El Festival de Otoño acabó hace apenas unos meses pero ya está otra vez en danza. Llamado ahora 'Festival de Otoño en Primavera', tras el cambio de fechas decidido por la Comunidad de Madrid por la protesta de empresarios privados que acusaban al certamen de competencia desleal con sus estrenos al inicio de temporada, comenzará su XXVII edición el 12 de mayo. Desde día y hasta el 6 de junio ofrecerá 32 espectáculos de teatro, danza, circo y música de los que la inmensa mayoría son estrenos en Madrid o España creados o protagonizados por algunas de las estrellas de la escena europea sobre todo. Así pasarán por la capital artistas como Peter Brook, Deborah Wagner, Luc Bondy, Declan Donnellan, Ute Lemper, Jerôme Deschamps, Philippe y Decouflé que compartirán participación en el festival con Mario Gas, Daniel Veronese, Rodrigo García o Rocío Molina.

El que puede ser el plato fuerte del festival llegará cocinado desde el Reino Unido. Wagner, que estuvo por última vez hace dos años en la muestra, presentará en la capital Tierra baldía. Con la adaptación del poema de T. S. Elliot la directora vuelve a los orígenes de su compañía, pues debutó en 1993 con el montaje que interpretó, y hará en Madrid, la famosa actriz Fiona Shaw en 1993. La producción es en realidad una corta producción en tiempo ya que dura menos de 35 minutos.

También del Reino Unido procede uno de los magos de la escena que estarán en el Festival. Es Donellan, un habitual de los escenarios españoles, que volverá a Madrid con su nuevo 'Shakespeare'. Nada más y nada menos que Macbeth, un texto alejado de las obras del autor inglés que representaba últimamente.

El trío de ases británico se completa con Brook, aunque el director reside desde hace años en París. Allí tiene su centro y compañía, con la que regresará a Madrid para representar 11 and 12. La obra es un recorrido por África, continente con el que Brook ya ha trabajado otras veces, que parte de una discusión anodina para sumergirse en el colonialismo y las luchas intestinas que allí han ocurrido y ocurren.

Con acento original español hay dos propuestas que destacan sobre las demás. Son Del maravilloso mundo de los animales: los corderos, un texto del argentino Veronese, también director, que interpreta la compañía andaluza Histrión Teatro, y García, quien con su grupo habitual de actores estrenará Muerte y reencarnación en un cowboy.

Más mestizos son espectáculos como el de Decouflé. El coreógrafo francés ha partido de la danza para adentrarse en el mundo del burlesque, circo y otros lenguajes en Coeurs Croisés. También en Francia tiene el origen Genre obligue, aunque la presencia española es contundente. Por una lado la obra parte del drama de Juana la Loca y por el otro sus creadoras son la catalana Roser Montlló y la gala Brigitte Seth. De danza pura el programa acoge Cuando las piedras vuelan y Babel. La primera es la nueva producción de la joven bailaora Rocío Molina, que tiene encandilados a la crítica y a los aficionados, mientras que el segundo es una creación de Sidi Larbi Cherkaonui y Damien Jalet.

Otra de las estrellas que regresa al festival es Ute Lemper. La actriz y cantante comparte proyecto con Mario Gas en The Bukowsky Proyect, una suma de recital y concierto. En el primero Lemper interpretará parte de su repertorio habitual con canciones de Brecht-Weill y en el segundo se le unirá el español para recorrer juntos el salvaje camino del escritor norteamericano. Y entre las presencias que no suelen levantar gran expectación antes de levantar el telón, pero que luego dejan con la boca abierta a los espectadores está la de Victoria Chaplin. La hija del genio llegará a Madrid con una de sus hijas para interpretar El oratorio de Aurélia, un montaje que como siga la senda de los anteriores trabajos de Victoria puede ser memorable.

Fuente: Rafael Esteban (www.elmundo.es)


El fotógrafo barcelonés Ros Ribas recogerá el 3 de mayo el Premio Max 2010 de la Crítica por sus más de 30 años dedicados a inmortalizar la fugacidad de los espetáculos teatrales de múltiples directores, entre ellos Calixto Bieito, Gerardo Vera, Àlex Rigola, Lluís Pasqual y Patrice Chérau.

