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Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

"Si podéis amarme, rezad allí donde por mí os lleven las naves". Este es uno de los gritos que Hécuba lanza a los cuatro vientos de la tragedia que se levanta sobre las ruinas y las brasas de una Troya desolada. Banderas rotas, escombros, zapatos vacíos, manos que surgen de los ladrillos, un campo de refugiados... Ni es Guernica, ni es Siria. Es el alma humana, que José Carlos Plaza (Madrid, 1943) escenifica con las palabras de Eurípides, tan inmortales como los dioses que hacen de la perra Hécuba un monumento al dolor. Ojos y oídos que engañan, noches que asaltan. Tras un largo periplo que arrancó en el Festival de Mérida, Plaza y Concha Velasco llevan este jueves al Teatro Español una obra pocas veces representada en nuestro país en su totalidad y que, hasta la fecha, sólo actrices como Vanessa Redgrave habían afrontado. 

¿Cómo espera que sea el recibimiento de Hécuba en Madrid? 
En los parámetros en los que se mueve la actual sociedad ya no me atrevo a esperar nada. Este es un trabajo profundamente honrado y muy riguroso que huye de lo falaz y de la mentira y que habla de lo que es justo y legal, del sentido profundo del Justicia. En fin, un tanto a contracorriente. 

¿Qué recuerdo guarda de su estreno en Mérida?
Como el de un hermoso sueño. La pasión, la inteligencia y la entrega de un público extraordinario, rendido, sobre todo, ante una de sus señas de identidad: Concha Velasco.

¿Qué ha sido lo mejor del trabajar con ella? 
Su profundidad, su inteligencia, su técnica y su honestidad. Ella tiene una entrega y una enorme humildad frente al trabajo como sólo los seres grandes son capaces de tener. 

Juan Pedro Carrión, Juan Egea... parece que ha recurrido a actores de confianza.
Después de tantos años mi deseo es trabajar sólo con profesionales... y hay muy pocos, muy pocos. El teatro para mí es una profesión dificilísima, de modo que siempre que ellos me lo permitan les pediré que trabajen conmigo.

¿Qué significado tiene para usted el "aullido" de Hécuba aquí y ahora? 
Pues es el mío, es nuestro aullido, el de la gente que vive en este país.Cuando alguien vapuleado, engañado y desposeído no puede razonar más, ni pedir más, ni suplicar más, ni gemir más, el dolor se convierte en aullido y el alma buena del hombre se animaliza.

¿Pueden clásicos como Eurípides romper aún convenciones? 
Si no lo hicieran dejarían de ser clásicos. El conocimiento griego sobre el hombre aún no se ha superado y salta sobre falsedades y cegueras que los poderes se empecinan en poner ante los ojos de un pueblo... El pensamiento griego sigue haciendo pensar al hombre sobre su interior y pone su mirada en lo que le rodea. Eso hoy día es hasta revolucionario.

¿De qué forma pueden levantar estos clásicos una sociedad en crisis?
Para levantar una sociedad en crisis hay que reconocer y revelar lo que la ha provocado realmente, no echar la culpa a los demás. Después es necesario valor para enfrentarse a ese mal sin ambages y destruirlo. Valor, conocimiento y sinceridad son valores que ya estaban en Eurípides. 

¿Qué aspecto de la obra considera que tiene mayor actualidad? 
Todo lo que atañe al comportamiento humano. Por ejemplo, la mendacidad de Ulises. Para él todo vale con tal de hacer prevalecer sus valores. La indefensión de Polixena o la confusión de las mujeres troyanas a la espera de no se sabe qué horrible final, aunque considero que lo más actual, lo mas identificable es la avidez corrupta de Poliméstor pasando por encima cadáveres para conseguir dinero y poder. Sería interminable, desgraciadamente, enumerar las enormes coincidencias que nos igualan a la situación descrita por Eurípides... pero por encima de todo la enorme lucidez de una mujer que es capaz de llegar a lo más abyecto del ser humano, reconocerlo y admitir que su acción, comprensible pero nunca justificable, la arrastrará hasta el final de su vida.

¿Tiene cinco calificativos para esta Hécuba? 
Lúcida, capaz, honesta, brutal, Madre-tierra. 

