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AUTOR: FEDERICO GARCÍA LORCA
DIRECCIÓN: ÀLEX RIGOLA
INTÉRPRETES: NACHO VERA, PEP TOSAR, NAO ALBET, GUILLERMO WEICKERT, LAIA DURAN, DAVID BOCETA, JESÚS BARRANCO, PAU ROCA, MARÍA HERRANZ, JORGE VARANDELA, JAIME LORENTE, DAVID LUQUE, IRENE ESCOLAR, JUAN CODINA, JOSÉ LUIS TORRIJO
ESPACIO ESCÉNICO: MAX GLAENZEL
ILUMINACIÓN: CARLOS MARQUERIE
DURACIÓN: 1h 20min
FOTOGRAFIA: ROS RIBAS
PRODUCCIÓN: TEATRO NACIONAL DE CATALUNYA y TEATRO DE LA ABADÍA
SALA GRAN (TNC)

Escribo esta crítica pensando que soy incapaz de abarcar con mis palabras el brutal universo que describe Federico García Lorca en El Público. Inconmensurable obra llena de simbolismo, con una imaginación desbordante y que provoca diversas miradas sobre la obra, para los que sean capaces de sumergirse en ese universo y para aquellos, que aún sabiendo que hay cosas que se les escapan, optan por quedarse en una primera lectura, (a la salida de la sala siempre pueden leerse el magnífico programa de mano).

Con una Sala Gran recortada, con una escenografía de vibrante e imponente de Max Graenzel (con una iluminación poderosísima de Carlos Marquerie) que acompaña al espectador desde que éste entra por la puerta y le acompañará mucho tiempo después de la salida. Entre brillos y arena se dan cita los fantasmas del autor, sus miedos, sus frustraciones, sus deseos, la pulsión entre sus deseos más íntimos y lo que la sociedad marca, el teatro y la vida. Un teatro, que se ha aburguesado, ha dejado de interesarse por la vida, está muerto, y que Lorca a través del surrealismo intenta resucitarlo (las hormigas de Dalí o una Elena que no puede irse como si fueran los personajes burgueses de "El ángel exterminador" de Buñuel).

Pero teatro no es sólo texto, con una poesía y un puñal en cada verso, también es catarsis colectiva, brillantemente dibujada en en penúltimo cuadro, cuando Nao Albet canta "La canción del Pastor Lobo" y Laia Duran da luz a los versos a través de una hipnótica danza. Sin hacernos sangre, el último compás está marcado por esa desilusión que parece no tener fin y teñir la escena. Moribundo y sin opción, el teatro deja pasar a sus espectadores, que no han sido lo suficientemente valientes de presenciar la muerte en escena.

Federico García Lorca guardó en un cajón una obra que el pensaba que el público no estaba preparado para verla, después de acabar de escribirla en 1930. Hoy, y después de observar el comportamiento de la sala, no estoy del todo segura de que haya cambiado el signo de la afirmación. Gente abandonando su asiento antes de que acabarán los aplausos, ni el más mínimo bravo a una compañía, a la que una servidora hubiera estado aplaudiendo días, y para un texto, que a día de hoy está más vivo que nunca. El teatro sigue moribundo y sólo depende de nosotros resucitarlo, por lo que diría, y aunque no es de este texto, "tócala otra vez, Sam". Gracias, Rigola! 

EL PÚBLICO

by on 16:44
AUTOR: FEDERICO GARCÍA LORCA DIRECCIÓN: ÀLEX RIGOLA INTÉRPRETES: NACHO VERA, PEP TOSAR, NAO ALBET, GUILLERMO WEICKERT, LAIA DURAN, D...


Fuente: Elisa Díez (Butaques i Somnis)

Hace un par de años conocíamos la versión teatral en castellano de la película de Woody Allen Husbands and Wives que Àlex Rigola había adaptado y dirigido en el Teatro La Abadía de Madrid, esta temporada llega su versión catalana, que comienza a rodar el 16 de septiembre en La Villarroel.

La película estrenada en 1992 es uno de los mejores guiones de Woody Allen, el mismo ha declarado en numerosas ocasiones que es una de sus películas favoritas. La temática gira alrededor de las relaciones de pareja, en que a través de los conflictos matrimoniales se esconden la inercia vital y las inseguridades. La película rodada cámara en mano, es en realidad un falso documental que permite transmitir de forma hiperrealista las tensiones que se producen entres sus personajes y da la impresión de colar una cámara oculta en medio de un matrimonio real, un puro ejercicio de voyeurismo.

Alex, escritor y profesor de literatura, y su mujer Carlota, que trabaja en una revista de arte, no se pueden creer que sus mejores amigos, Alícia y Josep Lluís, aparentemente una pareja perfecta, hayan decidido separarse. A partir de este hecho, la pareja comienza a plantearse si su matrimonio se basa en una relación realmente sólida.

Àlex Rigola segura que la obra es un retrato "crudo y obsceno" de las relaciones de pareja a través del humor, y que el texto, "más próximo a la literatura que al cine", ofrece "mucha posibilidades escénicas".

Marits i Mullers es una coproducción entre Heartbreak Hotel, La Villarroel, Teatro de La Abadía y Trànsit Projectes, adaptada y dirigida por Àlex Rigola y que cuenta con un reparto coral: Andreu Benito, Joan Carreras, Mònica Glaenzel, Sandra Monclús, Alba Pujol y Lluís Villanueva.


Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.com) | Foto: David Ruano

Àlex Rigola (Barcelona, 1969) dejará Venecia este verano, después de seis años al frente de la sección de teatro de la Bienal. Es el desenlace previsible al cambiar el festival de presidente. La costumbre es que el nuevo designe a su propio equipo. En este tiempo, el director catalán ha sembrado la capital véneta de laboratorios escénicos, en los que algunos tótems del teatro europeo han desarrollado los embriones de sus espectáculos fronterizos e híbridos. Muy difícil es deslindar ya en ellos la sintaxis teatral tradicional de la cultivada por las artes plásticas. Esa es la corriente que se impone en Venecia y cuya onda expansiva intenta abrirse paso en las carteleras. Tendrán que salvar inercias y prejuicios que pretenden encauzarla hacia un espacio marginal.

