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Font: Laura Serra (ara.cat) | Foto: R. Marigot
A l’encíclica de Lluís Pasqual que obre el programa de la temporada 2015/16 hi ha la clau per entendre’n els continguts. D’una banda, celebra que “una part del poder hagi tornat a les mans de l’esquerra”, i especifica: “Una esquerra més humanista”. I, de l’altra, diu que després de quatre temporades “d’economia de guerra” té la sensació d’haver tocat sostre en activitat (526 funcions). Ara toca gratar cap a la profunditat. “Ha arribat el moment de pensar”, acaba dient. I d’aquí les 32 obres escollides, que aborden el poder, les ideologies i les identitats. En el seu 40è aniversari el Lliure es posa seriós i obre un nou espai anomenat Mirador per reflexionar tant amb el públic com amb els professionals. Aquí se seleccionarà la nova Kompanyia jove i se’ls farà un training. Aquestes són 5 claus de l’any que ve. 
La Sardà i les dones fortes
Les grans actrius tindran gran protagonisme. Obren temporada Rosa Maria Sardà i Míriam Iscla amb dos monòlegs de l’autor italià Stefano Massini: una se n’anirà a la franja de Gaza i l’altra encarnarà la periodista assassinada Anna Politkóvskaia. Hi haurà dos monòlegs més amb veu femenina: Laia Marull interpretarà una dona obsessionada amb La llista -producció de La Brutal, text canadenc dirigit per una actriu canadenca, Allegra Fulton- i Marc Martínez dirigirà la superwomanquotidiana Clara Segura a Conillet, de la barcelonina Marta Galán. 
Madrid, els reis i la nova política
“Ha existit sempre un diàleg d’anada i tornada”, deia Pasqual sobre el fet que sis espectacles del cartell siguin produccions madrilenyes. Les escollides sorgeixen de projectes singulars: un és el Teatro de la Ciudad, en el qual tres dramaturgs de moda (Alfredo Sanzol, Andrés Lima i Miguel del Arco) revisiten amb ulls contemporanis textos clàssics - Edipo ReyMedea i Antígona, i aquí també amb protagonistes femenines potents com Aitana Sánchez-Gijón i Carmen Machi-, i l’altre ve de l’alternatiu, crític i cooperatiu Teatro de Barrio i és El rey, l’esventrament de la figura de Joan Carles I a càrrec dels ex-Animalario. A més, també hi haurà El alcalde de Zalamea de la Compañía Nacional de Teatro Clásico i l’ Invernadero de Harold Pinter dirigit per Mario Gas. 
‘Hamlet’ i els clàssics
Les tragèdies clàssiques, però, tindran el seu cim en el Hamletshakespearià que protagonitzarà Pol López i dirigirà Pau Carrió -tàndem guanyador del Victòria d’Enric V estrenat el 2014- amb Eduard Farelo, Rosa Renom, Xicu Masó i Maria Rodríguez. Sergi Belbel dirigirà Maria Estuard, la batalla de reines de Von Schiller que protagonitzaran Míriam Alamany i Sílvia Bel. També hi haurà la relectura contemporània a càrrec de Marc Montserrat de Relato de un náufrago basada en l’obra de García Márquez que el va obligar a exiliar-se. 
De Filippo i els contemporanis
Lluís Pasqual aportarà la dosi d’humor imprescindible per oxigenar la temporada amb el díptic A teatro con Eduardo, d’Eduardo De Filippo, i un repartiment extraordinari (Jordi Bosch, Boris Ruiz, Ramon Madaula, Mercè Sampietro, etc.). Oferirà una mirada còmica sobre el teatre -cridada a ser Els feréstecs del 2016- que es complementarà amb Premis i càstigs, obra de l’argentí Ciro Zorzoli creada amb una companyia T de Teatre ampliada. 
Si bé la hibernació de la Kompanyia jove durant un any farà pujar la mitjana d’edat dels repartiments, la dramatúrgia contemporània serà majoritària. Josep M. Flotats tornarà al Lliure de Gràcia amb Ser-ho o no (per acabar amb la qüestió jueva),teatre polític en clau de comèdia de Jean-Claude Grumberg. En veu baixa,d’Owen McCafferty, abordarà la vida després de deixar les armes, arran del cas nord-irlandès. I L’inframón,de Jennifer Haley, es qüestionarà la moral en l’era digital a partir d’un Andreu Benito pederasta.
També hi haurà dos muntatges internacionals: el monòleg 887, de Robert Lepage, i La parola canta, dels germans Servillo. D’autors catalans, a més de Galán, es veuran dos finals de trilogies: la família de Vilafranca de Jordi Casanovas (vist ja en gira) i la família de Sota la ciutat de la companyia Arcàdia. 
Lear, èxits i reposicions
Tres espectacles que han fregat el 100% d’ocupació aquesta temporada tornaran la vinent: El rei Lear amb Núria Espert, l’aquelarre de pallassos Rhum i El curiós incident del gos a mitjanit, que salta de Gràcia a Montjuïc. El Teatre Lliure ha tornat a fer un nou rècord: preveu arribar als 110.000 espectadors (1.500 més que un 2013/14 “de miracle”) i obté un 81% d’ocupació mitjana.

Fuente: Rocío García (elpais.com) | Fotos: Gorka Lejarcegi
El Teatro de La Abadía de Madrid será en unos días el ágora, esa plaza pública de la antigua Grecia, ese lugar de reunión y discusión, las asambleas que concitaban a ciudadanos de toda clase y condición. Será una ágora en torno a la tragedia griega, al origen del teatro, con la representación de tres obras míticas y universales —Antígona, Medea y Edipo Rey—, que llegarán al escenario de La Abadía a partir del próximo martes día 21 bajo la dirección de tres grandes de la dramaturgia española, Miguel del ArcoAndrés Lima y Alfredo Sanzol. Será una ocasión para entrar en la esencia de la condición humana, a través de la vida de héroes y de mitos, de muertes y venganzas, de amores e inmortalidad, de celos. Nace así el Teatro de la Ciudad, uno de los proyectos más ambiciosos y novedosos en el panorama teatral español, con el objetivo de aunar esfuerzos de creación colectiva y generar un espacio físico y humano que sirva de investigación, producción y exhibición de las obras que se vayan poniendo en marcha.
El Teatro de la Ciudad, impulsado por Del Arco, Lima y Sanzol como una gran fiesta ciudadana y colectiva en torno al teatro, cuenta con el apoyo decidido y entusiasta del director de La Abadía y benefactor de esta iniciativa, José Luis Gómez, —”nunca ha habido nada parecido”—. La vocación de esta aventura es la de ser sostenible en el futuro y la de abrir sus puertas a otros creadores contemporáneos y a nuevos valores de la escena teatral.

Antígona


Antígona es la obra de Sófocles que dirige Miguel del Arco. La protagonista se enfrenta a los dictados políticos del rey de Tebas, su tío Creonte, anteponiendo lo que cree ser su realidad familiar. Junto a Manuela Paso (Madrid, 1969) intervienen en la obra Carmen Machi, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, Raúl Prieto, José Luis Martínez, Silvia Álvarez y Santi Marín.


Compartiendo un mismo espacio escénico, los montajes de las tres tragedias griegas se irán alternando a lo largo de los días (del 21 de abril al 21 de junio), de tal modo que los espectadores podrán asistir en una misma semana a las tres representaciones. Al frente de las tres tragedias griegas están grandes nombres de la interpretación, junto a actores de sólidas carreras en la escena. En Antígona de Sófocles, dirigida por Miguel del Arco, la actriz Carmen Machi se meterá en la piel de un hombre poderoso, Creonte, el rey de Tebas enfrentado a su sobrina Antígona, papel que interpreta Manuela Paso. Aitana Sánchez Gijón será Medea, la obra de Séneca que dirige Andrés Lima, y Juan Antonio Lumbreras hará de Edipo Rey en la pieza de Sófocles dirigida por Alfredo Sanzol. Esta propuesta se completará con unas veladas a las que han puesto el nombre de Entusiasmo, una combinación de locura y sabiduría a celebrar los fines de semana, en los que reinará el factor sorpresa, un espacio imprevisto, que un día se puede convertir en un baile, otro en un coloquio, un discurso, una canción o un debate. El espectador no sabrá de antemano cuando o dónde se producirá el hecho teatral.
Ya hace días que el ágora ha entrado en esos patios idílicos de La Abadía. Lo hizo en la primavera pasada cuando unos talleres de investigación unieron a actores, directores, investigadores, dramaturgos, escenógrafos y oyentes en tono a las claves de las tragedias griegas, su puesta en escena y las motivaciones de los personajes, y lo hace ahora en un enérgico trajín de idas y venidas, de ensayos finales en el espacio escénico elegido, en el que no faltan los nervios pero tampoco el júbilo y la pasión.

