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Fuente: Cristina Marinero (metropoli.com)
En su debut cinematográfico con Sin vergüenza, de Joaquín Oristrell, Marta Etura (San Sebastián, 1978) interpretaba a la alumna de una prestigiosa maestra de Arte Dramático. Era un evidente homenaje a Cristina Rota y su escuela de actores, donde ella estudió. Allí se empapó de danza la hoy vicepresidenta de la Academia de Cine, actriz en una veintena de películas y ganadora de un Goya por Celda 211. Ahora cumple su deseo de bailar junto a uno de sus maestros, Chevi Muraday, con quien protagoniza Return para hablar del amor.
A muchos de sus seguidores les sorprenderá verla en un montaje de danza.
En la escuela de Cristina Rota tuve profesores extraordinarios, como Chevi, Pedro Berdäyes o Mónica Runde, y tomo clase con ellos cuando no ruedo. Les admiro y siempre deseé bailar a su lado. El año pasado Chevi me lo propuso y, entre mis rodajes y sus funciones, lo hemos logrado.
Return expone una particular relación amorosa.
Chevi Muraday nunca había trabajado sobre el amor y decidimos hablar de cómo lo idealiza la sociedad y cuánto sufrimos por ello. Refleja el proceso de una pareja.
La expresividad de la danza, ¿le ha llevado a inspirarse en sus propias vivencias?
No hay nada autobiográfico, todo ha salido del trabajo en los ensayos. En escena, siempre eres un personaje, aunque transmitas tus emociones para darle verdad.
Lo definen como danza-teatro. ¿Tienen la misma importancia el baile y la palabra?
El peso lo lleva la danza, pero me parecía osado dedicarme sólo a bailar porque no soy bailarina, soy actriz. Pablo Messiez, cuya obra Los ojos me fascinó, ha escrito tres textos muy poéticos.
Estrenan cuando concluye en el Español Invierno en el barrio rojo, su debut como directora teatral.
Puede parecer que me he vuelto loca con tantas cosas, pero no, tengo un respeto enorme por esta profesión y ha sido una casualidad que coincidan. Todo lo que hago siempre es para crecer como actriz.
No es habitual encontrar intérpretes tan polifacéticas.
Yo soy de naturaleza inquieta y en Cristina Rota nos inculcaron el amor al trabajo, a la investigación, no a llegar al resultado, lo que parece predominar en la sociedad actual.
Tiene dos películas inéditas, Los últimos días, de los hermanos Pastor, y Presentimientos, de Santiago Tabernero.
Para Presentimientos no hay fecha, pero Los últimos días se estrena el día 27 de marzo. Creo que va a gustar mucho, lo sentí igual cuando hice Celda 211. Los hermanos Pastor, como muchos directores ahora, se atreven con otros géneros y ruedan muy, muy bien.
Vuelve a trabajar aquí con Quim Gutiérrez y José Coronado, sus compañeros en Azuloscurocasinegro La vida de nadie.
¡Los adoro y admiro!Mi personaje es pequeñito, crucial para la historia, como en Celda 211. No sé por qué, en este país parece que los personajes importantes son para los chicos, pero ése es otro tema.
Estará feliz con Lo imposible, filme que ha hecho historia...
Mucho, no ya por lo que ha conseguido, sino por estar en ella. Aunque mi papel es diminuto, ha sido maravilloso trabajar con Naomi Watts y con Bayona, un gran director, con un talento extraordinario.
Return. Naves del Español (Paseo de la Chopera, 14 ) Marta Etura y Chevi Muraday. Hasta el domingo 24 de marzo
Fuente: Rocío García (elpais.com)

