Mostrando entradas con la etiqueta Sala Mirador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sala Mirador. Mostrar todas las entradas
Fuente: Clara Morales (elpais.com)
“Vienes a Madrid en unas condiciones que, bueno, te puedes imaginar… Pero apuestas. Que por nosotros no quede. Aunque tampoco podemos apostar siempre, porque los recursos se acaban”. Habla el dramaturgo y actor Juli Disla, el ceño fruncido bajo el sol del patio de la sala Mirador. Junto a él, Jaume Pérez, director. Este no es el hábitat natural de los creadores de La gente,obra finalista en los últimos Premios Max en la categoría de autoría revelación. La pareja creativa ha abandonado Valencia, su centro de operaciones, junto a sus seis actores durante unos días para venderse en Madrid. La capital es una plaza disputada, difícil de ganar. El sacrificio para llegar hasta aquí es grande, y el riesgo de fracasar es alto. ¿Por qué las compañías de otras comunidades se empeñan, entonces, en plantar su pica junto al madroño? El premio es jugoso, nada desdeñable en tiempos de crisis: más público, más funciones, más visibilidad.
La cantidad de personas dispuestas a pagar una entrada, en otras comunidades (excluyendo Cataluña), es relativamente escasa. Mientras en Madrid acudieron al teatro más de 3,5 millones de espectadores en 2012 según la SGAE, un 31% del total, en la Comunidad Valenciana lo hicieron 1,1 millones. Para un espectáculo como La gente, una reflexión sobre las dinámicas asamblearias y la posibilidad de una democracia directa, esto es vital. “La obra pertenece a unos circuitos concretos que se agotan en las ciudades de origen”, explica Disla. Estos “espectáculos minoritarios” siguen siéndolo, aclara, en la capital. Pero ahí el número juega a su favor: “Aquí, esta minoría es suficientemente amplia como para mantenerse”. El resultado es que en un mismo fin de semana (el del 24 al 27 de septiembre) coincidían en la cartelera tres compañías levantinas (Bambalina, Los que quedan y Pérez&Disla) en tres escenarios distintos de Madrid.
Pero recorrer los 360 kilómetros que separan la ciudad mediterránea de la Puerta del Sol no es sencillo, ni siquiera cuando una pieza ha sido destacada entre lo mejor del panorama teatral español de 2013, como también ha comprobado TeatrodeCERCA con Que vaya bonito, finalistas en los Max en la categoría de espectáculo revelación que ahora para en el Teatro Lara. Ambos equipos aseguran que la candidatura no ha hecho que suenen los teléfonos. Si Pérez y Disla han vuelto a pisar Madrid es porque ya lo hicieron en junio, en la sala Cuarta Pared. “Cuando la gente ve el espectáculo, es más fácil que te lo compre… Que nos dieran un hueco sin conocernos fue una apuesta de la sala, y estamos muy agradecidos”, recuerda Disla.
No basta con conseguir sala: también hace falta dinero. En el caso de La gente, la compañía ha recibido este año por primera vez las ayudas a giras otorgadas por el Ministerio de Cultura. Las subvenciones, que se han reducido en un millón de euros desde el año pasado (de 7,3 a 6,3 millones de euros), aportan entre 3.800 y 30.000 euros a casi 200 compañías en todo el territorio español. A los valencianos les han concedido 10.000 euros para sufragar una gira presupuestada en 25.000, que son los costes de trasladar a ocho personas desde la ciudad de origen a Cádiz, Madrid y Leganés (las actuaciones previstas en el plan de gira), más alojamiento y dietas, sueldos y otros gastos como cartelería o comunicación. De la ayuda del INAEM, 6.000 euros se han ido solo en su viaje de cinco días a Madrid.
