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dirección y dramaturgia BEGOÑA MORAL
traducción JOAN CALSINA
intérpretes NÚRIA ROCAMORA, GENÍS SENDRA y BLANCA GARCÍA-LLADÓ
duración 80min
fotografías MAX RUBERT
producción PARADISO 99
ÀTIC 22 (TEATRE TANTARANTANA)

Atraída por la poética que Begoña Moral acostumbra a dar a sus espectáculos acudo a ver estos Gossos de Neu. Creo que en esta ocasión es sin duda lo más significativo del espectáculo. Historias entrelazadas de personajes entorno a la muerte de Albert Camus que quedan un poco excesivamente teñidas de una oscuridad extraña y de personajes que necesitan un poco más de definición.

A medio camino entre el teatro documental, el teatro físico y el teatro de texto, Gossos de Neu es una mezcla a la que le falta homogeneidad y que necesita un espectador atento a no perderse entre la maraña de personajes, de relaciones y de idas y venidas.



Con una puesta en escena cargada de recuerdos, Nina Tuset diseña una escenografía que retrata el caos de vida que señala el texto y que los personajes por ende guardan en sus memorias. El que sí traslada al espectador a lo más profundo de las mismas es el diseño de iluminación de Helena Torres, que aunque el Àtic22 siempre apueste por espectáculos más minimalistas, con poco en este caso se consigue mucho.

El montaje sorprende con un inicio nada convencional, donde el teatro físico gana a la palabra. Por desgracia, enseguida deja paso al teatro de texto, la cual cosa no es la mejor de sus decisiones. El espectáculo ganaría en poética si hubiese optado por dar más peso al teatro físico y dejar en segundo plano la parte más textual. 



Las tablas de Blanca Garcia-Lladó se notan cuando se mueve como pez en el agua ya sea en el papel de narrador o de mero observador de las acciones de sus compañeros. Un texto con una densidad  y profundidad como Gossos de Neu adquiere otro nivel cuando la persona que lo pronuncia se preocupa que ritmo, tono y entonación estén equilibrados. Y en eso García-Lladó es sobresaliente.

Sus compañeros de reparto, Núria Rocamora y Genís Sendra brillan más en los momentos de teatro físico que en las partes de texto, muchas de ellas poco definidas y faltas de interés. Lo que no logro entender es los gritos de los personajes en la última parte de la obra. En una sala tan pequeña como el Àtic22 están de más.



La parte audiovisual de la parte final debería ganar más protagonismo a lo largo de la obra, serviría para reducir el exceso narrativo que envuelve el texto. A pesar de lo que Gossos de Neu es un montaje interesante, al que los medios a su alcance no le han permitido hacerlo del todo imprescindible.

GOSSOS DE NEU

by on 17:55
dirección y dramaturgia BEGOÑA MORAL traducción JOAN CALSINA intérpretes NÚRIA ROCAMORA, GENÍS SENDRA y BLANCA GARCÍA-LLADÓ duraci...