Tanta experimentación también ha calado en el trabajo Rigola, que no ha dejado de manufacturar sus propios montajes, cada vez con una vocación de vanguardia más explícita. Acaba de presentar en el Teatro Nacional de Cataluña su adaptación de Incerta glòria, el novelón de Joan Sales sobre la Guerra Civil, poco conocido hasta la fecha pero que va cobrando impulso. Al decir de algunos críticos, esta obra es lo más cerca que ha estado la narrativa catalana de Dostoiesvki. Y para octubre desvelará en la Abadía su versión del cóctel de abstracción y onirismo que Lorca derramó sobre El público. De todos estos trabajos (más bien desafíos) y de su fértil paso por la Bienal habla con El Cultural, al teléfono desde su casa en Barcelona, mientras sus dos hijos, de 6 y 8 años, se le van cayendo dormidos a su lado en mitad de la noche.

Llegó a Venecia con la intención de potenciar los talleres. ¿Han dado los frutos esperados?
Esta vez sí estoy safisfecho. Y mire que eso es difícil: soy insoportablemente autocrítico, rara vez me quedo contento con lo que hago. No quería reproducir el modelo de otro festival, sino hacer algo específico, adaptado a la idiosincrasia de una ciudad en la que casi todo el mundo está de paso. La idea era que grandes figuras organizasen talleres en los que sus participantes, casi todos profesionales jóvenes en proceso de asentar su personalidad artística, pudieran absorber su magisterio. Ellos se ponen a las órdenes del maestro pero la investigación es un esfuerzo conjunto. De esos laboratorios han salido algunos espectáculos y muchas conexiones. Todo en un ambiente muy cosmopolita, en una auténtica Babel escénica.

El Frinje ha redoblado su apuesta por los laboratorios y reducido la exhibición. Parece que su modelo va calando...
En Madrid impartirá de hecho un taller Carlota Ferrer, que ha estado en Venecia varios años. Quizá la diferencia es que el Frinje está pensado para un entorno más local, pero es cierto que hoy día juega un papel crucial, tras la desaparición del Escena Contemporánea. Las políticas públicas han dejado caer muchos festivales. Los más afectados han sido los que apuestan por un teatro que se funde con otras artes y que necesita más tiempo para implantarse por su carácter novedoso. Espacios como el Frinje son absolutamente necesarios. Las artes escénicas también necesitan su I+D para avanzar, como cualquier otro sector. El modelo de ensayar dos meses un texto ya escrito y estrenarlo después no le vale. Aquí el texto puede nacer en el propio taller, a partir del trabajo de cada día. Los recortes han dejado a España en una posición de inferioridad para competir en este terreno.

¿Cuáles son los países a la cabeza en I+D escénico?
Hay personalidades geniales que pueden aflorar en cualquier lugar. Pero se nota que donde el apoyo institucional es más fuerte, donde se plantan semillas, los resultados son mejores. Frente a Francia y Alemania, tenemos poco que replicar. Por ejemplo, es envidiable su canal de televisión, Arte, dedicado sólo a cultura y arte. Y el fenómeno de Bélgica es impresionante. De allí han salido Plattel, Lauwers, Fabre, Van der Keybus, Rosas... No es casualidad esa hornada.

Creo que no le tiene mucha fe al cacareado mecenazgo...
No son las empresas las que deben decidir la cultura de un país, son los ciudadanos. Una compañía se rige por la lógica de la rentabilidad. Difícilmente apostaría por un teatro experimental. Y hay que preguntarse también por el dinero que dejarían de ingresar las arcas públicas debido a las desgravaciones. Veo algo ingenua esa ilusión por el mecenazgo.

Volviendo a Venecia. No parece que sea fácil poner a remar coordinadamente a tanto gurú. ¿Cómo ha manejado todos esos egos revueltos?
Uno ya tiene cierto oficio. Hay que explicarlo todo muy bien de entrada. Todos han querido repetir, porque en Venecia pueden confrontar su trabajo con profesionales y tener una reacción directa e inmediata.

De España ha contado con Lluís Pasqual y con La Zaranda.
Pasqual ha desarrollado buena parte de su carrera en Italia, casi tanta como en España. Los italianos le conocen muy bien y les gusta. Por eso tenía sentido que estuviera aquí. Todo lo contrario con La Zaranda. Apenas se les conoce. Creo que era un regalo traer su personalísimo estilo. Eso es lo que busco: que vengan artistas reconocibles con un solo un trazo. Para mí La Zaranda es a las artes escénicas españolas lo que Tadeusz Kantor a las polacas.

¿Tiene intención de dirigir de nuevo un teatro u otro festival? ¿Hay ofertas?
Hoy mismo me acaban de llamar para proponerme encabezar un teatro con tres salas y les he dicho que no. Estar viviendo todo el tiempo con las maletas hechas no es sencillo. Esa es la vida del artista, a la que mi en caso se suma la de gestor. No descarto nada pero me apetece parar y centrarme en propios proyectos.

El último que ha presentado es Incerta glòria. ¿Qué aporta la voz de Joan Sales al numeroso coro de narradores que se han ocupado de la Guerra Civil?
La guerra no es la protagonista, sino el desencadenante de reflexiones filosóficas. Son pensamientos y dilemas propios de una persona que encara la senectud pero aquí están en boca de jóvenes de menos de 30 años, a los que la contienda los ha hecho envejecer aceleradamente. La novela se centra en el frente del Ebro, en la peripecia de un teniente republicano muy crítico con su bando. Kierkegaard está de fondo y la angustia existencial que implica la libertad de decidir sobre todo, desde la cuestiones más mundanas hasta si creer en Dios.

¿Y qué le ha empujado a El público?
La locura. Es un texto que me apasiona. No sé si llegaremos a la excelencia de Lluís Pasqual a mediados de los 80, un hito de la escena española. Me apetecía porque es una obra que cuestiona el papel del artista. Tiene un grado de simbolismo extremo pero la poesía lorquiana te permite saber qué terreno pisas en cada momento.

