para encajar dentro del grupo. “Esto es muy bonito. Es como queremos hacer nosotros teatro en una profesión que nos apasiona. ¿Quién es el idiota que puede romper esto?”. Parece que nadie.

Familia de cómicos

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Fuente: Rocío García ( elpais.com ) Ese verano hacía un tórrido calor en Madrid. En la calle de San Roque, a dos pasos de la tumultuos...

Font: Sergio C. Fanjul (elpais.com)
Ante los desafíos de la crisis, los recortes y la subida del IVA cultural, la buena noticia en el mundo de las artes escénicas madrileñas es la alta proliferación de salas alternativas que, aquí y allá, van apareciendo por la ciudad y tejiendo una interesante escena off. Artistas que viven muchas veces en precario, pero que, con pocos medios y muchas ganas, tratan de sacar adelante sus creaciones, frecuentemente críticas con la terrible coyuntura que las ve nacer. La Comunidad de Madrid quiere dar un empujón a esta escena alternativa mediante el festival Surge Madrid, que entre el 7 y el 31 de mayo reunirá 93 estrenos en 31 de estas salas. Algunas de ellas son la Mirador, Teatro Lagrada, Kubik Fabrik, Teatro del Barrio, Pradillo, Tribueñe, Nave 73, Cuarta Pared, Montacargas, Tarambana, Guindalera, La Corsetería o La Pensión de las Pulgas, entre otras.
“En Madrid hay un intenso movimiento creativo y de apertura de nuevos espacios escénicos, hasta 16 en los dos últimos años”, dijo Ana Isabel Mariño, consejera de Empleo, Turismo y Cultura, durante la presentación. “Queremos ayudar a visibilizar dentro y fuera de nuestras fronteras este movimiento, que podría definirse como una nueva Movida madrileña y que está a la altura del off de Londres o de Nueva York”. La cultura, además, es un buen negocio: Mariño subrayó que las más de 7.000 funciones anuales que se representan en Madrid en salas de pequeño formato dan trabajo a unas 10.000 personas. “Surgen nuevas empresas que queremos apoyar”, añadió Mariño, “además de atraer a un turismo joven”. El festival tiene un presupuesto total de 461.000 euros y se espera un retorno de tres euros por euro invertido. El precio de las entradas será de 12 euros.
Además de esta gran concentración de estrenos, que coordinan Alberto García Vidal y Natalia Ortega, el festival contará con un showcasellamado La ventana del teatro, coordinado por Darío Facal. Aquí se mostrarán algunas de las obras estrenadas en las últimas temporadas a los que se espera que sean 30 programadores de los festivales y teatros internacionales más pujantes. Algunas de esas funciones seránEl IntérpreteDalí vs. PicassoLa TempestadLas Amistades Peligrosas,Los OjosLa Fiebre o Misántropo. “Sabemos lo que es vivir en la capital y estar sometidos a los estrenos absolutos y a la imposibilidad de que los espectáculos tengan una vida más allá de su estreno, sobre todo las compañías pequeñas que no tienen la capacidad de girar”, dijo Facal. “Queremos reinyectar estos espectáculos incuestionables y ubicar el teatro madrileño en los grandes espacios internacionales”. Esta parte de la muestra no estará abierta al público general.
Surge Madrid viene a ocupar el espacio del desaparecido Escena Contemporánea. “Fue un festival que cumplió su papel pero que estaba obsoleto”, opinó la directora, “en el que además solo participaban seis salas. Ahora estamos todos”. Otra diferencia notoria entre Escena Contemporánea y Surge Madrid es que, mientras que aquel se enfocaba en acercar a Madrid algunos de los espectáculos más interesantes del panorama más allá de las fronteras madrileñas, este trabajará solo en la labor de visibilizar el producto dramático local.
Si la escena teatral alternativa burbujea todo el año, por estas fechas se pone a hervir ante la proximidad de Surge Madrid, en mayo, del Festival Fringe Madrid, en Matadero en julio, o con el goteo de aperturas de nuevas salas, dos de ellas durante estos mismos días: Off de La Latina, y El Umbral de la Primavera.
“Queremos identificarnos con la emergencia del barrio”, explica Juan Jiménez, gerente de Off de la Latina. “Nos interesa lo alternativo pero también queremos atraer público y entretener. Lo que nos preocupa, al fin y al cabo, es el hecho teatral”. La proliferación de salas no preocupa a Jiménez: “El teatro emergente está creando un nuevo tipo de público”, opina, “y esto hay que potenciarlo. Es precisa la unión y no la competencia: todo suma”.
La argentina Bibiana López Doynel promotora, junto con Verónica Doynel y Pilar Puente, de El Umbral de la Primavera (en el espacio en el que se ubicaba la sala TIS) conoció la proliferación alternativa en el Madrid de los 80 y también la efervescente escena off bonaerense, con la que traza paralelismos. Regresó a España tras el corralito y la encontró mediocre pero, a su juicio, eso está cambiando: “la difícil situación nos lleva al origen del arte, a buscar nuevas formas de comunicar. Estas salas permiten nuevos formatos, cosa que revierte positivamente. Cuando regresé en 2002 había todas las facilidades a nivel institucional y poca creatividad. Hoy es la inversa”. Uno de los primeros espectáculos es el teatro semimontado de Sylvia: tres mujeres, con textos de la poeta Sylvia Plath y dirección de Jesús Cracio. ¿Se pinchará la burbuja de las salas alternativas? “En Argentina la cosa continúa”, explica. “Tal vez se ha pasado a un teatro menos político, como el de Veronese o Tolcachir, que no deja de estar vinculado a la realidad. Pero se ha creado un público y esto sigue surgiendo”.