“La ayuda es un complemento. ¿Están cobrando lo suficiente los actores? Si no hubiera ayuda, no cobrarían nada, pero, ¿es lo necesario, lo justo? Ella”, dice Disla señalando a la actriz Lorena López, que se sienta a su lado mientras apura un café, “se tiene que quedar en casa de una amiga. Somos compañeros y nos buscamos la vida… Pero si yo no la conociera de nada, me diría, ‘Oye, que estoy trabajando para ti”. Con todo, las cuentas no salen. Un mes después de sus cinco funciones en la Mirador, desde Valencia, el dramaturgo confiesa que lo recaudado en taquilla no ha sido suficiente para cubrir gastos. “No hemos alcanzado ni la mitad de lo que suponíamos que íbamos a ganar. Y eso en nuestras peores previsiones”.
Para las salas, apostar por espectáculos foráneos tampoco es rentable. “El problema es que para que haya gente que pague por una función, se necesita tiempo. El boca a boca es lo que funciona. Si programas cuatro días a una compañía, no viene nadie, porque nadie la conoce”, explica Antonio Fuentes, gerente del Teatro Lara, una de las salas más veteranas de Madrid. Por eso Fuentes, como ocurre en otros teatros, ha optado por programar cada función un día de la semana. Los espectáculos se alargan, y da tiempo a que el público acuda. Pero tiempo es, justamente, lo que no tienen estas compañías, que pierden dinero cada día que pasan en gira. Fuentes señala que, de todas formas, “no es un tema solo de que haya más gastos, sino de que viene menos público”. Conclusión: de sus 14 espectáculos en cartel, solo dos provienen de fuera de Madrid.
Entre ellas, TeatrodeCERCA, que ha logrado hacerse un hueco todos los viernes en la sala off del teatro. No lo han conseguido, juzga Yorge-Yamam Serrano, autor de Que vaya bonito, por haber estado nominados a los Max en la categoría de mejor espectáculo revelación, ni por haber realizado más de 70 funciones en Cataluña. “Lo que más llama la atención es el formato. Nos decían que al público madrileño le gustaría”, sentencia. La compañía sitúa su obra en una fiesta de despedida que tiene como asistentes al propio público. Su escenografía consiste, básicamente, en los adornos de la celebración y un proyector. “Nos movemos en tren con tres maletas, y eso ayuda”, admite Serrano. Para los desplazamientos cuentan con una ayuda del Instituto Ramon Llull, que sufraga sus desplazamientos durante dos meses, y han participado en el programa PLATEA del Ministerio, que nació el año pasado con un presupuesto de seis millones de euros destinado a los Ayuntamientos para tratar de reactivar la desfallecida programación municipal. Un apoyo que Serrano considera “vital”.
Aun así, ante la perspectiva de una programación semanal, el grupo de tres actores ha optado por establecerse, al menos en parte, en Madrid. Uno de ellos tenía piso en la capital, y Serrano vive con un pie en cada ciudad. No todos pueden permitírselo, como explica Jaume Pérez: “Nos propusieron estar más tiempo, pero nosotros no podemos. La única manera de hacer que esta obra estuviera en cartel es representarla con gente de aquí”.
La compañía vasca Kulunka Teatro creía haberse hecho un nombre gracias a los festivales internacionales. Han pasado por 22 países en los últimos cuatro años con su obra André y Dorine, y consiguieron hacerse un hueco en el Centro Cultural Fernán Gómez, propiedad del Ayuntamiento. Llenaron desde la segunda semana y tuvieron buenas críticas, pero económicamente el saldo fue negativo: “Con una sala de solo 100 butacas, y quitando el 21% de IVA, lo que se lleva el teatro y la publicidad, que en Madrid nos sale por 5.000 euros... Si volvemos, no nos planteamos ni ganar dinero. Con no perderle nos conformamos”, cuenta Garbiñe Insausti, cofundadora de la compañía.
Aun así, quieren volver. Han probado a colarse en los teatros privados, sin éxito, y también en los públicos, un circuito que creían tener abierto tras pasar por el Fernán Gómez. Nada. En los últimos meses han viajado hasta México y han girado por Cataluña y Comunidad Valenciana. Pero la capital se resiste. ¿Por qué, entonces, tanto empeño? Insausti lo tiene claro, la razón no es monetaria: “Estamos preparando otro espectáculo y es importante estar presentes en la vida cultural, que no nos olviden. Eso supone pasar por Madrid”.

