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Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)



MISA FRONTERIZA. Teatro. Director: Alberto Ontiveros. México. 70min.

Fue uno de los espectáculos de los que más escuché hablar durante toda la Fira, no siempre para bien. Despertar opinió es contradictorias es muy interesante, hace que se rebajen las expectativas y luego te hace ver la obra con otros ojos. Ni el calor bochornoso y agobiante que sufrimos todos los que asistimos a esta peculiar misa fronteriza, hizo que pudieramos despegar los sentidos de lo que estaba sucediendo. Es igual el grado de catolicismo de cada uno, o que sea nulo, como el mío, la comunión de almas reunidas para escuchar que las fronteres desunen más que unen se forjó el domingo por la mañana. 

Es complicado por otra parte equiparar fronteras, y si hay una cosa que echarle en cara a la dramaturgia es esa equiparació molesta de fronteras sin ton ni son. Israel-Palestina, Gran Bretaña- Escocia, México- EEUU o incluso venturarse, ya que era 11 de septiembre, Catalunya-Espanya. Salvaje, excesivamente salvaje. 

Pero dejando a un lado la temática, la puesta en escena convenció a los más agnósticos. Entre el drama de las fronteras, siempre alegra poner una pareja de mariachis, aunque la música no fuera lo suyo, y las notas iban y venían con una melodía que parecía difícil de acertar para sus dedos. Al final entre el Baule y el tequila, hasta las fronteras se difuminaron.



INTARSI. Circ. Director: Companyia de Circ "eia". Catalunya. 60min.

Me dejé la aquesta segura para el final, para despedirme de Tàrrega con buen sabor de boca, y lo conseguí. Intarsi me devolvió mis ojos inocentes, de un mundo de fantasía donde todo es posible. Sus múltiples figuras, la manera de moverse, de construir elementos que hacen que tanto grandes como pequeños se asombren. Con un ritmo que no da pie a ningú a cabezada, consiguen atrapar al público que después de una hora seguiría aplaudiendo. Con muy poco se puede conseguir mucho, una estructura que se desmenuza en partes y que per mite dibujar una y otra vez las más variopintas acrobacias de estos saltimbanquis, que se llevaron al público de calle y abarrotaron la sala.


Y punto y final a una de las Fira Tàrrega más descafeinadas. Pocos nombres que destaquen y sin un claro vencedor. Pero no siempre se acierta.

Fins al 2017, Fira Tàrrega!

Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)



SILENCIS. Dansa- Teatre. Creació: Claire Ducreux. Catalunya. 30min

Después de enamorarme de La Refugiada poética que la temporada pasada se pudo ver en La Seca Espai Brossa, la apuesta de Claire Ducreux era jugar sobre seguro. Asumiendo que con un simple gesto Claire Ducreux te puede robar el corazón, Silencis vuelve a estar impregnado de esa ternura, fragilidad e inocencia tan propio de sus espectáculos. 

La integración con el público dentro del espectáculo es maravillosa. Nadie se siente ofendido o cohibido porque la atmósfera que se crea es mágica. Una increíble y preciosa comunión con el espectador que desde el primer minuto provoca que no quieras salir de ella nunca.

Danza y mimo conviven a la perfección en esta pieza corta. Un arbol en invierno, al que ya no le quedan hojas es el punto de partido para danzar por sus ramas, de que la vida resurja en medio de un paisaje muerto.

Ya dicen que si Chaplin viviera trabajaría con ella. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. He empezado mi segundo día en Tàrrega entre los algodones delicados y puros de un alma singular que grandes y pequeños deberían conocer y disfrutar. Bravo, Claire!



A MI NO ME ESCRIBIÓ TENNESSEE WILLIAMS. Danza-Teatro. Director: Marc Rosich. Cia. Roberto Alonso. Catalunya. 60min.

Cuando haces dos montajes que se estrenan en menos de dos meses, puede pasar que uno sea más o menos óptimo y el otro una maravilla. Este es el caso de Roberto G. Alonso. Su montaje del Grec 2016 no había por donde cogerlo, pero el de la Fira Tàrrega es lo mejor de lo que llevo de fira. Para empezar aunque estemos citados en el Polideportivo, acabamos de excursión debajo de un puente, donde el alter ego de Blanche Dubois nos recibe. Nos separa de ella un riachuelo, pero la visión de la vida que estamos a punto de contemplar es tan triste que sólo nos hubiera faltado un salto para correr a abrazarla.

