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Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«Débito y crédito» y «El pelícano», dos piezas escritas por August Strindberg, componen «Hambre, locura y genio», un espectáculo de Teatro de la Reunión dirigido por Juan Carlos Corazza, uno de los principales maestros de la escena española. El off del teatro Lara acoge este montaje, que cuenta con un nutrido repartoRafael Castejón, Ana Gracia, Manuela Velasco, Tamar Novas, Paula Soldevila, Pepe Lorente, Inés Higueras, José Gimeno, Raúl de la Torre, Laura Díaz, Manuel Chacón Pilar Bergés; todos ellos, en un momento u otro, han sido alumnos de Corazza.
Strindberg, asegura el director, «es un autor de gran complejidad en los textos y los personajes; demanda un trabajo actoral muy grande, porque si la interpretación se apoya solo en la frescura y en la naturalidad, presenta problemas, pero al mismo tiempo pide cotidianeidad, no se pueden apoyar únicamente en el énfasis y en la palabra».
Rafal Castejón, productor del montaje además de uno de sus intérpretes -actúa en su día libre en la Compañía Nacional de Teatro Clásico- dice, en este sentido, que la sala Off del Lara, el espacio donde se presenta el montaje, «permite la intimidad, la cercanía con el público, y te permite no tener que hacer un esfuerzo extra. Y obliga a trabajar con un plus más de verdad, porque se ve todo, no se puede esconder nada». Al público, añaden tanto el actor como el director, le permite «reconocer aspectos de la historia y de los personajes en la sutileza».
El ser humano como devorador de sus semejantes es el leit motiv que engarza las dos obras. «En la función -sigue Corazza- hemos querido investigar en nuestro instinto devorador, en esa metáfora del ser humano alimentándose de las demás cosas, un asunto que le interesaba mucho a Strindberg y que es también el mal del mundo. La función presenta el tema como una metáfora de nestra sociedad». Basándose en una traducción del sueco realizada por Astris Menasanch (una actriz y dramaturga que estudió con Corazza), el maestro y director ha realizado la versión, en la que ha «desarrollado un poco más aspectos como el periodismo en la primera obra y la alimentación en la segunda».
Fuente: Clara Morales (elpais.com)
“Vienes a Madrid en unas condiciones que, bueno, te puedes imaginar… Pero apuestas. Que por nosotros no quede. Aunque tampoco podemos apostar siempre, porque los recursos se acaban”. Habla el dramaturgo y actor Juli Disla, el ceño fruncido bajo el sol del patio de la sala Mirador. Junto a él, Jaume Pérez, director. Este no es el hábitat natural de los creadores de La gente,obra finalista en los últimos Premios Max en la categoría de autoría revelación. La pareja creativa ha abandonado Valencia, su centro de operaciones, junto a sus seis actores durante unos días para venderse en Madrid. La capital es una plaza disputada, difícil de ganar. El sacrificio para llegar hasta aquí es grande, y el riesgo de fracasar es alto. ¿Por qué las compañías de otras comunidades se empeñan, entonces, en plantar su pica junto al madroño? El premio es jugoso, nada desdeñable en tiempos de crisis: más público, más funciones, más visibilidad.
La cantidad de personas dispuestas a pagar una entrada, en otras comunidades (excluyendo Cataluña), es relativamente escasa. Mientras en Madrid acudieron al teatro más de 3,5 millones de espectadores en 2012 según la SGAE, un 31% del total, en la Comunidad Valenciana lo hicieron 1,1 millones. Para un espectáculo como La gente, una reflexión sobre las dinámicas asamblearias y la posibilidad de una democracia directa, esto es vital. “La obra pertenece a unos circuitos concretos que se agotan en las ciudades de origen”, explica Disla. Estos “espectáculos minoritarios” siguen siéndolo, aclara, en la capital. Pero ahí el número juega a su favor: “Aquí, esta minoría es suficientemente amplia como para mantenerse”. El resultado es que en un mismo fin de semana (el del 24 al 27 de septiembre) coincidían en la cartelera tres compañías levantinas (Bambalina, Los que quedan y Pérez&Disla) en tres escenarios distintos de Madrid.
Pero recorrer los 360 kilómetros que separan la ciudad mediterránea de la Puerta del Sol no es sencillo, ni siquiera cuando una pieza ha sido destacada entre lo mejor del panorama teatral español de 2013, como también ha comprobado TeatrodeCERCA con Que vaya bonito, finalistas en los Max en la categoría de espectáculo revelación que ahora para en el Teatro Lara. Ambos equipos aseguran que la candidatura no ha hecho que suenen los teléfonos. Si Pérez y Disla han vuelto a pisar Madrid es porque ya lo hicieron en junio, en la sala Cuarta Pared. “Cuando la gente ve el espectáculo, es más fácil que te lo compre… Que nos dieran un hueco sin conocernos fue una apuesta de la sala, y estamos muy agradecidos”, recuerda Disla.
