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versión y dirección XAVIER ALBERTÍ
dramaturgia ALBERT ARRIBAS
interpretación JONÁS ALONSO, MIQUEL ÁNGEL AMOR, CRISTINA ARIAS, MIKEL AROSTEGUI, RAFA CASTEJÓN, ALBA ENRÍQUEZ, LARA GRUBE, ÁLVARO DE JUAN, ARTURO QUEREJETA, ISABEL RODÉS, DAVID SOTO GIGANTO y JORGE VARANDELA.
duración 120 aprox.
producción COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO y GREC FESTIVAL DE BARCELONA 2022
TEATRE GREC


El verso es un arma de múltiples filos, y aunque quien dirige la batuta lo domina muy bien, en este caso no ha sonado tan bien como debería. Y aunque, como podría suponerse habitual, no es un problema de pronunciación, porque la Compañía Nacional de Teatro Clásico es una experta en estas lindes. Sino creo que el ritmo le juega a la contra. Le falta rueda, eso de venir a estrenar a Barcelona directamente de la sala de ensayo a un montaje de estas características es cuanto menos peligroso.

Por otra parte, la adaptación del clásico de Xavier Albertí se queda a medio camino. No ya sólo por el verso, que quizás sea labor imposible reducirlo. También algún que otro toque machista que hoy resuena demasiado antiguo, y que si se quería acercar el clásico Don Juan a los tiempos actuales, que el honor siga residiendo en el sexo o que desposarse o no dependa de una figura masculina es sin duda más que chocante.

A nivel de interpretación ganan los personajes secundarios que han sabido hacerse con el verso y jugar con él. Mikel Arostegui ha dibujado un Don Juan al que le falta sangre, fuerza, garra, como si fuera suficiente pasearse por el escenario solamente para exhibirse. Para fuerza la que desprende el monólogo de Isabel Rodés, seguramente la mejor de un reparto desafortunadamente bastante irregular.

La puesta en escena es marca de la casa Max Graenzel, con una estructura giratoria que sirve como centro de toda la acción. La falta de definición también se nota en la iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que desaprovecha el espacio y la montaña se queda a oscuras con demasiada facilidad.

Una inesperada lluvia nos sacó por un momento del ensimismamiento en el que nos había sumido el calor de la excesivamente larga noche. Para clásico, la vuelta a casa, aunque ese argumento mejor lo dejamos para otro día.

EL BURLADOR DE SEVILLA

by on 13:11
  versión y dirección XAVIER ALBERTÍ dramaturgia ALBERT ARRIBAS interpretación JONÁS ALONSO, MIQUEL ÁNGEL AMOR, CRISTINA ARIAS, MIKEL AROSTE...


de LLUÏSA CUNILLÉ
dirección XAVIER ALBERTÍ
intérpretes JORDI ORIOL, PAULA BLANCO, ABEL RODRÍGUEZ, ORIOL GENÍS, JOAN ANGUERA, LURDES BARBA, ALBERT PRAT, JOAN CARRERAS, ALBERT PÉREZ y ÀUREA MÁRQUEZ
duración 2h
fotos MAY CIRCUS
producción TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA
SALA PETITA (TNC)

Durante unos años, desayunábamos, comíamos y cenábamos con la crisis. Esa que ahora se nos presenta como terminada (sic) y que Lluïsa Cunillé ha tomado como telón de fondo o punto de partida de esta historia. En ella un chico emprende la búsqueda de su madre, cuál Marco, de su Islandia natal a Nueva York.

Fue en Islandia donde hace más de diez años que estalló la economía y para muchos se hizo añicos sus sueños de grandeza. Pero la historia de este chico parece alejado de los problemas que ocurren a su alrededor, él sólo busca a su madre, y quizás las respuestas que en su corta edad, quince años, nadie le ha dado.

Una estética totalmente neoyorquina, ya que está ambientada en una reproducción de los bajos fondos de la Gran Manzana que lo mismo sirve para representar un metro, que una perrera o incluso la catedral de Saint Patrick. Eso sí, la dureza la crisis se pone de manifiesto en una escena excesivamente fría, donde transitan personajes tan o más gélidos que ella.



