Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Narros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Narros. Mostrar todas las entradas
Fuente: Cristina Pop (elpais.com)
Cuando Diana Palazón se suba esta noche al escenario del Teatro Españoly hasta el 15 de septiembre dejará de ser para estar. Cada inspiración, cada espiración, cada molécula de su cuerpo estará interpretando a Doña Ángela en honor y como homenaje al director Miguel Narros, que preparó La dama duende para el festival Clásicos en Alcalá 2013 y se marchó.
 Le dio vida y murió a los 84 años, el 20 de junio, una semana después de su estreno. “Qué pena que le tengan que despertar”, decía su marido y productor durante 30 años, Celestino Aranda, a las enfermeras, “con lo plácidamente que duerme”.
“No está dormido”, le contestaron, y las tablas del Teatro Español, el mismo que había dirigido en dos ocasiones, se convirtió en capilla ardiente a la que peregrinaron actores como Ana Belén, Nuria Espert, Concha Velasco, Aitana Sánchez Gijón, Marisa Paredes, Blanca Portillo o José Sacristán, que hoy serían menos actores de no haber sido cincelados por la batuta de Narros.
“Para Miguel lo más importante siempre han sido los actores, era capaz de sacar lo mejor de ellos”, cuenta Aranda por teléfono y confirma Palazón, una de las últimas afortunadas en poner su talento a las órdenes de Narros. Ni la televisión, (Al salir de clase), ni el cine (Planta cuarta, de Antonio Mercero), ni el teatro (Don Juan Tenorio) tienen secretos para ella. Esta vez interpreta a una joven viuda, Doña Ángela, “poderosa y brillante como el sol, a la que sus hermanos quieren esconder. Yo tampoco podría estar muerta en vida, como ella”, explica la actriz sobre un personaje que bulle de deseo y no duda en acercarse a un Don Manuel encarnado por Chema León. Les acompañan en esta aventura versionada por el dramaturgo Pedro Víllora, los actores Iván Hermes, Mónica Martínez, Marcial Álvarez, Emilio Gómez, Eva Marciel, Paloma Montero y Antonio Escribano.
Representan una comedia de capa y espada, de enredos e intrigas contada por Calderón de la Barca durante el Siglo de Oro, “muy bonita pero difícil de montar”, explica el productor Celestino Aranda, por el juego constante de estancias y ambientes. “Miguel decía que la dirección no debe brillar por encima de la escenografía ni de la actuación de los protagonistas, todo debe ser una amalgama”, recuerda Aranda, quien añade que eso es lo que verán los espectadores que acudan hasta el próximo 15 de septiembre al Teatro Español.
Además, Narros había estado obsesionado con La dama duende. “La monté siendo muy joven con mi querida Margarita Lozano, y supongo que no tiene nada que ver con esta, porque no me acuerdo de nada”, decía el emblemático director en una entrevista a este periódico una semana antes del estreno, “pero he querido regresar a este Calderón que es muy interesante y al que se puede tomar a guasa haciendo un realismo fantástico; además es un autor que me apasiona como Shakespeare, cosa que he demostrado montándolos tantas veces”. Volviendo sobre sus pasos, tuvo la oportunidad de imprimirle la madurez y la delicadeza de una carrera dedicada a la dirección teatral. “¡Vida, vida, tiene que tener vida!”, insistía constantemente durante los ensayos. ¿Y cómo se consigue complacer semejantes órdenes? “Estando continuamente en el presente, respirando en cada gesto y cada palabra”, responde Palazón, que se sube por primera vez al escenario del Teatro Español en el que estuvo la capilla ardiente a la que los actores no pudieron acudir porque estaban representando su obra ante el público de Murcia.
El montaje es enérgico, minucioso y delicado. Al preguntarle en esa última entrevista sobre su capacidad de mantenerse como un estandarte de la vanguardia a los 84 años contestaba: “Hay algo bonito, fresco, en esta ancianidad que por un lado jode muchísimo, porque hay que enfrentarse a realidades irreversibles, pero por otro estás activo y creativo”.
El catedrático de la Real Escuela Superior de Artes Escénicas se marchó preocupado por la situación de la cultura: “Veo el teatro muy muy mal, peor que en esos tiempos tremendos que, los que tenemos una edad, recordamos con horror; la situación es desastrosa, entre otras cosas porque es como si los responsables de las políticas teatrales hicieran grandes esfuerzos por hacerlo mal”.
En el firmamento del teatro español ya hay una estrella con el nombre de Miguel Narros. Hasta el 15 de septiembre todavía se podrá ver y tocar su estela.
La dama duende. Teatro Español (Príncipe 25). Hasta el 15 de septiembre.


