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Fuente: Esther Alvarado (elmundo.es) | Foto: Conchitina
Dice José Luis Gómez que la fuente primordial del oficio del teatro es el "actor". Eso era él en sus orígenes y muchos otros directores, productores, autores... que salieron del "caos" del teatro. "Alguien tenía que salir del grupo de actores y poner orden", dice y con estas palabras define su particular advenimiento a la labor de dirección. 
Luego llegó La Abadía y, tras ella, todos los reconocimientos que le adornan. Él sabe que le debe mucho a este proyecto: "A mí no me hubieran llegado tantos premios si no hubiera asumido hacer La Abadía. Tiene mucho que ver con haber decidido contribuir al teatro, que es una suerte de patria, de otra manera que siendo el mejor intérprete posible, o un buen director. "Yo le debo mucho a La Abadía. En otro sitio no hubiera podido llevar a cabo lo que he hecho", dijo ayer en conversación con un reducido grupo de periodistas, antes del homenaje en el que la 'laudatio' corrió por cuenta del escritor y periodista Juan Cruz.
Cruz le tiene muy bien cogida la medida a José Luis Gómez, del que dice que "puede ser cualquier cosa que le exija su alma, porque dentro de él habitan todos los personajes del teatro". 
"Se fue a estudiar para hotelero como su padre, pero volvió de Alemania sabiendo el idioma y el teatro de la vida. Es un aprendiz de 75 años", añade. Precisamente por eso; por su "compromiso incansable con el teatro, su afán por seguir aprendiendo y descubriendo y su amplísima experiencia profesional" es por lo que el 38 Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ha decidido otorgarle el premio de este año.
Esta semana sus 'Entremeses' volverán al Corral de Comedias donde los hicimos "hace un montón de años", recuerda con vaguedad. "La gente quiere mucho a este festival. No es tan frecuente ver eso", añade. 
"Le debo mucho a La Abadía. En otro sitio no hubiera podido llevar a cabo lo que he hecho"