No basta con conseguir sala: también hace falta dinero. En el caso de La gente, la compañía ha recibido este año por primera vez las ayudas a giras otorgadas por el Ministerio de Cultura. Las subvenciones, que se han reducido en un millón de euros desde el año pasado (de 7,3 a 6,3 millones de euros), aportan entre 3.800 y 30.000 euros a casi 200 compañías en todo el territorio español. A los valencianos les han concedido 10.000 euros para sufragar una gira presupuestada en 25.000, que son los costes de trasladar a ocho personas desde la ciudad de origen a Cádiz, Madrid y Leganés (las actuaciones previstas en el plan de gira), más alojamiento y dietas, sueldos y otros gastos como cartelería o comunicación. De la ayuda del INAEM, 6.000 euros se han ido solo en su viaje de cinco días a Madrid.
“La ayuda es un complemento. ¿Están cobrando lo suficiente los actores? Si no hubiera ayuda, no cobrarían nada, pero, ¿es lo necesario, lo justo? Ella”, dice Disla señalando a la actriz Lorena López, que se sienta a su lado mientras apura un café, “se tiene que quedar en casa de una amiga. Somos compañeros y nos buscamos la vida… Pero si yo no la conociera de nada, me diría, ‘Oye, que estoy trabajando para ti”. Con todo, las cuentas no salen. Un mes después de sus cinco funciones en la Mirador, desde Valencia, el dramaturgo confiesa que lo recaudado en taquilla no ha sido suficiente para cubrir gastos. “No hemos alcanzado ni la mitad de lo que suponíamos que íbamos a ganar. Y eso en nuestras peores previsiones”.
Para las salas, apostar por espectáculos foráneos tampoco es rentable. “El problema es que para que haya gente que pague por una función, se necesita tiempo. El boca a boca es lo que funciona. Si programas cuatro días a una compañía, no viene nadie, porque nadie la conoce”, explica Antonio Fuentes, gerente del Teatro Lara, una de las salas más veteranas de Madrid. Por eso Fuentes, como ocurre en otros teatros, ha optado por programar cada función un día de la semana. Los espectáculos se alargan, y da tiempo a que el público acuda. Pero tiempo es, justamente, lo que no tienen estas compañías, que pierden dinero cada día que pasan en gira. Fuentes señala que, de todas formas, “no es un tema solo de que haya más gastos, sino de que viene menos público”. Conclusión: de sus 14 espectáculos en cartel, solo dos provienen de fuera de Madrid.
Entre ellas, TeatrodeCERCA, que ha logrado hacerse un hueco todos los viernes en la sala off del teatro. No lo han conseguido, juzga Yorge-Yamam Serrano, autor de Que vaya bonito, por haber estado nominados a los Max en la categoría de mejor espectáculo revelación, ni por haber realizado más de 70 funciones en Cataluña. “Lo que más llama la atención es el formato. Nos decían que al público madrileño le gustaría”, sentencia. La compañía sitúa su obra en una fiesta de despedida que tiene como asistentes al propio público. Su escenografía consiste, básicamente, en los adornos de la celebración y un proyector. “Nos movemos en tren con tres maletas, y eso ayuda”, admite Serrano. Para los desplazamientos cuentan con una ayuda del Instituto Ramon Llull, que sufraga sus desplazamientos durante dos meses, y han participado en el programa PLATEA del Ministerio, que nació el año pasado con un presupuesto de seis millones de euros destinado a los Ayuntamientos para tratar de reactivar la desfallecida programación municipal. Un apoyo que Serrano considera “vital”.
Aun así, ante la perspectiva de una programación semanal, el grupo de tres actores ha optado por establecerse, al menos en parte, en Madrid. Uno de ellos tenía piso en la capital, y Serrano vive con un pie en cada ciudad. No todos pueden permitírselo, como explica Jaume Pérez: “Nos propusieron estar más tiempo, pero nosotros no podemos. La única manera de hacer que esta obra estuviera en cartel es representarla con gente de aquí”.
La compañía vasca Kulunka Teatro creía haberse hecho un nombre gracias a los festivales internacionales. Han pasado por 22 países en los últimos cuatro años con su obra André y Dorine, y consiguieron hacerse un hueco en el Centro Cultural Fernán Gómez, propiedad del Ayuntamiento. Llenaron desde la segunda semana y tuvieron buenas críticas, pero económicamente el saldo fue negativo: “Con una sala de solo 100 butacas, y quitando el 21% de IVA, lo que se lleva el teatro y la publicidad, que en Madrid nos sale por 5.000 euros... Si volvemos, no nos planteamos ni ganar dinero. Con no perderle nos conformamos”, cuenta Garbiñe Insausti, cofundadora de la compañía.
Aun así, quieren volver. Han probado a colarse en los teatros privados, sin éxito, y también en los públicos, un circuito que creían tener abierto tras pasar por el Fernán Gómez. Nada. En los últimos meses han viajado hasta México y han girado por Cataluña y Comunidad Valenciana. Pero la capital se resiste. ¿Por qué, entonces, tanto empeño? Insausti lo tiene claro, la razón no es monetaria: “Estamos preparando otro espectáculo y es importante estar presentes en la vida cultural, que no nos olviden. Eso supone pasar por Madrid”.

