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Fuente: David Calzada (abc.es) | Foto: C. Padrissa
Una grúa, un trapecio de circo, una piscina pequeña de goma, una bicicleta, un saco de rodilleras sin estrenar para proteger las piernas de los bailarines, una docena de antorchas... Esto promete. Estamos en el Ateneu Popular de Nou Barris, en el distrito más flamenco de Barcelona. Sobre el escenario, el cuerpo de baile sigue las indicaciones de Carlus Padrissa, uno de los seis directores de La Fura dels Baus; en una esquina, la cantaora Marina Heredia y el coreógrafo y bailarín Pol Jiménez entonan junto al teclado de Zamira Pesceri, musicóloga y asistente de dirección de Padrissa. Ahora el sonido de los tacones se mezcla con el piano y con el ruido martilleante de las taladradoras. Esto es La Fura, capaz de generar el caos incluso en los ensayos.
Carlus Padrissa, director artístico de este montaje, intenta aparentar que todo está bajo control. «Es mi ópera número 34», apunta mientras con el Mac abierto desnuda su propuesta sin pudor ninguno. «Queríamos alargar la obra a una hora para que El amor brujo: El fuego y la palabra, que es como llamamos a nuestra versión, sea una pieza que pueda funcionar sola. Teníamos el desenlace y faltaba la acción y el nudo», explica.
El resultado apunta hacia una nueva propuesta espectacular de La Fura que rinde homenaje a la primera versión de El amor brujo, al tiempo que hace justicia a María de la O Lejárraga (La Rioja, 1874-Buenos Aires, 1974), autora del libreto e íntima colaboradora de Falla, cuyo nombre quedó siempre escondido bajo el de su marido, Gregorio Martínez Sierra. La identificación de María Lejárraga con Candelas, el personaje principal, que interpreta Marina Heredia, es absoluta desde la primera escena. El otro gran elemento novedoso en la obra, más allá de la grandiosidad, de las acrobacias o del fuego, será la presencia de principio a fin de imágenes sobresalientes sacadas de las películas de José Val del Omar (Granada, 1904-Madrid, 1982). «Es brutal. Era un tipo libre, supermoderno. Cogía a un gitano y lo hacía girar hasta que lo convertía en una escultura delante de su cámara. Decía: ‘‘Quien más da, más tiene. Matemáticas de Dios’’», recuerda Padrissa.

Los ojos tapados

Esta versión extendida de El amor brujo se estrena el viernes 10 de julio en la Plaza de Toros de Granada, cuyas 6.000 localidades se agotaron en 15 días. La propuesta fue concebida en principio para el Palacio de Carlos V de La Alhambra, pero la imposibilidad de incorporar el fuego como elemento escénico y lo limitado del aforo aconsejó su cambio para el que será el evento de clausura del 64º Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Después, se inicia la gira por Peralada, Sevilla, São Paulo, Róterdam, Bolonia…, hasta llegar a los Teatros del Canal de Madrid en mayo de 2016.
Para el director de la compañía catalana, «la gran ventaja es que ya no tenemos que poner a una soprano o una mezzo. Eso estaba muy bien hace 400 años, cuando empezó la ópera, porque no había micros y tenían que impostar la voz. Pero ahora tenemos el flamenco, que es lo máximo. Esto está pensado para una cantante de flamenco, y el arte atávico de la voz de una flamenca le da mil vueltas a una soprano. Los tonos, los cuartos de tono…, eso nadie me lo puede discutir a mí. Es lo más vanguardista. Luigi Nono y después su discípulo Mauricio Sotelo también coinciden en esto».
Según Padrissa, «El amor brujo, la versión de 1915, empieza con la protagonista sola y abandonada, echando las cartas. Desde ahí es fácil imaginarse lo anterior, la vida que podían haber tenido Carmelo y Candelas». Estamos en los preliminares de El amor brujoEl fuego y la palabra, nombre sugerido por los herederos de Manuel de Falla (Cádiz, 1876-Alta Gracia, Argentina, 1946). De las cuatro piezas añadidas, las tres primeras son también composiciones del autor gaditano. La nueva obra se inicia a los compases de Noches en los Jardines de España, reproduciendo el momento en que María Lejárraga intenta convertir en un instante mágico la primera visita de Falla a La Alhambra. Para ello, le guía por el recinto histórico con los ojos tapados. Esa ocasión evocadora que la escritora narra en sus memorias, Gregorio y yo (Pre-Textos), pasa a ser el recorrido acaramelado de Candelas y Carmelo después de su casamiento.

