Mostrando entradas con la etiqueta La Casa de la Portera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Casa de la Portera. Mostrar todas las entradas

Fuente: Sergio C. Fanjul (elpais.com) | Foto: Carlos Rosillo
La continua aparición de salas alternativas en la ciudad ha sido saludada como uno de los grandes fenómenos culturales madrileños de los últimos tiempos. De diferentes tamaños, formatos, en espacios poco convencionales, florecen aquí y allá. Pero tras la euforia cuantitativa surgen las sospechas: ¿Se programa con calidad? ¿Son justas las condiciones laborales? ¿Estamos ante una burbuja teatral que puede estallar en cualquier momento?
Hace unos meses, a iniciativa de la revista de artes escénicas Godot, se convocó a las gentes del teatro a hablar de esa supuesta burbuja teatral y, con el tiempo, se ha consolidado una especie de mesa de diálogo en torno a las cuitas de la escena off. “Las salas alternativas tienen dos problemas”, explica Álvaro Vicente, redactor jefe de Godot, “uno, que no existen licencias para salas alternativas y suelen funcionar con licencias de bar, teatro y hasta discoteca, con los problemas que ello acarrea; y, dos, la precariedad laboral en la que se mueven los trabajadores”. En una multitudinaria asamblea de la Unión de Actores que se celebró en el María Guerrero en 2014, se hizo patente la paradoja en la que viven los actores: si se regularan las salas alternativas, que muchas veces no dan de alta a los artistas ni los remuneran justamente, acabarían desapareciendo. Y si desaparecieran, muchos actores no podrían trabajar —aunque sea precariamente— ni llevar a cabo sus sueños y proyectos.
¿Qué hacer? El pasado 6 de junio se publicó un nuevo Convenio de Teatro, firmado por patronal y sindicatos del sector, que en un punto provisional recoge que los actores de salas de menos de 200 butacas cobrarán por jornada 73,3 euros, lo mismo que cobra un actor de reparto en un teatro grande. “Tratando de dar dignidad a estos actores, se cae en un agravio comparativo”, opina Vicente. Esta tarifa, según explica Rosa Fernández, de Coarte Producciones, y participante en la mesa, no será alcanzable para las salas que menos butacas tienen. “Se habla mucho de la situación del teatro, del arte, pero se habla poco de los derechos laborales, y estos tienen que ser el punto de partida para lo demás”, dice.
¿Existe una burbuja de salas teatrales? “Sí, hay un boom excesivo de salas”, opina José Martret, “se está saturando un poco. Supongo que se irá deshinchando el asunto y quedarán los proyectos más firmes”. Martret es uno de los artífices de La Casa de la Portera, que cerró sus puertas hace una semana, pero no por falta de público sino por fin de ciclo.
“Hay demasiadas salas y hay público, pero tocamos a un pedazo muy pequeño de la tarta”, dice Javier Ortiz, de El Sol de York, que cerró el pasado verano tras 18 meses de andadura. “Una sala puede ser rentable a medio o largo plazo, pero no puedes recuperar la inversión en un año”, explica. Otras salas que han cerrado en los últimos tiempos, por diferentes motivos, son Garage Lumiere o La Trastienda. Pero la burbuja no explota, y siguen apareciendo nuevas, como los teatros Luchana, la sala Nada, El Apartamento o Mínima.
Respecto a la calidad: “Debería haber menos salas, pero con mejores propuestas”, dice Fernández. “En la escena off la línea entre profesionalidad y amateurismo es difusa”, concluye Vicente.

Fuente: Isabel Valdés (elpais.com) | Foto: Álvaro García

Empecemos por el final: uno de ellos acaba llorando. Ese uno es Alberto Puraenvidia, amo y señor junto a José Martret de La Casa de la Porteracomo reza su cuenta de Instagram, (y director de arte y escenógrafo). Hasta ahora, el que había lagrimeado tras los cristales de unas arquitectónicas gafas de pasta negra había sido Martret (Palma de Mallorca, 1971); es el turno de Puraenvidia (Ávila, 1977), un hombre rociado con el don (o la maldición, según quién lo mire) de la transparencia. Es martes 23 de junio, son algo más de las 19.30 y desde el salón del número 24 de la calle de Abades se escucha como ruge el cielo. Lluvia tibia sobre Madrid. Un escenario adecuado para la última entrevista de los creadores de este espacio único de teatro: La Casa de la Portera cierra.

La última función fue el pasado domingo y el adiós no podía ser sino con Ivan-OFF. Esa versión del Ivanov de Chéjov dirigida por el propio Martret abrió el bajo del barrio de Lavapiés el 8 de marzo de 2012. “Estas paredes se pintaron para esa pieza”, recuerda Martret con el ritmo de quien ha rebobinado esa cinta varias veces en las últimas semanas. Puraenvidia vivía en la tercera planta del mismo edificio desde hacía varios años, acabó alquilando la casa de la antigua portera para rodar Fumando espero, un corto de Edu Casanova. “Lo pintó todo de gris, muy monocromático, daba la sensación de que entrabas a las cuevas de Altamira”, espeta Martretacompañándose de una carcajada. Puraenvidia quería quedarse con el espacio para hacer talleres teatrales, “una especie de lugar de coworking”. Fue entonces cuando a Martret se le ocurrió proponerle que pusieran en marcha una obra de teatro para un público reducido que iría cambiando de sala por actos. “No éramos conscientes de que estábamos abriendo una sala de teatro”.

Así nació La Casa de la Portera, como un lugar para Ivan-OFF. Y así debía despedirse, con la función número 358. Tres años y casi cuatro meses surgidos de una idea que en un principio no duraría más de una decena de semanas. “Pero cuando estrenamos, vinieron amigos de la profesión, a la gente le gustó el proyecto y recuerdo a Carmen Mayordoma diciéndonos: ‘Pues estamos con Peceras, de Carlos Be, y yo creo que podría encajar aquí’. Y acabamos aceptando”, explica Puraenvidia. Y a pesar de que cada centímetro de la casa había sido modelado para esa primera obra, Peceras encajó. “Fue como si viésemos la casa por primera vez. Y después llegaron más (DeliciaPetra, Cenizas, Una extraña comedia...), y todas se acoplaban a la casa. Aunque también ha habido cosas que no lo hacían, pero funcionaban igualmente”, argumenta el decorador de la estética de la casa. “Es el magnetismo de este lugar”, apostilla Martret.
Lo cierto es que tiene mucho de fascinante y un algo de mágico un lugar de luces cálidas donde cada detalle, por sí mismo, podría ser una ofensa a la estética dominante del siglo XXI. Sin embargo, el hilván de la puerta acolchada, el teléfono en la pared, el papel pintado, las cabezas de ciervo, la virgen de expresión amable, los espejos, los posavasos de nácar que estructuran el mosaico del pasillo, las cuentas de cristal de las arañas… todo es un todo con un innegable vaho retro y una simbiosis chocante. “Es pura Puraenvidia”, se ríe el padre de cada detalle del que, hasta ahora, ha sido su hogar. “Pero ya no podemos seguir con la obra, 358 funciones son muchas y sin Ivan-OFF en el cartel sentimos que todo pierde un poco el sentido”.
Hablan de cerrar ciclos, de futuro a medio o largo plazo: La pensión de las pulgas, que abrieron solo unos meses después de La Casa de la Portera por el éxito de la iniciativa, también acabará cerrada. “¿En un año, en dos? No lo sabemos, pero aquello empezó con Macbeth (MBIG), y cuando ya no se pueda representar más, La Pensión tendrá que dejar de existir”, cuenta Martret. Cierran con lista de espera, con gente que les ha pedido que no lo hagan, con un asistente almeriense fiel y jubilado cuya foto de comunión viste una de las paredes de la taquilla, con no saben exactamente cuántos dramaturgos, actores y técnicos han pasado por ese suelo que emana olor al Madrid más castizo porque son “un desastre”. Cierran mientras hablan de los días que vendrán, de encontrar otro espacio para “intervenirlo”, de dejar atrás lo que tiene que quedarse atrás para que lleguen otros “algos” nuevos. Dejan la llave de ese pequeño laberinto para adentrarse en otros. Pero las despedidas, necesarias a veces, inevitables otras, duelen. Siempre.