Creonte


En la versión escrita por Miguel del Arco, Creonte es una mujer. Carmen Machi (Madrid, 1963) resalta que tanto Antígona como Creonte son unos personajes con los que cualquiera puede empatizar. “He aprendido que en la tragedia el que tiene la palabra tiene el poder y el que habla tiene la razón. Este el dilema de la tragedia, abocada a un final terrible”.


Aitana Sánchez-Gijón tiene la garganta destrozada y la boca llena de llagas. Sabe que será cosa de apenas unos días, que ese dolor emocional que se ha traducido en dolores físicos desaparecerá. Está sin duda ante uno de los papeles más atrayentes de su carrera, Medea, esa hija de reyes, descendiente del linaje del dios Sol, abandonada, desterrada, repudiada como si fuera basura, una mujer poderosa a la que le es arrebatada de un plumazo su dignidad y que decide vengarse dando muerte a sus propios hijos. “He pasado la fase inicial del miedo y el peso que supone interpretar a un personaje mítico como este, llevado a escena a lo largo de la historia por grandísimas actrices, he superado ese primer momento que puede llegar a paralizarte y ahora me siento como si llevara los 46 años que tengo preparándome para poder afrontar algo así. El proceso de trabajo e investigación que hemos realizado me ha ayudado mucho a naturalizar de alguna manera ese acercamiento a Medea, a no sentirme aplastada por el peso de los siglos y la historia y a sentirlo como algo propio". El personaje de Medea se ha ido infiltrando en el subconsciente de la actriz, —“en algún lugar que no controlo racionalmente”— y poco a poco se ha ido apoderando de ella. “Todo esto ha ido brotando en los ensayos desde el primer día de manera muy clara, como que el camino del dolor estaba ya trazado y a partir de ahí todo ha ido saliendo como sin esfuerzo. Como si de alguna manera se hubiera apartado de mí el lado racional y analítico que tengo, me he quitado resistencias y control y me he dejado llevar”. Sánchez Gijón sabe del poder de las palabras y de la acción de esta mujer desbocada por el amor al guerrero Jasón. Como madre, —“al principio no podía leer sin sollozar la escena de la matanza de los hijos”— decidió dejar a un lado a “Aitana” y meterse en “el dolor de una mujer que ya está muerta, que ha antepuesto su amor ante todas las cosas, que ha sido ya capaz de matar en el pasado, de despedazar a su propio hermano”. “He intentado comprender desde ese dolor que te inunda y te obsesiona y te hace escoger el camino de la destrucción total. Medea raya la locura, pero no está loca. Lo más terrible de todo es que uno puede llegar a comprender en qué momento se traspasa esa línea en una mente que no está enferma. Mata a sus hijos y se arrepiente pero a continuación clama: ‘Un intenso placer me penetra a mi pesar y crece".
La escenografía en la sala Juan de la Cruz, de La Abadía, es la misma para los tres montajes, unos cortinajes negros de flecos y el espacio ovalado del teatro, aunque con diferentes elementos. En Medea uno entrará como en un paisaje oscuro de ceniza, lava y rocas, con dos muñecos de barro de terracota, un contrabajo a un lado, dos sillas que se moverán y un traje de novia colgado al fondo en referencia a Creúsa, la hija de Creonte causante del repudio de Jasón a Medea. Una larga mesa de banquete, con restos de comidas y bebidas y centros de flores, acogerá el drama de Edipo Rey, mientras que Antígona utilizará una gran bola transparente colgada del techo sobre la que proyectarán imágenes.

Medea


Uno de los grandes personajes de la literatura, Medea, de Séneca, fue una mujer que, desquiciada por los celos y la amargura, mató a sus hijos. A Andrés Lima, su director, le inquieta desde hace tiempo ese crimen, “el más atroz que uno puede imaginar”. Junto Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) interpretan la obra Joana Gomila, Laura Galán y Andrés Lima.


“¿Te parece una locura que Creonte sea una mujer?” La pregunta que le planteó Del Arco a Carmen Machifue toda una sorpresa. “Espérate que lo lea de nuevo y te digo”, le contestó cauta. Hoy la actriz, que vuelve de nuevo con la obra de Sófocles a romper moldes interpretativos, revisó el texto una y otra vez y no vio nada que impidiera que ese poderoso rey de Tebas fuera una mujer. “En ningún momento hemos echado de menos algo que nos diera a entender que estábamos traicionando la verdad. Por el hecho de que Creonte sea una mujer ni mejora ni empeora la función, pero sí creo que en el enfrentamiento con Antígona se afronta de manera más directa la lucha de poderes. El poder no tiene sexo. Son dos personajes muy orgullosos que se creen en posesión de la verdad. Al ser dos mujeres, la situación se iguala mucho y a mí eso sí que me parece interesante. Noto además que crece en potencia sobre todo en la escena con su hijo Hemón”.
Es domingo, acaba de terminar un ensayo y Machi se ha vestido de Creonte para la foto: botas altas, camisa transparente negra y una casaca también negra, que contrastan con los labios rojos. Independientemente del hecho de que ese rey de Tebas ahora sea una reina, a la actriz le ha cambiado mucho la percepción que se tiene de Creonte. “Creo que estamos un poco equivocados. Le defiendo porque le tengo que interpretar pero también porque tengo fe en su honestidad. Lanza un discurso al pueblo en su toma de posesión al que yo votaría con los ojos cerrados. Quiere un país democrático donde haya paz y donde se respeten las leyes. Para ello comienza elaborando una decreto que afecta a su propia familia, pero lo último que se espera es que sea un miembro de esa familia, su sobrina Antígona, la que socave la autoridad. Ahí empieza el conflicto y ante la envergadura de ese enfrentamiento rechaza la corrupción y el tráfico de influencias llegando hasta sus últimas y trágicas consecuencias. Visto así, creo que Creonte está cargado de razones. No creo que represente el abuso de poder, sí el poder y la autoridad. Es la ley", asegura Machi que reconoce, sin embargo, que el orgullo y la cabezonería terminan por socavar las razones de este mito de Sófocles.

Edipo rey


Escrita por Sófocles, es, según Aristóteles, la tragedia más perfecta. “Me impresiona mucho la historia de un hombre que descubre que toda su vida está construida sobre una mentira”, dice su director, Alfredo Sanzol. Junto a Juan Antonio Lumbreras (Cáceres, 1973) trabajan Natalia Hernández, Elena González, Eva Trancón y Paco Déniz.


No lo tiene tan claro Manuela Paso que ve en su personaje, Antígona, a una mujer que lucha contra el sistema y unas leyes injustas e inhumanas. También contra el abuso de poder que cree representa sin dudas Creonte. ¿Dónde está la ley? ¿dónde están sus límites? ¿quiénes imponen esas leyes y desde dónde lo hacen? ¿las leyes se tienen que imponer o puede haber un diálogo con el ciudadano? Todas estas preguntas han atravesado las reflexiones de Manuela Paso, que confiesa que Antígona es el gran personaje de su carrera, uno de los papeles más desafiantes a los que se ha enfrentado nunca. “Tiene una fuerza extraordinaria. No es fácil encontrar papeles con el misterio, la garra y la fuerza de esos mitos del teatro griego. Es lo más potente que una actriz puede hacer sobre un escenario. Es una experiencia poderosísima”, asegura Paso, que sigue el consejo que le dio su profesor Juan Pastor: ‘a un actor entregado se le perdona todo’. Y ella se entrega con tal sentimiento que tiene la sensación de que aparca su vida como Manuela y entra literalmente en cada función a vivir la de Antígona.
Y en esto que llega el padre, Edipo rey, al que Antígona acompañó al exilio tras su expulsión de Tebas, tras matar accidentalmente a su padre y casarse con su madre. La tragedia de Edipo nunca deja de interesar. Ese mito con pies de barro es para su intérprete, Juan Antonio Lumbrera, un ejemplo de dignidad. Fue Alfredo Sanzol quien le aconsejó rebuscar en experiencias personales existencias trágicas. Y él la encontró en su bisabuela que perdió de manera violenta y terrible a casi todos sus hijos y que, sin embargo, nunca se vino abajo. “Esa dignidad y verticalidad es la que yo he intentado impregnar a Edipo, un personaje cuyo afán de saber y de conocer, pese a quien pese y cueste lo que cueste, le llevan a la desgracia. “Con Edipo uno descubre que muchas veces el conocimiento te hace muy desgraciado, como se puede ver hoy con los ejemplos de personas como Snowden, Falciani o Julian Assange y sus papeles de Wikileaks. Todos estos personajes demuestran que todavía sigue habiendo gente que quiere llegar al fondo de la verdad pese a las dificultades y desgracias que recaen sobre ellos”.
Analogías o no, las tres tragedias griegas son para sus directores una oportunidad de mirarse en el espejo para plantearse preguntas y no sentencias, para mostrar el lado más oscuro del ser humano, sin rehuir la mirada al conflicto. “Queremos meter el dedo en nuestras llagas y mirar de frente el dolor”.


Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.es) | Foto: Marcos Gpunto

El de los cómicos es un gremio ahormado, históricamente, por la intemperie. Mucha carretera y mucha manta. La llegada de la democracia realzó su estatus. La política quiso colgarse la medalla del teatro irrigando con dinero público compañías e instituciones escénicas que permitieron consolidar carreras profesionales de actores, directores, dramaturgos, técnicos... Pero la crisis ha desmoronado esas estructuras que cobijaban al sector. De golpe, se vio otra vez expuesto a múltiples inclemencias: presupuestos enjugados, condiciones precarias, marginación de propuestas arriesgadas por su escasa rentabilidad, premura en los plazos para cerrar montajes... 

El florecimiento de un circuito off, nutrido por una constelación de pequeñas salas, ha acogido a buena parte de los creadores desplazados por la escasez de oportunidades. Pero sus recursos no pueden garantizar el asentamiento y la proyección de prometedoras trayectorias. “Mucho talento se esta perdiendo por el sumidero”, lamenta Fernando Sánchez-Cabezudo, el inquieto fundador y director de Kubik Fabrik, sala que pretende irradiar la oferta teatral a la periferia de Madrid (en concreto, al barrio de Usera). “El problema es que el salto del territorio alternativo al teatro comercial o institucional es muy difícil, incluso para aquellos nombres que han cosechado grandes éxitos y han acreditado su valía”. 


Sánchez-Cabezudo está empecinado en solventar el cortocircuito. En la búsqueda de ese objetivo ha encontrado un aliado con liquidez económica y con algo todavía más importante: afinidad de conceptos. Es la productora La Zona, que está detrás de algunos lucrativos títulos de la cartelera (Toc-toc: seis años consecutivos en Madrid) y del pelotazocinematográfico de Ocho apellidos vascos“Gracias a su apoyo he podido hacer lo que siempre he querido hacer desde que abrimos la sala”, advierte a El Cultural. Su ilusión original ha sido bautizada como LaZonaKubik y consiste en la organización de cuatro talleres de investigación encomendados a otras tantas figuras emergentes, como Julián Fuentes Reta, que a pesar de reventar las Naves del Español hace unos meses con su hipnótica versión de Cuando deje de llover no tenía ninguna garantía de seguir afianzando su andadura. En Usera ya está trabajando en Hard Candy, de Brian Nelson, con la que retrata, en tono de fábula, el impacto de las diferencias generacionales en el sexo. 

Esta adaptación, tras un acuerdo con el CDN, se exhibirá en la Sala Francisco Nieva del Valle-Inclán del 25 de junio al 5 de julio. También podrán verse en el mismo espacio los trabajos de Carlota Ferrer y Lucía Miranda (Fortune Cookie y Nora, 1959). El cuarto proyecto, Beautiful Beach, es la coreografía del bailarín Antonio Ruz. “La media de tiempo que se tiene para ensayos antes de un estreno es de 45 días. Nosotros les damos la opción de prolongar sus investigaciones alrededor de 6 meses. Un periodo en el que el director cobra 1.500 euros al mes. Para la producción dispone de 20.000 que distribuye a su criterio.Seguimos moviéndonos en el bajo coste pero son cifras que nada tienen que ver con el panorama off. Lo que buscamos es la profesionalización”. 

La Zona aporta 300.000 euros. Pero su apuesta por el teatro no se queda ahí. También financian (con otros 500.000 euros) el nuevo Teatro de la Ciudad, que comparte filosofía con la LaZonaKubik. La diferencia es el relieve de sus protagonistas. Aquí nos encontramos con tres figuras consagradísimas: Miguel del Arco, Andrés Lima y  Alfredo Sanzol. Sobran las presentaciones. Cada uno de ellos lleva varias semanas enfrascado en un clásico griego (Antígona, Medea y Edipo Rey, respectivamente). Pero no es un esfuerzo artístico individualizado sino colectivo. “La mayor peculiaridad de esta iniciativa es la unión de los tres directores, las tres productoras con las que habitualmente trabajamos cada uno y nuestros colaboradores. Esta mezcla ha impuesto un diálogo constante”, explica Miguel del Arco. El artífice de La función por hacer pondera además otro detalle: “Antes de empezar los ensayos de las tres tragedias hemos celebrado ocho talleres. Comenzar con tanta información es un lujo”. 

Ensayos en streaming

Este tridente estelar converge en La Abadía, que cede sus salas a cambio de parte de la recaudación. Allí, a finales de abril, se presentarán sus adaptaciones cocinadas a fuego lento, en uno de los pocos remansos destinados a la investigación escénica en España. Y también el que han urdido al alimón, Entusiasmo, que, como dice Gonzalo Salazar-Simpson, uno de los responsables de La Zona, “no es un espectáculo al que ir sino un lugar en el que estar y en el que suceden cosas, como en un bar”. 

Salazar-Simpson señala que no se han embarcado en esta aventura para hacer dinero. Al menos no de forma inmediata. “Sabemos que no lo vamos a recuperar. La apuesta se concentra en la creación de públicos. Por eso ambos proyectos son tan abiertos. Los ensayos de LaZonaKubik incluso se retransmitirán en streaming. El objetivo está fijado en el largo plazo. Si todo va bien, los beneficios vendrán más tarde”. La intención es contar con un espacio propio para el Teatro de la Ciudad y que ambos proyectos terminen entrelazándose. 


En esta fase primigenia les sustentan dos entidades públicas (Abadía y CDN). Un apoyo crucial para despegar y para apuntalar una inercia de cooperación. Ernesto Caballero ha abierto el Valle-Inclán para dar visibilidad a los títulos manufacturados en Usera. “Es una unión que ha nacido de forma natural a partir de líneas afines de investigación. Coincidimos plenamente en cuanto a objetivos y filosofía”, explica el director del CDN. De hecho, cuando tomó las riendas de la principal institución teatral del país, Caballero implantó los talleres Rivas Cherif, un refugio para equipos de exploración de potenciales montajes. 


Dentro de esa probeta se han gestado ya varias obras, como las pertenecientes al programa Escritos en la escena, en el que los autores escriben a pie de ensayo los textos (estos días se programa en el María Guerrero La ciudad oscura, de Antonio Rojano). Y otros experimentos están en marcha. José Ramón Fernández estudia hasta qué punto es viable trasladar a las tablas El laberinto mágico, los seis volúmenes que Max Aub dedicó a lo que él mismo llamó la ‘Gran Guerra Civil Española'. Nada menos. 

“Son más de 3.500 páginas que he dejado, con todo mi dolor, en unas 70. Creo que el mejor teatro de Aub está en estas novelas. Es portentoso cómo levanta un personaje en tres o cuatro líneas. Con tres trazos ya lo sientes respirar. Tenía oído musical para plasmar el habla de gentes de muy diversa índole. Es un texto rezumante de vida, que pide a gritos llevarse al escenario”, comenta Fernández a El Cultural, que tiene como principal cómplice en este empeño al propio Caballero (ya formaron tándem en La colmena científica o El café Negrín). Si la cosa cuaja, el monumento narrativo de Aub tendrá un hueco en la programación del CDN las próximas temporadas. Algo que dependerá en gran medida del dictamen del público. Para testar su reacción, los bosquejos dramáticos resultantes del laboratorio se montarán (con atrezo y vestuario reciclados de los fondos del CDN) entre el 10 y el 19 de abril en el Valle-Inclán. 

En esta labor de I+D escénico, casi extinguida en los últimos tiempos, es de justicia mencionar también la perseverancia de la Cuarta Pared. Hace seis años lanzaron sus laboratorios ETC. Cada temporada enriquecen su programación con los frutos de estos focos de fermentación de ideas (acabamos de ver Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, Árbol adentro...). Es un proceso largo, que suele abarcar más de un año. Primero se abre una convocatoria para seleccionar autores. Normalmente, se les marca un área temática: Del yo al nosotros fue el lema de la presente temporada (pretendían detectar cómo influyen las inercias íntimas en las conductas sociales). Luego, a través de otro concurso, se escogen las compañías, que presentan candidaturas a partir de la pieza desarrollada por el dramaturgo. La sala les presta sus espacios y sus técnicos, y remunera a todos los implicados gracias una subvención del Inaem. Aparte de respaldar la escritura y la concreción escénica de las piezas, Cuarta Pared ha dado un nuevo paso para que estos embriones no se malogren. Ahora apoyan su producción con 5.000 euros para cada uno. 