Fuente: Saioa Camarzana (elcultural.es)

Kiti Mánver (Antequera, 1953) es una de las actrices más veteranas de nuestro paradigma teatral y televisivo. Ha pasado por el cine, por la tele y el teatro. Comenzó su andadura cuando se decía aquello de ¿el que vale, vale y que no a la televisión. Todo ha cambiado mucho desde entonces y desde que empezara a los 20 años con Habla, mudita bajo la dirección de Manuel Gutiérrez de Aragón. Ha pasado por las manos de directores de la talla de José Luis Garci, Pedro Almodóvar o Álex de la Iglesia. Ahora, vuelve a la cartelera teatral con la reposición de Las heridas del viento en la Sala Off del Teatro Lara, obra que le valió el Premio Ceres y el Premio de la Unión de Actores. 

Se repone Las heridas del viento. ¿Qué novedades podemos encontrar?

Primero la que dirige el propio autor, segundo que se ha versionado a sí mismo y ha quitado adornos teatrales, aunque no había muchos, y lo ha dejado en una síntesis de emociones potentes tanto para los que actuamos como para el público. Luego está el hecho de que el personaje de Juan lo hace una mujer, o sea yo.

La obra trata de que no somos dueños de nuestra vida, de que la casualidad tiene un papel importante. ¿Cómo se aborda esto en la pieza?

Tiene que ver y hay que relacionarlo con el tema más importante de la obra que es el amor, tiene ese intríngulis de cómo nos lo han vendido en la literatura, de una manera tan así. Y yo sigo apostando por eso, el amor es de las cosas más hermosas que una persona puede vivir. Pero el amor tiene muchas trampas, peligros y vericuetos y se viven situaciones extrañas. Una persona que ama profundamente no cuenta con que haya otra persona a la que le pasa lo mismo. Pero a ver cuánto dura, cómo reacciona un hombre o una mujer, porque somos diferentes. A veces produce situaciones extremas.

Las heridas del viento parte de la muerte del padre y cuando su hijo encuentra unas cartas de amor de otro hombre, algo que le sorprende y decide visitar a ese amante. ¿Cómo es ese encuentro?

Es el hijo el que va a buscar a esta persona. El drama del personaje al que da vida Daniel Muriel es el de encontrarse con un padre que no ha sido padre, que tiene una gran falta de afecto y se queda, claro, con el come-come. Todo lo que tu cabeza es capaz de crear lejos de la realidad. No tiene datos ni información y nos quedamos con la primera lectura de un hecho y no profundizamos en ello por lo que juzgamos lo que está pasando. Así que quiere saber, y esa carencia y falta de afecto es el misterio más absoluto. A partir de aquí no puedo contar nada más.

Se mete en el papel de un hombre. ¿Cómo ha preparado el papel y qué dificultades ha tenido?

Ha sido un proceso que al principio me parecía un mundo, vertiginoso. Pensé: 'Dios mío a ver si va a ser un error'. No he tenido grandes tropiezos en mi carrera, alguno sí, nos pasa a todos pero nunca ha sido un error potente. La verdad es que tengo una gran confianza en Juan Carlos Rubio, es el quinto montaje juntos. Soy una mandada con él y la confianza me hace creer en él. Tiene sus dificultades y riesgos, que todo el mundo sepa la transformación porque se hace a vista de público. La obra se centra en los sentimientos, sin trucos teatrales, como se dice no hay ni trampa ni cartón así que o te metes o te metes. Sino la gente lo detecta. Al espectador hay que darle lo mejor de uno porque aunque sea una persona con menos preparación cultural, los sentimientos son sentimientos y le emocionas o no, sepa o no sepa. Para sentir hay que ser simplemente un ser humano.

