Fuente: Fernando Díaz de Quijano (elcultural.es)

Al director teatral Sergi Belbel (Tarrasa, 1963) se le queda corto el diccionario para elogiar a Antonio Tabares, un dramaturgo canario que hasta ahora había permanecido oculto para el teatro peninsular. A Belbel le llegó un texto suyo, La punta del iceberg, y aún no se recupera del asombro. La obra trata de una serie de suicidios ocurridos entre los trabajadores de una multinacional, que envía a una directiva para investigar si las muertes tienen relación con los “reajustes” llevados a cabo por la empresa. Dos años después de leer el texto y tras “venderle” la propuesta a José Luis Gómez - “Pero ¿quién es este Tabares?”, le dijo justo antes de leerla y quedar igualmente entusiasmado-, el director lleva la obra a las tablas del Teatro de La Abadía de Madrid con un elenco de actores encabezado por Nieve de Medina en el Teatro La Abadía de Madrid.

Antonio Tabares es un desconocido a quien usted pone por las nubes. Háblenos de él.

Conocerle ha sido una gran sorpresa para mí. Leí su texto por correo y me apasionó, cosa que me pasa pocas veces. Incluso sentí rabia por no haberlo escrito yo. Me puse en contacto con él, le dije que me gustaría montarlo y se puso muy contento. Al cabo de dos años se ha hecho realidad, gracias también a la confianza de José Luis Gómez, porque es una producción de La Abadía. Es un tiempo corto tal como están las cosas. Una vez que el proyecto ya estaba en marcha, me mandó cuatro textos más, a cuál mejor.Estamos ate un gran autor por descubrir.

¿Y qué le hace tan bueno?

Es un autor diferente, con un sentido de la réplica y de la escritura muy fino y diferente en cada obra, no se repite. Tiene una sensibilidad que roza la exquisitez en el buen sentido. Es muy potente y muy simple al mismo tiempo. Ésa es su mayor virtud.

¿Cómo ha concebido la puesta en escena?

De la manera más simple, dejando toda la responsabilidad a los actores,Nieve de Medina y los otros “cinco magníficos”: Eleazar Ortiz, Montse Díez, Luis Moreno, Pau Durà y Chema de Miguel. Ellos han sido el centro de mi trabajo, para que al meter la mano en el guante del texto, guante y piel sean la misma cosa. Sería feliz si al ver la obra dijeras que la puesta en escena es invisible. 

Entonces, ¿qué elementos veremos en el escenario además de los actores?

La escenografía es más simbólica que realista, con unos muebles vacíos de oficina, un espacio sonoro muy trabajado por Javier Almela y la luz de Kiko Planas, nada más.

A juzgar por el contenido de la obra, ¿diría que Tabares es un autor de compromiso social?

Tabares es un autor total. Con mucho compromiso pero nada panfletario. A mí el teatro panfletario me da grima. Para eso te vas a un mitin. También evita el documentalismo, que para eso ya están los documentales y los ensayos. En sus otras obras trata todos los temas, los grandes temas. La punta del iceberg trata sobre la fina línea que separa lo laboral de lo personal. Muchas veces cuando hablamos de temas laborales, nos vamos a las cifras, a la macroeconomía. Pero él dice: “Perdona, estamos hablando de personas”. Si hay un ERE de 120 trabajadores, él se preocupa por esas 120 personas, qué pasa con cada una de ellas.

¿Cuál es el papel de Sofía, la directiva de la multinacional enviada para investigar los suicidios?

Tiene un doble papel. Uno es realizar una investigación para encontrar la relación entre los suicidios de los tres trabajadores y los reajustes realizados por la empresa, y al mismo tiempo realiza un viaje hacia su propio pasado, al contrastar cómo ha llegado a la cima de la empresa y darse cuenta de lo que ha tenido que tragar por ser mujer.

¿Qué otros proyectos tiene en su agenda?

R.- Inmediatamente después de esto, voy a hacer Los días felices, de Samuel Beckett, en el Lliure, y luego haré un Pinter. O sea, dos maestros del siglo XX después de uno del siglo XXI, Antonio Tabares...

¿Se siente más ligero desde que dejó el Teatre Nacional de Catalunya?

Libre como el viento, como era antes de 2006. Puedo dirigir ahora aquí, ahora allí, ahora contigo y ahora con el otro, que es como más se aprende.