¿Hay muchas diferencias de este montaje con respecto al que vimos en Mérida? 
No, ya que la obra se pensó así desde un principio para toda España. Está basada para distintos tamaños de la escena. En lo esencial es el mismo.

¿Cómo fue la colaboración con Juan Mayorga? ¿Qué puso él y qué usted en la versión final? 
Juan y yo es la segunda vez que trabajamos juntos... Recuerdo el trabajo a fondo con su versión del texto original. Y, bueno, es tan generoso... Otro grande que permite que yo le haga ciertas sugerencias que ayudaron a llevar a cabo mi concepto del montaje. Muy fácil. 

¿Cree que se trata bien a los clásicos? 
Creo que se hacen muy poco y a veces, como todo el resto del teatro, muy superficialmente, con demasiadas ocurrencias banales y poco contenido, otras veces de una manera extraordinaria. De los grandes montajes de textos clásicos que he visto -dentro y fuera-, los mejores han sido creados aquí. 

José Carlos Plaza nos deja con un pie en el estribo para seguir creando. Tras contemplar su Hécuba bien situada en el epicentro madrileño se irá a Portugal y Perú con su versión de El gato montés, de Manuel Penella. También seguirá con El auténtico Oeste, de Sam Shepard, que pudo verse en el vestíbulo del Lara, y mira de reojo para la próxima temporada el montaje de Olivia y Eugenio, de Herbert Morote.

TEXTO: MANUEL CALZADA PÉREZ
DIRECCIÓN: JOSÉ CARLOS PLAZA
INTÉRPRETES: VICKY PEÑA, HELIO PEDREGAL, LANDER IGLESIAS y la voz de JOSÉ PEDRO CARRIÓN
DURACIÓN: 1h 30min
PRODUCCIÓN: LA ABADÍA y ANADRAMÁPETE
TEATRE ROMEA 

Hay mujeres olvidadas por la historia, un olvido que ha sido voluntario normalmente al vivir en un mundo en el que todavía hoy lo dominan los hombres machos. Este montaje es un honesto y sincero homenaje a una de las mujeres más desconocidas. Sí, a muchos le sonará el nombre, pero más allá de que elaboró un diccionario poco podrán decir.

Manuel Calzada, un dramaturgo que se estrena en escena con esta obra, hace un recorrido por la vida de Maria Moliner mezclando historia (República, Transición, rojos y nacionales...), vida profesional (elaboración durante más de 15 años de su diccionario) y vida personal (ama de casa que mientras cuida de su família y zurce calcetines se dedica a elaborar las fichas de su gran proyecto, el Diccionario). El texto juega continuamente con el lenguaje, cosa que se agradece, ya que asistimos a un drama, no sólo vital, sino la decadencia de una persona que dedicó toda su vida a las letras (primero bibliotecaria, lexicógrafa y luego a su diccionario) y que como muchas otras cayó en el olvido personal y profesional.

Impresionante la interpretación de Vicky Peña como María Moliner, sus matices gestuales, su tono de voz, su caracterización todo está milimétricamente diseñado para hacerla brillar sobre el escenario. A pesar de que es una obra a tres voces, la de su médico, la de su marido, este montaje es un homenaje a ella, y será María quien nos explique la historia como si el público fueran los asistentes al acto ficticio de presentación de su ingreso en la Real Academia.

Quizás para estar a la altura de las interpretaciones y del texto, los puntos fuertes de la obra, el montaje peca de conservadurismo. No es que sea necesario que salgan fuegos artificiales del escenario, pero las escenas, los cambios de escena, podrían aportar alguna cosa más que paso del tiempo. La escenografía resulta meramente decorativa y el espectador se puede llegar a preguntar para qué sirve el armario que permanece intocable al fondo de la escena. Lo único que hace saltar la atención del espectador son los continuos flashbacks, que requieren una especial concentración porque no cuadran con la historia y a veces pueden parecer meros pegotes de continuidad.

El Diccionario es un montaje necesario de ver. No conocía la historia de esta mujer más allá de su diccionario, y como otras muchas fue propulsora de tantas cosas, pero sobre todo de la defensa más importante, la Libertad, su libertad como mujer y como persona. María Moliner es una de tantas a las que la historia la han dejado en el olvido, no sólo a algunas que tuvieron renombre, sino a todas aquellas voces anónimas, que aún hoy siguen en silencio, aunque no se dedicaran sólo a zurcir calcetines.