Hay muchas cosas que convergen en el hecho del intérprete, y entre ellas destaca un mantra que repite con persistencia: "Dios mío, esta carne tan torpe...". De ella es obligatorio hacer "un instrumento de precisión tan afinado que debe transmitir lo mejor que el ser humano ha transmitido lleno de emociones exquisitas".
De su predisposición al aprendizaje perpetuo Gómez señaló que con la edad "se aprende a estar mucho más abierto, mucho más sereno, más despejado para intentar ser buen transmisor. Eso es lo que converge en el trabajo del intérprete". "Mientras que el ser humano siga haciéndose, estamos en un proceso de hacernos y deshacernos", añade.
En ese sentido, el académico cree que "llega un momento en que el mejor aprendizaje es el desaprendizaje. Hay un momento en el que uno dice 'ya; basta de acumulación', pero despojarse es un trabajo arduo. Esa reducción a lo esencial no se hace en momentos en que es la apoteosis de la proliferación y la abundancia".
Preguntado sobre las estrecheces que sufre el teatro por culpa del IVA cultural, José Luis Gómez afirma con rotundidad que "las mujeres y hombres de teatro dignos de tal nombre y responsables lo que no se pueden permitir es hacerlo mal. Incluso con recortes no dejan de hacerlo bien y eso, por supuesto, es un asunto de dignidad". 
En ese sentido, cree que la actitud ante la vida de los actores, que calificó de "fuente del teatro", es como mínimo elogiable. "Se nos ha dicho de todo -lamenta con seriedad-. La gente de mi oficio son gente laboriosa, trabajadora y muy abnegada. También habrá ganapanes, gañanes y malandrines. Pero los que yo conozco son personas con una ingenua ilusión por hacerlo bien".
Con el homenaje a José Luis Gómez comenzó ayer la 38 edición del Festival Internacional de Almagro cuya primera cita con el público fue el estreno de 'Fuente Ovejuna', de Lope de Vega, en la plaza mayor de la localidad, a cargo de los vecinos de Fuenteobejuna que la representan cada dos años en su villa y que, por primera vez en su historia, han cambiado su escenario habitual.
Fuente: Jesús Ruiz Matilla (elpais.com) | Foto: Álvaro García
Con la friolera de 20 años al frente de La Abadía, José Luis Gómezedificó ese templo madrileño, referente europeo, desde la austeridad. Hoy asegura que, de seguir los recortes, “toca hablar de suicidio cultural”. Cree que es tarde para bajar el IVA de espectáculos. Quien ganara el mejor premio de interpretación en Cannes por Pascual Duarte en 1976, clama por un viraje a tiempo. Aprendió el oficio en un constante cruce de caminos que le llevó de la Francia convulsa de los sesenta a la Alemania deslumbrada por Bertolt Brecht y de ahí al Nueva York del método donde estudió con Lee Strasberg. Hoy es un maestro orgulloso de llevar teatro a un lugar de convivencia con la lengua como es la Real Academia Española. Aun así, no esconde su escalofrío ante la nevera cultural en la que se encuentra el país al que un buen día decidió regresar para sembrar.
¿Así que se formó, entre otros, con Lee Strasberg?
Casi después del premio en Cannes me fui a estudiar un año a Nueva York con él, como maestro, en el Lee Strasberg Theatre Institute. Fue muy comprensivo cuando me tuve que ir porque Adolfo Marsillach me llamó para trabajar en España: “Si en nuestra profesión un hombre no trabaja, estudia, pero cuando sale trabajo, no puede decir que no. Usted mismo. Good luck”, me dijo.
¿Qué encontró al volver?
Que la visión del teatro era muy provinciana, cosa que ha cambiado mucho, para bien. Ahora hay espectáculos muy por encima de la media mundial. No es la regla, pero los hay. Tenemos que formar gente para hacer el teatro que se sueña y para ello necesitamos los mimbres, que son los actores, fundamentalmente. Había que revisar el oficio. Lo que yo traía, funcionó. Llegué ya maduro. Sufría querencia, nostalgia de país. Renuncié al nomadismo, a ciertas oportunidades.
¿Al triunfo personal?
Tenía que repartir juego, eso era muy importante. Tocaba. Y en el fondo, a mí me convenía personalmente, apostar por este proyecto. Por un arraigo, en principio personal, que diera lugar a otro colectivo para este teatro. Empezando por la lengua.
¿Cómo experimentaba dentro de sí esa sacudida de diferentes bagajes?
Bueno. Yo quise en Estados Unidos empaparme de cierto realismo con Strasberg. Pero la madre del cordero está en Europa, yo creo. En lo desarrollado aquí y desperdigado por el resto del mundo. En La Abadía estamos en un momento de síntesis. Ahora nos hemos metido en lo que llamo el obrador del actor. Es tradición nuestra crear escuela. A la vista de la edad que tengo y del flujo de la vida, debo ser previsor. Quienes aquí han trabajado, deben hacerse cargo y por tanto iremos hacia algo más colegiado.
O sea, que no es usted de los que piensan que tras de sí, el caos.
No, no, aunque en política, más. No es generosidad. Es la vida personificada en nombres y seres humanos. Es el impulso de la vida y creo en él. Yo que era una persona muuuuuy exigente…
¿Ya no lo es tanto?
Ya no. Si he sido duro, que Dios me perdone. Uno a veces exige a otras personas cosas que sólo uno puede hacer, por circunstancias, y eso es un grave error. En ese sentido, ya no soy tan exigente.
Ha dicho usted: “Que Dios me perdone…”. ¿Cree?
Soy un hombre creyente.
¿En qué?
En que lo que llamamos vida que se manifiesta no sólo se debe a un impulso biológico, energético, sino que hay una razón última. Sí lo creo. El paradigma cristiano me parece extraordinario como ejemplo de amor. Es único.
En quien sí creen los políticos es en usted. Cada vez que entra un Gobierno en la Comunidad de Madrid, lo mantienen desde tiempos de Joaquín Leguina.
La Abadía siempre ha sido un proyecto compartido. Yo he tratado de ser leal, institucionalmente, fuera cual fuera mi opción por un partido u otro. Y he sido correspondido. Cuando estaba Joaquín Leguina decidí montar una obra de Fermín Cabal sobre la corrupción en la época socialista, Castillos en el aire, y envié el texto al presidente. No hubo problema. Con Esperanza Aguirre ocurrió un caso similar sobre una obra que se titulaba Terrorismo. Se lo advertí, me aconsejó que cambiáramos el título. No le hice caso y tendría que habérselo hecho porque aquello afectó al flujo de espectadores.
Lo que toca quizás es una obra sobre Gürtel o Bárcenas, ¿se la mandaría a Ignacio González?
Si la hubiera y fuera buena… sin duda.
Y si desembarca Podemos, ¿tocaría algo sobre Chávez?
Yo espero que Podemos se manifieste pronto sobre los asuntos de cultura. No hay un prestigio de país sin una cultura fuerte. En ese sentido, nadie ha hecho gran cosa. La pujanza del español está en manos de los latinoamericanos, por ejemplo. Estamos desperdiciando demasiadas cosas. Ojalá un partido con esas posibilidades aspire a un discurso cultural fuerte.
¿Alguna idea que aportar?
Pues esa política de blindaje hacia el teatro que tienen en Alemania, por ejemplo. Para ellos, el teatro es la lengua, como ven que la misma lengua tiene capacidad de influencia, al teatro no se le toca. Es un cálculo que nos habla del valor cohesionador de la cultura. Si ese valor se hubiese impuesto en España desde hace siglos, quizás nuestras fuerzas centrífugas, fueran menores. Por otra parte, me permito recordar, con arreglo a los recortes de la cultura, aquella anécdota sobre el príncipe danés a quien en momentos de crisis le sugirieron cerrar bibliotecas. Esta fue su respuesta: “Somos pobres, no nos podemos permitir, además, ser tontos”.
¿Y en eso, nosotros hemos sido muy, pero que muy torpes?
Siempre tuvimos medios escasos, el concepto que impusimos al nacer era austero. Sacar de la austeridad un proyecto rentable. ¿Qué ha ocurrido ahora? Que han tocado la línea de flotación y que con más recortes, nos hundimos. Hemos sentido un proceso de amputación.
Y ahora murmuran que si van a bajar el IVA para espectáculos. ¿Descaro electoral?
Llega ya tarde, no nos lo creemos además. No se ha retirado hasta ahora por no dar el brazo a torcer, por no reconocer el error. No veo la razón de seguir con ello, más cuando publicaciones pornográficas llevan un 4% y nosotros un 21%.
¿Porque hablamos de Gobiernos que fomentan los instintos primarios?
Es posible. Ya digo: no se entiende. Más cuando con elementos de juicio vemos que estos ingresos no aportan gran cosa para el Estado. Hay bolsas donde se puede recaudar más. Estamos en una situación en la que en España toca hablar ya de suicidio cultural.
¿Asesinato más bien?
Simbólico, pero asesinato.
A sus 75 cumplidos, ¿le queda algún gusto que darse encima de los escenarios?
Pues quizás hacer una Celestina. Puede que se dé pronto... Es, como dirían los ingleses, un must, algo obligado. Pero un must muy negro. Comparto con Juan Goytisolo que después de El Quijote, La Celestina es lo que viene. hay muchas cosas por descubrir dentro. Es la primera vez en literatura que se proporciona una rebelón para los de abajo, una rebelión luciferina, contra el orden impuesto.

