Fuente: Esther Alvarado (elmundo.es)

Hace años que Daniele Finzi Pasca (Lugano, Suiza, 1964) coquetea con el asombro y la insondable curiosidad del público español al que le plantea continuas preguntas que se resumen en una sola: ¿qué es verdad? Este clown, director, autor, actor y coreógrafo, creador del Teatro Sunil, autor de más de 25 espectáculos, entre los que destaca el monólogo Ícaro, representado más de 700 veces, vuelve a Madrid después de Nomade, Rain, Nebbia y Corteo (creado para el Circo del Sol), esta vez con su propia compañía y La verità (Teatro Valle-Inclán, hasta el domingo). La respuesta que desencadena todas las demás preguntas.

¿Qué va a encontrar el espectador en La verità?

Pues a los 13 actores acróbatas de la compañía que llevan siendo los mismos compañeros de viaje desde hace muchos años y, además, un telón que es como un actor más. Es un telón que Salvador Dalí pintó en los años 40 para la Metropolitan Opera House de Nueva York para una obra titulada Tristán fou.

¿Cómo llegó a sus manos?

Julie, mi esposa, y yo recibimos esta propuesta el día de Navidad y fue como una intuición. Estábamos trabajando en el espectáculo y empezando a imaginar cómo hacerlo. El título ya estaba, porque la verdad es algo que siempre vuelve a nuestros espectáculos. Entonces llegó esta propuesta y lo entendimos como un regalo afortunado que llegaba de forma inesperada. Serendipia; una feliz coincidencia.

¿Tiene algo que ver La verità con la obra para la que Dalí pintó el telón?

No, tiene que ver con la vida de Dalí, con los años 40, con el surrealismo, la danza... y la acrobacia, que entonces no estaba, adquiere cierto surrealismo que encaja con la propuesta de Dalí.

¿Cuánto tardó en crearse La verità?

Fueron tres meses de ensayo, pero la creación del espectáculo duró un año y medio. En este show tenemos aparatos acrobáticos novedosos.

¿Cómo se organiza el espectáculo?

Todo se mezcla. Hay muchas artes acrobáticas que se declinan de forma un poco sorprendente. Tiene un sabor retroporque quería hacer un viaje en el tiempo un poco suspendido. Ahora, el nuevo circo está siempre proyectado o en un presente cercano o en un futuro posible, como el Cirque du Soleil. En Rusia dicen que soy el último neorrealista italiano y eso me fascina porque la verdad es que me siento pegado todavía al blanco y negro. La verità son dos actos divididos en 20 ó 22 cuadros.

¿Cómo definiría La verità en cuanto a género?

Yo diría que es un teatro acrobático. Los actores son además extraordinarios acróbatas. Yo vengo de un teatro muy físico, con una formación de gimnasta. Nosotros trabajamos sobre los límites del esfuerzo. Y si tienes acróbatas, lo que tienes en realidad gente que logran que su esfuerzo se convierta en algo extraordinario y con una dirección precisa.

¿Cuál es la pregunta que subyace en este espectáculo?

Qué es lo verdaderamente real; eso es lo que subyace a todo el trabajo de un actor. Todos los experimentos revelan que un cuerpo muerto en el escenario no parece un cuerpo muerto, el dolor verdadero no lo parece, ni la sangre. ¿Por qué? Quizá representar nos permite profundizar y descubrir la realidad de forma más delicada. Las luces teatrales obligan a trabajar con algo que se asume como representación. No podemos fraccionar el instante, decía mi padre, que era fotógrafo. La verdad para un actor es uno de los grandes temas: cómo puedo ser honesto y verdadero. También en la vida. Aunque parezcas seguro, puedes acabar dudando de si lo que viste era verdad. De lo único que puedes estar seguro es de los sueños.

¿El escenario es ese lugar donde la mentira parece verdad y viceversa?