Fuente: Serio C. Fanjul (texto) | Samuel Sánchez (foto) (elpais.com)
“Nos definen como alternativos, no convencionales, marginales, de pequeño formato, off… Nosotros nos definimos como teatros”. Durante los últimos años las callejuelas de Lavapiés y alrededores se han conformado como uno de los centros neurálgicos de la cultura madrileña, albergando una densidad creciente de galerías de arte, librerías o instituciones culturales como La Casa Encendida, la Filmoteca Nacional, el museo Reina Sofía o La Tabacalera.
Y también, y sobre todo, multitud de teatros. La cita del encabezamiento forma parte del manifiesto de la nueva red Lavapiés Barrio de Teatros que fue leído ayer durante la presentación en la sala Mirador, uno de los 15 espacios asociados, que suman un millar de butacas y ofrecen 400 espectáculos al mes.
Con esta iniciativa los teatreros lavapieseros pretenden, entre otras cosas, sumar recursos para contribuir a la sostenibilidad económica de las salas, reivindicar el teatro y la cultura como bien público, promover la creación y el pensamiento contemporáneos y crear nuevos públicos y atraerlos al barrio. Para ello trataran de llevar el teatro a la calle, generar ciclos y festivales o acercar este arte a los más jóvenes. Todo ello sin ayudas públicas y de forma autogestionada. “A la crisis económica, social y cultural que vivimos, oponemos un deseo, una aspiración, una voluntad. Y arriesgamos todas nuestras fuerzas en la búsqueda de una alternativa de creación y difusión del teatro basada en la dignidad”, reza el manifiesto, que ayer sonó en la voz de Eva Varela, de la sala La Puerta Estrecha. “¿Pero es suficiente una reacción individualizada y de supervivencia?”, dice el texto, “¿Basta con protestar? ¿Es suficiente la indignación? No nos sirve de nada un descontento que no se articula colectivamente y que permanece en los límites de la acción individual”.
Por el momento disponen de una flamante página web (lavapiesbarriodeteatros.es) y un abono: a partir de mañana se podrá obtener gratuitamente en las salas y permitirá acceder a promociones y ofertas. También funciona a modo de curioso pasaporte teatral: si uno asiste a espectáculos en cada una de las 15 salas, donde el abono será sellado, obtendrá un descuento de 2x1 durante toda la temporada siguiente. “A partir de aquí desarrollaremos todas nuestras líneas de actividad y estaremos abiertos a todas las propuestas”, dijo Varela.
La idea surgió hace unos siete meses de los actores Juan Diego Botto (programador de la Sala Mirador) y Alberto San Juan (uno de los promotores del Teatro del Barrio) y el dramaturgo José Sanchis Sinisterra (director de Nuevo Teatro Fronterizo / La Corsetería). A través del que cuentan que ha sido un duro proceso de trabajo asambleario, abierto y no jerárquico (están orgullosos de haber llegado a superar escollos y llegar a consensos de este modo), la red fue tomando cuerpo, reuniendo a salas veteranas, como Mirador, con salas muy recientes, como El Umbral de la Primavera; pequeños cafés-librería-teatro como La Infinito con laboratorios de creación, como La Corsetería; además de la participación de espacios no muy lejanos pero geográficamente ajenos a lo que es el barrio como son el Off de La Latina o El Foro de Izab (en el Rastro). Algunas salas cercanas, sin embargo, como son Cuarta Pared, Nave 73, La Usina o Lagrada, ubicadas en la zona de Embajadores y Palos de la Frontera, no forman parte de la red.
Instituciones de mayor tamaño, como CDN, el Teatro Pavón, el Teatro Circo Price o La Casa Encendida apoyarán la iniciativa. La red está abierta a incluir nuevos socios y expandirse más allá de las fronteras del barrio (En el propio Lavapiés hay unas 20 salas, algunas de las cuales no forman parte en la red).
¿Por qué es Lavapiés un barrio tan teatral? “Hay una diversidad cultural que hace que este barrio sea atractivo para los creadores”, dice Andrea Díaz Reboredo, coordinadora de la red. Otra buena razón son los bajos alquileres de la zona, claro. “Puede ser”, opina Sanchís Sinisterra, “debido a la inmigración, que muchos no consideraron buena, quedaron bastantes espacios libres. Hay barrios con muchos teatros pero ninguno con tantos como este”. El dramaturgo, que ya había creado la sala Beckett en Barcelona, llegó a finales de los noventa a Madrid y hace cuatro años abrió La Corsetería/Nuevo Teatro Fronterizo en la calle de Santa María de la Cabeza: “En mis paseos y peregrinaciones por Madrid”, continua, “me di cuenta de que Lavapiés es una especie de metáfora del mundo y sobre todo del futuro del mundo. El mundo será mestizo o no será. En las grandes urbes del planeta diferentes etnias, culturas y lenguas van a tener que aprender a convivir. Y el teatro es una forma de convivencia”. Su espacio no es una sala al uso sino un centro de investigación y creación teatral: “con esta iniciativa buscamos, entre otras cosas, que los productos que salgan de nuestros talleres y laboratorios puedan mostrarse en salas del barrio”, dice.
La tan celebrada proliferación de salas teatrales que se da últimamente en la ciudad también conlleva el peligro de contagiar la euforia que precede al pinchazo de las grandes burbujas. Quizás nos encontremos, pues, ante una burbuja de oferta teatral que rebase la demanda y se hunda. “Puede ya estar pasando, desde que nos empezamos a constituir ya hay varias salas que han cerrado”, dice Díaz Reboredo. “Pero pueden salir más, como setas, de la efervescencia de las escuelas de teatro”, apunta, optimista, Sanchís Sinisterra. Pero, ¿habrá público? “Puede que no, por eso un objetivo es atraer al público. Hay que pensar en el teatro ciudadano, es decir, trabajar con los ciudadanos y contactar con asociaciones de vecinos e inmigrantes”.
Otra sombra que planea sobre el mundo del teatro es la de la precarización de sus gentes: se buscan vías alternativas por la dificultad de acceder a las institucionales, pero no sin pagar un alto precio: “Existe el riesgo de la autoexplotación y también el de hacerle el juego a la deserción escandalosa de los poderes públicos respecto a la cultura. No hemos de dejar de protestar y denunciar esta huida de sus responsabilidades”. De hecho, un objetivo de la asociación es crear un festival del barrio con mejores condiciones que las que dan los festivales institucionales. “Estamos fingiendo una normalidad cultural a base de que los actores rebajen al máximo sus condiciones de trabajo”, concluye Sinisterra.
En uno de los muros del patio de la sala Mirador hay pintado un lema que ha hecho fortuna en los últimos tiempos en boca de Juan Diego Botto: “Cuando el parlamento es un teatro, los teatros deben ser parlamentos”. Ayer los promotores de esta nueva red posaron ahí delante, decididos a hacer teatro de Lavapiés para Lavapiés y el mundo: “La tradición, la multiculturalidad, el activismo político, social y vecinal, la creatividad, la modernidad, y la convivencia como eje, son sinónimos de Lavapiés”, afirma su manifiesto, “no es casual el nacimiento de nuestros espacios aquí, ni de tantos otros pertenecientes a otras artes y artesanías. Nos proponemos formar parte activa de la vida del barrio y asumimos sus señas de identidad como propias”.