Fundador del Teatre Lliure en 1976, Ribas es un testigo "imprescindible" de la historia más reciente de la cultura española, porque gracias a sus fotografías el teatro dejó de ser efímero. Montajes como '2666', 'Divinas Palabras' y 'El tiempo y la habitación" permanecen en la retina colectiva con todo detalle gracias a Ribas, por lo que los Max le concederán el premio, según informaron hoy en un comunicado.

El Premio Max de la Crítica es uno de los cuatro que se otorgan por designación directa en esta XIII edición, junto al Premio Hispanoamericano, el de Nuevas Tendencias y el de Honor.

La entrega de galardones se hará en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Fuente: www.lavanguardia.es


TEXT: MARGUERITE DURAS
TRADUCCIÓ: MARIA LUCCHETTI
DIRECCIÓ: LURDES BARBA
INTÈRPRETS: ÀUREA MÁRQUEZ i XAVIER RIPOLL
PRODUCCIÓ: TEATRE PONENT
CIRCOL MALDÀ


Estem davant de la radiografia de les cendres, encara sense apagar, d'una parella. Tres anys després es retroben en un vestíbul d'un hotel, aquell que els va unir per sempre. La nuesa de l'espai fa que el text sigui el veritable protagonista. Els personatges són text i silencis, de vegades incrementen el valor del primer, d'altres ajuden a crear una tensió que trasbalsa.

S'han de veure per última vegada i comença la reconstrucció del puzle. Hora i escaig de retrets, de confidències, de paraules. Escassos moviments, no hi ha lloc, tampoc hi calen. El silenci i el text ja parlen per si mateixos, no calen afegir res més. Mirades que fan saltar espurnes, alguna llàgrima mal dissimulada, algun somriure tremolós i distant. Tot molt contingut i dissimulat. No hi ha res que sobri però tampoc cap mancança.

Superbs Àurea Márquez i Xavier Ripoll amb els seus personatges continguts, que han de mantenir el seu cor a ratlla. Tot flueix, però res és desborda. Mantenen l'estira-i-arronsa fins al límits, però sense sobrepassar-lo. Tota la tristesa, la tensió, l'esgotament que pateixen, tot es troba en una justa mesura matemàtica.

Un exercici de teatre en estat pur, on els actors es despullen l'ànima i es converteixen en cossos a favor de la paraula, que fereix, que penetra fins al més profund del ser humà per a no deixar-li indiferent. Simplement, impressionant!

LA MÚSICA SEGONA

by on 18:36
TEXT: MARGUERITE DURAS TRADUCCIÓ: MARIA LUCCHETTI DIRECCIÓ: LURDES BARBA INTÈRPRETS: ÀUREA MÁRQUEZ i XAVIER RIPOLL PRODUCCIÓ: TEATRE PONENT ...
¿Escribió Shakespeare las obras de Shakespeare? La verdadera identidad del mayor dramaturgo de todos los tiempos, que legó obras repletas de símbolos universales como la pasión, la ambigüedad, la sátira o el instinto político, sigue dividiendo a los círculos culturales casi 400 años después de la muerte del bardo de Stratford-upon-Avon (1564-1616). ¿Fue un impostor, un fraude, la firma tapadera de un personaje más ilustrado? Las teorías conspirativas nunca han dejado de estar en boga, pero en la era de Internet disponen incluso de mejor tribuna.

Representantes de la crema teatral británica como Derek Jacobi o Vanessa Redgrave se han apuntado a esa corriente de escepticismo. El director Mark Rylance sostiene sin miramientos que la creación de Hamlet, Otelo o Macbeth fue producto de una "cábala literaria" de la que formaba parte sir Francis Bacon. Antes que ellos, otras figuras de renombre como Mark Twain, Henry James o Sigmund Freud mostraron parecidos prejuicios culturales apoyándose en un cierto esnobismo y en unos cimbeles más que precarios en opinión del escritor estadounidense James Shapiro, que ha desmontado todas estas teorías en su libro Contested Will: who wrote Shakespeare?

