Font: EFE via ara.cat
El grup teatral Comediants ha obtingut avui el premi Joan Amades de Cultura Popular 2012 per la trajectòria al llarg dels últims quaranta anys i pel compromís amb la cultura popular i tradicional, segons l'Associació Cultural Joan Amades.
El portaveu de l'entitat, Amadeu Carbó, ha explicat que Comediants s'ha acabat imposant a onze candidats i que s'ha valorat, especialment, "el fet que el grup ha aconseguit un llenguatge teatral a partir de la cultura popular i tradicional". Han tingut en compte la relectura que han realitzat de tradicions i costums com el foc, els diables, els gegants, els capgrossos, els titelles o les danses. Per a l'Associació Joan Amades, "res no s'ha escapat de l'ull crític d'aquesta companyia, amb singulars propostes de posada en escena i un discurs teatral que ha tingut una especial incidència en les experiències de renovació festiva del país".
Paca Solà, de Comediants, ha mostrat la seva alegria per la concessió d'un premi que prové d'una associació que honra el folklorista Joan Amades, "un referent del grup des de sempre, la nostra bíblia". La companyia de teatre "sempre ha admirat la trajectòria d'un home que sense mitjans va recollir la tradició oral i la va plasmar en llibres com el 'Costumari Català', al qual Comediants sempre torna". 
El lliurament del premi es farà el pròxim dia 20 de gener al centre de creació de Comediants, a Canet de Mar (Maresme), i la companyia avisa que serà tota "una festa".
Fuente: José Luis Romo (elmundo.es)

Afortunadamente, 2012 está a punto de ser historia. Reconozcamos que no ha sido un año muy simpático. Los profesionales de la escena lo recordarán por ser el año en el que el Gobierno subió el IVA cultural del 8 al 21% (recuerden, el teatro es entretenimiento y no cultura) y por primera vez comenzó a bajar el número de espectadores que acudieron a las salas. A principios de mes se calculaban que las artes escénicas habían perdido 1.043.973 espectadores, lo que supone una caída del 35,04 por ciento respecto a 2011. Glups.
Aún así, no todo ha sido negativo y en estos 12 meses los teatros madrileños han luchado contra la crisis a base de talento, creatividad y genio. En La Luna de Metrópoli damos cuenta de lo mejor de una cosecha notable…

La obra: Follies

Mario Gas se despidió del Teatro Español por la puerta grande. Éxito unánime de crítica y todo el papel vendido para ver su cuarto asalto a Sondheim, un nostálgico musical sobre ilusiones perdidas, amores equivocados y, ante todo, un canto de amor al teatro de variedades. Un reparto en estado de gracia cuajado de grandes nombres (Vicky Peña, Carlos Hipólito, Mónica López, Asunción Balaguer, Ángel Ruiz...), 22 números que eran 'hitazos' instántaneos, escenografías y vestuarios 'deluxe' y la sabiduría escénica de Gas hicieron de 'Follies' un montaje legendario, que ha puesto muy alto el listón de los musicales en nuestra ciudad.

La actriz: Blanca Portillo

Sabíamos que la madrileña se crecía con los retos y que los personajes masculinos no le imponían, pero aún así su Segismundo en 'La vida es sueño' ha rebasado cualquier expectativa. La Portillo se ha consagrado (re-reconsagrado, en realidad) con este papel en el que ha desplegado un torrente de matices y un trabajo físico excepcional y enérgico. En su voz clara los versos de Calderón han sonado con la métrica precisa y el sentimiento exacto. Un hito, vaya.

El actor: Pere Arquillué

Tener enfrente a una bestia parda como Carmen Machi y no desaparecer de escena o actuar pegado a una enorme prótesis nasal de látex y que el público se olvide de ello son pruebas difíciles. Este catalán ha superado ambas. La primera en '¿Quién teme a Virginia Wolf?' y la segunda en el 'Cyrano de Bergerac' que actualmente se puede ver en el CDN. Más allá del resultado final de ambos montajes, pocos podrán olvidar las juguetonas interpretaciones de un Pere Arquillué que lo mismo ha bordado al sadmasoquista y etílico profesor universatario (era todo un festín ver su catálogo de golpes bajos a su esposa) que su conmovedor y heroico mosquetero.