¿Cómo se consigue mantener esa delgada línea entre lo trágico y lo cómico?

Eso sí que no lo sé. Es el propio texto que está muy bienes escrito, él [Juan Carlos Rubio] es certero con el público, lo que escribe lo centra en el corazón. He hecho tres textos suyos y noto cómo funciona. Siempre he hecho comedia pura y dura, musical, drama y esto que es una tragicomedia. Tiene ese punto como autor que aunque diga algo hondo y desgarrante siempre busca en algunos de los personajes un contrapunto. En el caso de Juan siente amargura pero habla con una gracia retorcida, de amargura de la vida contada y dicha con humor. 

Nos habla de la soledad y sobre las cosas que los padres ocultan a sus hijos. 

A veces te la encuentras [la soledad]. Yo creo que elegirla la elige poca gente. No soy yo una experta para decirlo pero por lo que vea alrededor nos damos cuenta de que estamos solos cuando vamos cumpliendo años, aunque tengamos una familia. Se habla de esa soledad por haber elegido una manera de amar.

Es una obra que ha estado en la cartelera de diversos lugares. Se estrenó, de hecho, en Miami. ¿Cómo es interpretar un papel que tiene tan larga andadura?

Prefiero no pensarlo. Ya es suficiente meterme en el pellejo de un hombre, si tengo que pensarlo me pongo nerviosa. Me centro más en cómo hacerlo yo y cómo quieren que lo haga. Y encima sin preguntarme por qué yo. Por una lado me alegro pero por otro me pregunto por qué me ha elegido a mí.

Y, ¿cómo es trabajar con su autor y director, Juan Carlos Rubio?

Es una de las experiencias más hermosas que vivido en al profesión. He tenido una enorme suerte porque me he encontrado con gente impresionante durante mi vida. Vivimos en un país donde hay un talento absoluto tanto en dirección, en actuación, en la pintura. En todo lo que tiene que ver con el arte en general. La verdad es que cuando te toca, recuerdo que cuando era joven buscaba crear un tándem con autores. Leía a autores jóvenes pero la química tiene que surgir y lo hace cuando menos te lo esperas. Un día me llamaron Juan Luis Galiardo y Juan Carlos Rubio para hacer Humo y no le conocía de nada, empezamos sin grandes aspavientos. Tiene una forma de trabajar maravillosa, con un gran entusiasmo y un amor que se nota. No solo quieres trabajar con él sino que quieres tenerlo cerca. 

Fue galardonada con el Premio Ceres y el Premio de la Unión da Actores. ¿Qué ha supuesto este premio?

Uau. Unos han sido mis compañeros del alma y eso siempre llega de manera muy especial. Fui finalista en los Premios Max y los Ceres... es muy importante porque lo dan críticos teatrales y me lo concedieron por unanimidad. Es algo que te parte el alma, es maravilloso. Son cosas con las que adornas mucho tu andar diario y sirven para darle vidilla a los bolos, aunque cada vez hay menos y el pastelito a repartir es más pequeño. 

Alguna vez ha dicho que siempre ha sido una actriz enclavada en el Método y que con esta obra se ha vuelto "vaga". ¿Cómo se lleva a cabo el cambio y cómo se siente al abandonar el Sistema Stanislavsky?

Mi preparación la básica parte del Método que se llevaba a cabo en laboratorio de William Layton, el pequeño teatro antiguo. Fueron los primeros en España en emplearlo y decían que su base está en el sentido común. Tenían razón. Acercarte y abarcar un poco más la psicología de la pieza en general, no solo tu personaje. Esa es la base, pero cuando eres más joven te obsesionas con esa manera de trabajar y lo que quise decir es que mi estudio era tan hermético que era peligroso y me encontré con directores jóvenes que querían otras cosas. Entonces caes del guindo y te das cuenta de que aunque estudies te puedes equivocar. Si has percibido el personaje mal a ver qué haces. He aprendido a ser más permeable y que la idea del director debe prevalecer. Me he vuelto "vaga" [entre comillas] porque confío tanto en él que no tengo ese celo y le doy más lugar a lo que venga por parte el director. 

Esta obra se representa en la Sala Off del Teatro Lara. ¿Cómo es actuar con tanta cercanía al público?