Algunos la consideran irrepresentable: por su carácter abstracto e inacabado...
Yo estoy cada vez más lejos de la lógica aristotélica, del teatro lineal con un planteamiento, un nudo y un desenlace. No entiendo por qué si en pintura hemos asumido perfectamente a Rothko, en teatro cuesta tanto asimilar ciertas propuestas. Creo en la sucesión de chispazos de belleza y de sugestión, sin agobiarme con el sentido y sin aburrir, claro.

¿Vio El público del Real?
No, pero se me hace extraño encerrar y acotar este texto en una partitura.

Ha dirigido tres óperas, la última, Madama Butterfly, en la Fenice, como parte de su compromiso con la Bienal. ¿Tiene una querencia natural hacia el género lírico o se aproxima a él sólo a golpe de encargo?
De la ópera me llama la música, que tiene ese componente dionisíaco que tanto me atrae. Te induce sensaciones imposibles de racionalizar, como la poesía. El problema es que lo que más me gusta de ella no se lo puedo ofrecer al público: es ensayar un dúo a las 10 de la mañana, cuando tu cuerpo está todavía arrancando para el nuevo día. Es un gozo esa intimidad. Los cantantes trabajan con el piano y no tienen la preocupación de atravesar con la voz una orquesta. Se relajan y dan lo mejor de sí mismos, con sencillez y sutileza, ajenos al histrionismo habitual de la ópera.

¿Sigue leyendo a Bolaño con ánimo de escenificarlo?
Sí, ya hay un nuevo proyecto en marcha pero no puedo decir mucho todavía. Parte de Chile y quizá acabe en coproducción con España.

Un idiota en la platea

Dice que hay montajes que le hacen sentirse un idiota. ¿Qué le lleva a esa impresión?

Es curioso que hay grandes actores de cine que cuando se suben a un escenario se convierten en momias antiquísimas. Te quedas alucinado. No sé qué piensan del teatro. Luego hay un tipo de director que te puntúa hasta los momentos en que debes reír. Por favor...

Denuncia que España ha sufrido un grave retroceso en las artes escénicas durante la crisis. Ahora que empezamos a ver algo de luz, ¿qué balance hace de estos ‘años críticos'?
Los avances cívicos de Europa habían ruborizado a muchos. La crisis se ha utilizado para desmantelarlos y ha dejado claro que el poder de los gobiernos es minúsculo frente al de las grandes corporaciones. Para el desmontaje es necesario anular el pensamiento, para lo que es necesario anular el conocimiento, para lo que es necesario anular la educación y la cultura. Y atiborrar a la gente de mucho fútbol. Que no falte en la televisión.


Entre Pasqual y La Zaranda

Serán 13 espectáculos los que se levanten en la Bienal. Asomarse a los nombres de sus autores es hacerlo a la historia de la vanguardia escénica europea en las últimas décadas. Veamos: Ostermeier, Castellucci, Latella, Richter, Lauwers, Marthaler... Este último abre la fastuosa programación con Das Weisse vom Ei/Une île flottante, obra inspirada en Le Poudre aux yeux de Eugène Labiche en la que retrata las trampas del lenguaje. El director suizo recogerá también el León de Oro. El de Plata tendrá destinataria catalana: la Agrupación Señor Serrano, capaz de importar desde el teatro los códigos del cine. En esa constelación de figurones, Rigola le ha hecho hueco a dos insignes representantes de nuestras tablas. Lluís Pasqual esgrimirá la finura de su Caballero de Olmedo y La Zaranda levantará acta de su pesimismo respecto al homo contemporaneus, sometido, a su jucio, al Régimen del pienso.

Fuente: Esther Alvarado (elmundo.es) | Foto: Conchitina
Dice José Luis Gómez que la fuente primordial del oficio del teatro es el "actor". Eso era él en sus orígenes y muchos otros directores, productores, autores... que salieron del "caos" del teatro. "Alguien tenía que salir del grupo de actores y poner orden", dice y con estas palabras define su particular advenimiento a la labor de dirección. 
Luego llegó La Abadía y, tras ella, todos los reconocimientos que le adornan. Él sabe que le debe mucho a este proyecto: "A mí no me hubieran llegado tantos premios si no hubiera asumido hacer La Abadía. Tiene mucho que ver con haber decidido contribuir al teatro, que es una suerte de patria, de otra manera que siendo el mejor intérprete posible, o un buen director. "Yo le debo mucho a La Abadía. En otro sitio no hubiera podido llevar a cabo lo que he hecho", dijo ayer en conversación con un reducido grupo de periodistas, antes del homenaje en el que la 'laudatio' corrió por cuenta del escritor y periodista Juan Cruz.
Cruz le tiene muy bien cogida la medida a José Luis Gómez, del que dice que "puede ser cualquier cosa que le exija su alma, porque dentro de él habitan todos los personajes del teatro". 
"Se fue a estudiar para hotelero como su padre, pero volvió de Alemania sabiendo el idioma y el teatro de la vida. Es un aprendiz de 75 años", añade. Precisamente por eso; por su "compromiso incansable con el teatro, su afán por seguir aprendiendo y descubriendo y su amplísima experiencia profesional" es por lo que el 38 Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ha decidido otorgarle el premio de este año.
Esta semana sus 'Entremeses' volverán al Corral de Comedias donde los hicimos "hace un montón de años", recuerda con vaguedad. "La gente quiere mucho a este festival. No es tan frecuente ver eso", añade. 
"Le debo mucho a La Abadía. En otro sitio no hubiera podido llevar a cabo lo que he hecho"