Fuente: Rocío García (elpais.com) | Fotos: Gorka Lejarcegi
El Teatro de La Abadía de Madrid será en unos días el ágora, esa plaza pública de la antigua Grecia, ese lugar de reunión y discusión, las asambleas que concitaban a ciudadanos de toda clase y condición. Será una ágora en torno a la tragedia griega, al origen del teatro, con la representación de tres obras míticas y universales —Antígona, Medea y Edipo Rey—, que llegarán al escenario de La Abadía a partir del próximo martes día 21 bajo la dirección de tres grandes de la dramaturgia española, Miguel del Arco, Andrés Lima y Alfredo Sanzol. Será una ocasión para entrar en la esencia de la condición humana, a través de la vida de héroes y de mitos, de muertes y venganzas, de amores e inmortalidad, de celos. Nace así el Teatro de la Ciudad, uno de los proyectos más ambiciosos y novedosos en el panorama teatral español, con el objetivo de aunar esfuerzos de creación colectiva y generar un espacio físico y humano que sirva de investigación, producción y exhibición de las obras que se vayan poniendo en marcha.
El Teatro de la Ciudad, impulsado por Del Arco, Lima y Sanzol como una gran fiesta ciudadana y colectiva en torno al teatro, cuenta con el apoyo decidido y entusiasta del director de La Abadía y benefactor de esta iniciativa, José Luis Gómez, —”nunca ha habido nada parecido”—. La vocación de esta aventura es la de ser sostenible en el futuro y la de abrir sus puertas a otros creadores contemporáneos y a nuevos valores de la escena teatral.