La Casa de la Portera, por partes

José Martret y Alberto Puraenvidia han decidido montar un mercadillo con los objetos y el mobiliario de La Casa de la Portera. "Aunque no todo se venderá", avisa, nostálgico, Puraenvidia. Hay cosas de las que no pueden desprenderse.
Para aquellos que quieran llevarse a casa algo de este bajo de la calle de Abades en Madrid, el sábado la casa abrirá las puertas de 12.00 a 19.00, de forma ininterrumpida; y el domingo, de 11.00 a 15.00.
Fuente: José Luis Romo (elmundo.es)
Los lamentos de Ivanov vuelven a La Casa de la Portera a partir del jueves 19 de febrero. Fue este torturado personaje de Chéjov quien inauguró la sala de teatro madrileña hace ya tres inviernos. Para asombro de los espectadores, lo que había sido la vivienda de una humilde conserje en el barrio de Lavapiés se convirtió en una decadente finca rusa por la que vagaba el apático protagonista de uno de los dramas menos conocidos del autor de 'Las tres hermanas'. El montaje supuso un pequeño terremoto en la manera de hacer y exhibir teatro en el circuito alternativo madrileño, acercándolo a la filosofía bonaerense del actúa-donde-y-como-puedas. Por ello, era de justicia que fuese 'Ivanov' (rebautizado 'Ivan Off') quien cerrase para siempre la puerta de este piso, ya convertido en una refrencia del 'off' de la capital.
Sus creadores, el director y dramaturgo José Martret y el escenógrafo Alberto Puraenvidia, han decidido que esta será la última temporada de La Casa de la Portera. En agosto echaran el cierre. "Desde que lo abrimos supimos que sería algo efímero. Todo lo que ha pasado ha superado nuestras expectativas más locas. Creíamos que íbamos a estar aquí un mes y mira... Jamás pensamos que fueramos a programar más cosas en este piso. Todo estaba pensado para esta única función y luego su decoración ha encajado en muchas otras cosas. Preferimos cerrarlo ahora antes de que baje la calidad de los espectáculos. Es un paso adelante para poder afrontar nuevos proyectos".
Martret reconoce que el proyecto no es rentable. En La casa de la portera apenas caben 22 espectadores, poco público para un espectáculo que, en el caso de 'Ivan Off', tiene casi una decena de actores, capitaneados por un superlativo Raúl Tejón. En cualquier caso, el director asegura que intervendrán en nuevos espacios en el futuro. "Queremos serguir arriesgando y apostando por nuevas fórmula. No vamos a estar parados". De hecho, ambos ya abrieron hace algo más de un año La pensión de la Pulgas, otro piso de la calle Huertas, donde se representa 'MBIG', su versión de 'Macbeth' ambientada en el salvaje mundo empresarial. Un montaje que ha viajado hasta el Centro Niemeyer o el Teatro Principal de Vitoria. "Y para el que estamos cerrando nuevas fechas". 
De hecho, el deseo de mantener a pleno rendimiento La Pensión de Las Pulgas es otro de los motivos que ha empujado el cierre de La Casa de la Portera. "No podemos continuar manteniendo los dos espacios abiertos, primero porque el número tan reducido de espectadores que entran no da para convertir el proyecto en algo rentable ni contratar más personal. Y segundo, porque para poder seguir abiertos nos vemos obligados a la multiprogramación y es imposible combinar la función de programación y dirección de los dos espacios con la creativa".
Aunque muchos aficionados se hayan echado las manos a la cabeza, Martret quiere dejar claro que "no hemos tenido problemas con los vecinos, ni con el ayuntamiento, ni ha bajado el nivel de asistencia, cerramos para poder continuar adelante con el proyecto".
Para que el espectador poco experto en el circuito 'off' de la capital, entienda la importancia de La Casa de la Portera, debe tener en cuenta que su fama ha llegado fuera de nuestras fronteras. El diario británico 'The Guardian', por ejemplo, les dedicó un reportaje. Espectadores ya consagrados como el Nobel Vargas Llosa, Miguel del Arco, Nuria Espert, Verónica Forqué, Maribel Verdú o Flotats han acudido a ver lo que se cocía en este hervidero de creatividad. Una sala en la que han trabajado la plana mayor de los nuevos autores de nuestro país. José Padilla, quien estrenó en La casa de la portera 'Sagrado corazón 45' y 'Safronia', dio luego el salto al Centro Dramático Nacional con 'Haz click aquí'. Paco Bezerra alumbró aquí una joya de muchos kilates como 'Ahora empiezan las vacaciones' y, en la actualidad, junto al director Luis Luque prepara un montaje para el Teatro Español. Carlos Be, del que se van a estrenar cuatro textos al otro lado del Atlántico proximamente, sorprendió con la turbadora 'Peceras o Elepé'. La lista podría continuar con talentosos nombres como los de Antonio Rojano, Denise Despeyroux o Alberto Conejero, quien estrenó 'Cliff' en La pensión de la Pulgas y pronto parte para Moscú, donde estrenara 'La piedra oscura', una función que ha agotado entradas en el CDN. "Ha sido maravilloso poder dar cabida a gente tan talentosa", cuenta Martret.
Entre los actores que han pasado por el espacio también hay nombres de primer nivel. Ver a la reciente premio Goya, Bárbara Lennie, actuar a escasos centímetros era un lujo. Ocurrió en 'Breve ejercicio para sobrevivir'. Asier Etxeandía, Jorge Calvo, Lola Casamayor o Tamar Novas también deslumbraron en sus salones. Momentos irrepetibles que ya no volverán. Se perderán como esos fungibles que se utilizan en las funciones. Al fin y al cabo, es algo consustancial a la memoria efímera del teatro.

La CASA de la PORTERA es un proyecto que nace con un propósito muy definido: proporcionar al público una experiencia teatral totalmente inmersiva a partir de la puesta en pie de la obra “IVÁN-OFF” una versión del clásico de Antón Chejov, dirigida por José MARTRET, en una casa de apenas 80 metros cuadrados, situada en un edificio del castizo barrio de La LATINA. 

El proyecto se hizo extensivo a otras producciones que encajaban como un guante en el espacio que había creado Alberto PURAENVIDIA y que siguieron despertando el interés del público que ha abarrotado día a día el pequeño aforo de 25 espectadores. Para nosotros este proyecto siempre tuvo un carácter efímero, al principio pensamos que duraría un par de meses y ya va por su tercer año. 