Lo es. Estás en un escenario y ves que todo es de cartón. Lo que es interesante del teatro es que uno busca una verosimilitud; uno necesita la verdad, algo que sea verosímil, algo en lo que uno se reconozca. Hay actores que actúan de forma naturalista y otros que buscan todo tipo de recursos para parecer verdaderos y honestos.

¿Nos va a parecer un espectáculo optimista?

A mí el drama siempre me interesa contarlo desde el lado más luminoso y ligero para ayudar a pasar el miedo. Tanta gente tiene tanto miedo... Entonces no es que sea un espectáculo optimista; es un espectáculo luminoso.
Fuente: Rafael Esteban (elmundo.es)
"Yo me metí a actriz porque simplemente no quería estudiar", decía al final de su carrera Amparo Rivelles y todo el que la escuchaba se quedaba asombrado. Porque nadie podía imaginar que la actriz, una de las grandes estrellas del cine y el teatro español de la segunda mitad del siglo XX que falleció ayer en Madrid, nieta de los actores Jaime Rivelles y Amparo Guillén e hija nada más y nada menos de los también cómicos Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, no hubiera nacido con el teatro en las venas. Pero así lo sostenía esta intérprete que para rematar la saga es hermana de actor (Carlos Larrañaga) y tía de Luis Merlo y Amparo Larrañaga.
La Rivelles nació en Madrid el 11 de febrero de 1925 pero a diferencia de tantos otros compañeros de profesión que debutaron con pocos años, ella tardó en subirse a los escenarios. Concretamente, hasta los 13 años, cuando acompañó a su madre en 'La mujer guapa'. De esa obra de Adolfo Torrado que las dos actrices representaron en el Teatro Poliorama, Rivelles siempre recordó que no consiguió decir la frase inicial con la que debutaba en la escena. Aunque eso no la hizo dejar las tablas, pues siguió en la compañía de su madre, donde tenían 18 obras de repertorio que iban alternando constantemente. Ahí fue donde se formó y donde recibió las primeras broncas de su madre ya que, cuando más la felicitaban por sus interpretaciones, más la señalaba Ladrón de Guevara los fallos para que aprendiera y, sobre todo, no se lo creyera.
Esas enseñanzas maternas que la hicieron tener desde joven una dicción envidiada por sus compañeros más una gran belleza, la sirvieron de mucha ayuda, pues enseguida recibió ofertas del cine. Su estreno tuvo lugar en 1940 con 'Mary Juana'. La película de Armando Vidal fue la antesala para el estrellato cinematográfico, ya que al año siguiente firmó un contrato con Cifesa. Con la principal productora nacional fue protagonista en varias de las más famosas películas de la época. Entre los títulos en los que trabajó figuran 'Malvaloca (Luis Marquina), 'El clavo' (Rafael Gil), 'Eugenia de Montijo' (José López Rubio) o la celebérrima 'Alba de América' (Juan de Orduña). Y algún otro muy distinto, como el papel que hizo en 'Mister Arkadin', nada menos que de Orson Welles (1955).
Mientras tanto continuó trabajando en el teatro, aunque ya había dejado la compañía familiar. Así en ese tiempo estuvo con Luis Escobar, con quien hizo obras como 'A puerta cerrada', de Jean-Paul Sartre, a la vez que representa varios títulos de Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura y el inevitable 'Don Juan Tenorio' de Zorrilla. Hasta que a mediados de los años 50 todo cambió.
Primero fue un viaje a Cuba y luego el salto a México para representar con Manolo Fábregas 'Un cuento de rosas'. Las funciones fueron bien, tanto que como dijo años después, "[fui] por seis semanas y me quedé casi 24 años".
Durante ese tiempo hizo teatro y cine, pero sobre todo televisión. Rivelles fue una de las reinas de las telenovelas aztecas. O, como decía Adolfo Marsillach en sus memorias, "una especie de Virgen de Guadalupe pasada por el templo de Televisa".
Allí siguió hasta finales de los años 70 en que volvió a España para trabajar en 'Salvar a los delfines'. El éxito que obtuvo con la obra de Santiago Moncada le animó a quedarse en su país ya definitivamente. También los trabajos que hizo en TVE, una época en la que empezaron a adaptarse para la televisión grandes novelas.
