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Font: Laura Serra (ara.cat) | Foto: R. Marigot
A l’encíclica de Lluís Pasqual que obre el programa de la temporada 2015/16 hi ha la clau per entendre’n els continguts. D’una banda, celebra que “una part del poder hagi tornat a les mans de l’esquerra”, i especifica: “Una esquerra més humanista”. I, de l’altra, diu que després de quatre temporades “d’economia de guerra” té la sensació d’haver tocat sostre en activitat (526 funcions). Ara toca gratar cap a la profunditat. “Ha arribat el moment de pensar”, acaba dient. I d’aquí les 32 obres escollides, que aborden el poder, les ideologies i les identitats. En el seu 40è aniversari el Lliure es posa seriós i obre un nou espai anomenat Mirador per reflexionar tant amb el públic com amb els professionals. Aquí se seleccionarà la nova Kompanyia jove i se’ls farà un training. Aquestes són 5 claus de l’any que ve. 
La Sardà i les dones fortes
Les grans actrius tindran gran protagonisme. Obren temporada Rosa Maria Sardà i Míriam Iscla amb dos monòlegs de l’autor italià Stefano Massini: una se n’anirà a la franja de Gaza i l’altra encarnarà la periodista assassinada Anna Politkóvskaia. Hi haurà dos monòlegs més amb veu femenina: Laia Marull interpretarà una dona obsessionada amb La llista -producció de La Brutal, text canadenc dirigit per una actriu canadenca, Allegra Fulton- i Marc Martínez dirigirà la superwomanquotidiana Clara Segura a Conillet, de la barcelonina Marta Galán. 
Madrid, els reis i la nova política
“Ha existit sempre un diàleg d’anada i tornada”, deia Pasqual sobre el fet que sis espectacles del cartell siguin produccions madrilenyes. Les escollides sorgeixen de projectes singulars: un és el Teatro de la Ciudad, en el qual tres dramaturgs de moda (Alfredo Sanzol, Andrés Lima i Miguel del Arco) revisiten amb ulls contemporanis textos clàssics - Edipo ReyMedea i Antígona, i aquí també amb protagonistes femenines potents com Aitana Sánchez-Gijón i Carmen Machi-, i l’altre ve de l’alternatiu, crític i cooperatiu Teatro de Barrio i és El rey, l’esventrament de la figura de Joan Carles I a càrrec dels ex-Animalario. A més, també hi haurà El alcalde de Zalamea de la Compañía Nacional de Teatro Clásico i l’ Invernadero de Harold Pinter dirigit per Mario Gas. 
‘Hamlet’ i els clàssics
Les tragèdies clàssiques, però, tindran el seu cim en el Hamletshakespearià que protagonitzarà Pol López i dirigirà Pau Carrió -tàndem guanyador del Victòria d’Enric V estrenat el 2014- amb Eduard Farelo, Rosa Renom, Xicu Masó i Maria Rodríguez. Sergi Belbel dirigirà Maria Estuard, la batalla de reines de Von Schiller que protagonitzaran Míriam Alamany i Sílvia Bel. També hi haurà la relectura contemporània a càrrec de Marc Montserrat de Relato de un náufrago basada en l’obra de García Márquez que el va obligar a exiliar-se. 
De Filippo i els contemporanis
Lluís Pasqual aportarà la dosi d’humor imprescindible per oxigenar la temporada amb el díptic A teatro con Eduardo, d’Eduardo De Filippo, i un repartiment extraordinari (Jordi Bosch, Boris Ruiz, Ramon Madaula, Mercè Sampietro, etc.). Oferirà una mirada còmica sobre el teatre -cridada a ser Els feréstecs del 2016- que es complementarà amb Premis i càstigs, obra de l’argentí Ciro Zorzoli creada amb una companyia T de Teatre ampliada. 
Si bé la hibernació de la Kompanyia jove durant un any farà pujar la mitjana d’edat dels repartiments, la dramatúrgia contemporània serà majoritària. Josep M. Flotats tornarà al Lliure de Gràcia amb Ser-ho o no (per acabar amb la qüestió jueva),teatre polític en clau de comèdia de Jean-Claude Grumberg. En veu baixa,d’Owen McCafferty, abordarà la vida després de deixar les armes, arran del cas nord-irlandès. I L’inframón,de Jennifer Haley, es qüestionarà la moral en l’era digital a partir d’un Andreu Benito pederasta.
També hi haurà dos muntatges internacionals: el monòleg 887, de Robert Lepage, i La parola canta, dels germans Servillo. D’autors catalans, a més de Galán, es veuran dos finals de trilogies: la família de Vilafranca de Jordi Casanovas (vist ja en gira) i la família de Sota la ciutat de la companyia Arcàdia. 
Lear, èxits i reposicions
Tres espectacles que han fregat el 100% d’ocupació aquesta temporada tornaran la vinent: El rei Lear amb Núria Espert, l’aquelarre de pallassos Rhum i El curiós incident del gos a mitjanit, que salta de Gràcia a Montjuïc. El Teatre Lliure ha tornat a fer un nou rècord: preveu arribar als 110.000 espectadors (1.500 més que un 2013/14 “de miracle”) i obté un 81% d’ocupació mitjana.