El Broadway del barrio

by on 16:32
Fuente: Serio C. Fanjul (texto) | Samuel Sánchez (foto) ( elpais.com ) “Nos definen como alternativos, no convencionales, marginales, ...

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El denominado circuito alternativo se ha convertido, en los últimos años, en uno de los más firmes valores de la escena madrileña. En este circuito bulle una frenética actividad con decenas de propuestas; muchas de ellas nacen y mueren, pero otras desafían su carácter efímero. Tras el parón veraniego, las salas recobran su (mucha) actividad. He aquí un repaso por sus programaciones de septiembre, de las más veteranas a las más jóvenes.
Una de las salas más antiguas es la Mirador, que recupera un clásico que está a punto de cumplir veinte años: «La katarsis del tomatazo»; también presentan el ciclo «Un cuerpo, mil danzas»(con las compañías Breakers, Saeeda Dance Group, Estuaria Compañía Flamenca e Interferencia Danza) y la obra «La gente», de Prez&Disla con dirección de Jaume Pérez. Otra sala histórica, Cuarta Pared, presenta nuevamente «Sé de un lugar», con texto y dirección de Iván Morales, e interpretada por Anna Alarcón y Xavier Sàez. Y al teatro Guindalera regresa «Duet for one», de Tom Kempinski, un fascinante montaje interpretado por María Pastor y Juan Pastor, con dirección de este último.
La sala Montacargas es otra de las veteranas del panorama teatral madrileño. Su programación, dedicada al clown y al humor, incluye«Tú vales mucho, pero mucho mucho. El casting», con idea original y dirección de Esteban G. Ballesteros; «El cabaret de la mujer pájaro», con dirección de Willy Éter; y «Cortázar», un espectáculo basado en textos del autor argentino, dirigido por Eduardo Gilio. Y en una línea también diferente circula el teatro Prosperidad, que presenta «Chocolate sexy», cabaret de Lomascrudoteatro; «¡Qué desamor mi amor!», de Evlin Pérez Yebaile; y «The life» y«Reinas de primavera», dos espectáculos de Sunflower.
El teatro Pradillo es otro histórico de la escena alternativa madrileña. La danza ocupa su programación, y presenta este próximo mes «The dream project: Encuentros en la tercera fase», de la coreógrafa Cuqui Jerez, y «Losquequedan unplugged», de Sandra Gómez y Vicente Arlandis. El teatro Victoria, por su parte, sigue con su programación clásica, con siete títulos: «Los miserables», adaptación de la novela de Víctor Hugo; «La venganza de don Mendo», de Muñoz Seca; «La vida es sueño», de Calderón de la Barca; «El burgués gentilhombre», de Molière; «El conde de Montecristo», sobre la novela de Alejandro Dumas; y las zarzuelas «Agua, azucarillos y aguardiente», de Chueca, y «La verbena de La Paloma», de Bretón.
Escapa un poco del circuito alternativo, pero por sus dimensiones también se puede incluir en él al teatro Quevedo, donde se recupera el musical «El otro lado de la cama», de David Serrano, y dirección de José Manuel Pardo. La puerta estrecha presenta «Refugio», de Leticia Pascual; «Las Fieras», de Roberto Arlt; y «El mono», basado en el «Informe para una academia” de Franz Kafka. Y otra sala, la jovencísima La puerta de al lado, estrena «¿Quién, yo?», de Thomas Cabané y Javier Enguix, con dirección de éste último.
El Teatro del Arte presenta en septiembre varias propuestas: destaca«Villa Puccini», con dramaturgia de Miguel Angel Orts y Alexander Herold, que dirige la función. María Luisa Merlo interpreta a una gran diva operística que aguarda su último concierto. La acompaña la soprano Emilia Onrubia, con el pianista José Madrid Giordano. Además están en cartel «Ángeles», una obra basada en «Padre Pedro». de Jose Ignacio Serralunga; «Desde el cielo te digo», con texto y dirección de Paco Anaya; «Noc», un vodevil dirigido por David Quintana; «Tod@s somos todos», un espectáculo unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Sonia Castelo: «Vagabundos», de Alexander Merelo; y «Dios no tiene tiempo libre», escrito y dirigido por Lucía Etxeberría.