El director: Miguel del Arco

Otro que se ha firmado un brillante doblete este año ha sido el director madrileño, hombre fuerte de nuestra escena desde que despuntara con su 'Función por hacer'. Este año ha demostrado su versatilidad tanto con una gran tragedia a la americana dirigida de manera ortodoxa y enérgica ('De ratones y hombres') como con un sainete levantino pasado de rosca con la corrupción política como telón de fondo (su particular revisión de 'El inspector', de Gogol). De la Gran Depresión a la traca fallera nada se le resiste.

La sala: La casa de la Portera

Hasta un premio Nobel como Mario Vargas Llosa ha bendecido a esta pequeña sala, un soplo de aire fresco en nuestra cartelera. Los inclasificables José Martret y Alberto Puraenvidia han sido los encargados de airear la escena convirtiendo lo que era la casa de una portera en el barrio de Embajadores de Madrid en un pequeño espacio escénico en el que el público es uno más dentro del escenario. Desde su magistral 'Ivan-off', con un estupendo Raúl Tejón, hasta pequeñas piezas de Carlos Be o Secun de la Rosa han brillado allí esta temporada

El monólogo: Concha Velasco

El público madrileño no respondió a la veterana actriz y su 'Concha. Yo sólo quiero bailar' se despidió del Teatro de La Latina antes de lo esperado. Una lástima porque nunca se había visto un 'One woman show' como este. Dirigida por José María Pou y con un habilísimo texto de Juan Carlos Rubio, la Velasco contaba su historia a través de descacharrantes anécdotas (impagable su pique con Mary Carrillo), recitaba a Kipling y Jardiel, cantaba éxitos propios y ajenos... y, por fin, bailaba. Un derroche de energía y presencia escénica que mereció más.

La reposición urgente: 'Las criadas'

Representada en el pasado Festival de Otoño en Madrid durante cuatro únicas fechas, esta vuelta de tuerca del argentino Pablo Messiez al clásico de Genet alucinó a cuantos la presenciaron. Debería tener una segunda oportunidad para que los madrileños pudieran disfrutar del 'tour de force' entre dos de nuestras actrices más prometedoras: Barbara Lennie y la argentina pero ya adoptada Fernanda Orazi (por no hablar de Tomás Pozzi y su singular señora).

El personaje: María Moliner

Imaginenlo, una mujer pragmática y corajuda, represaliada por el franquismo, dedica su vida a zurzir calcetines y escribir un diccionario que enmende la plana a la Academia. Un mal día, la artereoesclerosis le hace ir perdiendo las palabras que lleva estudiando toda su vida. Así dibuja Manuel Calzada a María Moliner y desde su presentación en la consulta del médico engancha: "Vaya, una mujer licenciada de su edad... Qué raro". "Raro, no. Lo que no es, es frecuente", responde ella por boca de una Vicky Peña superlativa. La obra aún se puede ver en La Abadía.

El aniversario: Yllana y 'Muu 2'

Hace 20 años que Yllana se dio a conocer con 'Muu', y esta temporada han celebrado la efeméride con una actualización de aquel montaje torero. Durante estas dos décadas, el humor canalla y gestual de la compañía ha llegado al 'Off Broadway' y ha triunfado en Festivales internacionales, como el de Edimburgo, ahí es nada. Su revisitación de este clásico ha estado a la altura.

Triunfando fuera de España: Rakatá Teatro

Arrancaron una ovación en el Globe Theater, el mismo en el que Shakespeare representaba sus obras, y luego repitieron éxito en los teatros del Canal. Rakatá Teatro demostraron con su Enrique VIII, en estupenda adaptación de Ernesto Arias, José Padilla y Rafael Lavín, que los españoles podemos enfrentarnos al bardo de Stratford sin ningún complejo en su propia tierra.