¿Arte o industria?

Javier Yagüe, su director, apunta que son proyectos que no ofrecen retorno económico pero que son absolutamente necesarios para descubrir nuevos lenguajes. “Si no, repetiríamos siempre las misma fórmula. Tenemos muchos talleres que no desembocan montajes cerrados pero vislumbran nuevos caminos. Son como las investigaciones de medicamentos. Muchas no culminan con fármacos curativos pero son escalas previas imprescindibles para alcanzarlos. Nuestra labor es más bien de mecenazgo”. Y sentencia: “La rentabilidad inmediata aboca al teatro a una mecánica industrial. Y no es eso: estamos hablando de arte”. No lo perdamos de vista. 


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Alfredo SanzolAndrés Lima Miguel del Arco son los tres pilares sobre los que se asienta Teatro de la Ciudad, un proyecto que incluye «investigación, reflexión, producción y exhibición», según han explicado en su presentación. Son tres de las figuras descollantes de la escena española actual, y su unión ha generado una notable expectación en el mundo del teatro.
El deseo de los tres directores de hacer algo conjuntamente y el descubrimiento de que a los tres les apetecía poner en pie una tragedia fue el detonante del proyecto, en el que han involucrado a los productores con los que habitualmente trabajan (Joseba GilGonzalo Salazar-Simpson Aitor Tejada) y a sus respectivas «familias escénicas»: actores, escenógrafos, diseñadores de vestuario o músicos que trabajan regularmente con los tres.
Con la mirada puesta en un futuro montaje de tres tragedias grecolatinas -«Antígona», «Medea» y «Edipo»-, el Teatro de la Ciudad arrancó en junio del pasado año con un taller, «Mito y Razón», dedicado a las tres obras y realizado conjuntamente por los tres directores. En él participaron actores como Carmen Machi, Bárbara Lennie, Israel Elejalde, Cristóbal Suárez, Aitana Sánchez-Gijón, Irene Escolar o Lucía Quintana, e intervinieron Mario Gas, Nuria Espert Alberto Conejero, entre otros.
A éste taller han seguido otros dedicados a la dramaturgia y el estudio de los tres personajes centrales. El teatro de La Abadía, que ha acogido estas actividades, será el escenario donde se representarán en abril las tres tragedias: «Antígona», dirigida por Miguel del Arco, y con Carmen Machi Manuela Paso al frente del reparto; «Medea», dirigida por Andrés Lima y protagonizada por el propio director junto a Aitana Sánchez-Gijón; y «Edipo Rey», con dirección de Alfredo Sanzol y un reparto que incluye a Natalia Hernández Juan Antonio Lumbreras, entre otros. Además, habrá otro espectáculo, titulado «Entusiasmo»; un término griego que tiene que ver, según Sanzol, con «la posesión y la creación». No es, explicó Lima, un cuarto montaje, «Es una manera de prolongar la experiencia para el público, hacerles partícipes de la experiencia», dice Lima, que anuncia sorpresas en este «Entusiasmo». 
Los tres directores coinciden en señalar que el trabajo conjunto y el enriquecimiento con las ideas de los demás es lo más interesante para ellos del proyecto: «La dirección es una tarea con muchas inseguridades e incertidumbres, y compartirlas te hace más valiente», dice Miguel del Arco. «La unión hace que superes el miedo», tercia Lima. Miedo y libertad son, precisamente, dos conceptos que tienen que ver con la Revolución francesa, que ha inspirado igualmente el nombre del proyecto, Teatro de la Ciudad.
José Luis Gómez ha acogido en el teatro de La Abadía, que él dirige, el proyecto; allí se han celebrado los talleres y se estrenarán los espectáculos. «Ha sido un golpe de corazón», argumenta, y recuerda que en París, en los años veinte, cuatro directores -Louis Jouvet, Charles Dullin, Gaston Baty y Georges Pitoëff-, alumnos de Jacques Copeau, crearon un proyecto similar, que se conoció como el Cartel de los cuatro. Define a los tres directores como «gente que tiene un instinto reformador», y su manera de entender el trabajo teatral coincide plenamente con el espíritu de La Abadía.
¿Y por qué han escogido la tragedia para echar a andar el proyecto? ¿Creen que es un buen camino de establecer un diáglogo con el público? Dice Alfredo Sanzol que él tenía «el impulso de contar una tragedia. Es importante escribir y dirigir para saber lo que se quiere contar, pero eso se descubre al final». Andrés Lima, por su parte, añade que «el público tiene necesidad y ganas de abrir los ojos y mirar de frente, y el teatro es un espejo en el que mirarse y una forma de reflexionar. «El teatro siempre ha funcionado en tiempos de crisis -añade-; y cuanto mayor es la tragedia, se cuenta de manera más bonita». El público, concluye Lima, necesita belleza, pero también encontrarse con la realidad. Y añade Del Arco: «Los clásicos lo son precisamente porque están en permanente transformación».
Es inevitable en cualquier proyecto teatral referirse al 21 por ciento del IVA cultural, y la presentación de Teatro de la Ciudad no es una excepción. Andrés Lima lo califica de «cuchillada», y José Luis Gómez va más allá cuando se refiere a la situación como un «suicidio cultural». «Unirse -dice- es una manera de resistir». ¿La creación de Teatro de la Ciudad es entonces un acto de resistencia?, se les pregunta. «No -dice Sanzol. Es un acto de movimiento, de alerta, de creación».


TEXTO: MOLIÈRE
VERSIÓN LIBRE y DIRECCIÓN: MIGUEL DEL ARCO
INTÉRPRETES: ISRAEL ELEJALDE, BÁRBARA LENNIE, JOSÉ LUIS MARTÍNEZ, MÍRIAM MONTILLA, MANUELA PASO, RAÚL PRIETO y CRISTÓBAL SUÁREZ
DURACIÓN: ah 45min
PRODUCCIÓN: KAMIKAZE PRODUCCIONES, TEATRO ESPAÑOL DE MADRID y TEATRO CALDERÓN DE VALLADOLID con la colaboración de TEATRO PALACIO VALDÉS DE AVILÉS
TEATRE LLIURE (MONTJUÏC)

Ingeniería perfecta la que se ve, se siente y se escucha en la Sala Puigserver del Lliure de Montjuïc. Habituados como estamos en ver los clásicos, una y otra vez hasta la saciedad, se agradece ver la misma historia en esencia pero desde un punto de vista diferente, visceral e incluso para aquellos que no hayan visto o leído el original puedan alejarse y acercarse a un mundo donde todo no estaba escrito.

Kamikaze Producciones nos dejó muy claro tras La Función por hacer que las historias pueden ser contadas de muchas maneras. Siempre he pensado que tal y como actualmente se nos enseñan los clásicos o los amamos o los odiaremos de por vida. Necesitamos más educadores en lo clásico, como Miguel del Arco, para no alejarnos de ese punto donde no hay retorno.

Dejamos el verso para introducirnos en el lenguaje moderno, no sólo a la hora de hablar sino también en todo el desarrollo de la dramatúrgia y su puesta en escena. Es teatro, pero el uso de recursos cinematográficos están tan bien utilizados que te olvidas si hay pantalla o no. Precisión milimétrica, a pesar de las continuas entradas y salidas. Naturalidad máxima, es ficción pero yo también soy Misántropo, a veces Alcestres, a veces Celimena. 

Israel Elejalde lleva el timón del montaje, suyos son la mayoría de los discursos filosóficos sobre a quien tenemos que venderle el alma para llegar a ser alguien, frase tras frase hiere, lejos de ser un discurso hilvanado de titulares, son balas para que nuestras cabezas y corazones piensen hacía donde vamos. Ellos son políticos en buscar de poder y más poder y de perpetuarse en él, no piensan en nosotros pueblo, que asistimos impávidos a una retahíla de insultos, depreciaciones y demás fechorías que harían saltar de la butaca a cualquiera. 

Pero permanecemos porque queremos más, y aparece una radiante Bárbara Lennie, que entre la inocencia y la maldad nos hechiza con un veneno para el cual difícilmente encontraremos antídoto. Sensual, encantadora, traviesa, malvada, un personaje maravillosamente trabajado que supone el complemento perfecto para las réplicas de Israel Elejalde cuyo Alcestes es simplemente bestial.

Pero considero que el gran protagonista y al que aplaudiría levantada durante lo que mis brazos me concedieran, es Juanjo Llorens, su iluminación es simplemente sublime. Y, aunque a veces no veamos más allá de la dramatúrgia, la dirección y las interpretaciones, en Misántropo, lo que recrean las luces, es una nueva historia, es simplemente entrar en un mundo, del que sabes que no saldrás igual.  