Bajar los pulsos

En la segunda parte, el fragor marital se ha convertido en el sometimiento y encierro de la esposa. «Pasan las turistas y Carmelo es abducido por ellas. Es un hombre abierto a la vida», comenta el director. Suena El sombrero de tres picos y se ven imágenes de Val del Omar, que parecen encargadas para la misma obra, en las que los extranjeros contemplan La Alhambra a través de sus tomavistas. Carmelo, al que da vida el jovencísimo Pol Jiménez (Barcelona, 1996), encierra a Candelas entra las faldas de un descomunal traje de novia mientras se escucha la danza española de La vida breve.
«Esto ya es la España de pandereta, pero siempre me ha parecido muy fuerte, en una música tan española, la dureza de ese zapateado. ¿Eso qué representa? –pregunta Padrissa mientras se golpea la palma de una mano con el puño de la otra–: el maltrato.» «Ese carácter de Candelas, esa iniciativa, es típico de las mujeres maltratadas», sentencia.
Entre escena y escena, los bailarines pasan por la mesa y le pegan pellizcos a una tableta de chocolate con almendras. «A mí esta gente me va a matar, y sólo es el tercer día. ¡Que los flamencos estudiamos acostaos!», se queja con gracia Marina Heredia.
La siguiente escena apunta a gran momento. Si el teatro es tensión y relajación, ahora toca bajar los pulsos. La cantaora, tumbada en el suelo y con el vestido hecho jirones, canta con toda la angustia flamenca: «Ayer te vi pasar con otra del brazo, y sin que lo notaras te seguí los pasos». La estrofa es parte de Amor gitano, un bolero mexicano que popularizó José Feliciano y que el director encontró en YouTube. «Marina estará sola con su guitarrista. Es nuestro homenaje al flamenco y, en especial, al Concurso de Cante Grande de Granada de 1922, que promovieron, entre otros, Falla y Lorca. Era como la Operación Triunfo de la época. Manolo Caracol fue el primer ganador de esa OT», ríe.
El amor brujo, primera versión. 1915. Un rótulo con la misma tipografía que usaba Val del Omar indica que en ese punto de la representación se entra en la obra original. A partir de aquí, tanto la música –que en Granada será interpretada por la Orquesta Joven de Andalucía, bajo la dirección del maestro Hernández Silva– como el texto se han respetado escrupulosamente.

