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Fuente: Fernando Díaz de Quijano (elcultural.com) | Foto: Marcos GPunto

El talento de Alberto Conejero (Jaén, 1978) ha sido premiado en los últimos meses por partida múltiple. A principios de año, el Centro Dramático Nacional estrenó La piedra oscura, un ejercicio de memoria histórica y poética con el que este dramaturgo ha recuperado la figura de Rafael Rodríguez Rapún, el último gran amor de Federico García Lorca. La obra, puesta en pie por el director Pablo Messiez y los actores Daniel Grao y Nacho Sánchez, narra un encuentro -el único elemento ficticio- entre Rapún, teniente republicano, y un soldado adolescente del bando franquista responsable de su custodia en un hospital militar. En agosto, Conejero ganó con este texto el Premio Ceres al mejor autor teatral y, debido al rotundo éxito que tuvo la obra en el María Guerrero la temporada pasada, el teatro madrileño vuelve a programarla en su Sala de la Princesa del 18 de septiembre al 18 de octubre, y ya están las entradas agotadas para todo el mes.

¿Cómo llegó al personaje de Rafael Rodríguez Rapún y por qué decidió escribir sobre él? ¿Su objetivo era trascender el tópico del amante de Lorca que más le hizo sufrir?
Llegué por los Sonetos del amor oscuro, que fueron escritos en los altibajos de su relación. Quería saber quién era ese muchacho, estudiante de ingeniería de minas, secretario de La Barraca y compañero de Federico en los últimos años de su vida. Es difícil resumir a un hombre en unos cuantos adjetivos pero Rafael fue el hijo de un frutero y una criada que a fuerza de ideales y de empeño se situó en el centro de una de las experiencias culturales más importantes de este país. Un hombre cabal y comprometido con su tiempo, que intentó amar y ser amado por ese cometa que fue García Lorca. Y también una víctima de nuestra guerra, muerto cuando tenía tan sólo 25 años.

El texto de la obra está dedicado a Tomás, hermano de Rapún, que a sus 95 años compartió con usted sus recuerdos y le dejó acceder al archivo familiar. ¿Cómo transcurrieron aquellos encuentros y cómo fue el proceso de documentación para la obra?
Por desgracia fueron menos de los que hubiera deseado. Tomás estaba muy débil ya de salud. He escuchado varias veces las entrevistas que me concedió y doy las gracias por ese regalo. Pero fue absolutamente generoso conmigo, al igual que sus hijas Marga y Sofía. Me han permitido el acceso a la memoria de su familia de un modo que yo nunca podré agradecer. De las muchas alegrías que siento por la acogida del texto y de la función, quizá de las más altas es ésta de saber que, de algún modo, Tomás y Rafael han llegado al corazón de muchos.

¿Han cumplido sus expectativas el montaje de Pablo Messiez y el trabajo de los actores?
Pablo, Dani y Nacho han hecho la función que yo soñé para mi texto. Ahora me es imposible no verlos y pensarlos si he de volver a sus líneas. Son tres artistas excepcionales, dotados de una sensibilidad desbordante y de una generosidad espléndida.

Se repone la obra y las entradas ya están agotadas. ¿Esperaba el éxito que está teniendo La piedra oscura?
No. Yo no pienso cuando estoy escribiendo si va a tener éxito o no. Porque además el éxito tiene que ver muchas veces con lo azaroso y muchas veces es ruido sucio. He escrito otros textos que esperan su turno y que, para mí, tienen la misma fuerza que La piedra oscura. Es cuestión de que se produzca el encuentro, el momento. Yo supe que algo importante iba a suceder cuando se formó el equipo allí donde importa: en lo artístico.

Este verano recibió el prestigioso Premio Ceres. ¿Ha cambiado la percepción que tiene de sí mismo como dramaturgo?
Es tanto el tiempo que los dramaturgos pasamos en la invisibilidad que no puedo más que dar las gracias por ese reconocimiento. Me alegro muchísimo por todos los que me han apoyado todos estos años y por todo el equipo de La piedra oscura. Yo agradezco mucho el cariño pero la escritura se mueve en otro sitio más íntimo que no se ha modificado.

¿Cuándo nació su admiración por Lorca y qué le debe?
Nace en la primera adolescencia y el descubrimiento de su poesía fue para mí un punto de no retorno hacia un lugar más pleno, más luminoso y más honesto. Le debo los primeros sueños de ser poeta y luego dramaturgo. Y eso es de lo más importante que nadie nunca me ha entregado.

Por sus comentarios acerca de la obra, parece que le interesa especialmente el asunto de la memoria histórica como "brújula" para el presente y el futuro. ¿Cree que España aún tiene una deuda con su pasado? 
Creo que España tiene problemas con el relato de su pasado y eso nos impide construir el del futuro. Pero La piedra oscura habla de la memoria como un espacio de justicia, de la compasión y de la necesidad de encontrarnos con el otro. Quiero pensar que este país puede llegar a acuerdos mínimos, como que dar sepultura digna a sus compatriotas no es abrir heridas sino restituir dignidad.

¿Cómo llegó a ser dramaturgo?
Llegué a la dramaturgia por la poesía, que se llevó y aún se lleva la gran parte de mis lecturas. Uno de mis grandes anhelos por cumplir es publicar poesía. En el teatro pude dar albergue a esa pasión por el lenguaje pero además contar historias y compartirlas con otros. También tuve unos excelentes profesores de literatura y de griego clásico en un instituto público de un barrio del extrarradio de Madrid que alimentaron mi sueño de convertirme en dramaturgo.

De sus primeros textos, ¿cuál ha sido más importante para usted, sentimental o profesionalmente?
De los primeros textos le tengo especial cariño a Húngaros (2002), que ganó el Premio Nacional de Teatro Universitario y se publicó en Primer Acto. Volví a él en 2011 para presentarlo en el Festival de Dramaturgia Contemporánea Europea de Chile. Es un texto en el que ya están presentes muchos de los temas y obsesiones que me han acompañado posteriormente.

¿Qué proyectos tiene por delante en los próximos meses?
La dramaturgia de tres clásicos: Odisea, Rinconete y Cortadillo y El arte de amar. Y conseguir publicar mi primer poemario.

¿Se puede sobrevivir como autor de teatro en este país, incluso teniendo éxito?
Yo nunca he vivido del teatro y me parece imposible que pueda llegar a hacerlo. Creo que es fácil calcular los derechos de autor de una sala como la Princesa. Por fortuna me dedico a la docencia, oficio que me entusiasma y que me mantiene en guardia, permitiéndome escribir el teatro que deseo escribir. Como profesión puede ser ingrata y poco rentable pero la dicha de escribir y estrenar es impagable.