Fuente: Rocío García (elpais.com) | Fotos: Gorka Lejarcegi
El Teatro de La Abadía de Madrid será en unos días el ágora, esa plaza pública de la antigua Grecia, ese lugar de reunión y discusión, las asambleas que concitaban a ciudadanos de toda clase y condición. Será una ágora en torno a la tragedia griega, al origen del teatro, con la representación de tres obras míticas y universales —Antígona, Medea y Edipo Rey—, que llegarán al escenario de La Abadía a partir del próximo martes día 21 bajo la dirección de tres grandes de la dramaturgia española, Miguel del ArcoAndrés Lima y Alfredo Sanzol. Será una ocasión para entrar en la esencia de la condición humana, a través de la vida de héroes y de mitos, de muertes y venganzas, de amores e inmortalidad, de celos. Nace así el Teatro de la Ciudad, uno de los proyectos más ambiciosos y novedosos en el panorama teatral español, con el objetivo de aunar esfuerzos de creación colectiva y generar un espacio físico y humano que sirva de investigación, producción y exhibición de las obras que se vayan poniendo en marcha.
El Teatro de la Ciudad, impulsado por Del Arco, Lima y Sanzol como una gran fiesta ciudadana y colectiva en torno al teatro, cuenta con el apoyo decidido y entusiasta del director de La Abadía y benefactor de esta iniciativa, José Luis Gómez, —”nunca ha habido nada parecido”—. La vocación de esta aventura es la de ser sostenible en el futuro y la de abrir sus puertas a otros creadores contemporáneos y a nuevos valores de la escena teatral.

Antígona


Antígona es la obra de Sófocles que dirige Miguel del Arco. La protagonista se enfrenta a los dictados políticos del rey de Tebas, su tío Creonte, anteponiendo lo que cree ser su realidad familiar. Junto a Manuela Paso (Madrid, 1969) intervienen en la obra Carmen Machi, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, Raúl Prieto, José Luis Martínez, Silvia Álvarez y Santi Marín.


Compartiendo un mismo espacio escénico, los montajes de las tres tragedias griegas se irán alternando a lo largo de los días (del 21 de abril al 21 de junio), de tal modo que los espectadores podrán asistir en una misma semana a las tres representaciones. Al frente de las tres tragedias griegas están grandes nombres de la interpretación, junto a actores de sólidas carreras en la escena. En Antígona de Sófocles, dirigida por Miguel del Arco, la actriz Carmen Machi se meterá en la piel de un hombre poderoso, Creonte, el rey de Tebas enfrentado a su sobrina Antígona, papel que interpreta Manuela Paso. Aitana Sánchez Gijón será Medea, la obra de Séneca que dirige Andrés Lima, y Juan Antonio Lumbreras hará de Edipo Rey en la pieza de Sófocles dirigida por Alfredo Sanzol. Esta propuesta se completará con unas veladas a las que han puesto el nombre de Entusiasmo, una combinación de locura y sabiduría a celebrar los fines de semana, en los que reinará el factor sorpresa, un espacio imprevisto, que un día se puede convertir en un baile, otro en un coloquio, un discurso, una canción o un debate. El espectador no sabrá de antemano cuando o dónde se producirá el hecho teatral.
Ya hace días que el ágora ha entrado en esos patios idílicos de La Abadía. Lo hizo en la primavera pasada cuando unos talleres de investigación unieron a actores, directores, investigadores, dramaturgos, escenógrafos y oyentes en tono a las claves de las tragedias griegas, su puesta en escena y las motivaciones de los personajes, y lo hace ahora en un enérgico trajín de idas y venidas, de ensayos finales en el espacio escénico elegido, en el que no faltan los nervios pero tampoco el júbilo y la pasión.