Este teatro se hace tan cerca del público que interactúa y les ves la lágrima, el moquito y la respiración, la mirada huidiza que tienen. Te impresiona más a ti que al espectador. Se vive la catarsis a un nivel súper intenso y no se queda sin nada, queda algo importante en el interior. El hacer teatro con pocos elementos basándose en el sentimiento y la cercanía del público al principio te aterra, es un examen radiológico pero en compensación tiene una potencia que queda mucho. Es una de las cosas que más nos impacta a todos. Y Daniel Muriel es un actor joven pero que tiene un gran bagaje. Es la personificación del teatro de repertorio, tiene ahora mismo seis textos en la cabeza. Y tiene la capacidad de hacer comentarios, etc. Porque hablamos con el público pero lo hacemos desde un personaje que termina siendo cercano. Ahora se empieza cada vez más a grabar los ensayos para ver la evolución. Empiezas desde que no sabes nada y lo vas viendo y también el público. Al principio eres como un bebé, una persona con carencia y es estupendo porque todo lo que sea incómodo es bueno para la creatividad.

Fuente: Carlos Rivera Díaz (elpais.com)
Tras bajar el telón, el público conserva la emoción que ha vivido en escena. Las risas, los llantos... El teatro se ha convertido en un espejo de sus vidas y quieren conservar esa agitación tan honda después de que las luces de los focos se apaguen. Ese momento de comunión, de ocio saludable que nos conecta, se puede vivir a precios realmente asequibles. Solamente hay que saber cómo hacerse con una de las codiciadas entradas con descuento. Y si tiene menos de 30 años, podrá ir a la ópera por menos de lo que cuesta un simple gin-tonic en una salida nocturna.
  • Teatro Lara: La emblemática Bombonera, en Madrid, acoge desde hace varias temporadas el éxito de Jordi Galcerán Burundanga, pero es que además ofrece infinidad de propuestas, como el musical La Llamada o El disco de cristal, que protagoniza el televisivo Secun de la Rosa en la Sala Off, recién inaugurada. Desde sus redes sociales es posible acceder a descuentos de lo más suculentos. En palabras de Antonio Fuentes, director del Lara: “Nuestra filosofía es dar a conocer los nuevos lanzamientos mediante fuertes promociones a nuestra base de clientes y seguidores de redes sociales. Preferimos minimizar el gasto en publicidad y en lugar de eso fomentar que sea el mismo público el que venga a ver las primeras funciones y las recomiende a sus amigos y conocidos. Estas ofertas las hacemos con mucha anticipación para evitar que afecte a las ventas normales”. Es interesante también destacar que disponen de una newsletter en la que le tendrán al día de descuentos y promociones.
  • Teatros del Canal: El espacio escénico que dirige Albert Boadella, también en la capital, cuenta ya con tres salas, tras la reciente inauguración de una más alternativa con el estreno deTrue West. Este teatro implica mucho a sus espectadores a través de sus activas redes sociales, en las que ofrecen descuentos muy especiales. Hay danza, conciertos, zarzuela y un puñado de propuestas teatrales de lo más jugosas, como Lluvia constante,que protagonizará Sergio Peris Mencheta. En su web, podrá darse de alta en su newsletter para recibir las ofertas directamente en su correo. “Comprando con anticipación y para las primeras funciones, a los suscriptores del boletín de Teatros Canal se les realizan descuentos del 30 %”, destaca Beatriz Clemente, directora de comunicación y márketing del teatro madrileño. Además, como en muchos teatros, también existen los habituales descuentos para grupos, jóvenes o tercera edad.
  • El día del espectador y los descuentos para jóvenes, una constante. Los espacios del Centro Dramático Nacional ofrecen todos los miércoles del año un 50 % de descuento en sus espectáculos. Los menores de 30 años se pueden acoger alMinuto Joven. Así, estos afortunados, si compran las entradas 30 minutos antes de la función, tendrán un ¡75 % de descuento! Eso sí, los boletos solo se pueden adquirir en las taquillas del CDN (Teatro María Guerrero y Valle Inclán). Los menores de 30 años se beneficiarán también de un descuento de hasta el 90 % en las localidades aún disponibles en taquilla desde cuatro horas antes de la función del Teatro Real, los domingos y festivos. ¿Quién dijo que disfrutar de una buena ópera no era posible a un precio casi milagroso?
  • Algunas gangas en la Red. De los múltiples portales en Internet, fijamos nuestra mirada en tres webs que ofrecen descuentos realmente increíbles en el resto de los teatros del país. La página Entradas.com despliega una sección de promociones con descuentos realmente interesantes a todos sus usuarios. Otra web de referencia es Atrápalo, que en su variada oferta de espectáculos da la posibilidad de ver desde números infantiles a danza, teatro e incluso grandes musicales, con descuentos muchas veces superiores al 50 %. Ticketea, por su parte, se alza como la otra gran alternativa para encontrar gangas en la Red.
  • Más allá de una política de precios en la que primen los descuentos, parece que algunos espectadores, independientemente del factor económico, han perdido el interés por acudir a las salas de teatro. Desde la empresa Gretahelps, detrás de éxitos como Toc, Toc y El crédito, aducen una serie de herramientas para atraer de nuevo a los espectadores: “Se trata de buscar lo que el propio espectáculo ofrece y reforzarlo para que el público encuentre las olvidadas razones para regresar a los patios de butacas de los teatros”, comenta Iñaki Sarriugarte, de la citada empresa. En esa unión con el producto también están presentes los descuentos: “Con una obra como Love pain love premiaremos la fidelización de los fans de Ángel Martín y Ricardo Castella con los mejores precios en las redes sociales”.