Hay muchas cosas que convergen en el hecho del intérprete, y entre ellas destaca un mantra que repite con persistencia: "Dios mío, esta carne tan torpe...". De ella es obligatorio hacer "un instrumento de precisión tan afinado que debe transmitir lo mejor que el ser humano ha transmitido lleno de emociones exquisitas".
De su predisposición al aprendizaje perpetuo Gómez señaló que con la edad "se aprende a estar mucho más abierto, mucho más sereno, más despejado para intentar ser buen transmisor. Eso es lo que converge en el trabajo del intérprete". "Mientras que el ser humano siga haciéndose, estamos en un proceso de hacernos y deshacernos", añade.
En ese sentido, el académico cree que "llega un momento en que el mejor aprendizaje es el desaprendizaje. Hay un momento en el que uno dice 'ya; basta de acumulación', pero despojarse es un trabajo arduo. Esa reducción a lo esencial no se hace en momentos en que es la apoteosis de la proliferación y la abundancia".
Preguntado sobre las estrecheces que sufre el teatro por culpa del IVA cultural, José Luis Gómez afirma con rotundidad que "las mujeres y hombres de teatro dignos de tal nombre y responsables lo que no se pueden permitir es hacerlo mal. Incluso con recortes no dejan de hacerlo bien y eso, por supuesto, es un asunto de dignidad". 
En ese sentido, cree que la actitud ante la vida de los actores, que calificó de "fuente del teatro", es como mínimo elogiable. "Se nos ha dicho de todo -lamenta con seriedad-. La gente de mi oficio son gente laboriosa, trabajadora y muy abnegada. También habrá ganapanes, gañanes y malandrines. Pero los que yo conozco son personas con una ingenua ilusión por hacerlo bien".
Con el homenaje a José Luis Gómez comenzó ayer la 38 edición del Festival Internacional de Almagro cuya primera cita con el público fue el estreno de 'Fuente Ovejuna', de Lope de Vega, en la plaza mayor de la localidad, a cargo de los vecinos de Fuenteobejuna que la representan cada dos años en su villa y que, por primera vez en su historia, han cambiado su escenario habitual.
Fuente: Jesús Ruiz Matilla (elpais.com) | Foto: Álvaro García
Con la friolera de 20 años al frente de La Abadía, José Luis Gómezedificó ese templo madrileño, referente europeo, desde la austeridad. Hoy asegura que, de seguir los recortes, “toca hablar de suicidio cultural”. Cree que es tarde para bajar el IVA de espectáculos. Quien ganara el mejor premio de interpretación en Cannes por Pascual Duarte en 1976, clama por un viraje a tiempo. Aprendió el oficio en un constante cruce de caminos que le llevó de la Francia convulsa de los sesenta a la Alemania deslumbrada por Bertolt Brecht y de ahí al Nueva York del método donde estudió con Lee Strasberg. Hoy es un maestro orgulloso de llevar teatro a un lugar de convivencia con la lengua como es la Real Academia Española. Aun así, no esconde su escalofrío ante la nevera cultural en la que se encuentra el país al que un buen día decidió regresar para sembrar.
¿Así que se formó, entre otros, con Lee Strasberg?
Casi después del premio en Cannes me fui a estudiar un año a Nueva York con él, como maestro, en el Lee Strasberg Theatre Institute. Fue muy comprensivo cuando me tuve que ir porque Adolfo Marsillach me llamó para trabajar en España: “Si en nuestra profesión un hombre no trabaja, estudia, pero cuando sale trabajo, no puede decir que no. Usted mismo. Good luck”, me dijo.
¿Qué encontró al volver?
Que la visión del teatro era muy provinciana, cosa que ha cambiado mucho, para bien. Ahora hay espectáculos muy por encima de la media mundial. No es la regla, pero los hay. Tenemos que formar gente para hacer el teatro que se sueña y para ello necesitamos los mimbres, que son los actores, fundamentalmente. Había que revisar el oficio. Lo que yo traía, funcionó. Llegué ya maduro. Sufría querencia, nostalgia de país. Renuncié al nomadismo, a ciertas oportunidades.
¿Al triunfo personal?
Tenía que repartir juego, eso era muy importante. Tocaba. Y en el fondo, a mí me convenía personalmente, apostar por este proyecto. Por un arraigo, en principio personal, que diera lugar a otro colectivo para este teatro. Empezando por la lengua.
¿Cómo experimentaba dentro de sí esa sacudida de diferentes bagajes?
Bueno. Yo quise en Estados Unidos empaparme de cierto realismo con Strasberg. Pero la madre del cordero está en Europa, yo creo. En lo desarrollado aquí y desperdigado por el resto del mundo. En La Abadía estamos en un momento de síntesis. Ahora nos hemos metido en lo que llamo el obrador del actor. Es tradición nuestra crear escuela. A la vista de la edad que tengo y del flujo de la vida, debo ser previsor. Quienes aquí han trabajado, deben hacerse cargo y por tanto iremos hacia algo más colegiado.
O sea, que no es usted de los que piensan que tras de sí, el caos.
No, no, aunque en política, más. No es generosidad. Es la vida personificada en nombres y seres humanos. Es el impulso de la vida y creo en él. Yo que era una persona muuuuuy exigente…
¿Ya no lo es tanto?
Ya no. Si he sido duro, que Dios me perdone. Uno a veces exige a otras personas cosas que sólo uno puede hacer, por circunstancias, y eso es un grave error. En ese sentido, ya no soy tan exigente.
Ha dicho usted: “Que Dios me perdone…”. ¿Cree?
Soy un hombre creyente.
¿En qué?
En que lo que llamamos vida que se manifiesta no sólo se debe a un impulso biológico, energético, sino que hay una razón última. Sí lo creo. El paradigma cristiano me parece extraordinario como ejemplo de amor. Es único.
En quien sí creen los políticos es en usted. Cada vez que entra un Gobierno en la Comunidad de Madrid, lo mantienen desde tiempos de Joaquín Leguina.
La Abadía siempre ha sido un proyecto compartido. Yo he tratado de ser leal, institucionalmente, fuera cual fuera mi opción por un partido u otro. Y he sido correspondido. Cuando estaba Joaquín Leguina decidí montar una obra de Fermín Cabal sobre la corrupción en la época socialista, Castillos en el aire, y envié el texto al presidente. No hubo problema. Con Esperanza Aguirre ocurrió un caso similar sobre una obra que se titulaba Terrorismo. Se lo advertí, me aconsejó que cambiáramos el título. No le hice caso y tendría que habérselo hecho porque aquello afectó al flujo de espectadores.
Lo que toca quizás es una obra sobre Gürtel o Bárcenas, ¿se la mandaría a Ignacio González?
Si la hubiera y fuera buena… sin duda.
Y si desembarca Podemos, ¿tocaría algo sobre Chávez?
Yo espero que Podemos se manifieste pronto sobre los asuntos de cultura. No hay un prestigio de país sin una cultura fuerte. En ese sentido, nadie ha hecho gran cosa. La pujanza del español está en manos de los latinoamericanos, por ejemplo. Estamos desperdiciando demasiadas cosas. Ojalá un partido con esas posibilidades aspire a un discurso cultural fuerte.
¿Alguna idea que aportar?
Pues esa política de blindaje hacia el teatro que tienen en Alemania, por ejemplo. Para ellos, el teatro es la lengua, como ven que la misma lengua tiene capacidad de influencia, al teatro no se le toca. Es un cálculo que nos habla del valor cohesionador de la cultura. Si ese valor se hubiese impuesto en España desde hace siglos, quizás nuestras fuerzas centrífugas, fueran menores. Por otra parte, me permito recordar, con arreglo a los recortes de la cultura, aquella anécdota sobre el príncipe danés a quien en momentos de crisis le sugirieron cerrar bibliotecas. Esta fue su respuesta: “Somos pobres, no nos podemos permitir, además, ser tontos”.
¿Y en eso, nosotros hemos sido muy, pero que muy torpes?
Siempre tuvimos medios escasos, el concepto que impusimos al nacer era austero. Sacar de la austeridad un proyecto rentable. ¿Qué ha ocurrido ahora? Que han tocado la línea de flotación y que con más recortes, nos hundimos. Hemos sentido un proceso de amputación.
Y ahora murmuran que si van a bajar el IVA para espectáculos. ¿Descaro electoral?
Llega ya tarde, no nos lo creemos además. No se ha retirado hasta ahora por no dar el brazo a torcer, por no reconocer el error. No veo la razón de seguir con ello, más cuando publicaciones pornográficas llevan un 4% y nosotros un 21%.
¿Porque hablamos de Gobiernos que fomentan los instintos primarios?
Es posible. Ya digo: no se entiende. Más cuando con elementos de juicio vemos que estos ingresos no aportan gran cosa para el Estado. Hay bolsas donde se puede recaudar más. Estamos en una situación en la que en España toca hablar ya de suicidio cultural.
¿Asesinato más bien?
Simbólico, pero asesinato.
A sus 75 cumplidos, ¿le queda algún gusto que darse encima de los escenarios?
Pues quizás hacer una Celestina. Puede que se dé pronto... Es, como dirían los ingleses, un must, algo obligado. Pero un must muy negro. Comparto con Juan Goytisolo que después de El Quijote, La Celestina es lo que viene. hay muchas cosas por descubrir dentro. Es la primera vez en literatura que se proporciona una rebelón para los de abajo, una rebelión luciferina, contra el orden impuesto.