El desbordamiento de la pantalla

Padrissa señala un punto de la partitura en el que se puede leer: «Al levantarse el telón salta el fuego fatuo que recorre la cueva en danza frenética paseándose por el aire, por el suelo, por los muros de la escena, etc…» Padrissa nos señala la grúa con una gran sonrisa y añade: «Nos está diciendo ‘‘¡A ver qué inventas, chaval!’’ Nosotros somos La Fura y estamos en condiciones de hacerlo exactamente como dice el libreto. El actor girando por el aire es una llama. Todo su cuerpo es una llama. Va del suelo hasta los siete metros y medio en un segundo. Gades, que era genial, hacía lo mismo pero no podía saltar tanto».
Como ocurriera con el descomunal vestido de novia que se convierte en celda, la pantalla se transforma en una cueva como por arte de magia. Allí María Lejárraga y Candelas se funden en una misma persona. El hechizo para hacer que vuelva Carmelo es ahora escritura. El fuego y la palabra recorren la cava: «¡Por Satanás! ¡Por Barrabás! Quiero que er hombre que me quería me venga a buscar». Una de las grandes aportaciones de Val del Omar al cine, el desbordamiento de la pantalla, se hace presente en la obra y va ocupando cada vez más espacio.
«Soy er fuego en que te abrasas, soy er viento en que suspiras, soy la mar en que naufragas»: el quejío atronador de Marina Heredia, más propio de un estreno que de un ensayo, interrumpe la conversación. Suenan las campanas que anuncian el nuevo día. Son las últimas estrofas del libreto que acompañará el «Sin Fin» con el que Val del Omar concluía sus películas. «Luego hay un sol que sale por detrás de la plaza. Bueno, un sol…; vamos, un foco de 16.000 vatios», aclara Padrissa. 
Marina Heredia (Granada, 1980) está llevando una de las carreras más sólidas del flamenco actual y no ha tenido fácil abrir un hueco en su apretada agenda para convertirse en furera. «Cuando me llamaron me entusiasmó la idea, pero también me puse a temblar, porque sé lo que es La Fura y lo que significaba el reto de tener que interpretar y bailar, además de cantar. De todos modos, tenía claro que estos son los proyectos que te perfilan como artista», asegura. A pesar de que conoce la partitura, la apuesta le plantea inseguridad: «El amor brujo me lo sé porque lo he hecho quinientos millones de veces, pero siempre con la orquesta detrás y el director a mi lado». Lo que más le preocupa a Marina –más incluso que la cercanía del fuego o que subir en una grúa y elevarse cinco metros de altura– es su mala memoria. «Es mucho texto y son muchos los detalles importantes», reconoce.

De gitanos y brujería

La Fura ha querido rendir homenaje a una de sus ciudades talismán, Granada, con esta propuesta de su hijo adoptivo, Falla, en la que incorporan a dos grandes granadinos como José Val del Omar y Marina Heredia. Será el tercer año consecutivo que la compañía acuda a su cita con este Festival y no será la primera vez que aquí versionen a Falla. De hecho, el éxito de la representación de La Atlántida, en 1996, ha sido determinante en la negociación de esta nueva versión con los herederos del compositor. «A ellos les preocupaba que no se respetase la voluntad del autor y que El amor brujo dejase de ser una obra de gitanos y brujería. Querían impedir que se convirtiese en una obra de cabaret y sexo», añade Padrissa.
María Lejárraga, que definió a su amigo Falla como «ultracatólico e intransigente», evoca en sus memorias la gracia que le hacía escuchar a don Manuel repetir que había decidido componer exclusivamente música religiosa: «¡El autor de La danza del fuego en El amor brujo!», relataba incrédula.
La compañía del hurón es hoy mucho más que el grupo de provocadores que rompía coches y asustaba al público. Contar con seis directores les permite ser ubicuos. Sin ir más lejos, en estas últimas semanas, han estado presentes casi simultáneamente en el Teatro Colón de Buenos Aires, en La Villette de París, en la inauguración de los Juegos Europeos de Bakú y, con dos propuestas más modestas, en Nápoles y en Alcoy. Cuando hace años La Fura empezó a trabajar en este tipo de obras musicales, alguien afirmó: «Ya no se va a poder estar tranquilo ni en la ópera».
Carlus Padrissa rompe una lanza por este género, pero asegura que «el ambiente de la ópera es un coñazo. Así conseguirán matarla». Su medicina pasa por hacer producciones interesantes a precios mucho más asequibles. «Toda la producción de este espectáculo ha costado 200.000 euros» que se repartirán entre las sedes. Para el director, de este modo es posible reunir a seis mil personas con entradas a 15 euros. «Esto ayudará a que nueva gente se enganche a la ópera», sentencia. 
Hace poco más de cien años, antes del estreno de El amor brujo en el Teatro Lara, Manuel de Falla confesaba su miedo a un periodista de La Patria: «Es una obra rara, nueva, desconocemos el efecto que pueda producir en el público». No sabemos la expresión que se le quedaría a este hombre que hasta no hace mucho nos miraba severo desde los billetes de veinte duros si hubiese visto a su Candelas escribir el hechizo volando por los aires o a una bailarina perfumar la escena desde las alturas convertida en botafumeiro humano. Para María Lejárraga, la fórmula era mucho más sencilla: «No sé si el vulgo es necio como decía Lope. De lo que estoy segura es de que todo el público es niño… y un poquito salvaje; ama la novedad y se rinde inevitablemente a la magia y el ritmo. Cuanto más numeroso el grupo, más reproducen el alma infantil».


Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.com) | Foto: La Fura dels Baus

María Lejárraga le propuso un juego a Manuel de Falla en Granada. La escritora, ferviente feminista, lo recuerda en sus memorias Gregorio y yo (Pre-Textos). Le cubrió los ojos al compositor con un pañuelo y lo pastoreó por los jardines de la Alhambra. El sonido de los chorros de las fuentes, el canto de los pájaros, las fragancias de la flora tenían ya a Falla en plena sugestión sensorial. Pero fue al ser destapado cuando sobrevino el embeleso absoluto. Carlus Padrissa, de la Fura dels Baus, evoca esta escena en el arranque de su versión extendida de El amor brujo, de cuyo estreno en el Teatro Lara se cumplió un siglo en abril.

El director furero plantea ahora una curiosa dramaturgia, que dota de empaque operístico al entremés del músico gaditano y homenajea de paso a la ninguneada Lejárraga, hasta hace poco desposeída de la autoría del libreto, publicado con la firma de su marido, Gregorio Martínez Sierra. “El problema es que El amor brujo, en la versión original de 1915, dura 37 minutos. Es difícil programarlo como espectáculo único porque se queda corto. Hay que revestirlo con otros trabajos y los acompañamientos elegidos muchas veces chirrían. Esa brevedad le ha perjudicado: los reconocimientos que merece todavía no están a la altura de su magistral factura”, explica Padrissa a El Cultural.

El inventivo regista catalán no quería adulterar el libreto con aditamentos incrustados con calzador. Su solución ambiciona crear una progresión narrativa lineal, dentro de un montaje compacto e hilvanado, con la dimensión de una ópera. Para ello acude a otras partituras de Falla, que coloca por delante de El amor brujo. Son tres. Abre con el Generalife, primer movimiento de las Noches en los jardines de España. Candela (trasunto de Lejárraga) guía por el complejo nazarí a su novio, Carmelo. Es un guiño directo a aquel juego-flirteo de la autora riojana con Falla, que habían hecho escala en Granada de camino a Cádiz, donde el músico iba a recibir un homenaje.

Ese cuadro irradia la felicidad de una pareja encendida por el nuevo amor. Pero los turbios augurios pronto empiezan a acecharles. Saltamos así a la Introducciónde El sombrero de tres picos: Candela intenta mantener bajo la férula de su vestido de novia al amante, propenso a dispersar la mirada sobre el talle de otras mujeres. El riesgo de infidelidad se consuma mientras resuena el taconeo de la Danza española de La vida breve, coreografiada por Pol Jiménez. Carmelo huye tras otras faldas y la gitana se hunde en la desesperación, que expresa el quejío abisal de Marina Heredia con la única pieza ajena a Falla del espectáculo, Amor gitano: “Ayer te vi pasar con otra bajo el brazo...”. La cantaora aflamenca este bolero de origen mexicano, popularizado en su día por José Feliciano. Candela se rasga el traje de novia con furia y se envuelve en un mantón tan oscuro como su ánimo.

“Es entonces cuando alcanzamos el punto exacto en el que emerge El amor brujo”, advierte Padrissa. Y ahí empieza a discurrir la historia de sobra conocida: Candela echa mano de la magia y la brujería para recuperar a Carmelo y liberarse del influjo atenazante de su antiguo marido, con el que se casó por conveniencia. Este itinerario dramático trazado por Padrissa requiere un cómplice convencido en el foso. Lo ha encontrado en Manuel Hernández Silva, que comandará a la Orquesta Joven de Andalucía, de la que es titular junto con la Filarmónica de Málaga.