Sin ninguna tradición artística familiar, le costó algo convencer a su padre, abogado y empresario, de las excelencias de esta carrera. Dejó su ciudad natal, San Sebastián, y se plantó en Madrid con 17 años decidida a demostrar que a base de trabajo ella conseguiría sus sueños. Ya lo ha hecho. Pero la ganadora del Goya por Celda 211 no es una mujer conformista. Tampoco se ha vuelto loca y se ha puesto a investigar en otros terrenos porque sí. A sus 34 años, Marta Etura tiene un objetivo y lo defiende con ahínco: “Soy actriz y todo lo que hago es para crecer como intérprete”. Y así, el jueves pasado se estrenó como bailarina en un espectáculo de danza, Return, que estará en el Matadero de Madrid hasta el domingo, al mismo tiempo que se ha lanzado a la dirección teatral con Invierno en el barrio rojo, una intensa obra que se ha representado en Madrid durante cinco semanas y que ha llenado a diario con entusiastas aplausos finales.
Marta Etura, que ha llegado con hambre a este restaurante cercano a su domicilio, asegura que la coincidencia de estos nuevos retos en su carrera es pura casualidad, fruto también de las dificultades del momento —“no quiero dejarme atrapar por el miedo”— y la decisión por adaptarse a ellas. “El dirigir teatro es un hecho fortuito que me pidió un amigo. Me ha permitido mirar desde fuera el trabajo de los actores, con una dimensión total del espectáculo, aunque a veces me he tenido que agarrar al asiento para no lanzarme a la escena. La danza es algo que he deseado desde siempre. Me siento libre bailando”.
Habla con la misma pasión con la que come, mojando con pan las salsas que quedan en el plato y lamentando no poder acompañarlo con una copita de vino —“tengo ensayo”, se disculpa—. Return es un espectáculo sobre la idealización del amor que comparte con su admirado Chevi Muraday, uno de sus maestros en la escuela de Cristina Rota en la que estudió en Madrid. “A la danza en este país no se le da ninguna bola, es un arte maltratado que no goza de apoyo institucional”. Por ello, agradece doblemente esta oportunidad de poder contar la historia cíclica y compleja del amor, la de los altibajos en una relación, esta vez a través del baile.
Vicepresidenta de la Academia de Cine desde hace dos años no oculta su alarma ante la crítica generalizada al mundo del cine cuando algún actor se atreve a dar su opinión. “Como gremio no debemos de hacer política, nosotros estamos para defender la cultura, apoyarla y cuidarla, otra cosa son las opiniones personales y particulares de actores y directores como ciudadanos que somos y de las que no hay que hacer responsable a todo el sector”.
Pendiente de estrenar dos filmes y de rodar un tercero a las órdenes del argentino Alejo Flah, Etura clama contra la falta de grandes personajes femeninos en el cine. “Las mujeres están muy lejos de ocupar el lugar que se merecen, también en el cine. El único que escribe personajes femeninos potentes es Almodóvar. Yo no me puedo quejar, pero todavía no me he enfrentado a un personaje realmente potente”. Este lamento lo comparte con el dulce de postre. “No puedo acabar sin dulce”. Como buena donostiarra.


Fuente: Roger Salas (elpais.com)
Una parte considerable del material coreográfico está basado en el arte del porteador: el hombre lleva en volandas a la mujer, la ase y la lanza a la aventura íntima, a un terreno o laberinto que será sorpresivo; se trata de algo muy físico y sin concesiones, con riesgo. La actriz hace un esfuerzo para entrar en un registro ajeno: el baile. Se evidencia que no es una bailarina, no lo pretende aparentar, sino que se vale de Muraday para apoyar una explosión de roce y búsqueda. Todo es un tira y afloja donde ella cautiva convincente con su encanto mientras la réplica le viene de una sombra agresiva que hasta vuela. Diríase que se compensan.
Pueden los artistas hablar incesante y ansiosamente, pero lo mejor de ellos, donde lo dan todo esta vez, está en otro sitio y no en la palabra. Como casi siempre pasa en la danza, los textos quedan ociosos, ya sean de gran enjundia o como en este caso, de filosofía de barra (de bar). Los diálogos no aportan demasiado; no llegan a molestar pero se muestran prescindibles ante sus arrolladoras muestras de energía, compenetración y transmisión actoral. Es el equilibrio entre los valores intelectuales y los artísticos lo que se pone en juego, y esta obra seria vale la pena, lejos del micrófono, mejor que mejor. Se deja ver con facilidad, se entra en la historia enseguida y su ritmo está conseguido de principio a fin; decir que se dejan la piel, no es un lugar común.
Con la música sucede algo similar. No hacen faltan esas cancioncitas en inglés. Las partituras originales, ya sean las electrónicas puras o las de guitarra (con el excelente y potente ostinato de la primera sección) abarcan la escena globalmente, arropan la acción y a la pareja; lo demás es accesorio y quita fuerza a los momentos dramáticos, que definitivamente ganan la partida a partir de que se queda la mesa puesta, un símbolo de que la armonía de una hermosa vajilla blanca, un bouquet de flores rojas y un buen vino pueden ser solamente un pretexto más en la búsqueda esencial de dos seres desesperados, contradictorios, y como personajes, dibujados con crudo acierto.
Luces, escenografía y vestuario están esmeradamente cuidados en una síntesis que no tape en ningún momento esa acción que trepida hacia la catarsis o como esperanzadamente sugieren los dos amantes, a un reinicio del ritual y la aventura.
Return
Coreografía y baile: Chevy Muraday; música: Ricardo Miluy Mariano Martín; dirección y luces: David Picazo; textos: Pablo Messiez. Con Marta Atura. Matadero Madrid. Hasta el 24 de marzo.