Fuente: Rocío García (elpais.com) | Fotos: Gorka Lejarcegi
El Teatro de La Abadía de Madrid será en unos días el ágora, esa plaza pública de la antigua Grecia, ese lugar de reunión y discusión, las asambleas que concitaban a ciudadanos de toda clase y condición. Será una ágora en torno a la tragedia griega, al origen del teatro, con la representación de tres obras míticas y universales —Antígona, Medea y Edipo Rey—, que llegarán al escenario de La Abadía a partir del próximo martes día 21 bajo la dirección de tres grandes de la dramaturgia española, Miguel del Arco, Andrés Lima y Alfredo Sanzol. Será una ocasión para entrar en la esencia de la condición humana, a través de la vida de héroes y de mitos, de muertes y venganzas, de amores e inmortalidad, de celos. Nace así el Teatro de la Ciudad, uno de los proyectos más ambiciosos y novedosos en el panorama teatral español, con el objetivo de aunar esfuerzos de creación colectiva y generar un espacio físico y humano que sirva de investigación, producción y exhibición de las obras que se vayan poniendo en marcha.
El Teatro de la Ciudad, impulsado por Del Arco, Lima y Sanzol como una gran fiesta ciudadana y colectiva en torno al teatro, cuenta con el apoyo decidido y entusiasta del director de La Abadía y benefactor de esta iniciativa, José Luis Gómez, —”nunca ha habido nada parecido”—. La vocación de esta aventura es la de ser sostenible en el futuro y la de abrir sus puertas a otros creadores contemporáneos y a nuevos valores de la escena teatral.

Antígona


Antígona es la obra de Sófocles que dirige Miguel del Arco. La protagonista se enfrenta a los dictados políticos del rey de Tebas, su tío Creonte, anteponiendo lo que cree ser su realidad familiar. Junto a Manuela Paso (Madrid, 1969) intervienen en la obra Carmen Machi, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, Raúl Prieto, José Luis Martínez, Silvia Álvarez y Santi Marín.


Compartiendo un mismo espacio escénico, los montajes de las tres tragedias griegas se irán alternando a lo largo de los días (del 21 de abril al 21 de junio), de tal modo que los espectadores podrán asistir en una misma semana a las tres representaciones. Al frente de las tres tragedias griegas están grandes nombres de la interpretación, junto a actores de sólidas carreras en la escena. En Antígona de Sófocles, dirigida por Miguel del Arco, la actriz Carmen Machi se meterá en la piel de un hombre poderoso, Creonte, el rey de Tebas enfrentado a su sobrina Antígona, papel que interpreta Manuela Paso. Aitana Sánchez Gijón será Medea, la obra de Séneca que dirige Andrés Lima, y Juan Antonio Lumbreras hará de Edipo Rey en la pieza de Sófocles dirigida por Alfredo Sanzol. Esta propuesta se completará con unas veladas a las que han puesto el nombre de Entusiasmo, una combinación de locura y sabiduría a celebrar los fines de semana, en los que reinará el factor sorpresa, un espacio imprevisto, que un día se puede convertir en un baile, otro en un coloquio, un discurso, una canción o un debate. El espectador no sabrá de antemano cuando o dónde se producirá el hecho teatral.
Ya hace días que el ágora ha entrado en esos patios idílicos de La Abadía. Lo hizo en la primavera pasada cuando unos talleres de investigación unieron a actores, directores, investigadores, dramaturgos, escenógrafos y oyentes en tono a las claves de las tragedias griegas, su puesta en escena y las motivaciones de los personajes, y lo hace ahora en un enérgico trajín de idas y venidas, de ensayos finales en el espacio escénico elegido, en el que no faltan los nervios pero tampoco el júbilo y la pasión.