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
“La verdad asusta porque la verdad es desnuda”. Esta frase de Miguel de Unamuno fue una máxima en la trayectoria vital y profesional del director teatral Miguel Narros, quien precisamente hizo de la verdad una bandera que siempre enarboló. Narros, uno de los referentes más importantes del teatro español contemporáneo, falleció ayer en Madrid, a los 84 años, por un fallo cardiaco que tuvo, mientras dormía. El director será velado hoy hasta las cuatro de la tarde en el Teatro Español de Madrid, templo escénico madrileño al que estuvo ligado el director durante muchos años.
Nacido en Madrid en 1928, Narros antes que nada fue un gran director de actores, y maestro de numerosos profesionales de la escena española. Sus montajes se centraban especialmente en una cuidada interpretación, gracias a ese don y ese oficio con el que estrujaba a los actores hasta sacarles lo mejor que tuvieran dentro. Montajes que no estaban exentos de una exquisita estética, muchas veces aportada por las escenografías del italiano Andrea D’Odorico, con quien trabajó en equipo durante décadas, y por el impactante vestuario, muchas veces diseñado por el propio Narros, quien destacó como figurinista, como se puede comprobar en sus dibujos expuestos en el Museo Nacional de Teatro de Almagro.
Premios para un director

Miguel Narros obtuvo numerosos premios, entre los que destacan: Medalla de oro de la ciudad de Valladolid (tres ocasiones); Premio Nacional de Teatro (dos ocasiones); Premio El Espectador y la Crítica (dos ocasiones); Chevalier de l'Ordre des Arts et des Lettres de Francia; Premio Corral de Comedias de Almagro (junto a Andrea D’Odorico), Premio Max de teatro, mejor dirección por Panorama desde el puente; Premio de las Artes 2004 de Castilla la Mancha, por su trayectoria profesional y Premio Max de Honor en 2009 y la semana pasada el Premio Fuente de Castalia la noche de su estreno de La dama duende.
Sostenía que el teatro siempre era político y al tiempo un espejo. Su izquierdismo y su militancia antifranquista la ejerció tanto en su vida cotidiana como encima del escenario. Con esos autores con los que tanto se sentía identificado y de cuya mano denunciaba tropelías y desmanes de los poderosos. Uno al que acudía a menudo era Pirandello, del que siempre recordaba que dijo 'si al ser humano se le pusiera delante de un espejo y observara como vive sería capaz de suicidarse o de morirse de risa'. Narros añadía: “Yo no me miro porque mi vida me podría horrorizar; vivir es la cosa más absurda del mundo, al menos tal y como lo hacemos, marcados por represiones y tabúes, como el rechazo hacia la homosexualidad, que durante largo tiempo era algo prohibido y penado con cárcel…, al menos en algo hemos mejorado y ahora soy el respetable marido de un señor”, decía de su relación con el productor Celestino Aranda.
Para la gente que le trató, Narros además de un excepcional profesional, dotado de una gran intuición escénica, era un hombre de una gran sensibilidad, con un humor con el que arrastraba al desternille a sus amigos, y de una gran atractivo físico, algo que siempre se destacaba de él, sobre todo en sus primeras etapas como actor.
Cursó estudios en el Real Conservatorio de Música y Declamación, tras lo cual se trasladó a Francia donde continúa su formación con una beca. A su vuelta a España se lanza con las dos primeras, de sus tres profesiones, la de actor y la de figurinista y escenógrafo. Como actor fue descubierto por Luis Escobar quien le incorpora a la compañía del María Guerrero y su nombre empieza a sonar tras el estreno de Don Juan Tenorio, de Zorrilla, con dirección del propio Escobar y con decorados y vestuario de Salvador de Dalí. Como espléndido dibujante y creador de figurines es descubierto por José Luis Alonso, quien le reclamó para varias de sus puestas en escena. Ellos dos, junto a Narros, son de una generación en la que ya no quedan más referentes importantes y cuyo relevo han tomado otros más jóvenes como Lluís Pasqual, Mario Gas, Calixto Bieito, José Carlos Plaza,… detrás de los cuales llegan empujando con firmeza Andrés Lima, Miguel del Arco, Carol López, Blanca Portillo…., entre otros y todos ellos grandes admiradores del director desaparecido ayer.