La dramaturgia de Lluïsa Cunillé, claramente identificada en las dos primeras escenas y que en las posteriores se queda más difuminada, nos regala en cada personaje un conjunto de perlas, que a modo de titular servirían para describir la obra. Son pequeñas frases que caen en medio del hastío existencial como pequeñas pullas. 

Islàndia es una obra muy coral donde el máximo protagonismo lo tiene Abel Rodríguez que interpreta al chico que busca a su madre. Un actor desconocido proveniente del teatro amateur y al que de momento le cuesta encontrar su ritmo y entonación. Debe ser su corta edad, pero todas sus réplicas suenan igual, sin importar si está contento, triste, preocupado. No hay una profundidad, su personaje es monótono y que esté todo el rato en escena contribuye a que el ritmo general de la obra no sea el adecuado.



Por suerte para el espectador el resto del reparto es de gran altura. Entre ellos destaca con una magistral voz e interpretación de Joan Anguera, que sería capaz de vender humo a cualquiera. De la misma manera que una más que soberbia Lurdes Barba, sin duda su escena es una de las más aplaudidas del montaje. Y una Àurea Márquez que le está cogiendo el gusto a los personajes extravagantes.

Las dos horas de duración son excesivas para el óptimo desarrollo de la acción. Algunos silencios comunican más que algunas réplicas y entre tanto personaje, alguno de ellos del todo prescindible, se pierde la esencia, el porqué de todo junto. Lo que comienza como un viaje de búsqueda, se convierte en un viaje de pérdida de la inocencia ya que como bien afirma el personaje de la mujer mayor (Lurdes Barba), "los justos acaban pagando por los pecadores".


ISLÀNDIA

by on 18:46
de LLUÏSA CUNILLÉ dirección XAVIER ALBERTÍ intérpretes JORDI ORIOL, PAULA BLANCO, ABEL RODRÍGUEZ, ORIOL GENÍS, JOAN ANGUERA, LURDES...


Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)

En medio de la era de la sobreexposición permanente de todos, cuesta creer que alguien pueda triunfar a la sombra de todo y todos. Hay un nombre en el teatro que lo consigue, Lluïsa Cunillé. Y aunque los profesionales y algún teatrero consiga ponerle rostro al nombre es una gran desconocida para el gran público, ella y su teatro, a pesar de llevar ya más de 50 obras estrenadas.

Xavier Albertí ha decidido ponerle solución y dedicarle todo el epicentre de este año. Lo que va más allá de la puesta en escena de Islàndia. Esta temporada tenemos dos opciones: conocer a Lluïsa Cunillé sí o sí

Las principales actividades del epicentre son: 

  • Lectura dramatizada de su obra Boira el 24 de octubre a las 20h a cargo de nombres como Nao Albet, Mercè Arenga, Ricard Borràs, Montse Germán y Lluís Soler.

  • Convertir su obra Après moi, le déluge en opereta con la dirección de Jordi Prat i Coll.

  • Seminarios internacionales sobre la autora que han organizado diversas universidades como Queen Mary University of London (GB), University of Chicago (US), University of Richmond (US), University deli Studi di Milano (IT), Scuola d'Arte Dramatic Paolo Grassi (Milà, IT) y la Université Grenoble-Alpes (FR).




Uno de los centros del epicentre será Islàndia, que se estrenó ayer (5 de octubre) y que estará en cartel hasta el 5 de noviembre con un reparto espectacular de 10 actores: Jordi Oriol, Paula Blanco, Abel Rodríguez, Oriol Genís, Joan Anguera, Lurdes Barba, Albert Prat, Joan Carreras, Albert Pérez y Àurea Márquez. Todos ellos dirigidos por Xavier Albertí.

En sus 2 horas de duración, Islàndia explica la historia de un chico, Abel Rodríguez, que se marcha a buscar a su madre. De Reikiavik a Nueva York. En el camino deja atrás el estallido de la crisis islandesa para toparse con la macroeconomía de Wall Street, al mismo tiempo que se encuentra con numerosos personajes. En la obra nos encontraremos el chico de 15 años y su versión adulta, Jordi Oriol.