«Pedro y el capitán», un texto de Mario Benedetti, es una de las apuestas de Teatro del Barrio, el espacio impulsado por Alberto San Juan. Con la tortura como telón de fondo, la dirige Emilio del Valle y la interpretan Chete Lera, Jorge Muñoz y Alberto Guío. Otras obras programadas son «Ruz-Bárcenas», de Jordi Casanovas; «Autorretrato de un joven capitalista español», un monólogo de Alberto San Juan, que también presenta otro texto escrito y dirigido por él: «Marca España».
La Casa de la Portera es uno de los espacios con mayor proyección; en este mes de septiembre siguen en cartel «Ascenso y caída de Mónica Seles», de Antonio Rojano, con dirección de Víctor Velasco;«Cerda», escrito y dirigido por Juan Mairena; «Elepé» y «Peceras», ambas con texto y dirección de Carlos Be; y «Yo amé a Edgar Allan Poe», un espectáculo de Pilar Massa basado en relatos del autor estadounidense; y regresan a este lugar «Ahora empiezan las vacaciones», un texto de Paco Bezerra inspirado en «El pelícano», de Strindberg, y dirigido por Luis Loque; y «Liturgia de un asesinato», de Verónica Fernández, con dirección de Antonio C. Guijosa,
Su hermana menor, La pensión de las pulgas, presenta dos estrenos:«Cliff», de Alberto Conejero, con dirección del autor y de Alberto Velasco; y «Un disgusto danés», escrita y dirigida por Jumon Erra. Y se reponen «Sótano», de Josep Maria Benet i Jornet, dirigida por Israel Elejalde; «Dorian», un texto escrito y dirigido por Carlos Be sobre «El retrato de Dorian Gray», de Oscar Wilde; «Yernos que aman», con texto y dirección de Abel Zamora; y «La maratón de Nueva York», de Edoardo Erba, dirigido por Jorge Muñoz.
La sala Kubik Fabrik tiene en cartel en septiembre dos propuestas:«Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», escrito y dirigido por Félix Pons; y «La invasión de los ladrones de cuerpos», una creación de Vicente Colomar, Ricardo Santana y Raúl Marcos con dirección del primero.
Nave 73 presenta en su programación «Mi pasado en B», escrito e interpretado por Javier Lara, con dirección de Pietro Olivera; «Ensayo general con público», con idea y guión de David Lavirgen; «La comunidad: un vecindario improvisado», un trabajo de improvisación de la escuela de Calambur Teatro; «Cabaret íntimo», escrito y dirigido por Susana Espelleta; «Manlet», de María Velasco; y«Yo, indígena, la conquista de uno mismo», con dramaturgia de José J. Serrano y dirección de Santi Senso.
En la Sala Tú hay también varias propuestas: «Efecto dominó», con texto y dirección de Javier Esteban; «Novecento», el conmovedor relato escrito por Alessandro Baricco, dirigido por Raúl Fuertes e interpretado por Miguel Rellán sobre el pianista del océano, que nunca pisó tierra; «Vacaciones en la inopia», escrito y dirigido por Íñigo Guardamino; «Matadero 36/39», con texto y dirección de Ramón Paso; «Sótano», de Josep M. Benet i Jornet, con dirección de Enio Mejía; y «Ay, Iniesta de mi vida», basada en la obra «Oe, oe, oe», de Maxi Rodríguez.
Tres son las obras que se presentan en la sala Azarte«Comment te dire adieu», escrita y dirigida por Sergi Manuel Alonso, que llega a Madrid tras estrenarse en Barcelona; «Tuyo Chopin», una coreografía de Alfonso Cayetano y Marco Antonio; y «Mínimo común», un espectáculo dirigido por Quino Falero con textos de Ariel Capone, Yolanda García Serrano, Fernando J. López, Juan Carlos Rubio y Paco Tomás,
Y por fin, Microteatro por Dinero, cuyo lema en septiembre es «Por pasión», presenta dieciséis trabajos; entre ellos figuran «Al borde», con texto y dirección de Pedro Herrero; «Butacas», de María Inés González y Miguel Ángel Cárcano, dirigida por éste último; «3,2 lo que hacen las novias», de Jota Linares y Roberto Pérez Toledo, con dirección de Ceres Machado; «Triangulados», escrito y dirigido por Elisa Ibáñez; y «Mística Atlética», con texto y dirección de Zenón Recalde.