Uno de los principales fue en 'Los gozos y las sombras' donde compartió reparto con su hermano Carlos Larrañaga (1982). Además también participó en otros de los grandes éxitos de la televisión española como 'Esquilache' (1989) o 'La Regenta' (1995). Aunque su principal reconocimiento en las pantallas de esa época vino con la adaptación cinematográfica de 'Hay que deshacer la casa', la obra de Sebastián Junyent que José Luis García Sánchez convirtió en película y por la que se llevó el Premio Goya a la Mejor Actriz.
Ese mismo título lo había representado un año antes en los teatros, pues Rivelles no había abandonado las tablas tras su regreso a España. De esa época son sus interpretaciones en obras como 'La voz humana', (Jean Cocteau), 'La Celestina' que hizo con Marsillach o sus participaciones con otro de los grandes directores españoles, José Luis Alonso, con quien trabajó en 'La loca de Chaillot', de Jean Giraudoux, y 'Rosas de Otoño', de Benavente, o Lluís Pasqual ('La brisa de la vida').
La obra de David Hare fue uno de sus últimas intervenciones de una trayectoria que concluyó en 2006 con 'La duda'. Atrás dejó una carrera de gran éxito y varios e importantes premios. Aparte del Goya, consiguió el Nacional de Teatro en 1996, el del Círculo de Escritores Cinematográficos en 1946 y su medalla de honor 59 años después. Y un reconocimiento muy especial un año antes, el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, primera vez que se otorgaba a un actor.
Font: Laura Serra (ara.cat)
Les assemblees sindicals, les acampades del 15-M i l'eclosió de diferents corrents ideològics radicals i antisistema va inspirar el dramaturg Aleix Aguilà per escriure la tragicomèdia política Bolxevics. El tema de fons seria "que complicat que és impulsar un projecte que comporti el bé comú, perquè l'ego i els projectes personals el boicotegen", teoritza Aguilà. Però l'espectacle no va de teories, sinó de pràctica. La cúpula d'un moviment polític alternatiu ha decidit tancar-se en una vella capella desocupada. Han decidit passar a l'acció.
Amb aquest plantejament, la sala gòtica de la Biblioteca de Catalunya els anava com anell al dit. La Perla 29, d'Oriol Broggi, que gestiona l'espai, els ha acollit dins la seva programació i, a partir d'avui fins al 24 de novembre (només dissabtes i diumenges), els ha cedit l'espai per engegar-hi una nova revolució bolxevic. Perquè, igual que el partit obrer de Lenin perverteix els seus ideals pretenent instaurar una dictadura, el líder dels Bolxevics de la ficció "s'adona que ha creat un Frankenstein, un monstre, hi descobreix el pes del seu ego i posa en dubte el moviment".
Marc Rodríguez interpreta aquest guru que es bolca en el moviment després de sentir-se rebutjat per la societat. Com a exactor d'èxit, aconsegueix seduir una tropa de rebels encegats. El problema és que, just en el moment de jugar-s'ho a tot o res, dubta perquè li ofereixen tornar a actuar i recuperar la seva vocació. Serà capaç de renunciar-hi? "Passar a la pràctica voldrà dir conseqüències i, per tant, renunciar a la seva vida", planteja el director. El compromís comporta sacrificis. Pau Vinyals interpreta la versió més extrema del grup. És un militar del moviment: "Vol prendre decisions contundents, perquè té claríssim que això és una guerra contra un sistema establert que el matarà a ell si no hi actua en contra". Magda Puig interpreta una devota. Malgrat que la vida li rutlla professionalment com a cantant, no sent que estigui actuant de manera ètica amb els seus pensaments. "És la dificultat de ser coherent", diu l'actriu.
Júlia Barceló dirigeix la cinquena obra de la itinerant Companyia Solitària, que ha presentat Nòmades en patis i terrats i Pollastres al cicle Aixopluc del Lliure. Barceló veu els tres personatges com "tres herois per un destí que ells creuen just per a la humanitat". Tots volen salvar el món, però no es posen d'acord en com. De la mateixa manera que totes les religions tenen un himne, Bolxevics té un cor format per quinze estudiants de l'Institut del Teatre que interpreten els adeptes al moviment i canten. I de la mateixa manera que tot partit té símbols, elsBolxevics tenen un ideal pur: Chewbacca de Star Wars.

Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat)
Cada cultura es fa seu l'art, la manera d'expressar unes emocions i unes reflexions que són comunes perquè tenen l'arrel en la humanitat. Si fins fa poques dècades el teatre semblava moure's abassegant per allà on passava (i tenyint-lo de la forma teatral del moment), avui és més fàcil arribar a un tipus d'arts escèniques més soterrades, que treballen en direccions a vegades oposades a la forma teatral que s'imposa. És en aquesta topada que apareixen les noves formes dramatúrgiques. Si fa cosa d'una dècada sovint aquestes noves formes estaven d'esquena al públic, ara hi ha una gran varietat de propostes que pretenen dir la veritat del text (o aquesta és la seva intenció, si més no) tenint molt clar que s'ha d'atrapar l'espectador amb elements contemporanis, com ara un text amb intriga, personatges amb espais no definits o amb contradiccions, fets quotidians, dramatúrgia fragmentària amb canvis d'espais (mentals o físics) i, si pot ser, que, en posar-los sota la lupa de l'escenari esdevinguin exemples de la condició humana, sempre perseguint una mena d'encant (encara que sigui un art pobre i volgudament lleig). Buenos Aires ha passat a ser, a través de Veronese, Daulte, Tolcachir, i ara Romina Paula (Fauna, 22 de novembre, Coma Cros) i Mariano Pensotti (Cineastas, 24 de novembre, Coma Cros), un dels centres de gravetat de la veritat teatral mundial. Segons el director del festival, Salvador Sunyer, és justament el centre europeu (Brussel·les, Alemanya). Buenos Aires no va néixer del no-res. Hi ha una llarga tradició i uns teatres comercials immensos que demostren la fidelitat del públic argentí a l'espectacle en directe. Evidentment, companyies com ara Los Luthiers o les posades en escena clàssiques (majoritàriament del teatre clàssic europeu) han permès que els actors treballin, en clau artesanal, i creïn nous muntatges per al seu creixement com a actors (i, possiblement, com a persones). L'inconformista Ricardo Bartís és el pare artístic, tot i que no els vol reconèixer com a fills, d'una generació que ha esclatat a Europa, gràcies en molt bona part a la insistència del Temporada Alta.
Les peces vistes fins ara apunten en tres direccions divergents. Per una banda, en l'adaptació, a la brasilera, d'un text psicològic, com és La Srta. julia, d'August Strindberg. Julia, de Christiana Jatahy, navega entre el teatre i la televisió, i converteix l'escenari en un plató, la qual cosa permet veure el detall en primeríssims primers plans i, en ocasions, s'alterna per la imatge mig amagada, com l'acte sexual que Jatahi decideix mig mostrar, tot i que el reserva en un racó mantenint una certa intimitat. La peça també dialoga entre l'actor i el personatge. Hi ha una voluntat per confondre els rols, cosa que fa convertint el càmera en el pare (que és el que ha rodat la Julia de nena, al jardí, per exemple). Sembla que Jatahy repetirà l'edició vinent.
Montserrat és un nou treball de Lagartijas Tiradas al Sol (ja hi van ser el 2011 amb El rumor del incendio). L'obra investiga la realitat i la ficció, i perverteix el teatre document amb un aire novel·lesc. En primera persona, resulta creïble, per molt increïble que es plantegi la no mort de la mare i la peripècia per poder retrobar-la. Finalment, la setmana passada, el Pequeño Teatro de Morondanga va trencar l'espai i la barrera amb el públic a Bienvenido a casa, una peça fantasiosament tràgica i fosca que, en canvi, genera tendresa i complicitat. Com els mexicans de Lagartijas... treballen com a creació col·lectiva, trencant les jerarquies. Ben diferent del criteri de Jatahi, que necessita la meticulositat i alhora la implicació de càmera i actors. Cal saber més del nou teatre americà!

