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Fuente: Elisa Díez (Butaques i Somnis)

Carlos Be ha vuelto... a estrenar en Madrid. No te hagas ilusiones, desde que trajo Peceras y Elepé ningún programador ha vuelto a confiar en él y por ende los teatreros catalanes o viajamos o nos quedamos castigados. Sea como fuere, este julio durante tres días se ha podido ver su última obra, Añicos, dirigida por el jovencísimo Pablo Martínez Bravo al Festival Frinje. La crítica ha aplaudido el montaje y en septiembre ocupará La Pensión de las Pulgas.

Añicos es un thriller claustrofóbico, género fetiche del dramaturgo catalán afincado en Madrid. Para ver su obras mejor ir con los ojos cerrados y expectante a todo lo que pueda ocurrir. Añicos en este caso toma el relevo de Peceras. El público desconoce lo que le pasa a la familia protagonista. 

Seguro que te acuerdas de las noticias sobre el pederasta de Ciudad Lineal, durante una época vivimos pendientes de su captura. Carlos Be toma esta noticia como punto de partida de Añicos, su rostro en las portadas de todos los periódicos y en las cabeceras de todos los informativos le lleva a una reflexión: ¿qué sentirían sus familiares? ¿Qué sentirían a su vez las familias de las niñas violadas? Cómo los hechos perpetrados por un solo hombre puede trastocar la vida de un gran número de personas. Nadie sale indemne de las consecuencias. Partiendo de esta base, la obra trata de adentrarse en la historia personal de los afectados, de una u otra manera, por la actuación del pederasta.

Carlos Be ha dividido la obra en trece añicos, que no escenas, aunque según él pueden ser "agonías". Según su autor está obra viene a romper con la comodidad con la que disfrutamos en el día a día, donde no existen los sobresaltos, hasta que este bienestar desaparece y es reemplazado por el coraje y el miedo. Los personajes de Añicos está demolidos, sin nada donde agarrarse, pero qué buscan ¿justicia o venganza? Se convierten en seres impredecibles, todo es posible en sus acciones. Es un montaje que muestra la fragilidad del ser humano al mismo tiempo que su fortaleza.

Añicos. Texto: Carlos Be. Dirección: Pablo Martínez Bravo. Intérpretes: David González, Carlos López, Sara Moraleja y Raquel Pérez. Desde el 11 de septiembre en La Pensión de las Pulgas. Todos los viernes a las 20h. +INFO