Durante toda esta temporada 2014/15 vamos a recuperar las obras que mejor han encajado y aprovechado este espacio y que mayor repercusión han tenido entre el público. Arrancamos con “AHORA EMPIEZAN LAS VACACIONES”, una versión de “El pelícano” de Strindberg escrita por Paco BEZERRA con dirección de Luis LUQUE “PECERAS” de Carlos BE y “CERDA” de Juan MAIRENA, que ya lleva con nosotros más de un año.

La repercusión que ha tenido el espacio y las obras que en él se han representado ha superado con creces cualquier expectativa de éxito, eso demuestra una vez más que hay que apostar por la calidad; la calidad de los autores, actores, escenógrafos, y directores. También nos demuestra que hay que arriesgar con nuevos formatos y estar abiertos a la experimentación.

La CASA de la PORTERA ha aportado a la escena teatral una nueva manera de hacer del teatro un acto más íntimo, ha roto la barrera que separa al público del actor con lo cual la interpretación debe ser más “cinematográfica”, sin dejar, en ningún momento, de ser teatro. El público valora mucho esta cercanía con el actor, estar en un mismo espacio, respirando al lado de él, les proporciona una experiencia absolutamente diferente que la que se vive en escenarios más convencionales. Los directores hemos tenido que aprender nuevas técnicas a la hora de poner en pie un proyecto en un espacio donde no hay distancias. La luz, la escenografía, la manera de colocar al público, todo ha sido nuevo y al mismo tiempo muy antiguo, porque el teatro ha evolucionado durante toda la vida de grandes escenarios, a espacios abiertos, a la calle, hangares, salas de fiesta o en casas diminutas. El acto teatral convive con el ser humano y está claro que puede desarrollarse en cualquier espacio donde quepa un actor y un espectador.

Creemos que ha llegado el momento de cerrar las puertas y continuar con el proyecto en otros espacios. De momento cohabitarán juntas La CASA de la PORTERA y La PENSIÓN de las PULGAS (el espacio que abrimos en la Calle Huertas el 20 de noviembre del 2013 y que se inauguró con MBIG, una versión de MACBETH de W. Shakespeare, escrita y dirigida por José Martret). En la siguiente temporada 2015/16 solo abrirá sus puertas La PENSIÓN de las PULGAS que cambiará de decorado para albergar el estreno de una nueva obra dirigida por Martret.

Durante esta última temporada el público tendrá una última oportunidad de disfrutar de muchas de las obras que se han representado en este singular espacio. “Ahora empiezan las vacaciones” solo se representará este mes de Septiembre en La CASA de la PORTERA, y sólo se harán 8 funciones (viernes y sábado), así que esta es la última oportunidad de disfrutar del trabajo de sus cuatro fantásticos actores: Lola Casamayor, Juan Codina, Raquel Pérez y Raúl Tejón.

La CASA de la PORTERA cerrará sus puertas en mayo y lo hará como empezó con “IVÁN-OFF”. Recuperaremos la obra con la que inauguramos el espacio el 8 de Marzo de 2012.

Desde aquí queremos agradecer el apoyo que el proyecto ha recibido por parte del público, los medios de comunicación y de los creadores que han desparramado su talento entre las habitaciones de La CASA de la PORTERA.

¡¡¡Queda un año para disfrutar de ella!!!