Los espectáculos de Narros eran de una gran sencillez y austeridad: “He elegido esa desnudez porque la verdad no está disfrazada nunca y, siguiendo con mi tradición docente, de jugar con la verdad, como les he enseñado a mis alumnos, tengo que jugar también yo con esa verdad”. Uno de esos alumnos, la actriz y directora Ahinoa Amestoy, prepara la primera tesis doctoral sobre Narros, en la Complutense con dirección de Javier Huerta a la que han llamado Historia de la dirección escénica en España: Miguel Narros.
En su última entrevista, concedida la semana pasada a este diario, Narros insistía en algo que repetía una y otra vez en los últimos tiempos: “Veo el teatro muy muy mal, peor que en esos tiempos tremendos que, los que tenemos una edad, recordamos con horror; la situación es desastrosa, entre otras cosas porque es como si los responsables de las políticas teatrales hicieran grandes esfuerzos por hacerlo mal; en más de 60 años nunca había visto una situación de penuria y de desgaste tan grande”.
Al preguntarle por su capacidad para hacer algo tan fresco y energético como el montaje que ha hecho de La dama duende a los 84 años, apunta que son muchos los directores que no sólo tienen una edad “si no dos, como yo” que están siendo vanguardistas: “Hay algo bonito, fresco, en esta ancianidad que por un lado jode muchísimo, porque hay que enfrentarse a realidades irreversibles, pero por otro estás activo y creativo”.
Narros también fue descubridor de numerosos actores y directores, que se formaron con él, destacando entre ellos la actriz Ana Belén, a la que Narros llamó una vez más ‘mi niña” horas antes de fallecer y quien siempre ha reconocido que su carrera hubiera sido otra de no tropezar en su vida con este director. La nómina de actores con los que Narros trabajó en las últimas seis décadas es muy nutrida, pero en ella están los más grandes intérpretes del teatro español.
Narros, que llegó a convertirse en Catedrático de la Real Escuela Superior de Arte Dramático, empezó de firme con la dirección escénica, donde logró brillar con luz propia y convertirse en un director emblemático en la segunda mitad del siglo XX en España, en los años sesenta con puestas en escena con el Teatro Español Universitario (TEU) y con el Pequeño Teatro, que crea primero en Barcelona y posteriormente en Madrid. Después llegaron otros grandes y prestigiados proyectos impulsados por él como el Teatro Estudio de Madrid (TEM) y el Teatro Estable Castellano (TEC), junto a José Carlos Plaza y William Layton, compañeros y amigos con quienes también se involucra en la creación del Laboratorio de William Layton, donde se han formado y se forman numerosos actores españoles.
Desde sus inicios ha transitado por los mejores textos del teatro contemporáneo y con innumerables obras de teatro clásico, y siempre con los mejores actores. La última ha sido una pieza de Calderón, La dama duende, estrenada la semana pasada en la muestra Clásicos en Alcalá, con la que hoy está en Murcia, la semana que viene en Cáceres, el día 11 en Salamanca desde donde viajará al Festival de Olmedo (20 de julio), de Olite y clausurará el Festival de Almagro, días después.
Una obra con la que Narros estuvo obsesionado toda su vida y que por diversas circunstancias no pudo volver a poner en pie hasta ahora que la ha dirigido sin saber que era con la que se despedía, con producciones Faraute y el productor Celestino Aranda, con quien Narros se casó hace unos años. “La monté siendo muy joven con mi querida Margarita Lozano, y supongo que no tiene nada que ver con esta, porque no me acuerdo de nada”, dijo hace unos días mencionando a una de sus actrices fetiche y gran amiga, “pero he querido regresar a este Calderón que es muy interesante y al que se puede tomar a guasa haciendo un realismo fantástico; además es una autor que me apasiona como Shakespeare, cosa que he demostrado montándoles tantas veces”.
A lo largo de su fructífera carrera su prestigio le lleva a participar como director en la Feria Mundial de Nueva York (en 1971 dirigió el Auto Sacramental El hospital de los locos de José de Valdivieso, por invitación de René Buch), en los Festivales de España y en Europalia 85. Además ha sido director del Teatro Español de Madrid en dos ocasiones.
Ha dirigido montajes para el Centro Dramático Nacional, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el Centro Andaluz de Teatro, el Teatro Nacional de Venezuela, el Ballet de Kumatsubara, el Ballet Nacional de España y la Expo 92, entre otros.
Recibió numerosos premios por sus montajes.