La transformación: Sergio Peris Mencheta

Sabíamos de él que era un actor con un físico digno de hacer del Capitán Trueno, lo que a muchos se nos escapaba era que también es un tío con una sensibilidad teatral como director muy a tener en cuenta. Avisó con 'Incrementum' y este año se ha ludido dirigiendo a Juan Diego Botto en la humanista 'Un trozo invisible del mundo' y reinventando a Shakespeare en 'Tempestad', que ahora mismo se puede ver en el Matadero,

La mudanza: La sala Guindalera

Lleva casi una década siendo un pequeño templo para 'gourmets' escénicos y estas navidades, la crisis obliga, han trasladado dos de sus obras de repertorio a los Teatros del Canal. Un acontecimiento que ha servido para que muchos descubran el concienzudo trabajo de Juan Pastor y los suyos. Su 'Larga cena de navidad' es de los espectáculos más bellos que se puede ver ahora en cartelera.

12 del 12

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Fuente: José Luis Romo ( elmundo.es ) Afortunadamente, 2012 está a punto de ser historia. Reconozcamos que no ha sido un año muy simpátic...


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El 9 de abril de 1991 debía celebrarse en el teatro Bellas Artes de Madrid el estreno de la obra Hazme de la noche un cuento, de Jorge Márquez, protagonizada por José María Rodero. En la puerta del teatro, una nota avisaba de que la enfermedad del intérprete obligaba a suspender el estreno; un mes más tarde, el 14 de mayo, moría de una enfermedad pulmonar el que para muchos era el mejor actor español de la época y, como le calificó una televisión alemana en 1980, uno de los cuatro mejores de Europa. "Yo no me creo nada de todo eso –dijo en una ocasión-; yo soy un buen trabajador y el que diga lo contrario lo puedo matar. Pero si me dicen que soy el mejor me tengo que encoger de hombros".
Hoy, 26 de diciembre, José María Rodero habría cumplido noventa años. "Era uno de los grandes", dijo de él José María Pou. Nació en Madrid en 1922; empezó a estudiar en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos, pero un día, al seguir a una chica (una actriz) de la que se había prendado, entró en un teatro y descubrió el mundo de la interpretación. Era el año 1940; se presentó a unas pruebas en el Teatro Español y entró allí como meritorio. Su primer papel fue en abril de 1940, en España, una grande y libre, un espectáculo dirigido por Felipe Lluch Garín para celebrar el primer aniversario del final de la guerra.
A finales de los cuarenta, José María Rodero formó parte de la compañía del teatro María Guerrero. Allí conoció a la que se convertiría en su mujer, la también actriz Elvira Quintillá, con la que tuvo dos hijos. Y allí empezó a consolidar su fama en obras como Plaza de Oriente, de Joaquín Calvo Sotelo; El landó de seis caballos, de Víctor Ruiz Iriarte; Soledad, de Unamuno; La herida luminosa, de Josep María de Sagarra.

