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Fuente: Margot Molina (elpais.com)
"Vivimos tiempos en los que la gente busca opciones de entretenimiento intensas, breves y baratas. Es el resultado de trasladar al mundo real los tiempos y las formas de las redes sociales e Internet", explica Chema Rodríguez (Sevilla, 1967), director y guionista de cine y uno de los 11 socios que ha puesto en marcha Microteatro Sevilla. El nuevo espacio, que se inaugura este jueves en un local de cinco plantas en el entorno de Metrosol Parasol (vulgo Las Setas), ofrecerá pequeñas dosis de teatro, circo, danza, ópera, flamenco, música, magia y artes plásticas.
Todo tipo de espectáculos que compartirán el número 15 de común denominador. Las obras tienen menos de 15 minutos de duración, podrán verse en cinco salas de 15 metros cuadrados y para un máximo de 15 espectadores, número que variará según el formato de cada puesta en escena. La puesta en marcha de Microteatro Sevilla(calle José Gestoso,3) incluye también espacios para las artes plásticas y un gastro-bar. Montajes que podrán verse de jueves a domingo en dos sesiones (a las 20.00 y a las 22.00. Viernes y sábado la sesión golfa comenzará a las 22.45).
El bailaor El Junco; el montaje Espérame despierto, de la compañía de danza contemporánea MOPA; el texto de Nancho Novo Sólo pienso en ti, la obra Los caminos del Señor, dirigida por Chiqui Carabante, o la comedia Quédate conmigo, protagonizada por Paco Maldonado y Galo Romeo, son algunas de las propuestas con las que Microteatro se presenta en Sevilla. Durante su primer mes de andadura, todas las propuestas girarán en torno a un tema: la pasión.
"Nuestra filosofía es que podemos conseguir que la gente que nunca ha ido al teatro se acerque si le ofrecemos una obra de solo 15 minutos y por un precio que casi todo el mundo puede pagar: 3,5 euros. Son como bomboncitos que dejan buen sabor de boca y que contribuirán a crear público", comenta Rodríguez, autor, entre otros, del documental Estrellas de La Línea, un largometraje de 2006 que dignifica a un grupo de prostitutas guatemaltecas y con el que obtuvo una larga serie de premios.
Y la fórmula, que Chema Rodríguez y otros 19 socios pusieron en práctica en Madrid en 2010, ha funcionado. El proyecto ha abierto sedes en México, Argentina, Costa Rica y Estados Unidos, que se suman a las que ya funcionan en España: Madrid, Valencia, Almería y Málaga. "En Madrid estamos vendiendo unas 10.000 entradas al año y en Málaga, llegamos a las 8.000; así que la cosa está funcionando", explica el cineasta que en Sevilla se ha asociado junto a, entre otros, el productor Álvaro Alonso, la directora de cine Ana Rosa Diego, el actor Rafael Rojas y el ingeniero David Pérez.


Fuente: Javier Yuste (elcultural.es)

Para ver Hanky Panky, la pieza de microteatro que ha creado Daniel Sánchez Arévalo para la segunda edición del Tanqueray Stage (la primera edición corrió a cargo de Nancho Novo y sus Confesiones de un bartender), hay que ir hasta la Plaza de Santa Ana por la Calle Príncipe y, en vez de detenerse en el Teatro Español, hay que seguir hasta el n° 7. El edificio, en el que José Canalejas vivió su carrera política, acoge en su interior el Club Privado Argo, un exclusivo espacio reservado para socios que desborda lujo y flema británica en cada detalle (la sospecha de que los clientes en una tarde normal llevan bombín y paraguas es más que razonable). Allí, en la cuarta planta, esperan Hugo Silva, Inma Cuesta y Melania Deocal para poner en movimiento la peculiar historia pergeñada por el director de La gran familia española. “Con este escenario buscábamos que se enriqueciera la experiencia para el público al romper las convenciones de la sala de teatro sustituyéndola por un lugar al que la gente normalmente no puede acceder”, explica Sánchez Arévalo.