El maestro venezolano aclara a El Cultural el sonido que ha de acompañar los sobresaltos sentimentales del drama: “La historia construida por Padrissa tiene mucha fuerza semántica. Y pide ser fiel a Falla, que utilizaba habitualmente en sus canciones ritmos amalgamados. Hay que poner énfasis sobre todo en los acentos, para que sean muy penetrantes, muy directos. La orquesta en conjunto suena como una guitarra de acompañamiento para el cante, incluso se sienten los golpes de pulgar sobre la madera del instrumento”. Y añade una reflexión musicológica sobre El amor brujo que matiza el lugar común: “Su grandeza no es tanto que funda el flamenco con la música culta o escrita. Eso en Falla no es deliberado, le sale natural porque lo ha mamado. Lo esencial es que sublima las seguiriyas, las soleas, los garrotines... Y le otorga al flamenco esa gallardía, esa elegancia de los gitanos de traje y pañuelo que muchas veces se pierde”.

En el plano visual, Padrissa recurre a una figura de culto: el cineasta granadino José Val del Omar, anticipador de algunas técnicas fílmicas (como el “desbordamiento apanorámico de la imagen” o el “sonido diafónico”). Esos adelantos le valieron incluso algún galardón en Cannes pero hoy engrosa el selecto club de los heterodoxos españoles casi olvidados. El director de la Fura proyecta fragmentos de su Tríptico elemental de EspañaUn hallazgo que multiplica el impacto dramático y atmosférico: digamos que el costumbrismo andalusí (español por extensión) es potenciado por los códigos de la vanguardia.

Todo por el espectáculo. Es el lema al que la Fura no renuncia, menos todavía cuando se adentra en el universo lírico, que Padrissa ve en fase terminal: “Es que el ambiente de la ópera, de verdad, es un coñazo. Al final la van a terminar matando”. Saben que necesita nuevos reclamos para competir con tantos rivales en este mundo del entretenimiento digital. Con urgencia. Apenas quedan demiurgos operísticos capaces de arrastrar a las masas y generar expectación. Ellos están entre esos pocos. Lo prueba que ya han vendido las 6.000 entradasde la Plaza de Toros granadina. Allí desplegarán de nuevo sus grúas y sus efectos especiales. Le tenían ganas a El amor brujo desde que, tras su triunfo en los Juegos Olímpicos de Barcelona, levantaron Atlántida también en la ciudad andaluza. “Es otra maravillosa obra de Falla pero El amor brujo es sencillamente perfecta”. 


Un siglo, tres versiones

Estreno. El 15 de abril de 1915 Falla estrena en el Teatro Lara de Madrid la versión escénica primigenia de El amor brujo. La subtituló: Gitanería en un acto y dos cuadros.

‘Obra rara'. Falla declaró en una entrevista antes del estreno: “Hemos hecho una obra rara, nueva, que desconocemos el efecto que pueda producir en el público, pero que hemos ‘sentido'”.

Autoría ‘usurpada'. La obra la impulsó y dirigió Gregorio Martínez Sierra. También firmó el libreto pero la verdadera autora era su mujer, María Lejárraga. Hoy las dudas sobre la maternidad literaria de El amor brujo están despejadas.

Versión de cámara. El 29 de abril de 1917 Enrique Fernández Arbós dirige la versión camerística. Fue en el Teatro Real.

Ballet. En 1924 Falla terminó sus trabajos para transformar la pieza en un ballet de un único acto. El estreno se celebró en el Théâtre du Trianon-Lyrique el 22 de mayo de 1925.

Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat)
La Fura dels Baus s'encarreguen, aquesta nit, de segellar l'obertura del Festival Grec. Ho faran amb MURS, un espectacle interactiu que ha aplegat quatre directors de la companyia i que inciten al joc a través de les aplicacions dels tel·lèfons intel·ligents. Des d'avui i fins al 5 de juliol, l'acció es repetirà en un racó del castell de Montjuïc. Hi cabran fins a 1.500 persones per sessió. No ha transcendit gaire res de la dramatúrgia, tot i que se sap que l'ús del mòbil intel·ligent és imprescindible. Per això recomanen haver-se baixat l'aplicació específica (té el mateix nom que el títol del muntatge) abans de pujar al castell i assegurar-se que la bateria està plena, i adverteixen que, els que no pugin amb un telèfon amb l'aplicació, els lligaran a una persona que sí que el tingui.
L'arrencada és un intent d'atemptat terrorista (un tema que ja van investigar a Imperium, el 2007). Posteriorment, aniran traslladant els espectadors a alguns dels sectors del camp i miraran d'enfrontar-los-hi. Els uns assetjaran els altres, fins i tot, a través de les aplicacions del telèfon mòbil. Per això, l'obra es realitza al castell i està integrada en els actes del Tricentenari de la derrota contra Felip V. L'acció final és un homenatge a un dels primers espectacles de capçalera: Accions (1983). I és que La Fura dels Baus celebra els seus 35 anys d'història.
La inauguració del Festival Grec oficial serà als jardins de l'amfiteatre Grec. Andrea Miller hi farà una coreografia de gran exigència física. La peça dóna claus de la capacitat de control dels individus quan actuen amb mentalitat de ramat. Miller, que debuta a Barcelona, presenta aquesta peça amb els 12 ballarins, una formació ampliada que s'ha vist en comptades ocasions. Gallim Dance Company representarà Wonderland només en dues sessions: l'1 i el 2 de juliol.
La tercera edició del Festival Grec que signa Ramon Simó manté la seva concentració: més de setanta actuacions al mes de juliol (l'actuació d'avui al castell de Montjuïc serveix per donar la benvinguda al mes de juliol, el mes del Grec a Barcelona) i la seva obsessió pel teatre contemporani (amb les comptades excepcions). Com ja és habitual, hi haurà els principals equips artístics de la ciutat (totes les produccions busquen una segona vida en la temporada següent). També ara han crescut les coproduccions internacionals, cosa que permet que peces de factoria catalana (com ara el mateix MURS) creuïn fronteres i alhora que el Grec disposi d'una programació internacional de primera divisió. De fet, el Grec ha assumit la responsabilitat de presentar la creació escènica més potent del món, des que els teatres públics pateixen per les reduccions d'aportacions de les administracions.Cal dir que divendres es va repetir un preàmbul: la festa Minigrec als jardins de l'amfiteatre, que va permetre a unes dues mil persones conèixer quins espectacles de teatre familiar es preparen per a aquesta edició a més de poder voltar en format de visita guiada per tot el recinte. Durant tota la tarda i fins ben entrats quarts de nou del vespre, es van succeir accions i actuacions per persuadir pares i fills.
‘Teloners' a l'amfiteatre
El Festival Grec s'ha tret de la màniga, fora del programa oficial, un cicle de concerts als jardins. És una invitació perquè els espectadors puguin arribar unes hores abans i disfrutar d'un espai que només està obert durant les dates del festival. És una activitat gratuïta i que vol ajudar a donar a conèixer nous valors de la música instal·lats a Catalunya. Seran teloners d'algunes de les funcions de l'amfiteatre Grec i es podran seguir de vuit a nou del vespre. El calendari inclou Pere Jou, del grup Quart Primera (2 de juliol, fa doblet amb Wonderland); Juliane Heinemann (9 de juliol, acompanya Sun); Liven Shherlinck (10 de juliol, amb Sun); el discjòquei d'arrel brasilera Wagner Pa (13 de juliol, amb la Nit de musicals); la veu aspra de Ramon Mirabet (18 de juliol, doblet amb Bartolomé encadenado); Nico Roig amb lletra i melodia punyent (19 de juliol, Bartolomé encadenado); Eduard Pagès i Anna Andreu, coneguts per Cálido Home (20 de juliol,Bartolomé encadenado); la formació lleidatana Renaldo & Clara (25 de juliol, que fa de telonera deRomance de curro el Palmo); Maria Rodés versionant coplas (26 de juliol, Romance...) i Caïm Riba, més conegut per ser el compositor de Pastora (27 de juliol, Romance...).