Desde que abandonó la gestión del teatro, tendrá más tiempo. ¿Ha vuelto a escribir?

Aún no, pero estoy en ello.
Fuente: Elsa García de Blas (elpais.com)
Los jóvenes imberbes que le piden consejo ignoran que la mujer que tienen enfrente rodó con Saura, Camus o Almodóvar, y que hasta apareció en la mítica Falcon Crest.También, seguramente, que integra el selecto club de la Academia de Hollywood (es una de los cinco actores españoles que son miembros). Pero ahí está aconsejándoles Assumpta Serna (Barcelona, 1957), en el modesto estand que su fundación, First Team, tiene en Aula, la feria de educación que se ha celebrado estos días en Madrid, donde ha promocionado el primer máster universitario en interpretación cinematográfica. “Aquí estoy, como decimos los catalanes, arremangada”, sonríe. Y vuelve a los imberbes que sueñan con actuar.
Hay un impulso que mueve a esta actriz con más de un centenar de papeles a sus espaldas en 20 países y que se aprecia en cómo habla de lo que hace. Desprende un compromiso profundo con su profesión, que se ha propuesto prestigiar. Tiene que ver, desliza, con que sus padres insistieran en que estudiara Derecho porque aquello de subirse a un escenario no era serio. “Pero vi mucha más verdad en el teatro”, defiende. Esa verdad “tiene que revalorizarse”, insiste. Y ahí anda poniendo todo su empeño: los actores, cree, deben ser universitarios. Con el posgrado que ha puesto en marcha con la Universidad Rey Juan Carlos —que comienza este próximo mes de marzo— trata de superar, además, un déficit en la formación de los actores sobre la que se escribió en El trabajo del actor de cine: “Que no se les enseña a actuar para la pequeña ventana del cine, sino solo para la grande del teatro”. Y hay mucha diferencia. “La palabra es la unidad más pequeña en teatro, mientras que en el cine es el pensamiento”, explica antes de meter mano, también arremangada, a la hamburguesa de pinta regular que ha pedido en la cafetería de la feria.
¿Y de actuar, cómo anda? Desde que terminó de rodar la coproducción francoalemana de Los Borgia —“de las mejores cosas que he hecho últimamente”, dice— está esperando un papel. Hace tiempo que no le ofrecen nada en España. ¿Pasa factura saltar el charco? “Me lo pregunto mucho... Quizás hay demasiado respeto, doy miedo. Alguien que a lo mejor puede discutir cosas…”, reflexiona, y encuentra otro motivo: “Mario Camus me dijo una vez: ‘¡Cuando escribas un libro nunca más te van a llamar!”.
Eso le pesa, pero también la falta de apoyo que ha notado cuando ha salido fuera. Lo recuerda y entonces se le humedecen los ojos: “En 1988 hice una retrospectiva de cine español en Nueva York, y luego fui con los franceses... Aquello no tenía nada que ver, ellos sí que saben vender su cine”. Y añade con resignación: “El país no te respalda”.
En la conversación ha hablado muchas veces en plural —“pensamos” esto, “creemos” lo otro— porque comparte con su marido, el también actor Scott Cleverdon, la vida y la dirección de la fundación. Él escocés y ella catalana, no queda otra que preguntarles cómo van en casa de soberanismo: “Él dice que no podemos opinar, porque llevamos mucho tiempo fuera”. Al final, se arranca: “Me da miedo que una nación, al hacerse pequeña, se empequeñezca”.

Fuente: Néstor Villamor (elpais.com)