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El denominado circuito alternativo se ha convertido, en los últimos años, en uno de los más firmes valores de la escena madrileña. En este circuito bulle una frenética actividad con decenas de propuestas; muchas de ellas nacen y mueren, pero otras desafían su carácter efímero. Tras el parón veraniego, las salas recobran su (mucha) actividad. He aquí un repaso por sus programaciones de septiembre, de las más veteranas a las más jóvenes.
Una de las salas más antiguas es la Mirador, que recupera un clásico que está a punto de cumplir veinte años: «La katarsis del tomatazo»; también presentan el ciclo «Un cuerpo, mil danzas»(con las compañías Breakers, Saeeda Dance Group, Estuaria Compañía Flamenca e Interferencia Danza) y la obra «La gente», de Prez&Disla con dirección de Jaume Pérez. Otra sala histórica, Cuarta Pared, presenta nuevamente «Sé de un lugar», con texto y dirección de Iván Morales, e interpretada por Anna Alarcón y Xavier Sàez. Y al teatro Guindalera regresa «Duet for one», de Tom Kempinski, un fascinante montaje interpretado por María Pastor y Juan Pastor, con dirección de este último.
La sala Montacargas es otra de las veteranas del panorama teatral madrileño. Su programación, dedicada al clown y al humor, incluye«Tú vales mucho, pero mucho mucho. El casting», con idea original y dirección de Esteban G. Ballesteros; «El cabaret de la mujer pájaro», con dirección de Willy Éter; y «Cortázar», un espectáculo basado en textos del autor argentino, dirigido por Eduardo Gilio. Y en una línea también diferente circula el teatro Prosperidad, que presenta «Chocolate sexy», cabaret de Lomascrudoteatro; «¡Qué desamor mi amor!», de Evlin Pérez Yebaile; y «The life» y«Reinas de primavera», dos espectáculos de Sunflower.
El teatro Pradillo es otro histórico de la escena alternativa madrileña. La danza ocupa su programación, y presenta este próximo mes «The dream project: Encuentros en la tercera fase», de la coreógrafa Cuqui Jerez, y «Losquequedan unplugged», de Sandra Gómez y Vicente Arlandis. El teatro Victoria, por su parte, sigue con su programación clásica, con siete títulos: «Los miserables», adaptación de la novela de Víctor Hugo; «La venganza de don Mendo», de Muñoz Seca; «La vida es sueño», de Calderón de la Barca; «El burgués gentilhombre», de Molière; «El conde de Montecristo», sobre la novela de Alejandro Dumas; y las zarzuelas «Agua, azucarillos y aguardiente», de Chueca, y «La verbena de La Paloma», de Bretón.
Escapa un poco del circuito alternativo, pero por sus dimensiones también se puede incluir en él al teatro Quevedo, donde se recupera el musical «El otro lado de la cama», de David Serrano, y dirección de José Manuel Pardo. La puerta estrecha presenta «Refugio», de Leticia Pascual; «Las Fieras», de Roberto Arlt; y «El mono», basado en el «Informe para una academia” de Franz Kafka. Y otra sala, la jovencísima La puerta de al lado, estrena «¿Quién, yo?», de Thomas Cabané y Javier Enguix, con dirección de éste último.
El Teatro del Arte presenta en septiembre varias propuestas: destaca«Villa Puccini», con dramaturgia de Miguel Angel Orts y Alexander Herold, que dirige la función. María Luisa Merlo interpreta a una gran diva operística que aguarda su último concierto. La acompaña la soprano Emilia Onrubia, con el pianista José Madrid Giordano. Además están en cartel «Ángeles», una obra basada en «Padre Pedro». de Jose Ignacio Serralunga; «Desde el cielo te digo», con texto y dirección de Paco Anaya; «Noc», un vodevil dirigido por David Quintana; «Tod@s somos todos», un espectáculo unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Sonia Castelo: «Vagabundos», de Alexander Merelo; y «Dios no tiene tiempo libre», escrito y dirigido por Lucía Etxeberría.
«Pedro y el capitán», un texto de Mario Benedetti, es una de las apuestas de Teatro del Barrio, el espacio impulsado por Alberto San Juan. Con la tortura como telón de fondo, la dirige Emilio del Valle y la interpretan Chete Lera, Jorge Muñoz y Alberto Guío. Otras obras programadas son «Ruz-Bárcenas», de Jordi Casanovas; «Autorretrato de un joven capitalista español», un monólogo de Alberto San Juan, que también presenta otro texto escrito y dirigido por él: «Marca España».
La Casa de la Portera es uno de los espacios con mayor proyección; en este mes de septiembre siguen en cartel «Ascenso y caída de Mónica Seles», de Antonio Rojano, con dirección de Víctor Velasco;«Cerda», escrito y dirigido por Juan Mairena; «Elepé» y «Peceras», ambas con texto y dirección de Carlos Be; y «Yo amé a Edgar Allan Poe», un espectáculo de Pilar Massa basado en relatos del autor estadounidense; y regresan a este lugar «Ahora empiezan las vacaciones», un texto de Paco Bezerra inspirado en «El pelícano», de Strindberg, y dirigido por Luis Loque; y «Liturgia de un asesinato», de Verónica Fernández, con dirección de Antonio C. Guijosa,
Su hermana menor, La pensión de las pulgas, presenta dos estrenos:«Cliff», de Alberto Conejero, con dirección del autor y de Alberto Velasco; y «Un disgusto danés», escrita y dirigida por Jumon Erra. Y se reponen «Sótano», de Josep Maria Benet i Jornet, dirigida por Israel Elejalde; «Dorian», un texto escrito y dirigido por Carlos Be sobre «El retrato de Dorian Gray», de Oscar Wilde; «Yernos que aman», con texto y dirección de Abel Zamora; y «La maratón de Nueva York», de Edoardo Erba, dirigido por Jorge Muñoz.
La sala Kubik Fabrik tiene en cartel en septiembre dos propuestas:«Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», escrito y dirigido por Félix Pons; y «La invasión de los ladrones de cuerpos», una creación de Vicente Colomar, Ricardo Santana y Raúl Marcos con dirección del primero.
Nave 73 presenta en su programación «Mi pasado en B», escrito e interpretado por Javier Lara, con dirección de Pietro Olivera; «Ensayo general con público», con idea y guión de David Lavirgen; «La comunidad: un vecindario improvisado», un trabajo de improvisación de la escuela de Calambur Teatro; «Cabaret íntimo», escrito y dirigido por Susana Espelleta; «Manlet», de María Velasco; y«Yo, indígena, la conquista de uno mismo», con dramaturgia de José J. Serrano y dirección de Santi Senso.
En la Sala Tú hay también varias propuestas: «Efecto dominó», con texto y dirección de Javier Esteban; «Novecento», el conmovedor relato escrito por Alessandro Baricco, dirigido por Raúl Fuertes e interpretado por Miguel Rellán sobre el pianista del océano, que nunca pisó tierra; «Vacaciones en la inopia», escrito y dirigido por Íñigo Guardamino; «Matadero 36/39», con texto y dirección de Ramón Paso; «Sótano», de Josep M. Benet i Jornet, con dirección de Enio Mejía; y «Ay, Iniesta de mi vida», basada en la obra «Oe, oe, oe», de Maxi Rodríguez.
Tres son las obras que se presentan en la sala Azarte«Comment te dire adieu», escrita y dirigida por Sergi Manuel Alonso, que llega a Madrid tras estrenarse en Barcelona; «Tuyo Chopin», una coreografía de Alfonso Cayetano y Marco Antonio; y «Mínimo común», un espectáculo dirigido por Quino Falero con textos de Ariel Capone, Yolanda García Serrano, Fernando J. López, Juan Carlos Rubio y Paco Tomás,
Y por fin, Microteatro por Dinero, cuyo lema en septiembre es «Por pasión», presenta dieciséis trabajos; entre ellos figuran «Al borde», con texto y dirección de Pedro Herrero; «Butacas», de María Inés González y Miguel Ángel Cárcano, dirigida por éste último; «3,2 lo que hacen las novias», de Jota Linares y Roberto Pérez Toledo, con dirección de Ceres Machado; «Triangulados», escrito y dirigido por Elisa Ibáñez; y «Mística Atlética», con texto y dirección de Zenón Recalde.