Fuente: Sergio C. Fanjul (elpais.com)
Que le organicen a un autor una retrospectiva de su trabajo, sobre todo cuando ese trabajo es efímero como el teatral y se esfuma después de cada función para solo permanecer en la memoria de quien estuvo allí, es una cosa muy buena. Cuando se da la circunstancia de que ese autor solo acaba de cumplir los 40, es una cosa aún mejor. “Es un regalazo”, dice el dramaturgo, actor y director Pablo Messiez a quien la sala Mirador, a propuesta de su actual programador, Juan Diego Botto, le dedica un ciclo este mes con tres de sus obras. “Decir retrospectiva me suena muy grande y me da como vergüenza”, bromea el autor, “pero envidio a los artistas plásticos: siempre se pone a cada una de sus obras en relación con el conjunto, y eso pasa poco en teatro. Me gusta que durante este mes se pueda ver dialogar a las tres obras, que se diga: ‘mirad lo que va haciendo este pibe”.
Una soleada mañana en la calle Dr. Fourquet, Lavapiés, enfrente de la sala Mirador Messiez se pregunta si posar en la foto con chaqueta. Decidimos que sí. “Lo que se me hace raro es decir chaqueta y no saco,como se dice en Argentina”. El dramaturgo llegó a España en 2005, procedente de Buenos Aires, y lo hizo por amor. Pero, a los dos meses, la relación que le hizo cruzar el charco con su vida a cuestas se rompió. Vaya chasco. De ese momento difícil surgió Los Ojos, que se podrá ver desde hoy y durante dos semanas. “Fue una mierda. Cuando esto sucedió me pregunté: ‘¿qué hago acá, cuando en Argentina estaba muy tranquilo trabajando como actor?”, recuerda. Pero no había opción para la vuelta atrás. “Empezaron a circular temas como el desarraigo, cómo gestionar el fin de un amor en tierras lejanas”, explica. La obra parte de la Marianela de Benito Pérez Galdós, de ahí toma los personajes de Marianela y el ciego y los cruza con su propia experiencia. “Para encontrarse con el otro muchas veces se olvida que primero hay que poder verle”, opina Messiez.
De no poder ver a no poder hablar. La segunda obra, durante las dos últimas semanas del mes, es Muda, título que hace referencia tanto a una mujer carente de la capacidad del habla, como al cambio, la muda, la mudanza. “Está inspirada por El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers, escritora de la que me declaro fan”, dice Messiez, “en especial en el personaje mudo al que todo el mundo habla, y todo el mundo siente que le contesta. Es el diálogo con el silencio que también se da en el psicoanálisis”, explica. Como buen argentino, Messiez cae en el tópico interés por esta terapia, en concreto en su vertiente lacaniana.Muda narra la peripecia de esa mujer muda que se muda a un piso nuevo, donde conoce al portero y a una vecina que no para de hablar, y los cambios que se producen en sus vidas.
Los domingos, en horario matinal, se representa Las Plantas, el monólogo (o diálogo con plantas, resaca y crisis de angustia) de Estefanía de los Santos, una de las actrices con las que Messiez suele trabajar frecuentemente, además de con Fernanda Orazi, Marianela Pensado u Oscar Velado. Se quedan fuera, por problemas de producción, su más reciente obra, Las Palabras, o su primer trabajo como autor en Argentina, Antes, que remozó en España rebautizándolo como Ahora. En estas fechas prepara, de nuevo como actor,Acreedores, dirigido por Claudia Faci, que se estrenará en octubre. Además, está dirigiendo la compañía madrileña Grumeolot el espectáculo Los brillantes empeños, que se estrenará en el Festival de Almagro.
Buenos Aires es conocida por su burbujeante escena teatral alternativa, algo de lo que presume Madrid últimamente, con la alta proliferación de salas y compañías. “No quisiera colaborar con ese fenómeno, la comparación es un lío”, dice, “es cierto que se están haciendo más cosas porque la gente tiene la valentía de hacerlas, y eso lo aplaudo, pero no existe ninguna revolución estética y las condiciones de trabajo están en franco retroceso”. Opina que el asunto es más cuantitativo que cualitativo: “En la promoción de festivales como Surge Madrid se hace mucho hincapié en el enorme número de salas, de estrenos, de compañías… Todo esto nos ciega, nos dificulta ver qué hay ahí, en vez de cuánto hay, que es menos importante”.