¿Cómo pudo el hijo de un vulgar comerciante de lana, carnicero y arrendatario, un hombre de estudios limitados que escribía para pagar sus deudas y que nunca viajó, entender el mundo de reyes y cortesanos, tratar asuntos de Estado, filosofía, leyes, música o el arte de la cetrería? Shapiro, profesor de la Universidad de Columbia y experto en la obra del autor inglés (a quien ya dedicó el libro Un año en la vida de William Shakespeare: 1599), propone un recorrido histórico por algunas de las teorías negacionistas de mayor eco para subrayar, ante todo, su anacronismo: las suspicacias sobre la pluma de Shakespeare no surgen hasta 200 años después de su muerte. Nadie antes encaró la lectura de sus obras teniendo en cuenta la biografía del creador.

Denso en historias y argumentos, al tiempo que ameno, Contested Will: who wrote Shakespeare? relata cómo las teorías alternativas nacen a principios del siglo XIX, cuando se afianza la asunción de que los trabajos artísticos son reflejo de las claves personales del autor y deben ser interpretados como una autobiografía, incluso espiritual según los románticos. La estadounidense Delia Bacon, hija de un predicador visionario, sostenía en un estudio publicado en 1857 que Shakespeare era "un iletrado y actor de cuarta fila, demasiado estúpido" para haber concebido una obra que manifestaba "los últimos refinamientos de la más alta educación parisina". Eligió como alternativa al poeta, filósofo y científico Francis Bacon (con quien no guardaba parentesco) con el argumento de que su secreto odio hacia el despotismo monárquico le obligaba a recurrir a un seudónimo.

Influida por las ideas de Mark Twain -quien también sostenía que Isabel I era en realidad un hombre-, Delia Bacon no aportó más que elucubraciones al debate aunque, a su muerte en un psiquiátrico, una nueva generación tomó el testigo con una vasta producción de artículos. En 1920, el profesor T. J. Looney atribuyó en un libro la autoría de las obras a Edward de Vere, conde de Oxford, basándose en sus conocimientos de cetrería, en la coincidencia de que tenía tres hijas -como el rey Lear- y otras generalidades. Looney pasa por alto que el conde murió en 1604, antes de que se escribiera el grueso de la obra shakesperiana. Ello no fue óbice para que Sigmund Freud abrazara la teoría como alimento de sus propias obsesiones: relacionó el complejo de Edipo de Hamlet con el de Edward de Vere, impotente ante la boda de su madre con otro hombre tras enviudar.

Otra tesis sostiene que el dramaturgo y poeta inglés Christopher Marlowe -asesinado en 1593- fingió su muerte para seguir escribiendo bajo el nombre de William Shakespeare, de quien era coetáneo. Esta teoría denota, según Shapiro, la resistencia entre un vasto sector del mundo académico a aceptar que William Shakespeare escribió varias de sus obras en coautoría. Porque Marlowe fue uno de esos colaboradores, en una práctica habitual en los tiempos del teatro isabelino. Incluso hoy, añade, los estudiosos están muy lejos de entender cómo el bardo y sus coautores repartían tramas y personajes, revisaban sus respectivos trabajos o unificaban estilos.

Lo cierto es que apenas un puñado de documentos atestigua la singladura privada del escritor que dejó tal huella en la literatura universal. Ni siquiera existe absoluta certeza sobre los verdaderos rasgos de su físico, objeto perenne de controversia entre historiadores y expertos del mundo del arte. Pero el veredicto de Shapiro es una defensa en toda regla del hombre de Stratford. Su retrato le presenta como un hombre de teatro, que leía, observaba, escuchaba y volcaba todo en unas obras que reflejan el genio de la imaginación. Shakespeare, concluye Shapiro, sí escribió a Shakespeare.

Fuente: Patricia Tubella (www.elpais.com)


Es paradójico que una obra tan abierta a interpretaciones como Final de partida, de Samuel Beckett, siempre acabe apuntando al mismo sitio: el que conduce a nuestra propia herida. ¿En qué momento el padre dejó de ser padre para convertirse en tirano y en qué momento el hijo dejó de ser hijo para convertirse en siervo? O, en otras palabras, ¿en qué momento se fastidió todo? Krystian Lupa (uno de los grandes del teatro europeo, conocido por sus montajes de vocación filosófica a partir de textos de Bernhard, Musil, Dostoievski o Rilke) nunca había abordado al dramaturgo irlandés. Ahora, y gracias a la insistencia de José Luis Gómez, lo hará a partir del 10 de abril en el teatro La Abadía de Madrid.