EL DICCIONARIO

by on 18:38
TEXTO: MANUEL CALZADA PÉREZ DIRECCIÓN: JOSÉ CARLOS PLAZA INTÉRPRETES: VICKY PEÑA, HELIO PEDREGAL, LANDER IGLESIAS y la voz de JOSÉ P...
Font: Laura Serra (ara.cat)

Vicky Peña va descobrir María Moliner quan li va caure a les mans l'obra de teatre El diccionario, l'opera prima de Manuel Calzada Pérez. No només la va colpir la història d'una dona "que va ser relegada a l'ostracisme pel franquisme a un lloc que no li corresponia per la seva talla intel·lectual", sinó que també la va commoure l'estructura d'un espectacle "vibrant". L'obra, dirigida per José Carlos Plaza i estrenada a La Abadía de Madrid, arrenca quan a María Moliner li diagnostiquen una malaltia que li farà perdre la memòria i, per tant, les paraules. Una veritable tragèdia per a una bibliotecària que va dedicar la seva vida a crear el contundent Diccionario de uso del español. "Es va adonar que al diccionari de la Real Academia Española de la llengua hi havia definicions que tenien un matís ideològic, com la paraula dictador", explicava Calzada, recordant que la RAE també ha modificat recentment paraules com nacionalismo o referéndum. El seu diccionari, publicat el 1967, ampliava i esmenava la plana a l'Academia.
El Teatre Romea acollirà fins al 10 de febrer El diccionario. L'obra es planteja com un viatge al passat en què Moliner es troba amb el seu marit, un científic d'esquerres a qui el franquisme va prendre la càtedra, i el metge que la va tractar, un home conservador i masclista a qui canviarà la vida. "Una dona als anys 60 o 70 ho tenia cru si volia manifestar-se fora de la cuina de casa", deia l'actor Helio Pedregal. Moliner no només va ocupar-se dels seus germans quan el pare els va abandonar, sinó que va superar la mort d'una filla i els entrebancs del règim. "Va tenir una vida plena d'adversitats, que va superar amb tenacitat", deia l'autor del text. Es va passar la vida fent fitxetes per a totes les paraules del món i, com ella va dir, sargint mitjons.