Fuente: Esther Alvarado (elmundo.es) | Foto: Javier Cuesta

Tiene Paco Azorín la sospecha de que las musas no son más que gotas de sudor provocadas por el esfuerzo; de que el éxito no es un estado de gracia sino una consecuencia del trabajo duro y de que el mejor premio posible es tener siempre muchos encargos en lista de espera. Él, director escénico de óperas como Tosca, Salomé, Otello y un futuro Don Giovanni; y de obras como Julio César o Hamlet: el día de los asesinatos, entre otras, se considera más que un tipo con estrella un trabajador incansable con un objetivo ilusionante en el horizonte: dirigir una ópera sobre María Moliner en el Teatro de la Zarzuela y quién sabe si asumir un rol más protagónico en el mismo. 

En 20 años de oficio le ha dado tiempo a hacer de todo...

Hace 20 años de mi primer espectáculo profesional, pero hace mucho más que empecé en el teatro amateur. Yo quería dedicarme a esto desde que tenía cinco o seis años, a los 12 ya tenía mis primeros grupos de teatro y a los 16 ya estaba dirigiendo. Pero no fue hasta la temporada 95/96 que estrené mi primer espectáculo profesional. Han pasado los primeros 20 años.

¿Profesionalmente se considera más una cosa que otra?

Yo me considero director de escena y escenógrafo, pero he hecho otras muchas cosas. Tengo hasta premios como iluminador, soy productor, soy profesor... pero son cosas complementarias. Mi historia personal es con la lírica. Mi abuelo era valenciano, tocaba el clarinete y tenía casetes y casetes de óperas y zarzuelas. Yo llegué al teatro por la lírica, porque de pequeño hacía maquetas de escenografías para espectáculos líricos y de ahí, al teatro. Pero de manera natural me he ido escorando hacia lo que me gusta, que es la lírica. De alguna manera he encontrado un equilibrio: cuando trabajo en el teatro echo en falta la música y cuando llevo dos óperas seguidas como ahora echo en falta la fuerza de la palabra dicha. 

¿Se pueden hacer óperas con presupuestos reducidos?

Yo estoy descubriendo el minimalismo y es verdad que, en el escenario, menos es más. El escenario no es un lugar para llenar de cosas, sino para llenar de ideas. Si tienes la idea de una puesta en escena, las cosas que tienes que poner ahí son las mínimas imprescindibles. Ese minimalismo viene muy bien en los tiempos que corren porque es verdad que no necesito 300.000 euros para hacer una escenografía; necesito muchísimo menos. Proporcionalmente el éxito no tiene que ver con el dinero que se invierte. Es lo que llamo ópera sostenible y ahora voy a por un modelo de zarzuela sostenible. Voy a hacer en el Teatro de la Zarzuela, el año que viene, una obra sobreMaría Moliner con un compromiso de no tirar el dinero de los contribuyentes [yo trabajo para el teatro público en el 90% de los casos].

¿Una escenografía monstruosa puede ser contraproducente?

Lo que pasa con el artista en esos casos es que se queda pequeñito y lo que tenemos que hacer para atraer al público joven es potenciar al artista y centrarnos en él. Hay que ayudar a que cuente la historia.

¿Se ha planteado optar a la dirección de un teatro público?

No me planteo la dirección de un teatro cualquiera. Otra cosa distinta sería la dirección de un teatro de lírica y otra muy particular sería el Teatro de la Zarzuela que yo creo que, si tiene algún reto, ese reto se llama el público joven y entrar de lleno en el siglo XXI. Interesante...

¿Tiene algún plan a corto o medio plazo al respecto?

No descarto la posibilidad. A mí me gustan mucho las responsabilidades que tienen que ver con el hecho escénico. Creo en que levantar el telón y hacer una función es rodear eso de una serie de actividades para que la experiencia sea irrepetible. Siento mucha responsabilidad social y artística para que la zarzuela no sea vista como un espectáculo elitista, por lo tanto si ese compromiso significa que yo pudiera hacer que fuera gente joven a la zarzuela, me encantaría. Y que vaya gente joven a la zarzuela pasa porque haya un perfil joven al frente del teatro. 

¿Cómo ve el futuro de los grandes teatros de lírica?

Los veo a todos en un momento de inflexión que puede ser hacia algo interesante o muy triste. El Liceo ha girado hacia un modelo americano y sobre él pende la espada de Damocles de acabar haciendo sólo obras de gran repertorio. Matabosch en el Real ha venido a poner un poco de sentido común, creo que va a hacer mucho bien después de una época tan convulsa como la de Mortier, pero después de estabilizar al Teatro Real le hará falta un proyecto artístico que diga que es uno de los teatros más importantes del sur de Europa. Mortier era uno de los directores estrellas de ópera, pero cometió un error garrafal que fue no contar con artistas españoles. Yo con él he trabajado con una libertad artística como nunca. Su programación no dejó indiferente a nadie y eso no está mal porque lo peor que puede hacer un teatro es caer en el aburrimiento. 

¿Qué nuevos proyectos tiene por delante?

Nos espera ahora uno de los proyectos más emocionantes para mí de los últimos años y es que en octubre estreno en la ópera de Cerdeña con un Don Giovanni al que le tenía muchas ganas porque es teatro en estado puro. Después debutaré en la ópera de Bohn con Jerusalén, de Verdi, que no se hace nunca. El estreno de María Moliner, una ópera española en el Teatro de la Zarzuela de Antoni Parera Fons, un compositor que se están rifando ahora todas las grandes estrellas y todos dicen que es el único compositor español vivo que sabe escribir para la voz humana. Es muy bonito que se siga estrenando obra nueva. Además para mí tiene el aliciente de recuperación de un personaje histórico que además es una mujer. En el siglo XX ha habido injusticia contra la mujer en muchos aspectos y me apetecía hacerle un homenaje. 

¿Qué son los premios para alguien que tiene casi todos menos el Nacional de Teatro, por ahora?

Son trastos que tengo sobre un piano que están medio rotos porque se caen al quitarles el polvo [se ríe]. No. Son un reconocimiento, pero no nos pasemos, nada más. El auténtico éxito es estar en activo, tener proyectos y hacer lo que me gusta.

Font i foto: Eva Pomares (elpuntavui.cat)

Jordi Duran va arribar a Fira Tàrrega el 2003 per treballar-hi com a tècnic de programació. Des del 2011, n'és el director artístic, un càrrec renovat, enguany, per quatre anys més. Rigorós, perfeccionista, expert en el sector i bon comunicador, ha consolidat un equip potent que ha fet que Fira Tàrrega doni un tomb. No s'acostuma a rendir i és un gran treballador. El motor de tot plegat és la passió de Duran per les arts de carrer. Una passió que aquest home tot terreny aconsegueix contagiar.

