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Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«La Celia», el espectáculo musical basado en la vida de Celia Gámez, con libreto de Santiago Castelo, subdirector de ABC recientemente fallecido, ha obtenido seis candidaturas para los premios ACE, los más importantes del teatro bonaerense. Interpretado por Ivanna Rossi, el espectáculo se estrenó en noviembre de 2014 en el teatro Maipo, y llegará a la Sala Verde de los teatros del Canal el próximo 15 de octubre. Cuenta con dirección de Emilio Sagi, escenografía de Daniel Bianco, vestuario de Renata Schussheim e iluminación de Juanjo Llorens
Las seis candidaturas obtenidas por «La Celia» son: mejor Espectáculo Musical: Santiago Castelo; mejor director en Musical: Emilio Sagi; mejor actriz en Musical: Ivanna Rossi; mejor coreografía: Sibila; mejor vestuario: Renata Schussheim; y mejor producción: Lino Patalano.
En «La Celia» se rinde homenaje a la que fue sin duda la reina de la revista española y que, precisamente, empezó su carrera en el teatro Maipo. El origen del espectáculo está en un regalo que Santiago Castelo le hizo al productor Lino Patalano. «Aunque conocía a Celia y sabía que había actuado en su teatro -relataba su autor poco antes del estreno-, no era consciente de su significado, porque ella en Argentina no era tan conocida como en España. Así que le regalé un CD con sus canciones, y le encantaron. Se quedó prendado de su voz».
«La Celia» es un monólogo en el que la cantante, en primera persona, recuerda su trayectoria. Desde su venida a España, en 1925, hasta su triunfo. «Celia Gámez –recordaba Castelo– llegó a nuestro país con su padre, que venía a cobrar una herencia en Málaga. Desembarcaron en Barcelona, y en el tren hacia Madrid empezó a cantar tangos para entretener a los viajeros. La escuchó la marquesa de la Corona, que estaba organizando un festival benéfico, y la contrató». 
Aquel fue el comienzo de la historia de una artista que lo fue todo en la escena española durante varias décadas, y que estrenó obras como «Las Leandras», «El baile en el Savoy», «El águila de fuego» o «Las siete en punto», entre otras.. En el espectáculo se escuchan varias de las canciones que popularizó Celia Gámez, entre ellas «Los nardos», «Pichi» o «El beso».

Fuente: Javier Yuste (elcultural.es) | Sergio Parra

Hace ya más de 500 años que Maquiavelo terminó de escribir El Príncipe y sus palabras siguen teniendo una actualidad que provoca estupor. ¿Acaso el ejercicio del poder no ha cambiado en todo este tiempo? Esta pregunta ha llevado al dramaturgo Juan Carlos Rubio (Montilla, Cordoba; 1967) a zambullirse en la vida y obra del escritor italiano. El resultado se estrena de manera absoluta en el Festival de Teatro Clásicos en Alcalá este viernes en un monólogo protagonizado por Fernando Cayo. La obra después pasará por Almagro, Olite, Olmedo, Sevilla, Cordoba, Lucena y llegará a Madrid, a los Teatros del Canal en octubre, cerca de la fecha de las elecciones generales.

¿Qué sensaciones tiene para el estreno de la obra en el Festival de Alcalá de Henares?
Muy positivas. A priori siempre tienes respeto al abordar un material que no es teatral como ocurre con estos textos de Maquiavelo.Básicamente la función está basada en El Príncipe pero también aparecen algunos fragmentos de otras obras suyas como Del arte de la guerra, o su correspondencia personal. Puede parecer que con estos recursos no hay suficiente material para una obra teatral pero todo ha encajado muy bien y el público que hemos tenido en algún ensayo ha salido muy interesado en la propuesta. Es increíble pero 500 años después las palabras de Maquiavelo siguen siendo actuales.

¿Cuál cree que es la clave para adaptar esta obra con éxito?
Es una fórmula compleja. La función, para empezar, es el resultado de un trabajo de colaboración muy grande en el que ha participado todo el equipo y especialmente Fernando Cayo que es un actor descomunal. Sin su complicidad no habría podido encontrar el conflicto personal de Maquiavelo. El monólogo se llama El Príncipe pero en realidad partimos de la obra para llegar al hombre, a Maquiavelo. Su correspondencia en este sentido es muy valiosa porque nos descubre lo que significa para él la pérdida de poder y el destierro, su frustración al no poder recuperar su vida anterior... Esto me dio un sustento dramático interesante para el monólogo. Además si a Fernando le das algo lo multiplica por mil. Al final creo que todo funciona teatralmente muy bien.

¿Por qué se decidió a adaptar esta obra?
La leí en el instituto con 15 años pero en aquel momento no sabía ni que iba a dedicarme a escribir teatro. Lo volví a leer pasados seis o siete años y me di cuenta de que era un texto que estaba perfectamente vigente. Maquiavelo utilizaba muchos ejemplos de su época pero, quitando eso, las líneas profundas de pensamiento son perfectamente actuales porque es un tratado sobre el poder y ante todo sobre la condición humana. Los seres humanos no hemos cambiado nada en miles de años, nos mueven las mismas pasiones y las mismas ambiciones y tenemos los mismos defectos. Me parecía además oportuno adaptar a Maquiavelo en estos momentos tan convulsos, de crispación y corrupción y de falta de ideales... Una función necesaria para este año electoral.

¿El ejercicio de poder implica mancharse las manos de sangre?
Este es un debate interesante y de hecho Maquiavelo así lo plantea. El que quiere mantenerse en el poder debe mancharse las manos aunque quizá no tanto con sangre como con otros líquidos o imágenes más actuales. El espectáculo facilita que el espectador saque una conclusión al respecto. Para mantenerse en el poder hay que cruzar una serie de líneas.

