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DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: RAIMON MOLINS (basada en La señorita Julia de August Strindberg)
INTÉRPRETES: PATRICIA MENDOZA, JORDI LLORDELLA y MIREIA TRIAS
DURACIÓN: 1h 10min
FOTOGRAFÍA: CRISTINA SÁNCHEZ
PRODUCCIÓN: SALA ATRIUM
SALA ATRIUM

Fantástica, de momento, la Trilogía de la Imperfección que nos está regalando la Sala Atrium. Si entre diciembre y enero disfrutamos con una sensacional Nora, ahora es el turno para Júlia. Los que no somos muy fans del original, tenemos que aplaudir esta nueva versión, punto de vista, limpio de todos los convencionalismos de la época y centrada en descubrir la psiquis que un personaje mucho más poliédrico que el que escribió Strindberg. 

En su versión original el poder entre sexos y la relación amorosa entre las diferentes clases sociales está más en el centro de atención, en la dramaturgia de Molins Júlia está por encima de todas las cosas y su dibujo de niña rica y malcriada nos hace olvidar la inocencia, pero no tanto su maldad, de la visión de Strindberg. El juego continuo entre Jean y Júlia, deja en un secundario plano a Kristina y su amor por Jean, el tête a tête es a dos bandas y en un juego perverso entre quien domina a quien.

Patricia Mendoza dibuja una Júlia llena de matices, desde los ojos vidriosos de la felicidad de la primera noche de un verano caluroso, de una joven desesperada por comerse el mundo. Una seductora manera de mirar al mundo que acabará atrapada en un juego enfermizo. Su solvencia interpretativa la llevará a desarrollar el personaje hasta el final donde la risa entrecortada dejará paso a la locura, la fragilidad de una muñeca rota.

El Jean de Jordi Llordella es un seductor que se deja querer. Entra en el juego de una manera quizás más inocente e irresponsable que Júlia, pero se deja dominar por sus deseos. Una relación de amor y odio desde el principio, una relación tóxica en la que los personajes se auto-cierran en sus propias jaulas que la dominación busca mantenerlos encerrados y el juego e suna manera de entretenerse porque saben que de algún modo u otro nunca podrán quedar libres del todo.

Las proyecciones, la cámara, como ya pasaba en Nora, es la cuarta protagonista de la historia. Esta vez las proyecciones son más psicólogicas, dotándole a la pieza de un aire más de thriller, sacando a los personajes de su cotidianidad. Un ojo tecnológico que te muestra eso que el texto ha buscado omitir.

Clàudia Vila ha conseguido con pocos recursos construir tres escenografías en una, creando elementos diferenciadores para las tres piezas, pero que sólo el blanco de las paredes nos recuerde a ellas. Con la vista puesta en cómo nos llegará Nina en mayo, en cómo se cerrará esta trilogía, un titulo imperfecto que está rozando la perfección.

JÚLIA

by on 20:52
DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: RAIMON MOLINS (basada en La señorita Julia de August Strindberg) INTÉRPRETES: PATRICIA MENDOZA, JORDI L...

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«Débito y crédito» y «El pelícano», dos piezas escritas por August Strindberg, componen «Hambre, locura y genio», un espectáculo de Teatro de la Reunión dirigido por Juan Carlos Corazza, uno de los principales maestros de la escena española. El off del teatro Lara acoge este montaje, que cuenta con un nutrido repartoRafael Castejón, Ana Gracia, Manuela Velasco, Tamar Novas, Paula Soldevila, Pepe Lorente, Inés Higueras, José Gimeno, Raúl de la Torre, Laura Díaz, Manuel Chacón Pilar Bergés; todos ellos, en un momento u otro, han sido alumnos de Corazza.
Strindberg, asegura el director, «es un autor de gran complejidad en los textos y los personajes; demanda un trabajo actoral muy grande, porque si la interpretación se apoya solo en la frescura y en la naturalidad, presenta problemas, pero al mismo tiempo pide cotidianeidad, no se pueden apoyar únicamente en el énfasis y en la palabra».
Rafal Castejón, productor del montaje además de uno de sus intérpretes -actúa en su día libre en la Compañía Nacional de Teatro Clásico- dice, en este sentido, que la sala Off del Lara, el espacio donde se presenta el montaje, «permite la intimidad, la cercanía con el público, y te permite no tener que hacer un esfuerzo extra. Y obliga a trabajar con un plus más de verdad, porque se ve todo, no se puede esconder nada». Al público, añaden tanto el actor como el director, le permite «reconocer aspectos de la historia y de los personajes en la sutileza».
El ser humano como devorador de sus semejantes es el leit motiv que engarza las dos obras. «En la función -sigue Corazza- hemos querido investigar en nuestro instinto devorador, en esa metáfora del ser humano alimentándose de las demás cosas, un asunto que le interesaba mucho a Strindberg y que es también el mal del mundo. La función presenta el tema como una metáfora de nestra sociedad». Basándose en una traducción del sueco realizada por Astris Menasanch (una actriz y dramaturga que estudió con Corazza), el maestro y director ha realizado la versión, en la que ha «desarrollado un poco más aspectos como el periodismo en la primera obra y la alimentación en la segunda».
El miedo y la ira de August Strindberg acabaron el 15 de mayo de 1912, hace ahora un siglo. Ese día, un cáncer de estómago ponía fin a la vida de un escritor que, pese a los tortuosos fuegos cruzados de su carácter, construyó una obra que le convierte no solo en un titán de la literatura nórdica sino en uno de los padres indiscutibles del teatro moderno. Temeroso de todo, y pese a no creer nunca en nada, pidió que le enterraran con una Biblia sobre el pecho. “Salve cruz, única esperanza”, fueron sus últimas palabras. Tenía 62 años y vivía recluido en su casa, sin apenas recibir visitas, acechado por la esquizofrenia que marcó no solo su vida sino también su obra.