Antígona


Antígona es la obra de Sófocles que dirige Miguel del Arco. La protagonista se enfrenta a los dictados políticos del rey de Tebas, su tío Creonte, anteponiendo lo que cree ser su realidad familiar. Junto a Manuela Paso (Madrid, 1969) intervienen en la obra Carmen Machi, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, Raúl Prieto, José Luis Martínez, Silvia Álvarez y Santi Marín.


Compartiendo un mismo espacio escénico, los montajes de las tres tragedias griegas se irán alternando a lo largo de los días (del 21 de abril al 21 de junio), de tal modo que los espectadores podrán asistir en una misma semana a las tres representaciones. Al frente de las tres tragedias griegas están grandes nombres de la interpretación, junto a actores de sólidas carreras en la escena. En Antígona de Sófocles, dirigida por Miguel del Arco, la actriz Carmen Machi se meterá en la piel de un hombre poderoso, Creonte, el rey de Tebas enfrentado a su sobrina Antígona, papel que interpreta Manuela Paso. Aitana Sánchez Gijón será Medea, la obra de Séneca que dirige Andrés Lima, y Juan Antonio Lumbreras hará de Edipo Rey en la pieza de Sófocles dirigida por Alfredo Sanzol. Esta propuesta se completará con unas veladas a las que han puesto el nombre de Entusiasmo, una combinación de locura y sabiduría a celebrar los fines de semana, en los que reinará el factor sorpresa, un espacio imprevisto, que un día se puede convertir en un baile, otro en un coloquio, un discurso, una canción o un debate. El espectador no sabrá de antemano cuando o dónde se producirá el hecho teatral.
Ya hace días que el ágora ha entrado en esos patios idílicos de La Abadía. Lo hizo en la primavera pasada cuando unos talleres de investigación unieron a actores, directores, investigadores, dramaturgos, escenógrafos y oyentes en tono a las claves de las tragedias griegas, su puesta en escena y las motivaciones de los personajes, y lo hace ahora en un enérgico trajín de idas y venidas, de ensayos finales en el espacio escénico elegido, en el que no faltan los nervios pero tampoco el júbilo y la pasión.

Creonte


En la versión escrita por Miguel del Arco, Creonte es una mujer. Carmen Machi (Madrid, 1963) resalta que tanto Antígona como Creonte son unos personajes con los que cualquiera puede empatizar. “He aprendido que en la tragedia el que tiene la palabra tiene el poder y el que habla tiene la razón. Este el dilema de la tragedia, abocada a un final terrible”.