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Se puede colegir que estamos ante algo excepcional, simplemente por el hecho de que un autor novel (Manuel Calzada), con un texto inédito que en principio podría parecer árido (la vida y obra de la bibliotecaria María Moliner), ha conseguido que se estrene en un templo sagrado de la escena como es el Teatro de la Abadía de Madrid (que dirige el actor y académico José Luis Gómez), donde se estrena el día 29. Todo ello con la puesta en escena de un gurú del teatro español (José Carlos Plaza), una protagonista convertida en una gran actriz reclamada por numerosos productores (Viky Peña), dos actores de reconocido prestigio (Helio Pedregal y Lander Iglesias) y un equipo de primera (el escenógrafo e iluminador Paco Leal, el figurinista Pedro Moreno y el músico Mariano Díaz). El propio autor califica de “odisea” haber conseguido esto en tiempos de crisis.
Al leer la obra, Plaza quedó enormemente sorprendido: “Lo más admirable y difícil es que escribe algo muy enraizado en nuestra sociedad con una perfecta dramaturgia y enhebrado en un hecho teatral muy bueno”. Porque el texto inédito de Manuel Calzada nos introduce en la historia de esta mujer, pionera en la cultura española, a través de momentos clave de su vida para que, como dice uno de los personajes, “el tiempo acabe poniendo a cada cual en su sitio”.
El diccionario esta hilado con momentos de humor, ternura y el memorable retrato de una mujer imprescindible. “Se reivindica a María como ser único e irrepetible de la cultura española, como mujer luchadora y trabajadora en un momento difícil y áspero, y como persona de letras que acomete una empresa mayúscula frente a una institución, la Real Academia Española y su diccionario, poniendo en solfa cosas establecidas con las que ella no estaba de acuerdo”, apunta Peña.
Por su parte el director del montaje señala que “Calzada logra enamorarnos de un personaje que, siendo real, ya vuela en escena como los grandes personajes del teatro…”. Para Plaza, la lucha del autor para conseguir que su obra llegue al escenario es solo comparable con la de María para sacar adelante la suya. “La fuerza y tenacidad de una ha contagiado al otro”, concluye.
El proyecto surge cuando Calzada descubre que Moliner sufrió arteriosclerosis cerebral. “Me sobrecogió esa canallada del destino y empecé a incubar la obra”. En ella ha querido plasmar la emoción que transmite la vida y avatares de esta mujer. “Y, por encima de todo, la enseñanza sobre qué es la libertad y cómo podemos alcanzarla”, señala el autor de esta producción de La Abadía y Anadramápete.
El director sostiene que El diccionario muestra el esfuerzo de un ser humano que logra, por su capacidad y voluntad, transformar la sociedad: “Como deberíamos hacer todos; porque dentro de cada uno está esa capacidad, y la hemos olvidado. Eso es lo fundamental de este montaje”.
Peña sostiene que la obra habla de la ética personal y la integridad: “Vemos como alguien puede enfrentarse al signo de los tiempos, aunque no sea su verso el que domina; María lo hace de modo callado, silente, pero eficaz y en circunstancias adversas”.
La obra aborda asuntos pendientes sobre las cimas alcanzadas por María Moliner. Tres aspectos interesan especialmente a Pedregal, quien interpreta al médico de la autora del dicicionario. “Por un lado que se la haga justicia, por otro que se reflexione sobre la mujer en el siglo XX y, por último, ver esa lección maravillosa, de una oportunidad increíble, de alguien que trata la lengua, la expresión hablada y escrita, con un profundísimo respeto y amor”, señala el actor, muy emocionado de que Moliner hiciera su trabajo, tan complejo y difícil, teniendo en contra problemas familiares, políticos, su condición de republicana y de mujer.
“Moliner hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana”, escribió en su día García Márquez, quien recordó, poco después de la muerte de la diccionarista, que en 1972 se presentó su candidatura a la Real Academia Española. “Pero los muy señores académicos no se atrevieron a romper su venerable tradición machista. Ella se alegró, porque le aterrorizaba la idea de pronunciar el discurso de admisión. ‘¿Qué podía decir yo’, dijo entonces, ‘si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?”.
El autor de esta pieza escénica ha aprendido mucho del carácter de Moliner y ha peleado sin resuello porque su obra viera la luz: “He tenido el apoyo absoluto de mi familia y de amigos que han creído en la obra a veces más que yo mismo: Josefina Molina y el mismo José Carlos Plaza. Y la fortuna de que Vicky y Gómez se emocionaran con el texto y apostaran por el mismo. El resto, como montar una empresa, pelearme con la contabilidad, perder la vergüenza, ser productor, relaciones públicas, mozo de carga o utilero…, ha sido coser y cantar”, dice con un peculiar sentido del humor.
“La férrea confianza de Manuel Calzada en su obra nos ha arrastrado a todos”, dice Plaza, “hemos sido afortunados de ser la ‘víctimas’ de esta riada de amor a un país que en el siglo XXI aún tiene que sobrevivir”, sostiene el director al hablar de esta propuesta que califica de “sorprendente proclama de amor a las palabras, a los matices de la expresión, a la claridad, a la manifestación de la riqueza y complejidad de nuestros sentimientos”.
A Viky Peña le ha tocado la fibra el hecho de que esta pieza, de algún modo, reivindica la cultura como llave de la igualdad. “Además a través de esta mujer se reivindica una línea de pensamiento, de resistencia, un modo de ejercer la libertad, esa facultad que tenemos todos pero que utilizamos de un modo un tanto arbitrario”.
El papel del marido de Moliner, un catedrático también depurado en el franquismo, lo aborda el actor Lander Iglesias, quien define la obra como un canto de emoción y un encuentro con el teatro: “El shock que me produjo este texto me recordó mis deseos con esta profesión en mis inicios, lo cual no deja de ser una doble belleza”.
Manuel Calzada dice ser consciente de que ha elegido un título, El diccionario, que puede resultar árido: “Como dice el personaje de María en la obra, un diccionario no es un tema que levante pasiones. Pero encierra con brevedad lo sustancial de la obra: las palabras, la obra titánica, la pasión por el lenguaje y, aunque sea en ausencia, el silencio, tan importante en la vida de María. No me arrepiento y espero que el título no asuste a la gente”.
Helio Pedregal recuerda una y otra vez que esta historia es una lección muy importante en el momento actual: “Todo lo que se nos ha venido encima ha hecho que la gente afloje y se amilane ante una situación tan tremenda; la lección de María Moliner es ver que el compromiso supera las circunstancias y no hay que dejarse pillar por esa depresión generalizada que nos hace tanto daño”.