Bajo el lema Un clásico, un regalo, la 37 edición del Festival de Almagro se perfila como una cita imprescindible con la producción teatral más actual que se está realizando tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Por sus escenarios desfilarán grandes actores, actrices y directores: Carmen Machi, José Sacristán, José Luis Gómez, Natalia Millán, Israel Elejalde, Rafael Álvarez ‘El brujo', Helena Sanchís, Miguel del Arco, Helena Pimenta, Andrés Lima, Laila Ripoll, Lluis Pascual o Pablo Messiez. Entre los días 3 y 27 de julio un total de 52 compañías pondrán sobre las tablas 58 espectáculos en 98 representaciones. Para tal despliegue, el presupuesto total del festival ha ascendido a la cantidad de 1.312.763 euros, un 5,3% más respecto a 2013.


Asimismo, el XIV Premio Corral de Comedias, que se entrega el 3 de julio en el Corral de Comedias como acto inaugural, recae en esta ocasión en la actriz Julia Gutiérrez Caba de la que la organización ha destacado su carisma, rigor y elegancia. El clásico homenaje del festival será para el Centro de Documentación Teatral y tendrá lugar el 24 de julio.

Las 98 representaciones corren a cargo de 52 compañías. 41 de ellas tienen procedencia española: 24 de Madrid, cuatro de Castilla-La Mancha, tres de Cataluña, Islas Canarias, Castilla y León, Aragón, Comunidad Valenciana, Galicia y País Vasco. Las ocho restantes son internacionales y llegan desde Colombia, Cuba, Francia, Dinamarca, México, Reino Unido e Italia, que en esta edición es el País Invitado de Honor.

Este año tendrán una especial relevancia los espectáculos familiares que serán 25 en total. También se podrá disfrutar de 8 representaciones gratuitas, de las XXXVII Jornadas de Teatro Clásico de Almagro bajo el lema El dinero y la comedia española, de la IX Escuela de Verano de la Red para las profesiones técnicas del espectáculo en vivo; del II Encuentro Internacional de Crítica y Gestión Teatral y del Taller El camino del verso, impartido por Vicente Fuentes, entre otras muchas actividades.