El 2011, Jordi Duran va ser nomenat director artístic de Fira Tàrrega i, amb el seu equip, n'ha transformat el model. El camí és perseguir la qualitat, però a través de propostes diverses que aixopluguin diferents públics i que impulsin un planter de professionals de les arts de carrer.
Quan va ser nomenat, un dels objectius era la internacionalització. S'ha complert?
Sempre hi hem treballat, a través d'un departament potent. Però avui l'equip de la fira és més que mai una trena, no un regne de taifes. El 2011 parlàvem d'internacionalització amb referència a la participació en projectes, perquè volíem oxigenar per tal d'inspirar el panorama. Hi havia ganes de reconnectar amb altres espais, sense perdre de vista els que ja teníem activats. El mercat natural de les arts de carrer és el món. La interculturalitat és un dels seus grans actius. Les peces són capaces d'arribar més enllà del text i s'adrecen a edats i públics diferents. D'aquest potencial, se n'ha de ser més conscient i cal treballar-hi molt més.
La fira ha servit de palanca d'impuls per a les companyies catalanes al món?
Hem fet estudis d'impacte en què se'ns diu que cada euro invertit reverteix en set. Hi ha companyies que lluiten per poder ser presents a la fira i això ja és un indicador. I hi ha companyies catalanes que fan les europees i conquereixen places fortes. Com a exemple, Joan Català, que va ser a Fira Tàrrega el 2013 participant en els assajos oberts i, després, en grans festivals a Europa. Estan sortint moltes peces i es van col·locant arreu. Si et fixes en les arts de carrer europees, els que més viatgem som els catalans. Fira Tàrrega hi té a veure. El 70% dels programadors que cada any ens vénen a veure repeteixen, però la fira no és sols un lloc per comprar i vendre, sinó per relacionar-se entre el sector i tirar endavant projectes. És un indicador de la bona salut de la fira, les arts de carrer i de la creació.
La fira ha crescut malgrat les retallades pressupostàries. Com ho han aconseguit?
Les arts de carrer sempre han estat en una situació complicada. No recordo grans pressupostos. Som gent molt responsable, apassionada pel que fem, i com a equip ens hem entès. Per fer cultura, calen diners, però jo sempre dic que cal sortir plorat de casa. Tirem endavant i anem a plantar perquè en un futur, quan plogui, creixi tot el que hem sembrat. Estem parlant d'un planter, amb una collita encara dèbil, que cal mimar, però en creixement. No sé si hem sortit o no de la crisi ni si ha existit mai o no. Hem de continuar treballant perquè tot plegat tiri endavant. Hi ha creació i mercat, i si vetllem per això, tornarà. De fet, crec que ja ho està fent.
Els acompanyaments a companyies formen part d'aquestes llavors, doncs?
Aquests anys hem insistit en unes companyies determinades, amb molt de potencial, però estructures febles. Quan es comença, és complicat tenir administratiu, fer gires internacionals, espais d'assaig... Hem intentat oferir una continuïtat; a través del programa de suport a la creació, hem detectat grups que poden tenir a veure amb el present i el futur de les arts de carrer. No ho hem fet amb grans pressupostos, sinó compartint experiència i posant l'equip de la fira a la seva disposició. Parlo d'Animal Religion, Teatro de Cerca (ara La Rueda), els Insectotròpics, Íntims... Són gent que treballa bé, i la premsa i el públic hi respon... Hi ha un lloc per a ells i, a sobre, tenen a veure amb un dels nostres grans actius de la fira, l'autoria. Presentem veus singulars, que tenen a veure amb el que som aquí i alhora ho poden traslladar a tot el món. Visca Shakespeare i els clàssics, però aquí estem especialitzats en aquesta veu.
El públic avala aquesta aposta per la creativitat?
Sí. Els Vaca35 són mexicans, però a Tàrrega aquest cap de setmana se'ls estima i se'ls valora. Això és un laboratori. Aquest cap de setmana, els Insectotròpics han estat a Alemanya amb una peça (La caputxeta) que van fer el 2012 a Tàrrega. En aquests darrers anys, hi ha hagut un canvi de model. La fira ha passat d'una columna a tres. És un sistema en cercle, amb punts d'obertura. Comencem amb la formació: la posada en marxa del màster de creació en arts de carrer, pioner arreu del món. És a dir, qualifiquem el sector i després l'acompanyem en el mercat. Hem après que la clau és en l'equilibri entre allò local, allò nacional i allò internacional. La pota de la creació és la detecció de companyies que estan en l'àmbit de les arts de carrer i que treballen de manera poc convencional. Però aquesta pota sols correspon a un 20% de la programació de la fira.
Suposo que per satisfer els diferents interessos del públic.
La fira és una festa per a tothom. Volem ser inclusius i intentar que sigui accessible per a cadascuna de les persones que ens visiten. El camí és treballar per la qualitat, però tenint en compte que existeixen moltes maneres de viure i d'entendre el carrer: des de la més experimental i arriscada fins a la més tranquil·la, de contingut ràpid. Intentem programar amb equilibri, tot i que moltes vegades tenim diversos projectes que van per sobre de la programació i que també nodreixen el que presentem. Parlo de les vitrines de països convidats, les coproduccions amb altres festivals, les relacions amb empreses, comunitats autònomes... Aquest any fem una picada d'ullet a les arts visuals. Hi haurà dansa, molt de teatre, circ i molta programació en espais no convencionals. També per a públics amb menys edat, i un recorregut guiat a través de les seccions de la fira, els itineraris. És el tercer any que els fem i la gent ja se'ls coneix.
L'anomenat públic familiar, en el qual s'especialitzen i que altres festivals persegueixen, com és present a Fira Tàrrega?
No crec en la forma clàssica de categoritzar els públics. Sobretot en les arts de carrer. Una altra cosa és comunicar-ho als espectadors. Estem tan acostumats que el diumenge al matí hi hagi una peça per a la canalla que si ens trobem una altra cosa la gent es pregunta què fem. A Fira Tàrrega, el 80% de les peces són per a tots els públics. Amb el meu fill, vaig anar a Trapezi, i el circ contemporani entra de manera directa a la canalla, que lliga millor que els adults el que és abstracte. En realitat, és una qüestió de nivells de lectura. L'art funciona quan és capaç d'això, malgrat que hi ha experiències que cal acompanyar. Els públics de moltes sales de la capital catalana tenen una edat més aviat elevada. Aquí passa alguna cosa, i va més enllà del 21% d'IVA: el que som avui no és a l'escena i tampoc a les institucions que hi estem treballant. En la programació d'arreu, no hi ha representada la cultura i la manera d'entendre el món d'un de cada cinc lleidatans, els nouvinguts. Tampoc materials d'altres zones del món, perquè som terriblement etnocèntrics. Com es dóna la benvinguda a autors de Kenya o del Quebec? I també passa amb les edats. Si mirem les persones que dirigeixen les institucions o som a la fira, puja. Subestimem les capacitats dels nostres espectadors. Cal una sacsejada, especialment amb els nens: els amaguem coses que no caldria amagar-los. Aquest any tenim un espectacle de Carla Rovira, que es demana què es posa a escena per a ells, com els tractem i fins a quin punt viuen i demanen del món representat en aquest teatre. És una metàfora de tot plegat. És una utopia, però seria molt xulo trencar amb tot això. En aquest sentit, hi ha molta gent que no hi està associada i té moltes coses a explicar i pot formar part de la fira. Podem anar cap aquí.
Qui no ha vingut mai a la fira o fa molts anys que no ve pot tenir encara la sensació que tan sols s'hi pot veure teatre. Però s'ha potenciat una obertura artística multidisciplinària. Es mantindrà?
Sí. A les arts de carrer hem tendit a anomenar-les teatre de carrer. I no. Les paraules són bàsiques: no fem teatre al carrer, fem arts al carrer. Teatre, circ, dansa... De fet, les arts de carrer són híbrides per definició, perquè per poder arribar al públic s'ha de superar l'atzar, la meteorologia... S'hi ha hagut d'incorporar dansa, elements escenogràfics... És molt ric. Les inauguracions ens han servit per explicar coses. El 2011, vam obrir amb circ; el 2012, amb noves tecnologies i dansa aèria; l'any següent, amb dansa, i el 2014, amb un homenatge al teatre de carrer clàssic.
I enguany per on anirà la sessió inaugural, que és un referent per a molta gent? Què hi trobarà?
El 2011 vam decidir apostar pels espectacles inaugurals, perquè és un dels moments imprescindibles, en els quals tothom es troba. Els darrers quatre anys, la producció de gran format ha canviat i és complicada, perquè avui les peces són de grandíssim format, per a 1.500 persones. No trobàvem material i els hem provocat, incentivat i fins i tot produït. Enguany ens centrem en els espectacles que incorporen audiovisuals. Amb Insectotròpics es busca complementar aquest discurs encetat des del 2011. Les arts de carrer poden estar vinculades a les noves tecnologies i a la música electrònica. L'espectacle vol connectar amb molt tipus de públic, però centrant-se en el que té entre 25 i 35 anys, el nostre objectiu per definició. I treballar des del llenguatge visual en l'era digital, en com ens relacionem, com vivim i com percebem les coses. Insectotròpic mescla vídeo, pintura, música en directe i videoart. Es tracta de relaxar-se i gaudir més que d'entendre-ho tot. Ens proposen un viatge sensorial.
En què consisteix el Fresh Street 1#?
Enguany tenim un gran moment per fer política i preparar el futur de les arts de carrer: el seminari Fresh Street 1#. L'organitzem amb la xarxa europea Circostrada, i aplegarà a Barcelona 200 operadors clau. És una gran oportunitat per al sector. S'ha elaborat una programació d'activitats durant tres dies a l'entorn de les arts de carrer, vistes des de la producció, el circuit i la comunicació. Ens arriben des de 30 països de la UE i 60 institucions, i també hi ha polítics. També tenim ganes d'adreçar-nos a les persones que fan comunicació. En aquest sentit, no culpabilitzo ningú, però la cultura té cada cop menys pes als mitjans i els periodistes han de tocar moltes tecles. Ens hi hem d'acostar.
Quines són les perspectives per als pròxims tres anys, quan acabi el segon mandat? Què voleu fer d'imprescindible?
Hem desplegat un nou model de fira, la que se sustenta en els tres pilars. Ara s'han d'enfortir perquè es mantinguin en el temps. Un és el màster, en col·laboració amb la UdL, en què posem al servei dels nous creadors que es volen especialitzar en les arts de carrer una trentena de professionals d'arreu del món. Volem començar amb nova gent i companyies, que acompanyem perquè tinguin una aterrada tranquil·la al mercat. Perquè considerem la cultura una qüestió de servei públic. En relació amb la ciutat, som en un bon moment. Després de cinc anys, tothom ha entès que la fira funciona i que serveix per promocionar Tàrrega.
Com va el ritme de venda d'entrades?
Molt bé. L'any passat vam doblar la venda anticipada i enguany estem un 30% per sobre respecte a l'edició passada. L'estudi del 2012 parla de 148.000 visitants durant tota la fira. Crec que estarem en aquest nivell.
Doni uns consells per descobrir la fira.
S'ha de tastar almenys un cop a la vida. El bon visitant s'ha de calçar bé, portar protecció solar i una jaqueta per a la nit. Hi ha 25 espais d'actuació amb 60 propostes, repartits per tota la ciutat. És molt important arribar 20 minuts abans a les peces de carrer i fer-se un itinerari abans de sortir de casa. I, sobretot, venir amb ganes de deixar-se sorprendre i, de vegades, deixar-se portar pel boca-orella, perquè la sorpresa forma part de l'experiència de la fira.