Aitana Sánchez-Gijón tiene la garganta destrozada y la boca llena de llagas. Sabe que será cosa de apenas unos días, que ese dolor emocional que se ha traducido en dolores físicos desaparecerá. Está sin duda ante uno de los papeles más atrayentes de su carrera, Medea, esa hija de reyes, descendiente del linaje del dios Sol, abandonada, desterrada, repudiada como si fuera basura, una mujer poderosa a la que le es arrebatada de un plumazo su dignidad y que decide vengarse dando muerte a sus propios hijos. “He pasado la fase inicial del miedo y el peso que supone interpretar a un personaje mítico como este, llevado a escena a lo largo de la historia por grandísimas actrices, he superado ese primer momento que puede llegar a paralizarte y ahora me siento como si llevara los 46 años que tengo preparándome para poder afrontar algo así. El proceso de trabajo e investigación que hemos realizado me ha ayudado mucho a naturalizar de alguna manera ese acercamiento a Medea, a no sentirme aplastada por el peso de los siglos y la historia y a sentirlo como algo propio". El personaje de Medea se ha ido infiltrando en el subconsciente de la actriz, —“en algún lugar que no controlo racionalmente”— y poco a poco se ha ido apoderando de ella. “Todo esto ha ido brotando en los ensayos desde el primer día de manera muy clara, como que el camino del dolor estaba ya trazado y a partir de ahí todo ha ido saliendo como sin esfuerzo. Como si de alguna manera se hubiera apartado de mí el lado racional y analítico que tengo, me he quitado resistencias y control y me he dejado llevar”. Sánchez Gijón sabe del poder de las palabras y de la acción de esta mujer desbocada por el amor al guerrero Jasón. Como madre, —“al principio no podía leer sin sollozar la escena de la matanza de los hijos”— decidió dejar a un lado a “Aitana” y meterse en “el dolor de una mujer que ya está muerta, que ha antepuesto su amor ante todas las cosas, que ha sido ya capaz de matar en el pasado, de despedazar a su propio hermano”. “He intentado comprender desde ese dolor que te inunda y te obsesiona y te hace escoger el camino de la destrucción total. Medea raya la locura, pero no está loca. Lo más terrible de todo es que uno puede llegar a comprender en qué momento se traspasa esa línea en una mente que no está enferma. Mata a sus hijos y se arrepiente pero a continuación clama: ‘Un intenso placer me penetra a mi pesar y crece".
La escenografía en la sala Juan de la Cruz, de La Abadía, es la misma para los tres montajes, unos cortinajes negros de flecos y el espacio ovalado del teatro, aunque con diferentes elementos. En Medea uno entrará como en un paisaje oscuro de ceniza, lava y rocas, con dos muñecos de barro de terracota, un contrabajo a un lado, dos sillas que se moverán y un traje de novia colgado al fondo en referencia a Creúsa, la hija de Creonte causante del repudio de Jasón a Medea. Una larga mesa de banquete, con restos de comidas y bebidas y centros de flores, acogerá el drama de Edipo Rey, mientras que Antígona utilizará una gran bola transparente colgada del techo sobre la que proyectarán imágenes.

Medea


Uno de los grandes personajes de la literatura, Medea, de Séneca, fue una mujer que, desquiciada por los celos y la amargura, mató a sus hijos. A Andrés Lima, su director, le inquieta desde hace tiempo ese crimen, “el más atroz que uno puede imaginar”. Junto Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) interpretan la obra Joana Gomila, Laura Galán y Andrés Lima.


“¿Te parece una locura que Creonte sea una mujer?” La pregunta que le planteó Del Arco a Carmen Machifue toda una sorpresa. “Espérate que lo lea de nuevo y te digo”, le contestó cauta. Hoy la actriz, que vuelve de nuevo con la obra de Sófocles a romper moldes interpretativos, revisó el texto una y otra vez y no vio nada que impidiera que ese poderoso rey de Tebas fuera una mujer. “En ningún momento hemos echado de menos algo que nos diera a entender que estábamos traicionando la verdad. Por el hecho de que Creonte sea una mujer ni mejora ni empeora la función, pero sí creo que en el enfrentamiento con Antígona se afronta de manera más directa la lucha de poderes. El poder no tiene sexo. Son dos personajes muy orgullosos que se creen en posesión de la verdad. Al ser dos mujeres, la situación se iguala mucho y a mí eso sí que me parece interesante. Noto además que crece en potencia sobre todo en la escena con su hijo Hemón”.
Es domingo, acaba de terminar un ensayo y Machi se ha vestido de Creonte para la foto: botas altas, camisa transparente negra y una casaca también negra, que contrastan con los labios rojos. Independientemente del hecho de que ese rey de Tebas ahora sea una reina, a la actriz le ha cambiado mucho la percepción que se tiene de Creonte. “Creo que estamos un poco equivocados. Le defiendo porque le tengo que interpretar pero también porque tengo fe en su honestidad. Lanza un discurso al pueblo en su toma de posesión al que yo votaría con los ojos cerrados. Quiere un país democrático donde haya paz y donde se respeten las leyes. Para ello comienza elaborando una decreto que afecta a su propia familia, pero lo último que se espera es que sea un miembro de esa familia, su sobrina Antígona, la que socave la autoridad. Ahí empieza el conflicto y ante la envergadura de ese enfrentamiento rechaza la corrupción y el tráfico de influencias llegando hasta sus últimas y trágicas consecuencias. Visto así, creo que Creonte está cargado de razones. No creo que represente el abuso de poder, sí el poder y la autoridad. Es la ley", asegura Machi que reconoce, sin embargo, que el orgullo y la cabezonería terminan por socavar las razones de este mito de Sófocles.