El precio de las entradas oscilará entre los 4 y los 27 euros, con descuentos del 50% el día del espectador (por primera vez los jueves) y del 40% para menores de 21 años, mayores de 65 y desempleados. La programación se dividirá en varios espacios.

Corral de Comedias

Un día después de la entrega del premio Corral de Comedias a Julia Gutiérrez Caba, se podrá ver el estreno absoluto de Bobas & Gallegas en el mismo emplazamiento, el Corral de Comedias. El espectáculo dirigido por Quico Cadaval sobre textos de Calderón, Zamora y Lope durará hasta el 7 de julio. El 11 y 12 tendrá lugar otro estreno absoluto, Los brillantes empeños, función basada en textos del Siglo de Oro Español que corre a cargo del argentino Pablo Messiez.


Después será el turno de Confesiones de San Agustín el 13 de julio, obra dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente sobre textos del propio San Agustín. El siguiente montaje se escenificará el 17 de julio con ¡Gaudeamus!, versión libre de El licenciado Vidriera de Miguel de Cervantes. El 18 de julio se pondrá en pie la obra Así es, así fue, escrita por Juan Carlos Plaza Asperilla y dirigida por Laila Ripoll. El espectáculo La puta enamorada, escrito por Chema Cardeña y dirigido por Jesús Castejón, se subirá a las tablas el 19 y 20 de julio.

Cuatro días después, el 24 de julio, tendrá presencia en el mismo espacio el homenaje al Centro de Documentación Teatral. El 25 y 26 de julio será el turno de De fuera vendrá, obra de Agustín Moreto que dirige Ángel García Sánchez. La programación en el Corral de Comedias se cerrará con la obra de Tirso de MolinaEl pretendiente al revésdirigida por José Maya.


Hospital de San Juan

La Compañía Nacional de Teatro Clásico lleva dos montajes a este espacio. Del 3 al 13 de julio tendrá lugar el estreno absoluto de Donde hay agravios no hay celos de Rojas Zorilla y dirección de Helena Pimienta. Este escenario también contará con la obra El caballero de Olmedo de Lope de Vega del 18 al 27 de julio, función que Lluis Pasqual dirige con la misma compañía y el Teatro Lliure.

Antigua Universidad Renacentista, AUREA

Los días 4 y 5 de julio comparece el espectáculo Amleto en la Antigua Universidad Renacentista. Basado en Hamlet de Shakespeare, la obra la dirige el italiano Andrea Baracco. Un día después, el 6 de julio, otro espectáculo de Shakespeare se sube a este escenario, en esta ocasión Otelo, puesto en escena por Eduardo Vasco.


Del 9 al 13 de julio será Lope de Vega quien con dirección de Josep María Mestres escenificará La cortesía de España a cargo de la Joven Compañía Nacional de Teatro. El 18 y 19 de julio vuelve a este espacio un texto de Shakespeare con Los Mácbez, dirigida por Andrés Lima y basada en el original MacbethEl día siguiente, el 20 de julio, se representará Las amistadas peligrosas de Choderlos de Laclos que dirige Dario Facal. Cinco días después, el 25 de julio, será la dirección de Gustavo Tambascio con ¿El Greco, decís?.

El 26 de julio será el turno de El castigo sin venganza de Lope de Vega que Ernesto Arias dirige con la Fundación Siglo de Oro (RAKATá). Otro texto de Lope de Vega, esta vez El perro del hortelano, también a cargo de la Fundación Siglo de Oro, se representará con dirección de Laurence Boswell y Rafael Díez-Labín. El último espectáculo que cerrará la programación de la Antigua Universidad Renacentista será Misántropo de Moliere, con versión y dirección de Miguel del Arco.