Con el humor y la ironía por bandera, nos relata cómo ha acabado debajo un puente. Ella y sus vestidos que nos va mostrando sin descanso. Su objetos más valiosos que han conseguido sobrevivir a los libros porque el invierno ha sido muy duro y la tinta calienta mucho. De hecho en el texto se explica con una frase brillante: "Nada arde mejor que la ficción y la fantasía." 
A medio camino entre el monólogo y la performance, observamos atónitos como hay algo más que capas de ropa. No es lástima lo que sentimos, sino una mezcla de ternura y comprensión.

Se nota, y mucho, el toque Marc Rosich en la dirección y en la dramaturgia. Todo un acierto que aporta una comicidad y frescura al montaje indiscutibles. La selección musical que abarca desde Mari Trini (Yo no soy esa), pasando por Burning (Que hace una chica como tu en un sitio como este) a piezas de música clásica es brillante y más cuando es la misma protagonista quien las interpreta.

"¿Quién dice que lo mío no es teatro político? No nos atreveremos a decirle que si la política fuera humanidad, ella tendría toda la "polis". Pero yo me quedo con su mirada triste, de muñeca rota, a la que la vida no se la han escrito como ella desearía. 


EL FILL QUE VULL TINDRE. Teatro. Director: Àlex Cantó, Joan Collado, Jesús Muñoz i Pau Pons. País Valencià. 70min.

Admitámoslo el teatro comunitario está de moda. Debe hacer sentirse muy bien compartir tu arte con gente de la calle, incorporarlos a tu proyecto para hacer que crezca, pero el problema surge cuando están de más y no ayudan al desarrollo del proyecto como es el caso. 

El Pont Flotant era uno de los pesos pesados de la cartellera de Fira Tàrrega que se desinfló en menos de medida hora. Cuando coordinas un proyecto como El Fill que vull tindre hay muchas teclas que apretar y medir con cuidado los tempos es una de ellas. En este caso se les ha ido de las manos, incluso la escena de la plastilina, donde el peso de la acción está manos de actores se alarga sin sentido y pierde toda la esencia que podía haber tenido en su justa medida.

Independientemente de si el tema te interesa o no, el espectáculo parece estar a medio producir. Cierto es que un montaje así no se puede desarrollar sólo en tres días, como ha sido el caso. Pero para presentarlo a medias, mejor quedarse en casa.


Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)


ALL GENIOUS, ALL IDIOT. Circ. Director: Svalbard in collaboration with Peter Jatsko. 70 min.

Después de unos veiente primeros minutos del todo prescindibles, la mágica aparición del miembro de la conmpañía más esbelto, confiere al espectáculo un equilibrio de forma y técnicas más limpio, de mayor complejidad y de una belleza superlativa. Choca que el dominio de las técnicas circenses no se translade también al contenido, a una forma que en muchas ocasiones resulta grotesca y que nos recuerda una y otra vez a otra época, más concretamente experimenté un viaje a los 80, donde las técnicas de impacto eran otras y la radicalidad era mucho más diferente. Ni la pose, ni el intento infructuoso por romper los esquemas ayuda a que el espectáculo retome un vuelo que hacia el final de la pieza se vuelve monótono y superfluo.




LA COCINA PÚBLICA. Teatro de calle. Director: Nicolás Eyzaguirre Bravo. 135 min

Buscaba un espectáculo diferente al aceptar ver esta propuesta de teatro de calle chileno. Y el resultado es que la comida muy bien, pero el espectáculo no lo he sabido interpretar. En un afán por tirarles una cable me atrevería a decir que no saben explicar al público su espectáculo, que le falta una introducción de lo que pretenden con él. Más allá de la comida, de hablar con el de al lado y el del frente, se necesitaría una participación más activa de un público que no entiende de que va la cosa. O somos muy tímidos o no nos lo explicaron bien. Música en directo, un recitador del Quijote y algunas recetas compartidas. Dos horas de comida y sobremesa, que depende de quien te toque al lado puede ser interesante o una auténtico coñazo. He de decir que tuve suerte. ;)




FULGOR. Site Specific. Director: Luis Guenel Soto. Chile. 75min.