Edipo rey


Escrita por Sófocles, es, según Aristóteles, la tragedia más perfecta. “Me impresiona mucho la historia de un hombre que descubre que toda su vida está construida sobre una mentira”, dice su director, Alfredo Sanzol. Junto a Juan Antonio Lumbreras (Cáceres, 1973) trabajan Natalia Hernández, Elena González, Eva Trancón y Paco Déniz.


No lo tiene tan claro Manuela Paso que ve en su personaje, Antígona, a una mujer que lucha contra el sistema y unas leyes injustas e inhumanas. También contra el abuso de poder que cree representa sin dudas Creonte. ¿Dónde está la ley? ¿dónde están sus límites? ¿quiénes imponen esas leyes y desde dónde lo hacen? ¿las leyes se tienen que imponer o puede haber un diálogo con el ciudadano? Todas estas preguntas han atravesado las reflexiones de Manuela Paso, que confiesa que Antígona es el gran personaje de su carrera, uno de los papeles más desafiantes a los que se ha enfrentado nunca. “Tiene una fuerza extraordinaria. No es fácil encontrar papeles con el misterio, la garra y la fuerza de esos mitos del teatro griego. Es lo más potente que una actriz puede hacer sobre un escenario. Es una experiencia poderosísima”, asegura Paso, que sigue el consejo que le dio su profesor Juan Pastor: ‘a un actor entregado se le perdona todo’. Y ella se entrega con tal sentimiento que tiene la sensación de que aparca su vida como Manuela y entra literalmente en cada función a vivir la de Antígona.
Y en esto que llega el padre, Edipo rey, al que Antígona acompañó al exilio tras su expulsión de Tebas, tras matar accidentalmente a su padre y casarse con su madre. La tragedia de Edipo nunca deja de interesar. Ese mito con pies de barro es para su intérprete, Juan Antonio Lumbrera, un ejemplo de dignidad. Fue Alfredo Sanzol quien le aconsejó rebuscar en experiencias personales existencias trágicas. Y él la encontró en su bisabuela que perdió de manera violenta y terrible a casi todos sus hijos y que, sin embargo, nunca se vino abajo. “Esa dignidad y verticalidad es la que yo he intentado impregnar a Edipo, un personaje cuyo afán de saber y de conocer, pese a quien pese y cueste lo que cueste, le llevan a la desgracia. “Con Edipo uno descubre que muchas veces el conocimiento te hace muy desgraciado, como se puede ver hoy con los ejemplos de personas como Snowden, Falciani o Julian Assange y sus papeles de Wikileaks. Todos estos personajes demuestran que todavía sigue habiendo gente que quiere llegar al fondo de la verdad pese a las dificultades y desgracias que recaen sobre ellos”.
Analogías o no, las tres tragedias griegas son para sus directores una oportunidad de mirarse en el espejo para plantearse preguntas y no sentencias, para mostrar el lado más oscuro del ser humano, sin rehuir la mirada al conflicto. “Queremos meter el dedo en nuestras llagas y mirar de frente el dolor”.