La suya era una personalidad quebradiza y enferma, la hipersensibilidad flageló su niñez y juventud, y su vida adulta fue la de un hombre de temperamento tan vehemente como inseguro. En Genio artístico y locura (Acantilado), Karl Jaspers estudia el caso apoyado en sus propios textos. En Inferno, Strindberg tampoco escatimó detalles. La enajenación no le impidió construir una obra prolífica y dispar: pintor, fotógrafo, dramaturgo… Ingmar Bergman, que llevó a escena sus obras hasta 30 veces, dijo que leerle le gustaba tanto como escuchar música. Su sueco, afirmaba el director de Persona, es incomparable. También lo eran su rabia —“y yo la entendía”, confesó el cineasta—. Es difícil no ver la conexión entre estos dos tótems de la cultura sueca. La frase más célebre de Bergman sobre Strindberg ilustra libros y hasta la web de la fundación del cineasta: “Me ha acompañado toda la vida: lo he amado, lo he odiado y he lanzado sus libros contra la pared. Lo único que no he podido hacer nunca es deshacerme de él”.
“Sencillamente, es el mejor escritor sueco de la historia”, afirma Jesús Pardo de Santayana, traductor al español de todo su teatro contemporáneo y de su demoledora novela de juventud El salón rojo(Acantilado). “Aprendí su lengua solo para leerle. Internacionalizó el sueco, que antes de él solo era un idioma pintoresco de un país escandinavo, con una literatura mona y poca cosa más. Pero Strindberg lo cambió todo. Puso a Suecia en el mapa de la cultura europea. Nosotros no tenemos esa experiencia porque Cervantes no creó el castellano, ya existía antes que él. Pero la literatura sueca cobró el empaque de gran literatura de su mano”. Pardo recuerda que, paradójicamente, el gran hombre de las letras suecas jamás obtuvo el Premio Nobel: “Vivía rodeado de gente con la que había reñido. Era superior a todos los demás, y lo sabían, pero fue una figura muy incómoda. Vivía en contraposición a los demás pero sobre todo a sí mismo”.
El duelo entre si es Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, o La señorita Julia, de Strindberg, la obra que marca el inicio del teatro europeo moderno se decanta para muchos a favor del sueco y esa trágica y absurda historia sobre un terrible malentendido entre una mujer y su criado. “Strindberg era un misógino que no podía vivir sin mujeres y eso marca toda su obra”, afirma el traductor.
Lo cierto es que, frente al feminismo de Ibsen, Strindberg desarrolló una feroz animadversión a la feminidad, de la que, a sus ojos, el hombre era siempre víctima. Casado tres veces, en sus obras, la mujer aniquila al hombre. El 29 de septiembre de 1888 envió a su editor otra de sus piezas más conocidas, Los acreedores. En una nota decía: “Le envío esta obra más sutil que La señorita Julia, en la que la nueva fórmula está realizada de una manera más estricta. La acción es penetrante, como puede serlo un asesinato psíquico; nada ha sido desdeñado en el carácter de las conductas”.
Estas sombras de Strindberg han ocultado para el gran público sus luces. “Era misógino, sí, y muy complejo, pero su obra también está llena de otro Strindberg mucho más amable, chispeante y divertido”, explica Diego Moreno, cuya editorial, Nórdica, arrancó el año con una edición facsimilar de los cuentos del autor y lo cerrará con un libro sobre su pintura acompañada de fragmentos de su Diario oculto.
En Suecia se celebra el Año Strindberg con seminarios, exposiciones y continuos homenajes. “Más allá de las polémicas, allí sigue siendo una figura importantísima. No olvidemos que a su entierro, y pese a todos los enemigos que tenía, fueron 50.000 personas, todavía hoy es la más multitudinaria que se recuerda en el país”, explica Moreno. El libro de cuentos, escrito en 1903, reproduce los mismos dibujos con los que fue editado, en 1915, tres años después de la muerte del autor. Son relatos poéticos, que entroncan con la mejor tradición de fábulas europeas y que muestran ese Strindberg luminoso al que hace referencia su editor. “Fue un visionario, un revolucionario. Y no solo en teatro. Es mucho más que La señorita Julia. En fotografía, por ejemplo, inventó técnicas que no se usaron hasta cuarenta años después”.
Para Jesús Pardo, Strindberg es una figura escurridiza, sin conciencia de su tiempo, que no perteneció del todo a ninguna época y por eso pertenece a todas. “Murió como un cristiano después de haber vivido como un pagano. Vivía en su propio tiempo y falleció sin enterarse de que estaba en el siglo XX. Estaba mal de la cabeza pero su talento era el de un verdadero genio”.
Fuente: Elsa Fernández-Santos (www.elpais.com)