Con la mesa puesta

by on 12:16
Fuente: Roger Salas ( elpais.com ) Una parte considerable del material coreográfico está basado en el arte del porteador: el hombre l...

Fuente: Laura Martín (elcultural.es)

Marta Etura (San Sebastián, 1978) es actriz. Y desde esta certeza ha enfocado su debut en la dirección con Invierno en el Barrio Rojo, que podrá verse desde este miércoles hasta el 17 de marzo en el Teatro Español. Con la tranquilidad de quien no estrena (la obra se representó anteriormente en la sala Mirador) pero con el nerviosismo de quien es consciente de que es una principiante, esta mujer de sonrisa casi perenne ahora se sienta en la butaca, conteniendo su instinto interpretativo, para ver cómo se desarrolla su función.

Adam Rapp fue finalista al Premio Pulitzer en 2006 con esta historia de un triángulo afectivo, que no amoroso, entre tres personas que se aferran las unas a las otras con la desesperación de la soledad. Desde la humildad, Marta Etura dirige a Gonzalo de Santiago, Aura Garrido y Alejandro Botto a través de este texto, a caballo entre la risa y la angustia, con una producción modesta y un valor como guía: la verdad. 

Invierno en el Barrio Rojo supone su debut como directora. ¿Qué le empujó a bajarse del escenario?
Fue un hecho casual. Me ofrecieron dirigir la obra, la leí y me pareció interesante cambiar el foco de mi mirada, adoptar una mirada externa para aprender sobre mi trabajo. Cuando uno está dentro de la obra, ve las cosas tal y como las está interpretando, como las está viviendo. Ha sido muy gratificante, pero no he querido ser ambiciosa, porque es mi primer montaje. Me he limitado a contar la historia. La apuesta es intimista, todo es muy de verdad, y en una sala tan pequeña el espectador se convierte en un voyeur. 

¿Qué ha sido lo más difícil al mudar de piel?
Me ha costado mucho no saltar al escenario y ponerme a actuar. Es difícil para mí sentarme en la silla, y no interpretar. Me daban ganas de ser todos los personajes. 

La obra ya se estrenó en la sala Mirador, pero ¿cómo se plantea la representación en el Español? ¿Ha cambiado algo? 
Ha habido un cambio fundamental, porque por una serie de circunstancias ahora hay otros actores. El montaje es prácticamente el mismo, aunque el trabajo es más profundo ahora. 

¿Qué le atrajo de la obra?
Estaba muy bien escrita, me hizo reír y me conmovió. Son dos sensaciones muy interesantes, el humor y el dolor, dos cosas que forman parte de nuestra vida. Por mi naturaleza me atrae mucho el comportamiento humano desde un punto de vista antropológico, e Invierno en el Barrio Rojo tiene varias lecturas en ese aspecto. 

¿Cómo ha sido el trabajo con los actores?
Lo he enfocado desde mi posición de actriz. Lo que conozco es el trabajo de actor, y lo he manejado desde ahí, desde donde creía que podía aportar algo. Los personajes masculinos son totalmente opuestos, uno representa la integridad, otro los valores sociales. Por su parte, el personaje femenino, que acaba reventado, habla del maltrato por el dominante masculino. Todos ellos tienen una necesidad brutal de afecto. 