Fuente: Fernando Díaz de Quijano (elcultural.es)

José Luis Gómez lleva décadas regando con mucho mimo el teatro, un árbol “con raíces bien profundas y con ramas que crecen al ritmo de la vida”. Así, con este compás lento y nutritivo, ha llegado el vigésimo aniversario del Teatro de la Abadía, templo consagrado al teatro de calidad en Madrid. La efeméride se cumple en febrero, pero la “casa de arte” que regenta Gómez ha iniciado ya su celebración reponiendo uno de sus espectáculos más elogiados: Entremeses, de Miguel de Cervantes, que fue su tercera producción allá por el año 1996 y que vuelve al cartel de La Abadía desde este miércoles hasta el 15 de febrero de 2015. La obra reúne tres de estas piezas supuestamente menores del autor: La cueva de Salamanca, El viejo celoso y El retablo de las maravillas.

¿Por qué han decidido celebrar el aniversario con esta obra y no, por ejemplo, con el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Valle-Inclán, que fue la primera producción propia de La Abadía?

Por varios motivos. Primero, porque se cumplen 400 años de la publicación de los entremeses, después de la muerte de Cervantes. Segundo, porque son obras maestras. Como decía Juan Goytisolo en la nota que nos escribió cuando se estrenaron, los exégetas más conservadores los denostaron durante mucho tiempo como si fueran piececillas inmorales indignas de la pluma que escribió el Quijote, cuando en realidad son obras perfectas que, como plantas en miniatura, reproducen la copa airosa e inmensa del gran árbol literario de Cervantes.

Usted inventó un marco para unificar estas tres piezas independientes en un único espectáculo. ¿Cómo se le ocurrió?

Estaba paseando por mis queridos campos de Segovia y me paré a descansar bajo la copa de una encina inmensa. Allí me vino la idea: el marco de la obra serían unos jóvenes que durante las fiestas de su pueblo se reúnen alrededor de un árbol para representar los entremeses, desde el amanecer hasta la caída del sol, y sin más utilería que las banquetas que tuvieran en casa y los bastones que usasen en el campo. Todo está trufado con canciones y refranes muy propios de la época de Cervantes y con un vestuario inspirado en los trajes regionales.

¿Qué vigencia siguen teniendo a su juicio los entremeses de Cervantes?

Conservan una vigencia enorme por la doble moral imperante, tanto en lo económico como en lo personal, como nos demuestran cada día los titulares. La gran diferencia es que Cervantes, que tuvo una vida amarga y dura, ejerció la crítica pero siguió creyendo profundamente den la dignidad del ser humano. Creo que su confianza no es infundada: en medio del barrizal que parece la vida pública española contemporánea, hay una masa ingente de personas abnegadas y justas que mantienen en pie la sociedad. Esta fe de Cervantes no excluye un cierto escepticismo; él no predica el buenismo, sino una mirada afectuosa pero lúcida sobre la realidad, y este es el mejor regalo que nos podemos hacer en este momento.

La Abadía también ha ejercido todos estos años como cantera de profesionales del teatro. Algunos miembros del reparto ya estaban en el original o en otros de la misma época y usted dice que “los jóvenes actores de entonces son orgullosos dueños de su oficio hoy”.

Ha sido una labor muy importante para nosotros. Más allá del éxito de los espectáculos, hemos realizado este trabajo callado, encerrado, haciendo que el vino madure pacientemente en las botas.

¿Cuáles son las claves de la fórmula del éxito de La Abadía?

Son varios factores que puedo decir sin caer en la pretensión. Entre ellos, el trabajo callado y lleno de amor al teatro. Además, todo el trabajo de quienes nos han precedido. Sin el legado de esos grandes artistas, nuestro trabajo práctico en la escena estaría huérfano. Aparte de eso, creo que La Abadía ha estado y está bien gestionada, siempre hemos trabajado con los recursos justos, con subsidios al borde de lo imprescindible, y además por convicción. Concebí La Abadía como una casa de teatro de un formato entre medio y pequeño, con un equipo muy pequeño pero altísimamente motivado. Es una tropa de élite.