Fuente: Elsa Fernández-Santos (elpais.com)
Entre los célebres diálogos de Eva al desnudo, la película que mejor ha descrito las entretelas de la aristocracia del mundo del escenario, hay un breve y emocionante monólogo que podría servir para ilustrar la explosión creativa del teatro alternativo en la España de la crisis. Esa capacidad de este viejo arte para revivir y manifestar su naturaleza más profunda en cualquier acera. “¿Dónde pone que el teatro exista solo en los feos edificios apiñados en dos kilómetros cuadrados de Nueva York, Londres, París o Viena?”, se pregunta un encendido y coqueto Gary Merrill ante la joven y servil arpía Anne Baxter. “¿Quieres saber qué es el teatro? Un circo de pulgas, ópera, y rodeos, carnavales, ballets, danzas tribales indias, guiñol, un hombre orquesta... El Pato Donald, Ibsen, y el Llanero Solitario, Sarah Bernhardt y Poodles Hannefor, Lunt y Fontaine, Betty Grable, Rexel caballo salvaje, Eleonora Duse. Eso es teatro. No los entiendes todos. No te gustan todos. Así que no lo apruebes, ni desapruebes. Quizá no sea tu tipo de teatro, pero, en algún sitio, para alguien lo es”.
Esa cualidad libérrima, al servicio de los poderes de la imaginación, donde caben por igual reyes y vagabundos, un solo actor o un millar de ellos, está detrás de su eterna capacidad de supervivencia (ante la crisis de ahora y las de siempre) y de la eclosión en los últimos meses de espacios alternativos surgidos al albur de la caída del sector y de la consiguiente desesperación de muchos de sus creadores. Teatro off que ha conquistado porterías y peluquerías de Madrid, azoteas de Sevilla y salones de Málaga, miniespacios de Barcelona, rincones montados en cooperativa o en solitario, salas hasta hace poco marginales que por fin alcanzan el eco que merecen, microteatros, monólogos… Una efervescencia independiente, a pie de calle, que ha encontrado su público en una sociedad sedienta de una historia que se quiere abrir paso al margen de la oficial.
En Barcelona, concentradas en el barrio de El Raval y dedicadas en exclusiva al teatro emergente, abrieron en primavera tres propuestas cuyos espacios se mueven entre los 9 y los 90 metros cuadrados, informa Jacinto Antón. Àtic 22 (sala alternativa nacida, a su vez, de una sala alternativa consolidada, Teatre Tantarantana) ha logrado en apenas seis meses programar ocho obras para 2.000 espectadores. Mini Teatros ofrece obras de 15 minutos en salas para 16 personas y la sala Fènix Teatre, montada por un colectivo capaz de arreglar las luces y salir a escena, está dedicada al cabaré, las marionetas y las máscaras. En enero lanzan Los jueves de la Fènix, un cabaré revista basado en la literatura fantástica del siglo XIX.
En Madrid, las propuestas se multiplican: del Teatro de la Ciudad, proyecto de creación viva —y política— impulsado por tres nombres indiscutibles de la nueva escena nacional, Alfredo Sanzol, Miguel del Arco y Andrés Lima, a otros hervideros como la sala Mirador que programa Juan Diego Botto o el recién nacido Teatro del Barrio, que pretende aunar la cuestión política con la experiencia lúdica. “La eclosión de nuevos espacios teatrales es como la eclosión de nuevos medios de comunicación o de cooperativas alimentarias”, explica Alberto San Juan, uno de los gestores del Teatro del Barrio. “En la medida en la que el sistema vigente se hunde, los ciudadanos comienzan a construir otra forma de organizarse para convivir. Este proceso pasa por conseguir que los propios ciudadanos sean en medida suficiente propietarios y gestores de los medios de producción”.
Lejos de propuestas asamblearias y echando mano de una cita de Victor Hugo propuesta por el colectivo del Barrio (“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento”) muchos otros simplemente han encontrado eso, su momento: la manera de canalizar sus ideas lejos del escenario italiano tradicional. Olga Induran lanzó con su socia Susana Pérez Bermejo este año su proyecto Teatro Efímero en una peluquería del barrio de Chamberí, “algo así como unpop up teatro, ya que está tan de moda”, bromea ella. Garret Salón de Belleza albergó la obra Tú no, princesa, tragicomedia en tres actos sobre el fracaso de tres mujeres en tres décadas diferentes: los ochenta, los noventa y los 2000. Escritora de webseries y teatro alternativo, la autora se curtió en la hoy popularMicroteatro por dinero. “Todo es posible cuando dan igual los medios, la materia prima es la imaginación. Como cuando de pequeña juegas a indios y vaqueros con tapones de champú y dos barriguitas tuertas. Tú sacas una barra de labios y le dices al espectador que se haga a la idea de que es un cohete, y el espectador y tú hacéis ese pacto y ves a la barra de labios echando humo”.
Pero de todos esos pactos espactador-espacio uno de los fenómeno indiscutibles fue el de La Casa de la Portera, peculiar espacio madrileño nacido hace casi dos años para 25 espectadores y creado en la casa donde vivió la portera de un viejo edificio. El director y dramaturgo José Martret y el director de arte y escenógrafo Alberto Puraenvidia abrieron las puertas con Ivan-Off, versión alternativa del Ivanov, de Chéjov, y en pocos meses se convirtieron en todo un fenómeno. En el reducido aforo empezaron a verse caras conocidas, actores famosos y algún premio Nobel, atraídos por una experiencia —como poco— distinta. El éxito de la propuesta ha sido tal que hace unos meses el mismo equipo abrió La pensión de las pulgas, un salón en un piso de Huertas con ese aire pop sofisticado de finales de los años cincuenta que, con un aforo de 35 personas, se atrevió con un Macbeth (MBIG) interpretado por 10 actores como primer estreno. “Nosotros llenamos siempre, pero el teatro alternativo, ni ahora ni antes, da para vivir. Es solo una manera de estar activo y de darte a conocer. Para poder vivir mejor espera a que llamen del María Guerrero”, explica Martret, quien al preguntarle por el futuro de este tipo de espacios suelta una carcajada. “¿El futuro? Solo me preocupa el mañana”.
¿Qué quedará en limpio de toda esta innegable avalancha de propuestas y estrenos? Daniel Martínez, responsable de la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas de Teatro y Danza (Faeteda), delimita esta erupción de espacios off a las grandes núcleos urbanos y la califica de “espejismos” y “subterfugios” que esconden la realidad del futuro: “No solucionan la viabilidad del sector solo la de los creadores, que lógicamente no se conforman con quedarse en casa. En realidad no es una salida, sino una forma más de protestar ante la situación”.
“El bombazo de la escena off es fascinante pero, finalmente, falta industria y se trabaja con mínimos laborales”, apunta el actor Jorge Suquet (La mula, Crematorio), que ha encontrado en el teatro alternativo una fuente de nuevos estímulos que muchas veces se quedan en nada. Según su experiencia, la financiación solo llega cuando el éxito está garantizado y esa dependencia de la taquilla hace caer la balanza en favor de las propuestas más comerciales. “Así que el off en realidad funciona como mero muestrario, muchas veces más interesante que otras propuestas de grandes salas, pero finalmente condenado por la falta de una estructura profesional y laboral”.
“Cuando hay una pulsión creativa poderosa tiene que salir por cualquier lado, como esas hierbas que nacen por las grietas del asfalto”, asegura Ernesto Caballero, director del CDN. “La gente tiene ganas de escuchar un relato de la realidad distinto a las unívocas explicaciones oficiales. Los profesionales y la sociedad se están organizando y está demostrando que son capaces de ir a cualquier agujero con tal de escuchar otra historia. Y la implicación de los artistas en ese nuevo discurso es total. ¿Pero en que acabará todo esto? Yo creo que tiene que ir acompañado de reflexión y de autocrítica para construir, reconstruir o reformar una nueva estructura profesional sólida que permita sobrevivir a este sector”, afirma Caballero, que apunta el peligro de las modas. “Todo este movimiento no debe ser providencialista, ya no es el tiempo de la inocencia. Somos piezas de un entramado que para poder ser requiere una determinada estructura. Para todo esto necesitamos ciertas facilidades del Estado, que ayude a un nuevo desarrollo sin dirigirlo ni diseñarlo. En el tejado del Estado debe estar poner en valor el teatro, saber que es un patrimonio único, eso que llaman Marca España, somos una entre las cuatro o cinco naciones que pueden presumir de poseer un Everest teatral”.
Un Everest que, hoy día, escalan decenas de cómicos, autores, directores y técnicos dejados a su suerte aunque cargados como sherpascon sus ideas para el teatro del futuro, o del mañana.

Mapa para un vuelco dramático

Un referente. La experiencia de la compañía argentina Timbre 4, situada desde hace una década en el 640 de la avenida de Boedo de Buenos Aires, e impulsada por el dramaturgo Claudio Tolcachir, ha estado muy presente para muchos creadores españoles. Timbre 4, una casa abierta a nuevos lenguajes teatrales, funcionó como revulsivo en plena crisis argentina. El proyecto acabó en compañía estable de éxito internacional.
Una sala. Juan Diego Botto ha sabido canalizar en la sala Mirador la explosión creativa del momento. Programador desde el verano del espacio de Lavapiés, atrae a sus 170 butacas el espíritu rebelde y político de muchos creadores que están encontrando cobijo en este espacio alternativo. “El espíritu de la programación será un teatro a pie de calle”, señaló el actor el día de la presentación. “Un teatro que abra las puertas para mostrar y mostrarnos esos rincones que se escapan a las versiones oficiales, que se atreva a desvelarnos secretos del corazón humano o miradas sobre la crudeza de una crisis que está devorando a una generación entera”.
Un dramaturgo. José Padilla (Tenerife, 1976), premio Ojo Crítico de Radio Nacional 2013, impactó en La Casa de la Portera con Sagrado Corazón 45. La obra, escrita por él y codirigida con Eduardo Mayo, colapsó la sala, y su lista de espera. Estrenará en el María Guerrero Haz clic aquí, dentro de un proyecto de creación auspiciado por el Centro Dramático Nacional.