Afecto, no amor. ¿Qué hay del triángulo amoroso?
No es amor, es una falta de afecto. El ser humano no puede vivir en soledad. 

La producción ha sido bastante de andar por casa, tomando prestados hasta muebles de casa de sus padres.
Es que, tal y como están las cosas, y como era mi primer montaje... La obra ha nacido del deseo de trabajar y de generar trabajo. Sin embargo, Cristina Rota, la productora, y el Centro de Nuevos Creadores nos han apoyado mucho. La primera vez que representamos la obra tuvimos una pequeña ayuda institucional, pero ahora hemos recurrido al patrocinio. Creo que el resultado está a la altura, aunque es humilde. 

¿Cree que las instituciones y el Gobierno deberían apoyar más la cultura, o es partidaria de la autofinanciación? 
Es muy importante para una sociedad que las instituciones fomenten la cultura, pero creo que ésta tiene que tener una independencia si no quiere desaparecer en tiempos difíciles como estos. La cultura es fundamental para una sociedad, y tiene que apoyarse en unos mecanismos de autoproducción. Es necesario que creemos nuestro propio trabajo y que podamos montar una obra sólo con el deseo de trabajar. 

En marzo estrena Return en Matadero, una mezcla de danza y teatro. ¿Cómo va a ser?
Me apasiona la danza y llevaba tiempo queriendo hacer algo con ella, y Chevi Muraday me propuso esto. En Return se baila, fundamentalmente, y además hay tres monólogos. Yo bailo, pero no soy bailarina, así que creí necesario meter palabra. El teatro y la danza son dos ramas de expresión que juntas funcionan muy bien, y estoy super contenta con el resultado. 

El domingo es la gala de los Goya. ¿Nos puede adelantar algo?
No, es mejor cuando es una sorpresa. El espectáculo se ha hecho con mucho cariño, para que llegue al público y se promocione el cine español, que se ha visto tan perjudicado por los recortes. Los patrocinadores han desaparecido o han bajado su aportación. Va a ser una gala más austera económicamente, pero sin que se note, porque se trata de que sea una fiesta del cine español.