¿Ha notado mucho la crisis a la hora de levantar producciones propias?

Sí, claro. Los recortes se pueden entender, pero nadie entiende que una revista porno tenga un 4% de IVA y una obra de teatro, el 21%. El teatro rescata la memoria y hace accesible al público los tesoros de su lengua, que es el mayor patrimonio económico de España. La ceguera y el encono con que nuestro gobierno ha tratado la cultura son dignos de mejor causa. Lo digo con respeto y sin ánimo de herir, pero es así.

¿Con qué otros espectáculos van a celebrar su 20° aniversario en 2015?

Una casa de arte como La Abadía siempre está en continua fermentación. Hace unos años empezamos a hacer cursos de teatro para espectadores y eso se ha convertido en una mina. Este año vamos a hacer un espectáculo con ellos y le vamos a dar mucha importancia. También ha sido muy significativa la decisión de acoger el Teatro de la Ciudad, iniciativa de tres grandes directores [Andrés Lima, Miguel del Arco y Alfredo Sanzol] que tiene el mismo instinto reformador que tenía La Abadía cuando nació. Y también vamos a programar El invernadero, de Mario Gas. Me parecía imprescindible que La Abadía acogiera su trabajo después de su etapa en el Teatro Español. Por último, hemos empezado a celebrar el aniversario con Hacia la alegría, de Olivier Py, la primera coproducción de la Península Ibérica con el Festival de Avignon, el más grande del mundo.


Fuente: elcultural.es

José Luis Gómez, José María Pou, Javier Cámara y Michelle Jenner protagonizarán una edición sonora del Quijote que Radio Nacional de España (RNE), con la colaboración de la Fundación BBVA, prepara para el próximo año con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de la novela de Cervantes. El intérprete, director teatral y académico de la Real Academia Española (RAE) José Luis Gómez será el narrador, mientras que los actores José María Pou, Javier Cámara y Michelle Jenner interpretarán a Don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea del Toboso, respectivamente.

En la rueda de prensa de presentación, el director de RNE, Alfonso Nasarre, ha detallado que esta edición sonora constará de diez capítulos de una duración de hora cada uno de ellos. Las fechas de emisión están aún por determinar aunque se prevé que al menos una parte esté grabada y producida para el 23 de abril de 2015, coincidiendo con la fecha del fallecimiento de Miguel de Cervantes y el Día Internacional del Libro.

El proyecto -que cuenta con la colaboración de la Fundación BBVA- está coordinado por la dirección de programas de RNE, con guion y adaptación a cargo del académico de la lengua y experto en Cervantes Francisco Rico, mientras que la adaptación radiofónica contará con la dirección y realización de Benigno Moreno y la música original de Luis Delgado, además de la participación del equipo de ficción sonora de RNE. Benigno ha dicho en la presentación que el objetivo de esta ficción "es que la gente se ilusione y acabe en el libro", por lo que se utilizarán nuevos avances tecnológicos y técnicas de montaje. Rico, por su parte, ha destacado "la oralidad" del texto de Cervantes, que escribió el Quijote "no concebido como escritura sino como oralidad", por lo que ha subrayado la idoneidad de llevar a cabo esta ficción sonora sobre un texto que se ha limpiado "de erratas y que también se ha modernizado".

José María Pou ha señalado que su interpretación de don Quijote es, para él, como un "personaje caído del cielo" y un reto que afronta con "ilusión, ganas, compromiso y responsabilidad". Mientras tanto, Javier Cámara ha definido a José Luis Gómez y José María Pou como "los padres" de los actores de hoy en día, "luz y guía" de la actual generación. Sobre su interpretación de Sancho Panza, ha recordado que, como hijo de labriego, es "el mayor homenaje" que puede hacer y ha añadido que se embarca en este proyecto con la intención de "seguir aprendiendo".

Esta nueva edición sonora de la obra de Cervantes coincide con los cincuenta años de la de 1965, que protagonizaron Adolfo Marsillach, Fernando Rey, Francisco Rabal y Nati Mistral.