Hanky Panky, que se estrena este viernes y estará abierta al público durante tres fines de semana hasta el 6 de diciembre, es una comedia romántica que narra la historia de un involuntario viajero en el tiempo, interpretado por Hugo Silva, que tras 33 años dando vueltas por distintas épocas trata de volver infructuosamente a su tiempo para reencontrarse con la mujer de la que está enamorado. Por su parte, Inma Cuesta da vida a una Barmaid que sirve al personaje de Hugo Silva un Hanky Punky, una bebida creada por Ada Coleman, un mito de la coctelería femenina que ha inspirado el rol que interpreta la actriz. Este proyecto supone por tanto la primera incursión en la ciencia-ficción de Sánchez Arévalo que opina que“el teatro permite este tipo de juegos incluso con escasez de medios, mientras que en el cine esta historia tendría que haber sido una superproducción”.

El director de Primos, consolidado en la industria cinematográfica española con cuatro películas en su haber, debuta en una disciplina que se le presentaba no tanto como una ambición sino como un destino inevitable. “Los aspectos que más cuido en mis películas son el guion y la dirección de actores”, explica. “El teatro es la máxima expresión de ambos por lo que sabía que, de manera natural, iba a acabar dirigiendo teatro y estoy seguro de que volveré a hacerlo”. De hecho, Hanky Panky, una pieza de tan solo 15 minutos, parece una toma de contacto de su director con el medio escénico con vistas a acometer una obra más convencional.

Otro de los aspectos que el director repite respecto a anteriores trabajos es la apuesta por jóvenes talentos sin apenas experiencia en la interpretación. En esta ocasión, a través de un casting online al que se han presentado 300 aspirantes, la actriz Melania Docal ha conseguido hacerse con el tercer papel de la obra. “Melania tiene algo especial”, explica el director de Azuloscurocasinegro“Tiene una vis cómica maravillosa y es muy peculiar de por sí, en el buen sentido de la palabra. Te llama la atención solo de verla. Al final se trata de quién lo hace mejor y de quién es la persona mas adecuada para ese papel y ella era sin duda la más adecuada”.

Daniel Sánchez Arévalo se ha dado hasta final de año para decidirse por alguno de los tres proyectos que se encuentra en este momento desarrollando para volver a la pantalla grande. Mientras, asiste como espectador al gran año del cine español, que va acabar con una cuota de público cercana al 25 %, pero se muestra cauto a la hora de valorarlo. “Estos resultados vienen arrastrados por el fenómeno social de 8 apellidos vascos y un caso como este ocurre cada 20 años”. Su mayor preocupación es que el público pierda la costumbre de ir a las salas. “Es un serio problema que ir al cine se convierta en algo extraordinario porque es algo que puede calar en las nuevas generaciones y que estas lo vean algo tan raro como comprar un vinilo". La respuesta a iniciativas como la Fiesta del cine, sin embargo, le devuelven la esperanza en que el tema no es tanto de interés como del precio de las entradas. Pero, ya que el tema es la ciencia-ficción, si el cine español pasara definitivamente a mejor vida siempre le quedaría a Sánchez-Arévalo una prometodora carrera en el teatro. 

Fuente: Isabel Cuesta (elpais.com)
Daniel Sánchez Arévalo, director de cine y guionista, hace su debut en el teatro con la microobra Hanky Panky que se presentará por tres fines de semana a partir del próximo 21 de noviembre hasta el 6 de diciembre en el Microteatro de Madrid. El elenco de la comedia romántica está compuesto por los actores Inma CuestaHugo Silva y Melania Deocal, ganadora del concurso para formar parte del reparto. Más de 300 candidatos se presentaron al certamén cuya selección final se realizó este martes entre 10 finalistas, poco antes de la presentación oficial del proyecto financiado por la empresa fabricante de ginebra Tanqueray.
El título Hanky Panky viene del cóctel del mismo nombre creado por la británica Ada Coleman, primera mujer coctelera en el mundo. El término en inglés es una alusión a un encuentro sexual de tipo casual. Sin embargo la obra trata de otro tipo de azar. El personaje principal, interpretado por Silva, es un hombre que lleva 33 años viajando en el tiempo en contra de su voluntad. La travesía a través de mundos paralelos inicia una noche en la que tomaba un Hanky Panky con su chica que, como Coleman, también es coctelera. De un momento a otro él empieza a sentirse mal y, sin saber cómo, desaparece, se evapora del lugar e instante en el que se encuentra para hallarse repentinamente en otro sitio y otra época. Su recorrido sin césar a través del espacio-tiempo está lleno de momentos interrumpidos; cada odisea termina abruptamente. El personaje vive esto como una experiencia traumática, su ansia es volver al aquí y ahora del momento en el que estaba con su novia de quien estaba profundamente enamorado y que conocía tan solo recientemente. El anhelo constante por volver a estar con quien considera el amor de su vida, le impide volver a enamorarse o disfrutar de ningún momento presente.