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El denominado circuito alternativo se ha convertido, en los últimos años, en uno de los más firmes valores de la escena madrileña. En este circuito bulle una frenética actividad con decenas de propuestas; muchas de ellas nacen y mueren, pero otras desafían su carácter efímero. Tras el parón veraniego, las salas recobran su (mucha) actividad. He aquí un repaso por sus programaciones de septiembre, de las más veteranas a las más jóvenes.
Una de las salas más antiguas es la Mirador, que recupera un clásico que está a punto de cumplir veinte años: «La katarsis del tomatazo»; también presentan el ciclo «Un cuerpo, mil danzas»(con las compañías Breakers, Saeeda Dance Group, Estuaria Compañía Flamenca e Interferencia Danza) y la obra «La gente», de Prez&Disla con dirección de Jaume Pérez. Otra sala histórica, Cuarta Pared, presenta nuevamente «Sé de un lugar», con texto y dirección de Iván Morales, e interpretada por Anna Alarcón y Xavier Sàez. Y al teatro Guindalera regresa «Duet for one», de Tom Kempinski, un fascinante montaje interpretado por María Pastor y Juan Pastor, con dirección de este último.
La sala Montacargas es otra de las veteranas del panorama teatral madrileño. Su programación, dedicada al clown y al humor, incluye«Tú vales mucho, pero mucho mucho. El casting», con idea original y dirección de Esteban G. Ballesteros; «El cabaret de la mujer pájaro», con dirección de Willy Éter; y «Cortázar», un espectáculo basado en textos del autor argentino, dirigido por Eduardo Gilio. Y en una línea también diferente circula el teatro Prosperidad, que presenta «Chocolate sexy», cabaret de Lomascrudoteatro; «¡Qué desamor mi amor!», de Evlin Pérez Yebaile; y «The life» y«Reinas de primavera», dos espectáculos de Sunflower.
El teatro Pradillo es otro histórico de la escena alternativa madrileña. La danza ocupa su programación, y presenta este próximo mes «The dream project: Encuentros en la tercera fase», de la coreógrafa Cuqui Jerez, y «Losquequedan unplugged», de Sandra Gómez y Vicente Arlandis. El teatro Victoria, por su parte, sigue con su programación clásica, con siete títulos: «Los miserables», adaptación de la novela de Víctor Hugo; «La venganza de don Mendo», de Muñoz Seca; «La vida es sueño», de Calderón de la Barca; «El burgués gentilhombre», de Molière; «El conde de Montecristo», sobre la novela de Alejandro Dumas; y las zarzuelas «Agua, azucarillos y aguardiente», de Chueca, y «La verbena de La Paloma», de Bretón.
Escapa un poco del circuito alternativo, pero por sus dimensiones también se puede incluir en él al teatro Quevedo, donde se recupera el musical «El otro lado de la cama», de David Serrano, y dirección de José Manuel Pardo. La puerta estrecha presenta «Refugio», de Leticia Pascual; «Las Fieras», de Roberto Arlt; y «El mono», basado en el «Informe para una academia” de Franz Kafka. Y otra sala, la jovencísima La puerta de al lado, estrena «¿Quién, yo?», de Thomas Cabané y Javier Enguix, con dirección de éste último.
El Teatro del Arte presenta en septiembre varias propuestas: destaca«Villa Puccini», con dramaturgia de Miguel Angel Orts y Alexander Herold, que dirige la función. María Luisa Merlo interpreta a una gran diva operística que aguarda su último concierto. La acompaña la soprano Emilia Onrubia, con el pianista José Madrid Giordano. Además están en cartel «Ángeles», una obra basada en «Padre Pedro». de Jose Ignacio Serralunga; «Desde el cielo te digo», con texto y dirección de Paco Anaya; «Noc», un vodevil dirigido por David Quintana; «Tod@s somos todos», un espectáculo unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Sonia Castelo: «Vagabundos», de Alexander Merelo; y «Dios no tiene tiempo libre», escrito y dirigido por Lucía Etxeberría.
«Pedro y el capitán», un texto de Mario Benedetti, es una de las apuestas de Teatro del Barrio, el espacio impulsado por Alberto San Juan. Con la tortura como telón de fondo, la dirige Emilio del Valle y la interpretan Chete Lera, Jorge Muñoz y Alberto Guío. Otras obras programadas son «Ruz-Bárcenas», de Jordi Casanovas; «Autorretrato de un joven capitalista español», un monólogo de Alberto San Juan, que también presenta otro texto escrito y dirigido por él: «Marca España».
La Casa de la Portera es uno de los espacios con mayor proyección; en este mes de septiembre siguen en cartel «Ascenso y caída de Mónica Seles», de Antonio Rojano, con dirección de Víctor Velasco;«Cerda», escrito y dirigido por Juan Mairena; «Elepé» y «Peceras», ambas con texto y dirección de Carlos Be; y «Yo amé a Edgar Allan Poe», un espectáculo de Pilar Massa basado en relatos del autor estadounidense; y regresan a este lugar «Ahora empiezan las vacaciones», un texto de Paco Bezerra inspirado en «El pelícano», de Strindberg, y dirigido por Luis Loque; y «Liturgia de un asesinato», de Verónica Fernández, con dirección de Antonio C. Guijosa,
Su hermana menor, La pensión de las pulgas, presenta dos estrenos:«Cliff», de Alberto Conejero, con dirección del autor y de Alberto Velasco; y «Un disgusto danés», escrita y dirigida por Jumon Erra. Y se reponen «Sótano», de Josep Maria Benet i Jornet, dirigida por Israel Elejalde; «Dorian», un texto escrito y dirigido por Carlos Be sobre «El retrato de Dorian Gray», de Oscar Wilde; «Yernos que aman», con texto y dirección de Abel Zamora; y «La maratón de Nueva York», de Edoardo Erba, dirigido por Jorge Muñoz.
La sala Kubik Fabrik tiene en cartel en septiembre dos propuestas:«Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», escrito y dirigido por Félix Pons; y «La invasión de los ladrones de cuerpos», una creación de Vicente Colomar, Ricardo Santana y Raúl Marcos con dirección del primero.
Nave 73 presenta en su programación «Mi pasado en B», escrito e interpretado por Javier Lara, con dirección de Pietro Olivera; «Ensayo general con público», con idea y guión de David Lavirgen; «La comunidad: un vecindario improvisado», un trabajo de improvisación de la escuela de Calambur Teatro; «Cabaret íntimo», escrito y dirigido por Susana Espelleta; «Manlet», de María Velasco; y«Yo, indígena, la conquista de uno mismo», con dramaturgia de José J. Serrano y dirección de Santi Senso.
En la Sala Tú hay también varias propuestas: «Efecto dominó», con texto y dirección de Javier Esteban; «Novecento», el conmovedor relato escrito por Alessandro Baricco, dirigido por Raúl Fuertes e interpretado por Miguel Rellán sobre el pianista del océano, que nunca pisó tierra; «Vacaciones en la inopia», escrito y dirigido por Íñigo Guardamino; «Matadero 36/39», con texto y dirección de Ramón Paso; «Sótano», de Josep M. Benet i Jornet, con dirección de Enio Mejía; y «Ay, Iniesta de mi vida», basada en la obra «Oe, oe, oe», de Maxi Rodríguez.
Tres son las obras que se presentan en la sala Azarte«Comment te dire adieu», escrita y dirigida por Sergi Manuel Alonso, que llega a Madrid tras estrenarse en Barcelona; «Tuyo Chopin», una coreografía de Alfonso Cayetano y Marco Antonio; y «Mínimo común», un espectáculo dirigido por Quino Falero con textos de Ariel Capone, Yolanda García Serrano, Fernando J. López, Juan Carlos Rubio y Paco Tomás,
Y por fin, Microteatro por Dinero, cuyo lema en septiembre es «Por pasión», presenta dieciséis trabajos; entre ellos figuran «Al borde», con texto y dirección de Pedro Herrero; «Butacas», de María Inés González y Miguel Ángel Cárcano, dirigida por éste último; «3,2 lo que hacen las novias», de Jota Linares y Roberto Pérez Toledo, con dirección de Ceres Machado; «Triangulados», escrito y dirigido por Elisa Ibáñez; y «Mística Atlética», con texto y dirección de Zenón Recalde.