Xavier Albertí destaca la manera de escribir de Lluïsa Cunillé, llena de momentos apocalípticos, que después alguno ya se ha convertido en realidad, pero que en ningún caso significa el fin de algo sino su resurgimiento.

Las utopías son motores para que los ciudadanos sintamos la necesidad de cambiar la sociedad (Xavier Albertí)

Y es que la utopía también está muy presente a la obra, sobre todo el concepto del hombre puro como en las leyendas bíblicas. En este caso, el hombre adulto no será quien explique la historia sino su mismo yo de 15 años. 



Islàndia es una obra muy coral, el único que está siempre en escena es Abel Rodríguez, el resto va entrando y saliendo, lo que Albertí alaba ya que las escenas (7 en total) son de una gran complejidad para los actores. 

Cuesta mucho encontrar una obra de la que te enamores. Es lo que pasa con Islàndia. Cada personaje tiene muchas capas, pero el trabajo lo tiene que hacer más el espectador que el actor (Joan Carreras.)

Parece ser que el espectador también jugará su papel en el final. No porque vaya a decidir nada, en modo participativo pero cada espectador definirá si el futuro brilla o si es más oscuro, afirma Joan Carreras.

Lo que sí que está claro es que la dramaturgia de Lluïsa Cunillé no tiene nada de banal, no como en una primera lectura pensó Oriol Genís, que después entendió que de la frase más simple se podía extraer oro. A lo que Albertí puntualiza que en Islàndia se notan numerosas influencias y guiños como a Kafka, Lorca o Soros.

Escenográficamente se ha buscado que un mismo espacio pueda representar todas las escenas de la obra. Como dato peculiar, los bancos se parecen a los del metro de Nueva York y servirán para crear los diferentes ambientes: desde la Catedral de Saint Patrick a una perrera.

El TNC vuelve a poner de relieve que el teatro no es sólo para ser visto, sino también leído. Por ello, los espectadores podrán comprar el texto de la obra por 3€ mientras ésta esté en cartel.


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DRAMATURGIA: LLUÏSA CUNILLÉ
DIRECCIÓN: JOSEP MARIA MIRÓ
INTÉRPRETES: XAVIER ALBERTÍ, MONTSE ESTEVE, ORIOL GENÍS, LINA LAMBERT y XAVIER PUJOLRÀS
DURACIÓN: 1h 10min
FOTO: DAVID RUANO
PRODUCCIÓN: TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA y GREC 2015 FESTIVAL DE BARCELONA
SALA PETITA (TNC, GREC 2015)

Actualmente, el drama de los desahucios, por desgracia, está a la orden del día. No lo estaba tanto cuando Lluïsa Cunillé escribió El carrer Franklin, entonces sólo era una cosa puntual pero su visión apuntaba que sólo era el comienzo. Pero tranquilos, el drama ha quedado reducido al hecho de estar en la calle porque a partir de ese momento comienza la "fiesta". 

No se ha desahuciado a gente del montón. Un travesti (Xavier Albertí), y todo su arte, con un background muy particular y una historia que merece la pena ser contada, y su piano se quedan en la calle. A partir de entonces numerosos personajes aparecen en su trocito de calle. El gobernador del Banco de España (Oriol Genís), la sobrina de la Margaret Thatcher con la parte de las cenizas que le corresponden (Lina Lambert), una activista (Montse Esteve) y la pareja del travesti (Xavier Pujolràs). Un girigai sólo a la altura de los personajes made in Lluïsa Cunillé, que está vez ha dejado la oscuridad para sumergirse en un submundo diferente, donde la lucha por la vida y la vitalidad no hay desahucio que la pare. 

Una magistral Lina Lambert consigue conjugar delicadeza, resignación, la decadencia de que tiempos pasados fueron mejor... y mientras tanto la vida pasa. Desternillante Xavier Albertí que borda su personaje gracias a una gran capacidad de comunicación. Sus ausencias del escenario son tristemente notadas, sus reapariciones suben el nivel del espectáculo. Sólo un pero interpretativamente hablando, Oriol Genís, con alas o sin alas, en los últimos papeles no hay diversidad, ha quedado estancado en un personaje estereotipado sin más, lástima.