Los montajes de Narros

El director de teatro Miguel Narros puso en escena, entre otros textos,Réquiem por una mujer, de W. Faulkner; Soledad, de Unamuno; ¿Quiere usted jugar conmigo?, de Achard; El triunfo del amor, de Marivaux; Historia de un soldado, de Stravinski-Ramuz; Sabor a miel, de Shelag Delaney (primera versión); Fedra, de Unamuno; Antígona, de Anouilh (primera versión); La rosa tatuada, de Tennessee Williams; El auto de la pasión, de Lucas Fernández; La señorita Julia, de Strindberg; Las tres hermanas, de Chéjov; Las mujeres sabias, de Molière; El caballero de Olmedo, de Lope de Vega (primera versión); La dama duende, de Calderón; Antígona, de Anouilh (primera versión) y La posadera, de Goldoni.
Dirigió el Teatro Español, de 1967 a 1971, Numancia, de Cervantes; El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina; El rey Lear, de Shakespeare (primera versión); El rufián Castrucho, de Lope de Vega; Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro; El sí de las niñas, de Moratín (primera versión); La paz, de Aristófanes; La marquesa Rosalinda, de Valle-Inclán, y El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina.
Otros trabajos de dirección: Sabor a miel, de S. Delaney (segunda versión);Hedda Gabler, de Ibsen; El hospital de los locos, de Valdivielso; La cocina, de Wesker; Antígona, de Anouilh (segunda versión); Los gigantes de la montaña, de Pirandello; Retrato de dama con perrito, de Luis Riaza;Macbeth, de Shakespeare; Hederá, de Ignacio Amestoy; El rey de Sodoma, de Arrabal; La Chunga, de Vargas Llosa.
En el Teatro Estable Castellano (1978-1980) dirigió: Así que pasen cinco años, de Lorca (primera versión); El tío Vania, de Chéjov; La dama boba, de Lope de Vega, y con Teatro del Arte (1981-1083): Danza macabra, de Strindberg; Seis personajes en busca de autor, de Pirandello (primera versión); El rey Lear, de Shakespeare (segunda versión); Don Juan Tenorio, de Zorrilla, y Final de partida, de Beckett.
En su segunda etapa como director del Teatro Español (1984-1989) montó: Bohemios, de Perrín y Palacios; El castigo sin venganza, de Lope de Vega; El concierto de San Ovidio, de Buero Vallejo; El sueño de una noche de verano, de Shakespeare; La malquerida, de Benavente; Largo viaje del día hacia la noche, de O'Neill; Así que pasen cinco años, de Lorca (segunda versión); Rosa de amor y fuego, conciertos de Ana Belén, y Homenajes a Lorca, Yerma.
Otros trabajos de dirección: Medea para el Ballet Nacional de España; Don Juan Tenorio, de Zorrilla para el Teatro Nacional de Venezuela; Yo elegí el flamenco para el Ballet de Yoko Komatsubara; Combate de negro y perros, de Koltès (CDN); El caballero de Olmedo, de Lope de Vega (segunda versión)
(CNTC)Las de Caín, de Hnos. Álvarez Quintero (CAT); La gallarda, de Alberti, Expo 92; Fiesta barroca, Madrid Capital Cultural de Europa 1992; La truhana, de Antonio Gala; Casi una diosa, de Jaime Salom; A puerta cerrada, de Sartre; Marat-Sade, de Peter Weiss (CDN); Los bellos durmientes, de Antonio Gala; La gitanilla, de Cervantes, para el Ballet Nacional de España;El yermo de las almas, de Valle-Inclán (CNTC.; Yerma, de F. G. Lorca (CAT);La estrella de Sevilla, de Lope de Vega (CNTC); Jugar con fuego, de Barbieri, Teatro de la Zarzuela; La realidad iluminada, Homenaje Buero Vallejo; La dama no es para la hoguera, de Christopher Fry; Los puentes de Madison, de Robert James Waller; El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, (CNTC); Carmen Carmela, con Antonio Canales; Ay, Carmela, de José Sanchis Sinisterra; Móvil, de Sergi Belbel; El beso de Judas, de David Hare;La cena de los generales, de José Luis Alonso de Santos; Fedra, ballet flamenco; La abeja reina, de Charlotte Jones, y Los negros, de Jean Genet.
Con Producciones A. D´Odorico-Compañía Miguel Narros (1993-2006) ha firmado los siguientes montajes: La doble inconstancia, de Marivaux; Seis personajes en busca de autor, de Pirandello; La discreta enamorada, de Lope de Vega; El sí de las niñas, de Moratín (segunda versión); La vida que te di, de Pirandello; El rey Lear, de Shakespeare (tercera versión); Los enamorados, de Goldoni; Mañanas de abril y mayo, de Calderón; Panorama desde el puente, de Arthur Miller; Tío Vania,de A. Chéjov; El sueño de una noche de verano, de Shakespeare; Doña Rosita la soltera, de Lorca, ySalomé, de Oscar Wilde.
En los últimos años sus montajes eran puestos en pie con producciones Faraute.

Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Desde finales de los años 50 llevaba Miguel Narros (Madrid, 1928) sin acercarse a este clásico de Calderón de la Barca. La dama duende que lleva a la ciudad complutense tiene por vocación sorprender a los públicos de hoy. Y no es una frase hecha. Narros cree que los clásicos hay que hacerlos pensando en el espectador del momento. “El texto varía según las exigencias de cada situación, la que monté entonces era muy naif, la de ahora es más realista, tiene mucho tiento y fantasía”. Por eso, Pedro Víllora, autor de la versión, considera que el montaje engarza en la obra, integrada en las de comedia de capa y espada, “multitud de argumentos aún vigentes en lo que representa una indagación sobre el azar”. Así es como Narros, el gran veterano de nuestra escena, pone toda su sabiduría y experiencia en el montaje, cuyos personajes principales están encarnados por Diana Palazón, Mona Martínez, Emilio Gómez, Chema León e Iván Hermes.

¿Cuál es la fuerza oculta del teatro de Calderón?
La de sus textos. Todos los genios son genios por su capacidad de variación y porque están llenos de cosas en su interior que les hacen intempestivos. Lo que une todas sus creaciones es el reflejo de las necesidades del ser humano. En sus obras, el hombre y la mujer se entienden mejor.

¿Enredo y azar son en este montaje una misma cosa?
Bueno, van cogidos de la mano. La protagonista, doña Ángela, se aburre muchísimo y decide vivir lo que ha ideado. El enredo no hace sino meterla en ese juego. Es la primera vez que una obra se escribe a favor de los derechos de la mujer. Durante toda la función el erotismo está presente. Hay cuatro historias de amor paralelas que muestran al solitario fogoso, al romántico, al realista y al carnal. 

¿Qué nos dice 'La dama duende' en estos días de crisis y subidas de IVA?
Que por muy malos que sean los tiempos hay que seguir haciendo las cosas de la mejor manera posible. El arte no debe estar sometido a recortes. Los políticos tienen que ser conscientes de lo que cuesta hacer las cosas. Deben tener sensibilidad a la hora de tomar ciertas decisiones...

Desde su experiencia, ¿cómo ve el teatro en estos momentos?
Fatal. Se lo están cargando con una forma de pensar que es errónea. En el teatro hay una parte que es entretenimiento y ocio pero otra que también tiene por función hacer pensar a la gente. Y esto no se puede obviar. La subida del IVA estrangula a compañías y teatros. No hay forma humana de poder hacer frente a esta iniciativa. Los políticos han de reaccionar. Por eso creo que las administraciones tienen la obligación de proteger el teatroya que un pueblo sin cultura es un pueblo que agoniza.

¿Ve diferencia entre el teatro público y el privado?
Sí, el teatro público debe abordar proyectos que desde la empresa privada nunca se harían. No sólo es cuestión de dinero. Algunos textos y el trabajo de muchos dramaturgos nunca verían la luz sin el teatro público. Me resultan reconfortantes las nuevas formas de hacer teatro en estos momentos de escasez porque significa que la gente tiene necesidad de seguir haciendo cosas. Las nuevas tecnologías, por ejemplo, están ayudando a que el teatro evolucione al mismo tiempo que lo hace la sociedad.