Fuente: Elsa Fernández-Santos (elpais.com)
Entre los célebres diálogos de Eva al desnudo, la película que mejor ha descrito las entretelas de la aristocracia del mundo del escenario, hay un breve y emocionante monólogo que podría servir para ilustrar la explosión creativa del teatro alternativo en la España de la crisis. Esa capacidad de este viejo arte para revivir y manifestar su naturaleza más profunda en cualquier acera. “¿Dónde pone que el teatro exista solo en los feos edificios apiñados en dos kilómetros cuadrados de Nueva York, Londres, París o Viena?”, se pregunta un encendido y coqueto Gary Merrill ante la joven y servil arpía Anne Baxter. “¿Quieres saber qué es el teatro? Un circo de pulgas, ópera, y rodeos, carnavales, ballets, danzas tribales indias, guiñol, un hombre orquesta... El Pato Donald, Ibsen, y el Llanero Solitario, Sarah Bernhardt y Poodles Hannefor, Lunt y Fontaine, Betty Grable, Rexel caballo salvaje, Eleonora Duse. Eso es teatro. No los entiendes todos. No te gustan todos. Así que no lo apruebes, ni desapruebes. Quizá no sea tu tipo de teatro, pero, en algún sitio, para alguien lo es”.
Esa cualidad libérrima, al servicio de los poderes de la imaginación, donde caben por igual reyes y vagabundos, un solo actor o un millar de ellos, está detrás de su eterna capacidad de supervivencia (ante la crisis de ahora y las de siempre) y de la eclosión en los últimos meses de espacios alternativos surgidos al albur de la caída del sector y de la consiguiente desesperación de muchos de sus creadores. Teatro off que ha conquistado porterías y peluquerías de Madrid, azoteas de Sevilla y salones de Málaga, miniespacios de Barcelona, rincones montados en cooperativa o en solitario, salas hasta hace poco marginales que por fin alcanzan el eco que merecen, microteatros, monólogos… Una efervescencia independiente, a pie de calle, que ha encontrado su público en una sociedad sedienta de una historia que se quiere abrir paso al margen de la oficial.
En Barcelona, concentradas en el barrio de El Raval y dedicadas en exclusiva al teatro emergente, abrieron en primavera tres propuestas cuyos espacios se mueven entre los 9 y los 90 metros cuadrados, informa Jacinto Antón. Àtic 22 (sala alternativa nacida, a su vez, de una sala alternativa consolidada, Teatre Tantarantana) ha logrado en apenas seis meses programar ocho obras para 2.000 espectadores. Mini Teatros ofrece obras de 15 minutos en salas para 16 personas y la sala Fènix Teatre, montada por un colectivo capaz de arreglar las luces y salir a escena, está dedicada al cabaré, las marionetas y las máscaras. En enero lanzan Los jueves de la Fènix, un cabaré revista basado en la literatura fantástica del siglo XIX.
En Madrid, las propuestas se multiplican: del Teatro de la Ciudad, proyecto de creación viva —y política— impulsado por tres nombres indiscutibles de la nueva escena nacional, Alfredo Sanzol, Miguel del Arco y Andrés Lima, a otros hervideros como la sala Mirador que programa Juan Diego Botto o el recién nacido Teatro del Barrio, que pretende aunar la cuestión política con la experiencia lúdica. “La eclosión de nuevos espacios teatrales es como la eclosión de nuevos medios de comunicación o de cooperativas alimentarias”, explica Alberto San Juan, uno de los gestores del Teatro del Barrio. “En la medida en la que el sistema vigente se hunde, los ciudadanos comienzan a construir otra forma de organizarse para convivir. Este proceso pasa por conseguir que los propios ciudadanos sean en medida suficiente propietarios y gestores de los medios de producción”.
Lejos de propuestas asamblearias y echando mano de una cita de Victor Hugo propuesta por el colectivo del Barrio (“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento”) muchos otros simplemente han encontrado eso, su momento: la manera de canalizar sus ideas lejos del escenario italiano tradicional. Olga Induran lanzó con su socia Susana Pérez Bermejo este año su proyecto Teatro Efímero en una peluquería del barrio de Chamberí, “algo así como unpop up teatro, ya que está tan de moda”, bromea ella. Garret Salón de Belleza albergó la obra Tú no, princesa, tragicomedia en tres actos sobre el fracaso de tres mujeres en tres décadas diferentes: los ochenta, los noventa y los 2000. Escritora de webseries y teatro alternativo, la autora se curtió en la hoy popularMicroteatro por dinero. “Todo es posible cuando dan igual los medios, la materia prima es la imaginación. Como cuando de pequeña juegas a indios y vaqueros con tapones de champú y dos barriguitas tuertas. Tú sacas una barra de labios y le dices al espectador que se haga a la idea de que es un cohete, y el espectador y tú hacéis ese pacto y ves a la barra de labios echando humo”.