Gran carrera teatral

En 1950 obtuvo su primer gran éxito al encarnar a Ignacio en la obra En la ardiente oscuridad, de Antonio Buero Vallejo. «José María Rodero logró, a nuestro entender –rezaba la crítica de ABC- uno de los mayores triunfos de su juvenil carrera artística, por el estudio y expresión de su papel, cuidado hasta en sus menores detalles». Y es que, aunque él se definía como un «autodidacta del teatro», quienes trabajaron con él destacaban la meticulosidad de su trabajo, su perfeccionisno y su capacidad para estudiar los personajes.
A partir de entonces, José María Rodero desarrolló una carrera teatral llena de éxitos, con decenas de papeles, algunos de ellos muy recordados, como El concierto de San Ovidio, Las meninas y El tragaluz, las tres de Buero Vallejo; El caballero de las espuelas de oro, de Alejandro Casona; Calígula, de Albert Camus; Enrique IV, de Pirandello; Historia de un caballo, de Tolstoi; y Luces de Bohemia, de Valle-Inclán. Como curiosidad, Rodero interpretó a lo largo de su vida a varios personajes históricos, desde Velázquez a Quevedo, pasando por Napoleón o el Rey Alfonso XII.
No tuvo, sin embargo, igual suerte en el cine, con el que no tuvo una buena relación; rodó muchas películas a las órdenes de directores como Luis García BerlangaJuan Antonio Bardem o José María Forqué, pero no destacó. En 1978 volvió a encarnar a un ciego en su último trabajo cinematográfico, La larga noche de los bastones largos. Sí fueron destacables sus intervenciones televisivas, especialmente en los míticos Estudio 1. El más recordado es Doce hombres sin piedad, de Reginald Rose, bajo la dirección de Gustavo Pérez Puig; pero también hay que citar Los emigrados, de Slavomir Mrozek, o Muerte de un viajante, de Arthur Miller.
Su último papel, que no llegó a confrontar con el público, fue el de un travestido en Hazme de la noche un cuento. Un día antes del estreno fallido, decía a ABC: "Si me aceptan, por supuesto, podré continuar, pero si me rechazan será el fin de mi carrera. Ese es el riesgo que corro". Y es que esta era su filosofía acerca de su profesión: "Es necesario que los actores nos ganemos, con nuestro comportamiento, con nuestro estudio, con nuestra dedicación, el respeto del público. Y es necesario, asimismo, que el público comprenda el esfuerzo que hacemos los actores. Esfuerzo que por otro lado no tiene más compensación que los aplausos, y eso acaba muy pronto."
Fuente: Rosa Rivas (elpais.com)

"Pasión y energía para crear nuevas obras y mejorar nuestro trabajo. Eso es lo que quiero hacer con el kabuki”. Así era el afán de perfeccionamiento de Nakamura Kanzaburô, un hombre tenaz y optimista cuya energía se cortó súbitamente el 4 de diciembre en un hospital de Tokio, a los 57 años, tras sufrir una insuficiencia respiratoria aguda. En junio pasado él mismo había anunciado que sufría cáncer de esófago. Fue operado en verano con éxito, pero una neumonía invernal ha truncado una carrera centrada en revitalizar las tradiciones teatrales niponas sin perder la esencia original y aportando toques estéticos y argumentales del siglo XXI. Llegó a colaborar con compositores actuales, como la cantante de rock Ringo Shiina, quien compuso en 2007 la música para la obra Sannin Kichisa, donde las referencias originales del kabuki adquirían un ritmo cañero, un cierto aroma punk.
La audiencia de Namakura Kanzaburô traspasaba generaciones y su empeño era captar público joven y contribuir a las manifestaciones del cool Japan, la frescura conceptual, imaginativa y transgresora de la cultura japonesa contemporánea. Tanto en Asakusa como Shibuya, barrio tradicional uno y barrio hipermoderno otro, el actor y su compañía llenaban en cada espectáculo. Y su presencia en series y anuncios de televisión en Japón era frecuente. “Nuestro objetivo es entretener. Lo que nosotros hacemos para vivir ayuda a las vidas de los demás”, declaró Kanzaburô en una de sus últimas entrevistas.
Kanzaburô era una estrella del kabuki, la 18ª generación de una familia de artistas, una dinastía que, como él hizo a los cuatro años —cuando salió por primera vez al escenario—, continuará con sus hijos. La dinastía Nakamura, de actores y empresarios teatrales, cuyo emblema es la hoja del resistente pero sutil ginkgo, continuará con los hijos de Kanzaburô, Shichinosuke II y Nakamura Kankuro VI. Kanzaburô fue Kankuro V antes de recibir su nombre artístico definitivo en 2005, en un shumei, ceremonia al uso de un país tan ritual como el suyo y en el que los clanes artísticos o profesionales llevan su nombre como una joya a lo largo de los años y los siglos.
Con el nombre de Heisei Nakamura-za, el actor formó una compañía de 100 hombres. Pero todos versátiles en el arte de la interpretación, al igual que el actor principal, que lo mismo encarnaba de forma excepcional y creíble papeles masculinos (tachiyaku) o femeninos (onnagata). La energía y el humor eran los toques maestros que el líder insuflaba al repertorio, que revisaba obras clásicas desde el siglo XVII.
Con su troupe, en 2004 Nakamura Kanzaburô salió de Japón para mostrar su arte en distintas ciudades de Estados Unidos: Boston, Washington y Nueva York. El Lincoln Center adaptó su escenario para convertirlo en un teatro de 545 asientos como en la era de Edo (nombre antiguo de la capital de Japón). El éxito fue tal que la compañía fue reclamada para regresar. Lo hizo en 2007, y de nuevo Kanzaburô desplegó sus impactantes y sarcásticas poses. En una escena, localizada en un cementerio, llegó a jugar minigolf con una calavera, recuerda The New York Times, que destacaba en la crítica el aire de cómico moderno de Kanzaburô. También causó sensación en Berlín, durante su gira europea de 2008.
Uno de sus montajes más audaces fue Hokaibo, una comedia donde interpretaba a un monje lascivo y ladronzuelo que perseguía a la hija de un tendero. Pero Kanzaburô, sensible siempre, recordaba entre sus mejores momentos escénicos cuando interpretaba con sus hijos Renjishi, obra en la que el padre león enseña a sus cachorros los rigores de la vida: “Me emociona revivir cuando yo empecé en el kabuki con mi padre”.