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«El color de los clásicos» es el lema de este año del Festival Internacional de Teatro de Almagro, que celebrará su trigésimo sexta edición entre el 4 y el 28 de julio. Dirigido por Natalia Menéndez, el certamen -una de las grandes citas del calendario teatral español- quiere este año apostar por el público familiar, a los que se dedican más de una veintena de espectáculos, a los proyectos jóvenes y a las nuevas miradas de autores contemporáneos.
Con un presupuesto de 1,2 millones de euros (un 6,72% menos que en la pasada edición), el festival de Almagro presentará este año casi uncentenar de representaciones a cargo de cuarenta y cinco compañías, nueve de ellas internacionales. Alemania es el país invitado de honor, y se verán trabajos procedentes del Reino Unido, Portugal, México, Argentina, Colombia y Chile.
El festival rendirá homenaje el 28 de julio al director Ángel Fernández Montesinos, que ha desarrollado su carrera especialmente en el terreno de la zarzuela y el musical. El premio Corral de Comedias recae este año en la Schaubühne, la compañía del teatro berlinés, «referente y guía de la dramaturgia contemporánea así como maestra en aunar las distintas artes dentro del teatro», según los responsables del festival. Y el día 20, en el Claustro del Museo Nacional del Teatro, se hará entrega del Premio Lorenzo Lururiaga a José María Pou.
Habrá varias exposiciones: «Arquitectura de los sueños: colección de maquetas y teatrines del museo nacional del teatro»; «Una vuelta al mundo de la linterna mágica»; y «El Cinefluo: navegación simulada de Giorgio Busato», las tres en la iglesia de San Agustín; «Ángel Fernández Montesinos y el teatro de juventudes, Los Títeres», en el Museo del Encaje y la Blonda; «Los abrazos de la farándula (Fotografías José Carlos Nievas)», en el Museo Nacional de Teatro, y «Góngora, la estrella inextinguible, Magnitud estética y universo contemporáneo»y «150 años de la Banda Municipal de Almagro», en el Espacio de Arte Contemporáneo de Almagro. Y en el Palacio Valdeparaíso tendrán lugar las «XXXVI Jornadas de Teatro Clásico de Almagro. El último Lope (1618-1635) y la escena»; y los talleres «El camino del verso» y «¿Qué hacer con los clásicos (a parte de mutilarlos)?» .
Los espectáculos se desarrollarán en cinco espacios:
Corral de Comedias
«Otelo», con adaptación y dirección de Teresita Iacobelli, Jaime Lorca y Christian Ortega; «El buscón», versionado y dirigido por Daniel Pérez; «Júbilo terminal», dirigido por José Pedro Carrión y Jesús Castejón; «Shakespeare para ignorantes», con dramaturgia y dirección de Quico Cadaval; «La hostería de la Posta», con adaptación y dirección de José Gómez; «Quevedo. Donde hay poca justicia es un peligro tener razón», con dramaturgia y dirección de Héctor del Saz. «A secreto agravio, secreta venganza», bajo la adaptación y dirección de Lino Ferreira; «Macbeth», dirigido por John Mowat; y «El burlador de Sevilla», versionado y dirigido por Gonzala Martín Scherman.
Hospital de San Juan
La Compañía Nacional de Teatro Clásico trae dos montajes a este espacio. «La verdad sospechosa», en versión de Ignacio García May bajo la dirección de Helena Pimenta, y «El lindo Don Diego», versionado por Joaquín Hinojosa y dirigido por Carles Alfaro.
Antigua Universidad Renacentista
«El mercader de Venecia», con dramaturgia de Julia Weinreich y dirigido por Tilman Köhler; «De amor y lujuria», con dramaturgia y dirección de María José Goyanes; «El rey Lear», con dramaturgia de Pepa Gamboa y Antonio Martín y dirigido por Gamboa; la versión de Eduardo Galán de «El caballero de Olmedo», dirigida por Mariano de Paco Serrano; y la versión de Daniel Pérez de «La noche toledana», dirigida por Carlos Marchena.
Plaza de Santo Domingo
«Tomás Moro», en versión de Ignacio García May y bajo la dirección de Tamzin Townsend; la Banda Municipal dirigida por Germán Huertas del Castillo; «Siglo de oro, siglo de ahora (Folía)», de Ron Lalá, dirigido por Yayo Cáceres; la versión de Antonio Muñoz de la Mesa de «Otro gran teatro del mundo», dirigida por Olga Margallo; «Romeo», en versión de Julio Salvatierra y dirigida por Álvaro Lavín; «La traición en la amistad», versionada por Andrea Peligrí y dirigida por Mario Costa; «Los empeños de una casa»; y la versión de Pedro Víllora de «La dama duende», bajo la dirección de Miguel Narros.
Teatro Municipal
Este espacio inaugura su programación con «Olmedo caballero el de», cinco espectáculos basados en «El caballero de Olmedo», de Lope de Vega, proyecto coordinado por Miguel Alcantud; después vendrán«Ellas se atrevieron (Barrocamiento)», escrito y dirigido por Fernando Sansegundo; y el segundo certamen Barroco Infantil. También se presentará en el Teatro Municipal el espectáculo ganador del III Certamen Internacional Almagro Off, cuyos trabajos se verán en La Veleta.