Unos veteranos. Estrenada en la sala Nasa de Santiago de Compostela,Citizen se programó tan solo unos días en Madrid dentro del Festival Escena Contemporánea. Para algunos críticos se trata de la gran obra del año. A cargo de la veterana compañía gallega de vanguardia Chévere, Citizen lleva la historia de Amancio Ortega, fundador de Zara, al terreno de Shakespeare. Drama, globalización, economía: la construcción de un imperio económico desde la periferia. La cara no oficial de la historia.


Un nombre. Es el hombre orquesta. Actor, director, dramaturgo, Pablo Mesiezz (Buenos Aires, 1974) se trasladó a Madrid en 2010. Daniel Veronese lo califica de “rara avis” del teatro argentino: “Encantador de espectadores, abre mundos, los arma oscuros, pero a la vez luminosos. Es muy particular, no copia, no sigue modas”. Ensaya La palabra verde, obra sobre algunos de los textos que Federico García Lorca escribiera en su viaje a Nueva York.

Un refugio. Los grandes también ayudan a los pequeños. El Teatro Lliure ha acondicionado un espacio, Aixopluc, para dar refugio a todos los que no encuentran una sala en Barcelona para estrenar. Este centro destinado a los desheredados de la crisis ha generado mucha vida y, además, está reportando buenos resultados creativos para la institución.


Un musical. Al principio se programó un solo día de la semana en el hall del teatro Lara de Madrid. Pero el éxito de La llamada convirtió este pequeño musical situado en un decadente campamento de monjas en uno de los fenómenos off de la temporada, que ha acabado conquistando la sala grande, con patrocinio, publicidad, mucho eco mediático y plenos de taquilla.