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
La búsqueda de nuevos públicos es una obsesión constante en el teatro, y con esa idea ha nacido en el Conde Duque el Proyecto Teatro Joven. Se trata, según sus responsables, de «una idea que surge de la necesidad y del trabajo. Del trabajo, porque, hace más de quince años, un grupo de profesionales de diferentes disciplinas artísticas se unieron para compartir y desarrollar sus experiencias con grupos de jóvenes con inquietudes creativas; y de la necesidad, porque es fundamental que exista un espacio teatral en Madrid referente en España del teatro hecho por los jóvenes».
El proyecto cuenta con la participación de La Joven Compañía, formada por cerca de una veintena de jóvenes, de entre 18 y 23 años, estudiantes de las distintas áreas de la actividad teatral (actores, productores, escenógrafos, compositores, etcétera), y para los que la compañía supone una primera experiencia profesional.
Para el director artístico del proyecto, David Peralto, «esta iniciativa pretende abordar la urgente necesidad de acometer acciones que atraigan al público joven al teatro. Inspirada en propuestas de países de nuestro entorno, que han cosechado magníficos resultados, especialmente en Reino Unido, la propuesta quiere promover la creación de una joven compañía de teatro profesional que atraiga al público joven al teatro; estas compañías animaron a los grandes dramaturgos a que comenzaran a escribir textos que, por su calidad, fueran susceptibles de atraer a públicos de todas las edades, pero que tuvieran que ser interpretadas por actores profesionales de una edad en torno a los veintidós años. Este fenómeno provocó un efecto llamadaen los públicos más jóvenes que, paulatinamente, consolidaron un tejido cultural, que acabó entrelazándose en el patio de butacas con el de sus generaciones precedentes».
El primer fruto del proyecto es «Fuente Ovejuna», de Lope de Vega; la elección de un clásico no es casual. Con ello pretenden cumpir uno de sus objetivos fundamentales: «hacer llegar a los jóvenes lamodernidad del teatro clásico, acercándoles a un espectáculo que, interpretado o contemplado, percibirán como cercano y actual». «La belleza y musicalidad del texto: la importancia de la anécdota histórica o la fuerza poderosa de una historia sobre la justicia y el amor; todos ellos temas recurrentes en la psicología y el comportamiento de los adolescentes, público al que nos dirigimos», han decidido, dice el director artístico, a elegir «Fuente Ovejuna» para La Joven Compañía.
Dirigida por José Luis Arellano, la versión, que firman Francisco Rojas y Mar Zubieta, ha reducido el texto a aproximadamente mil versos (algo menos de la mitad) y se ha adaptado para facilitar su comprensión.