Creonte


En la versión escrita por Miguel del Arco, Creonte es una mujer. Carmen Machi (Madrid, 1963) resalta que tanto Antígona como Creonte son unos personajes con los que cualquiera puede empatizar. “He aprendido que en la tragedia el que tiene la palabra tiene el poder y el que habla tiene la razón. Este el dilema de la tragedia, abocada a un final terrible”.


Aitana Sánchez-Gijón tiene la garganta destrozada y la boca llena de llagas. Sabe que será cosa de apenas unos días, que ese dolor emocional que se ha traducido en dolores físicos desaparecerá. Está sin duda ante uno de los papeles más atrayentes de su carrera, Medea, esa hija de reyes, descendiente del linaje del dios Sol, abandonada, desterrada, repudiada como si fuera basura, una mujer poderosa a la que le es arrebatada de un plumazo su dignidad y que decide vengarse dando muerte a sus propios hijos. “He pasado la fase inicial del miedo y el peso que supone interpretar a un personaje mítico como este, llevado a escena a lo largo de la historia por grandísimas actrices, he superado ese primer momento que puede llegar a paralizarte y ahora me siento como si llevara los 46 años que tengo preparándome para poder afrontar algo así. El proceso de trabajo e investigación que hemos realizado me ha ayudado mucho a naturalizar de alguna manera ese acercamiento a Medea, a no sentirme aplastada por el peso de los siglos y la historia y a sentirlo como algo propio". El personaje de Medea se ha ido infiltrando en el subconsciente de la actriz, —“en algún lugar que no controlo racionalmente”— y poco a poco se ha ido apoderando de ella. “Todo esto ha ido brotando en los ensayos desde el primer día de manera muy clara, como que el camino del dolor estaba ya trazado y a partir de ahí todo ha ido saliendo como sin esfuerzo. Como si de alguna manera se hubiera apartado de mí el lado racional y analítico que tengo, me he quitado resistencias y control y me he dejado llevar”. Sánchez Gijón sabe del poder de las palabras y de la acción de esta mujer desbocada por el amor al guerrero Jasón. Como madre, —“al principio no podía leer sin sollozar la escena de la matanza de los hijos”— decidió dejar a un lado a “Aitana” y meterse en “el dolor de una mujer que ya está muerta, que ha antepuesto su amor ante todas las cosas, que ha sido ya capaz de matar en el pasado, de despedazar a su propio hermano”. “He intentado comprender desde ese dolor que te inunda y te obsesiona y te hace escoger el camino de la destrucción total. Medea raya la locura, pero no está loca. Lo más terrible de todo es que uno puede llegar a comprender en qué momento se traspasa esa línea en una mente que no está enferma. Mata a sus hijos y se arrepiente pero a continuación clama: ‘Un intenso placer me penetra a mi pesar y crece".
La escenografía en la sala Juan de la Cruz, de La Abadía, es la misma para los tres montajes, unos cortinajes negros de flecos y el espacio ovalado del teatro, aunque con diferentes elementos. En Medea uno entrará como en un paisaje oscuro de ceniza, lava y rocas, con dos muñecos de barro de terracota, un contrabajo a un lado, dos sillas que se moverán y un traje de novia colgado al fondo en referencia a Creúsa, la hija de Creonte causante del repudio de Jasón a Medea. Una larga mesa de banquete, con restos de comidas y bebidas y centros de flores, acogerá el drama de Edipo Rey, mientras que Antígona utilizará una gran bola transparente colgada del techo sobre la que proyectarán imágenes.

Medea


Uno de los grandes personajes de la literatura, Medea, de Séneca, fue una mujer que, desquiciada por los celos y la amargura, mató a sus hijos. A Andrés Lima, su director, le inquieta desde hace tiempo ese crimen, “el más atroz que uno puede imaginar”. Junto Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) interpretan la obra Joana Gomila, Laura Galán y Andrés Lima.