Font: Cristina Ros (ara.cat)
Jaume Miró (Cala Millor, 1977) no sap com va arribar a escriure la seva primera obra de teatre, quan encara era un estudiant de la UIB. Aquella peça, Noctàmbuls, inspirada en la pintura Nighthawks, d’Edward Hopper, es va convertir amb el pas del temps en el nom de la seva companyia, amb la qual acaba de guanyar el guardó al millor espectacle teatral dels premis d’Arts Escèniques 2015, que atorga l’Associació de Teatres i Auditoris Públics, per l’obra Dels llargs camins. Ell, com a autor, ha guanyat el premi al millor text. En el seu haver ja hi ha més d’una desena d’obres de teatre i diversos premis, sobretot per les dues obres que responen al gènere del teatre documental i que estan centrades en la Guerra Civil: Dels llargs camins i Diari d’una miliciana (premi Teatre Principal 2012 i premi Bartomeu Rosselló-Pòrcel 2013). Precisament aquesta darrera obra es representarà per primera vegada a Barcelona el 17 d’octubre, al teatre Porta4.
Diari d’una miliciana , tot i centrar-se a Son Servera, el poble mallorquí on vostè viu, té molt a veure amb Catalunya. 
Sí, és una obra que m’interessa molt que es vegi a Catalunya perquè sorgeix d’un diari d’una miliciana catalana, del qual l’historiador Josep Massot i Muntaner va trobar una còpia en un arxiu de València. La miliciana fou una de les cinc joves assassinades a Manacor en temps de la Guerra Civil. Qui les va capturar? Què passà després? L’objectiu era descobrir la identitat exacta de la miliciana, però només hem aconseguit saber que havia treballat a telègrafs a Sabadell o a Barcelona. Ella escriu el diari en castellà però amb molts catalanismes, i a les seves pàgines parla de les germanes Daria i Mercè Buixader, assassinades amb ella. Tampoc no s’ha trobat l’original del diari. I com més vegades es representi l’obra, sobretot a Catalunya, més possibilitats hi ha d’identificar-la.
Vostè forma part de l’associació Memòria Històrica de Mallorca. 
Hi ha famílies de Catalunya que es posen en contacte amb nosaltres per trobar els cossos dels seus familiars. Cerquen com tancar un capítol. Hem treballat molt en les fosses, i s’ha de tenir en compte que bona part de les fosses de Son Servera són de catalans. A la platja de Son Servera hi ha una fossa que deu contenir entre 300 i 600 cadàvers.
Gairebé no se’n parla, d’això. La sorra ho ha cobert tot. 
A Son Servera els qui hi vivim ara venim d’una generació que va decidir no parlar-ne, per causes polítiques però sobretot per motius psicològics.
Diria que fa un teatre ideològic? 
No vull fer teatre ideològic. El que faig, almenys en les obres com Dels llargs camins i Diari d’una miliciana, és un teatre documental. Investigo i escric sobre el que m’interessa. M’ajuden a definir-me i a entendre com és el lloc on visc. Puc habitar en un municipi petit, però als llocs petits sovint s’hi troben les grans històries. I, en tot cas, el que vull és intentar posar llum on hi ha ombra.
Què ens diu de fer teatre i, en particular, de fer-ne a Mallorca? 
A mi m’agrada escriure teatre perquè és el vessant més sociable de la literatura. A més, té molts efectes col·laterals: pots escriure, dirigir, fer l’escenografia, actuar... Normalment jo prefereixo no dirigir les meves obres. En primer lloc, per distanciar-me’n, però també per poder centrar-me a escriure. Pel que fa al teatre a Mallorca -és sabut-, les condicions són molt difícils. Aquí l’escenografia ha de caber dins una furgoneta, no només pels costos sinó per poder canviar d’escenari cada dos per tres. Si ho miram en positiu, Mallorca és un centre de creació que et permet créixer molt perquè has de començar i moure’t força temps a baix de tot.
Li diran que la nostra illa és turisme. 
Mallorca, en bona mesura, s’ha convertit en un parc d’atraccions. A l’estiu tenim plens que es fan insuportables i una feinada. I a l’hivern bona part de la població no té res a fer. Seria molt important engegar un debat sobre el turisme i els límits. Pens que no es pot plantejar aquest debat només des de l’òptica capitalista, sinó que ho hem d’analitzar des de l’ètica, des del punt de vista mediambiental i també des de la raó. A vegades pens que ens fa falta un bon novel·lista de ciència-ficció que ens faci veure Mallorca d’aquí cent anys i així potser ens adonem que cal que hi hagi un equilibri entre la qualitat de vida i el turisme.
Un plantejament que va fer a L’Atlàntida.
En cert sentit sí. Vaig intentar esbrinar com pot afectar el turisme a Mallorca. Pens que els creadors hem de fer utopies i distopies, tenim l’obligació de generar preguntes, i el que voldria és que l’espectador trobi respostes als interrogants i dilemes que els planteges en cada obra. Com a autor treball per trobar respostes. El teatre, la literatura, és coneixement, i això els fa necessaris. Si saps on és l’estrella Polar passaràs més gust de contemplar la nit.