¿Hay que aparcar la ética y la moral para ejercer el poder?
No es tanto apartarla en bloque porque Maquiavelo sí que habla del término virtud, pero no en el sentido moral que tiene en castellano. El término virtud, según Maquiavelo, se refiere a una serie de valores que un príncipe o un gobernante debería tener y que no se pueden aplicar unilateralmente. Habla de astucia, de la manera de enfocar las cosas, de como para evitar un mal mayor a veces hay que elegir un mal menor... Esa es la realidad del poder y otra cosa es la utopía o la manera en la que nos gustaría que se hiciera. Cuando ocupas un lugar importante hay que tomar decisiones difíciles.

¿Qué opina Maquiavelo de la corrupción?
Le parece que lo peor que puede haber es que un hombre que crea una ley no la cumpla y por eso ataca la corrupción. La ética en el ejercicio de poder está relacionada con tomar decisiones que pueden ser difíciles o perjudiciales para ciertas personas en beneficio de la mayoría. La corrupción es otra cosa y a Maquiavelo le parece imperdonable.

Afirma Maquiavelo que el Príncipe gana más siendo temido que amado...
También plantea que se puede ser temido sin ser odioso. El término temor hay que manejarlo con cierta actualidad. Para un líder o para alguien que al final tiene que dirigir a un grupo de individuos es fundamental el respeto. Si no se cumplen ciertas condiciones hay que dar explicaciones y asumirlo. No todo vale. De eso depende el respeto.

¿Cobran un mayor interés los postulados de El Príncipe en este momento de convulsión política? 
Absolutamente. Estamos viviendo una explosión de nuevos partidos y el ciudadano se ve obligado a elegir. Pero al final, ocupe quien ocupe los puestos, el poder hay que ejercerlo de una determinada manera. El Príncipees un libro de cabecera para gente de izquierdas, de derechas... Lo que él plantea vale para cualquier ideología porque lo que aborda es la condición humana, el hombre enfrentado al poder.

¿Cómo está siendo trabajar con un actor como Fernando Cayo?
Extraordinario. Es un regalo. Te devuelve multiplicado por mil lo que tú solo puedes soñar. Es un actor superdotado: maneja su cuerpo, su voz, las emociones... Tiene un registro cómico, dramático...

Presentan la obra en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares...
Es un espacio mágico. Es un regalazo de verdad que estemos aquí y que Alcalá de Henares nos haya abierto las puertas para el estreno absoluto de la función. La sala es tan fabulosa y tan recogida, se ve tan bien y tiene tan buena acústica...

¿Cómo ve la situación del teatro en este momento?
Depende, es muy variada. Hay privilegiados dentro del colectivo profesional, entre los que me incluyo, que están trabajando mucho y otros compañeros con el mismo o más talento que no tienen tanta fortuna. La industria está sufriendo con la falta de apoyo y la subida del IVA y es un tema que no se corrige. La cultura no interesa en general a los políticos y es una lastima porque el pueblo vive mejor cuando se aumenta su nivel cultural y la posibilidad de acceder a más actividades artísticas. El teatro aguanta el temporal porque el público, a pesar de todo, sigue yendo. Ojalá vengan tiempos mejores.