Creonte


En la versión escrita por Miguel del Arco, Creonte es una mujer. Carmen Machi (Madrid, 1963) resalta que tanto Antígona como Creonte son unos personajes con los que cualquiera puede empatizar. “He aprendido que en la tragedia el que tiene la palabra tiene el poder y el que habla tiene la razón. Este el dilema de la tragedia, abocada a un final terrible”.


Aitana Sánchez-Gijón tiene la garganta destrozada y la boca llena de llagas. Sabe que será cosa de apenas unos días, que ese dolor emocional que se ha traducido en dolores físicos desaparecerá. Está sin duda ante uno de los papeles más atrayentes de su carrera, Medea, esa hija de reyes, descendiente del linaje del dios Sol, abandonada, desterrada, repudiada como si fuera basura, una mujer poderosa a la que le es arrebatada de un plumazo su dignidad y que decide vengarse dando muerte a sus propios hijos. “He pasado la fase inicial del miedo y el peso que supone interpretar a un personaje mítico como este, llevado a escena a lo largo de la historia por grandísimas actrices, he superado ese primer momento que puede llegar a paralizarte y ahora me siento como si llevara los 46 años que tengo preparándome para poder afrontar algo así. El proceso de trabajo e investigación que hemos realizado me ha ayudado mucho a naturalizar de alguna manera ese acercamiento a Medea, a no sentirme aplastada por el peso de los siglos y la historia y a sentirlo como algo propio". El personaje de Medea se ha ido infiltrando en el subconsciente de la actriz, —“en algún lugar que no controlo racionalmente”— y poco a poco se ha ido apoderando de ella. “Todo esto ha ido brotando en los ensayos desde el primer día de manera muy clara, como que el camino del dolor estaba ya trazado y a partir de ahí todo ha ido saliendo como sin esfuerzo. Como si de alguna manera se hubiera apartado de mí el lado racional y analítico que tengo, me he quitado resistencias y control y me he dejado llevar”. Sánchez Gijón sabe del poder de las palabras y de la acción de esta mujer desbocada por el amor al guerrero Jasón. Como madre, —“al principio no podía leer sin sollozar la escena de la matanza de los hijos”— decidió dejar a un lado a “Aitana” y meterse en “el dolor de una mujer que ya está muerta, que ha antepuesto su amor ante todas las cosas, que ha sido ya capaz de matar en el pasado, de despedazar a su propio hermano”. “He intentado comprender desde ese dolor que te inunda y te obsesiona y te hace escoger el camino de la destrucción total. Medea raya la locura, pero no está loca. Lo más terrible de todo es que uno puede llegar a comprender en qué momento se traspasa esa línea en una mente que no está enferma. Mata a sus hijos y se arrepiente pero a continuación clama: ‘Un intenso placer me penetra a mi pesar y crece".
La escenografía en la sala Juan de la Cruz, de La Abadía, es la misma para los tres montajes, unos cortinajes negros de flecos y el espacio ovalado del teatro, aunque con diferentes elementos. En Medea uno entrará como en un paisaje oscuro de ceniza, lava y rocas, con dos muñecos de barro de terracota, un contrabajo a un lado, dos sillas que se moverán y un traje de novia colgado al fondo en referencia a Creúsa, la hija de Creonte causante del repudio de Jasón a Medea. Una larga mesa de banquete, con restos de comidas y bebidas y centros de flores, acogerá el drama de Edipo Rey, mientras que Antígona utilizará una gran bola transparente colgada del techo sobre la que proyectarán imágenes.

Medea


Uno de los grandes personajes de la literatura, Medea, de Séneca, fue una mujer que, desquiciada por los celos y la amargura, mató a sus hijos. A Andrés Lima, su director, le inquieta desde hace tiempo ese crimen, “el más atroz que uno puede imaginar”. Junto Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) interpretan la obra Joana Gomila, Laura Galán y Andrés Lima.


“¿Te parece una locura que Creonte sea una mujer?” La pregunta que le planteó Del Arco a Carmen Machifue toda una sorpresa. “Espérate que lo lea de nuevo y te digo”, le contestó cauta. Hoy la actriz, que vuelve de nuevo con la obra de Sófocles a romper moldes interpretativos, revisó el texto una y otra vez y no vio nada que impidiera que ese poderoso rey de Tebas fuera una mujer. “En ningún momento hemos echado de menos algo que nos diera a entender que estábamos traicionando la verdad. Por el hecho de que Creonte sea una mujer ni mejora ni empeora la función, pero sí creo que en el enfrentamiento con Antígona se afronta de manera más directa la lucha de poderes. El poder no tiene sexo. Son dos personajes muy orgullosos que se creen en posesión de la verdad. Al ser dos mujeres, la situación se iguala mucho y a mí eso sí que me parece interesante. Noto además que crece en potencia sobre todo en la escena con su hijo Hemón”.
Es domingo, acaba de terminar un ensayo y Machi se ha vestido de Creonte para la foto: botas altas, camisa transparente negra y una casaca también negra, que contrastan con los labios rojos. Independientemente del hecho de que ese rey de Tebas ahora sea una reina, a la actriz le ha cambiado mucho la percepción que se tiene de Creonte. “Creo que estamos un poco equivocados. Le defiendo porque le tengo que interpretar pero también porque tengo fe en su honestidad. Lanza un discurso al pueblo en su toma de posesión al que yo votaría con los ojos cerrados. Quiere un país democrático donde haya paz y donde se respeten las leyes. Para ello comienza elaborando una decreto que afecta a su propia familia, pero lo último que se espera es que sea un miembro de esa familia, su sobrina Antígona, la que socave la autoridad. Ahí empieza el conflicto y ante la envergadura de ese enfrentamiento rechaza la corrupción y el tráfico de influencias llegando hasta sus últimas y trágicas consecuencias. Visto así, creo que Creonte está cargado de razones. No creo que represente el abuso de poder, sí el poder y la autoridad. Es la ley", asegura Machi que reconoce, sin embargo, que el orgullo y la cabezonería terminan por socavar las razones de este mito de Sófocles.