Pero de todos esos pactos espactador-espacio uno de los fenómeno indiscutibles fue el de La Casa de la Portera, peculiar espacio madrileño nacido hace casi dos años para 25 espectadores y creado en la casa donde vivió la portera de un viejo edificio. El director y dramaturgo José Martret y el director de arte y escenógrafo Alberto Puraenvidia abrieron las puertas con Ivan-Off, versión alternativa del Ivanov, de Chéjov, y en pocos meses se convirtieron en todo un fenómeno. En el reducido aforo empezaron a verse caras conocidas, actores famosos y algún premio Nobel, atraídos por una experiencia —como poco— distinta. El éxito de la propuesta ha sido tal que hace unos meses el mismo equipo abrió La pensión de las pulgas, un salón en un piso de Huertas con ese aire pop sofisticado de finales de los años cincuenta que, con un aforo de 35 personas, se atrevió con un Macbeth (MBIG) interpretado por 10 actores como primer estreno. “Nosotros llenamos siempre, pero el teatro alternativo, ni ahora ni antes, da para vivir. Es solo una manera de estar activo y de darte a conocer. Para poder vivir mejor espera a que llamen del María Guerrero”, explica Martret, quien al preguntarle por el futuro de este tipo de espacios suelta una carcajada. “¿El futuro? Solo me preocupa el mañana”.
¿Qué quedará en limpio de toda esta innegable avalancha de propuestas y estrenos? Daniel Martínez, responsable de la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas de Teatro y Danza (Faeteda), delimita esta erupción de espacios off a las grandes núcleos urbanos y la califica de “espejismos” y “subterfugios” que esconden la realidad del futuro: “No solucionan la viabilidad del sector solo la de los creadores, que lógicamente no se conforman con quedarse en casa. En realidad no es una salida, sino una forma más de protestar ante la situación”.
“El bombazo de la escena off es fascinante pero, finalmente, falta industria y se trabaja con mínimos laborales”, apunta el actor Jorge Suquet (La mula, Crematorio), que ha encontrado en el teatro alternativo una fuente de nuevos estímulos que muchas veces se quedan en nada. Según su experiencia, la financiación solo llega cuando el éxito está garantizado y esa dependencia de la taquilla hace caer la balanza en favor de las propuestas más comerciales. “Así que el off en realidad funciona como mero muestrario, muchas veces más interesante que otras propuestas de grandes salas, pero finalmente condenado por la falta de una estructura profesional y laboral”.
“Cuando hay una pulsión creativa poderosa tiene que salir por cualquier lado, como esas hierbas que nacen por las grietas del asfalto”, asegura Ernesto Caballero, director del CDN. “La gente tiene ganas de escuchar un relato de la realidad distinto a las unívocas explicaciones oficiales. Los profesionales y la sociedad se están organizando y está demostrando que son capaces de ir a cualquier agujero con tal de escuchar otra historia. Y la implicación de los artistas en ese nuevo discurso es total. ¿Pero en que acabará todo esto? Yo creo que tiene que ir acompañado de reflexión y de autocrítica para construir, reconstruir o reformar una nueva estructura profesional sólida que permita sobrevivir a este sector”, afirma Caballero, que apunta el peligro de las modas. “Todo este movimiento no debe ser providencialista, ya no es el tiempo de la inocencia. Somos piezas de un entramado que para poder ser requiere una determinada estructura. Para todo esto necesitamos ciertas facilidades del Estado, que ayude a un nuevo desarrollo sin dirigirlo ni diseñarlo. En el tejado del Estado debe estar poner en valor el teatro, saber que es un patrimonio único, eso que llaman Marca España, somos una entre las cuatro o cinco naciones que pueden presumir de poseer un Everest teatral”.
Un Everest que, hoy día, escalan decenas de cómicos, autores, directores y técnicos dejados a su suerte aunque cargados como sherpascon sus ideas para el teatro del futuro, o del mañana.