Fuente: Isabel Cuesta (elpais.com) | Foto: Marc Giron
En una gran pantalla decenas de cucarachas, muy juntas, mueven sus finas antenas. Su aspecto y el ruido de su caminar, amplificado por unos altavoces, convierte la experiencia en algo fastidioso y repulsivo. Mientras, una tortuga parece luchar por salir de dentro de un tambor transformado en acuario. De repente, su imagen agrandada es proyectada. Un animal agitándose en el agua con la cabeza estirada, buscando una y otra vez la salida.
Las imágenes en la obra de teatro Daisy, del argentino Rodrigo García y actual director del Centro Dramático de Montpellier, causan cierto repelús, cierta convulsión, un fruncir de cejas o un encogimiento de hombros. La Sala Verde de los Teatros del Canal acoge Daisy desde hoy y hasta el domingo, en el marco del Festival de Otoño a Primavera.
“Madrid es la única ciudad donde me han despreciado siempre, pateando en la sala y gritando insultos en todas y cada una de mis obras”, dice el autor. García empezó su carrera teatral en las salas alternativas de Madrid a finales de los ochenta, sin experiencia previa sobre las tablas ni como actor ni como director. Cuando llegó a la capital por primera vez, en la ola descendiente de la movida, su incursión en el teatro la motivó su observación del trabajo de artistas plásticos como Bruce Nauman, Jenny Holzer, Paul Mac Carthy, y su amistad y diálogo artístico con “la gente adecuada”, como Chete Lera o Juan Loriente. “Gracias a que ellos me explicaban cómo querían que fuese su vida, qué cosas amaban y qué les hacía rabiar, fui haciendo mis obras y haciéndome a mí mismo”, comenta García y añade: “Teníamos fuego cruzado noche y día, año tras año. Los medios de comunicación nos ninguneaban o maltrataban, los teatros importantes ni venían a vernos”.
Pero su reacción contra el teatro convencional no lo atribuye a la necesidad de rebelarse contra nada. “En aquel entonces apenas si frecuenté lugares como el Yastá, El Escueto o el Moroco. Ni tomaba drogas. Era un paleto inconsciente y para colmo, heterosexual”, dice de sí mismo. “La obra teatral con sus personajes y la manía de la representación, pasa en otro espacio y en otro tiempo. El teatro tradicional tiene algo horrible y es que te hace olvidar durante un par de horas de que estás vivo”, afirma.
En Daisy, los textos que interpretan los actores, Gonzalo Cunil y Juan Loriente, carecen de una línea narrativa, y podrían ser casi un elemento plástico que se superpone o cohabita con los objetos y animales sobre la escena. Sobre la imagen de las cucarachas dice: “Nadie las quiere. Y si nadie las quiere, yo las quiero. Hay animales que son evocadores, incluso los repugnantes”. Aparte de la tortuga, dos perros pequeños forman parte del montaje. García explica que trabaja desde lo visual con los intérpretes: “Hago dibujos, los muestro y los actores hacen algo parecido al dibujo”. Así, las escenas de todas su obras están construidas por el solapamiento de elementos visuales y sonoros.
“A inicios de los noventa, no existía un teatro contemporáneo de corte confesional en España. Quien hablaba de uno mismo se ocultaba tras un Hamlet o una Medea. Nadie decía: me llamo fulano y me pasa tal cosa. Esa puerta era imprescindible abrirla”, explica y relaciona su obra Carnicero español, que escribió por ese entonces, con un esfuerzo por romper con esa línea tradicional. García, de padres españoles, creció en Buenos Aires, y trabajó en la carnicería que era el negocio familiar.
Ahora con Daisy, el director dice “anular lo biográfico y confesional”, y afirma que pretende lograr algo más complejo: “Una reinvención del entendimiento. Daisy, como obra escrita, aspira a ocupar un podio en la carrera de la idiotez”, concluye.
García que es desde el 2014 el director del Centro Dramático de Montpellier logró el salto a la escena internacional por casualidad. A inicios de los noventa presentó en Buenos Aires la obra Conocer gente, comer mierda dentro de un festival Internacional, y After sun y Borges, en un teatro off. “Volvía a mi país donde nunca había mostrado mi trabajo. Fue un fracaso total. La gente que fue a ver la obra en el festival la detestaba y a las obras que hicimos en el teatro alquilado vinieron mi madre, un amigo de la infancia y dos personas que no conocía y que resultaron ser el director del Festival de Avignon y Sacha Waltz, coreógrafa de la Schaubühne. De ahí salieron los primeros contratos con el Festival y con Berlín”, recuerda el director. En la Schaubühne como director residente, García consolidó su obra dentro de lo que se conoce como el teatro posdramático, un lenguaje polifónico, donde varias disciplinas artísticas y escénicas se mezclan y la narrativa resulta de la asociación entre todos los elementos.
“Me siento afortunado de escapar con vida de esa trampa acultural que fue aquella España borrica. Se sucedían el PSOE y el PP… nada cambiaba, nunca llegó una persona con una visión contemporánea de las artes escénicas y un compromiso auténtico”. Pero recordar a Madrid como el territorio en el que el teatro contemporáneo sigue “enterrado vivo”, según García, no es lo peor para el director: “Lo peor es que había un pequeño bar donde iba a comer los caracoles y los callos, a pocos metros de la Filmoteca de Antón Martín, que ahora es uno de esos sitios cool , un garito muy in donde van incluso los turistas”.

“Sois rematadamente tontos” o el bogavante que murió sobre las tablas

En la obra de teatro Accidens, matar para comer el actor Juan Loriente cuelga a un bogavante vivo de unos hilos para matarlo y comérselo sobre la escena. Aunque este montaje de Rodrigo García era una producción de 2005 y había sido presentada en otros escenarios, al público parisino no le hizo gracia esta performance cuando la compañía de García presentó la obra a mediados de abril. Organizaciones ecologistas protestaron y, por medio de las redes sociales, se recogieron miles de firmas para que se suspendiera la función. El director también dejó sentir su reacción. En su página de internet (www.rodrigogarcia.es), lo primero que recibe al visitante es un ensayo de García titulado Sois rematadamente tontos. El director explica que el animal es cocinado sobre las tablas de acuerdo con las instrucciones del chef del restaurante La Rula de la localidad de Lastres en Asturias.
“Quiero decir que si en el mundo mueren en las mesas de restaurantes (y en casas también) unos cien mil bogavantes por día, resulta que el único que lo hace para una causa poética es el nuestro”, reza una parte del texto. Y remata: “Sois rematadamente tontos”

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El portazo final con el que Nora abandona la escena en el final de «Casa de muñecas» es uno de los momentos más significativos de la historia del teatro universal, y volverá a vivirse estas semanas -hasta el 7 de diciembre- en los teatros del Canal. Sobre una versión de Jerónimo CornellesXimo Flores dirige una versión del texto de Ibsen protagonizada por Rebeca Valls, que interpreta a Nora. Le acompañan en el reparto el propio Cornelles Teresa Crespo, Manuel Puchades, Miquel Mars María Minaya.
Estrenada en diciembre de 1879 en Copenhague, «Casa de muñecas» fue un texto revolucionario, especialmente por su final, que suscitó una gran polémica. El insólito acto de rebeldía de Nora significaba hacer añicos el papel decorativo que tenía la mujer en la sociedad de la época y, al tiempo, avanzaba los cambios que empezaban a intuirse. 
«Nora Helmer -dice Ximo Flores- es una auténtica heroína, una mujer capaz de amar como pocos y de sacrificarse por los demás en un mundo profundamente materialista, y al mismo tiempo Nora es un puro grito al inconformismo. Su portazo final suscita un anhelo revolucionario más allá del escenario».
«El acto revolucionario de Nora -dice su intérprete, Rebeca Valls- es atreverse a dar el paso. Y para mí ha sido un ejemplo y me ha servido también para dar un paso adelante en mi trabajo con este papel que es todo un regalo para una actriz». El de Nora es uno de los principales papeles femeninos del repertorio -«un icono absoluto del teatro», dice Ximo Flores-y exige de su intérprete una amplia paleta de colores. «Es un viaje fascinante -completa la actriz-: desde la niña que empieza siendo hasta la mujer en la que se convierte; desde la muñeca hasta el ser humano; desde la inconsciencia a la conciencia». 
Según Ximo Flores, el gesto de Nora no es únicamente un acto de rebeldía femenina, sino el símbolo del que el ser humano debe llevar a cabo para salir de la alienación, para romper con el papel que nos exige la sociedad actual. «Cabría denominar “muñecas” tanto a Nora como a su marido, Torvald, ya que éste último, asumiendo su papel patriarcal, también es víctima de una sociedad dictatorial con los roles. Ibsen nos habla de la necesidad de tomar conciencia y de actuar. Nora lo hace, en uno de los finales más hermosos jamás escritos en una pieza teatral. La corrupción, la alienación económica, la descomposición de las estructuras de organización tradicional como la familia, lo absurdo de la justicia y las diferencias de clase dan consistencia y rigor a la obra del autor noruego», concluye el director valenciano.

Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Hubo un antes y un después en la carrera de Marta Buchaca (Barcelona, 1979) al conocer el trabajo de los argentinos Rafael Spregelburd y Javier Dualte. "Gracias a ellos entendí que el texto se acaba en el escenario y que el autor debe ser también el director de la obra". Con esa premisa, y con la experiencia del éxito en 2011 de El año que viene será mejor, ha afrontado Las niñas no deberían jugar al fútbol, un texto que llega este lunes a la sala Negra de los Teatros del Canal. El montaje fue un encargo del Grec y tenía que partir del personaje de Medea pero el resultado final se ha alejado bastante del mito griego. Todo, porque un día vio un accidente de coche. Acababa de hablar con su padre por teléfono desde el trabajo y pensó: "¿Y si no fuera verdad?, ¿Y si me llamaran ahora y me dijeran que acaba de tener un accidente a cien kilómetros de Barcelona?" 

A partir de esta anécdota nació la obra. Un accidente con tres personas. Un padre de 56 años, una niña de 12 y una chica de 26. En escena, la sala de espera de la UCI de un hospital público. La madre de la niña, la hija del hombre y el novio de la chica. Ninguno de los tres sabían quiénes eran las otras personas que iban en el coche. Y ninguno de los tres sabían nada de que sus familiares tuvieran que coger el coche para ir en dirección a Sitges. Tensión desde el minuto cero. 

¿Es la incomunicación el tema último de la obra?

Sí, y también la mentira. El engañar a los otros, lo fácil que resulta simular que somos alguien que no somos. Y también lo fácil que es que se desmorone todo. Sara piensa que su padre es una buena persona, que sería incapaz de hacer daño a nadie, pero enseguida empieza a sospechar de él.Si le ha mentido sobre su paradero del fin de semana, ¿por qué no le podría haber mentido en otras cosas? 

¿Cómo ha planteado la puesta en escena?

De una forma sencilla. La obra así lo requiere. El texto necesita un espacio realista y buenos actores. Y nada más. Estoy muy contenta con el. El público vive la historia desde el primer momento, se respira tensión en la sala. Y eso no es fácil de conseguir. 

¿Cómo ha manejado la violencia a la hora de dibujar a los personajes?

No quiero hacer spoliers, pero la violencia está muy presente. Los personajes tienen miedo, están en una situación desconocida y descontrolada. Ese miedo es el que los hace relacionarse con violencia (aunque sea sólo verbal). Especialmente el personaje de la Madre… pero en un clima tan asfixiante también hay espacio para el humor. De hecho, pienso que en las situaciones más tensas es dónde más sentido del humor tenemos. 

¿Cómo ha sido la experiencia de El año que viene será mejor? ¿A qué le achaca su éxito?

Ese proceso fue un lujo. Surgió de un encargo de Carol López, que por entonces era la directora de la Sala Villarroel. Nos propuso crear una obra desde cero a Victoria Szpunberg, Mercè Sarrias y a mí. Carol también escribió con nosotras y con la complicidad de la directora Mercè Vila y de las actrices, al final la obra resultó un éxito. Fue un proceso lúdico y fácil. Creo que esa fue la clave de su éxito. Al final la obra estuvo en cartel más de un año. No lo esperábamos, pero con la primera previa nos dimos cuenta de que el público se identificaba al cien por cien con lo que pasaba en el escenario. 

¿Puede hablarse en estos momento de una nueva generación de dramaturgos? 

Actualmente el teatro español goza de una magnífica salud. Hay numerosos autores entre los 30 y 45 años que están trabajando mucho. Podemos hablar, sin duda, de una nueva generación. De mis compañeros me interesa especialmente lo que están haciendo Guillem Clua, Jordi Casanovas, José Padilla, Pablo Messiez... La lista es larga pero si una cosa tenemos en común es que todos escribimos y dirigimos nuestros textos y pienso que ésta es la gran diferencia respecto a la generación que nos precede. 

¿Cómo es la relación con autores más veteranos? 

Creo que conviven dos generaciones y eso es fantástico. No hemos tenido que matar a nuestros padres, como ha pasado en otros períodos de la literatura. Convivimos con la generación anterior (Belbel, Galcerán, Mayorga, etc.) en la cartelera y con muchos de ellos tenemos una fantástica relación. De hecho, creo que en Cataluña cada uno de nosotros es admirador y se siente afín de algún miembro de la anterior generación. En mi caso, sin duda, ése referente es Galcerán. 

¿Cree que las obras de estos "novísimos" llegan suficientemente a los grandes escenarios?

Es difícil ver autores de nuestra generación en los grandes escenarios. No se apuesta por nosotros en los teatros grandes. Además, la crisis ha creado la tendencia de que hagamos obras para cinco personajes como máximo. Cuando empecé a escribir no me planteaba cuántos personajes pondría, y ahora, por desgracia, sí. Pero tengo ganas de escribir una obra grande. Ahora en el Festival Temporada Alta varios autores presentaremos versiones de textos clásicos. No hace faltar recurrir a versiones de autores extranjeros de obras clásicas. Aquí también lo podemos hacer. Y ésa confianza es la que creo que falta ahora mismo. Sergi Belbel, en su última temporada del TNC, sí que apostó por la dramaturgia catalana contemporánea y encargó a cuatro autores que escribieran una obra para la Sala Grande del TNC. Pero, sinceramente, no sé si eso va a volver a pasar en breve. Es una pena.