Fuente: Fernando Díaz de Quijano (elcultural.es)

Vuelve con su tercera temporada al Teatro Lara de Madrid La llamada, una comedia musical escrita y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo, dos actores que encontraron en el microteatro su puerta de entrada a la creación teatral. La obra transcurre en un campamento religioso, con una monja moderna que intenta poner un poco de orden en medio del caos, una novicia con dudas de fe y un par de adolescentes rebeldes y, para más inri, amantes del electro-latino. Contra todo pronóstico, una de ellas se enfrenta a un profundo proceso de cambio interior cuando empieza a recibir la visita de Dios, a quien, por cierto, le encantan las canciones de Whitney Houston. Macarena García (Madrid, 1988), que se consagró como actriz gracias a la Blancanieves de Pablo Berger, es la protagonista de esta insólita comedia.

La llamada ha ido sumando espectadores año tras año. ¿Es una de esas obras que crecen con el boca-oreja?

Sí, eso es clarísimamente lo que ha pasado con esta obra. Empezó como algo muy pequeño pero nos hemos encontrado con muchos espectadores que han vuelto a vernos, acompañados de más familiares y amigos. Se ha recomendado mucho porque es una obra muy divertida.

¿Qué ideas afloran a partir de este disparatado argumento?

La obra habla del derecho a cambiar y no tener miedo a ello, del respeto a las decisiones de los demás y de seguir el camino que uno quiere en la vida. Dios se le aparece a una adolescente y le dice que quiere que haga lo que a ella le gusta de verdad, que es cantar. Es un mensaje que nos puede servir a todos.

El dios que interpreta Richard Collins-Moore es bastante atípico.

Es un dios trasnochador, muy guay, que aparece en las escaleras con un traje de lentejuelas y un micrófono de brillantes cantando canciones de Whitney Houston, así que imagínate...

¿Y Macarena García, ha sentido alguna vez la llamada de Dios?

No.

Javier Ambrossi, uno de los creadores, es su hermano. ¿Estudiaron en un colegio de curas o monjas?

Sí.

Entonces estarían más que familiarizados con la retórica catequista de los campamentos y las clases de religión.

Sí, es una obra muy bien documentada porque hemos escuchado las típicas frases de monja toda la vida.

¿Y aparcan su parentesco en el backstage o no?

No podemos dejar de ser hermanos ni un momento. Somos supercariñosos y nos queremos un montón. Javier me cuida sin parar y me hace sentir muy cómoda.

¿Lo de ser actores es cosa de familia?

No, nadie de nuestra familia se dedica a la interpretación. No sé por qué nos dio por ahí a los dos, pero es una suerte poder compartir esta profesión entre hermanos.

Debutó a los 13 años en un musical, así que lo de cantar encima del escenario no es nuevo para usted.

Bueno, en realidad fue lo primero que hice, participé en dos musicales pero llevo ocho años sin cantar en un escenario. Nunca canté especialmente bien, pero me encanta hacerlo.

Su gran confirmación como actriz le llegó con Blancanieves: Concha de Plata a la mejor actriz y Goya como actriz revelación.

Aquella película me trajo desde el primer momento cosas preciosas y ahora me siento más agradecida y afortunada que nunca por haber formado parte de ella.

¿Qué proyectos tiene ahora?

Estoy rodando Palmeras en la nieve, de Fernando González Molina[adaptación de la exitosa novela de Luz Gabás] y lo compagino con la segunda temporada de la serie B&B, de boca en boca.

Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.es)

Que la fortuna favorece a los valientes ya lo dijo Virgilio en la Eneida. En el siglo I a. de C. En 2013 es Daniel de Vicente (Madrid, 1990) quien prueba la vigencia de la máxima virgiliana. Y lo hace en un sector donde se requieren arrestos para jugarte los cuartos: el del teatro, tan baqueteado hoy día por la crisis y la presión fiscal (léase 21% de IVA por entrada). Este autor teatral de 23 añitos recién cumplidos empezó a escribir Cordón umbilical con 18, una obra de rabiosa contemporaneidad, en la que las parejas naufragan y las apariencias en la identidad sexual andan muy alejadas de la realidad. Su ilusión de estrenarla era tal que decidió ahorrar el dinero que obtenía en distintos trabajos alimenticios para poder producirla. Llegado a los 22 es lo que hizo. De Vicente se tiró a la piscina y ya casi al fondo encontró agua. La Sala Triángulo le abrió un hueco en el Festival la Alternativa. Un ojeador del Lara se encaprichó de la frescura de la trama y sus personajes y ahora se puede ver en esta sala con tanta solera. Un ejemplo antiderrotismo el suyo. 

En su obra los personajes parecen piezas que no encajan en el puzle de las relaciones sentimentales. ¿Quería hacer un retrato de la desubicación en este terreno resbaladizo? 
Lo que quería era reflejar una especie de laberinto de vínculos entre los distintos personajes. Mi intención era que fueran muy diferentes, por eso hay un matrimonio mayor de unos 50 años, una pareja de novios de treinta y tantos, un par de amigos de veintitantos. Pero es cierto que todo tienes en común que andan perdidos y no saben cómo encontrarse. 

Otra de las claves parece la larga distancia que separan las apariencias de la realidad...
Sí, era uno de los juegos que me había planteado como desafío. De hecho, en un primer momento se plantea una situación que luego, en el segundo acto, queda del revés, no tiene ningún sentido lo en un principio parecía ser. Tenía muy claro que quería introducir dos conceptos que me llaman mucho la atención en la conducta humana: la ambigüedad y la contradicción. No se tratan mucho en el teatro y yo quería profundizar en ellos. Me incomoda cuando se hacen juicios demasiados precipitados sobre la gente. En la obra planteo dos ejemplos: el del ligón con novia que resulta que es gay y el del chico que todos creen homosexual pero secretamente está enamorado de una prostituta. 

También refleja como las decisiones de unas personas en teoría muy alejadas de nuestro entorno pueden tener efectos muy importantes en nuestras propias vidas…
De ahí la metáfora de cordón umbilical. Hay cuerda que hace que todos estemos interconectados. Me intriga mucho la sospecha de que algunas de mis acciones pueden afectar que jamás conoceré. Eso es lo que sucede en la obra. Hay personajes que ni siquiera coinciden en escena y no se han visto en su vida pero sus destinos se entrecruzan y se trastocan mutuamente. También hay tres embarazos durante la historia, así que la metáfora del cordón umbilical me parecía muy pertinente. 

¿Debe sentirse muy satisfecho al estrenar una obra propia primero en la Sala Triángulo y ahora en el Lara? Con 23 años, ¿no? 
Sí, los cumplí la semana pasada. Pues sí es un sueño. La Sala Triángulo en uno de los teatros donde yo me formado yendo desde muy pequeñito. Por eso fue un privilegio estrenar allí Cordón umbilical, en el Festival la Alternativa.

Aunque su éxito contra pronóstico obedece a un trabajo y una estrategia de mucho tiempo, a una especie de plan concienzudo...
Ahí algo de eso, sí. Yo empecé a escribir la obra con 18 años. Sabía que ningún programador ni ningún productor me daría una oportunidad siendo tan joven y de aquí. En España casi sólo se montan versiones de clásicos (Shakespeare, Chejov...) y obras que vienen avaladas por el triunfo en Nueva York o Londres... Así que empecé a ahorrar con el dinero que ganaba en distintos trabajos para producirla yo mismo cuando la hubiera terminado. Y eso es lo que he hecho. Contraté a un iluminador, a un escenógrafo, a un plantel de actores... 

¿Antes incluso de tener el compromiso de alguna sala para estrenarla?
Sí, ya habíamos empezado los ensayos antes. No sé, tenía mucha fe y por eso me tiré a la piscina. Con 22 años he hecho de productor, director, autor, regidor, administrador... Luego ha ido todo muy bien. En Triángulo la vio un programador del Lara y nos propuso llevarla allí. Le había gustado mucho y aunque no tenía actores conocidos en escena decidió darnos una oportunidad. Las críticas también han sido muy favorables, así que estoy muy contento. 

¿Y ha recuperado algo de su inversión? 
Eso es casi imposible. Lo que espero es pagar a los actores como corresponde. Con el 21% de IVA y el dinero que se quedan las salas (lógico, porque ellas te ceden su espacio) no hay manera de sacar nada.El teatro dentro de poco sólo se va a hacer por afición. En este contexto es muy difícil que alguien se dedique profesionalmente él.