Espacio Miguel Narros

Este espacio anteriormente denominado como Plaza de Santo Domingo y que adquiere este nombre tras el fallecimiento del reconocido director Miguel Narros, arranca su programación los días 4, 5 y 6 de julio con La hermosa Jarifa,dirigida por Borja Rodríguez a partir de Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa de Antonio de Vilegas, el Romancero popular y otras fuentes. Dos días después, se escenificará el nuevo espectáculo de Rafael Álvarez “El Brujo” La luz oscura de la fe el 8 y 9 de julio.


El 11 y 12 de julio la compañía Ron Lalá hace una versión libre de la novela de Cervantes con su espectáculo En un lugar del Quijote. Moliere es el autor que el 13 de julio se sube a las tablas del Espacio Miguel Narros con Anfitrión, un texto que dirige Eduardo Vasco. Tres días después, el 16 de julio, será el turno de la Banda Municipal, que actuará también el 23 de julio. El Teatro de la Danza lleva a las tablas el 18 de julio su espectáculo El lenguaje de tus ojos, escrito por Marivaux y dirigido por Amelia Ochandiano. El 19 y 20 de julio vuelve Lope de Vega con Las dos bandoleras de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Factoría Escénica Internacional, dirigido por Carme Portaceli. Por último, el espectáculo El burgués gentilhombre de la compañía Mephisto Teatro es la función encargada de clausurar la programación en este espacio el 25 y 26 de julio.


Teatro Municipal

El Teatro Municipal de Almagro inaugura su programación con el ciclo Cómicos de la Lengua de la Compañía Real Academia Española, que se compone de los siguientes espectáculos: Escrito por Teresa de Ávila, interpretado por Julia Gutierrez Caba el 4 de julio; La Celestina, escenificado por Beatriz Arguello,Israel Elejalde y Carmen Machi también el 4 de julio; Cantar del Mio Cid,puesto en pie por José Luis Gómez el 5 de julio; Duelo de plumas: Góngora - Quevedo, interpretado por Helio Pedregal y José Sacristán también el 5 de julio. Y, por último, Don Quijote de la Mancha, a cargo de Ernesto Arias el 6 de julio.


En este mismo espacio también tiene lugar el 3° certamen Barroco Infantil que se desarrollará del 11 al 16 de julio. El espectáculo ganador del certamen exhibirá como premio su espectáculo los días 19 y 20 de julio. En el Teatro Municipal, además, tendrá lugar la representación de La discreta enamora de Lope de Vega el 22 de julio con dirección de Gonzála Martín Scherman y Cuento de Invierno de Shakespeare el 23 de julio con dirección de Carlos Martínez Abarca.

Por último, en el singular espacio de La Veleta vuelve a celebrarse, por cuarto año consecutivo, el Certamen Internacional Almagro Off del 14 al 23 de julio y la Plaza Mayor, al aire libre, acogerá tres espectáculos: Un viaje a través de la historia de la tarantela de la compañía italiana Arakne Mediterranea el 3 de julio;El enfermo imaginario de Moliere con dirección de Severiano García Noda el 16 de julio; y La banda de Lázaro el 24 de julio, basada en Lazarillo de Tormes y con dirección de Antonio Laguna. 