Espero con ansias el próximo montaje de Kamikaze, como una más de sus fans. Y también anhelo que los programadores catalanes sigan deleitándonos con su presencia, sino tendremos que ir a Madrid a hacer el Kamikaze. Mientras tanto sigo de pie, gritando ¡BRAVO!

MISÁNTROPO

by on 17:17
TEXTO: MOLIÈRE VERSIÓN LIBRE y DIRECCIÓN: MIGUEL DEL ARCO INTÉRPRETES: ISRAEL ELEJALDE, BÁRBARA LENNIE, JOSÉ LUIS MARTÍNEZ, MÍRIAM ...


Fuente: Justo Barranco (lavanguardia.com)

Han pasado sólo cinco años y, como él mismo reconoce, parece que haya pasado toda una vida. De hecho, afirma, ha pasado. Miguel del Arco (Madrid, 1965) se presentaba a principios del año 2010 en la sala Villarroel de Barcelona con “La función por hacer”, su personalísima visión del clásico de Pirandello “Seis personajes en busca de autor”. Con ella acababa de dar la sorpresa en Madrid y logró unos buenos resultados en Barcelona, más de crítica que de público. Era una promesa. Con muchas posibilidades, como suelen apuntar los anuncios inmobiliarios. Mañana, cinco años más tarde, Del Arco vuelve por la puerta grande, la más grande, a Barcelona. Ha triunfado con espectáculos como “Juicio a una zorra”, con Carmen Machi; con “Veraneantes”, premio Max a la mejor obra; con “De ratones y hombres”... Y el año pasado arrasó en el Lliure con su versión del clásico de Ibsen “Un enemic del poble”, con actores catalanes y protagonizada por Pere Arquillué. “Un enemic del poble” volverá al Lliure en mayo, pero ahora mismo, desde el martes 25 y hasta el 7 de diciembre Del Arco presenta en el mismo espacio, en el Lliure de Montjuïc, su “Misántropo”, inspirado libremente en la aguda obra de Molière y protagonizado por Israel Elejalde. Su éxito hasta ahora ha sido tal que la compañía acaba de ir de gira por Sudamérica.

Del Arco, convertido ya en uno de los grandes directores españoles, aclara que aunque en este tiempo ha dirigido bastantes más obras, “Misántropo” es la tercera producción propia de la compañía que se formó con “La función por hacer” –además de Del Arco y Elejalde estaban ya los actores Bárbara Lennie, Miriam Montilla, Manuela Paso, Raúl Prieto y Cristóbal Suárez, que repiten ahora-, una compañía a la que sus miembros bautizaron muy apropiadamente como Kamikaze. Su segundo montaje fue el archipremiado “Veraneantes”, con el que, en medio de la crisis, no pudieron llegar a Barcelona porque aunque tenían teatro comprometido no tenían bolos para aguantar la producción hasta las fechas barcelonesas. Y su tercer asalto es un “Misántropo” que, dice del Arco, sin forzar para nada el texto original “con los tiempos que corren, esta obra sobre las verdades, las mentiras, las corrupciones, es dolorosamente actual”. Una obra que define como “una comedia falsa porque tiene un personaje trágico en el interior”.

Del Arco ha realizado una adaptación libre del Misántropo molieresco y lo ha situado en la actualidad, en una fiesta de discoteca. Una fiesta que es casi una de esas galas en las que se recoge dinero por alguna de tantas buenas causas. Sin embargo, de la fiesta apenas se ven sombras reflejadas, porque la acción transcurre en el exterior, “en un callejón donde los personajes salen a beber, fumar y drogarse”. “En mitad de una suciedad infecta esta gente vestida con sus mejores galas, sale esta gente asfixiada por lo que sucede dentro aunque quieren volver porque el que no hace lo que se supone que debe queda aislado como Alcestes, el misántropo de la obra”, señala. Un hombre que, dice Del Arco, “dice la verdad sí o sí pase lo que pase”, “el que dice hasta aquí hemos llegado y no acepta el juego callado que al final nos va adocenando”, un personaje que “que representa la capacidad del ser humano para mejorar, que cree que tenemos que comportarnos y relacionarnos de otra manera, desde la verdad, desde la honestidad, y que se convierte en misántropo al final de la obra cuando se cansa de seguir luchando y viviendo con unos hombres que son lobos para los hombres”.

Un Alcestes que, señala Elejalde, “es un personaje contradictorio, pero es el ser humano en su máxima dimensión de pureza y dignidad”. “Con él –prosigue-, la representación funciona como un espejo. El público se pregunta cuan lejos está de ese ser y cuan cerca está de los otros. Es un personaje casi alegórico que choca con la podredumbre moral a la que nos hemos acostumbrado, pero es contradictorio porque se enamora de la persona que representa todo lo contrario de lo que él intenta en la vida y eso le provoca un dolor inmenso”.

Un dolor que, dice, Del Arco, es el que le ha hecho sentirse identificado con él, con un hombre que realiza “una búsqueda incesante de la verdad que lo convierte en un héroe”. Un personaje alegórico, reconoce, “porque nadie tiene los santos cojones de decir lo que dice él, todos estamos pactando continuamente con los que tenemos alrededor, hacen cosas que no nos gustan y no vas a decirles inmediatamente lo que piensas de ellos”. Para Elejalde “no es un personaje que sienta superioridad moral hacia los demás sino hipersensibilidad por todo lo que ocurre y que además es incapaz de pactar. La gente que lo ve piensa que no puede ser como él pero que le encantaría tenerlo al lado cuando tiene un problema con su jefe”.

Para alguna gente, concluye el actor, “somos corruptos, deshonestos, tenemos envidias, así que lo mejor es pactar; para Alcestes hay que luchar por ser mejores y al final se da cuenta de que para no volverse un psicópata lo mejor es alejarse del mundo”. Para Del Arco, “Alcestes es a veces un poco talibán, muy bestia, pero hay momentos, como los que vive él, que se necesita ser radical, y hoy estamos, creo, en un momento bastante parecido”.