Font: Juan Carlos Olivares (ara.cat)
Quan es declari l'hora H del col·lapse del teatre català no hi haurà la temuda extinció completa. Els primers senyals de debilitat induïda dels escenaris sistèmics conviuen amb una oferta alternativa que assimila amb inconscient èxit l'instint de supervivència del teatre de Buenos Aires a partir de la crisi de l'hivern del 2001. Fa molta por quan determinats personatges que compten esmenten amb admiració interessada els efectes de la precarització de l'escena argentina. Estan encantats d'aplicar a la creativitat artística el perfil dels bacteris anaeròbics, sobretot aquells que acceleren el seu creixement amb nivells d'oxigen tensos. Estan convençuts que el talent es multiplica amb l'asfíxia econòmica.
La bohèmia de nou encuny es va instal·lar en sales de dimensions reduïdes, suficients per a espectacles de decorats mínims i repartiments ajustats, però el cicle expansiu s'ha acabat. S'imposa la involució de la maquinària teatral. Una operació com el trasllat del Lliure al Palau de l'Agricultura -després de descartar l'encara més ambiciós projecte de les Arenes- seria ara inconcebible. Fins i tot plantejaments de canvi controlat com la nova seu de la Sala Beckett al Poblenou s'ajusten per força a la nova realitat d'aturada i marxa enrere. La mudança s'acosta: s'emportaran la preciosa maqueta d'un teatre que no serà. Hi ha una acceleració del calendari, empesos per una economia de guerra. Serà a finals de la primavera del 2013, per estalviar als assistents de L'Obrador una triple pneumònia.
L'any del 'petit format'
Enguany hi ha hagut excel·lents exemples d'adaptació a les adverses circumstàncies que s'acosten. El teatre català exhibeix una gran fortalesa del seu software dramàtic. Ha passat amb èxit la prova de l'argentinització. Ha estat l'any del petit format, encara que algun títol entri a la llista amb certa liberalitat en els criteris de selecció, com L'ombra al meu costat, de Marilia Samper, estrena del T6 del Teatre Nacional. Però per autoria, complicitat generacional i trajectòria mereix estar al costat de les destacades obres de Nao Albet & Marcel Borràs, Josep Maria Miró, Joan Yago (representant La Calòrica), Jordi Casanovas (en la versió debutant), Marta Buchaca, Guillem Clua i Iván Morales. Una llista que podria dividir entre rebels i clàssics, sense que pressuposi una separació per mèrits: només és un intent de diferenciar entre els que practiquen la posada al dia dels gèneres dramàtics i els que d'alguna manera introdueixen elements que els subverteixen.
Entre els primers hi ha el thriller amb parella de policies de les Millors ocasions de Casanovas (Sala Flyhard), el sensible equilibri de la comèdia generacional Litus de Marta Buchaca (Flyhard i Espai Lliure) i la comèdia romàntica que Guillem Clua homenatja a Smiley (Flyhard). Al mig d'això hi ha Sé de un lugar, d'Iván Morales (La Caldera, La Seca, vestíbul del Teatre Romea). Integrat en el relat d'una trista història d'amor que evoluciona a lluminós relat d'amistat, però apocalíptic en l'ús de l'el·lipsi i la integració del públic per fer avançar la narració.
La manipulació del temps també és important per a dos exemples d'intencions més pertorbadores. A més de L'ombra al meu costat -un drama sobre l'absència sobtada amb les dimensions espai-temporals creuades-, també destaca en aquest aspecte El principi d'Arquimedes, de J.M. Miró (Sala Beckett) i la seva moviola i canvi de perspectives per desentranyar escena a escena un cas d'histèria col·lectiva davant un suposat cas d'agressió sexual a menors. I entre els radicals, la gamberrada arqueològica de La monja enterrada en vida (La Seca), un títol adscrit al grand-guignol de Jaume Piquet, rescatat com a deliri bastard per Nao Albet i Marcel Borràs i, per descomptat, l'aguda farsa política de L'editto bulgaro (Almeria Teatre) de La Calòrica. Un gènere minoritari. La farsa exigeix il·lusió de canvi. Però només hi ha conformisme a cabassos.