Fuente: Javier Yuste (texto) | Sergio Enriquez-Nistal (foto) (elcultural.es)

Sergio Peris-Mencheta (Madrid, 1975) aparca por un tiempo la dirección de escena para protagonizar junto a Roberto Álamo y bajo las órdenes de David Serrano, Lluvia constante, un texto de Keith Huff que, desde que se estreno en 2007, no ha parado de recibir halagos de la crítica allí donde se ha montado (en Broadway por ejemplo, con Hugh Jackman y Daniel Craig en los papeles principales). Ahora llega a los Teatros del Canal este thriller negro, hermanado con series como True Detective o The Wire, de cuya trama es mejor revelar lo menos posible pues guarda no pocas sorpresas y giros que dejarán al espectador pegado a la butaca.

Han presentado la obra el pasado sábado en el Teatro Palacio Valdés y ahora desembarcan en los Teatros del Canal. ¿Cómo fue la experiencia del estreno?

Muy potente. El público de Avilés me encanta porque ha sido muy bien educado, tienen casi todos los estrenos de la cartelera a lo largo del año. En esto ha sido imprescindible la figura de Antonio Ripoll, que sigue siendo en la sombra el programador tanto del Centro Niemeyer como del Teatro Palacio Valdés y que ha acostumbrado a los avilesinos a ver teatro. Respecto al estreno teníamos nuestros reparos porque es una obra dura con muy pocas concesiones. No hay casi comedia, la hay pero muy al principio. Al fin y al cabo estamos hablando de una tragedia. Pero nos sorprendió la grata respuesta del público porque la pretensión tanto de David como de Roberto como la mía propia es hacer teatro muy directo.

El texto de Keith Huff ha recibido críticas magníficas desde su presentación en 2007. ¿Qué le pareció cuando lo leyó por primera vez?

Lo primero que me llamó la atención es que era muy cinematográfico para ser teatro. También que se tratara de un cuento, no de una obra al uso sino de una historia que cuentan dos personas. En el fondo interpretan a más de 20 personajes, relatan la historia de un montón de gente y lo hacen cada uno desde su propio punto de vista. Hay tres momentos que como lector me dieron la vuelta al corazón, algo poco habitual. Si como lector ya ocurría esto, era de suponer que encima del escenario funcionaría aún mejor. En cualquier caso es una obra poco común en el sentido teatral con un ojo puesto también en referentes televisivos como True Detective, The Wire o The Shield.

David Serrano ha comparado la obra, en cuanto ha impacto dramático, con textos de Tenesse Williams y Arthur Miller. ¿Va camino de clásico?

El hecho de que sea una obra tan potente que se pueda montar con tan solo dos actores y dos sillas en el escenario, porque realmente no hace falta más, va a permitir que, en los tiempos que corren, se represente fácilmente. Los clásicos solo se pueden detectar cuando ha pasado cierto tiempo pero a día de hoy es una obra que coincide con la manera de escuchar, de entender y de oír en la que nos han educado. Es rápida, directa, cambia a un ritmo que no te deja respiro casi como si estuvieras zapeando. Creo que esto es muy de nuestra época.

El texto tiene elementos clásicos del thriller más negro de Hollywood, un género en el que la puesta en escena tiene un peso muy importante. ¿Cuál ha sido la apuesta en este apartado para vuestra versión?

Es una obra que se puede hacer de varias maneras. En la versión argentina la escenografía era compleja: había un coche y bastantes elementos como si fuera una especie de garaje... Nosotros tenemos algo de escenografía, nos situamos en una sala de interrogatorios. Pero lo que hicieron Hugh Jackman y Daniel Craig en Broadway fue vaciar totalmente el espacio escénico: dos sillas, dos actores y punto y final. Creo mucho en el teatro así, a medio camino entre la novela y la película. De hecho, cuanto más cerca de la novela esté el teatro más interesante me parece.

¿A qué se refiere con esto?

La novela uno se la imagina entera. Por mucho detalles que dé el autor al final tú compones la cara del protagonista, te imaginas como va vestido, recreas los lugares que visita... En la película te lo dan todo mascado, por eso muchas veces una adaptación te decepciona. Tú tienes una película ideal en la cabeza y ademas es tuya. El teatro está a medio camino pero cuanto más cerca esté de la novela, cuanto más permita al espectador que imagine, más interesante me parece. Además, de esta manera, el público está más activo y siente como parte de él lo que ocurre sobre el escenario. Y esa ha sido la apuesta con Lluvia constante y es mi apuesta para el teatro desde siempre.

Además es muy conveniente con las estrecheces de la actualidad...

Sí, casa perfectamente con los tiempos que vivimos. No es momento de hacer grandes cambios de escenografía ni grandes alardes sobre escenaporque no hay dinero. Pero si lo hubiera creo que esta obra seguiría contando más de esta manera.

Forma pareja de policía con Roberto Álamo. ¿Cómo es la relación entre ambos personajes?

Son dos amigos de toda la vida que se conocen desde antes de ser policías. El personaje de Roberto es pasivo, déspota, egoísta... Un tipo que de alguna manera ha triunfado en la vida: tiene una mujer estupenda, una casa estupenda, un coche estupendo, dos hijos, un perro... Y parece feliz. Mi personaje es mas adaptable, más de perfil bajo. Atraviesa una profunda depresión, es alcohólico y profundamente infeliz. Lo que vamos a ir descubriendo a medida que avanza la función es que ni uno es tan infeliz ni tan perfil bajo, ni el otro es tan feliz ni tan perfil alto. De alguna manera el espectador se puede identificar con cualquiera de los dos porque el viaje que hace cada uno de ellos se cruza.Me parece que es una historia bastante sugerente en ese sentido porque no son personajes planos.