Fuente: Rocío García (elpais.com)
"Vamos ya a dotar a todo esto con una emoción. Ahora vamos a trabajar con el miedo”. Andrés Lima se dirige a un grupo de actores, unos quince, todos juntos en el centro del escenario, y va preguntando a los reunidos por sus recuerdos personales en torno a situaciones de miedo. “Recordad con detalle e imitad el sonido de aquello que vivisteis, lo que sentisteis, lo que hicisteis realmente, que todo lo que aquí hagáis responda honestamente a vuestro terror”, les anima el dramaturgo, mientras les incita también a concentrarse y, al mismo tiempo, a ser permeables. Y a la voz de Lima, ese grupo, compacto a modo de coro griego, va expresando individualmente sus lamentos y sus lloros, sus gritos o su parálisis aterradora. El ejercicio apenas dura un minuto, pero la sensación de angustia colectiva y coral es tan seca y brutal que el público, oyentes ajenos al teatro allí presentes, lo cierra con un aplauso que tiene mucho de liberador.
Las mañanas de la sala José Luis Alonso del Teatro de La Abadía de Madrid se han convertido por unos días este mes en el escenario de una nueva experiencia teatral liderada por tres sólidos dramaturgos, Miguel del Arco, Andrés Lima y Alfredo Sanzol, que responde al nombre de Teatro de la Ciudad. Una iniciativa insólita, con talleres de estudio y trabajo, que busca una diferente manera de acercarse al teatro y al público, jugando juntos, investigando, colaborando y compartiendo reflexiones y modos de afrontar cada una de las obras. El Teatro de la Ciudad nace con el objetivo de unir fuerzas a través de diversos talleres de investigación que se irán desarrollando a lo largo del año para montar espectáculos diferentes pero con vocación de diálogo que compartirán visión, producción, espacios escénicos y, por encima de todo —dicen sus responsables— entusiasmo. Las obras que de aquí salgan se estrenarán en el Teatro de la Abadía, ese lugar magnético siempre atento a las más rompedoras propuestas. Cada uno de los directores ha invitado a participar en esta experiencia a actores de sus compañías y a otros más. Carmen Machi, Bárbara Lennie, Israel Elejalde, Aitana Sánchez Gijón, Lucía Quintana, Irene Escolar, Luis Bermejo, Raúl Prieto, Miriam Montilla son solo algunos de los que en esta ocasión van a poner en común sus dotes artísticas y sus reflexiones para compartir experiencias vitales y maneras de trabajar.
Y qué mejor elección que empezar con la tragedia griega, el origen del teatro tal y como lo concebimos hoy. MedeaAntígona y Edipo, dirigidas respectivamente por Andrés Lima, Miguel del Arco y Alfredo Salzón, son las tres obras elegidas para el estreno de este Teatro de la Ciudad y que se representarán la misma semana, en días consecutivos, y en el mismo escenario la próxima temporada en La Abadía. Una fiesta ciudadana y colectiva a la imagen de las que se vivían en la Atenas de hace 2.500 años para empaparse de este teatro que José Luis Gómez, benefactor de esta iniciativa, define como de “ideas y poético, de la palabra y el lenguaje”. Una ocasión también para entrar en la vida de héroes y de mitos, de ciudadanos, de muertes y venganzas, de amores e inmortalidad. En definitiva, como señala Carlos García Gual, ponente en una de las jornadas de este primer taller en torno al coro griego, de la condición humana.
Ese coro griego que esa mañana han formado el grupo de actores, después de asistir, muchos de ellos bolígrafo y papel en mano, a la ponencia de García Gual, filólogo y traductor, y que contó también con la participación del actor y director Mario Gas y de José Luis Gómez, académico y responsable de La Abadía, además de una treintena de oyentes anónimos. “El coro griego era la voz de los ciudadanos medios frente a los héroes y refleja la emoción ante lo que va sucediendo en la escena y marca las impresiones que puede ir teniendo el público. Es el intermediario sentimental”. La explicación de García Gual golpea en las emociones posteriores de los actores, ya en ropa cómoda y descalzos, que investigan sobre los mecanismos del coro, a las órdenes de los tres directores que se van turnando en los ejercicios propuestos por cada uno e interrumpiendo y aportando miradas diferentes de abordar el trabajo.
Después de un calentamiento corporal y emocional en un corro en el que los actores van buscándose con la mirada y, a una leve señal con la cabeza o los ojos, cambian de sitio y de ritmos, despacio, deprisa, corriendo, a cámara lenta, con la música de Dos gardenias para ti de fondo, Miguel del Arco toma el relevo a Lima y propone un ejercicio de sonidos y de respiración, todos en bloque y al unísono en una misma dirección, imitando el movimiento de las bandadas de los estorninos. “Hay que sentir, no hay que pensar mucho”, apunta Lima. “Hay que escuchar desde el primer momento, esto tiene que ser una decisión conjunta”, añade Del Arco. Por su parte Sanzol plantea un juego en torno a generar textos para la que propone tres momentos y tres reacciones a lo largo de una historia. Los intérpretes deben de crear frases como colectivo para expresar la alegría, la incertidumbre y, finalmente, la conmoción y el lamento. Las palabras elegidas, acompasadas también con el movimiento de los estorninos, van surgiendo feroces de las voces de esta quincena de actores, mientras los directores observan concentrados e intervienen de manera muy natural en los ejercicios de sus compañeros. “Este experimento sirve para buscar los mecanismos para apropiarse de un texto que no es nuestro y comprobar que las dificultades no las genera el texto, sino que somos nosotros los que tenemos que darle vida como colectivo pero sin perder la individualidad”, explica Sanzol.
Toda una manera diferente de compartir visiones y trabajo desde dentro y hacia fuera, hacia el público. Esa es la pretensión presente y futura del Teatro de la Ciudad. “Somos de la misma generación. Aunque somos muy diferentes en la manera de abordar el trabajo nos unifican muchas cosas, como la mirada contemporánea, la necesidad de hablar de gente de aquí y de ahora, además de esa manera de aglutinar gente a nuestro alrededor y hacer compañía. Es una forma de enfrentarnos a la soledad, de compartir e intercambiar ideas, empaparnos de nuestros colegas en vivo y en directo”, explica Del Arco, al frente esta temporada de Misántropo, de Molière, uno de los éxitos teatrales en el Español. Coinciden los tres en que esta iniciativa tendrá muy en cuenta al público, a semejanza del teatro en Atenas, y así completar la experiencia con los espectadores y hacer de ello un acontecimiento ciudadano y colectivo. “Un acto de fratenidad”, apunta Lima, cuyo espectáculo Los Mácbez ha estado en el María Guerrero de Madrid. “Para conseguirlo, debemos dotarnos de un marco y empezar a pensar en esa forma de compartir, reproducir, agrandar y llevarlo al público”, añade Del Arco.
Sanzol, cuya última obra Aventura! se ha representado en el mes de mayo en los Teatros del Canal, recuerda a Sanchís Sinisterra para proclamar la atemporalidad del teatro. “Él dice que comienza a pensar que en el teatro no hay ni pasado, ni presente, ni futuro, que solo hay un presente contínuo en el que resultan vivas historias que se vienen contando desde hace 2.000 años, que las seguimos escuchando como si estuvieran escritas hoy. Por eso creo que la misión del teatro es la de romper el tiempo, la de romper con la falsa idea del progreso que solo se refiere al científico. Hay un progreso que es humano, existencial y vivencial del que se ocupa el teatro”, dice Sanzol.
En este baño colectivo ninguno de los tres tiene miedo a perder su propia personalidad a la hora de enfrentarse a las obras. “Es más necesario que nunca bañarse juntos, volver al ágora. Lejos de quitarnos personalidad nos va a fijar más la nuestra”,explica Lima, mientras Sanzol apunta en la misma idea. “Estar con ellos dos me enriquece mi carácter de artista, mi personalidad creativa. Lo que hacen conmigo es expandilrla. Yo llego hasta un lugar y luego Andrés o Miguel lo recogen y siguen por otro lado”. Un baño que para Irene Escolar tiene mucho de generosidad, lujo e idilio. “Ójala siempre se pudiera trabajar así, llegando al fondo de los temas, compartiendo maneras diferentes de afrontar el trabajo, aportando cosas. Da igual de dónde vengas y qué carrera tengas, ahí somos todos iguales, investigando y reflexionando sobre el objetivo último del teatro que es el de ser un teatro para el pueblo”
Todo en una casa común en la que se ha convertido La Abadia, ese lugar soñado por tener un espacio donde explorar juntos. En el descanso del taller, en el pequeño patio del teatro, coinciden Irene Escolar, comiendo un plátano, Carmen Machi, con su botella de agua, mientras Aitana Sánchez Gijón se ha quedado en el interior haciendo estiramientos. Sentado en un banco, José Luis Gómez, con una taza de café, rechaza el calificativo de “benefactor” con el que le han obsequiado los directores. “Les ofrecí esta casa porque aquí también trabajamos así desde hace 20 años. No puedo estar de espaldas al impulso reformador que bebe de las mismas fuentes de La Abadía, con esa voluntad de unir sinergias en un proyecto tan extraordinario. En La Abadía hemos hecho talleres monotemáticos, pero esta experiencia colectiva sobre el estudio e investigación de la tragedia griega es una iniciativa insólita”. No oculta su entusiasmo, al igual que el resto de los participantes, Nuria Espert incluida, que aportó su experiencia en el teatro griego. Un entusiasmo semejante al que Dionisos, el dios del teatro, hizo entrar en éxtasis a sus adoradores y adoradoras para apoderarse de ellos y hacerles partícipes de su divinidad.

Tres obras, tres miradas

Antígona

Antígona se enfrenta a los dictados políticos del rey de Tebas, su tío Creonte, anteponiendo lo que cree su deber familiar. La obra de Sófocles es la elegida por Miguel del Arco. “Todo viene de la necesidad de buscar la verdad, de ver cual es el posicionamiento del individuo frente a la sociedad. Antígona está convencida de lo que hace y Creonte decide, en el desarrollo del poder, lo que cree es mejor para la ciudad, caiga quien caiga. La obra bien podría titularse Creonte, porque éste tiene mayor protagonismo en extensión y desarrollo.

Medea

Uno de los grandes personajes de la literatura, Medea, de Eurípides, fue una mujer que desquiciada por los celos y la amargura mató a sus hijos. A Andrés Lima le inquieta desde hace tiempo ese crimen, “ el más atroz que uno puede imaginar”. “Medea nos mete directamente, tanto a los hombres como a las mujeres, en nuestro lado más osucro. El valor del teatro tiene directa relación con las preguntas que plantea esta obra. A mí me gustaría enfrentarme a estas preguntas para intentar aprender de ellas”.

Edipo

Es, según Aristóteles, la tragedia más perfecta, aquella que narra como Edipo mató a su padre y se casó con su madre sin saberlo. Ninguna tragedia suscitó tanta compasión y tanto terror. La relación de Alfredo Sanzol con esta obra de Sófocles es muy fuerte. “Me impresiona mucho la historia de un hombre que descubre que toda su vida está construida sobre una mentira e ir viendo como va descubriendo su verdadera identidad. De siempre ha sido una historia que me ha atrapado”.