Del silencio a la palabra

MANUEL CALZADA PÉREZ
María Moliner es una de las personalidades más impresionantes y desconocidas que dio el siglo XX en España. Una mujer callada que voluntariamente se apartó de la vida pública. Tenía razones para ello. Al estudiar su biografía descubrí no a un ama de casa inquieta sino a una intelectual empeñada en hacer de éste un mundo mejor. Durante la Guerra Civil redactó el Plan de Bibliotecas del Estado para el Gobierno de Valencia con el que pretendía abrir al pueblo la puerta de la cultura y a través de ella las de la igualdad y la justicia. Tras la victoria de Franco fue expedientada y degradada en el escalafón de bibliotecaria y, como tantos otros, condenada al silencio.
Un día empezó a escribir un diccionario y terminó haciendo un monumento tan impresionante y rompedor que su autora debería ser tomada por loca y en el que se atrevía a corregir a la mismísima Real Academia Española. A través de este diccionario, del prólogo, de las definiciones, María habló alto y claro. El silencio encontró una forma de escapar de la censura para expresar lo que puede llegar a alcanzar el ser humano. Un diccionario que es además una herramienta -tal vez la única posible- para que nos entendamos todos los españoles, los de un bando y los de otro. Eran otros tiempos y la Academia no la aceptó entre sus filas.
Durante sus últimos años sufrió una forma de demencia que le hizo perder, una a una, todas las palabras, hasta quedarse vacía. La mujer que fue capaz de escribir un diccionario pudo hacerlo tras tomar la más difícil de las decisiones: había elegido ser libre.
Medea y Electra, dos grandes y sanguinarias trágicas de la mitología griega, son desde 1934 las grandes protagonistas de uno de los pocos festivales que quedan en el mundo cuya especificidad hará que siempre sean recibidas con las puertas abiertas: el Festival Internacional de Teatro de Mérida.