Apenas tiene que pensar las respuestas: tiene claro lo que quiere decir y no da muestras de inseguridad o titubeo en su discurso. Sergio Peris-Mencheta triunfa actualmente con Julio César en el Teatro Bellas Artes de Madrid, dando vida a Marco Antonio en un espectáculo que estárá en la capital española hasta el 2 de marzo. Entre función y función, ensaya su próxima producción teatral: Continuidad de los parques (estreno: el 14 de marzo en el Teatro Armando Palacio Valdés, de Avilés). En esa ocasión, sin embargo, cambia el rol de intérprete por el de director. 
Julio César le está dando muchas alegrías. ¿Esperaba una respuesta tan positiva?
Bueno, la primera respuesta positiva es que de repente se montó una gira. Para mí, la palabra “gira” había pasado a ser castellano antiguo y poder tener una como la que hemos tenido ha sido maravilloso. Recalar en Madrid, aun más en un teatro como el Bellas Artes, que creo que acoge muy bien el espectáculo, y ver la respuesta del público, no deja de sorprenderte. Es Shakespeare, es un clásico, y además habla de un personaje como Julio César.
En un reparto formado solo por hombres, ¿se echa de menos la compañía femenina?
Se echa de menos, lo que pasa es que tenemos una sastra maravillosa y una regidora espectacular que nos dan, digamos, el toque femenino en la gira y ahora, además, se ha incorporado también la ayudante de dirección, que también es una mujer. Paco [Azorín, el director] tiene mucha sensibilidad, tiene un lado femenino artístico muy sensible, con lo cual creo que tanta testosterona estaba muy bien compensada. Paloma Bomé es la figurinista, la que ha hecho el vestuario, con lo cual estábamos bien rodeados de mujeres. Ha habido algo, desde el principio, donde la energía femenina estaba pululando. Está ese background femenino. Detrás de todo gran montaje de hombres, hay grandes mujeres.
Le han dado el premio CERES 2013 al mejor director de escena. ¿Qué supone este reconocimiento para alguien con una carrera tan breve como director?
Lo primero de todo, me parece que es un riesgo bastante importante que han corrido los críticos que formaban el comité de selección de los premiados. Y me siento muy agradecido. Yo, que generalmente los critico bastante; soy crítico con la crítica, sobre todo cuando no es constructiva, cuando es una crítica que destruye por destruir y que no está aportando nada ni valorando lo que sí hay. Me sentí muy honrado por ello y también me dio la oportunidad de poder expresarme. Me parece importante defenderla justicia en el ámbito de la cultura, la educación, la sanidad, etcétera.
Recordemos su discurso:
Estrena dentro de poco Continuidad de los parques como director. ¿Qué quiere contar con esta obra?
Pues quiero hablar del encuentro, del encuentro de mi verdad, tu verdad y la verdad. Continuidad de los parques mezcla historias aparentemente sin un punto en común. Aparentemente. El único punto en común es ese parque donde se encuentran las personas. Un parque es un lugar que suele estar en el centro de una ciudad, es decir, en medio del cemento, de ese lugar donde somos muchos pero estamos solos, donde no se saluda uno por la calle, donde uno va a lo suyo, donde uno sobrevive y, de repente, hay parques, donde cambia el ambiente, donde hay árboles, donde hay animalitos, donde hay ardillas y donde hay bancos que uno puede compartir, cosa que, en la ciudad, es difícil que se dé. Me apetecíaContinuidad de los parques también porque es una comedia. Hace tiempo que no hago comedia pura y dura.
¿En qué papel se siente más cómodo: director o intérprete?
No me gusta nada elegir. Las palabras tienen mucho peso y algunas cosas me gusta más actuarlas y otras prefiero dirigirlas. Sí te puedo decir que me han ofrecido dirigir algunas cosas por encargo y he dicho siempre que no, excepto con Un trozo invisible de este mundo, de Juan Diego Botto. Porque sí quiero que la dirección quiero no me invada, de momento, ese lugar que sí me ha invadido en la actuación: cuando he tenido que decir que sí a cosas porque, si no, no pagaba la hipoteca.
¿Más planes de futuro?
En mayo vamos a hacer una obra en la sala Mirador, si todo va bien, que se llama Sapiens, sapiens. Habla del sistema y de cómo el hombre se adapta al sistema. Es una sátira terrible, con mucha mala baba, dentro de un formato que hemos dado en llamar “Menú de teatro menudo”, que no es microteatro, que no es teatro para niños aunque suene a “Menú de teatro para niños”. El nombre significa que son piezas cortas, como en el microteatro, en las que el público viaja y se separa. Si tú vas con un amigo, por ejemplo, nada más entrar os separamos, uno va a una sala y otro va a otra, luego tú irás a la sala a la que fue tu colega y entre función y función os encontráis, comentáis la jugada, os tomáis un vino, porque forma parte del espectáculo y del menú. Vais a otra sala, y así sucesivamente.