Mapa para un vuelco dramático

Un referente. La experiencia de la compañía argentina Timbre 4, situada desde hace una década en el 640 de la avenida de Boedo de Buenos Aires, e impulsada por el dramaturgo Claudio Tolcachir, ha estado muy presente para muchos creadores españoles. Timbre 4, una casa abierta a nuevos lenguajes teatrales, funcionó como revulsivo en plena crisis argentina. El proyecto acabó en compañía estable de éxito internacional.
Una sala. Juan Diego Botto ha sabido canalizar en la sala Mirador la explosión creativa del momento. Programador desde el verano del espacio de Lavapiés, atrae a sus 170 butacas el espíritu rebelde y político de muchos creadores que están encontrando cobijo en este espacio alternativo. “El espíritu de la programación será un teatro a pie de calle”, señaló el actor el día de la presentación. “Un teatro que abra las puertas para mostrar y mostrarnos esos rincones que se escapan a las versiones oficiales, que se atreva a desvelarnos secretos del corazón humano o miradas sobre la crudeza de una crisis que está devorando a una generación entera”.
Un dramaturgo. José Padilla (Tenerife, 1976), premio Ojo Crítico de Radio Nacional 2013, impactó en La Casa de la Portera con Sagrado Corazón 45. La obra, escrita por él y codirigida con Eduardo Mayo, colapsó la sala, y su lista de espera. Estrenará en el María Guerrero Haz clic aquí, dentro de un proyecto de creación auspiciado por el Centro Dramático Nacional.

Unos veteranos. Estrenada en la sala Nasa de Santiago de Compostela,Citizen se programó tan solo unos días en Madrid dentro del Festival Escena Contemporánea. Para algunos críticos se trata de la gran obra del año. A cargo de la veterana compañía gallega de vanguardia Chévere, Citizen lleva la historia de Amancio Ortega, fundador de Zara, al terreno de Shakespeare. Drama, globalización, economía: la construcción de un imperio económico desde la periferia. La cara no oficial de la historia.


Un nombre. Es el hombre orquesta. Actor, director, dramaturgo, Pablo Mesiezz (Buenos Aires, 1974) se trasladó a Madrid en 2010. Daniel Veronese lo califica de “rara avis” del teatro argentino: “Encantador de espectadores, abre mundos, los arma oscuros, pero a la vez luminosos. Es muy particular, no copia, no sigue modas”. Ensaya La palabra verde, obra sobre algunos de los textos que Federico García Lorca escribiera en su viaje a Nueva York.

Un refugio. Los grandes también ayudan a los pequeños. El Teatro Lliure ha acondicionado un espacio, Aixopluc, para dar refugio a todos los que no encuentran una sala en Barcelona para estrenar. Este centro destinado a los desheredados de la crisis ha generado mucha vida y, además, está reportando buenos resultados creativos para la institución.


Un musical. Al principio se programó un solo día de la semana en el hall del teatro Lara de Madrid. Pero el éxito de La llamada convirtió este pequeño musical situado en un decadente campamento de monjas en uno de los fenómenos off de la temporada, que ha acabado conquistando la sala grande, con patrocinio, publicidad, mucho eco mediático y plenos de taquilla.