Fuente: Clara Morales (elpais.com)
Más de 20 personas cruzan la puerta de madera que franquea el número 48 de la madrileña calle Huertas. Vuelven a hacerlo, 45 minutos más tarde, callados como si algo se les hubiera quedado atravesado en la garganta. Ha sido la obra Breve ejercicio para sobrevivir, de Lautaro Perotti, quizás contagiados por el cansancio del personaje que interpreta Bárbara Lennie o la tartamudez del de Santi Marín. Eso es lo que les pesa, lo que les ha mantenido pegados a las bancadas de La pensión de las pulgas, sala teatral de pequeño formato inaugurada en noviembre que programa el reestreno de la pieza hasta el 17 de febrero.
Esta versión de Tennessee Williams (una fusión de No puedo imaginar el mañana, una de sus obras en un acto, y Función para dos personajes) no es ninguna comedia. Y además se representa a un metro escaso del público en un espacio con aforo de 35 personas. Para Bárbara Lennie, una locura: "El fin de semana pasado estaba aterrada de reestrenar aquí, me parecía una experiencia salvaje y absurda. Pensé: '¿Por qué estamos haciendo esto?". La respuesta: repetir el éxito cosechado en febrero de 2013 en La casa de la portera. Este drama entre dos personajes que solo se tienen el uno al otro fue visto por más de 300 personas —en una sala con poco más de 20 butacas— y el triple se quedó en lista de espera.
El primer desafío era el texto, que mantiene la estructura de No puedo imaginar el mañana pero añade los elementos metateatrales de Función para dos personajes. El resultado es una escenificación del dolor y el miedo entre dos intérpretes alejados, por motivos distintos, del mundo de la actuación. La propuesta de Perotti, siguiendo el tono de la sala bonaerense Timbre 4 que fundó junto a Claudio Tolcachir (La omisión de la familia Coleman), era despojar el texto de todo rastro de "artificio": nada de música, casi ningún juego de luces, fuera el maquillaje. Solo los actores frente al público. Bárbara Lennie encarna la consecuencia de esta apuesta de dirección: "Esta vez he dejado de pensar que estoy haciendo un personaje, sino que soy yo en esa situación. No hay más".
Al servicio de esto, el espacio lanzado por el director José Martret y el escenógrafo Alberto Puraenvidia —padres también de La casa de la portera— en el antiguo local de la Central de Cine. La primera planta del edificio, remodelada para contener la versión moderna de Macbeth que dirige el propio Martret, sirve también de hogar a los personajes de Williams. Perotti buscaba "una casa, o un espacio que pudiera parecerlo y que tuviera la intimidad de un hogar". Así llegaron a las creaciones de Puraenvidia. "Cuando entramos en La casa de la portera para ensayar estaban asustados, tenían unas caras...", recuerda Perotti señalando a sus actores. Santi Marín viene a completar la memoria del director, entre risas: "Los primeros días nos chocábamos con los pies de la gente. Esto es un espacio mucho más grande en comparación. Pero el susto es el mismo".
Sobre todo, comparado con los proyectos que frecuentan los intérpretes. De Breve ejercicio para sobrevivir a la teatralidad de Tomaz Pandur, del que Marín es colaborador habitual (La caída de los dioses, Medea, Hamlet), hay un trecho. Casi el mismo espacio que tiene que salvar Lennie entre la gira del Misántropo, de Miguel del Arco, en la que está embarcada, y la sala de la calle Huertas.
No siempre ha sido así: los actores ya estuvieron en 2009 en el hall del Teatro Lara para representar El trío en Mi bemol, de Antonio Rodríguez. Y, si no está claro que las salas alternativas sean el futuro, sí son, aparentemente, el presente: "Tengo al menos tres amigos que han abierto salas. Todo este momento tan lamentable tiene algo muy excitante, de ebullición" dice Lennie. Perotti aporta su visión, la que ha visto renacer el teatro bonaerense tras la crisis de 2001: "Allí se celebraba que con dos pesos te hacías una obra. Y el Gobierno se empezó a retirar de la producción, total, como con dos pesos te haces una obra... Pero claro, tenemos que vivir de esto, tenemos que comer. El rol del Estado sigue siendo importante".