¿Cuál es el referente de esta pareja de policías?
En la propia obra hablamos de Starsky y Hutch porque es la pareja de policías por antonomasia pero yo los relaciono más con series como The Shield, True Detective e incluso Breaking Bad. Hay algo en la obra de Walter White, esa vida que llega al límite, aunque no creo que se pueda hablar de referente porque la obra es anterior a la serie. Pero hay un aroma similar, los personajes están abocados a lo irremediable.

El género negro está de moda tanto en el cine como en la literatura. ¿Por qué cree que conecta tan bien con el público?

Siento que es algo que tiene que ver con el hecho de intentar de hablar de lo que pasa. Para mí el teatro tiene dos tareas principales, entretener y reflejar. El que a mí me interesa es el que tiene de las dos. No quiero hacer una moraleja con cada cosa porque se corre el riesgo de aburrir. Hace falta entretener para abrir el corazón del espectador y que le llegue el mensaje de lo que se está contando. El teatro interesante es el que te deja un poso y que deja al espectador un tema encima de la mesa con el que poder discutir.

Tras el éxito que ha logrado ejerciendo la dirección de escena, ¿cómo afronta limitarse a la actuación? ¿Es liberador o puede llegar a ser frustrante?

Muy liberador aunque cada vez veo más incompatible hacer solo una de las dos cosas. Ambas facetas se alimentan la una de la otra y cuando llevas mucho tiempo dirigiendo te mueres por actuar y cuando llevas mucho tiempo actuando te mueres por dirigir. Además disfruto mucho más como actor desde que dirijo. Prácticamente empece a actuar y dirigir a la vez pero en este país hay miedo al polifacetismo. Parece que está mal visto, que es como meterse donde no le llaman. No necesito el sueño americano para completar mi felicidad pero si tener la posibilidad de poder ganarme la vida haciendo las dos cosas y reunirme con gente que me motive.

¿Qué le parece el romance que están viviendo el cine español y la taquilla?

Hay un talento innegable entre nuestros creadores cinematográficos y entre la gente de cine. El asunto es que han coincidido tres o cuatro estrenos en el último año como 8 apellidos vascos, La isla mínima, El niño, Torrente y probablemente se sume Magical Girl... Ojalá esto no sirva para justificar esa subida de 13 puntos del IVA porque han hecho mucho daño al sector. No tenemos que confiarnos y tenemos que seguir luchando por lo que es justo: equipararnos a los IVAs de nuestro entorno europeo.

Fuente: Carlos Rivera Díaz (elpais.com)
Tras bajar el telón, el público conserva la emoción que ha vivido en escena. Las risas, los llantos... El teatro se ha convertido en un espejo de sus vidas y quieren conservar esa agitación tan honda después de que las luces de los focos se apaguen. Ese momento de comunión, de ocio saludable que nos conecta, se puede vivir a precios realmente asequibles. Solamente hay que saber cómo hacerse con una de las codiciadas entradas con descuento. Y si tiene menos de 30 años, podrá ir a la ópera por menos de lo que cuesta un simple gin-tonic en una salida nocturna.
  • Teatro Lara: La emblemática Bombonera, en Madrid, acoge desde hace varias temporadas el éxito de Jordi Galcerán Burundanga, pero es que además ofrece infinidad de propuestas, como el musical La Llamada o El disco de cristal, que protagoniza el televisivo Secun de la Rosa en la Sala Off, recién inaugurada. Desde sus redes sociales es posible acceder a descuentos de lo más suculentos. En palabras de Antonio Fuentes, director del Lara: “Nuestra filosofía es dar a conocer los nuevos lanzamientos mediante fuertes promociones a nuestra base de clientes y seguidores de redes sociales. Preferimos minimizar el gasto en publicidad y en lugar de eso fomentar que sea el mismo público el que venga a ver las primeras funciones y las recomiende a sus amigos y conocidos. Estas ofertas las hacemos con mucha anticipación para evitar que afecte a las ventas normales”. Es interesante también destacar que disponen de una newsletter en la que le tendrán al día de descuentos y promociones.
  • Teatros del Canal: El espacio escénico que dirige Albert Boadella, también en la capital, cuenta ya con tres salas, tras la reciente inauguración de una más alternativa con el estreno deTrue West. Este teatro implica mucho a sus espectadores a través de sus activas redes sociales, en las que ofrecen descuentos muy especiales. Hay danza, conciertos, zarzuela y un puñado de propuestas teatrales de lo más jugosas, como Lluvia constante,que protagonizará Sergio Peris Mencheta. En su web, podrá darse de alta en su newsletter para recibir las ofertas directamente en su correo. “Comprando con anticipación y para las primeras funciones, a los suscriptores del boletín de Teatros Canal se les realizan descuentos del 30 %”, destaca Beatriz Clemente, directora de comunicación y márketing del teatro madrileño. Además, como en muchos teatros, también existen los habituales descuentos para grupos, jóvenes o tercera edad.
  • El día del espectador y los descuentos para jóvenes, una constante. Los espacios del Centro Dramático Nacional ofrecen todos los miércoles del año un 50 % de descuento en sus espectáculos. Los menores de 30 años se pueden acoger alMinuto Joven. Así, estos afortunados, si compran las entradas 30 minutos antes de la función, tendrán un ¡75 % de descuento! Eso sí, los boletos solo se pueden adquirir en las taquillas del CDN (Teatro María Guerrero y Valle Inclán). Los menores de 30 años se beneficiarán también de un descuento de hasta el 90 % en las localidades aún disponibles en taquilla desde cuatro horas antes de la función del Teatro Real, los domingos y festivos. ¿Quién dijo que disfrutar de una buena ópera no era posible a un precio casi milagroso?
  • Algunas gangas en la Red. De los múltiples portales en Internet, fijamos nuestra mirada en tres webs que ofrecen descuentos realmente increíbles en el resto de los teatros del país. La página Entradas.com despliega una sección de promociones con descuentos realmente interesantes a todos sus usuarios. Otra web de referencia es Atrápalo, que en su variada oferta de espectáculos da la posibilidad de ver desde números infantiles a danza, teatro e incluso grandes musicales, con descuentos muchas veces superiores al 50 %. Ticketea, por su parte, se alza como la otra gran alternativa para encontrar gangas en la Red.
  • Más allá de una política de precios en la que primen los descuentos, parece que algunos espectadores, independientemente del factor económico, han perdido el interés por acudir a las salas de teatro. Desde la empresa Gretahelps, detrás de éxitos como Toc, Toc y El crédito, aducen una serie de herramientas para atraer de nuevo a los espectadores: “Se trata de buscar lo que el propio espectáculo ofrece y reforzarlo para que el público encuentre las olvidadas razones para regresar a los patios de butacas de los teatros”, comenta Iñaki Sarriugarte, de la citada empresa. En esa unión con el producto también están presentes los descuentos: “Con una obra como Love pain love premiaremos la fidelización de los fans de Ángel Martín y Ricardo Castella con los mejores precios en las redes sociales”.