Fuente: Javier Molina (elpais.com)
Al bajar del taxi, José Martínez mira a su alrededor, se palpa la billetera y agarra a su mujer del brazo. Parece inquieto mientras camina entre la bulliciosa masa multicolor que pulula por las angostas calles del barrio de Lavapiés. “¿Eso es el teatro?”, pregunta incrédulo al llegar al portal número 24 de la calle de los Abades. Tiene 69 años y hace casi diez que no acude a una representación. Su perplejidad no disminuye al entrar en la sala, una casa oscura y estrecha de ornamento decimonónico. Su paciencia parece a punto de agotarse cuando, tras pagar la entrada, es conducido a una habitación de 20 metros cuadrados y sentado en una incómoda silla de madera rechinante. Al poco, la luz se apaga y aparecen dos hombrecillos barbudos disfrazados de niñas de colegio de monjas. Resopla, bosteza, remueve el culo. “No duro hasta el final”, advierte a su avergonzada esposa. El público chista para que se calle. Los minutos pasan y el desastre parece inminente. Pero algo ocurre a lo largo de la hora y cuarto que dura la obra: al final del primer acto, José parece atento y concentrado; en el segundo ha soltado más de diez carcajadas, y al finalizar la función, sus ojos son dos esferas abiertas y humedecidas y sus palmas amenazan con romperse de tanto aplaudir. “¡Bravo!”, grita antes de salir de La Casa de la Portera.
La obra en cuestión se llama Las huérfanas y es uno de los últimos éxitos de José Martret, director y fundador de la sala, que protagoniza junto a Jorge Calvo esta asombrosa comedia con ecos almodovarianos. Los 25 espectadores tratan de disimular las lágrimas ante estos dos travestidos que se hacen más complejos y entrañables a cada instante.
No es la primera vez que ocurre. El pasado 8 de marzo se cumplió un año desde que Alberto Puraenvidia reformó y decoró este bajo lóbrego –que fue local anarquista, refugio patera para inmigrantes y hogar de la portera– y lo transformó en el escenario de Ivan-Off, la versión de Chejov con la que su socio José Martret dio inicio a uno de los acontecimientos más sorprendentes del mundo de las tablas. Desde entonces, más de 10.000 personas se han sentado en las 25 butacas de La Casa de la Portera, según estimaciones propias, y el dúo fundador ha recibido más de 30 propuestas de repu­­tados directores. Las obras seleccionadas llenan a diario con listas de espera de hasta un mes para comprar entradas. Un milagro teatral que no llega solo: a su lado emergen otras salas alternativas que se mantienen a flote gracias a un boca a boca muy intenso. Entre las que destacan están Microteatro por Dinero, pionera de los formatos cortos, y la Flyhard, que está cautivando al público de Barcelona. A estas les siguen nuevos espacios con espectáculos de gran calidad, como las madrileñas LumièreKubik FabrikSala Tú y Teatro del Arte, y las barcelonesas Atic22Atrium y Porta 4. Son solo algunos de los ejemplos recientes que sirven como remanso y referente en el agónico pano­­rama de la escena independien­­te. El diario británico The Guardian ha llegado a referirse a algunos de estos lugares como parte de “una revolución cultural dentro del teatro español”.
El fenómeno de lo alternativo no tiene nada de nuevo. En España, desde mediados de los ochenta, varias compañías y escuelas de actores abrieron espacios no convencionales enfocados a un público menos numeroso, pero más entregado. Los noventa supusieron la consolidación de un movimiento que cristalizó en salas como la Cuarta Pared, la Triángulo y la barcelonesa Beckett, motor de la dramaturgia contemporánea catalana. Talleres, garajes, edificios en ruinas y todo tipo de rincones imposibles se teatralizaron gracias al esfuerzo de los creadores.
Si atendemos a las confidencias de los teatreros más curtidos, Madrid siempre fue el vivero de la escena nacional y hoy no ha dejado de serlo. Su poder telúrico tiende a concentrar un influjo cultural que se repite a lo largo del tiempo. Ya en el Siglo de Oro, algunos de los mayores genios de la historia, como Cervantes, Lope, Góngora y Quevedo, convivieron en unas pocas calles. Lorca, Alberti y Miguel Hernández hicieron de las suyas en el Madrid de preguerra. El arte más vanguardista volvió a ponerse de acuerdo desde los años previos a la movida. Y hoy, en plena crisis, parece brotar de las cenizas en pequeños espacios que ejercen un gran poder de atracción. Uno de los veteranos del teatro español, el actor y director José María Pou, no ahorra elogios para definir el fenómeno: “Estas salas son un semillero fantástico para los creadores”.
Un teatro que capta la atmósfera vital de nuestro tiempo, que surge del impulso de actuar ante los acontecimientos que vivimos. Animalario fue la palabra clave, y La boda de Alejandro y Ana, el punto y aparte que marcó la escena española en 2004. Aquella sátira sobre la derecha fue representada en un salón de bodas auténtico y aún hoy sigue inspirando a los miembros de la compañía. Uno de sus artífices, Alberto San Juan, regresa a salas alternativas como la Cuarta Pared –donde Animalario hizo sus pinitos– y la Triángulo para protagonizar monólogos cortos circunscritos en el teatro reivindicativo. Y es que para el actor, el resurgimiento de la escena independiente va ligado a la necesidad de cambio social: “Ya lo decían en el 68: cuando el Parlamento se convierte en un teatro, el teatro ha de ser un Parlamento”.
Independiente, artesano, experimental… Las definiciones no sirven para concretar la esencia de los nuevos modelos que surgen ajenos al mundo institucional. Y mucho menos para explicar su éxito. Entrar un sábado en Microteatro por Dinero puede convertirse en una experiencia no apta para claustrofóbicos. Pero debe de ser que el roce es adictivo o hedónico. Solo así se explica la incesante afluencia de espectadores que acuden a ver las piezas de 15 minutos a cuatro euros por función. Ubicada en pleno centro de Madrid, la sala fue una antigua carnicería hasta que un grupo de actores y directores liderados por el cineasta Miguel Alcantud la transformó en una especie de burdel escénicocompuesto por cinco habitaciones alineadas de unos siete metros cuadrados cada una. El resultado es un lugar en el que, al decir del dramaturgo Félix Sabroso, “uno tiene la sensación de que va a hacer el amor”. Quince personas pasan en fila y se apiñan en cada cubículo como mejor pueden, sentados, apoyados en la pared o en el hombro del de al lado. Los actores trabajan a centímetros de los espectadores, casi llegando al contacto físico, a lo pudoroso.
“Nuestra casa es la de todos los actores, directores y dramaturgos que se atrevan a contar una historia en 15 minutos”. La sala recibe unas 150 propuestas mensuales y ha engatusado a decenas de miles de espectadores. Una comedia rusa, una escena de tanatorio, una discusión en una cama de matrimonio o una exhibición de danza acrobática pueden sorprender en cada sala. Nunca ver teatro fue tan visceral.
El auge de los pequeños formatos tuvo sus orígenes en los años cincuenta en el off-Broadway neoyorquino. Se trataba de una serie de locales que daban cabida a un arte premeditadamente humilde, sin los oropeles de los coliseos de Manhattan. En su tiempo fue todo un bombazo. Pero dos décadas después el off se contagió del éxito, los precios subieron y los creadores alternativos decidieron huir más lejos del centro para crear el off-off-Broadway en salas aún más pequeñas.
La esencia de lo alternativo no llegó directamente desde la Gran Manzana. Sudamérica funcionó como un gran pinball que hizo rebotar la bola hasta España. En los ochenta, la dictadura militar argentina llevó al exilio a decenas de profesores que exportaron el modelo a Madrid y Barcelona. La frescura del teatro bonaerense impactó a los creadores españoles acostumbrados al estilo declamatorio del franquismo. Hoy sigue siendo un referente indiscutible: en 2005, el porteño Claudio Tolcachir transformó su casa en un escenario –Timbre 4– que sacudió el mundo teatral con un éxito transatlántico. José Martret emuló el experimento en La Casa de la Portera y el eco de los aplausos llegó –como por un nuevo golpe de pinball– a los teatreros del otro lado del charco. Tanto es así que el pasado febrero, el actor y director Lautaro Perotti, cofundador de Timbre 4, estrenó en la sala de Martret su obra más intimista: Breve ejercicio para sobrevivir. “Estos pequeños teatros son nuestros hermanos”, comenta el porteño, “ambos nacemos del compromiso absoluto con el arte”. Un ejemplo de sinergia entre dos actitudes artísticas que no entienden de crisis.
Hoy, Timbre 4 tiene un gran palco de butacas. Y el proceso que ha experimentado la escena alternativa española es similar. Salas como la Cuarta Pared y la Beckett crecieron, comenzaron a depender de las subvenciones y se consolidaron como espacios de referencia en los que, al igual que en Nueva York, el término off cada vez encajaba menos.
La tormenta perfecta llegó con la crisis, y más aún tras la subida del IVA al 21%, decretada por el Gobierno en septiembre de 2012. En solo cuatro meses, el teatro perdió un 31,43% de espectadores con respecto al año anterior. Y tras la paulatina pérdida de las ayudas institucionales, muchos se cansaron de esperar y crearon microespacios constituidos como asociaciones culturales con propuestas artísticas más atrevidas. El off-off español ha llegado para quedarse. Aunque nadie se está haciendo rico en el camino, la respuesta del público está logrando mantener los puestos de trabajo. Y en estos tiempos, eso es una gran noticia.
Nos trasladamos a Barcelona, donde el fenómeno de las pequeñas salas se vive en versión catalana. El mayor éxito se traduce de forma unánime en la sala Flyhard, un espacio con 40 butacas ubicado en el barrio de Sants que, al decir del crítico de EL PAÍS Marcos Ordóñez, es “el lugar de la escena barcelonesa donde más cosas están pasando”.
En marzo, esta sala estrenó Rei borni, una sutil comedia negra sobre la violencia policial y la concienciación en tiempos de crisis. “Con este tema lo petaríamos en Madrid”, comenta Alaín Hernández, responsable de encarnar a un violento mosso d’esquadra capaz de provocar odio y carcajadas. El texto hila muy fino, los actores lo bordan y el debate que genera continúa en los bares barceloneses a golpe de cañas.
Nuevas salas, nuevos formatos, reencuentros con el pasado… ¿Qué está ocurriendo en los escenarios españoles? Para unos es una revolución, “una respuesta espontánea a un exceso de establishment”, comenta el dramaturgo Félix Sabroso. Otros, más pesimistas, nos recuerdan el reciente cierre de salas míticas, como la Ítaca, el Albéniz, la Tis o la Espada de Madera. Casi todos creen entrever una luz al fondo del túnel. “Estos lugares son un laboratorio lleno de futuro”, concluye José María Pou. Teatro de piel o, como prefiere Martret, “teatro subcutáneo”, que traspasa la piel del espectador y se instala en nuestro cuerpo para no marcharse, para convertirnos en militantes de la escena y para demostrarnos que el arte es alegría, autoestima y esperanza, incluso en estos tiempos.

Fuente: Patricia Peiró (elpais.com)

El mundo teatral de Madrid vive su propia primavera. Y sus integrantes cada vez son más numerosos. Las salas alternativas crecen como setas frente a los grandes escenarios a los que, dicen las compañías, cada vez es más difícil acceder. Se consideran a sí mismos “invernaderos de cultura”. Hacen que siga viva, protegiéndola, hasta que pase el temporal. Un garaje, un sótano, una casa de dos habitaciones, un antiguo sex shop una peluquería barrida por la crisis son lugares perfectos para llenarlos de teatro. Su aforo es limitado, la programación se renueva constantemente, la escenografía se reduce a lo básico y se puede oír hasta la respiración de los actores. Las salas fuera del circuito convencional han subido el telón.




No siguen un patrón, cada una tiene una semilla diferente, pero cualquiera diría que se han puesto de acuerdo para brotar al mismo tiempo. Sol de York, ubicada en el barrio de Chamberí, por ejemplo, nació auspiciada por un mecenas enamorado del arte el pasado 20 de diciembre. A sus 89 años, Julio Amuriza permitió a seis socios transformar un antiguo centro de egiptología en un espacio teatral con clases, aulas de ensayos y una sala con 160 localidades. Uno de ellos, Javier Ortiz explica que “cada uno puso lo que pudo, unos dinero y otros trabajo”.
Y así, el invierno de su descontento se volvió primavera con el sol de York, como reza uno de los fragmentos de Ricardo III de William Shakespeare y del que surgió la idea para denominar el teatro. Como no tienen miedo, pintaron la estancia principal de amarillo, un color maldito para los artistas. En una de sus paredes de la entrada un montón de post-its contienen las opiniones de todos los que ya han visitado el espacio. “Gracias por arriesgar tan bien”, se lee en uno de ellos. Las propuestas osadas también son la especialidad de estas salas, aunque no todo es transgresión, ni mucho menos. Los que van a estas salas se encuentran a muchos actores conocidos, no solo de las tablas, sino también de la televisión o del cine. Muchas de ellas ofrecen obras también para el público infantil.