Fuente: Elsa Fernández-Santos (elpais.com)
Entre los célebres diálogos de Eva al desnudo, la película que mejor ha descrito las entretelas de la aristocracia del mundo del escenario, hay un breve y emocionante monólogo que podría servir para ilustrar la explosión creativa del teatro alternativo en la España de la crisis. Esa capacidad de este viejo arte para revivir y manifestar su naturaleza más profunda en cualquier acera. “¿Dónde pone que el teatro exista solo en los feos edificios apiñados en dos kilómetros cuadrados de Nueva York, Londres, París o Viena?”, se pregunta un encendido y coqueto Gary Merrill ante la joven y servil arpía Anne Baxter. “¿Quieres saber qué es el teatro? Un circo de pulgas, ópera, y rodeos, carnavales, ballets, danzas tribales indias, guiñol, un hombre orquesta... El Pato Donald, Ibsen, y el Llanero Solitario, Sarah Bernhardt y Poodles Hannefor, Lunt y Fontaine, Betty Grable, Rexel caballo salvaje, Eleonora Duse. Eso es teatro. No los entiendes todos. No te gustan todos. Así que no lo apruebes, ni desapruebes. Quizá no sea tu tipo de teatro, pero, en algún sitio, para alguien lo es”.
Esa cualidad libérrima, al servicio de los poderes de la imaginación, donde caben por igual reyes y vagabundos, un solo actor o un millar de ellos, está detrás de su eterna capacidad de supervivencia (ante la crisis de ahora y las de siempre) y de la eclosión en los últimos meses de espacios alternativos surgidos al albur de la caída del sector y de la consiguiente desesperación de muchos de sus creadores. Teatro off que ha conquistado porterías y peluquerías de Madrid, azoteas de Sevilla y salones de Málaga, miniespacios de Barcelona, rincones montados en cooperativa o en solitario, salas hasta hace poco marginales que por fin alcanzan el eco que merecen, microteatros, monólogos… Una efervescencia independiente, a pie de calle, que ha encontrado su público en una sociedad sedienta de una historia que se quiere abrir paso al margen de la oficial.
En Barcelona, concentradas en el barrio de El Raval y dedicadas en exclusiva al teatro emergente, abrieron en primavera tres propuestas cuyos espacios se mueven entre los 9 y los 90 metros cuadrados, informa Jacinto Antón. Àtic 22 (sala alternativa nacida, a su vez, de una sala alternativa consolidada, Teatre Tantarantana) ha logrado en apenas seis meses programar ocho obras para 2.000 espectadores. Mini Teatros ofrece obras de 15 minutos en salas para 16 personas y la sala Fènix Teatre, montada por un colectivo capaz de arreglar las luces y salir a escena, está dedicada al cabaré, las marionetas y las máscaras. En enero lanzan Los jueves de la Fènix, un cabaré revista basado en la literatura fantástica del siglo XIX.
En Madrid, las propuestas se multiplican: del Teatro de la Ciudad, proyecto de creación viva —y política— impulsado por tres nombres indiscutibles de la nueva escena nacional, Alfredo Sanzol, Miguel del Arco y Andrés Lima, a otros hervideros como la sala Mirador que programa Juan Diego Botto o el recién nacido Teatro del Barrio, que pretende aunar la cuestión política con la experiencia lúdica. “La eclosión de nuevos espacios teatrales es como la eclosión de nuevos medios de comunicación o de cooperativas alimentarias”, explica Alberto San Juan, uno de los gestores del Teatro del Barrio. “En la medida en la que el sistema vigente se hunde, los ciudadanos comienzan a construir otra forma de organizarse para convivir. Este proceso pasa por conseguir que los propios ciudadanos sean en medida suficiente propietarios y gestores de los medios de producción”.
Lejos de propuestas asamblearias y echando mano de una cita de Victor Hugo propuesta por el colectivo del Barrio (“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento”) muchos otros simplemente han encontrado eso, su momento: la manera de canalizar sus ideas lejos del escenario italiano tradicional. Olga Induran lanzó con su socia Susana Pérez Bermejo este año su proyecto Teatro Efímero en una peluquería del barrio de Chamberí, “algo así como unpop up teatro, ya que está tan de moda”, bromea ella. Garret Salón de Belleza albergó la obra Tú no, princesa, tragicomedia en tres actos sobre el fracaso de tres mujeres en tres décadas diferentes: los ochenta, los noventa y los 2000. Escritora de webseries y teatro alternativo, la autora se curtió en la hoy popularMicroteatro por dinero. “Todo es posible cuando dan igual los medios, la materia prima es la imaginación. Como cuando de pequeña juegas a indios y vaqueros con tapones de champú y dos barriguitas tuertas. Tú sacas una barra de labios y le dices al espectador que se haga a la idea de que es un cohete, y el espectador y tú hacéis ese pacto y ves a la barra de labios echando humo”.