Font: Daniel Betoret (elpuntavui.cat)
El Centre Cultural i de Congressos de Sant Julià de Lòria, a Andorra, serà escenari de les segones Jornades de la Xarxa Alcover de Teatres sota el títol “Arts escèniques i ensenyament: eina pedagògica i de formació de nous públics” entre el 28 i el 30 d'abril de 2014.
Unes jornades obertes a la participació de professionals de les arts escèniques, en els seus diferents àmbits i del món de l'ensenyament, així com a qualsevol persona interessada-hi. La inscripció té un preu de 30 euros per als socis de la Xarxa Alcover i de 40 euros per als no socis i es poden realitzar a www.vives.org/jornadesalcover.
La trobada vol ser un espai de reflexió al voltant de la relació entre les arts escèniques i l'ensenyament des de dues perspectives: l'alumne com a espectador i els beneficis de la praxis teatral per a les capacitats dels alumnes. Les jornades analitzaran, a través de l'experiència de destacats professionals del món del teatre i de l'ensenyament, la importància de dotar als ciutadans d'eines que fomenten les seues aptituds, capacitats i creativitat, un camp en el qual la pràctica del teatre juga un paper molt important.
Al llarg d'aquestes jornades es presentaran i analitzaran diferents estudis i experiències al voltant d'aquestes qüestions que afecten la formació de societat i que s'han de tenir molt presents després de les diverses reformes educatives que s'han realitzat i que redueixen les hores lectives dedicades a les arts.
Programa
El director del Théâtre de l'Archipel de Perpinyà i exdirector del Teatre Nacional de Catalunya, Domènec Reixac, serà l'encarregat d'obrir les jornades amb la conferència inaugural “El Théâtre de l'Archipel: un teatre pluridisciplinar, un teatre per a tots”, presentat per Francesc Casadesús, director del Mercat de les Flors de Barcelona.
La primera taula rodona tractarà el tema de la “Pedagogia i formació de nous públics en l'àmbit universitari, bones pràctiques” i serà moderada per Pere Santandreu, professor de la Universitat de les Illes Balears i director de l'Auditori de Sa Màniga, amb la participació de Josep V. Valero, membre de CRIT Teatre (València), Ricard Boluda, director Espai Teatre (Lleida), Tomàs Mestre, director de l'Aula de Teatre de la Universitat d'Alacant i Mercè Saumell, cap de serveis culturals de l'Institut de teatre de Barcelona.
“Pedagogia i formació de nous públics al nivell de primària, bones pràctiques”, és el tema de la segona taula de debat, que serà moderada per Albert Villaró, guanyador del premi Josep Pla i en la qual participaran, Maite Serrat, programa Anem al Teatre, de la Diputació de Barcelona, Josep Lluís Molares, mestre de primària i responsable de diferents projectes com Polseguera, la Pecera i Cambra de teatres de Mutxamel (Alacant) i Jordi Auseller, professor de la Universitat de Vic.
La tercera taula rodona debatrà sobre “Pedagogia i formació de nous públics a nivell de secundària, bones pràctiques”, que serà moderada per Tomàs Mestre amb la participació de Joan Morros, projecte Platea Jove (Manresa), Julio Álvarez, director de Teatre Tantarantana (Barcelona), Gabriel Sanchis, projecte Esbarjo (Alcoi) i Xesca Sastre, Associació Trenta1 (Illes Balears).
La conferència de cloenda anirà a càrrec de Concepción Villarubia que exposarà el projecte Abecedaria-Enredate de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.
Representacions
Durant les jornades, els assistents tindran l'oportunitat d'assistir a dues representacions programades amb motiu de les jornades, la primera, una coproducció de La Frontera Teatral i Escena Nacional d'Andorra, El vigilant del no-res, dilluns 28 d'abril a les 21 hores.
La segona obra que es podrà veure serà Quatre-cents, de la companyia valenciana CRIT, el 29 a les 19 hores. Totes dues obres formen part del catàleg seleccionat per la Xarxa Alcover de Teatres per al període 2014-15.