Fuente: Javier Molina (elpais.com)
Al bajar del taxi, José Martínez mira a su alrededor, se palpa la billetera y agarra a su mujer del brazo. Parece inquieto mientras camina entre la bulliciosa masa multicolor que pulula por las angostas calles del barrio de Lavapiés. “¿Eso es el teatro?”, pregunta incrédulo al llegar al portal número 24 de la calle de los Abades. Tiene 69 años y hace casi diez que no acude a una representación. Su perplejidad no disminuye al entrar en la sala, una casa oscura y estrecha de ornamento decimonónico. Su paciencia parece a punto de agotarse cuando, tras pagar la entrada, es conducido a una habitación de 20 metros cuadrados y sentado en una incómoda silla de madera rechinante. Al poco, la luz se apaga y aparecen dos hombrecillos barbudos disfrazados de niñas de colegio de monjas. Resopla, bosteza, remueve el culo. “No duro hasta el final”, advierte a su avergonzada esposa. El público chista para que se calle. Los minutos pasan y el desastre parece inminente. Pero algo ocurre a lo largo de la hora y cuarto que dura la obra: al final del primer acto, José parece atento y concentrado; en el segundo ha soltado más de diez carcajadas, y al finalizar la función, sus ojos son dos esferas abiertas y humedecidas y sus palmas amenazan con romperse de tanto aplaudir. “¡Bravo!”, grita antes de salir de La Casa de la Portera.
La obra en cuestión se llama Las huérfanas y es uno de los últimos éxitos de José Martret, director y fundador de la sala, que protagoniza junto a Jorge Calvo esta asombrosa comedia con ecos almodovarianos. Los 25 espectadores tratan de disimular las lágrimas ante estos dos travestidos que se hacen más complejos y entrañables a cada instante.
No es la primera vez que ocurre. El pasado 8 de marzo se cumplió un año desde que Alberto Puraenvidia reformó y decoró este bajo lóbrego –que fue local anarquista, refugio patera para inmigrantes y hogar de la portera– y lo transformó en el escenario de Ivan-Off, la versión de Chejov con la que su socio José Martret dio inicio a uno de los acontecimientos más sorprendentes del mundo de las tablas. Desde entonces, más de 10.000 personas se han sentado en las 25 butacas de La Casa de la Portera, según estimaciones propias, y el dúo fundador ha recibido más de 30 propuestas de repu­­tados directores. Las obras seleccionadas llenan a diario con listas de espera de hasta un mes para comprar entradas. Un milagro teatral que no llega solo: a su lado emergen otras salas alternativas que se mantienen a flote gracias a un boca a boca muy intenso. Entre las que destacan están Microteatro por Dinero, pionera de los formatos cortos, y la Flyhard, que está cautivando al público de Barcelona. A estas les siguen nuevos espacios con espectáculos de gran calidad, como las madrileñas LumièreKubik FabrikSala Tú y Teatro del Arte, y las barcelonesas Atic22Atrium y Porta 4. Son solo algunos de los ejemplos recientes que sirven como remanso y referente en el agónico pano­­rama de la escena independien­­te. El diario británico The Guardian ha llegado a referirse a algunos de estos lugares como parte de “una revolución cultural dentro del teatro español”.
El fenómeno de lo alternativo no tiene nada de nuevo. En España, desde mediados de los ochenta, varias compañías y escuelas de actores abrieron espacios no convencionales enfocados a un público menos numeroso, pero más entregado. Los noventa supusieron la consolidación de un movimiento que cristalizó en salas como la Cuarta Pared, la Triángulo y la barcelonesa Beckett, motor de la dramaturgia contemporánea catalana. Talleres, garajes, edificios en ruinas y todo tipo de rincones imposibles se teatralizaron gracias al esfuerzo de los creadores.
Si atendemos a las confidencias de los teatreros más curtidos, Madrid siempre fue el vivero de la escena nacional y hoy no ha dejado de serlo. Su poder telúrico tiende a concentrar un influjo cultural que se repite a lo largo del tiempo. Ya en el Siglo de Oro, algunos de los mayores genios de la historia, como Cervantes, Lope, Góngora y Quevedo, convivieron en unas pocas calles. Lorca, Alberti y Miguel Hernández hicieron de las suyas en el Madrid de preguerra. El arte más vanguardista volvió a ponerse de acuerdo desde los años previos a la movida. Y hoy, en plena crisis, parece brotar de las cenizas en pequeños espacios que ejercen un gran poder de atracción. Uno de los veteranos del teatro español, el actor y director José María Pou, no ahorra elogios para definir el fenómeno: “Estas salas son un semillero fantástico para los creadores”.
Un teatro que capta la atmósfera vital de nuestro tiempo, que surge del impulso de actuar ante los acontecimientos que vivimos. Animalario fue la palabra clave, y La boda de Alejandro y Ana, el punto y aparte que marcó la escena española en 2004. Aquella sátira sobre la derecha fue representada en un salón de bodas auténtico y aún hoy sigue inspirando a los miembros de la compañía. Uno de sus artífices, Alberto San Juan, regresa a salas alternativas como la Cuarta Pared –donde Animalario hizo sus pinitos– y la Triángulo para protagonizar monólogos cortos circunscritos en el teatro reivindicativo. Y es que para el actor, el resurgimiento de la escena independiente va ligado a la necesidad de cambio social: “Ya lo decían en el 68: cuando el Parlamento se convierte en un teatro, el teatro ha de ser un Parlamento”.