Son las más asiduas del impresionante y bien conservado Teatro Romano con que cuenta esta muestra y curiosamente, y sin que nadie haya provocado que se dé esa circunstancia, son las dos y las únicas heroínas trágicas que llegó a representar en este escenario la gran actriz Margarita Xirgu, gracias a la cual nació este festival. Fue a raíz de que ella descubriera la existencia de este teatro, cuando un día que iba de gira paró en el coche a repostar gasolina en la ciudad emeritense y mientras estiraba las piernas avistó este singular espacio (recuperado desde 1910) y, según los testigos, empezó a gritar “¡Es un teatro!, ¡es un teatro!”. Desde entonces se le metió en la mollera que allí se debía representar teatro. Y así fue, al margen de pequeños altibajos por la terrible Guerra civil, por la terrible posguerra. Esperemos que así siga siendo a pesar del terrible panorama que le espera al mundo del teatro al que le han subido el IVA del 8% al 21%. Sin tan siquiera manejar la posibilidad de subirlo al 10% y que se quedara con el mismo tipo impositivo de que goza el futbol.
Xirgu inició en 1933 lo que hoy es el festival con una Mérida de Unamuno. Un año después trajo a Mérida uno de los grandes personajes que más enganchada la tuvieron a lo largo de su carrera:Electra, esta vez en versión de Eduardo Marquina. Ahora, 76 años después, regresa una vez más Electra de la mano de la actriz Ana Belén, con dirección de José Carlos Plaza y en versión de Vicente Molina Foix.
“Yo presento el drama familiar de dos mujeres, Electra y Clitemnestra, que han amado a dos hombres, Agamenón y Orestes, en distinto grado, y no pueden escapar de esa red de afectos, deseos carnales, celos mutuos, traiciones y abandonos”, señala Molina Foix, quien considera que el personaje es tan rico, que tiene mil aspectos en los que fijarse y no acabar de cerrarla del todo. “La mujer política, la mujer amante de dos hombres inalcanzables (o incorrectos), la hija memoriosa y rival, y ante todo la mujer que da no solo elocuencia sino conciencia a sus propósitos de venganza, que ella ve como actos de justicia”. Por su parte Plaza señala que esta es “una versión más humanista, más cercana a los hombres que a los dioses, a los sentimientos y emociones que rigen el comportamiento humano”. Una Electra, la que se estrena esta noche y permanecerá en Mérida hasta el día 29 de julio, cuya acción puede acontecer igual hace 20 siglos que dentro de veinte años: “Aquí se convierte en una defensa a ultranza de la justicia, porque la injusticia es lo peor que puede sufrir el ser humano”.
Electra (en griego antiguo Êléktra) o Laódice era una Atrida, como se llamaba a los descendientes del rey Atreo, e hija de Agamenón y Clitemnestra. El gran amor que profesaba a su padre, hizo que esta se llenara de deseos de venganza cuando Agamenón fue asesinado por Egido, amante de su madre Clitemnestra y quien pasó a ocupar el trono paterno. Ese desmesurado afecto por el padre hizo que, con el pasar de los siglos, las teorías freudianas dieran el nombre de ‘complejo de Electra’ a aquellas féminas que padecen, o gozan, un enamoramiento enfermizo hacia el padre.
También Engels reflexionó y señaló este mito como el que marca el paso de una sociedad matriarcal (algo normal en los pueblos preestatales) a una patriarcal, algo que explica detalladamente en El origen de la familia, la propiedad y el estado.
Otra sonada Electra que ha pasado por Mérida fue la que dirigió, en 1984, Santiago Paredes y con Ana Marzoa de protagonista. La versión era de Manuel de Lope, para quien esta tragedia griega “es un crimen de crónica de sucesos elevado a la potencia mitológica”. Su texto era especialmente fiel a la letra y al espíritu de Eurípides, ya que dio un gran relieve a la potencia de la venganza femenina: “Los hombres la subestimaban y a mí me gustaba esa Electra dispuesta a todo. Aquí Orestes era un bragazas”, recordaba ayer el escritor. Ana Marzoa recordaba ayer que su Electra le impactó mucho. “Estas obras que parecen tan lejanas en el tiempo son más modernas que muchas de las que se escriben este año”, señala la actriz quien tiene claro que Electra no es tan mala, “no es un bicho, su problema se recoge algo en el Siglo de Oro, con el tema de las cuestiones de honor, son fuerzas sobrenaturales, como los héroes, los dioses y los semidioses; en todo el teatro de la antigüedad, las féminas son tan fuertes e importantes como las figuras masculinas”.
En 1997 el director Eugenio Amaya puso en pie una Electra que versionó Fermín Cabal. “Hice una versión nueva donde estaba el arranque de Giraudoux, pero añadí al de Sófocles y cosas mías. Las obras de los griegos son muy emocionales y se asocia el teatro griego a algo frío, y no es así, como en su día señaló Nietsche, que vio la lucha entre lo apolíneo y lo dionisiaco”, señala Cabal quien cree que hoy no interesa el teatro clásico griego: “Solo a la gente que le interesa el teatro, porque las raíces de lo que hacemos están ahí, pero el teatro para los griegos era una ceremonia religiosa y estamos muy lejos de eso, aunque tenemos una nostalgia con el regreso a las raíces, pero es una nostalgia imposible”, concluye.