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Es difícil discutirle a Juan Mayorga (1965) el título de «autor-español-de-moda» (sin que haya acepción peyorativa en el término). A su edad, pocos pueden exhibir un currículum como el suyo y, aunque ya le quede un poco estrecho el traje de «autor joven», hay algo en su porte y sus maneras que rezuma lozanía.
Poseedor de un discurso tan brillante como coherente, Juan Mayorga es un hombre aparentemente imperturbable. «La paz perpetua» es el título de uno de sus textos, y de ella parece haberse apoderado. El teatro María Guerrero acoge desde el viernes «El arte de la entrevista», su nueva obra. Juan José Afonso dirige la función, que interpretanAlicia Hermida, Luisa Martín, Elena Rivera y Ramón Esquinas. En ella se abordan asuntos como la responsabilidad del periodismo o el paso del tiempo. Sobre ellos y otras cuestiones inherentes a su oficio o a la creación habla Juan Mayorga.
La creación«Nunca doy una obra por concluida»
«Muchas de mis obras surgen de una imagen primera que me envenena, me posee, y en ocasiones esas imágenes quedan descartadas y en otras se imponen y hacen de alguna forma que todo lo que vas viviendo nutra esa creación. Pero nunca sé lo que voy a contar en un primer momento. “El arte de la entrevista” surgió de una imagen que me resultó muy poderosa: una adolescente filmando a una anciana y pidiéndole, me pareció, que dijera algo. Yo empecé a imaginar: ¿Y si esto es una entrevista? Aunque tardé tiempo en encontrar el modo de desarrollar la obra. Llega un momento en que siento que ya puedo compartir la obra, y en ese momento se la entrego a un amigo escritor, a un actor o a un director en el que confío. Pero nunca doy una obra por concluida, no me lo puedo permitir. En el mundo de la construcción se habla de tres fases: obra negra (cuando la construcción no es habitable), obra gris (cuando ya lo es) y obra blanca (cuando está totalmente acabada). Mis piezas siempre están en la zona gris. Nunca las doy por terminadas».

Cámaras

«Nos han convertido a todos en actores que construyen personajes»
«Las cámaras han transformado nuestra vida, nos han convertido a todos en actores que construyen personajes. Aunque ese personaje se llame como pone en nuestro carné de identidad. Pero ante la cámara no dejamos de ser ese actor y ese personaje, que es aquel que los demás ven en nosotros, aquel que desearíamos ser, aquel que querríamos haber sido... “El arte de la entrevista” es una obra que tiene hoy un sentido que no habría tenido hace veinte años».

Los personajes

«Son frankensteins que han procedido de experiencias, de tu vida, de recuerdos»
«La vida te asalta y es la que se impone a tu texto para que, en un momento dado, los personajes tengan solidez, cuando en realidad son frankensteins que proceden de tus experiencias, de tu vida, de recuerdos.A veces, se dota a los personajes de sus características de la forma más extravagante. Por ejemplo: recuerdo que acompañé a mi hija pequeña a un cumpleaños y me puse a hablar con otro de los padres para matar el rato; me contó que era abogado y trabajaba en un hospital. Me interesé por eso y me contó que se dedicaba a negociar contratos con diversas firmas para el instrumental médico. Y sentí que ese era un oficio extraordinario para el personaje de la madre en “El arte de la entrevista”. Llega un momento, además, en que caminan solos.Un personaje da una réplica, y te das cuenta de que ha sido el propio personaje el que ha contestado, porque ha llegado a una solidez que ésa es la contestación coherente, más allá de tus propias intenciones».

La mujer

«Hay zonas, palabras, deseos, miedos en la mujer que recibo como misterios»
«Durante algún tiempo, se decía que mis héroes eran siempre masculinos, o mis personajes fundamentales eran hombres. Escribí una obra titulada “El sueño de Ginebra”, cuya protagonista es una Jackie Kennedy más o menos espectral. Y en “La tortuga de Darwin” la protagonista es una mujer. Pero es verdad que en los últimos tiempos la mujer tiene mayor presencia en mi teatro: “La lengua en pedazos” está liderado por un personaje femenino, Santa Teresa, y en “El arte de la entrevista” aparecen las mujeres de forma más contundente que nunca. Hay zonas, reacciones, palabras, deseos, miedos en la mujer que recibo como misterios, y me siento fascinado por ellos. Probablemente, en estas mujeres que aparecen en escena están las que se han cruzado en mi camino o a las que yo he conocido de cerca».