Juan Ángel Vela del Campo (elpais.com)
Presumen en Linz de tener el teatro musical más moderno de Europa. Se han gastado 180 millones de euros en la construcción —con el arquitecto Terry Pawson al frente— de un edificio racional en la distribución de espacios, tecnológicamente avanzado y con la mirada artística puesta en una oferta plural. Y el auditorio ya ha gozado de un bautismo a la altura de sus afanes vanguardistas, gracias a un encargo a Carlus Padrissa, de La Fura dels Baus, de una versión nocturna al aire libre de Parsifal sobre el fondo de la entrada al teatro (un espacio de 65 metros de ancho por 24 de alto) y el vecino Volksgarten, un parque cuya hierba se protegió para la ocasión con láminas de madera, por si la asistencia a las sesiones wagnerianas de La Fura era masiva. Y, en efecto, lo fue. Un elevado número de voluntarios locales participaron como figurantes en el montaje. Sumaron más de 25.000 espectadores entre las tres noches, según los cálculos más moderados, que, en cualquier caso, sobrepasan todas las previsiones.
Curiosamente, Padrissa ha simultaneado dos lecturas diferentes deParsifal en Colonia y en Linz. La primera se estrenó el Viernes Santo, con artesanos panaderos elaborando en vivo y en directo desde el primer acto el pan que después se repartiría en el último, con Wagner encarnando al moribundo Titurel y con Nietzsche poniéndose en la piel de Amfortas. Lo de Linz es otra historia, más próxima a lo que los fureros llaman familiarmente “macro”, es decir, un espectáculo de grandes dimensiones con despliegue de tecnología avanzada. De hecho se titula Ein Parzival —Un Parsifal— para no llevarse a engaños. Dura algo más de 50 minutos y la música procede de grabaciones discográficas emblemáticas, en las que no falta el mítico director musical Hans Knappertsbusch, y a cuya selección se incorporan desde la soprano Maria Callas —que canta Kundry en italiano— y el legendario tenor Georges Thill —que canta, claro, en francés—.
La idea es potenciar la universalidad de la obra. Dicho de otra forma, se pretende una versión para todos los públicos, con la música como elemento de fascinación y la escena como complemento visual lleno de sorpresas. La propuesta plástica está en la línea de los espectáculos de calle de La Fura, con figuras gigantescas —el muñeco que encarna Parsifal mide unos 10 metros—, utilización del espacio abierto en el movimiento de los distintos artilugios, potenciación del fuego (los servicios de seguridad de bomberos no están lejos, por si acaso) y la luz, y un tipo de belleza que podríamos llamar de ciencia ficción. Es posible que a los wagnerianos de pro les chirríe una puesta en escena semejante, pero para el público desprejuiciado tiene una capacidad de comunicación inmensa, tal y como se pudo comprobar en las veladas austriacas, con personas de todas las edades absolutamente entregadas.
El espectáculo está también en el público, con un continuo centelleo deflashes desde los móviles, para captar fotográficamente cada momento de la representación. Para la mayoría es una ceremonia de iniciación a la ópera. El carácter gratuito potencia la asistencia masiva. En una escena se introduce durante unos instantes, por conveniencia dramática, un fragmento de La valquiria, y no pasa nada. Al final, después de mecanismos que simulan los episodios más conocidos deParsifal, desde la escena de las muchachas-flor a los encantos del Viernes Santo, el espectáculo desemboca en una traca de fuegos artificiales mientras los caballeros del Grial ascienden a lo más alto en una actitud de gesto solidario. Los numerosos niños se quedan perplejos, los mayores embelesados. No hay sillas, aunque algunos se las traen de sus casas, y el público acude con más de una hora de antelación para buscar un árbol o una valla de protección donde apoyarse. La duración limitada se agradece.
Linz ha tenido la osadía de poner en escena una mirada tan atípica sobre el drama escénico sagrado de Wagner. Es una ciudad tranquila, de apenas 200.000 habitantes, entre Salzburgo y Viena, que históricamente acogió durante 12 años como organista en un par de iglesias al gran Anton Bruckner, tan afín a Wagner, y que estos días no ha escatimado en los actos de inauguración del nuevo auditorio, con buenos espectáculos de teatro musical, ballet, una ópera de las de toda la vida —El caballero de la rosa, de Richard Strauss, con Anne Schwanewilms y Kurt Rydl encabezando el reparto— y el estreno del último título para la escena de Philip Glass (Spuren der Verirrten) con libreto a partir de un texto de Peter Handke y dirección musical de Dennis Russell Davies, el mismo que dirigió El americano perfecto en el Real de Madrid recientemente.
Linz ha apostado en la planificación de su nuevo teatro por llevar la ópera a todos los públicos y por ofrecer una programación que abarque todas las estéticas y variantes del teatro musical. ¿Conseguirá sus objetivos? Esperemos que todo sea tan placentero como ese Danubio azul que atraviesa la ciudad y da nombre a su aeropuerto.
Hitos del bicentenario