Fuente: Rocío García (elpais.com)
Las pesadas cortinas de plástico transparente del Matadero de Madrid se abren esta tarde al paso de tres mujeres. Una es directora de escena, las otras dos son actrices. El teatro Español y las naves del Matadero acogen esta temporada, en el inicio del año, las propuestas bien diferentes de estas creadoras, que van desde la locura a la soledad, pasando por el poder y la ambición. Natalia Menéndez, Najwa Nimri y Marta Etura conocen de sobra lo imprescindibles que son los riesgos y los miedos para el éxito. A unos se enfrentan con la mirada fija, sin pestañear, el miedo lo cuidan y acarician para que no salte de manera imprevista e incontrolable.
Natalia Menéndez se enfrentará a un texto de Marguerite Duras en la primera obra que dirige tras hacerse cargo del festival de Almagro, hace ya tres temporadas, y lo hará con una obra, La amante inglesa, que se adentra sin tapujos en la cordura, la locura, el maltrato, el desconocimiento del otro. Najwa Nimri, que ha elegido el color amarillo, ese color tan supersticioso para la gente del teatro —el gran Molière murió en escena llevando un batín de ese color—, se estrena como actriz de teatro tras más de quince años en el cine y la canción. Y lo hará nada menos que con el personaje de Antígona, en la versión de la tragedia que escribió Jean Anouilh y que ha versionado y dirigido el también actor y director Rubén Ochandiano. “Es el primer grito histórico ante el poder”, dice Nimri sobre este personaje al que le ha dado tantas vueltas. En la aventura de Marta Etura, que debuta como directora de escena con Invierno en el barrio rojo, escrita por el estadounidense Adam Rapp, hay un poco de todo. Ganas de mirar desde fuera el trabajo interpretativo, de saber de las dificultades y de controlar el proceso en su totalidad.
No niega Natalia Menéndez (Madrid, 1967) que su formación francesa —es de padre español y madre francesa— ha influido en la elección deMarguerite Duras —“es una mujer que llega al fondo y la esencia de las cosas sin cortapisas, que lo que escribe nunca es banal ni evidente”— para volver a la dirección después de su última puesta en escena conRealidad, de Tom Stoppard en el Centro Dramático Nacional en 2010. La literatura y el teatro francés siempre han estado presentes en la vida y el trabajo de esta mujer que ha tocado no uno sino muchos palos. Licenciada en interpretación y dirección de escena en Madrid, es también traductora y desde hace tres años está al frente del Festival de Teatro Clásico de Almagro. La amante inglesa parte de una crónica periodística sobre el asesinato de un hombre a manos de su mujer sucedido en 1949 en la región francesa de Essonne. El cuerpo de la víctima fue descuartizado y lanzado en pedazos en los trenes de mercancías que pasaban por la zona. Duras transformó esta crónica en una novela y una obra de teatro. “Es una obra que desazona, que habla de emociones, que plantea quiénes son los culpales, los responsables de un crimen, pone al espectador ante la perspectiva de preguntas sin respuestas, son ellos, los espectadores, los que tienen que componer su propia obra”, asegura Menéndez, quien en La amante inglesapresenta, tanto a la asesina como a la víctima, que son mujeres. La obra, con una escenografía muy lírica, tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera es interrogado el marido de la asesina y en la segunda es la propia asesina la que se somete a las preguntas de la investigación. “El interrogador no es policía ni juez, se desconoce la profesión, puede ser incluso un escritor o un confesor, incluso un terapeuta. Lo destacable de esta función es que no es nada explícita. He querido crear un espacio de sensaciones”.
La amante inglesa, en la Sala 2 del Matadero, desde el próximo día 30, coincidirá con Antígona, en la Sala 1 desde el 6 de febrero. Se la ve bien a Najwa Nimri (Pamplona, 1972) en el típico camerino teatral, bombillas iluminadas en todo el perímetro de un gran espejo que domina el espacio, donde se agradece el calorcito frente al frío de esas grandes naves del sur de Madrid. 17 años en el mundo del cine —su primera película Salto al vacío, de Daniel Calparsoro es de 1995— y con nueve discos en el mercado, Nimri se estrena en el teatro con Antígona. No ha sido una decisión fácil, confiesa sin complejos. Antígona, basada en la versión de la tragedia que Jean Anouilh escribió en 1942 durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial, es, en la versión de Rubén Ochandiano, un personaje desgarrador que representa la lucha de la justicia ante el poder y un canto a la libertad. “Rubén ha situado la historia en el presente. En realidad ha presentado un carromato de freaks, con mujeres barbudas, trapecistas y payasos. Tiene una visión bastante moderna de la historia y, aunque no sé cuál será el resultado final, lo que sí estamos comprobando en los ensayos es que es una mezcla de violencia, poesía y comedia”.
El primer papel que le ofrecieron fue el del narrador Anouilh. No tuvo dudas al rechazarlo. “Dije que no porque era más o menos lo mismo que yo estaba haciendo en un escenario como cantante. Me pareció que no iba a explorar lo que yo quería explorar en el teatro. Pensé que iba a ver a todos mis compañeros actuando y que eso me iba a hacer sufrir mucho”. La actriz de Lucía y el sexo o Los amantes del Circulo Polar se decidió meses después cuando, por azares del casting, Ochandiano llegó —“qué tozudo y enérgico es, agotador”— con el gran personaje debajo del brazo. Y ante Antígona, Nimri se arrodilló. “Me daba igual un papel pequeño que uno protagonista. Lo que yo quería era estrenarme en el teatro interpretando. Y me enamoró el momento, todo lo que se contaba en la obra cuadraba y tenía sentido para mí. Tengo la sensación de que vamos a experimentar y a aportar algo a este momento crítico que estamos viviendo”.
Está agotada. Llevan ya más de un mes de ensayos y ella, que se confiesa anárquica, está comprobando con satisfacción que sí, que esa disciplina diaria de interpretación la ha atrapado. “No me estoy topando con excesivas dificultades, excepto el hecho de tener que memorizar un texto entero. Pero es verdad que me doy cuenta de que el cine es algo así como un paseo por un jardín. Aquí no hay trucos, tienes que estar pendiente todo el rato de la intención final del personaje. No te puedes perder en ningún momento”, dice la actriz y cantante.
La que no parece perderse es Marta Etura, a pesar de que se enfrenta por primera vez a una obra como directora de escena. Algo que no aparecía en sus planes. Fue algo casual, cuando el productor y actor Gonzalo de Santiago le propuso la obra Invierno en el barrio rojo. “Me pareció atractivo colocarme en otro lugar, ver todo el proceso al completo, conocer las dificultades desde fuera. Yo soy actriz y me siento actriz, y pensé que esta experiencia me podía nutrir y ayudarme a crecer como intérprete”. Invierno en el barrio rojo, protagonizada por Aura Garrido, Gonzalo Santiago y Raúl Sanz, relata el encuentro de dos amigos con una prostituta durante un viaje a Ámsterdam. La obra, que ya se estrenó en la Sala Mirador y salta ahora al templo por excelencia de la escena teatral, como es el Español, es algo más que un triángulo amoroso. “Habla de la soledad, de lo que nos pasa cuando nos sentimos solos y de cómo nos agarramos a cualquier acto de afecto, aunque sea mínimo, para sobrevivir”, explica su directora, que ha realizado cambios significativos con respecto a su versión anterior. “He de reconocer que no llegué a contar la obra, que tenía más complejidad de la que yo expuse y de la que sentí al leer el guion. Esta vez lo tengo claro. El trabajo previo me sirve para empezar desde otro lugar, con más confianza y teniendo muy presentes los errores que cometí”, añade la actriz de Lo imposible y premio Goya por Celda 211. Es desde la humildad desde la que Etura acomete esta gran aventura. No pretende ser ambiciosa ni pretenciosa. Su objetivo es centrarse en la interpretación de los personajes, que la verdad se transmita al público, olvidándose de grandilocuencias escénicas. Lo que sí pretende es aquello que está en el alma del teatro, que sirva para la reflexión y para remover conciencias, convencida como está de que “la reflexión es el principio de cualquier cambio”.
Locura