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
En principio puede parecer un estreno más, aunque se trate de una obra que triunfó en Francia y varios países más. De hecho, las cuatro únicas representaciones de La caja, de Michel Clement, en el teatro Lara (del 16 al 19 de abril), no tendrían por qué ser ningún acontecimiento excepcional en una ciudad repleta de interesantes actividades escénicas. Pero si se hurga un poco más nos encontramos varias sorpresas. Por lo pronto, nos descubre nuevas técnicas de formación actoral, que no vienen a sustituir a métodos como el de Stanisvlavski o Grotowski, pero muestran innovadores caminos como los entrenamientos de Suzuki y los Viewpoints (puntos de vista).
Los lleva a cabo Gabriel Olivares, director de este montaje, y los actores del TeatroLab. Llevan casi un año entrenándose y nueve semanas ensayando. En la síntesis de su trabajo hay un objetivo por encima del resto: “Que no sean intérpretes, sino que actúen su propio presente; este es un entrenamiento bastante exigente, y los que lo practican deben estar pensando en su cuerpo y emociones, y al tiempo actuando”. Olivares (y los actores) tienen claro que aquí no se puede tener ego: “Aquí se comparte el personaje”, dice en referencia a que el reparto cambia todos los días. “Lo bueno es encontrar tu voz dentro de la dinámica de grupo; si alguien interpreta o se desconecta y deja de estar en el presente, se le nota inmediatamente”, añade de este entrenamiento, que según dice funciona para cualquier actor y obra, ya sea de vanguardia o un divertido vodevil, como es el caso.
El Suzuki y los Viewpoints son técnicas que, por momentos, pueden recordar a las artes marciales o el teatro griego de hace más de 2.000 años. Olivares advierte que aunque parezca, y lo parece, que los actores están muy quietos, es una percepción exterior: “En el centro de gravedad están a 100 por hora, hay una gran energía”. La que manejan con el Suzuki tiene que ver con el taichí, el yoga, el flamenco, con la energía animal... “Es una energía que despertamos a través de las emociones, una filosofía de trabajo en la que el compromiso con el presente trasciende la interpretación”, explica de este entrenamiento, habitual en respetados grupos como el francés Théâtre du Soleil de Ariane Mnouchkine, el danés Odin Teatro de Eugenio Barba o los seguidores del maestro Grotowski.
Los Viewpoints proporcionan una herramienta al actor para que no sea un intérprete, para encontrar puntos de vista escénicos y que en un tiempo récord se tenga una nomenclatura para trabajar, y el actor entienda así que todo en el hecho teatral es igual de importante. Son técnicas distintas de la Suzuki, cuyo trabajo es vertical, del actor consigo mismo.
Olivares recuerda que, en el teatro occidental, el texto está arriba, luego el director, luego actores, espacio escénico… “Aquí todo vale lo mismo, todo se hace desde la creación”. Sus actores añaden: “El texto es lo último que se introduce, antes investigamos el movimiento; es un proceso laborioso, más lento que el del teatro convencional, cada ensayo es una exploración, pero los resultados están siendo sorprendentes”. Ellos son César Camino, Javier Martín, Fran Nortes, Daniel Gallardo, Irene Arcos, Leticia Etala, Bart Santana, Nacho Diago, Mar del Hoyo, Mónica Vic, Eva Higueras, Joseba Hernández y Fran Calvo. Interpretarán a siete personajes en 42 combinaciones.
Los Viewpoints surgieron de la bailarina estadounidense Marie Overlie en los años sesenta, y los ha desarrollado la directora escénica Anne Bogart. Ambas desestructuran el hecho teatral en espacio y tiempo. Bogartt y Tadashi Suzuki han fundado la SITI, donde lo ponen en práctica.
 La caja cuenta en su argumento como un joven que tiene que mudarse de casa llama a sus amigos para que le ayuden con tanta caja. Y los amigos llegan… cada uno con sus problemas, sus secretos, sus mentiras y sus cuentas pendientes. Estamos ante la primera obra de teatro del también actor Michel Clement, que resultó un grandísimo éxito en Francia, exportándose con gran impacto a otros países como Italia, Polonia, Argentina... En 2004 Clement adaptó el guión al cine enLe Carton, dirigida por Charles Nemes. La versión española la pone en pie el mismo equipo de dirección y producción (capitaneado por Olivares) de Burundanga, una comedia que lleva dos años ininterrumpidos en la cartelera madrileña. Ahora para este proyecto se ha seguido un entrenamiento duro, largo y con el que cada uno de los que participan ha tenido que asumir un nivel de compromiso importante.