Pero de todos esos pactos espactador-espacio uno de los fenómeno indiscutibles fue el de La Casa de la Portera, peculiar espacio madrileño nacido hace casi dos años para 25 espectadores y creado en la casa donde vivió la portera de un viejo edificio. El director y dramaturgo José Martret y el director de arte y escenógrafo Alberto Puraenvidia abrieron las puertas con Ivan-Off, versión alternativa del Ivanov, de Chéjov, y en pocos meses se convirtieron en todo un fenómeno. En el reducido aforo empezaron a verse caras conocidas, actores famosos y algún premio Nobel, atraídos por una experiencia —como poco— distinta. El éxito de la propuesta ha sido tal que hace unos meses el mismo equipo abrió La pensión de las pulgas, un salón en un piso de Huertas con ese aire pop sofisticado de finales de los años cincuenta que, con un aforo de 35 personas, se atrevió con un Macbeth (MBIG) interpretado por 10 actores como primer estreno. “Nosotros llenamos siempre, pero el teatro alternativo, ni ahora ni antes, da para vivir. Es solo una manera de estar activo y de darte a conocer. Para poder vivir mejor espera a que llamen del María Guerrero”, explica Martret, quien al preguntarle por el futuro de este tipo de espacios suelta una carcajada. “¿El futuro? Solo me preocupa el mañana”.
¿Qué quedará en limpio de toda esta innegable avalancha de propuestas y estrenos? Daniel Martínez, responsable de la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas de Teatro y Danza (Faeteda), delimita esta erupción de espacios off a las grandes núcleos urbanos y la califica de “espejismos” y “subterfugios” que esconden la realidad del futuro: “No solucionan la viabilidad del sector solo la de los creadores, que lógicamente no se conforman con quedarse en casa. En realidad no es una salida, sino una forma más de protestar ante la situación”.
“El bombazo de la escena off es fascinante pero, finalmente, falta industria y se trabaja con mínimos laborales”, apunta el actor Jorge Suquet (La mula, Crematorio), que ha encontrado en el teatro alternativo una fuente de nuevos estímulos que muchas veces se quedan en nada. Según su experiencia, la financiación solo llega cuando el éxito está garantizado y esa dependencia de la taquilla hace caer la balanza en favor de las propuestas más comerciales. “Así que el off en realidad funciona como mero muestrario, muchas veces más interesante que otras propuestas de grandes salas, pero finalmente condenado por la falta de una estructura profesional y laboral”.
“Cuando hay una pulsión creativa poderosa tiene que salir por cualquier lado, como esas hierbas que nacen por las grietas del asfalto”, asegura Ernesto Caballero, director del CDN. “La gente tiene ganas de escuchar un relato de la realidad distinto a las unívocas explicaciones oficiales. Los profesionales y la sociedad se están organizando y está demostrando que son capaces de ir a cualquier agujero con tal de escuchar otra historia. Y la implicación de los artistas en ese nuevo discurso es total. ¿Pero en que acabará todo esto? Yo creo que tiene que ir acompañado de reflexión y de autocrítica para construir, reconstruir o reformar una nueva estructura profesional sólida que permita sobrevivir a este sector”, afirma Caballero, que apunta el peligro de las modas. “Todo este movimiento no debe ser providencialista, ya no es el tiempo de la inocencia. Somos piezas de un entramado que para poder ser requiere una determinada estructura. Para todo esto necesitamos ciertas facilidades del Estado, que ayude a un nuevo desarrollo sin dirigirlo ni diseñarlo. En el tejado del Estado debe estar poner en valor el teatro, saber que es un patrimonio único, eso que llaman Marca España, somos una entre las cuatro o cinco naciones que pueden presumir de poseer un Everest teatral”.
Un Everest que, hoy día, escalan decenas de cómicos, autores, directores y técnicos dejados a su suerte aunque cargados como sherpascon sus ideas para el teatro del futuro, o del mañana.