“¿Te parece una locura que Creonte sea una mujer?” La pregunta que le planteó Del Arco a Carmen Machifue toda una sorpresa. “Espérate que lo lea de nuevo y te digo”, le contestó cauta. Hoy la actriz, que vuelve de nuevo con la obra de Sófocles a romper moldes interpretativos, revisó el texto una y otra vez y no vio nada que impidiera que ese poderoso rey de Tebas fuera una mujer. “En ningún momento hemos echado de menos algo que nos diera a entender que estábamos traicionando la verdad. Por el hecho de que Creonte sea una mujer ni mejora ni empeora la función, pero sí creo que en el enfrentamiento con Antígona se afronta de manera más directa la lucha de poderes. El poder no tiene sexo. Son dos personajes muy orgullosos que se creen en posesión de la verdad. Al ser dos mujeres, la situación se iguala mucho y a mí eso sí que me parece interesante. Noto además que crece en potencia sobre todo en la escena con su hijo Hemón”.
Es domingo, acaba de terminar un ensayo y Machi se ha vestido de Creonte para la foto: botas altas, camisa transparente negra y una casaca también negra, que contrastan con los labios rojos. Independientemente del hecho de que ese rey de Tebas ahora sea una reina, a la actriz le ha cambiado mucho la percepción que se tiene de Creonte. “Creo que estamos un poco equivocados. Le defiendo porque le tengo que interpretar pero también porque tengo fe en su honestidad. Lanza un discurso al pueblo en su toma de posesión al que yo votaría con los ojos cerrados. Quiere un país democrático donde haya paz y donde se respeten las leyes. Para ello comienza elaborando una decreto que afecta a su propia familia, pero lo último que se espera es que sea un miembro de esa familia, su sobrina Antígona, la que socave la autoridad. Ahí empieza el conflicto y ante la envergadura de ese enfrentamiento rechaza la corrupción y el tráfico de influencias llegando hasta sus últimas y trágicas consecuencias. Visto así, creo que Creonte está cargado de razones. No creo que represente el abuso de poder, sí el poder y la autoridad. Es la ley", asegura Machi que reconoce, sin embargo, que el orgullo y la cabezonería terminan por socavar las razones de este mito de Sófocles.

Edipo rey


Escrita por Sófocles, es, según Aristóteles, la tragedia más perfecta. “Me impresiona mucho la historia de un hombre que descubre que toda su vida está construida sobre una mentira”, dice su director, Alfredo Sanzol. Junto a Juan Antonio Lumbreras (Cáceres, 1973) trabajan Natalia Hernández, Elena González, Eva Trancón y Paco Déniz.


No lo tiene tan claro Manuela Paso que ve en su personaje, Antígona, a una mujer que lucha contra el sistema y unas leyes injustas e inhumanas. También contra el abuso de poder que cree representa sin dudas Creonte. ¿Dónde está la ley? ¿dónde están sus límites? ¿quiénes imponen esas leyes y desde dónde lo hacen? ¿las leyes se tienen que imponer o puede haber un diálogo con el ciudadano? Todas estas preguntas han atravesado las reflexiones de Manuela Paso, que confiesa que Antígona es el gran personaje de su carrera, uno de los papeles más desafiantes a los que se ha enfrentado nunca. “Tiene una fuerza extraordinaria. No es fácil encontrar papeles con el misterio, la garra y la fuerza de esos mitos del teatro griego. Es lo más potente que una actriz puede hacer sobre un escenario. Es una experiencia poderosísima”, asegura Paso, que sigue el consejo que le dio su profesor Juan Pastor: ‘a un actor entregado se le perdona todo’. Y ella se entrega con tal sentimiento que tiene la sensación de que aparca su vida como Manuela y entra literalmente en cada función a vivir la de Antígona.
Y en esto que llega el padre, Edipo rey, al que Antígona acompañó al exilio tras su expulsión de Tebas, tras matar accidentalmente a su padre y casarse con su madre. La tragedia de Edipo nunca deja de interesar. Ese mito con pies de barro es para su intérprete, Juan Antonio Lumbrera, un ejemplo de dignidad. Fue Alfredo Sanzol quien le aconsejó rebuscar en experiencias personales existencias trágicas. Y él la encontró en su bisabuela que perdió de manera violenta y terrible a casi todos sus hijos y que, sin embargo, nunca se vino abajo. “Esa dignidad y verticalidad es la que yo he intentado impregnar a Edipo, un personaje cuyo afán de saber y de conocer, pese a quien pese y cueste lo que cueste, le llevan a la desgracia. “Con Edipo uno descubre que muchas veces el conocimiento te hace muy desgraciado, como se puede ver hoy con los ejemplos de personas como Snowden, Falciani o Julian Assange y sus papeles de Wikileaks. Todos estos personajes demuestran que todavía sigue habiendo gente que quiere llegar al fondo de la verdad pese a las dificultades y desgracias que recaen sobre ellos”.
Analogías o no, las tres tragedias griegas son para sus directores una oportunidad de mirarse en el espejo para plantearse preguntas y no sentencias, para mostrar el lado más oscuro del ser humano, sin rehuir la mirada al conflicto. “Queremos meter el dedo en nuestras llagas y mirar de frente el dolor”.