La corrupción, la mentira, la justicia, el deseo o el amor. La familia. El dramaturgo sueco August Strindberg realizó a través de este núcleo de convivencia un análisis de la revolucionaria sociedad de su tiempo en El Pelícano.
La compañía valenciana de teatro contemporáneo Escena Cero ha rescatado este clásico europeo en su nueva producción, que se podrá ver desde el 7 al 11 de marzo en la sala Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
La obra se adscribe al llamado teatro de cámara que se materializó en la última etapa dramática de este genial autor. Strindberg muestra los últimos días de una familia burguesa venida a menos en el convulso inicio del siglo pasado. Una familia en la que impera el frío y el hambre, impuesto por una madre que devora todo aquello que le rodea. Una familia como imagen de la sociedad en la que vive.
En una metáfora del hundimiento del capitalismo que tanto deseaba el autor, socialista militante, la familia aparece como la representación capitalista del orden político y económico. Por tanto, su desestructuración, según algunas interpretaciones, puede referir a la necesaria pérdida del orden político existente para ser sustituído por el propio socialista.
Análisis de la sociedad
La madre acaba de regresar a su casa tras la muerte de su marido del que se había divorciado un tiempo atrás. Gerda, su hija, se ha casado hace unos días con Axel, un teniente del ejército del que están enamoradas, tanto la hija, como la madre.
Federico, el hermano de Gerda, es un alcohólico estudiante de derecho que pasa el día en casa enfermo tocando a Chopin al piano. Y la criada,Margarita, se despide de la casa hastiada de aguantar el incesante maltrato mental al que le somete Elisa, la madre.
El regreso a casa de la pareja de recién casados desestabilizará el delicado equilibrio de fuerzas establecido por la madre. Así, Strindberg presenta un sutil análisis de las relaciones humanas donde coexisten todos los fantasmas del autor: el maltrato mental, el fracaso de las costumbres, y el odio a las mujeres.
El montaje Escena Cero ha trasladado la trama del Pelícano a la España de los albores del siglo XX. En este ambiente, la rama familiar adquiere dimensiones míticas debido al culto a la madre que se profesa las regiones del Mediterráneo. Con una coyuntura industrial incipiente y una clase burguesa que brota en las ciudades costeras emerge la unidad familiar propuesta por Strindberg.
Adaptación a España
En este crisol de sentimientos exacerbados y adoración del matriarcado es donde, por contraste, se manifiesta más vívidamente el drama. Con Alfonso XIII al frente de un sistema democrático fraudulento, la herida sangrante de la semana trágica de Barcelona y una población obrera en estado de agitación, las miserias de esta familia se muestran como un resumen de la agitación que vive la sociedad que la circunda.
La turbulenta sociedad, sus miserias y desdichas se proyectan sobre la familia como si fuese esta un microestudio sociológico de la situación sociocultural del momento.
Escena Cero nació en 2011 con la vocación de representar el repertorio de los clásicos del siglo XX y nuevas dramaturgias del presente siglo, en un intento de recuperar los grandes textos de clásicos contemporáneos que apenas deambulan por nuestros escenarios. Como la compañía de teatro clásico 'El Corral de la Olivera, emergió del Observatorio de las Artes Escénicas, constituido en febrero de 2007 para difundir y proteger todas las manifestaciones culturales y en especial el teatro.
Fuente: www.elmundo.es