Precisa la dirección de Josep Maria Miró en un cuadro que parece salido de una película ochentena de Almodovar. Por desgracia, los tiempos no han cambiado tanto. Con una escenografía que llena la calle de enseres y recuerdos de una vida, los personajes entran y salen de esta vía con más problemas que soluciones. Y la vida sigue y en El Carrer Franklin, de vida, queda poca, un montón de casas vacías mientras seres errantes buscan un presente mejor. La realidad ha vuelto a superar a la ficción. El de donde venimos y a donde vamos queda suspendido en 70 minutos de duración. Al salir de la sala, cada uno toma un camino diferente. Vivir. 

EL CARRER FRANKLIN

by on 11:42
DRAMATURGIA: LLUÏSA CUNILLÉ DIRECCIÓN: JOSEP MARIA MIRÓ INTÉRPRETES: XAVIER ALBERTÍ, MONTSE ESTEVE, ORIOL GENÍS, LINA LAMBERT y X...
Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat) | Foto: VILLALBA
Xavier Albertí s'ha encaparrat a ensenyar les parts amagades del teatre català. Si l'any passat va demostrar la validesa del teatre desinhibit, i ben popular de Serafí Pitarra, ara trenca una llança a favor dels dramaturgs catalans del primer franquisme. És el cas de Josep Palau i Fabre (Ritual de mort per a Electra) o també de Manuel de Pedrolo (La nostra mort de cada dia, des d'avui i només fins diumenge) i encara una dramatúrgia a partir del llibre de memòries El cant de la sirena de Josep Muñoz Pujol que el dramaturg Marc Chornet signa amb el nihilista títol de No obstant això, hi va haver un moment que tot era possible (4 i 5 de juny). Totes les lectures dramatitzades es fan a la Sala Tallers i es completen amb xerrades i una exposició que marca la decadència del teatre als anys 40 i 50, només compensats pel teatre de cambra, o el cicle llatí liderat per Xavier Regàs. D'aquell oblit històric, cal rescatar-ne les intencions avui.
Del treball de recerca, ha reaparegut Lluís Capdevila, un autor “fonamental” en el Paral·lel dels anys 30 que es va exiliar a Buenos Aires i del qual “avui en sabem molt poc”, lamenta Albertí. De fet, el cicle L'origen de l'Oblit ha permès rescatar dues peces escrites a l'exili i que ara ha editat la Universitat de Barcelona.
La cartellera a Barcelona era desoladora en la dècada del anys 40. Va ser una frenada en sec després que, del 1864 fins a la Guerra Civil, Catalunya fos capaç d'assimilar els tres segles de teatre europeu que anava endarrerit. El 1939, i fins ben entrats els anys 50 amb l'aparició de l'Agrupació Dramàtica de Barcelona (ADB), Catalunya va viure un parèntesi teatral. Si més no en les grans cartelleres. La censura només permetia programar en català, puntualment, autors autòctons. Totes les peces del teatre internacional (O'Neil, Tennessee Williams...) s'havien de fer en castellà. Perquè només es programaven peces de molt poc interès. Per això, de seguida que es va obrir la finestra al teatre social americà o al teatre de l'absurd de Beckett i Ionesco a través d'espais com el cicle llatí de Xavier Regàs, al Romea, el públic inquiet “fagocitava les propostes” vingudes de França i Anglaterra, comenta Albertí. L'Estat havia desistit ja de fer gires de les companyies estatals amb els títols dels autors de referència internacional. Sí que es va poder veure, en comptagotes, títols com l'existencialista A puerta cerrada, de Sartre (1948) com es recull en una exposició feta amb material del Museu d'Arts Escèniques (ME) de l'Intitut del Teatre.O bé La rosa tatuada i Un tranvía llamado deseo de Tennesse Williams, sota direcció de De Cabo. El teatre de Pirandello, per exemple, va arribar a Barcelona gràcies a les gires que les actrius italianes, que ja tenien la ciutat com a plaça fixa als anys 30, seguien presentant novetats.