Fuente: Saioa Camarzana (elcultural.es)

Cuando se juntan tres directores de escena con ganas de trabajar pueden surgir nuevos proyectos de renovación e investigación del teatro. Esto es lo que ha ocurrido después de un taller en el que confluyeron Alfredo Sanzol (Madrid, 1972), Andrés Lima (Madrid, 1961) y Miguel del Arco (Madrid, 1965); los tres juntos pusieron en marcha Teatro de la Ciudad. Un proyecto para la investigación, reflexión, producción y exhibición del teatro contemporáneo extendiendo los brazos a creadores y talentos de nuestra escena. Para ello han querido volver a las raíces de la disciplina, a la Grecia clásica donde las tragedias eran seguidas de encuentros más alegres que derivaban en un montaje colectivo. De este modo, los grandes personajes de la mitología son revisitados con una mirada actual. Esto es, en cierto modo, el especial carácter de estas piezas: son siempre actuales porque están unidos a la problemática humana y se pueden actualizar sin perder su esencia. Sanzol, que lleva viajando con Edipo Rey desde 1999, ha visto ahora la oportunidad de subirla a los escenarios del Teatro de la Abadía. 

¿De dónde surge la idea de este Teatro de la Ciudad?
Nosotros nos empezamos a juntar por un taller que montó Andrés Lima en Matadero y nos invitó. Uno de los días coincidimos los tres, ya nos conocíamos de nuestros trabajos y espectáculos y habíamos coincidido de manera casual pero nunca en un lugar haciendo algo. Estábamos trabajando y lo hicimos de una manera que quedamos satisfechos de modo que empezamos a hablar de la posibilidad de hacer algo juntos pero no pensábamos que iba a ser algo tan grande. Pero el propio movimiento de estar y trabajar juntos ha sido lo que ha ido dando forma al Teatro de la Ciudad. La vocación que tiene de futuro es la de seguir trabajando, es decir, no hay una idea con unos objetivos que nos hayamos impuesto sino que el propio movimiento orgánico de estar juntos va a ir generando las ideas para el futuro. 

Resulta interesante la parte de los talleres de cada una de las obras que se van a representar. El hecho de haber asistido al resto de talleres como público, ¿hace que aprendan los unos de los otros?
Es muy importante a la hora de crear cambiar la visión que tienes de hacer las cosas y ver cómo poder probar algo nuevo. Una parte esencial de la creatividad consiste en abrir nuevas posibilidades en la visión, como cambiar la cámara de lugar. Trabajar con compañeros y directores hace que veas que puedes hacerlo desde otros sitios y te hace pensar en tu manera de trabajar, te abre a otras posibilidades.

¿Cómo ha sido la selección de las obras? ¿Por qué tragedias? 
La tragedia está conectada con los movimientos del ser humano que no pasan de tiempo, que tienen que ver con la pregunta de si lo que hace uno es suficiente para cambiar su vida, o si dependes de tantas cosas de alrededor que no merece la pena. Son cosas existenciales muy profundas las que plantea la tragedia y tiene que ver con cómo deberían ser y cómo son las cosas.Plantea preguntas que van a tener mensajes que van más allá de las coyunturas y momentos. Están muy conectadas con la mejor idea que puedo tener yo de la diversión, que es espectáculo emocional con historias buenas y además profundidad y hondura.