Independiente, artesano, experimental… Las definiciones no sirven para concretar la esencia de los nuevos modelos que surgen ajenos al mundo institucional. Y mucho menos para explicar su éxito. Entrar un sábado en Microteatro por Dinero puede convertirse en una experiencia no apta para claustrofóbicos. Pero debe de ser que el roce es adictivo o hedónico. Solo así se explica la incesante afluencia de espectadores que acuden a ver las piezas de 15 minutos a cuatro euros por función. Ubicada en pleno centro de Madrid, la sala fue una antigua carnicería hasta que un grupo de actores y directores liderados por el cineasta Miguel Alcantud la transformó en una especie de burdel escénicocompuesto por cinco habitaciones alineadas de unos siete metros cuadrados cada una. El resultado es un lugar en el que, al decir del dramaturgo Félix Sabroso, “uno tiene la sensación de que va a hacer el amor”. Quince personas pasan en fila y se apiñan en cada cubículo como mejor pueden, sentados, apoyados en la pared o en el hombro del de al lado. Los actores trabajan a centímetros de los espectadores, casi llegando al contacto físico, a lo pudoroso.
“Nuestra casa es la de todos los actores, directores y dramaturgos que se atrevan a contar una historia en 15 minutos”. La sala recibe unas 150 propuestas mensuales y ha engatusado a decenas de miles de espectadores. Una comedia rusa, una escena de tanatorio, una discusión en una cama de matrimonio o una exhibición de danza acrobática pueden sorprender en cada sala. Nunca ver teatro fue tan visceral.
El auge de los pequeños formatos tuvo sus orígenes en los años cincuenta en el off-Broadway neoyorquino. Se trataba de una serie de locales que daban cabida a un arte premeditadamente humilde, sin los oropeles de los coliseos de Manhattan. En su tiempo fue todo un bombazo. Pero dos décadas después el off se contagió del éxito, los precios subieron y los creadores alternativos decidieron huir más lejos del centro para crear el off-off-Broadway en salas aún más pequeñas.
La esencia de lo alternativo no llegó directamente desde la Gran Manzana. Sudamérica funcionó como un gran pinball que hizo rebotar la bola hasta España. En los ochenta, la dictadura militar argentina llevó al exilio a decenas de profesores que exportaron el modelo a Madrid y Barcelona. La frescura del teatro bonaerense impactó a los creadores españoles acostumbrados al estilo declamatorio del franquismo. Hoy sigue siendo un referente indiscutible: en 2005, el porteño Claudio Tolcachir transformó su casa en un escenario –Timbre 4– que sacudió el mundo teatral con un éxito transatlántico. José Martret emuló el experimento en La Casa de la Portera y el eco de los aplausos llegó –como por un nuevo golpe de pinball– a los teatreros del otro lado del charco. Tanto es así que el pasado febrero, el actor y director Lautaro Perotti, cofundador de Timbre 4, estrenó en la sala de Martret su obra más intimista: Breve ejercicio para sobrevivir. “Estos pequeños teatros son nuestros hermanos”, comenta el porteño, “ambos nacemos del compromiso absoluto con el arte”. Un ejemplo de sinergia entre dos actitudes artísticas que no entienden de crisis.
Hoy, Timbre 4 tiene un gran palco de butacas. Y el proceso que ha experimentado la escena alternativa española es similar. Salas como la Cuarta Pared y la Beckett crecieron, comenzaron a depender de las subvenciones y se consolidaron como espacios de referencia en los que, al igual que en Nueva York, el término off cada vez encajaba menos.
La tormenta perfecta llegó con la crisis, y más aún tras la subida del IVA al 21%, decretada por el Gobierno en septiembre de 2012. En solo cuatro meses, el teatro perdió un 31,43% de espectadores con respecto al año anterior. Y tras la paulatina pérdida de las ayudas institucionales, muchos se cansaron de esperar y crearon microespacios constituidos como asociaciones culturales con propuestas artísticas más atrevidas. El off-off español ha llegado para quedarse. Aunque nadie se está haciendo rico en el camino, la respuesta del público está logrando mantener los puestos de trabajo. Y en estos tiempos, eso es una gran noticia.
Nos trasladamos a Barcelona, donde el fenómeno de las pequeñas salas se vive en versión catalana. El mayor éxito se traduce de forma unánime en la sala Flyhard, un espacio con 40 butacas ubicado en el barrio de Sants que, al decir del crítico de EL PAÍS Marcos Ordóñez, es “el lugar de la escena barcelonesa donde más cosas están pasando”.
En marzo, esta sala estrenó Rei borni, una sutil comedia negra sobre la violencia policial y la concienciación en tiempos de crisis. “Con este tema lo petaríamos en Madrid”, comenta Alaín Hernández, responsable de encarnar a un violento mosso d’esquadra capaz de provocar odio y carcajadas. El texto hila muy fino, los actores lo bordan y el debate que genera continúa en los bares barceloneses a golpe de cañas.
Nuevas salas, nuevos formatos, reencuentros con el pasado… ¿Qué está ocurriendo en los escenarios españoles? Para unos es una revolución, “una respuesta espontánea a un exceso de establishment”, comenta el dramaturgo Félix Sabroso. Otros, más pesimistas, nos recuerdan el reciente cierre de salas míticas, como la Ítaca, el Albéniz, la Tis o la Espada de Madera. Casi todos creen entrever una luz al fondo del túnel. “Estos lugares son un laboratorio lleno de futuro”, concluye José María Pou. Teatro de piel o, como prefiere Martret, “teatro subcutáneo”, que traspasa la piel del espectador y se instala en nuestro cuerpo para no marcharse, para convertirnos en militantes de la escena y para demostrarnos que el arte es alegría, autoestima y esperanza, incluso en estos tiempos.