Para su versión de Final de partida, que Beckett escribió entre 1954 y 1956, el director polaco ha sentado a Gómez en la silla de ruedas de Hamm, hombre ciego que ha desterrado todo sentimentalismo de su vida y que sin embargo, ya cerca de ese final de partida, implora a su lacayo Clov (que lleva toda una vida amenazando con irse sin irse) alguna palabra que pueda evocar su "corazón". Beckett parece hablar -aunque él mismo decía que nadie buscara explicaciones deFinal de partida más allá de la propia obra- de la soledad, la vejez, la inocencia, la desmemoria, la dependencia, el mal y, en definitiva, todo lo que esconde este grito del bufón Clov: "Se me ha dicho, todos estos heridos de muerte, con qué ciencia se les cuida".

El martes, frente al escenario de La Abadía, había una mesa de trabajo llena de libros, apuntes, botellas de agua y un maría moliner. Allí, Lupa (Jastrzebiu, Zdrój, Polonia, 1943) proyectaba su inmensa voz para explicar a José Luis Gómez (Huelva, 1940) por qué se resistía a llevar a escena al autor de Esperando a Godot.

Krystian Lupa. Con Beckett siempre he tenido la sensación de estar ante textos muy dictatoriales. No hablo de los diálogos, geniales, sino de las acotaciones. En un principio acepté hacer un Beckett si era una adaptación muy libre. Pero mi imposición resultó innecesaria porque lo que he aprendido aquí es que en el mundo de Beckett lo no hablado es tan enorme, tan libre e inmenso, que no hace falta saltarse una sola palabra.

José Luis Gómez. Es la ventaja de lo no explícito.

K. L. Era muy listo. Y como no podía imponer un cambio en la estética teatral de su tiempo escribió de tal manera que impuso ese cambio desde el texto mismo. Sabía que tarde o temprano se saldría con la suya. Los protagonistas de Final de partida o mienten o callan la mayor parte del tiempo. Y sin embargo, y ahí está el genio del autor, lo que de verdad quieren contar está en todo momento presente. Sólo hay que saber llegar y comprender.

J. L. G. Eso me recuerda a una frase que el otro día soltaste y que nos apuntamos religiosamente. "El cinismo representa con frecuencia la postura del metafísico hacia el sentimentalismo omnipresente". Lo que hemos podido averiguar durante el trabajo que llevamos hecho es que estos personajes tienen un caudal emotivo forjado en el sufrimiento, en el dolor, en el egoísmo frustrado... y que las asociaciones y proyecciones que vemos de estos personajes son terriblemente realistas.

K. L. Es que Beckett no busca una forma literaria surrealista o antirrealista, aunque su mundo y su manera de observar lo que le rodeaba sí lo era. Estoy convencido, aunque no todo el mundo lo perciba así, de que para Beckett Hamm es un personaje muy íntimo y secretamente muy personal.

J. L. G. Creo que es imposible entender esta obra sin asumir que está escrita por un hombre profundamente marcado por la II Guerra Mundial, algo que refleja el testimonio que dejó de su trabajo en el hospital en la ciudad devastada de Normandía, Saint-Lô. De alguna manera Final de partida es una memoria intensa y muy cifrada de ese tiempo.

K. L. Hasta la II Guerra Mundial estuvimos arraigados en la ilusión de que todos somos buenos, piadosos y humanos. Entonces, millones de estos piadosos obreros y sastres empezaron a matar a otros obreros y sastres de una forma que ni ellos mismos han podido comprender. Hemos encerrado la bestia en una jaula, pero no la hemos transformado.

J. L. G. Me parece que este texto también está significando para ti un enorme trabajo de introspección. Un viaje a ti mismo.