Edipo rey


Escrita por Sófocles, es, según Aristóteles, la tragedia más perfecta. “Me impresiona mucho la historia de un hombre que descubre que toda su vida está construida sobre una mentira”, dice su director, Alfredo Sanzol. Junto a Juan Antonio Lumbreras (Cáceres, 1973) trabajan Natalia Hernández, Elena González, Eva Trancón y Paco Déniz.


No lo tiene tan claro Manuela Paso que ve en su personaje, Antígona, a una mujer que lucha contra el sistema y unas leyes injustas e inhumanas. También contra el abuso de poder que cree representa sin dudas Creonte. ¿Dónde está la ley? ¿dónde están sus límites? ¿quiénes imponen esas leyes y desde dónde lo hacen? ¿las leyes se tienen que imponer o puede haber un diálogo con el ciudadano? Todas estas preguntas han atravesado las reflexiones de Manuela Paso, que confiesa que Antígona es el gran personaje de su carrera, uno de los papeles más desafiantes a los que se ha enfrentado nunca. “Tiene una fuerza extraordinaria. No es fácil encontrar papeles con el misterio, la garra y la fuerza de esos mitos del teatro griego. Es lo más potente que una actriz puede hacer sobre un escenario. Es una experiencia poderosísima”, asegura Paso, que sigue el consejo que le dio su profesor Juan Pastor: ‘a un actor entregado se le perdona todo’. Y ella se entrega con tal sentimiento que tiene la sensación de que aparca su vida como Manuela y entra literalmente en cada función a vivir la de Antígona.
Y en esto que llega el padre, Edipo rey, al que Antígona acompañó al exilio tras su expulsión de Tebas, tras matar accidentalmente a su padre y casarse con su madre. La tragedia de Edipo nunca deja de interesar. Ese mito con pies de barro es para su intérprete, Juan Antonio Lumbrera, un ejemplo de dignidad. Fue Alfredo Sanzol quien le aconsejó rebuscar en experiencias personales existencias trágicas. Y él la encontró en su bisabuela que perdió de manera violenta y terrible a casi todos sus hijos y que, sin embargo, nunca se vino abajo. “Esa dignidad y verticalidad es la que yo he intentado impregnar a Edipo, un personaje cuyo afán de saber y de conocer, pese a quien pese y cueste lo que cueste, le llevan a la desgracia. “Con Edipo uno descubre que muchas veces el conocimiento te hace muy desgraciado, como se puede ver hoy con los ejemplos de personas como Snowden, Falciani o Julian Assange y sus papeles de Wikileaks. Todos estos personajes demuestran que todavía sigue habiendo gente que quiere llegar al fondo de la verdad pese a las dificultades y desgracias que recaen sobre ellos”.
Analogías o no, las tres tragedias griegas son para sus directores una oportunidad de mirarse en el espejo para plantearse preguntas y no sentencias, para mostrar el lado más oscuro del ser humano, sin rehuir la mirada al conflicto. “Queremos meter el dedo en nuestras llagas y mirar de frente el dolor”.


Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.es) | Foto: Marcos Gpunto

El de los cómicos es un gremio ahormado, históricamente, por la intemperie. Mucha carretera y mucha manta. La llegada de la democracia realzó su estatus. La política quiso colgarse la medalla del teatro irrigando con dinero público compañías e instituciones escénicas que permitieron consolidar carreras profesionales de actores, directores, dramaturgos, técnicos... Pero la crisis ha desmoronado esas estructuras que cobijaban al sector. De golpe, se vio otra vez expuesto a múltiples inclemencias: presupuestos enjugados, condiciones precarias, marginación de propuestas arriesgadas por su escasa rentabilidad, premura en los plazos para cerrar montajes... 

El florecimiento de un circuito off, nutrido por una constelación de pequeñas salas, ha acogido a buena parte de los creadores desplazados por la escasez de oportunidades. Pero sus recursos no pueden garantizar el asentamiento y la proyección de prometedoras trayectorias. “Mucho talento se esta perdiendo por el sumidero”, lamenta Fernando Sánchez-Cabezudo, el inquieto fundador y director de Kubik Fabrik, sala que pretende irradiar la oferta teatral a la periferia de Madrid (en concreto, al barrio de Usera). “El problema es que el salto del territorio alternativo al teatro comercial o institucional es muy difícil, incluso para aquellos nombres que han cosechado grandes éxitos y han acreditado su valía”. 


Sánchez-Cabezudo está empecinado en solventar el cortocircuito. En la búsqueda de ese objetivo ha encontrado un aliado con liquidez económica y con algo todavía más importante: afinidad de conceptos. Es la productora La Zona, que está detrás de algunos lucrativos títulos de la cartelera (Toc-toc: seis años consecutivos en Madrid) y del pelotazocinematográfico de Ocho apellidos vascos. “Gracias a su apoyo he podido hacer lo que siempre he querido hacer desde que abrimos la sala”, advierte a El Cultural. Su ilusión original ha sido bautizada como LaZonaKubik y consiste en la organización de cuatro talleres de investigación encomendados a otras tantas figuras emergentes, como Julián Fuentes Reta, que a pesar de reventar las Naves del Español hace unos meses con su hipnótica versión de Cuando deje de llover no tenía ninguna garantía de seguir afianzando su andadura. En Usera ya está trabajando en Hard Candy, de Brian Nelson, con la que retrata, en tono de fábula, el impacto de las diferencias generacionales en el sexo. 

Esta adaptación, tras un acuerdo con el CDN, se exhibirá en la Sala Francisco Nieva del Valle-Inclán del 25 de junio al 5 de julio. También podrán verse en el mismo espacio los trabajos de Carlota Ferrer y Lucía Miranda (Fortune Cookie y Nora, 1959). El cuarto proyecto, Beautiful Beach, es la coreografía del bailarín Antonio Ruz. “La media de tiempo que se tiene para ensayos antes de un estreno es de 45 días. Nosotros les damos la opción de prolongar sus investigaciones alrededor de 6 meses. Un periodo en el que el director cobra 1.500 euros al mes. Para la producción dispone de 20.000 que distribuye a su criterio.Seguimos moviéndonos en el bajo coste pero son cifras que nada tienen que ver con el panorama off. Lo que buscamos es la profesionalización”. 