Fuente: Juan Cruz (elpais.com)
Desde que ella misma contó lo que le dijo el gran dramaturgo catalán Josep María de Sagarra (“aquesta nena té els collons d’un toro”), tras escucharla recitar unos versos en una prueba, siempre que la veo me imagino a Nuria Espert a la edad que ella tenía entonces, 13 años, acompañada por su madre, temblando de miedo ante aquel pope implacable de la literatura y de las tablas. Ya no es la niña que fue, claro, ni se la imagina uno temblando aún ante retos de aquella importancia, pero sí es cierto que la gran diva del teatro mantiene ante la incertidumbre de las pruebas el mismo cangelo, “iguales ganas de hacerlo bien”.
Han pasado 65 años, ha dirigido dramas y óperas, ha tenido compañías propias, ha luchado contra la soledad de la viudez (su marido, Armando Moreno, actor y luego productor que solo se dedicó a ella, murió en 1994) y a favor de sus hijas Alicia y Nuria, que viven en el mismo ámbito de los espectáculos, y no ha parado ni un momento de hacer aquello que se juró que haría cuando Sagarra se sintió asombrado ante la fuerza de aquella nena.
A los 78 años, dice, “tengo salud y memoria, y estoy muy agradecida”. La salud se le ve y la memoria está en lo que dice minuciosamente, de sus padres, de sus viejos amigos que ya se han ido (Rafael Alberti, Víctor García, Terenci Moix, una multitud…). De algunos de esos nombres propios está hecho ahora su retrato, y este mismo perfil que abordamos. Ella es sus personajes, pero es sobre todo sus personas, las que la hicieron.
Alberti era un hombre alegre, un vividor. Le vi sacar partido a todo
La energía sigue en los ojos, que han sido feroces o tiernos, catalanes, ingleses y hasta japoneses, y en la boca que a veces se extiende como una risa rota o como un grito que la ensordece a ella misma. Cuando era una muchacha aún (a los 30 años) ya había hecho obras de Sartre y de Genet y de Lorca, “y era una superadulta…”. Una mujer madura a la que el teatro español (y el mundial) veían como la heredera natural del eslabón que se llamó Margarita Xirgu cuando aún España era una república.
Desde entonces es esa mujer madura; pero ni el tiempo ha podido con ella, de modo que ha estado sobre las tablas con la edad que le ha dado la gana hasta ahora mismo. Tiene una nieta, Bárbara, hija de Alicia, que vive también en el mismo ámbito, el teatro, y que dialoga con ella ahora como si ella misma se estuviera viendo en el espejo de lo que fue. “Bárbara tiene 30 años; yo a los 30 años ya era una mujer muy adulta; me casé a los 20, y ella está soltera, libre, ha tenido unas relaciones que han terminado y es mucho más juvenil de carácter de lo que yo he sido y de lo que ha sido Alicia… Quizá la más juvenil entre nosotras es Nuria, pero Bárbara lo es más todavía. Al alargarse la vida, ya ves, las transformaciones se han estirado”.
Esta casa de Madrid, ante el Palacio Real, junto al Teatro Real, en medio del otoño que cubre de mantas y de colores ocres la tarde y los libros, y el mando del televisor y su ropa, es como su refugio, el ámbito de su silencio; en Hospitalet, su pueblo, rodeada del ruido de aquella época en que la posguerra hacía que todo tuviera un color verdaderamente triste que contagiaba la pesadumbre de las familias, la luz fue aquella visita a Josep Maria de Sagarra; ella tenía que recitar unos versos, superar una prueba, y salió tan airosa que provocó aquella exclamación del dramaturgo más importante de la época. “¡Aquesta nena…”.
Era un gran personaje Sagarra, lo es. Cuando yo lo conocí daba un miedo tremendo porque era como el rey del teatro en Cataluña, por supuesto en Barcelona, y yo lo veía como un personaje absolutamente mítico. Yo había recitado cosas suyas siendo niña y el hecho de conocerlo, de trabajar en una de sus obras, de vernos en los ensayos, en los que me reñía mucho (a Julieta [Serrano] y a mí, que teníamos unos pequeños papeles de prostitutas, nos dijo: ‘¡Que ustedes no son hijas de María!’)…, fue increíble… Después le he leído muchísimo, su teatro, su biografía, todo… Era un personaje notable de esa Cataluña importante. Como Josep Pla, uno de los grandes hombres que da esa tierra”.
Entró en el teatro como quien prolonga su naturaleza; y cuando ya era una diva de veinte años y pico llegó a su vida (y a la de Armando) un hombre que fue fundamental, el argentino Víctor García, con quien hizoLas criadas de Genet o Yerma, de Lorca. En aquella época, a finales de los años sesenta del siglo XX, el teatro (y especialmente el teatro que ella llevaba a las tablas, en España y fuera de aquí) era como puñetazos en la frente del régimen, y del público. Y para ella esa colaboración con Víctor fue también un estímulo y un puñetazo, todo a la vez. “Fue una de las personas más importantes de mi vida; un ser angelical que se podía convertir en un demonio de pronto, con un talento desbordante que lo aniquilaba, o eso me parecía a mí, que lo quemaba por dentro, que lo martirizaba. Tenía dentro una especie de animal salvaje que no le dejaba reposar ni un segundo; no lo vi jamás calmado y tranquilo, incluso cuando se reía siempre lo vi desdichado, incapaz de vivir dentro de su cuerpo”.