Fuente: Alfonso Álvarez-Dardet (elpais.com)
El interior de un autobús o de un coche, una nave abandonada, una biblioteca, las habitaciones de un hotel, sus cuartos de baño: cualquier espacio puede ser ocupado y adaptado para hacer teatro. Esta es la filosofía de La cantera, una compañía de teatro experimental creada en 2002 en Madrid por el dramaturgo argentino Jorge Sánchez. En noviembre de 2011 nace  en Buenos Aires, una iniciativa que trata de llevar las artes escénicas “fuera de los espacios teatrales, y crear una relación diferente entre público y escenario”. A finales de 2012 deciden llevar el proyecto a España. Del 19 de octubre hasta el 10 de noviembre se instalan en el Coworking Espíritu 23, en pleno corazón de Malasaña. Tres productores, diferentes grupos de música, dos vídeoartistas, un director y 17 actores componen el elenco.
20.20. En diez minutos comienza el espectáculo. En los corrillos que se forman a la entrada, en la calle Espíritu Santo 23, impera la incertidumbre."¿Qué es esto de Ocupa Madrid?". Se abre una puerta de cristal que invita a bajar por unas escaleras poco iluminadas. Tres o cuatro actores salen de la penumbra y se mezclan con el público: "¿Todo va bien? ¿Es usted feliz? ¿A qué ha venido aquí?", pregunta una chica rubia, de apariencia joven con gabardina gris y que transmite una personalidad quijotesca. A punto de responder, se cae en la cuenta de que las preguntas deben ser retóricas, no se ha reaccionado aún y la interlocutora ya se ha ido. Continúa la incertidumbre.
Hay guías de la función, así se identifican. A cada miembro del público se le obsequia con una tiza de color y un folio con tres o cuatro preguntas muy directas a modo de marketing relacional: "¿nos ha conocido usted en la Red?", reza una de ellas. Al borde del papel, a la izquierda y a la derecha de las cuestiones, una respuesta afirmativa y otra negativa. Tan sencillo como hacer un pequeño corte a cada lado.
20.39. Se han pasado de tiempo pero los espectadores ya pueden entrar.
Al bajar las escaleras, poco iluminadas, el público llega a un rellano. La corriente que genera la masa despistada los conduce inconscientemente a una puerta corredera entreabierta que descansa en una sala grande y espaciosa. Al fondo, dos ordenadores portátiles muy usados invitan a los transeúntes a tocar sus teclas, ver sus imágenes y escuchar, con unos auriculares, su música. A la derecha, pegada a una de las paredes, hay una tela roja colocada de forma intencionada en el suelo sobre la que descansa una silla de mimbre. La escena se deja intuir. Los inquietos espectadores crean un corrillo a su alrededor. Murmullos en el ambiente hasta que entra en la sala una chica joven ataviada con ropa de gala junto a un guitarrista de rostro inexpresivo. Ella sonríe. Coquetea. Le gusta ser observada. Está metida en su papel.
La voz de Bárbara Bañuelos es melancólica. Como si de un juguete roto de la música de los años 20 se tratase. Rompe las palabras con delicadeza. La cantante está, pero no está. En sus cuerdas vocales vibra Skin, del grupo inglés Boy. La canción no da información alguna sobre lo que está por venir. Quienes sí se afanan en dar pistas son los guías, siempre metidos en su papel. Discretos pero intensos, van desmontando el acústico y llevando a los espectadores a su terreno. La transición da fruto a la ocupación.
Por fin cae el velo. Hay varios grupos que se forman por los colores de las tizas que los guías repartieron al principio. Cada uno de ellos tiene su propio recorrido, ninguno parecido al de los demás. Cada conductor recorre junto a su elenco alguna de las habitaciones, pasillos y entresijos de este espacio ocupado. En cada parada se esconde una historia representada por varios actores. Proyecciones e improvisaciones de los propios monitores hacen que el espectador salga del recinto preguntándose qué habrán vivido los demás grupos. Te quedas con ganas de más.
La próxima ocupación será el sábado 23 de noviembre. Entonces las historias se adaptarán a un nuevo espacio: El Rastro. “Nos pusimos en contacto con la Asociación Nuevo Rastro y en seguida se mostró muy interesada”, asegura Marta Cuenca, actriz y coordinadora del proyecto. En esta ocasión, el público transitará, dirigidos por los mismos guías, por diferentes locales del barrio. Una vez más el espacio se adaptará a las necesidades de los intérpretes. En este reciclaje artístico algunos espectáculos caerán, otros se mantendrán y nacerán nuevas ideas. El teatro es movimiento.