K. L. Absoluta e inesperadamente. No creía que este fuera a ser un viaje tan profundo. Lo que ha surgido aquí en el sentido intelectual es la erupción de un volcán que no puede parar. Si pudiésemos seguir trabajando sobre esta obra sería un trabajo sin fin. Sé que los actores estáis ya desesperados, pero uno descubre en cada momento nuevas perspectivas.

J. L. G. Vi hace poco la película de Andrzej Wajda Katyn, que me parece admirable aunque sé que a los polacos no tanto. El caso es que nosotros no hemos tenido la suerte de tener una mirada tan valiente a nuestra propia memoria histórica. Más aún, seguimos tropezando con una sociedad heredera de otra que pasó y hasta vemos cómo un partido como la Falange presenta una querella contra Garzón, el único juez que ha intentado investigar los crímenes de guerra. Para poder vivir tranquilos siempre hace falta un proceso de reparación.

K. L. Pero ese proceso siempre será insatisfactorio. Hace falta un nuevo campo para que nazca un nuevo ser humano. Nosotros estamos demasiados aterrorizados. Y bajo esa oscuridad, bajo ese miedo, el ser humano ya no puede ver a otro ser humano. Sólo vemos enemigos. En Final de partida la relación entre el miedo y el poder es muy interesante. El miedo a lo desconocido en el otro ser humano. Eso que por ignorancia llamamos enemigo. Sobre la película de Wadja diré que me parece que se entiende mejor fuera que dentro de Polonia.

J. L. G. En este montaje estamos hablando mucho de la filosofía de Simone Weil. No sé si sabías que hay voces dentro de la Iglesia que quieren canonizarla.

K. L. Sería una gran estrategia de la Iglesia, pero todos sabemos que su catolicismo era herético.

J. L. G. Más bien un cristianismo herético. En Polonia, la Iglesia católica fue beligerante con la dictadura, mientras que en España fue colaboradora con el régimen. En cualquier caso, mi sensación es que la Iglesia ha dejado poco camino para la espiritualidad... para ese algo que vibra en Final de partida: el homo religiosus.

K. L. Todos los personajes de Final de partida están moralmente despiertos. Desde el nihilismo de Hamm hasta los padres que intentan de forma intuitiva rebelarse y que no quieren morir de forma edípica. En la obra funciona esa enorme fuerza del niño que ha sentido daño y mata y que siempre es la fuente principal del mal. Hamm es un rebelde que ha llegado al mal y después no sabe cómo desprenderse de él. Algo que a menudo nos ocurre: nos convertimos en recipientes del mal y los caminos al bien nos parecen hipócritas y repugnantes.

J. L. G. Fuiste estudiante sucesivamente de Bellas Artes y Cine, hasta que te echaron...

K. L. Sí, y estoy agradecido al destino. En el cine no hubiera cumplido ninguno de mis sueños. Me echaron por cuestiones homófobas. Me atacaron por la película que hice allí. Aquel ataque despertó en mí un instinto de lucha que hoy percibo como un regalo. Me permitió saber hasta qué punto era inmaduro y narcisista y me permitió transformarme. El ser humano necesita que le ataquen para construirse.

Krystian Lupa dibuja una línea roja al borde del escenario donde se representará Final de partida. Suele hacerlo en la mayoría de sus montajes, dice que es su truco mágico. "Hay que pensarlo bien antes de atravesarla", advierte. Él cree en el actor como oficiante: "Esta línea es un símbolo para tomar conciencia de la frontera que hay entre el público y el actor". José Luis Gómez habla entonces con orgullo del "pequeño" espacio que representa el teatro La Abadía. Y Lupa le responde: "Las butacas deben acabar en el lugar donde cae la piedra que lanza el actor, porque hay una frontera en la que la presencia humana pierde fuerza". "Y así, no perder nunca la distancia de peligro", añade Gómez.

Fuente: Elsa Fernández-Santos (www.elpais.com)


En un día de niebla densa y escasa luz, apareció delante de la Punta de la Aduna, el Teatro del Mundo. Quienes lo vieron no podían creerlo: ¿Un teatro flotante?. De la noche a la mañana un pedazo de Venecia se había desprendido y se negaba a hundirse. En realidad se trataba de un nuevo espacio escenográfico, construido hace 30 años por el célebre arquitecto Aldo Rossi (Milán, 1931-1997), a quien la Bienal de Venecia dedica la exposición El Teatro del Mundo, edificio singular. Homenaje a Aldo Rossi, abierta al público hasta el 21 de julio en la sede de la institución cultural.