Era el arte en ignición; quizá vino su larga relación con Rafael Alberti para calmar ese fuego con la variante luminosa de una poesía que se parecía al artista del Puerto de Santa María. Viajó con él por todas partes, cantando, recitando, su poesía, las poesías ajenas. Riendo con él como chicos perdidos por el mundo. “Era todo lo contrario de Víctor: un hombre alegre, un vividor. Le vi sacar partido a todo. En el avión decía: ‘Me gustaría que este avión no aterrizara nunca, que se quedara volando para siempre, para siempre!’. Unas ganas de vivir, una sensualidad y un amor por la vida. Era lo opuesto a Víctor y mucho más fácil de vivir”.
Para ella, Alberti fue quizá la persona con una actitud más ardorosa hacia la existencia, hacia la amistad. “Creía que aquellos recitales eran un reencuentro con La Barraca, una barraca más sofisticada… Siempre se sorprendía cuando cobrábamos: lo había pasado tan bien que le extrañaba que encima le pagaran…”.
El mejor amigo que tuvo nunca fue Terenci Moix… “El amigo al que más he querido. Éramos la noche y el día, pero nos queríamos profundamente. Y había mucho ja ja ja y también mucho no-ja ja ja… Había mucha vida. Después de la muerte de Armando con frecuencia cogí un avión y me fui a Barcelona solo para verle, para estar con él, para hablar…, porque es complicado tener un amigo al que le cuentas todo y cuyas reflexiones te reconfirmen o te hagan rectificar, y ese amigo era Terenci, y no lo podía perder. Los dos nos íbamos haciendo mayores, y juntos fuimos comprendiendo el tiempo, sabiendo dónde meter adecuadamente las carcajadas o los llantos. Nosotros éramos su familia”.
Y la familia, el motor de Nuria y el padre y el promotor, fue Armando… “Me gusta hablar de él, te he hablado tanto de él que tengo miedo de no decirte nada nuevo… Treinta y nueve años juntos. Éramos peces, nos salieron aletas, nos fuimos a la tierra, nos pusimos de pie… Yo era muy inocente cuando lo conocí, no había tenido nunca un novio ni había estado con ningún chico, y él tenía 36 años cuando nos casamos… Aprendí a cien por hora a su lado; todo lo que él tenía que enseñarme me lo empapé en diez años y, claro, al cabo de ese tiempo la relación se transformó porque gracias a lo que él me había dado yo ya no era la de los veinte años…”.
Ella era los libros, Armando (que había sido actor: lo dejó para dedicarse a ella) era la acción; “fue un luchador bravísimo al principio de nuestra aventura teatral; salir de la nada era dificilísimo y nosotros estábamos en la nada. Creó una compañía y ya subimos y bajamos como en una lucha a muerte de la que siempre nos levantábamos con ganas de hacer lo siguiente”.
Su infancia fue la niñez difícil de la hija de padres separados, en el ambiente opresivo de la escasez; el teatro fue como la mano (con la mano de su madre, y después con la mano de Armando) que le fue ayudando a ser la Nuria Espert de hoy. Esos ojos que en el teatro a veces son fieros, esa boca que grita, pueden ser también, en el teatro y en la vida, risas y susurros. La vida, claro, la tiene apabullada; hace un tiempo dijo, en una conversación con su amigo José Luis Gómez: “Algo corrupto hay en este país, algo podrido después de tantos años, por desgracia. Al lado de lo que ocurre Al Capone parece un muchachito que se ha llevado dos duros. Es horroroso. Cambiemos de tema”. Ahora le saqué el tema, perdón, y ella dijo: “Ahora hay más corrupción que nunca, es más espectacular… Y ahora vienen los juicios, hay que sajar el grano, que salga toda la porquería… ¡Es asqueroso! ¡Cambiemos de tema!”.
Cambiamos. Es imposible sustraerse al asunto Cataluña-España. Le pregunto.
–¿Qué consecuencias puede tener la eventualidad de una independencia en las personas que conoce y estima?
–Mucho dolor y mucha gente que tendrá que marcharse… Si ya es difícil en este momento no ser separatista en Cataluña, cómo sería si todo fuera una realidad con los enormes problemas que tendría Cataluña…
En el escenario es abrumadora, fuerte, como un personaje de Shakespeare llevando una antorcha cuyo fuego se parece a las palabras que emite. Pero en este ámbito, en medio de este silencio, sus preocupaciones parecen lamentos en voz baja, tienen el aire de su perplejidad. No ha perdido la fuerza que vio en ella Josep Maria de Sagarra, pero entonces ella no sabía que la vida iba tan en serio, y ahora, cuando habla, se agarra a los eslabones perdidos, “ellos son los que me han traído hacía aquí”. Atrás quedan dichos algunos de los nombres propios que conforman el espejo en el que se ve Nuria Espert.

Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat)
Al 2007, Mario Gas va estrenar Homebody/Kabul al Teatro Español, amb Vicky Peña interpretant el monòleg d'una bibliotecària de Kabul que és rescatada i traslladada a Londres per uns anglesos. La producció va fer una breu estada el 2008 al Teatre Romea després de passar pel Teatre Fortuny de Reus. Ara, set anys després, Peña ha traduït al català, de l'anglès, aquell monòleg pensant en la necessitat de poder fer una temporada més àmplia a Barcelona i treballar una gira per Catalunya. Estrenat ahir, es podrà veure fins al 20 d'abril a l'Espai Lliure. Una història que vol commoure però que és decisió del públic de rebel·lar-se a la comoditat d'avui, insinuen Gas i Peña.
El pensament interior de la dona és imparable. Una riuada d'informació i d'emocions que embriaga l'espectador i que l'obliga a repensar la situació i el pensament d'aquest personatge de tornada cap a casa. Ella és orgullosa de la seva cultura, que comprova que ha estat arraconada entre els talibans i també l'Occident. Ella es revela com una mare intel·ligent, compromesa i que es vol fer responsable del futur de la seva filla. Peña tornarà a l'Espai Lliure, on el 2007 ja va representar una peça que també clama contra la poca responsabilitat del Primer Món: Après moi, le deluge, de Lluïsa Cunillé. Tant l'autora de Badalona com “l'incòmode” Kushner (sentencia Gas, que potser per això, l'adora) senten la necessitat de remarcar la responsabilitat del Primer respecte al Tercer Món: “ara la ratlla és tant manifesta a Ceuta i Melilla...” comenta Peña.
L'obra de Kushner, escrita abans de l'11-S, és un díptic que, segons defensa el director, cada peça té entitat per si mateixa. Ara la recuperen en català, pensant que podran fer-la girar per Catalunya. Ho haguessin pogut fer en castellà però els va semblar que seria una demostració de mandra i que, si la producció era catalana, el més lògic seria fer-ho en català. Si més tard es presenta una possible gira en castellà, la traduirien per dur-la a l'Estat.

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Font: Jordi Bordes ( elpuntavui.cat ) Al 2007, Mario Gas va estrenar  Homebody/Kabul  al Teatro Español, amb Vicky Peña interpretant e...