El hoy afamado director Mario Gas, ha estado en Mérida con varios montajes, entre ellos dos electras, una como actor y otra como director. Habla la que puso en escena en 2008, A Electra le sienta bien el luto, un texto en el que Eugene O’Neill recreó el texto grecolatino: “La grandeza del autor está en coger el mito y trasplantarlo a una sociedad expresionista y freudiana, con todos los fantasmas interiores. Con ese material crea una tragedia palpitante y tremenda; consigue resucitar el mito de manera muy contundente, lleno de hondura trágica y psicoanalítica, era una potente translación moderna del mito”, señala Gas quien deja claro que los griegos son los primeros que definen los componentes freudianos y psicoanalíticos posteriores. También guarda un grato recuerdo de su intervención como actor en la Electra de Antonio Simón, montaje en el que trabajó, entre otros actores, con Viky Peña, actriz con la que tiene dos hijos y uno de ellos se lama, casualmente, Orestes. “En la versión de Sanchis Sinisterra yo representaba a ese maestro-pedagogo que incita a los hermanos a la venganza y es un personajes muy enjundioso”, señala Gas de esta Electra que fue muy aclamada y bien recibida.
Entre las muchas electras que han desfilado por el Teatro Romano de Mérida hay una muy rara, la Electra de Benito Pérez Galdós, estrenada en 2010, en versión de Francisco Nieva. Esta es la hora que aún nadie se explica y nadie explica qué hacía ese montaje en un festival grecolatino. No hay más remedio que sospechar que alguien la programó por aquello de que el título de la obra era el que era. Y no fue el director del festival por aquel entonces, Francisco Suárez, quien ya dijo en su momento que se la habían impuesto “políticamente”. Debían desconocer que la obra galdosiana se llama así porque la protagonista, una joven criada en un convento, estaba llena de energía y además se enamoraba de un profesor que investigaba en la electricidad. El propio Nieva declaró entonces: “No tiene nada que ver con las electras griegas y no sé por qué está en Mérida, ¡qué disparate!”
Son muchos los dramaturgos que a lo largo de la historia han escrito partiendo de esta tragedia de este mito. Ahí están Sófocles, Esquilo, Eurípides, varias óperas entre las que destaca la Elektra de Richard Strauss, basada en la pieza teatral del mismo nombre de Hugo von Hofmannsthal (la que tomó Maquina par la electra de Xirgu) y la de Martin Levy, Eugene O’Neill, Jean Giraudous, Jean Paul Sartre (la llamóLas moscas), Marguerite Yourcenar (Electra, o La caída de las máscaras), Segio De Cecco (El reñidero), Luis Alfaro, Benjamín Galemiri, David Foley y Yael Farber, entre otros, sin olvidar las películas de Michael Cacoyannis (Con Irenes Papas) y de Luchino Visconti.
  • 1934, Electra
Versión: Hugo von Hoffmansthal
Traducción: Eduardo Marquina
Director: Cipriano Rivas Cherif
Intérpretes: Margarita Xirgu, Enrique Borrás, Pilar Muñoz, Eloisa Vigo, Amalia Sánchez Ariño, Enrique Guitart, Fernando Aguirre, Pedro López Lagar y Enrique Álvarez Diosdado
  • 1963, Electra, de Sófocles
Compañía Piraikon Theatron, de Atenas
Traducción: J. Griparis
Música: K. Kydoniatis
Director: D. Rondiris
Intérpretes: A. Papathanassiou, D. Veakis, G. Saris, D. Malavetas, A. Xenaquis, J. Mallas y D. Volanaki
  • 1984,Electra, de Eurípides
Compañía Estudio de Teatro
Versión: Manuel de Lope
Director: Santiago Paredes
Intérpretes principales: Ana Marzoa, Pedro Mari Sánchez, Encarna Paso, Fernando Chinarro, Juan Calot y Juan Echanove
  • 1987,Electra, de Eurípides
Anfiteatro Romano
Compañía Théâtre du Lierre, de París
Versión: Yves Plunian
Música: Marc Lauras
Director: Farid Payá
Intérpretes: Alooal, Vincent Audat, Luciana Castellucci, Marie-Claire Davy, Brigitte Cirla, Valerie Joly, Jean Yves Peñafiel, Nsjila Pour y Marie-Claude Vallez
  • 1997,Electra, de Jean Giraudoux
Versión libre: Fermín Cabal
Dirección: Eugenio Amaya
Intérpretes: María Luisa Borruel, José Vicente Moirón, Memé Tabares, Miguel Gallardo, Leandro Rey, Ana Trinidad, Charo Feria, María Velardiez, Beli Cienfuegos, Esteban G. Ballesteros, Eugenio García y Nieves Rebolledo
  • 2003,Electra, de Sófocles
Versión: José Sanchis Sinisterra
Dirección: Antonio Simón
Intérpretes: Angels Bassas, Mario Gas, Vicky Peña, Pep Molina, Anna Güell, Ricardo Moya, Joan Carreras, Susana Egea, Oscar Pino, Anabel Moreno y Orianna Bonet
  • 2005,A Electra le sienta bien el luto
Autor: Eugene O’Neill
Dirección: Mario Gas
Intérpretes, por orden alfabético: Adolfo Fernández, Emilio Gutiérrez Caba, Iván Hermes, Maruchi León, Mónica López, Anabel Moreno, Ricardo Moya, Constantino Romero, Albert Triola y Maru Valdivielso
  • 2007,Electra
Espectáculo multimedia
Lugar: Ribera del Guadiana (Molino de Pancaliente)
Director escénico: Pizarro
Danza: Elena Lucas y Juan Luis Leonisio
Gesto: Javier de Torres, Tano Andrades y Amparo Vinagre
Música: Leandro Alonso y Pizarro
  • 2008,Electra, de Sófocles y Eurípides
Versión y dirección: Mihai Maniutiu
Compañía: Teatral Nacional Radu Stanca de Sibiu
Intérpretes: Mariana Presecan, Ioana Craciumescu, Marian Ralea, Doru Presecan, Dan Glasé, Ofelia Popii, Florin Cosulet y Adrian Mático.
  • 2012,Electra, de Eurípides
Versión: Vicente Molina Foix
Dirección: José Carlos Plaza
Vestuario: Pedro Moreno
Música: Mariano Díaz
Intépretes: Ana Belén, Julieta Serrano, Fran Perea, Carlos Álvarez-Novoa, Juan Fernández, Alberto Berzal y José Antonio Lucia.