Observación y vivencias

«Los autores inevitablemente estamos en nuestros textos»
«Los autores, inevitablemente, estamos en nuestros textos. Quien lea o vea mi teatro, me conocerá. Hay espectadores que me reconocen en determinados personajes intelectuales que aparecen en mi teatro. Pero en ocasiones el autor está más cerca de un personaje aparentemente muy distante de él, como son estas mujeres de “El arte de la entrevista”. En ellas también me reconozco. Pero, por estar el creador inevitablemente en su obra, debe hacer un esfuerzo de inhibición y contención para no invadir a sus personajes. En alguna obra he cometido el error de que se percibiese muy claramente la posición que defiendo. En “El arte de la entrevista” he intentado dar hospitalidad a mis personajes, y creo que ninguno de ellos es juzgado; todos son defendidos y atacados».

El paso del tiempo

«El presente es un cruce de tiempos»
«Es el gran tema del teatro universal desde siempre. Cómo nos atraviesa, cómo vivimos el instante y al mismo tiempo nos proyectamos en el futuro y también, por qué no, en el pasado. El presente es un cruce de tiempos, y desde luego, hoy hago de eso una experiencia distinta que hace veinte años».

Evolución

«Mi teatro ahora es más luminoso que antes»
«Quiero pensar que mi teatro es ahora más luminoso que antes, y eso no quiere decir que esté vendiendo felicidad. Pero probablemente yo tenía una visión más oscura del mundo y de la vida hace veinte años, y creo que así como en la vida intento aprovechar las ocasiones de felicidad, de amistad, de belleza, de gozo -aunque sé que en muchas ocasiones no estoy a la altura, pero tengo predisposición a hacerlo-, creo que mi teatro hoy es menos fatalista, menos resignado. Y “El arte de la entrevista” tiene más corazón y emociones que otras obras mías. Aquí la emoción está en primer plano, porque hay personajes más cotidianos, aunque encierran misterios».

La familia

«Mostrando la armonía y tensiones de una familia se cuentan todas las historias»
«Los griegos nos enseñaron que mostrando los deseos y los miedos, la armonía y las tensiones de una familia, podías contar de algún modo todas las historias del mundo. Y creo que lo que sucede en “El arte de la entrevista”, en una familia muy concreta, nada arquetípica, va a tocar en algún punto a cada uno de los espectadores, y que van a sentir que de algún modo está su vida o una posibilidad de su vida. Esta es una obra en la que no hay personajes intelectuales, a diferencia de lo que sucede en otros textos míos, y sin embargo creo que hay debates que se plantean, aunque no se verbalicen; y en todo caso hay experiencias que van a dar qué pensar a algunos espectadores».

Mayorga, en 8 escenas

by on 15:26
Fuente: Julio Bravo ( abc.es ) Es difícil discutirle a  Juan Mayorga  (1965) el título de  «autor-español-de-moda»  (sin que haya acep...