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
La temporada teatral levanta el telón. La crisis (agravada en el sector por el IVA al 21%) zancadillea y, en algunos casos, derriba a los productores y empresas, cada vez más remisas a emprender nuevos proyectos, pero no frenan la creatividad de las gentes del teatro.
Como ejemplo, el bullente, cambiante y nutriente circuito alternativo, que ha transformado el teatro en la capital, y ha contagiado algunas de sus costumbres al circuito comercial; son cada vez menos frecuentes las largas temporadas y se imponen en los carteles las fechas cerradas para los espectáculos.
Hay excepciones, y entre ellas notables éxitos pasados que vuelven tras el verano (o en algún caso siguen) como«Toc-toc», «El Cavernícola», «La cena de los idiotas», «Una boda feliz» o «Burunganda» y «El nombre». Entre las novedades, propuestas para todos los gustos: clásicos, musicales, dramas, comedias, autores españoles... He aquí veinte de ellas que se estrenarán en Madrid entre septiembre y octubre.

Jugadores

Teatros del Canal, desde el 27 de agosto
Es una obra del dramaturgo catalán Pau Miró, estrenada hace un par de años en catalán con un reparto diferente. En esta nueva producción, dirigida por el propio autor, Luis Bermejo, Jesús Castejón, Ginés García Millán y Miguel Rellán interpretan a cuatro cincuentones fracasados y enredados por el juego.

El largo viaje del día hacia la noche

Teatro Marquina, desde el 4 de septiembre
Un clásico de Eugene O’Neill, uno de los padres de la dramaturgia contemporánea. «El largo viaje del día hacia la noche» es, para muchos la obra maestra del autor estadounidense. El aliciente de esta producción, dirigida por Juan José Afonso, es su pareja protagonista:Vicky Peña Mario Gas.

Calígula

Teatro Fernán Gómez, desde el 11 de septiembre
En 2013 se celebró el centenario del nacimiento de Albert Camus, y en pocos días coincidirán en Madrid dos obras suyas. Una de ellas es «Calígula», que llega al escenario en un montaje dirigido por el veteranoJoaquín Vida y protagonizado por Javier Collado.

Enfrentados

Teatro Amaya, desde el 17 de septiembre
Arturo Fernández va a ser infiel a su esmoquin, compañeros de escenario durante las últimas décadas, para vestirse en esta obra un clergyman. Encarna en esta pieza de Bill C. Davis a un carismático sacerdote a cuya parroquia llega un joven seminarista (David Boceta) con el que tendrá sonados enfrentamientos.

El loco de los balcones

Teatro Español, desde el 17 de septiembre
Continúa el Teatro Español con el ciclo dedicado a la obra teatral deMario Vargas Llosa con la puesta en escena de esta obra, escrita en 1993. José Sacristán es un profesor de historia del arte viudo y dedicado a rescatar balcones coloniales. Dirige la función Gustavo Tambascio.

El hijo de la novia

Teatro Bellas Artes, desde el 17 de septiembre
La película que con este título dirigió Juan José Campanelladescubrióun nuevo cine argentino, quesabía conmover a través de historias cercanas y llenas de humanidad. Ahora se ha realizado la adaptación teatral del filme, con Álvaro de Luna, Tina Sáinz yJuanjo Artero como protagonistas.

Donde hay agravios, no hay celos

Teatro Pavón, desde el 17 de septiembre
La Compañía Nacional de Teatro Clásico presentó en el festival de Almagro su nueva produccíón, que estrena ahora en Madrid. Se trata de una comedia de Ruiz de Alarcón llena de enredos y situaciones equívocas y que dirige la directora de la compañía, Helena Pimenta, con actores como Marta Poveda, Rafa Castejón Natalia Millán.

El ministro

Teatro Cofidis-Alcázar, desde el 24 de septiembre
Carlos Sobera regresa a los escenarios con esta comedia de trasfondo político escrita por Manuel Prieto y dirigida por Silvestre G. La actualidad gotea en la pieza, en la que acompañan a Sobera Marta Torné, Javier Antón Guillermo Ortega.

La plaza del diamante

Teatro Español, desde el 24 de septiembre
Lolita Flores vuelve al teatro para encarnar a la célebre Colometa de la evocadora novela de Mercé Rodoreda, la crónica de la Barcelona de posguerra. Dirige la función Joan Ollé.