Sánchez Arévalo (Madrid,1970) explica que, sin ser una metáfora, la obra habla de lo que nos pasa a todos en la vida. "En algún momento te desvías, tomas otro camino y no sabes por qué dejaste una historia inconclusa, que hubiera podido ser el germen de algo mucho más bonito". Las oportunidades desperdiciadas tienen que ver para el director con los miedos, las inseguridades. En el caso del personaje de Hanky Panky la decisión de permanecer en una situación cualquiera no depende de él, sino que sin previo aviso es sustraído de toda situación en la que se encuentra.
"En resumen, creo que el tema de los viajes en el tiempo tienen que ver con pensar sobre aquello que hubiéramos podido cambiar. Nuestro deseo de echar para atrás y hacer algo mejor, por ejemplo incluso esta misma conversación", apunta Sánchez Arévalo. El personaje en Hanky Panky no logra reconocer la singularidad de cada momento y lo que representa "el disfrutar el aquí y ahora", abrevia en una frase el director.
En contraste, Inma Cuesta encarna la otra cara de la moneda de lo que es ser un viajero en el tiempo. Ella muestra "el lado lúdico, divertido de ir sin mochila, de ir sin equipaje", explica el autor.
De sí mismo el director comparte: "tengo mucha mochila, cargo muchas cosas". En el video que realizó este periódico sobre Sánchez Arévalo hace unos meses, el artista relata que su proceso creativo es "una búsqueda que puede ser incluso angustiosa". El director añade: "Nunca sabes si vas a encontrar lo que estás buscando” y compara su manera de crear como un “viaje al interior de uno mismo”.
El desenlace sobre los viajes en el tiempo que realiza el protagonista en Hanky Panky será revelado sobre la escena a partir del 21 de noviembre. El director destaca: “Esto es una obra de teatro y no el cine, no puedes hacer flash backs. Así que he pensado de qué manera hacer que lo que relata el personaje principal sea creíble, sin que se lo tache de loco. Estamos hablando de una obra de ciencia ficción pero en ese universo que he concebido quiero que el público se lo crea”.


Fuente: Javier Molina (elpais.com)
Al bajar del taxi, José Martínez mira a su alrededor, se palpa la billetera y agarra a su mujer del brazo. Parece inquieto mientras camina entre la bulliciosa masa multicolor que pulula por las angostas calles del barrio de Lavapiés. “¿Eso es el teatro?”, pregunta incrédulo al llegar al portal número 24 de la calle de los Abades. Tiene 69 años y hace casi diez que no acude a una representación. Su perplejidad no disminuye al entrar en la sala, una casa oscura y estrecha de ornamento decimonónico. Su paciencia parece a punto de agotarse cuando, tras pagar la entrada, es conducido a una habitación de 20 metros cuadrados y sentado en una incómoda silla de madera rechinante. Al poco, la luz se apaga y aparecen dos hombrecillos barbudos disfrazados de niñas de colegio de monjas. Resopla, bosteza, remueve el culo. “No duro hasta el final”, advierte a su avergonzada esposa. El público chista para que se calle. Los minutos pasan y el desastre parece inminente. Pero algo ocurre a lo largo de la hora y cuarto que dura la obra: al final del primer acto, José parece atento y concentrado; en el segundo ha soltado más de diez carcajadas, y al finalizar la función, sus ojos son dos esferas abiertas y humedecidas y sus palmas amenazan con romperse de tanto aplaudir. “¡Bravo!”, grita antes de salir de La Casa de la Portera.
La obra en cuestión se llama Las huérfanas y es uno de los últimos éxitos de José Martret, director y fundador de la sala, que protagoniza junto a Jorge Calvo esta asombrosa comedia con ecos almodovarianos. Los 25 espectadores tratan de disimular las lágrimas ante estos dos travestidos que se hacen más complejos y entrañables a cada instante.