La amante inglesa

Esta obra escrita por Marguerite Duras (1914-1996) parte de una crónica de un periodista que contó cómo una mujer mató a su marido y lo descuartizó en diciembre de 1949 en un pequeño pueblo francés, arrojando los pedazos de su cuerpo en los trenes de mercancías. Duras transforma esta crónica y escribe una novela, y más tarde una obra de teatro, en la que es una mujer la que mata a su prima sordomuda. Adaptada y dirigida por Natalia Menéndez, La amante inglesa,protagonizada por Pepe Sancho, Gloria Muñoz y José Luis Torrijo, en el papel del interrogador. La obra se estrenará el 30 de enero en la Sala 2 de las naves del Español del Matadero.
Poder

Antígona

Basado en el texto que Jean Anouilh escribió en 1942 durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial, el actor Rubén Ochandiano adapta y dirige, junto a Carlos Dorrego, esta versión sobre una Antígona desgarradora, que representa la lucha de la justicia contra el poder opresor. Antígona supondrá el estreno de la actriz y cantante Najwa Nimri en el teatro. En el papel de Antígona, Nimri estará acompañada en el escenario por David Kammenos, Berta Ojea, Toni Acosta, Sergio Mur, Nico Romero y el propio Ochandiano, en el papel de Creón. Habrá música en directo a cargo del pianista Ramón Grau. La obra se estrenará en la Sala 1 del Matadero el próximo 6 de febrero.
Soledad

Invierno en el barrio rojo

Obra del norteamericano Adam Rapp, finalista del Premio Pulitzer en 2004, fue estrenada a finales de 2011 en la sala alternativa Mirador, en Madrid. El próximo 13 de febrero, vuelve a los escenarios, esta vez en la Sala Pequeña del Teatro Español, con cambios significativos en esta obra. Invierno en el barrio rojo supone el estreno como directora de escena de la actriz Marta Etura, Goya a la mejor intérprete de reparto por Celda 211 y una de las participantes en la película Lo imposible, de Juan Antonio Bayona. La obra, que cuenta el encuentro de dos amigos en Ámsterdam con una prostituta, está protagonizada por Aura Garrido, Gonzalo de Santiago y Raúl Sanz.