Las fronteras entre lo popular y lo culto se difuminan con montajes de este tipo. Se ha hablado incluso de representar algo semejante en Montserrat. Seguramente sea lo más osado estéticamente en lo que va del año Wagner, y también lo más divulgativo para acercarse sin condicionantes a la música más compleja del compositor. Hengelbrock descubrió en Madrid la belleza austera de los instrumentos originales en Parsifal.Thielemann sentó cátedra en el Festival de Pascua de Salzburgo con la Staatskapelle de Dresde. La Fura se acerca a Wagner con una perspectiva inocente y populista, de efectos especiales.
Además, asistiremos hoy al estreno de El oro del Rin en el Liceo de Barcelona. Es la primera parte de la tetralogía de El anillo del nibelungo, del director de escena Robert Carsen, que el teatro catalán programará durante los próximos tres años. Al otro lado del Atlántico, Manaos celebrará el 22 de mayo (día exacto del bicentenario) un Parsifal brasileño-mexicano. Bayreuth, por su parte, celebrará el año Wagner con un nuevo Anillo con dirección escénica de Frank Castorf y musical a cargo de Kirill Petrenko.


Font: ACN (ara.cat)
La Fura dels Baus, amb el seu director Àlex Ollé i els dissenyadors Alfons Flores i Lluc Castells, tornarà a Austràlia amb la primícia mundial d''A Masked Ball' ('Un ballo in maschera'), de Giuseppe Verdi, que s'interpretarà a l'Opera House de Sydney des del 16 de gener fins al 12 de febrer. 'A Masked Ball' és una història sobre la decepció, l'engany i les caigudes en un món en el qual els rics tenen tot el poder i el control sobre la població. El muntatge tracta, d'una forma molt genèrica, sobre l'assassinat del monarca suec Gustav III. La peça també es podrà veure, després de l'estrena a l'Òpera d'Austràlia, a Brussel·les, Oslo i Buenos Aires.
"La primera direcció escènica de Verdi que proposa Àlex Ollé se situa en un futur pròxim. Inspirada en l'obra '1984', de George Orwell, imagina la pitjor de les visions. La crisi econòmica actual ha provocat el col·lapse de la societat que coneixem fins avui. El poder s'ha tancat en ell mateix, en una nova forma d'absolutisme o totalitarisme refundat sota la màscara aparent de la democràcia. El poder, buròcrates, financers o polítics que han sobreviscut a la crisi viuran fora del món. Al seu voltant, com a ombres, els 'indignats'", descriu la companyia al seu web.
L'aclamada soprano Tamar Iveri i el tenor mexicà Diego Torre debuten en els papers d'Amelia i Gustav III, respectivament. José Carbó retrata el comte Ankarström en la seva primera òpera de Verdi. La producció d'Ollé està dirigida pel compositor i director italià Andrea Molino. El director artístic del World Venice Forum va dirigir 'Of Mice and Men' i 'Macbeth' per a l'Òpera d'Austràlia l'any 2011.