La Zona aporta 300.000 euros. Pero su apuesta por el teatro no se queda ahí. También financian (con otros 500.000 euros) el nuevo Teatro de la Ciudad, que comparte filosofía con la LaZonaKubik. La diferencia es el relieve de sus protagonistas. Aquí nos encontramos con tres figuras consagradísimas: Miguel del Arco, Andrés Lima y  Alfredo Sanzol. Sobran las presentaciones. Cada uno de ellos lleva varias semanas enfrascado en un clásico griego (Antígona, Medea y Edipo Rey, respectivamente). Pero no es un esfuerzo artístico individualizado sino colectivo. “La mayor peculiaridad de esta iniciativa es la unión de los tres directores, las tres productoras con las que habitualmente trabajamos cada uno y nuestros colaboradores. Esta mezcla ha impuesto un diálogo constante”, explica Miguel del Arco. El artífice de La función por hacer pondera además otro detalle: “Antes de empezar los ensayos de las tres tragedias hemos celebrado ocho talleres. Comenzar con tanta información es un lujo”. 

Ensayos en streaming

Este tridente estelar converge en La Abadía, que cede sus salas a cambio de parte de la recaudación. Allí, a finales de abril, se presentarán sus adaptaciones cocinadas a fuego lento, en uno de los pocos remansos destinados a la investigación escénica en España. Y también el que han urdido al alimón, Entusiasmo, que, como dice Gonzalo Salazar-Simpson, uno de los responsables de La Zona, “no es un espectáculo al que ir sino un lugar en el que estar y en el que suceden cosas, como en un bar”. 

Salazar-Simpson señala que no se han embarcado en esta aventura para hacer dinero. Al menos no de forma inmediata. “Sabemos que no lo vamos a recuperar. La apuesta se concentra en la creación de públicos. Por eso ambos proyectos son tan abiertos. Los ensayos de LaZonaKubik incluso se retransmitirán en streaming. El objetivo está fijado en el largo plazo. Si todo va bien, los beneficios vendrán más tarde”. La intención es contar con un espacio propio para el Teatro de la Ciudad y que ambos proyectos terminen entrelazándose. 


En esta fase primigenia les sustentan dos entidades públicas (Abadía y CDN). Un apoyo crucial para despegar y para apuntalar una inercia de cooperación. Ernesto Caballero ha abierto el Valle-Inclán para dar visibilidad a los títulos manufacturados en Usera. “Es una unión que ha nacido de forma natural a partir de líneas afines de investigación. Coincidimos plenamente en cuanto a objetivos y filosofía”, explica el director del CDN. De hecho, cuando tomó las riendas de la principal institución teatral del país, Caballero implantó los talleres Rivas Cherif, un refugio para equipos de exploración de potenciales montajes. 


Dentro de esa probeta se han gestado ya varias obras, como las pertenecientes al programa Escritos en la escena, en el que los autores escriben a pie de ensayo los textos (estos días se programa en el María Guerrero La ciudad oscura, de Antonio Rojano). Y otros experimentos están en marcha. José Ramón Fernández estudia hasta qué punto es viable trasladar a las tablas El laberinto mágico, los seis volúmenes que Max Aub dedicó a lo que él mismo llamó la ‘Gran Guerra Civil Española'. Nada menos. 

“Son más de 3.500 páginas que he dejado, con todo mi dolor, en unas 70. Creo que el mejor teatro de Aub está en estas novelas. Es portentoso cómo levanta un personaje en tres o cuatro líneas. Con tres trazos ya lo sientes respirar. Tenía oído musical para plasmar el habla de gentes de muy diversa índole. Es un texto rezumante de vida, que pide a gritos llevarse al escenario”, comenta Fernández a El Cultural, que tiene como principal cómplice en este empeño al propio Caballero (ya formaron tándem en La colmena científica o El café Negrín). Si la cosa cuaja, el monumento narrativo de Aub tendrá un hueco en la programación del CDN las próximas temporadas. Algo que dependerá en gran medida del dictamen del público. Para testar su reacción, los bosquejos dramáticos resultantes del laboratorio se montarán (con atrezo y vestuario reciclados de los fondos del CDN) entre el 10 y el 19 de abril en el Valle-Inclán. 

En esta labor de I+D escénico, casi extinguida en los últimos tiempos, es de justicia mencionar también la perseverancia de la Cuarta Pared. Hace seis años lanzaron sus laboratorios ETC. Cada temporada enriquecen su programación con los frutos de estos focos de fermentación de ideas (acabamos de ver Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, Árbol adentro...). Es un proceso largo, que suele abarcar más de un año. Primero se abre una convocatoria para seleccionar autores. Normalmente, se les marca un área temática: Del yo al nosotros fue el lema de la presente temporada (pretendían detectar cómo influyen las inercias íntimas en las conductas sociales). Luego, a través de otro concurso, se escogen las compañías, que presentan candidaturas a partir de la pieza desarrollada por el dramaturgo. La sala les presta sus espacios y sus técnicos, y remunera a todos los implicados gracias una subvención del Inaem. Aparte de respaldar la escritura y la concreción escénica de las piezas, Cuarta Pared ha dado un nuevo paso para que estos embriones no se malogren. Ahora apoyan su producción con 5.000 euros para cada uno. 


¿Arte o industria?

Javier Yagüe, su director, apunta que son proyectos que no ofrecen retorno económico pero que son absolutamente necesarios para descubrir nuevos lenguajes. “Si no, repetiríamos siempre las misma fórmula. Tenemos muchos talleres que no desembocan montajes cerrados pero vislumbran nuevos caminos. Son como las investigaciones de medicamentos. Muchas no culminan con fármacos curativos pero son escalas previas imprescindibles para alcanzarlos. Nuestra labor es más bien de mecenazgo”. Y sentencia: “La rentabilidad inmediata aboca al teatro a una mecánica industrial. Y no es eso: estamos hablando de arte”. No lo perdamos de vista.