Font: Belén Ginart (ara.cat)
La ruptura amb la seva dona va portar el coreògraf i director francès Pascal Rambert a escriure aquesta obra. De què parla?
És un espectacle molt senzill: un home entra en una sala i li deixa anar un munt de coses a la que fins aleshores, i durant una pila d’anys, havia sigut la seva companya. I després és ella la que contesta.
L’obra són dos llargs monòlegs, sense rèpliques, i tinc entès que són ferotges.
No és un final de relació quotidià ni petit. Són dos tipus que lluiten a vida o mort. Són dos titans que lluiten per seguir vius, i l’única manera que saben de fer-ho és matar l’altre.
I de quines coses parlen abans de tancar la porta del seu amor?
Com qualsevol parella que se separa, parlen del passat, de les coses que no s’han dit. Hi ha retrets, frustració, necessitats, i també l’amor compartit, que ha sigut molt profund.
I quina és la grandesa d’aquesta ruptura?
És meravellós que puguin parlar de tot amb tanta lucidesa. Quan et separes, aquesta lucidesa no és habitual. O com a mínim jo mai ho he viscut així.
Actues amb la teva parella real.
Sí, però no és un fet rellevant. Seria el mateix si actués amb un amic.
On us porta com a actors aquesta obra?
Tant a l’Israel com a mi ens va fer embogir el projecte. Reuneix un munt de coses noves i que volíem provar: el tipus de posada en escena, la feina amb nosaltres mateixos, ens descobreix un nou món.
Els protagonistes despullen els seus sentiments, i al cartell l’Israel i tu hi sortiu despullats. Metàfora o realitat?
Metafòricament estem superdespullats. Jo mai abans havia estat tan despullada íntimament a sobre d’un escenari. Però hi sortim vestits. El cartell remet a una cosa que passa al llarg de l’obra i que el Pascal ja va utilitzar quan la va estrenar. Li va fer il·lusió que nosaltres també la volguéssim utilitzar.
Encara esteu en ple procés de creació. Com us està anant?
En total haurem assajat onze dies. Jo mai havia fet una cosa en tan poc temps, m’aterria la idea. Però el Pascal tenia clar que ho havíem de fer així, i ara ho vaig entenent.
En què beneficia el muntatge?
El Pascal ens demana molta naturalitat. Cal arribar a l’estrena segur però també fresc, amb la possibilitat implícita que tot pot canviar. El director no es vol passar d’assajos i de ben segur que no ens passarem. I ara he entès que assajar això durant un mes no té cap sentit.
Excita estrenar a Barcelona?
Estic taquicàrdica pel fet de fer-la a Barcelona i pel fet de formar part del Grec, un festival que segueixo des de fa molts anys. La primera vegada hi vaig anar a veure Tomatito amb Michel Camilo. Em va semblar màgic pujar a la muntanya i trobar un espai tan meravellós.
Quins altres projectes tens entre mans?
Acabo de finalitzar el rodatge d’una opera prima de Nely Reguera a Galícia, María y los demás. Després de l’estrena a Barcelona torno a Madrid per començar els assajos de La Furia, amb Miguel del Arco. I després tinc dos llargmetratges més, un dels quals a l’Argentina.
Veig que la crisi no t’afecta.
La veritat és que porto des del mes d’abril o març sense parar. Però l’any passat va ser més tranquil. El que és cert és que sempre he pogut viure, més o menys, de la meva feina com a actriu.
No tothom pot dir el mateix.
És un gran luxe, en sóc conscient. Però no sé ni quant durarà ni què em vindrà a mi de gust fer d’aquí un any i mig. Intento no fer grans plans de futur i viure amb intensitat el present. Em deixo guiar per l’instint.
I què et demana l’instint?
Porto molt malament el fet d’estar esperant una trucada per treballar. Ja ho he patit i no hi vull tornar. Ara, si no em truquen, sempre tinc els amics i gent valenta per poder fer coses i cada cop tinc més clar que no vull només actuar. Vull generar projectes, unir talents.
¿És més fàcil convèncer-te per fer teatre o per fer una pel·li?
Depèn del projecte. Però el que em passa amb el teatre és que, si es tracta d’una producció totalment privada, en bona lògica la intenció dels productors serà girar-la tant com sigui possible. I en aquests moments de la meva vida em ve més de gust anar i venir, portar poc pes a l’esquena. | 
Grec 2015: ‘La clausura del amor’. Dramatúrgia i direcció: Pascal Rambert (traducció i versió de Coto Adánez). Amb Bárbara Lennie, Israel Elejalde. Teatre Lliure de Gràcia (Barcelona). Del 23 al 27 de juliol

Fuente: Juan Cruz (elpais.com) | Foto: Bernardo Pérez
Israel Elejalde, Madrid, 1972. Hijo de padre impresor, sindicalista y político. Su madre fue ama de casa. Actor en El misántropo, Veraneantes, La función por hacer y La fiebre.Se hizo actor para escapar del dolor, para explicárselo.