De immigrantes y extranjeros todos los países conocen, quien más o quien menos se ha movido del lugar donde ha nacido para buscarse la vida, unos cruzando fronteras y otros no. Advertidos quedamos a la entrada que en Chile no hay immigrantes sino extranjeros. Primera parada una exposición con toda la documentación que se ha usado para realizar el montaje. Interesante pasearse entre recortes de periódico y revistas, material gráfico, videoproyecciones y papeles variados. Una vez documentados, entramos a la sala donde nos esperan en un cuadro los personajes, una vez retirado el marco, las diferentes fotografías se van sucediendo. Historias de todos los tipos y temáticas: cómo vestirse para una entrevista de trabajo en Chile (explicada por un hindú), los diferentes trabajos a los que pueden optar los extranjeros (básicamente resumidos en "mulos de carga"), las maneras de llegar al país (poco legales todas), la prostitución a las que se ven sometidas muchas de las extranjeras que llegan...

Más allá de la foto estática, que puede resultar más o menos similar en otros países y de que algunos momentos, escasos, el espectáculo aporte algo de luz, no dejan de ser meras fotos estáticas, superpuestas, pero sin un aparente sentido. Ese resplandor que el propio título indica no aparece, no hay una dramaturgia que lo englobe todo, le falta darle un sentido al conjunto. A estas fotos no se les ha disparado el flash y se han quedado un poco demasiado oscuras.



CAFE EUROPA. Multidisciplinar. Director: Marco Paciotti. 60min.

Abandono la sala y vuelvo a la calle para presenciar este cabaret circense grotesco. Nos advierten que no veremos el espectáculo completo porque no pueden desplegar las pantallas del fondo. Y aunque había algo de viento no sé cuál es el motivo. Sin pantallas comienza Cafe Europa, un espectáculo irregular, con un inicio puede llegar a cansar a más de uno, los veinte primeros minutos de introducción son más que prescindibles, pero una vez superada esa fase, la parte de circo y fuegos artificiales cobra más protagonismo y resulta un buen ejercicio a nivel visual. La voz en off escupe textos que por la potencia de los altavoces no alcanzo a distinguir del todo, una forastera llega a un pueblo y la gente la recibe con recelo, la hipocresía y las miradas de desprecio hacia el otro son la base de este espectáculo. Se establece un acoso y derribo hacia el personaje nuevo, al que optan desde el primer momento por no entender y por imponer su santa voluntad, acusándola de las más altas depravaciones.

Cafe Europa funciona como propuesta visual, la unión de música, efectos sonoros y lumínicos, el teatro gestual y de circo resulta bastante impactante. La parte textual si no sabes con anterioridad de qué va, es ininteligible y sólo ayuda a potenciar lo grotesco de los personajes.



MANIFESTA. Circ Polític. Director: Ricard Soler i Mallol. Cia Obskené. Catalunya. 60 min.

Que un mal día lo tiene cualquiera es asumible, pero Manifesta debe ser la suma de muchos malos días. Obskené la compañía que va entusiasmar con Fuenteovejuna ha pasado de la adaptación de textos clásicos al circo. Un espectáculo que fusiona efectos visuales, sonoros, circo y texto y que no funciona. Unos treinta primeros minutos de repeticiones, con un texto que busca la parte poética pero que resulta monótono y por momentos ininteligible. Como en cualquier otro espectáculo las cosas deberían tener un porqué, todavía no entiendo porqué hace falta una tirolina, porqué se utiliza el circo como elemento accesorio (y totalmente prescindible) de una serie de monólogos, proclamas políticas y no se le da un contenido, una razón de ser.

Dicen que los últimos minutos son de subidón, subidón, no aguanté la verborrea del principio y acabé sucumbiendo en "pies para que os quiero". El final de fiesta no fue el esperado y los ojos decidieron cerrarse antes de lo previsto.