Fuente: Julio Bravo (abc.es)

Bajo el título, 'Miguel Narros, hombre clave de la escena española', el Centro Dramático Nacional rendirá homenaje el lunes al veterano director madrileño que, a sus ochenta y cuatro años, sigue con una más que notable actividad. Estos días se representa en el teatro María Guerrero su montaje de Yerma, de Lorca, y prepara el estreno de El sirviente, de Robin Maugham. En el homenaje participarán cinco actrices que han trabajado con Narros y que están estrechamente unidas a él: María Adánez, María Barranco, Ana Belén, Verónica Forqué y Silvia Marsó.

El sueño de una noche de verano fue el primer montaje de Verónica Forqué con Narros. «Después hemos trabajado en "Doña Rosita la soltera", "¡Ay, Carmela!" y "La abeja reina"». «Yo tenía muchas ganas de trabajar con él -reconoce la actriz-; nos conocíamos, claro. Yo le consideraba un hombre muy simpático y le admiraba porque él fue uno de los que cambió el teatro español; después de José Luis Alonso y Luis Escobar fue un gran renovador, lo mismo que William Layton. Lo sabe todo sobre el teatro, y yo he aprendido muchísimo a su lado. Tiene intuición, experiencia y talento. Todo lo que te dice es una iluminación».

María Adánez considera a Miguel Narros «mi maestro y la persona que me dio la oportunidad de meterme en personajes dramáticos de envergadura» cuando su carrera iba por otros derroteros. «Confió en mí, y le estoy agradecidísima». Popularísima por sus papeles televisivos, se enteró de que Narros iba a montar Salomé, y «decidí pedirle una prueba», cuenta. «Miguel no me conocía, no suele ver la televisión», así que no tendría prejuicios previos. María preparó el monólogo de Salomé junto a su compañero de serie Luis Merlo, y decidieron que la cabeza de Yokanaan fuera un casco de moto. «Así que me presenté en la prueba con un casco y Miguel me preguntó si había venido en moto». Tras la prueba, el director le dijo: «Quiero que el papel lo hagas tú». Eso, dice María Adánez, «cambió el curso de mi carrera».
La actriz, que después repetiría con Narros en La señorita Julia, destaca del director su «intuición y su capacidad de observación. Es capaz de moldear y adaptar el personaje según lo que le dé y le ofrezca cada actor y así sacarle el mayor provecho. El teatro es riesgo, y él consigue que nos atrevamos a dar saltos mortales y piruetas para que aparezcan los personajes».
Silvia Marsó interpreta a «Yerma» en el último trabajo de Narros, que actualmente se presenta en el teatro María Guerrero. Considera la experiencia con Narros «increíble. Al principio me creaba inseguridades, porque cada día cambiaba lo que habíamos hecho el día anterior y llegué a pensar que no le gustaba. Pero poco a poco fui entendiendo que es su forma de trabajar. Yo le llamo "el Van Gogh del teatro", porque, al igual que un pintor impresionista, va creando el lienzo a base de pinceladas y correcciones, hasta que consigue el efecto que desea».