Con la claridad aumenta el día

Teatro de La Abadía, desde el 1 de octubre
El dramaturgo mallorquín Pep Tosar ha tomado como punto de partida el libro «Mis premios», de Thomas Bernhard, un texto póstumo en el que el autor mostraba su animadversión por los galardones y reconocimientos.

Diez negritos

Teatro Muñoz Seca, desde el 2 de octubre
Agatha Christie es siempre sinónimo de éxito. El director catalánRicard Reguant ofrece una nueva versión de esta inquietante función, en la que la autora británica tensa la intriga con la paulatina y misteriosa muerte de sus protagonistas, encerrados e incomunicados en una isla.

Al final de la carretera

Teatro Fernán Gómez, desde el 2 de octubre
Una agridulce comedia de Willy Russell, autor de «Shirley Valentine», que habla de la crisis de valores con su particular humor arañador. Gabriel Olivares dirige un reparto de nombres populares:Melani Olivares, Marina San José, Raúl Peña Manuel Baqueiro.

Los justos

Naves del Español, desde el 2 de octubre
Segunda obra de Albert Camus en la cartelera madrileña. La versión, de José A. Pérez, convierte a los anarquistas rusos que preparan un atentado en etarras. Obra intensa que dirige Javier Hernández Simón.

Cancún

Teatro Infanta Isabel, desde el 3 de octubre
Jordi Galcerán es uno de los autores españoles vivos con mayor éxito y más representados. Llega al Infanta Isabel una nueva producción de esta comedia que combina risa y reflexión, y que protagoniza María Barranco.

Priscilla, reina del desierto

Nuevo Teatro Alcalá , desde el 3 de octubre
No podía faltar la apuesta musical en este arranque de temporada. En esta ocasión se trata de una producción de origen australiano basada en la película homónima. La dirección artística es de Àngel LLácer.

50 sombras de Grey

Teatro Nuevo Apolo, desde el 8 de octubre
Un musical que es en realidad una parodia de la célebre novela erótica que ha conquistado a millones de lectoras (sobre todo) en todo el mundo. Procede de EE.UU. y lo dirige Jesús Sanz-Sebastián.

VIP

Teatro María Guerrero, desde el 8 de octubre
Nuevo trabajo de Els Joglars, dirigido por Ramón Fontseré; en él, con su particular humor y causticidad, se ironiza sobre la sobreprotección a los niños de hoy.

Lluvia constante

Teatros del Canal, desde el 9 de octubre
Roberto Álamo Sergio Peris-Mencheta protagonizan este duro duelo interpretativo, en el que encarnan a dos jóvenes policías policías. La obra es de Keith Huff y la dirección de David Serrano.

Ricardo III

Teatro Español, desde el 29 de octubre
Juan Diego protagoniza esta versión de la extraordinaria obra de William Shakespeare, con dramaturgia de José Sanchis Sinisterra. Le acompañan en el reparto Julieta Serrano Asunción Balaguer.

El regreso de Concha Velasco


Fuente: Esther Alvarado (elmundo.es)
Cómo se comporta cada uno en una mesa de juego dice mucho de cómo somos en realidad. "Cuando aparece el juego surge algo muy primitivo del ser humano, las emociones, los instintos, las contradicciones...", dice el dramaturgo y director Pau Miró (Barcelona, 1974); aparecen las verdades de cada uno, el ser como somos detrás de nuestras máscaras sociales. Con esas premisas se sientan ante las cartas los cuatro personajes de 'Jugadores', la obra escrita y dirigida por Miró que se estrena en la sala verde de los Teatros del Canal.
Miguel Rellán, Ginés García Millán, Luis Bermejo y Jesús Castejón son los cuatro actores que dan vida a un profesor de matemáticas, un enterrador, un actor y un barbero que se reúnen en casa de uno de ellos para echar una partida de cartas. "Juegan al póquer, pero se hacen continuamente trampas entre ellos, aunque se necesitan mucho", explica Miró.
"En eso de las trampas puede que sí nos veamos reflejados, porque al principio de la crisis no sabíamos cómo ni por qué y ahora estamos descubriendo quiénes fueron los tramposos", añade.
Los cuatro se acercan a los 60 años y llevan a cuestas deudas, excesos, fracasos. "Con unas vidas de mierda enfocadas a aquellas milésimas de segundo en las que la carta que decide una partida se da la vuelta. Cada personaje tiene su historia, casi podríamos decir que cada personaje tiene un cuento por narrar", define el director. Son, en definitiva, hombres descolocados que han perdido el pulso del mundo y solo tienen una manera de recuperarlo. "Una manera desesperada".
La idea de escribir la función le surgió al dramaturgo catalán en 2010,cuando la crisis nos azotaba con la mano abierta y en España no se hablaba de otra cosa. "Reconozco que tenía la situación económica muy presente, pero no quería aburrir al público con más crisis económica", dice. Así que sus personajes se definen por la crisis personal por la que están pasando.
En una sociedad que desprecia la experiencia, "ellos se van quedando arrinconados; los dejan atrás". "Es una historia muy cotidiana -añade Pau Miró-, sin grandes discursos filosóficos, pero la idea es tratar de escudriñar el alma de cada personaje".
Sin ánimo de hacer spoiler, el director aclara que se trata de una "comedia negra" ("aquella en la que el sentido del humor no es muy amable") pero con personajes "muy amenos" y con cierto giro de suspense.
Aunque el estreno en castellano es en Madrid, esta función vivió días felices en catalán en 2011 y 2012 y en italiano. "La verdad es que me ha dado muchas alegrías y tenía muchas ganas de probarla en español. Me siento muy responsable de la puesta en escena", añade Miró.
"Piropos a mis actores te puedo decir los que quieras", comenta el director deslumbrado por los cuatro nombres con los que cuenta sobre las tablas, así como por el equipo artístico que le ha ayudado a montar esa pequeña ("y un poco cutre") cocina donde en la próxima mano de cartas cualquier cosa puede pasar.