¿Por qué Edipo Rey?
Edipo Rey la tengo desde 1999, la iba a hacer entonces pero en su lugar hice Como los griegos que es una obra basada en el mismo mito. Hay piezas que se quedan ahí y viajan conmigo y de repente surgió la posibilidad de hacerla. Además en este caso apareció junto con la idea de Lima y Del Arco de hacer Medea y Antígona. No sé quién lo dijo primero pero coincidieron las tres. Las llamo obras corcho que están hundidas temporalmente y de repente salen a flote. A veces las cosas encajan de manera orgánica.

Además ha querido que sea representada por la misma compañía que le acompañó en Como los griegos. 
Sí, ha habido un viaje de muchos años y era completamente normal que fuera la misma compañía. Es un regalo para nosotros hacerlo.

¿En qué se basan los talleres dirigidos a cada una de las obras?
Han sido con oyentes, con gente aficionada y asistentes. El abanico es amplio y se trata de gente interesada en el proceso de creación e investigación. Al principio era muy tímido de hacer ensayos con público porque son zonas de riesgo donde haces las cosas mal porque estás probando. Tener gente de fuera da responsabilidad, piensas que vas a aburrir y no les va a interesar pero me ha ayudado porque su experiencia aporta al proceso y de alguna manera se convierte en una parte más del trabajo. Hay momentos que están abiertos a que ellos participen y hagan preguntas o valoraciones.

La presencia de José Luis Gómez y el hecho de estar apoyados por La Abadía es una seguridad.
Sí, el hecho de que hayan estado interesados nos ha dado mucha alegría porque era el teatro natural donde tenía que pasar. Primero por la conexión que tenemos con La Abadía y por la forma que tiene el proyecto. Hemos tenido mucha suerte de que tuviera fechas y lo haya acogido.

José Luis Gómez hablaba del suicidio cultural y sobre que las obras españolas no salen al mercado internacional. ¿A qué cree que se debe esto?
Con la calidad que tiene el teatro español hoy en día creo que todos los festivales internacionales deberían tener un componente de intercambio, no solo dedicarnos a importar producto sino exportar nosotros también. Este primer paso comenzaría a desbloquear la situación. Muchas veces las cosas se enquistan por desconocimiento y prejuicios de la otra parte. Hay que tenerlo en cuenta y ponérselo fácil para disolver esos prejuicios.

Se habla mucho del miedo en sentido general y del miedo escénico. En su caso, ¿cuál es su mayor miedo?
El miedo más peligroso para todo el mundo y, sobre todo, para nosotros es el miedo del que no eres consciente. Aquel al que no le has visto la cara, una vez se la ves puedes empezar a gestionarlo y a decir que está ahí. Pero hay muchos miedos que no son conscientes y trabajar en equipo facilita que salgan a la vista aunque sea por contraste, para darte cuenta de que otro plantea algo que tú no o porque alguien se enfrenta sin miedos a los reparos que tú te estás inventado. Por lo tanto, por contraste aparece el miedo como algo negativo, como en las fotos que aparece una sombra ahí y le das forma. Eso nos ayuda. Tengo muchos miedos, un book de miedos, y tengo muchos más de los que aún no soy consciente y trabajo para que salgan a la vista. Además tienen capacidad de regeneración. La historia de San Jorge y el dragón dicen que tiene que ver con que cuando le ves la cara al miedo puedes subirte encima de él, usarlo y comenzar a trabajar a partir de eso.