Messiez, autor del mes

by on 15:50
Fuente: Sergio C. Fanjul (e lpais.com ) Que le organicen a un autor una retrospectiva de su trabajo, sobre todo cuando ese trabajo es ...


Fuente: Saioa Camarzana (elcultural.es)

Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945) es actriz, profesora de arte dramático de su propia escuela (Producciones Cristina Rota) y productora. En el año 2010 obtuvo la Medalla de Oro de Bellas Artes y su centro es uno de las más prestigiosos del país. Este miércoles presenta Rudolf, una pieza escrita por Patricia Suárez en la que se cuenta la historia de un joven judío que busca la pista de un torturador nazi, que se cree ha huido a Sudamérica, a través de su ex amante. Ella es una pianista en declive en la Alemania de la hambruna de la postguerra y el joven tiene como meta encontrar a ese teniente y torturador nazi en concreto. A medida que va sorteando preguntas y adquiriendo respuestas, le asaltan más. Además se encuentra con un contratiempo inesperado: lo que se había planteado como un acto e intento hacer justicia por la memoria de sus seres queridos, se ve truncado en una historia de amor entre ambos personajes antagonistas. ¿Es posible una relación semejante? Esto es lo que narra Rudolf con María Botto y Roberto Drago como protagonistas en la Sala Mirador.

¿Cómo nace la historia de Rudolf?
Son unos textos de autores argentinos que no son de Buenos Aires, son del exterior. La escritora de esta pieza es de Rosario, me llegaron varios textos y me gustó mucho este. En un principio era para una lectura dramatizada, la hice y me gustó lo que cuenta, lo que dice. Tiene que ver con lo que me conmueve y me gusta contar. Me inspiró María Botto y me animé a montarlo ya que a ella también le conmovía. Otro de los textos lo postergamos porque requería trabajo y nos metimos en este.

¿Qué es lo que te atrajo de la obra para decidirte a dirigirla?
Realmente lo que cuenta. Me conmueve todo lo que cuente algo que tenga que ver con la sociedad en la que vivimos o los conflictos del alma humana. Y pienso que lo interesante es que el teatro esté en la función social, que sirva, que cuente, que movilice al ser humano, que dinamice una sociedad. Esto es lo que más me conmueve, una historia que puede haber sucedido en España, en Argentina, en Alemania, en cualquier sitio, de antes o de ahora, que nos cuente que todo exceso de poder traumatiza, fragmenta vidas e impide y fractura sociedades. Esta historia es como Romeo y Julieta pero fragmentada por los excesos del poder. 

Un chico judío y la ex amante de un teniente nazi. Incompatible en un principio pero, ¿posible?
Yo creo que no. Ha sucedido y de hecho el actor se basó en una historia argentina. Conoce a una chica pero en realidad está buscando a un torturador nazi y cree que ella es la ex amante, por lo tanto establece una relación profesional de espionaje y sobre todo ella, en la soledad de la postguerra, donde hay hambre, y está destrozada, venida abajo y muy sola. Ha vendido lo único a lo que se dedicaba y amaba que era el piano. No es incompatible, se pueden enamorar, el problema no es que suceda sino que hacer después con eso. La sociedad demuestra que es imposible toda reconciliación. El perdón es imposible.

El joven al final sigue el destino de la memoria. 
Claro, él tiene que resolver el dilema de si perdona, si olvida, si se va con ella o sigue tratando de reivindicar y luchar por sus seres queridos.

¿Es una metáfora?
Sí. A veces queremos construir sobre cadáveres y esto es imposible.

El tema del nazismo sigue siendo atractivo para mucha gente.
Eso espero. Es un tema que ha sido tratado, no podemos elaborar el presente sin el pasado. 

Los actores son Maria Botto y Roberto Drago. ¿Cómo es trabajar con ellos?
Ha sido muy gratificante. Ambos usaron mucho sus vivencias y el conocimiento que tienen de la vida. Los dos son hijos de argentinos y exiliados por lo que no les costaba entrar en la historia. En el trayecto se elabora y se van conociendo cosas, nuevos descubrimientos, luego van surgiendo más nudos, más respuestas. Más preguntas y respuestas que se van complicando. Fue un buen viaje y además es una parodia al estilo del teatro del enigma con influencias pinterianas y del teatro del enigma. Tiene un humor extraño, a veces negro y agrio que hace la obra más interesante. 