Fuente: Begoña Barrena (elpais.com)
Está claro que la crisis y la subida del IVA están afectando al teatro y mucho, pero la aparición de nuevas salas que, aunque en espacios reducidos, aúnan las artes escénicas con otras disciplinas artísticas parece indicar que lo que también está en crisis es el modelo convencional de teatro que conocemos. En Barcelona y en lo que va de año, se han abierto dos nuevos espacios y un tercero está a punto de inaugurarse.
El teatro Tantarantana, en la calle de Les Flors 22 del barrio del Raval, ha sido el primero en adaptarse a las necesidades de los creadores y del público joven que, en apenas dos meses y solo a través de las redes sociales, está respondiendo muy favorablemente a la programación de Àtic 22, la nueva sala del teatro situada justo encima de este y a la que se accede por la puerta de al lado. Sus 100 metros cuadrados permiten subdividir el espacio en dos y destinar uno de ellos a un bar provisional, como hicieron los de LaMinimal Teatre Sistemàtic con Fer sonar una flor…malgrat tot, el espectáculo inaugural.
Con un aforo máximo de 30 espectadores, Àtic 22 atiende a proyectos concretos de creación y da así salida a los jóvenes que no hallan un espacio para ello posibilitando incluso que se instalen un tiempo en residencia. Los montajes que se programan no aparecen en la cartelera ni se convocan ruedas de prensa; tampoco quieren hablar de entradas pues entienden que los ocho euros que cobran al espectador por función es una aportación al proyecto. En algunos casos el precio puede ser algo superior, como en Tal día com avui de Marta Guasch, el montaje que tienen ahora en “cartel”, y que incluye una pequeña cena, por lo que la cosa sube a los 10 euros. De momento, Àtic 22 funciona los fines de semana, pero la intención de Julio Álvarez, director del Tantarantana, y su equipo es la de ampliar la programación y abrir el espacio a las artes plásticas y audiovisuales.
A pocos metros de la Rambla del Raval, en la calle Riereta 31, se encuentra la Sala Fènix, otro espacio polivalente que ofrece exposiciones, representaciones teatrales para todo tipo de público centradas en el teatro de máscaras, el cabaret, las marionetas y la comedia del arte, así como cursos de formación en artes escénicas. Cuenta con dos espacios. Una pequeña sala de exposiciones y otra para las representaciones con capacidad para 50 espectadores. La Fènix resurgió de las ruinas gracias a las obras de remodelación el pasado mes de marzo con un monólogo del chileno Felipe Cabezas, uno de los directores del espacio. Otros cinco profesionales de la arquitectura, la fotografía, el diseño y la organización de eventos acompañan a Cabezas en esta aventura.
También en el Raval, en el número 22 de la calle Robador, bajo el patrocinio de la marca de coches que mejor encaja con la iniciativa y gracias al apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, Miniteatres, un nuevo club cultural, está a punto de abrir oficialmente sus puertas a la ciudadanía. Su fórmula está basada en la del microteatro y llega precedida por el éxito del formato en otras ciudades como Madrid. Y es que este es un concepto que permite a los espectadores disfrutar de piezas teatrales —de 15 minutos por cuatro euros— interpretadas por actores conocidos. Las salas tienen capacidad para 15 espectadores y ofrecerán seis pases diarios a partir de las 20,30 horas.
Como club dispone, además de las cuatro salas para las representaciones, de un bar-restaurante vintage y de una zona de exhibiciones en las que se presentarán exposiciones de pintura y escultura que tratarán la misma temática que las piezas teatrales programadas. La programación será mensual y arrancará el 9 de mayo con cuatro cápsulas teatrales que giran en torno al título genérico de Un gran día y en cuyos repartos podremos encontrar a Carlos Fuentes, Silvia Sabaté, Tonino o Mònica Lucchetti, entre otros.
Miniteatres cuenta con el respaldo de un montón de artistas conocidos, la mayoría relacionados con el cine y la televisión más que con el teatro. El proyecto está apadrinado por Agustí Villaronga, Manuel Huerga y Joaquim Oristrell.