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Israel Elejalde (Madrid, 1973). Es un actor de teatro, cine y televisión Premio Ojo Crítico de teatro de RNE en 2004. Ha trabajado en obras como Memoria de un olvido, con José Luis Gómez, y Veraneantes, dirigida por Miguel del Arco. Una de sus últimas películas ha sido Magical Girl.
¿Qué ha pasado para que usted sea actor?
No sé muy bien; esta es una profesión que te elige más que elegirla tú. Desde chico me contaban mis padres cosas relacionadas con el escenario y con el público. A los 18 tenía claro que quería ser actor, pero me gustaba mucho la política, y estudié eso, Ciencias Políticas. Decidí hacer un curso de teatro para probar y quedé atrapado.
¿Qué le atrapó?
Que es un vehículo para transformarte, para descubrirte a ti mismo. Y también para compartir con los demás tu forma de ver el mundo. Tuvo que ver más con cosas que llevaba dentro, dolorosas, que el teatro me permitía vehiculizar.
¿Qué era doloroso?
Tenía una relación conflictiva con mis padres. No sabía dónde situarlos. Habían sido muy importantes para mí en la infancia, sobre todo mi padre; en la adolescencia se truncó y sentí un gran dolor. Un maestro me enseñó no sólo a hacer psicoterapia sino a convertir ese dolor en algo artístico. Sentí que era una forma de poder mejorar.
¿Por qué hubo esa ruptura?
No creo en el teatro como psicoterapia, pero algo tiene que ver”
¡Uf, me has pillado! Mis padres no eran pareja perfecta y en la adolescencia, cuando las parejas no son perfectas y además eres hijo único, tomas partido. Ya no los ves desde lejos sino como adulto y te enfrentas a cosas que no entiendes o no quieres entender. Eso provoca dolor… Mis padres murieron el año pasado, uno después del otro. Cuando me entrevistan siempre acabo hablando de ellos; es algo muy importante en este momento. Ahora entiendo que en algunos momentos fui injusto. A través del trabajo he empezado a descubrir estas cosas también.
Eso le hizo actor.
Me impulsó a tomar una decisión que llevaba dentro. No creo en el teatro como psicoterapia, pero algo tiene que ver porque tu dolor, tu forma de ver el mundo, es lo que finalmente te hace artista. El artista es alguien que tiene algo que contar y quiere compartirlo. A los 18 eso me decantó por la actuación.
¿En qué consistió ese ejercicio que hizo a los 18?
Ejercicios muy básicos para descubrirte a ti mismo. Decidí hablar de un hecho concreto que me había pasado con mi padre. Sólo la descripción me provocó un llanto brutal. El maestro hizo que dejara de ser psicoterapia para convertirlo en algo artístico.
¿Qué le sedujo para que lo marcara tanto el teatro?
Algo del ritual del teatro me atrajo desde pequeño. Esa cosa desnuda, ese peligro brutal que consiste en quedarse solo en medio del escenario, ante unos señores a los que tienes que contarles algo. Tiene que ver con el peligro, el riesgo…, las cosas que necesito en la vida.
Cuando tus padres desaparecen comienzas un nuevo orden"
¿Qué más necesita?
El amor. Necesito no sentirme solo. Lo único que remedia la ausencia de mis padres y el dolor que provoca la orfandad es que afortunadamente siento que no estoy solo. Es un miedo que he tenido siempre como hijo único. Ahora estoy orgulloso de tener amigos. La soledad me da pánico. El actor a veces se siente muy solo, pero a la vez está acompañado. Desea mostrarse como vehículo para que otros descubran cosas.
¿Hubo un momento específico en que ya se dijo “soy actor”?
Todavía no soy capaz de decirlo. Esta es una profesión en la que aprendes todos los días. No puedes perder ese rastro, pero sí hay un momento de inflexión: cuando surge Kamikaze Producciones, con Miguel del Arco, Aitor Tejada, Manuela Paso, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez, Miriam Montilla y Barbara Lennie… He aprendido a no querer actuar sino a querer ser. Cuando empecé creo que tenía buenas dotes… Fui un actor muy técnico quizá como forma de tapar carencias. En el encuentro con Miguel y el resto de compañeros me di cuenta de que no hacía falta pensar en la técnica, que había que dejarse hacer: estar allí.
¿Y hay un instante en el que se da cuenta de que es otro en el escenario?
Ahora estoy orgulloso de tener amigos. La soledad me da pánico. El actor a veces se siente muy solo, pero a la vez está acompañado"
Depende de las funciones. En El Misántropo fui Israel y Alceste a la vez. El teatro es una gran paradoja: no eres Israel porque estás en un escenario: es que el dolor de Alceste es mi dolor, ese personaje eres tú. No es Israel.
Y en el monólogo La fiebre le pasará igual.
Lo abordé porque reflexionaba el texto de Wallace Shawn sobre cosas que me estaban perturbando. La crisis del 2008, la brutal sensación de que no hay solución. El teatro es preguntas, no respuestas.
¿Cuáles son las preguntas ahora?
Estoy resituándome en la vida, en una segunda etapa. Cuando tus padres desaparecen comienzas un nuevo orden porque algo ha cambiado radicalmente.
Ahora es usted su propio padre.
¡Ja ja ja! ¡No lo creo! Soy lo que era, pero con un bagaje diferente que te hace ver la vida diferente; ya no le puedo echar la culpa a nadie. Ahora la culpa es mía.
Usted, por cierto, recuerda ahora a Vittorio Gassman.
¿Ah, sí? ¡Qué más quisiera! ¡Pero lo que yo quiero es parecerme a José Luis Gómez!


Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.com) | Foto: David Ruano

Àlex Rigola (Barcelona, 1969) dejará Venecia este verano, después de seis años al frente de la sección de teatro de la Bienal. Es el desenlace previsible al cambiar el festival de presidente. La costumbre es que el nuevo designe a su propio equipo. En este tiempo, el director catalán ha sembrado la capital véneta de laboratorios escénicos, en los que algunos tótems del teatro europeo han desarrollado los embriones de sus espectáculos fronterizos e híbridos. Muy difícil es deslindar ya en ellos la sintaxis teatral tradicional de la cultivada por las artes plásticas. Esa es la corriente que se impone en Venecia y cuya onda expansiva intenta abrirse paso en las carteleras. Tendrán que salvar inercias y prejuicios que pretenden encauzarla hacia un espacio marginal.