La Casa de la Portera acaba de cumplir su primer año. Esta sala se sitúa en el corazón de La Latina. La idea de montar un teatro en una vivienda podría parecer descabellada, pero no lo pensaron así ni sus creadores ni las compañías que en estos doce meses han seguido proponiendo ideas para representar en esta vivienda. Han llegado a interpretar un monólogo en el baño. Al atravesar el umbral, el espectador siente que se traslada a otra época, hasta los años cuarenta. Muchos de los asistentes entran vacilantes, pero en el reducido grupo de 25 personas que disfrutan de cada función hay algunos que ya conocen bien el sistema. Las obras se desarrollan sobre todo en dos estancias, aunque los actores pueden jugar con todo el espacio. “Estas salas dan más independencia al creador, sin necesidad de que tus ideas pasen por mil personas antes de llegar a escena”, apunta José Martret, uno de los directores de la sala junto a Alberto Puraenvidia.
En estos teatros los espectadores están muy próximos a los actores. Mucho. Y los intérpretes ven así la respuesta del público. Benja de la Rosa, que ahora presenta en la Casa de la Portera Louella Persons cree que “esto les va bien, porque el actor tiene que enfrentarse a esto para que se curta”. Esta cercanía permite incluso que los artistas interaccionen con más facilidad con los asistentes. “Para nosotros es el mejor escaparate, ahora que cada vez es más difícil entrar en los teatros convencionales”, añade De la Rosa.
La mayoría de los nuevos teatros tienen programación regular, pero cada día de la semana suelen ofrecer una propuesta diferente. Esto obliga a las compañías a dar una vuelta de tuerca a su creatividad y conseguir que un mismo escenario se convierta cada día en un espacio distinto con la mínima escenografía y juegos de luces. “Nosotros les ofrecemos la casa y ellos tienen que hacer algo que se adapte a este emplazamiento”, detalla Martret. El cambio continuo también facilita que el público rote y que así más gente conozca la sala, porque el boca a boca es uno de los grandes aliados de estos espacios.
Sala Tú, en Malasaña, abrió sus puertas el 15 de noviembre. Lo que hoy es un teatro y un pequeño bar, en su día fue una peluquería y unsex shop que no pudieron sobrevivir a la crisis. Sus seis socios se conocieron trabajando en la obra El divorcio de Figaro. Alfonso Lara es uno de ellos y está convencido de que “el futuro” de la profesión se encuentra en estas salas porque permiten "que los actores sigan activos" cuando los hermanos mayores, los teatros más grandes, no dan trabajo a todos.

No solo de la escena viven estas salas. La mayor parte de ellas sirven como semillero cultural y albergan exposiciones, música en vivo, cursos, ensayos o talleres. Es una forma de sacar el máximo rendimiento a unos espacios con los que “no te haces rico”, afirma David Sánchez, otro de los propietarios de Sala Tú. Las entradas a los espectáculos teatrales suelen ser algo más baratas. Oscilan entre los siete y los 20 euros, dependiendo de la obra y de la compañía. Algunos también hacen ofertas especiales a parados y a padres que lleven a sus hijos. Normalmente la sala y la compañía se dividen la taquilla a partes iguales.
Sala Tú ofrece un curso de interpretación lunes y martes. “Cuando todo se está viniendo abajo, lo que emerge es lo artesanal, que es el teatro: solo el texto y al actor. Sin artificios”, afirma Micaela Quesada, otra de las socias.
El lugar en el que ahora se ubica Sala Tú estaba destinado a ser un teatro. Allí actúo ya cuando aún era una peluquería la compañía Yo erótica, dirigida por Camilo Vásquez. En su búsqueda de espacios alternativos, Yo erótica acabo encontrando Espacio 8, a escasos metros de la Casa de la Portera. Este lugar nació hace cinco años como sala de exposiciones, de conciertos y almacén para grupos de teatro, entre otras actividades.
En noviembre se introdujo en el mundo de la oferta teatral cuando Vásquez lo encontró y propuso a su dueña, Larisa Balinge, que su obraLeche se interpretara allí. Fue un inicio accidental, pero Balinge, una promotora por sorpresa, está abierta a escuchar más propuestas cuando finalice la representación de Leche, a finales de este mes. “El espacio se convierte en un cuarto actor, esto no lo consigues en otro sitio más grande”, asegura Vásquez.
A veces hay que bucear un poco para encontrar estos teatros. O bajar al antiguo almacén de un bar para descubrir un escenario que a primera vista recuerda a The Cavern, el bar de Liverpool en el que Los Beatles ofrecieron sus primeros conciertos. Pero en realidad es El Sótano de la Graciosa, en la plaza Dos de Mayo.
Beatriz Ortega es una de sus directoras. “Es impresionante lo que hacen las compañías con tan poca escenografía”, se sorprende. Tras el pequeño escenario hay encajonados un minúsculo vestuario y un camerino. “Pequeños pero apañados”, asegura Ortega, mientras enseña orgullosa la sala que estrenó su primera obra el pasado septiembre. En estos espacios cada centímetro cuenta, cada foco que se pueda añadir aporta algo nuevo con respecto a lo anterior.
Lo mínimo se aprovecha en los nuevos teatros que surgen en los lugares más inverosímiles. En el piso de al lado o el sótano del bar pueden estar interpretando un texto de Shakespeare o de Chejov. Son los viveros teatrales que han eclosionado en el interior de Madrid. Ante la escasez de dinero, abundancia de ideas.

Las salas y su programación


Sol de York. Tiene en cartel Cuando fuimos dos yDe noche justo antes de los bosques. Arapiles, 16.
La Casa de la Portera. Presenta Luella PersonsLas huérfanas, entre otros. El fin de semana,Ivan-Off. Abades, 24.
Garaje Lumiere. Ofrece Medeas y Que nadie se mueva. Ciudad Real, 12
Espacio 8. Leche, hasta fin de marzo. Santa Ana, 8.
Arte y Desmayo. Ofrece Extraños en un diván yLos carisss. Baleares, 14.
Bululú 2120. Algunas de las obras son El Soldado Fanfarrón de PlautoCuerpo Dividido,Mi amigo en mí. Canarias, 16. Tarragona, 17.
Tarambana. Presenta, entre otras, La noche al revésArtrisisEscuela de machosImpro Night Show. Dolores Armengot, 31.
Sótano de la Graciosa. Las chicas del Cabaret, a partir de abril. Plaza del Dos de Mayo.
Sala Tú. Tiene en cartel El camello de al salir de claseEspañoles Franco ha muerto... otra vez!!?Velarde, 15.
Triángulo. Desperfectos, todo marzo. Zurita, 20.
Teatro del Arte. Tiene Oddi en cartel. San Cosme y San Damián, 3.