Los teatros minis crecen

by on 16:53
Fuente: Begoña Barrena (elpais.com) Está claro que la crisis y la subida del IVA están afectando al teatro y mucho, pero la aparición...

TEXTOS: JOSÉ SANCHIS SINISTERRA
DIRECCIÓN: DANIELA DE VECCHI
INTÉRPRETES: ELOI BENET, ANNA BERENGUER, ANTONELLA CARON, CRIS CODINA, ESPERANÇA CRESPÍ, CATALINA ESQUIVEL, TONI FIGUERA, XANTAL GABARRÓ, ANDREA MARINEL·LO, JOAN MARTINEZ, XECSO PINTÓ i CARLA ROVIRA
CANTANT: ANDREA MARINEL·LO 
MÚSICS: MARIANNE BENNY PERRON (cello), XANTAL GABARRÓ (cello) i JOAN MARTÍNEZ (guitarra)
DURACIÓN: 95min
ÀTIC 22

Atención se abre un nuevo espacio escénico en Barcelona: Àtic 22. Después del toque de atención necesario para los no navegantes por Twitter o Facebook (sí, todavía los hay). Después del aviso previo y necesario, entremos en materia. El Àtic 22 se nos presenta como un multiespacio para que nuevos creadores expongan sus trabajos. Los primeros en probarlo han sido la cia La Minimal. Se tiene que decir que no sólo el espectáculo es sobresaliente, sino que han convertido toda la sala en un experiencia altamente recomendable.

Àtic 22 está al lado del Tantarantana y La Minimal ha querido que el espectáculo comience desde que el espectador entra por la puerta. Pasarán unos minutos entre ese momento y el que lo que consideramos espectáculo tradicional comience. Todo es sorpresa, el espectador se deja llevar, asume que su papel es verse sorprendido a cada paso, en cada segundo. 

Una suma de emociones te atrapa. Quieres ver, que te muestren lo que prometen. Comienzas a pensar que no sabes dónde te has metido, que tipo de espectáculo es. Un montón de preguntas sin respuesta que circulan por tu cabeza, hasta que un determinado momento el espectáculo comienza, primero con repeticiones hasta que el público está totalmente descolocado mentalmente, porque físicamente estás sentado y la acción presiona el enter.

Lo que pasa después mejor no explicarlo. La experiencia es un cúmulo de sensaciones, desconcierto, sorpresas, reflexiones y un gran aplauso final. La Minimal propone un espectáculo teatral pero que va más allá de sentarse en una silla, ver escuchar. Hay que sentir, sorprenderse, preguntarse porqué y qué estas viendo y qué te quieren transmitir.

Un ejercicio teatral preciso, una sorpresa mayúscula en un espacio nuevo y que dará mucho que hablar. La Minimal anuncia espectáculos en la Sala Atrium i la Sala Beckett, después de esto, se han ganado una fan y creo que no soy la única.