Tanta experimentación también ha calado en el trabajo Rigola, que no ha dejado de manufacturar sus propios montajes, cada vez con una vocación de vanguardia más explícita. Acaba de presentar en el Teatro Nacional de Cataluña su adaptación de Incerta glòria, el novelón de Joan Sales sobre la Guerra Civil, poco conocido hasta la fecha pero que va cobrando impulso. Al decir de algunos críticos, esta obra es lo más cerca que ha estado la narrativa catalana de Dostoiesvki. Y para octubre desvelará en la Abadía su versión del cóctel de abstracción y onirismo que Lorca derramó sobre El público. De todos estos trabajos (más bien desafíos) y de su fértil paso por la Bienal habla con El Cultural, al teléfono desde su casa en Barcelona, mientras sus dos hijos, de 6 y 8 años, se le van cayendo dormidos a su lado en mitad de la noche.

Llegó a Venecia con la intención de potenciar los talleres. ¿Han dado los frutos esperados?
Esta vez sí estoy safisfecho. Y mire que eso es difícil: soy insoportablemente autocrítico, rara vez me quedo contento con lo que hago. No quería reproducir el modelo de otro festival, sino hacer algo específico, adaptado a la idiosincrasia de una ciudad en la que casi todo el mundo está de paso. La idea era que grandes figuras organizasen talleres en los que sus participantes, casi todos profesionales jóvenes en proceso de asentar su personalidad artística, pudieran absorber su magisterio. Ellos se ponen a las órdenes del maestro pero la investigación es un esfuerzo conjunto. De esos laboratorios han salido algunos espectáculos y muchas conexiones. Todo en un ambiente muy cosmopolita, en una auténtica Babel escénica.

El Frinje ha redoblado su apuesta por los laboratorios y reducido la exhibición. Parece que su modelo va calando...
En Madrid impartirá de hecho un taller Carlota Ferrer, que ha estado en Venecia varios años. Quizá la diferencia es que el Frinje está pensado para un entorno más local, pero es cierto que hoy día juega un papel crucial, tras la desaparición del Escena Contemporánea. Las políticas públicas han dejado caer muchos festivales. Los más afectados han sido los que apuestan por un teatro que se funde con otras artes y que necesita más tiempo para implantarse por su carácter novedoso. Espacios como el Frinje son absolutamente necesarios. Las artes escénicas también necesitan su I+D para avanzar, como cualquier otro sector. El modelo de ensayar dos meses un texto ya escrito y estrenarlo después no le vale. Aquí el texto puede nacer en el propio taller, a partir del trabajo de cada día. Los recortes han dejado a España en una posición de inferioridad para competir en este terreno.

¿Cuáles son los países a la cabeza en I+D escénico?
Hay personalidades geniales que pueden aflorar en cualquier lugar. Pero se nota que donde el apoyo institucional es más fuerte, donde se plantan semillas, los resultados son mejores. Frente a Francia y Alemania, tenemos poco que replicar. Por ejemplo, es envidiable su canal de televisión, Arte, dedicado sólo a cultura y arte. Y el fenómeno de Bélgica es impresionante. De allí han salido Plattel, Lauwers, Fabre, Van der Keybus, Rosas... No es casualidad esa hornada.

Creo que no le tiene mucha fe al cacareado mecenazgo...
No son las empresas las que deben decidir la cultura de un país, son los ciudadanos. Una compañía se rige por la lógica de la rentabilidad. Difícilmente apostaría por un teatro experimental. Y hay que preguntarse también por el dinero que dejarían de ingresar las arcas públicas debido a las desgravaciones. Veo algo ingenua esa ilusión por el mecenazgo.

Volviendo a Venecia. No parece que sea fácil poner a remar coordinadamente a tanto gurú. ¿Cómo ha manejado todos esos egos revueltos?
Uno ya tiene cierto oficio. Hay que explicarlo todo muy bien de entrada. Todos han querido repetir, porque en Venecia pueden confrontar su trabajo con profesionales y tener una reacción directa e inmediata.

De España ha contado con Lluís Pasqual y con La Zaranda.
Pasqual ha desarrollado buena parte de su carrera en Italia, casi tanta como en España. Los italianos le conocen muy bien y les gusta. Por eso tenía sentido que estuviera aquí. Todo lo contrario con La Zaranda. Apenas se les conoce. Creo que era un regalo traer su personalísimo estilo. Eso es lo que busco: que vengan artistas reconocibles con un solo un trazo. Para mí La Zaranda es a las artes escénicas españolas lo que Tadeusz Kantor a las polacas.

¿Tiene intención de dirigir de nuevo un teatro u otro festival? ¿Hay ofertas?
Hoy mismo me acaban de llamar para proponerme encabezar un teatro con tres salas y les he dicho que no. Estar viviendo todo el tiempo con las maletas hechas no es sencillo. Esa es la vida del artista, a la que mi en caso se suma la de gestor. No descarto nada pero me apetece parar y centrarme en propios proyectos.

El último que ha presentado es Incerta glòria. ¿Qué aporta la voz de Joan Sales al numeroso coro de narradores que se han ocupado de la Guerra Civil?
La guerra no es la protagonista, sino el desencadenante de reflexiones filosóficas. Son pensamientos y dilemas propios de una persona que encara la senectud pero aquí están en boca de jóvenes de menos de 30 años, a los que la contienda los ha hecho envejecer aceleradamente. La novela se centra en el frente del Ebro, en la peripecia de un teniente republicano muy crítico con su bando. Kierkegaard está de fondo y la angustia existencial que implica la libertad de decidir sobre todo, desde la cuestiones más mundanas hasta si creer en Dios.

¿Y qué le ha empujado a El público?
La locura. Es un texto que me apasiona. No sé si llegaremos a la excelencia de Lluís Pasqual a mediados de los 80, un hito de la escena española. Me apetecía porque es una obra que cuestiona el papel del artista. Tiene un grado de simbolismo extremo pero la poesía lorquiana te permite saber qué terreno pisas en cada momento.

Algunos la consideran irrepresentable: por su carácter abstracto e inacabado...
Yo estoy cada vez más lejos de la lógica aristotélica, del teatro lineal con un planteamiento, un nudo y un desenlace. No entiendo por qué si en pintura hemos asumido perfectamente a Rothko, en teatro cuesta tanto asimilar ciertas propuestas. Creo en la sucesión de chispazos de belleza y de sugestión, sin agobiarme con el sentido y sin aburrir, claro.

¿Vio El público del Real?
No, pero se me hace extraño encerrar y acotar este texto en una partitura.