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El teatro familiar, cada vez más importante y con mayor calidad, tiene una gran presencia estos días en la cartelera teatral. Presentamos diez propuestas de la escena madrileña.

Don Pepito

Teatro Coliseum. Hasta el 5 de enero
Las grandes canciones del mundo del circo -«Hola Don Pepito», «Susanita», «La Gallina turuleta», «La marcha de las letras», «El barquito de cáscara de nuez» o «Mi barba tiene tres pelos»- se reúnen en este musical escrito por Sarah Gómez, con adaptación y dirección de Miguel Antelo. «Don Pepito» cuenta la historia de tres jóvenes, Pepe, Margot y Marpo, y de su viaje lleno de aventuras para recuperar el Circo de las Cinco Pistas, destruido por los Polímalos. Manuel Ríos, Santiago Díaz, Palmira Ferrer, Carlos Jano, Mayte Gete, Ángel Muñiz, Nacho Bergareche, Adrián Martínez, Eva Manjón y Alejandro Vera componen el elenco.

La bella durmiente

Teatro Fernán Gómez. Hasta el 6 de enero
El Ballet de Carmen Roche presenta uno de los títulos más populares del repertorio del ballet clásico, con música de Piotr Illich Chaikovski. En esta ocasión la coreografía es de la cubana Martha García, que ha preparado el espectáculo junto a Orlando Salgado. Se trata de una adaptación actual; Aurora no es una princesa, sino una joven que sueña con ser elegida en una audición para interpretar el ballet «La bella durmiente». En el camino tendrá que enfrentarse a su rival, el hada maléfica.Yuka Iseda será Aurora, y Edgar Chan el coreógrafo y príncipe Decidiré, y junto a los bailarines de su compañía figuran alumnos de la escuela Scaena.

Otro gran teatro del mundo

Teatro Pavón. Hasta el 6 de enero
La Compañía Nacional de Teatro Clásico abre por primera vez sus puertas al público más joven, con una versión de la obra de Calderón «El gran teatro del mundo». La firma Uroc Teatro, una compañía con una larga experiencia en teatro familiar y numerosos éxitos a sus espaldas, cuenta con dramaturgia de Antonio Muñoz de Mesa y dirección de Olga Margallo. ¿Cómo hubiera escrito esta obra su autor para un público infantil?, se han preguntado en Uroc Teatro. «Hemos contado -dicen- nuestra historia en clave de comedia musical, como el vehículo más apropiado para llegar a nuestros jóvenes espectadores».

Los amigos de Walt Disney

Teatro de La Latina. Hasta el 6 de enero
El mundo de Walt Disney es el escenario en el que se desarrolla este espectáculo, que dirigen Olga Antúnez y Benja Lorenzo, con coreografía de Guillermo Tort y dirección musical de César Belda. Se trata de una recreación de las canciones más populares de las películas de Disney, presentadas de manera divertida.