Fuente: Rosana Torres (www.elpais.com)

TEXTO: JOSÉ LUIS SAMPEDRO
ADAPTACIÓN: JUAN PABLO HERAS GONZÁLEZ
DIRECCIÓN: JOSÉ CARLOS PLAZA
INTÉRPRETES: HÉCTOR ALTERIO, JULIETA SERRANO, NACHO CASTRO, ISRAEL FRÍAS, SONIA GÓMEZ SILVA, CARLOS MARTÍNEZ ABARCA, CRISTINA ARRANZ y OLGA RODRÍGUEZ
PRODUCCIÓN: PENTACIÓN ESPECTÁCULOS
TEATRE GOYA

De sonrisas, pocas, ya lo aviso, quizás heladas a la salida al ver que el resultado de la adaptación teatral de otra novela había sido fallida. José Luis Sampedro describe esta obra como una caricia para los sentidos, al ver al personaje de Héctor Alterio, Bruno, como claudica ante su enfermedad, abandona el pueblo y se va a vivir a Milán con su hijo, su nuera y su nieto para recibir los tratamientos adecuados. No será la medicina la que le devuelva la vitalidad, sino su nieto y su nueva compañera de viaje, Hortensia (Julieta Serrano).

Al montaje le sobra texto y divagaciones varias sobre todo en boca de Bruno. Le sobra esa voz en off, que por características técnicas de la sala se pierde hasta no entenderse ninguna de sus frases en más de una ocasión. Héctor Alterio vaga por el escenario como si le costase trabajo andar, hablar y se acabara de levantar por la mañana, su falta de fuerza es desesperante. Le acompaña una Julieta Serrano que inspira todo lo contrario, fuerza, emoción, pero ella sola no puede salvar la función. 

Los personajes secundarios están muy desdibujados, y a veces más que aportar, molestan. Otro de los principales problemas del montaje es la dicción y el engolamiento que parece ser la solución de lo primero, pero que no consigue más que agravar la situación. El caso más acuciante es el de Renato (Nacho Castro), hijo de Bruno, cuya dicción llega a resultar incluso molesta en determinados momentos.

En tiempos de crisis, las escenografías también sufren. Aquí observamos tres paredes donde se van proyectando diferentes ambientes. Este escaso cambio de muebles, unido a un texto donde la acción brilla por su ausencia y cada salto de guión es interminable, convierten al montaje en un cúmulo de escenas aburridas y faltas de la frescura y la ternura que su autor quiso para ellas.

LA SONRISA ETRUSCA

by on 13:35
TEXTO: JOSÉ LUIS SAMPEDRO ADAPTACIÓN: JUAN PABLO HERAS GONZÁLEZ DIRECCIÓN: JOSÉ CARLOS PLAZA INTÉRPRETES: HÉCTOR ALTERIO, JULIETA ...