El Teatro del Mundo fue pensado para tener una vida corta y, sin embargo representa la permanencia de una arquitectura efímera. Rossi proyectó una torre de madera, sobre una estructura metálica, con capacidad para 200 personas. El gran arquitecto postmoderno y racionalista ideó una torre, coronada con una esfera metálica, que dialogaba con la gran esfera de oro del Seicento de la Punta de la Aduana. "He pensado en inserir un teatro en una ciudad vieja, en Venecia, la capital del agua, donde el paisaje no sólo lo forman el cielo y el agua. También el puente de Rialto es parte del paisaje, un mercado, un teatro", escribió Rossi en uno de los apuntes que ha reunido la muestra. Además de un modelo del Teatro de Rossi, se exponen fotografías, dibujos, documentales de la televisión italiana y reproducciones provenientes del Maxxi-museo nacional de las artes del siglo XXI, el Museo Correr y los archivos de la Rai.

La idea original del Teatro del Mundo no fue de Rossi, pues en la Serenísima se construían teatros que se movían por la antigua urbe con espectáculos ambulantes. Nació por encargo de Paolo Portoghesi, director de la Bienal de Arquitectura 1979-1980 y del director de la Bienal de Teatro de la época, Maurizio Scaparro, comisarios de la exposición Venecia y el espacio escénico, realizada para el primer carnaval veneciano de 1980. Encargaron a Rossi un teatro ambulante, pero él fue más allá de la tradición. "Rossi no hizo lo que le pedimos. Tenía las ideas bien claras. Era una locura, carecíamos de recursos financieros y además una estructura de 20 metros podría desplomarse con los fuertes vientos que soplan en Venecia", recuerda Portoguesi.

¿Qué sentido tiene construir un teatro en la ciudad del teatro? La genialidad de Rossi, primer italiano ganador de un premio Pritzker, consiste en haber interpretado el espíritu de la ciudad, inspirándose, entre otras cosas en la famosa veduta de Carpaccio del puente de Rialto, cuando éste era de madera. El Teatro del Mundo existe sólo en la menoria, pero su capacidad de inserirse el ambiente veneciano es de gran actualidad, sostiene Portoghesi, quien lanza fuertes críticas a la arquitectura contemporánea. "No tiene sentido de pertenencia a ningún lado y carece de identidad. Es pura invención plástica, se acerca más a la escultura. Los arquistars trabajan demasiado con el ordenador. Falta el trabajo previo que se hace a mano: el dibujo. El resultado es una bella imagen que no tiene nada que ver con la construcción. Muchas cosas se sostienen porque los ingenieros, milagrosamente impiden que se desplomen. Pero este ciclo de arquitectura basada en la estética está punto de cerrarse. Zaha Hadid ha proyectado el Museo Nacional de las Artes del siglo XXI, cuyo metro cúbico cuesta 7.000 Euros, mientas que uno normal vale 1.500 Euros el metro cúbico. Es carísimo y además no es funcional".

El último capítulo del Teatro del Mundo concluyó tras un memorable viaje, vía mar al Festival Internacional de Dubrovnik, en agosto de 1980. De regreso a Venecia fue abandonado en una bodega, poco a poco empezó a deshuesarse. De la estructura ha sobrevivido parte de la esfera que coronaba la torre. Pero, el triunfo de lo efímero no morirá, como tampoco las emociones del primer espectáculo, en Venecia, que Rossi escribió aquella noche. "Delante de la Salute, mientras escuchaba la música y miraba la gente acomodarse al interno, recogí un efecto que había previsto. Al ser un teatro que flotaba, desde las ventanas se podía ver el tráfico de los vaporettos y de los barcos, que entraban en la imagen del teatro, constituyendo la verdadera escena, fija y móvil".

Fuente: Milena Fernández (www.elpais.com)