Font: Laura Serra (ara.cat)
“Saps? Fas teatre per als que viuen a un quilòmetre a la rodona. Escrius per a persones que són al teu abast i que parlen la teva llengua”, afirma Wajdi Mouawad. I, malgrat això, el seu teatre ha travessat l’ànima de milers d’espectadors de tot món, entre els quals molts catalans que van quedar tocats per Incendis -o Boscos o Litoral - i que esperen la posada en escena deCiels, l’última peça de la tetralogia La sang de les promeses, a càrrec d’Oriol Broggi. Abans, però, de dijous a diumenge, el mateix autor escenificarà al Teatre Lliure el monòleg Seuls i aprofitarà el viatge per presentar la novel·la Ànima a Barcelona.
És impossible parlar amb Mouawad sobre la seva obra i no fer referència a la seva vida. Nascut a Beirut el 1968, ha viscut molts exilis: la seva família va marxar a França el 1977 per evitar la guerra. El 1983 van ser expulsats i es van establir al Quebec. Allà es va consagrar com a dramaturg i director. Avui, pare i resident a París -des d’on respon, via mail, a aquesta entrevista-, és una de les grans plomes francòfones. Una estrella. Però el seu viatge no s’ha aturat: continua tornant una vegada i una altra al conflicte que va colpir la seva vida.
La guerra ha marcat la seva carrera literària. En el seu cas, però, ¿són pitjors els no-records, el silenci i l’exili que les bombes?
El meu treball se situa en aquest punt entre la memòria i la deriva de la memòria. ¿Me’n recordo o em penso que me’n recordo? Aquí tenim ja una mena de doble exili. Hi ha l’exili com a tal, i també hi ha l’exili d’un mateix, de ser incapaç d’estar segur del que has sentit. El personatge de Seuls no ha viscut la guerra, ja no parla la seva llengua materna, no pren les opcions correctes, ha oblidat qui era. Ell només és culpabilitat. Cada cop que el pare li recorda que no ha viscut la guerra, sent que li retreuen el fet d’existir. D’existir sense sofrir. El pare ha fet tot el que ha pogut per estalviar-li la guerra, i vet aquí que l’hi retreu. Aquesta contradicció és una presó d’on és impossible fugir. Això evoca el trauma d’una generació, la meva, que ha conegut la guerra en la infància, de manera que no ha fet gaires tries. És una immensa sort, ja que no hem comès cap atrocitat amb les nostres pròpies mans, però això no ens protegeix, perquè no sabem què hauríem fet si haguéssim tingut l’edat de fer-les. Estem assetjats, colpits, per la impressió de la il·legitimitat de viure, perquè tenim la impressió de no haver viscut res. Seuls està lligat a la meva llengua. No parlo l’àrab des de fa trenta anys i m’he adonat que el trobo a faltar.
¿Ha pensat en què canviaria si pogués tornar enrere? ¿O considera que la fatalitat era inevitable?
Ni una cosa ni l’altra. Les coses passen i tenen una raó de ser històrica, que concerneix els humans i el seu comportament. La guerra civil libanesa és responsabilitat dels libanesos. Punt i a part. Tots els que diuen que és a causa dels palestins, dels israelians, dels sirians, dels americans, dels russos, dels iranians, dels cristians, dels xiïtes, dels sunnites, dels drusos, dels elefants, dels diplodocus o dels nadius marcats per la tortura són ells mateixos responsables d’aquesta guerra civil. No hi ha cap altra solució que afrontar la història pròpia amb els mitjans ferotges que tenim: la llengua, la consciència i els gestos. La resta és una fantasmagoria. Em pregunto sovint en què m’hauria convertit si m’hagués quedat al Líban. A quina banda de la barrera estaria. Però aquesta pregunta és un pou sense fons. Com a artista, crec que tots tenim en nosaltres mateixos un laboratori. El meu és la guerra, la família, l’exili. Les meves experiències són l’amistat, l’abandonament, la violència... això prové del Líban, però també d’Europa.
En el fons, ¿el gran tema de què tracta tota la seva obra és l’amor?
L’amor i l’animalitat. Perquè és un tema insuportable. Mostra tot el que hem destruït. Ningú no surt indemne d’una guerra civil. Els espanyols ho saben tan bé com els libanesos. Parlar de l’amor, de l’amistat, és parlar de la ferida oberta per la guerra. Més enllà dels discursos, hi ha la pena pels morts i assassinats, la falta d’amor i la impossibilitat d’estimar, la prova que la sang s’ha escolat sense que s’entengui per què, en una època, la d’ara, que ens diu: “Oblideu-ho tot i compreu-vos un iPod!”, com si l’amor i l’amistat pogués renéixer de les nostres masturbacions amb uns consoladors amb els quals es pot trucar, fer fotos i debatre a les xarxes socials.
La seva obra mostra la violència extrema. Per què és tan explícit?
Això remet al silenci en què he crescut. Quan era adolescent i feia preguntes als meus pares, ningú em volia respondre o les respostes eren acusacions: “És per culpa dels altres”. Nosaltres sempre érem innocents. Nosaltres, les persones de la nostra comunitat, érem les víctimes, i tots els altres eren els dolents. En vaig desconfiar. I quan, de mica en mica, vaig començar a entendre coses, em va fer una ràbia terrible i vaig voler mostrar-ho tot, precisament perquè m’havien amagat una veritat que feia equívoca la meva relació amb el món. Crec que a la meva història li cal visió. Ara bé, no crec que es tracti d’un exorcisme, si més no, no pas conscientment.
Les tragèdies gregues són el referent que s’associa als seus herois .
Sovintejo la tragèdia grega perquè hi retrobo les sensacions de la infància, espant i bellesa. Els grecs pensaven que quan algú estava condemnat a fer i tornar a fer el mateix gest, era per trobar el punt on s’havia introduït un error en aquest gest. Sísif volia trobar el lloc del seu trajecte on s’introduïa l’error que feia que la roca tornés a rodolar pendent avall. El que m’agrada dels grecs és que la justícia no és culpabilitzadora. És implacable, però no culpabilitza. Tornar a explicar sempre la mateixa història s’assembla, en el meu cas, crec, a aquest intent de trobar el lloc on, en la història, s’ha introduït un error que em condemna a un patiment estrany, i li confesso que això m’agrada força. Una pregunta que em faig sovint és: què és el que no veig de mi mateix?
Se sent, avui, encara, un exiliat?
Fa temps no sabia quina resposta donar a la pregunta de la meva nacionalitat. Libanès? No és una resposta legítima ni il·legítima. Francès? Només per la meva formació intel·lectual. Quebequès? No, però... El meu país és el lloc on em sento millor: la sala d’assaig, el despatx on escric, la Mediterrània, Grècia, que m’ha obert el món a través del seu pensament i el seu teatre. Kafka és el meu país. No sé a què pertanyo. O, més aviat, em sembla que no cal pertànyer... però saber això requereix temps, sortir del somni de comunitat i ser lliure.
Ja deu saber que Incendis ha estat un èxit inigualable a Catalunya.
M’ha commogut saber-ho. Em sembla una resposta a la barbàrie. El que m’ha emocionat és veure com les persones de la meva edat tenen les mateixes sensacions que jo, com si la guerra civil fos un paisatge que poguéssim contemplar plegats i, pel fet de no ser la mateixa guerra, poguéssim, gràcies a la guerra de l’altre, comprendre millor la que ens ha assolat. A Barcelona, que és una ciutat amb la qual mantinc un lligam immensament secret, on sovint vinc a escriure en hotels cada cop diferents -hi he escrit part d’ Ànima -, sobretot m’agrada mirar el mar, perquè tinc la impressió que posant-me de puntetes hi veuré Beirut, just a l’altra vora.