Fuente: Rocío García (elpais.com)
Ese verano hacía un tórrido calor en Madrid. En la calle de San Roque, a dos pasos de la tumultuosa Gran Vía, en una pequeña sala de ensayos, un grupo de seis actores con un director y un productor a la cabeza daban vida a un texto complicado y muy filosófico, enredado. Todos se habían quedado sin vacaciones por su culpa. No había dinero, ni presupuesto, ni teatros donde poder estrenar. No había ningún padrino detrás. A los actores no les dieron ninguna esperanza. Miguel del Arco y Aitor Tejada, también intérpretes, guionistas y socios de Kamikaze Producciones, solo les garantizaron el pago por ensayar La función por hacer, una obra basada enSeis personajes en busca de un autor, de Luigi Pirandello.
A Raúl Prieto (Valencia, 1976), uno de los intérpretes, le pillaron relajado en un chiringuito de la playa en Denia, donde pretendía tirarse a la bartola después de un duro invierno de trabajo. Miriam Montilla, entre cuyos trabajos más conocidos figuran La Caja 507 o Héctor, no atravesaba su mejor momento. Estaba arrasada, confiesa, y no se encontraba con fuerzas para acometer ese personaje tan dramático que le ofrecía su amigo Miguel del Arco. Menos mal que los cientos de mensajes insistentes que le dejó Miguel en el contestador surtieron efecto. “Le agradeceré toda la vida lo pesado que fue”, reconoce hoy la actriz. Bárbara Lennie (nominada en 2005 al Goya como mejor actriz revelación por Obaba) no conocía al director que le llamó por teléfono para ofrecerle el papel de esa mujer visceral que descorcha las pasiones. Fue en una terraza de la plaza de Santa Ana donde Bárbara dio el sí definitivo. A Manuela Paso (Madrid, 1969) le convenció la carga dramática de las palabras escritas por Del Arco, aunque dudó por ese papel de madre con tan pocas frases que le habían asignado. La explicación del director –“hacer vivir a un personaje que parece que no está es más complicado”– fue definitiva. Por su parte Israel Elejalde, conocido para el gran público por sus papeles en series de televisión como Amar en tiempos revueltos, Toledo o Herederos, y Cristóbal Suárez (El comisarioAmar en tiempos revueltos) estaban en el proyecto desde sus inicios.
Y ahí estaban esos seis actores creando, en el verano de 2009, una de las obras teatrales más impactantes de los últimos años en España. La función por hacer fue el inicio de una aventura y un viaje colectivo que no ha terminado. Supuso el germen de una compañía estable de teatro, algo casi inimaginable en estos tiempos inestables. La formación de una familia de cómicos que con su talento y su trabajo recorren pueblos y ciudades. Como decía el cómico de los cómicos, Fernando Fernán-Gómez, en El viaje a ninguna parte. “Porque nosotros, los cómicos, ya se sabe, siempre de acá para allá”. Picados por ese veneno del teatro. “Lo tiene, ¿sabes? Un no sé qué, un misterio. Hay gente que dice: voy a probar, un año, dos, y si me va mal, me dedico a otra cosa. Y luego no lo puede dejar”, escribía Fernán-Gómez. Y ese veneno, arrastrado por el éxito, lleva a esta nueva familia de cómicos a viajar en estos días a Colombia. Allí presentarán La función por hacer en el prestigioso Festival Internacional de Teatro de Bogotá, primera parada de una gira internacional. A continuación, a finales de este mes, estrenarán por todo lo alto en el Teatro Español de Madrid su tercer trabajo como compañía, Misántropo, basado libremente en el texto de Molière.

Lo que se vivió en esas cuatro paredes de la calle de San Roque, unos 80 metros cuadrados a pie de calle y sin luz exterior, un lugar con sensación de intimidad, fue, todos lo dicen, vertiginoso. “Se lio desde el primer día”, cuenta Miguel del Arco. “Aquel texto tan complicado sobre el papel se hacía grande en la boca de esos actores. Nació una química especial cuando empezaron a jugar juntos”, añade el director. Era un texto, ni cómodo ni fácil, que ya habían intentado mover hacía cuatro años y fue un fracaso. Ni siquiera les recibían para poder entregar en mano aquel puñado de folios. Así que se decidieron a montarlo solos, siguiendo ese pálpito del que habla Aitor Tejada, el que hace las veces de productor de la compañía. “Por unas causas u otras, atravesábamos unos momentos de cierta frustración y pensamos que ese verano era el idóneo para lanzarnos a la piscina”, explica Israel Elejalde, gran amigo de Miguel del Arco.
No solo era confianza en el texto y el director. También una cierta desazón con las formas de trabajar. “Tenía ganas de ser dueño de mi trabajo, de tener una relación directa y sin escalafones con mi director y mis compañeros”, añade Elejalde, quien no duda en calificar como uno de los momentos más emocionantes de su vida lo que se fue encontrando ese caluroso verano en aquel local con las ventanas forradas. “Todos pusimos mucho de nosotros. Sin saber realmente adónde íbamos, ya desde el principio todos tuvimos la sensación, que he tenido pocas veces en esta profesión, de que estábamos haciendo algo bueno. Cuando acabábamos los ensayos, nos mirábamos y sabíamos que aquello funcionaba, que no estábamos locos”, dice Elejalde.
“Fue todo muy mágico, unos nos conocíamos y otros no, pero se creó un ambiente de trabajo en el que todos teníamos ganas de hacer eso bien. El tiempo que quedábamos íbamos a muerte”, dice Montilla. Raúl Prieto por supuesto que no se arrepintió de tener que prescindir de sus vacaciones ese verano, aunque lo que estuvieran ensayando no tuviera futuro. “Fue toda una aventura en el vacío. Desde luego, en ningún momento podía prever lo que pasó después. Miguel siempre nos decía: ‘Lo mismo solo hacemos dos funciones en esta misma sala de ensayo y luego nos tomamos unas cañas y tan amigos’. ¡Anda que no nos hemos tomado cañas desde entonces!”.