A christmas carol

Teatro Cofidis Alcázar. Hasta el 28 de diciembre
Una propuesta diferente que ya lleva varios años presentándose en Madrid: se trata de una producción del célebre relato de Charles Dickens que se ofrece en inglés. Lo hace la compañía Face to face, que recrea «la magia y el humor del cuento original (uno de los más populares de la tradición navideña anglosajona, llevado al cine y al teatro con frecuencia). El espectador, cuentan sus responsables, «ríe a carcajadas y reflexiona sobre la alegría de compartir. Con sus canciones evocadoras, divertidísimos gags y magia teatral basada en el mimo y la comedia visual, esta obra es adecuada para todos los públicos con un nivel medio de inglés».

Blancanieves boulevard

Teatro Compac-Gran Vía. Hasta el 3 de enero
Vuelve a la cartelera madrileña este exitoso y premiado musical, que es una recreación del célebre cuento de Blancanieves. Con libro de Javier Muñoz (también director y co-autor de la música) y Diego Yzola, y música también de Augusto Algueró y Nacho Cano, la acción se sitúa en los años veinte, con la ley seca, el cine y el nacimiento del jazz como telón de fondo. Una joven actriz que triunfa, otra actriz veterana que siente celos de ella, y un clandestino grupo de músicos son los protagonistas de esta versión, que cuenta como principales intérpretes con Patricia Ruiz, Miriam Madrid, Jacobo Muñoz y José María del Castillo.

El loco cuento de todos los cuentos

Teatro Fígaro.
Con texto de José María Plaza, «El loco cuento de todos los cuentos» es una historia donde todos los personajes de las narraciones infantiles cambian de papel: los tres cerditos dicen que son los siete enanitos y se comportan como ellos, la Bella Durmiente se cree el Gato con Botas? y el enanito Gruñón se considera la Bella Durmiente y espera, impaciente, el beso del guapísimo príncipe. Todos estos personajes se han caído de un libro de cuentos, y tras el golpe, algunos han perdido la razón y se comportan como si fuesen otros. El espectáculo lo dirige David Colorado.

Navidades en el Price

Teatro-Circo Price. Hasta el 6 de enero
«Jugar nos ofrece maneras de ser, de conectar, de dejarnos llevar, de hacer el gamberro, de usar la imaginación, de convertirnos en otras personas». Son palabras de Rob Tannion, director de este espectáculo. Con el hilo conductor de un adolescente con un videojuego desfilan por el escenario distintos números circenses, desde malabares sincronizados a portés acrobáticos, el péndulo de la muerte cama elástica, antipodismo, arte con arena, aéreo con eslingas y, naturalmente, clowns. Proceden los artistas del Reino Unido, China, Alemania, Ucrania, México, Bélgica y España.

Alicia

Réplika Teatro. Hasta el 27 de enero
Daniel Pérez firma esta adaptación del cuento de Lewis Carroll, que Réplika Teatro vuelve a poner en pie en su propia sala. «Alicia -dice el adaptador- , nuestra Alicia, también se va a sumergir en un país que todavía conserva alguno de los personajes que imaginó el autor británico, pero lo va a hacer con el toma y daca del diálogo teatral. Con situaciones diferentes aunque con la misma indisposición para llegar a comprender un mundo extraño, alejado de los convencionalismos y de las reglas de urbanidad». Dirigido por Jaroslaw Bielski, cuenta con canciones del propio Daniel Pérez.

Imaginarium

Teatro Compac Gran Vía. Hasta el 3 de enero
La marca de juguetes ha querido celebrar su XX aniversario con el estreno de un musical que tiene como protagonistas a sus muñecos: KicoNico, PakoNico y todos sus amigos. Música, canciones, coches voladores, viajeros, piratas, sorpresas e imaginación sin límites son algunos de los ingredientes del espectáculo, en el que se presenta un lugar maravilloso al que va a parar todo lo que se sueña, y donde la imaginación es lo más importante: el país de Muiranigami.