Font: X.C. (ara.cat)
Primer va ser una novel·la de Robert James Waller de vendes multimilionàries malgrat el rebuig unànime de la crítica. Després va ser un meravellós film de Clint Eastwood protagonitzat pel mateix director i per Meryl Streep. Ara, els amors impossibles d’ Els ponts de Madison arriben a escena per inundar Broadway amb el seu romanticisme sense embuts, en una temporada plena d’adaptacions de pel·lícules d’èxit, com ara RockyAladdin i Bullets over Broadway.
La parella protagonista al teatre és ostensiblement més jove que al film, però la química entre ells fa creïble aquesta trobada improbable entre una emigrant italiana, mestressa de casa en un poblet perdut d’Iowa a mitjans dels anys 60, i un fotògraf del National Geographic a la recerca dels famosos ponts coberts de la comarca. Per sobre de tot destaca la presència i veu lluminosa de Kelli O’Hara, una de les sopranos líriques més destacades del Broadway actual, que té en aquesta Francesca l’oportunitat de ser cap de cartell indiscutible, una oportunitat que aprofita a fons. Steven Pasquale aconsegueix evitar que el seu Robert caigui en el tòpic de l’adonis que posa en ebullició dones madures, gràcies a un cant no menys modulat i expressiu que el de la seva partenaire. Esclar que la partitura els ho posa fàcil.
Jason Robert Brown, un dels compositors més interessants de les últimes fornades del teatre novaiorquès ( 13The Last Five Years ), alterna de manera eficaç un llenguatge amarat del folk nord-americà per retratar l’entorn on se situa la història amb irrefrenables efusions líriques per als protagonistes, unes efusions que no és forassenyat definir com a quasi operístiques.
Von Trier com a referent
Més que cançons que puguin esdevenir hits fàcils de taral·lejar, Brown és especialment hàbil a l’hora de crear escenes en què la música i les lletres (també seves, Marsha Norman s’encarrega del llibret) aprofundeixen en les emocions dels personatges. És el cas del número inicial, To Build a Home, retrat precís del llarg viatge de la Francesca cap a una vida domèstica que no és el que ella somiava, o dels duos amb el Robert en què, de manera gradual, van aflorant els seus sentiments.
Citar Dogville, de Lars von Trier, com a referent visual per a una història d’ecos lacrimògens pot semblar un contrasentit. De fet, el director Bartlett Sher (un dels puntals del nou Met de Peter Gelb) i el dissenyador Michael Yeargan han agafat el mateix principi d’escenari buit per omplir-lo d’elements mòbils com l’enginyosa evocació del pont i un cor sempre present, observant les accions dels protagonistes. En el fons, tot i la bona feina del conjunt del cast, és el duo d’amants dissortats i l’apassionada música que els amara el que justifica aquestThe Bridges of Madison County.