No es la primera vez que ocurre. El pasado 8 de marzo se cumplió un año desde que Alberto Puraenvidia reformó y decoró este bajo lóbrego –que fue local anarquista, refugio patera para inmigrantes y hogar de la portera– y lo transformó en el escenario de Ivan-Off, la versión de Chejov con la que su socio José Martret dio inicio a uno de los acontecimientos más sorprendentes del mundo de las tablas. Desde entonces, más de 10.000 personas se han sentado en las 25 butacas de La Casa de la Portera, según estimaciones propias, y el dúo fundador ha recibido más de 30 propuestas de repu­­tados directores. Las obras seleccionadas llenan a diario con listas de espera de hasta un mes para comprar entradas. Un milagro teatral que no llega solo: a su lado emergen otras salas alternativas que se mantienen a flote gracias a un boca a boca muy intenso. Entre las que destacan están Microteatro por Dinero, pionera de los formatos cortos, y la Flyhard, que está cautivando al público de Barcelona. A estas les siguen nuevos espacios con espectáculos de gran calidad, como las madrileñas LumièreKubik FabrikSala Tú y Teatro del Arte, y las barcelonesas Atic22Atrium y Porta 4. Son solo algunos de los ejemplos recientes que sirven como remanso y referente en el agónico pano­­rama de la escena independien­­te. El diario británico The Guardian ha llegado a referirse a algunos de estos lugares como parte de “una revolución cultural dentro del teatro español”.
El fenómeno de lo alternativo no tiene nada de nuevo. En España, desde mediados de los ochenta, varias compañías y escuelas de actores abrieron espacios no convencionales enfocados a un público menos numeroso, pero más entregado. Los noventa supusieron la consolidación de un movimiento que cristalizó en salas como la Cuarta Pared, la Triángulo y la barcelonesa Beckett, motor de la dramaturgia contemporánea catalana. Talleres, garajes, edificios en ruinas y todo tipo de rincones imposibles se teatralizaron gracias al esfuerzo de los creadores.
Si atendemos a las confidencias de los teatreros más curtidos, Madrid siempre fue el vivero de la escena nacional y hoy no ha dejado de serlo. Su poder telúrico tiende a concentrar un influjo cultural que se repite a lo largo del tiempo. Ya en el Siglo de Oro, algunos de los mayores genios de la historia, como Cervantes, Lope, Góngora y Quevedo, convivieron en unas pocas calles. Lorca, Alberti y Miguel Hernández hicieron de las suyas en el Madrid de preguerra. El arte más vanguardista volvió a ponerse de acuerdo desde los años previos a la movida. Y hoy, en plena crisis, parece brotar de las cenizas en pequeños espacios que ejercen un gran poder de atracción. Uno de los veteranos del teatro español, el actor y director José María Pou, no ahorra elogios para definir el fenómeno: “Estas salas son un semillero fantástico para los creadores”.
Un teatro que capta la atmósfera vital de nuestro tiempo, que surge del impulso de actuar ante los acontecimientos que vivimos. Animalario fue la palabra clave, y La boda de Alejandro y Ana, el punto y aparte que marcó la escena española en 2004. Aquella sátira sobre la derecha fue representada en un salón de bodas auténtico y aún hoy sigue inspirando a los miembros de la compañía. Uno de sus artífices, Alberto San Juan, regresa a salas alternativas como la Cuarta Pared –donde Animalario hizo sus pinitos– y la Triángulo para protagonizar monólogos cortos circunscritos en el teatro reivindicativo. Y es que para el actor, el resurgimiento de la escena independiente va ligado a la necesidad de cambio social: “Ya lo decían en el 68: cuando el Parlamento se convierte en un teatro, el teatro ha de ser un Parlamento”.
Independiente, artesano, experimental… Las definiciones no sirven para concretar la esencia de los nuevos modelos que surgen ajenos al mundo institucional. Y mucho menos para explicar su éxito. Entrar un sábado en Microteatro por Dinero puede convertirse en una experiencia no apta para claustrofóbicos. Pero debe de ser que el roce es adictivo o hedónico. Solo así se explica la incesante afluencia de espectadores que acuden a ver las piezas de 15 minutos a cuatro euros por función. Ubicada en pleno centro de Madrid, la sala fue una antigua carnicería hasta que un grupo de actores y directores liderados por el cineasta Miguel Alcantud la transformó en una especie de burdel escénicocompuesto por cinco habitaciones alineadas de unos siete metros cuadrados cada una. El resultado es un lugar en el que, al decir del dramaturgo Félix Sabroso, “uno tiene la sensación de que va a hacer el amor”. Quince personas pasan en fila y se apiñan en cada cubículo como mejor pueden, sentados, apoyados en la pared o en el hombro del de al lado. Los actores trabajan a centímetros de los espectadores, casi llegando al contacto físico, a lo pudoroso.