Decidieron organizar tres funciones al público, en la misma sala de San Roque, y aquello fue la debacle. Amigos tenían muchos, pero les costó que se acercaran programadores y profesionales del teatro. Lo recuerda bien Ayanta Barilli, entonces directora artística del Teatro Lara de Madrid y hoy una de las socias de la entidad. “Me lo van a birlar”, fue el primer temor de Barilli nada más acabar esos 90 minutos de teatro en estado puro, con unos intérpretes vestidos con sus propios ropajes, que se movían entre el público, que tropezaban con él. “Me di cuenta de que estaba ante una experiencia litúrgica que es la sensación que te ofrece el teatro de calidad”. Fue tan emocionante que literalmente se tiró en plancha hacia Miguel del Arco para ofrecerle el recién inaugurado espacio off del Teatro Lara.
Y así llegó el gran estreno, el 4 de diciembre de 2009. La que se montó en el Lara en las noches de los fines de semana, muchas de ellas bajo fuertes nevadas, todavía lo recuerdan en los bares de la zona. Las colas nocturnas eran eternas y de las 60 sillas de tijera habilitadas en el hall del teatro se pasó a las 100 localidades, gracias a sillas o butacas pedidas a los locales de ocio de la calle y al empeño de los espectadores de ver la obra, ya fuera de pie o en el suelo.
El reconocimiento de la profesión llegó pocos meses después, con siete Premios Max, entre ellos al mejor espectáculo de teatro, director e interpretaciones de reparto para Raúl Prieto y Manuela Paso. Pero ese sueño no hizo más que empezar. A continuación llegó Veraneantes, un montaje realizado a partir de la obra de Gorki que se estrenó en el teatro de La Abadía. Han pasado poco más de cuatro años desde el milagro de La función por hacer y ya se puede decir que la compañía Kamikaze se ha convertido en familia, una familia de cómicos en carretera. También un ejemplo y una referencia para muchos, una manera de trabajar diferente, un viaje artístico colectivo que ha dado sus frutos. Un lugar medianamente estable, donde poder explorar límites, en el que los actores –“todo tiene que girar en torno al ejercicio del actor, todo es prescindible excepto su trabajo, son los que se desnudan en el escenario, los que dan la cara para explorar una serie de emociones, cuando los demás estamos un paso atrás, en un cuarto oscuro, en un lugar más preservado”, defiende Del Arco– salen a sorprender, a escuchar al compañero para alimentar la energía común, a buscar y ofrecer al público el mayor compromiso emocional.
Entre mis sueños estaba tener una compañía de repertorio, moderna, que pudiera investigar y trabajar con una cierta perspectiva, dice Miguel del Arco
Se han reunido hoy para la sesión de fotos, en un estudio de un popular barrio de Madrid. Es un encuentro de amigos. En esta ocasión, les acompaña un colega de siempre que se estrena como actor con el grupo en Misántropo, José Luis Martínez. Miriam Montilla abraza amorosa a Bárbara Lennie, mientras Manuela Paso, sonriente, se prueba una blusa de lunares algo transparente. “Estar en este momento dulce que tenemos por expectativas y expectación ante nuestros trabajos no me lo imaginaba para nada. Sí que entraba en mis sueños tener una compañía de repertorio, moderna, que pudiera investigar y trabajar con una cierta perspectiva”, dice Del Arco.
La evolución ha sido extraordinaria, con respecto a su próximo montaje,Misántropo, que se estrena en el Teatro Español el 23 de abril. “Ojalá pueda decirlo muchas veces más a lo largo de mi carrera. Hasta ahora, Misántropoha sido el proceso creativo más fabuloso que he vivido porque ya contaba con la complicidad de base, la compañía está absolutamente armada y hemos implicado a todo el equipo que nos ha acompañado desde La función por hacer como nunca antes habíamos hecho”, señala su director, al que le aburre la soledad de la escritura. El montaje de Misántropo ha sido todo un taller de investigación, lecturas, conocimiento y eternas discusiones, en el que no han faltado tareas y juegos. Un grupo trabajando todos en la misma dirección, advierte Raúl Prieto, en el que nadie destaca por encima de otro, en el que la escenografía o las luces o el vestuario son tan importantes como cualquier otro componente de la compañía.
Antes de encerrarse en la escritura, Del Arco convocó a actores, técnicos y creativos en torno a este clásico de Molière (estrenado en junio de 1666), a ese personaje complejo y dolorido que desprecia al género humano y que responde al nombre de Alcestes. Todos se leyeron no solo la propia obra de Molière, sino las dos recomendaciones del director: Discurso y verdad en la antigua Grecia, del filósofo francés Michel Foucault, un tratado sobre la moralidad y sinceridad de los sabios aun a riesgo de su vida o de su soledad, y la biografía del dramaturgo francés, escrita por el soviético Mijaíl Bulgákov, Vida del señor Molière. En esas reuniones previas no se habló de los papeles, los actores no sabían a quién iban a interpretar, todos tenían que entrar en el corazón de todos, desde el propio Alcestes, ese ser complejo y contradictorio, reñido con el mundo, a la bella Celimena, ambiciosa y seductora, o a ese amigo sincero, aunque algo hipócrita, de nombre Filinto. También a Oronte, exitoso y sin escrúpulos, en la rígida y calculadora Arsinoé, a la culta y reflexiva Elianta o al despreciable y corrupto político Clitandro.
Incluso se planteó un juego en el que cada uno tenía que defender o criticar ciertas ideas de la función, escuchar los matices de los compañeros, las dudas y los ruidos que generaba el Misántropo. Con todo ese material, Miguel del Arco se fue a escribir su versión y a colocar a los intérpretes con cada personaje. “Nunca nos habíamos implicado tanto”, explica Miriam Montilla (finalmente Elianta). “Esa cantidad de información que te llevas a tu casa se va posando poco a poco y cuando te pones de pie y subes al escenario tienes incorporado no solo a tu personaje, sino toda la función, también el concepto espacial”, añade Montilla. “En el caso de Misántropo,todo un clásico teatral, reflexionamos y discutimos mucho sobre los lazos con la realidad actual. No llevamos pelucas, pero hablamos con las palabras de Molière al público de nuestro tiempo”, explica Elejalde (Alcestes). “Fue muy interesante porque antes de saber qué papel ibas a interpretar te veías obligado a ponerte en la piel de todos y te dabas cuenta de que ninguno es bueno o malo, que todos tienen sus motivos para hacer lo que hacen”, asegura Raúl Prieto (Filinto).
Eso sí, sueños los justos, que no están las cosas para muchas alegrías. Y en eso está siempre vigilante Aitor Tejada. Hasta para calcular el volumen del escenario y que pueda caber en una furgoneta, no sea que les vaya a pasar como en Veraneantes, un éxito que no pudieron girar por el tamaño de la escenografía. “La diferencia entre una furgoneta y un tráiler de seis metros es que te cargas o no la gira”, reconoce Del Arco y advierte de que, a pesar de estar bien colocados en la industria, todavía siguen trabajando muy en precario. “Este Gobierno no hace más que poner palos en las ruedas de los espectáculos culturales, y el 21% del IVA es solo uno de ellos. No hay una conciencia clara de lo que tiene que ser la cultura. Es posible vivir de esto, pero con un esfuerzo tremendo. Por ejemplo, en el mes de febrero no hemos tenido ni un bolo y sin bolos el teatro muere, y eso que nosotros estamos ahora colocados en lo más alto”, añade Del Arco, mientras Tejada apunta: “Las giras son las que dan a una compañía la estabilidad necesaria para continuar”.
Yo quería trabajar así, desarrollarme artísticamente en grupo. Esta compañía es ese lugar seguro para estar inseguro, cuenta Bárbara Lennie
Se ponen en carretera como los cómicos de antaño, sin olvidar esa palabra. Cómicos, que, según proclamó José Luis Gómez en su reciente discurso de entrada en la Real Academia Española, “incluye la conciencia de la precariedad y el desamparo como el disimulado orgullo, consciente o no, de su función pública”.
Bien lo sabe Cristóbal Suárez (Oronte, en Misántropo) que vivió sus inicios de carrera con una sensación de culpabilidad. “Siempre he tenido maestros importantes, he trabajado con gente muy potente a la que he reverenciado, pero con esta compañía se ha creado algo que para mí es nuevo. Aquí no hay una pirámide, sino que todo es circular. Todo se pone en común para crear juntos”, asegura.
Han sido tiempos bonitos, ha habido niños, rupturas, parejas…, “mil millones de cosas que hemos ido viviendo de alguna manera juntos”, reflexiona Bárbara Lennie (Celimena), que recuerda ahora las palabras que Peter Brook plasmó en su autobiografía Hilos de tiempo, en la que el director de escena británico hablaba de la importancia y la excelencia del trabajo en una compañía. “Me daba envidia, yo quería trabajar así, desarrollarme artísticamente en grupo. Lo hemos conseguido. Siento que he encontrado ese grupo. No sé dónde irá, ni si lo mantendremos y de qué manera, pero los años que ya hemos vivido han sido de mucho crecimiento, de muchos descubrimientos. Pertenecer a esta compañía me ofrece ese lugar seguro para estar inseguro. Uno puede entrar ahí y estar perdido, y buscar cosas que a priori no encuentras, pero vas de la mano de una gente de la que te fías y a la que puedes entregarte. Esto en este oficio es muy difícil porque a veces está uno muy solo. El grupo te da calor y seguridad para afrontar los miedos colectivos”.
Es algo más que un viaje artístico y económico, es una manera de ver la vida, el teatro, el arte, de relacionarse con el mundo, una forma de organizar tus huecos, tu tiempo, tu trabajo. Israel Elejalde, hombre ya poderoso en la escena teatral, defiende que cuando uno pertenece a una compañía eres dueño de tu profesión, “un trabajo en el que casi nunca uno es dueño de nada”. Por eso, este intérprete siempre busca la mirada de sus compañeros. “El teatro es un arte colectivo y solo funciona bien cuando el grupo lo hace. Un protagonista no existe sin la mirada del resto de los personajes. Es muy difícil que un protagonista esté bien si alrededor no hay una serie de gente que esté a la altura y sepa transmitir al público la envergadura de ese personaje. Cuando un grupo funciona bien es cuando el espectador se olvida de que está viendo teatro. Las quiebras aparecen cuando uno empieza a ver que se lo sabe todo, que no hay riesgo, ni grietas, ni vértigo. Nunca nos relajamos, no nos lo permitimos. El día que empiece a pasar nos disolveremos”.
De momento, esto parece lejano. Y si no, que se lo pregunten a José Luis Martínez (Clitandro), que se incorpora por primera vez en Misántropo al equipo actoral, en el que ha encontrado ese espacio de libertad tan ansiado en el campo del arte. “Aquí no se cuestiona nada más que tu capacidad de creación. Nos conocemos bien y respetamos nuestros espacios vitales, nos vamos acoplando, queriéndonos, sin alharacas, admirándonos mutuamente”.
Manuela Paso (Arsinoé) no se cansa de repetir que la clave del éxito de este grupo es la “inteligencia emocional”. “La incomodidad no te permite dar lo mejor de ti, ni entregarte, ni comunicarte con el colega. Somos todos responsables de lo que ocurra en la compañía, cada uno de sí mismo y de los otros”.
La sesión de fotos ha terminado y la familia se despide. Cada uno es distinto. Miguel del Arco lo sabe y lo que más le emociona es el esfuerzo diario que hacen para encajar dentro del grupo. “Esto es muy bonito. Es como queremos hacer nosotros teatro en una profesión que nos apasiona. ¿Quién es el idiota que puede romper esto?”. Parece que nadie.

Familia de cómicos

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