¿Cómo se afronta un montaje?
Cada montaje es un viaje donde otros te animan y en este caso fueron María y Juan. Además estoy amparada por todo el equipo del centro. La angustia te la produce la propia obra.
Fuente: Rocío García (elpais.com)
Algunas frases pueden sonar viejunas, pero ahí están. No por eso, a veces, dejan de ser certeras. Y más en estos tiempos. El actor Juan Diego Botto (Buenos Aires, Argentina, 1975) defiende esta filosofía con ahínco y recuerda estos días aquello que se proclamaba en las calles durante las revueltas de mayo de 1968: “Cuando el Parlamento es un teatro, el teatro debe ser un Parlamento”. Y decidido y comprometido donde los haya, el intérprete y autor teatral se ha puesto manos a la obra y desde el próximo mes de septiembre estará al frente, por dos temporadas consecutivas, de la programación de la sala Mirador, en el barrio de Lavapiés de Madrid.
De momento, ya ha encargado un gran cartel con la frase del mayo francés que presidirá la entrada de esta sala privada, que gestiona desde 1995 el Centro de Nuevos Creadores. Porque lo que allí encontrará el espectador es un lugar en el que detenerse y pensar de manera colectiva. “Eso es el teatro”, proclama entusiasmado Botto, “un sitio en el que se habla del ser humano y se apela al corazón y a la razón, y todo colectivamente”.
El autor e intérprete de una de las obras de mayor éxito e impacto en la escena teatral en Madrid —Un trozo invisible de otro mundo, que viajará en septiembre al Teatre Lliure de Barcelona y se repondrá en febrero de 2014 en las Naves del Matadero— asegura que la explosión que se vive en la ciudad desde hace dos o tres años con nuevas salas alternativas, propuestas diferentes, nuevos dramaturgos e historias contundentes fue la razón por la que propuso a los responsables del teatro Mirador liderar la programación de esta sala de tipo medio (170 butacas).
“Lo que está claro es que ahora en Madrid los que menos pesan en el teatro son la vanguardia. Me apetecía formar parte de esta explosión y más en el momento social en que vivimos, en el que hay muchos autores que buscan y están encontrando la compañía del público con historias que hablan de cosas que a todos interesan”.
La filosofía que impregnará el nuevo programador de la Mirador tiene que ver con la urgencia, con ese teatro urgente y ágil que se monta en muy corto espacio de tiempo historias que tocan a la calle. “Los teatros oficiales se están quedando atrás, no están recogiendo la ebullición que se palpa en las salas de pequeño formato. La programación tendrá una clara voluntad social pero no será ni dogmático, ni esquemático”, explica el actor, que pone de ejemplo a Lorca como el más claro exponente de teatro social.
El entusiasmo de Botto es inmenso. Se le ve feliz y asegura que la sala estará sobreexplotada —“hay mucha gente con necesidad de hacer teatro y muchas propuestas”—. Nunca estará vacía, excepto los lunes. Habrá funciones diarias, a veces más de una, y tendrán cabida tanto propuestas que necesiten una sola lámpara como otras con necesidades técnicas mayores, algo para lo que está preparada de sobra la sala Mirador, en la que se realizó una importante inversión en equipamiento.
Ideas no le faltan, como ese espectáculo combinado que quiere proponer al resto de las salas del barrio de Lavapiés. “Así podemos tener la sensación de que no estamos solos y nos sentimos más fuertes de cara a las dificultades”. Y la posibilidad de que la Mirador se convierta algo así como en la pequeña filmoteca teatral en el que se programen “clásicos” que la gente se perdió en su momento y que quiera recuperar.
De momento, Botto quiere inaugurar su temporada como programador —su idea es que el cargo rote cada dos años para que no languidezca el teatro y siempre bullan caras e ideas nuevas— con la obra En construcción,dirigida por Tristán Ulloa e interpretada por Carolina Román y Nelson Dante y que se ha defendido con valentía y éxito en el Teatro del Arte de Madrid esta primavera. Habrá también espacio para Alberto San Juan, que escribe y, a lo mejor, dirige una obra propia, y también para directores como Sergio Peris-Mencheta, que tiene en proyecto cinco piezas cortas de una autora rusa, o el argentino Pablo Messiez, que ha presentado en Madrid algunas de las propuestas más apasionantes del panorama teatral. Botto se reserva un texto que ha escrito para su hermana, la también actriz María Botto, en torno a los sueños de una chica que quiere triunfar. “Espero que lo quiera interpretar”, asegura sonriente.
Antes de que esa ebullición penetre en la sala Mirador, Juan Diego Botto se relaja sentado en el patio ante la presencia de una floreada y enorme adelfa.