Fuente: Sonia Corona (elpais.com)
En los teatros de México su nombre se distingue en medio de una cartelera llena de escritores extranjeros. El joven dramaturgo Alejandro Ricaño (Xalapa, 1983) ha logrado llevar a los escenarios del teatro mexicano exitosas obras que apuestan a que el público se reconozca en ellas, a través de la exposición de la idiosincrasia de su país. Apenas hace un mes terminó la exhibición de Cada vez nos despedimos mejor, un monólogo protagonizado por Diego Luna, y en la última semana ha estrenado Un hombre ajeno, también la historia de un solo hombre contada por tres actores: José María Jazpik, Osvaldo Benavides y Adrián Vázquez.
Pero el camino de Ricaño comenzó hace unos años en Xalapa (Estado de Veracruz, este de México) cuando con poco dinero y lejos de los reflectores escribió y montó Más pequeños que el Guggenheim, la historia de dos dramaturgos que con una beca de estudios se van a España y sueñan con montar una obra de teatro que está incompleta. Un poco autobiográfica y a la vez no. Más pequeños que el Guggenheimcontaba también el drama de los jóvenes recién egresados de la facultad que no logran cristalizar sus sueños laborales. A Ricaño le consiguió el Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido en 2008 y lo catapultó al circuito del teatro comercial.
“Creo que debemos de escribir de lo que sabemos. Mis textos funcionan en el rango de edad de entre 20 y 40 años porque estoy allí, y trato de ser muy honesto con lo siento y con lo que pienso, a riesgo de perder mi reputación. Siempre trato de ser muy franco en el texto y creo que esa honestidad hace que el espectador, sobre todo de mi generación, se sienta identificado”, explica Ricaño en entrevista con EL PAÍS.
Nacido en una familia de ingenieros y biólogos, Ricaño se describe como un dramaturgo “clase mediero con una vida ordinaria”, de la que ha tomado experiencias para contar sobre las tablas. No niega que algunos de sus personajes están creados con base en anécdotas de sus amigos y familia, e incluso que algunos de ellos se reconocen en sus obras. Sus influencias, asegura, van desde las obras de Samuel Beckett y Molière, pasando por la literatura de Albert Camus y Paul Auster hasta llegar a las películas de Wes Anderson y Paul Thomas Anderson, pero nunca sin dejar pasar el día a día en México.
Está, por ejemplo, Tomás –el protagonista de Un hombre ajeno—un hombre que a sus 40 años decide ponerse en contacto con un viejo amor de la primaria para tratar de encontrarse y cuestionar su mundo. Un personaje que, según Ricaño, está inspirado de alguna forma en El extranjero de Camus, pero cuya historia se desarrolla en la ciudad de Tijuana. También está Mateo en Cada vez nos despedimos mejor, un joven de 30 años que rememora al amor de su vida a través de episodios de la historia contemporánea de México. En ella, igual recuerda el terremoto de 1985 y la matanza de Acteal en 1997 hasta las elecciones presidenciales de 2012.
Para contar estas historias, Ricaño recurre al humor negro y también a tocar las situaciones y emociones más primarias para crear empatía con el espectador. Las risas en la sala de teatro van a veces acompañadas de un sabor a amarga realidad, que según el dramaturgo, desarma a su público para tocar temas como el desamor, el suicidio, la infidelidad o la muerte. Sobre escena los actores requieren de un alto nivel de concentración para dar fluidez a los textos de Ricaño que tienen una importante base narrativa.
“Apelo mucho a la narración frontal, a coreografiar, a estar moviendo la composición escénica conforme va a pasando. Voy encontrando la forma de contar contextos que no son convencionales, que no son del todo narrados, ni del todo dialogados”, describe el también director, que reconoce que la clave del éxito de sus montajes ha sido sumergirse completamente en la producción de cada una de sus obras. En la noche del estreno de Un hombre ajeno, por ejemplo, Ricaño afinaba detalles tanto con los actores como con los iluminadores.
La entrada del dramaturgo al circuito del teatro comercial en México le ha permitido observar la carencia de producciones contemporáneas hechas en el país que son superadas por adaptaciones de fórmulas extranjeras que ya han probado su éxito en Broadway y el West End. Ricaño apunta a que ahora mismo el teatro en México está resurgiendo lentamente para contar historias más cercanas al entorno actual de los espectadores. “Shakespeare no escribía sobre Iztapalapa”, sentencia el dramaturgo sobre uno de los barrios más populares de la Ciudad de México.
Y explica que existe una brecha entre quienes escriben teatro contemporáneo y quienes montan el clásico en la capital del país. “Tenemos una escuela viejita de teatro. A los directores les enseñaron a montar clásicos, no les enseñaron a montar textos contemporáneos, de hecho con los actores la queja de los directores jóvenes es que los recién egresados de las escuelas de teatro en México no saben interpretar textos contemporáneos, entonces de entrada tenemos que luchar con eso”. Ricaño reconoce que el reto del teatro mexicano es descartar un poco lo clásico y arriesgarse a contar lo que aún no se ha dicho.