Mapa para un vuelco dramático

Un referente. La experiencia de la compañía argentina Timbre 4, situada desde hace una década en el 640 de la avenida de Boedo de Buenos Aires, e impulsada por el dramaturgo Claudio Tolcachir, ha estado muy presente para muchos creadores españoles. Timbre 4, una casa abierta a nuevos lenguajes teatrales, funcionó como revulsivo en plena crisis argentina. El proyecto acabó en compañía estable de éxito internacional.
Una sala. Juan Diego Botto ha sabido canalizar en la sala Mirador la explosión creativa del momento. Programador desde el verano del espacio de Lavapiés, atrae a sus 170 butacas el espíritu rebelde y político de muchos creadores que están encontrando cobijo en este espacio alternativo. “El espíritu de la programación será un teatro a pie de calle”, señaló el actor el día de la presentación. “Un teatro que abra las puertas para mostrar y mostrarnos esos rincones que se escapan a las versiones oficiales, que se atreva a desvelarnos secretos del corazón humano o miradas sobre la crudeza de una crisis que está devorando a una generación entera”.
Un dramaturgo. José Padilla (Tenerife, 1976), premio Ojo Crítico de Radio Nacional 2013, impactó en La Casa de la Portera con Sagrado Corazón 45. La obra, escrita por él y codirigida con Eduardo Mayo, colapsó la sala, y su lista de espera. Estrenará en el María Guerrero Haz clic aquí, dentro de un proyecto de creación auspiciado por el Centro Dramático Nacional.

Unos veteranos. Estrenada en la sala Nasa de Santiago de Compostela,Citizen se programó tan solo unos días en Madrid dentro del Festival Escena Contemporánea. Para algunos críticos se trata de la gran obra del año. A cargo de la veterana compañía gallega de vanguardia Chévere, Citizen lleva la historia de Amancio Ortega, fundador de Zara, al terreno de Shakespeare. Drama, globalización, economía: la construcción de un imperio económico desde la periferia. La cara no oficial de la historia.


Un nombre. Es el hombre orquesta. Actor, director, dramaturgo, Pablo Mesiezz (Buenos Aires, 1974) se trasladó a Madrid en 2010. Daniel Veronese lo califica de “rara avis” del teatro argentino: “Encantador de espectadores, abre mundos, los arma oscuros, pero a la vez luminosos. Es muy particular, no copia, no sigue modas”. Ensaya La palabra verde, obra sobre algunos de los textos que Federico García Lorca escribiera en su viaje a Nueva York.

Un refugio. Los grandes también ayudan a los pequeños. El Teatro Lliure ha acondicionado un espacio, Aixopluc, para dar refugio a todos los que no encuentran una sala en Barcelona para estrenar. Este centro destinado a los desheredados de la crisis ha generado mucha vida y, además, está reportando buenos resultados creativos para la institución.


Un musical. Al principio se programó un solo día de la semana en el hall del teatro Lara de Madrid. Pero el éxito de La llamada convirtió este pequeño musical situado en un decadente campamento de monjas en uno de los fenómenos off de la temporada, que ha acabado conquistando la sala grande, con patrocinio, publicidad, mucho eco mediático y plenos de taquilla.