El teatre era, en aquells anys, però, un fet majoritàriament clandestí. El mateix Adolfo Marsillach en feia referència a l'article “Actores al aire libre” (1958). Només un públic molt inquiet mantenia la inquietud a través d'un teatre de cambra, molt minoritari, És en aquest espai on també es podrien veure les provatures. Manuel de Pedrolo, després de guanyar tots els premis de textos teatrals possibles, va deixar d'escriure al cap de dos anys perquè no aconseguia estrenar-los. L'obra havia de superar la censura prèvia, cosa que convidava que els textos es tenyissin d'un conceptualisme fosc (inspirant-se en Beckett i en el teatre de l'absurd de Ionesco del moment) per superar aquell primer estadi.
Als finals dels 50, el panorama comença a canviar. Ja s'ha produït i digerit l'èxit de La ferida lluminosa de Sagarra. De fet, la peça, estrenada amb èxit en català a Barcelona, posteriorment faria temporada a Madrid. I encara seria el primer muntatge que s'emetria (a una hora ben poc atractiva com era un dimarts per la tarda) a Catalunya a través de la TVE. També és pels volts dels 50 que pren forma l'ADB, que ràpidament es transformaria en l'Escola d'Art Dramàtic Adrià Gual, liderat per un Ricard Salvat tornat d'Alemanya i amb la forma molt ben apresa d'interpretar Brecht. Semblava que era l'única manera possible d'afrontar aquell teatre però, després de la caiguda del Mur de Berlín es va poder comprovar que les companyies de teatre de l'Europa de l'Est havien variat molt la seva manera de presentar-lo a escena, comenta Xavier Albertí.
Marta Gil Polo és la directora d'assumir la posada en escena de La nostra mort de cada dia. De fet, l'encàrrec del TNC és que afrontin una lectura dramatitzada, i disposen de 15 dies per preparar-ho. L'ambició de la companyia (com també va passar amb L'esquella de la torratxa, a càrrec d'Egos Teatre) ha fet que hi dediquin més dies d'assaig per disposar d'un espectacle més tancat i amb el qual provar de fer temporada en una altra sala, més endavant (o al mateix TNC, com va passar amb el Liceistes y cruzados, dirigit per Jordi Prat i Coll).
Per la directora, que desconeixia l'obra teatral d'aquest autor conegut per novel·les com el Mecanoscrit del segon origen,calia afrontar La nostra mort de cada dia amb ulleres de comèdia i algun toc de drama burgès. I és que la trama exposa com un senyor molt educat, la Mort, es presenta a casa d'una família a buscar una filla. Els pares proven de canviar-li la filla per l'àvia (aquesta no està gens disposada a formar part del canvi!) i, mentrestant, la filla petita s'enamora bojament d'aquell galant. Darrere el sarcasme hi ha una pregunta que rossega la directora: “Si cada dia morim una mica, per què ens fa por la mort? No serà que ens fa por el viure?” Els personatges de Pedrolo, de fet, són antagònics, perquè si la mort és el “més viu” els humans són els que mostren més por i mort davant de tot canvi.
Marc Chornet s'ha atrevit a fer una dramatúrgia de Muñoz Pujol a partir del seu llibre de memòries i també d'obres escrites seves. Si l'autor vol ser ascèptic i un punt historiador i periodista en la seva anàlisi, Chornet, s'ha deixat anar més per la creació. Si en el temps gris del franquisme hi havia un compromís inequívoc (“tot el que és possible s'ha de fer”), avui Chornet hi suma un punt de crítica: “Què hem fet de tot allò que era possible i no vam acabar fent? Som nosaltres dignes hereus?”
El cicle va començar fa unes setmanes amb l'estrena inèdita de Mots de ritual per a Electra (del 6 fins al 17 de maig) de Palau i Fabre. Coca considera que el mateix Palau i Fabre deixaria d'escriure teatre per considerar-la la seva peça més ben acabada. Han calgut 60 anys per estrenar-la. Quant i quant d'oblit!