Ha dirigido tres óperas, la última, Madama Butterfly, en la Fenice, como parte de su compromiso con la Bienal. ¿Tiene una querencia natural hacia el género lírico o se aproxima a él sólo a golpe de encargo?
De la ópera me llama la música, que tiene ese componente dionisíaco que tanto me atrae. Te induce sensaciones imposibles de racionalizar, como la poesía. El problema es que lo que más me gusta de ella no se lo puedo ofrecer al público: es ensayar un dúo a las 10 de la mañana, cuando tu cuerpo está todavía arrancando para el nuevo día. Es un gozo esa intimidad. Los cantantes trabajan con el piano y no tienen la preocupación de atravesar con la voz una orquesta. Se relajan y dan lo mejor de sí mismos, con sencillez y sutileza, ajenos al histrionismo habitual de la ópera.

¿Sigue leyendo a Bolaño con ánimo de escenificarlo?
Sí, ya hay un nuevo proyecto en marcha pero no puedo decir mucho todavía. Parte de Chile y quizá acabe en coproducción con España.

Un idiota en la platea

Dice que hay montajes que le hacen sentirse un idiota. ¿Qué le lleva a esa impresión?

Es curioso que hay grandes actores de cine que cuando se suben a un escenario se convierten en momias antiquísimas. Te quedas alucinado. No sé qué piensan del teatro. Luego hay un tipo de director que te puntúa hasta los momentos en que debes reír. Por favor...

Denuncia que España ha sufrido un grave retroceso en las artes escénicas durante la crisis. Ahora que empezamos a ver algo de luz, ¿qué balance hace de estos ‘años críticos'?
Los avances cívicos de Europa habían ruborizado a muchos. La crisis se ha utilizado para desmantelarlos y ha dejado claro que el poder de los gobiernos es minúsculo frente al de las grandes corporaciones. Para el desmontaje es necesario anular el pensamiento, para lo que es necesario anular el conocimiento, para lo que es necesario anular la educación y la cultura. Y atiborrar a la gente de mucho fútbol. Que no falte en la televisión.


Entre Pasqual y La Zaranda

Serán 13 espectáculos los que se levanten en la Bienal. Asomarse a los nombres de sus autores es hacerlo a la historia de la vanguardia escénica europea en las últimas décadas. Veamos: Ostermeier, Castellucci, Latella, Richter, Lauwers, Marthaler... Este último abre la fastuosa programación con Das Weisse vom Ei/Une île flottante, obra inspirada en Le Poudre aux yeux de Eugène Labiche en la que retrata las trampas del lenguaje. El director suizo recogerá también el León de Oro. El de Plata tendrá destinataria catalana: la Agrupación Señor Serrano, capaz de importar desde el teatro los códigos del cine. En esa constelación de figurones, Rigola le ha hecho hueco a dos insignes representantes de nuestras tablas. Lluís Pasqual esgrimirá la finura de su Caballero de Olmedo y La Zaranda levantará acta de su pesimismo respecto al homo contemporaneus, sometido, a su jucio, al Régimen del pienso.

Fuente: Esther Alvarado (elmundo.es) | Foto: Conchitina
Dice José Luis Gómez que la fuente primordial del oficio del teatro es el "actor". Eso era él en sus orígenes y muchos otros directores, productores, autores... que salieron del "caos" del teatro. "Alguien tenía que salir del grupo de actores y poner orden", dice y con estas palabras define su particular advenimiento a la labor de dirección. 
Luego llegó La Abadía y, tras ella, todos los reconocimientos que le adornan. Él sabe que le debe mucho a este proyecto: "A mí no me hubieran llegado tantos premios si no hubiera asumido hacer La Abadía. Tiene mucho que ver con haber decidido contribuir al teatro, que es una suerte de patria, de otra manera que siendo el mejor intérprete posible, o un buen director. "Yo le debo mucho a La Abadía. En otro sitio no hubiera podido llevar a cabo lo que he hecho", dijo ayer en conversación con un reducido grupo de periodistas, antes del homenaje en el que la 'laudatio' corrió por cuenta del escritor y periodista Juan Cruz.
Cruz le tiene muy bien cogida la medida a José Luis Gómez, del que dice que "puede ser cualquier cosa que le exija su alma, porque dentro de él habitan todos los personajes del teatro". 
"Se fue a estudiar para hotelero como su padre, pero volvió de Alemania sabiendo el idioma y el teatro de la vida. Es un aprendiz de 75 años", añade. Precisamente por eso; por su "compromiso incansable con el teatro, su afán por seguir aprendiendo y descubriendo y su amplísima experiencia profesional" es por lo que el 38 Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ha decidido otorgarle el premio de este año.
Esta semana sus 'Entremeses' volverán al Corral de Comedias donde los hicimos "hace un montón de años", recuerda con vaguedad. "La gente quiere mucho a este festival. No es tan frecuente ver eso", añade. 
"Le debo mucho a La Abadía. En otro sitio no hubiera podido llevar a cabo lo que he hecho"



Hay muchas cosas que convergen en el hecho del intérprete, y entre ellas destaca un mantra que repite con persistencia: "Dios mío, esta carne tan torpe...". De ella es obligatorio hacer "un instrumento de precisión tan afinado que debe transmitir lo mejor que el ser humano ha transmitido lleno de emociones exquisitas".
De su predisposición al aprendizaje perpetuo Gómez señaló que con la edad "se aprende a estar mucho más abierto, mucho más sereno, más despejado para intentar ser buen transmisor. Eso es lo que converge en el trabajo del intérprete". "Mientras que el ser humano siga haciéndose, estamos en un proceso de hacernos y deshacernos", añade.
En ese sentido, el académico cree que "llega un momento en que el mejor aprendizaje es el desaprendizaje. Hay un momento en el que uno dice 'ya; basta de acumulación', pero despojarse es un trabajo arduo. Esa reducción a lo esencial no se hace en momentos en que es la apoteosis de la proliferación y la abundancia".
Preguntado sobre las estrecheces que sufre el teatro por culpa del IVA cultural, José Luis Gómez afirma con rotundidad que "las mujeres y hombres de teatro dignos de tal nombre y responsables lo que no se pueden permitir es hacerlo mal. Incluso con recortes no dejan de hacerlo bien y eso, por supuesto, es un asunto de dignidad". 
En ese sentido, cree que la actitud ante la vida de los actores, que calificó de "fuente del teatro", es como mínimo elogiable. "Se nos ha dicho de todo -lamenta con seriedad-. La gente de mi oficio son gente laboriosa, trabajadora y muy abnegada. También habrá ganapanes, gañanes y malandrines. Pero los que yo conozco son personas con una ingenua ilusión por hacerlo bien".
Con el homenaje a José Luis Gómez comenzó ayer la 38 edición del Festival Internacional de Almagro cuya primera cita con el público fue el estreno de 'Fuente Ovejuna', de Lope de Vega, en la plaza mayor de la localidad, a cargo de los vecinos de Fuenteobejuna que la representan cada dos años en su villa y que, por primera vez en su historia, han cambiado su escenario habitual.