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Alfredo SanzolAndrés Lima Miguel del Arco son los tres pilares sobre los que se asienta Teatro de la Ciudad, un proyecto que incluye «investigación, reflexión, producción y exhibición», según han explicado en su presentación. Son tres de las figuras descollantes de la escena española actual, y su unión ha generado una notable expectación en el mundo del teatro.
El deseo de los tres directores de hacer algo conjuntamente y el descubrimiento de que a los tres les apetecía poner en pie una tragedia fue el detonante del proyecto, en el que han involucrado a los productores con los que habitualmente trabajan (Joseba GilGonzalo Salazar-Simpson Aitor Tejada) y a sus respectivas «familias escénicas»: actores, escenógrafos, diseñadores de vestuario o músicos que trabajan regularmente con los tres.
Con la mirada puesta en un futuro montaje de tres tragedias grecolatinas -«Antígona», «Medea» y «Edipo»-, el Teatro de la Ciudad arrancó en junio del pasado año con un taller, «Mito y Razón», dedicado a las tres obras y realizado conjuntamente por los tres directores. En él participaron actores como Carmen Machi, Bárbara Lennie, Israel Elejalde, Cristóbal Suárez, Aitana Sánchez-Gijón, Irene Escolar o Lucía Quintana, e intervinieron Mario Gas, Nuria Espert Alberto Conejero, entre otros.
A éste taller han seguido otros dedicados a la dramaturgia y el estudio de los tres personajes centrales. El teatro de La Abadía, que ha acogido estas actividades, será el escenario donde se representarán en abril las tres tragedias: «Antígona», dirigida por Miguel del Arco, y con Carmen Machi Manuela Paso al frente del reparto; «Medea», dirigida por Andrés Lima y protagonizada por el propio director junto a Aitana Sánchez-Gijón; y «Edipo Rey», con dirección de Alfredo Sanzol y un reparto que incluye a Natalia Hernández Juan Antonio Lumbreras, entre otros. Además, habrá otro espectáculo, titulado «Entusiasmo»; un término griego que tiene que ver, según Sanzol, con «la posesión y la creación». No es, explicó Lima, un cuarto montaje, «Es una manera de prolongar la experiencia para el público, hacerles partícipes de la experiencia», dice Lima, que anuncia sorpresas en este «Entusiasmo». 
Los tres directores coinciden en señalar que el trabajo conjunto y el enriquecimiento con las ideas de los demás es lo más interesante para ellos del proyecto: «La dirección es una tarea con muchas inseguridades e incertidumbres, y compartirlas te hace más valiente», dice Miguel del Arco. «La unión hace que superes el miedo», tercia Lima. Miedo y libertad son, precisamente, dos conceptos que tienen que ver con la Revolución francesa, que ha inspirado igualmente el nombre del proyecto, Teatro de la Ciudad.
José Luis Gómez ha acogido en el teatro de La Abadía, que él dirige, el proyecto; allí se han celebrado los talleres y se estrenarán los espectáculos. «Ha sido un golpe de corazón», argumenta, y recuerda que en París, en los años veinte, cuatro directores -Louis Jouvet, Charles Dullin, Gaston Baty y Georges Pitoëff-, alumnos de Jacques Copeau, crearon un proyecto similar, que se conoció como el Cartel de los cuatro. Define a los tres directores como «gente que tiene un instinto reformador», y su manera de entender el trabajo teatral coincide plenamente con el espíritu de La Abadía.
¿Y por qué han escogido la tragedia para echar a andar el proyecto? ¿Creen que es un buen camino de establecer un diáglogo con el público? Dice Alfredo Sanzol que él tenía «el impulso de contar una tragedia. Es importante escribir y dirigir para saber lo que se quiere contar, pero eso se descubre al final». Andrés Lima, por su parte, añade que «el público tiene necesidad y ganas de abrir los ojos y mirar de frente, y el teatro es un espejo en el que mirarse y una forma de reflexionar. «El teatro siempre ha funcionado en tiempos de crisis -añade-; y cuanto mayor es la tragedia, se cuenta de manera más bonita». El público, concluye Lima, necesita belleza, pero también encontrarse con la realidad. Y añade Del Arco: «Los clásicos lo son precisamente porque están en permanente transformación».
Es inevitable en cualquier proyecto teatral referirse al 21 por ciento del IVA cultural, y la presentación de Teatro de la Ciudad no es una excepción. Andrés Lima lo califica de «cuchillada», y José Luis Gómez va más allá cuando se refiere a la situación como un «suicidio cultural». «Unirse -dice- es una manera de resistir». ¿La creación de Teatro de la Ciudad es entonces un acto de resistencia?, se les pregunta. «No -dice Sanzol. Es un acto de movimiento, de alerta, de creación».