“Nuestra casa es la de todos los actores, directores y dramaturgos que se atrevan a contar una historia en 15 minutos”. La sala recibe unas 150 propuestas mensuales y ha engatusado a decenas de miles de espectadores. Una comedia rusa, una escena de tanatorio, una discusión en una cama de matrimonio o una exhibición de danza acrobática pueden sorprender en cada sala. Nunca ver teatro fue tan visceral.
El auge de los pequeños formatos tuvo sus orígenes en los años cincuenta en el off-Broadway neoyorquino. Se trataba de una serie de locales que daban cabida a un arte premeditadamente humilde, sin los oropeles de los coliseos de Manhattan. En su tiempo fue todo un bombazo. Pero dos décadas después el off se contagió del éxito, los precios subieron y los creadores alternativos decidieron huir más lejos del centro para crear el off-off-Broadway en salas aún más pequeñas.
La esencia de lo alternativo no llegó directamente desde la Gran Manzana. Sudamérica funcionó como un gran pinball que hizo rebotar la bola hasta España. En los ochenta, la dictadura militar argentina llevó al exilio a decenas de profesores que exportaron el modelo a Madrid y Barcelona. La frescura del teatro bonaerense impactó a los creadores españoles acostumbrados al estilo declamatorio del franquismo. Hoy sigue siendo un referente indiscutible: en 2005, el porteño Claudio Tolcachir transformó su casa en un escenario –Timbre 4– que sacudió el mundo teatral con un éxito transatlántico. José Martret emuló el experimento en La Casa de la Portera y el eco de los aplausos llegó –como por un nuevo golpe de pinball– a los teatreros del otro lado del charco. Tanto es así que el pasado febrero, el actor y director Lautaro Perotti, cofundador de Timbre 4, estrenó en la sala de Martret su obra más intimista: Breve ejercicio para sobrevivir. “Estos pequeños teatros son nuestros hermanos”, comenta el porteño, “ambos nacemos del compromiso absoluto con el arte”. Un ejemplo de sinergia entre dos actitudes artísticas que no entienden de crisis.
Hoy, Timbre 4 tiene un gran palco de butacas. Y el proceso que ha experimentado la escena alternativa española es similar. Salas como la Cuarta Pared y la Beckett crecieron, comenzaron a depender de las subvenciones y se consolidaron como espacios de referencia en los que, al igual que en Nueva York, el término off cada vez encajaba menos.
La tormenta perfecta llegó con la crisis, y más aún tras la subida del IVA al 21%, decretada por el Gobierno en septiembre de 2012. En solo cuatro meses, el teatro perdió un 31,43% de espectadores con respecto al año anterior. Y tras la paulatina pérdida de las ayudas institucionales, muchos se cansaron de esperar y crearon microespacios constituidos como asociaciones culturales con propuestas artísticas más atrevidas. El off-off español ha llegado para quedarse. Aunque nadie se está haciendo rico en el camino, la respuesta del público está logrando mantener los puestos de trabajo. Y en estos tiempos, eso es una gran noticia.
Nos trasladamos a Barcelona, donde el fenómeno de las pequeñas salas se vive en versión catalana. El mayor éxito se traduce de forma unánime en la sala Flyhard, un espacio con 40 butacas ubicado en el barrio de Sants que, al decir del crítico de EL PAÍS Marcos Ordóñez, es “el lugar de la escena barcelonesa donde más cosas están pasando”.
En marzo, esta sala estrenó Rei borni, una sutil comedia negra sobre la violencia policial y la concienciación en tiempos de crisis. “Con este tema lo petaríamos en Madrid”, comenta Alaín Hernández, responsable de encarnar a un violento mosso d’esquadra capaz de provocar odio y carcajadas. El texto hila muy fino, los actores lo bordan y el debate que genera continúa en los bares barceloneses a golpe de cañas.
Nuevas salas, nuevos formatos, reencuentros con el pasado… ¿Qué está ocurriendo en los escenarios españoles? Para unos es una revolución, “una respuesta espontánea a un exceso de establishment”, comenta el dramaturgo Félix Sabroso. Otros, más pesimistas, nos recuerdan el reciente cierre de salas míticas, como la Ítaca, el Albéniz, la Tis o la Espada de Madera. Casi todos creen entrever una luz al fondo del túnel. “Estos lugares son un laboratorio lleno de futuro”, concluye José María Pou. Teatro de piel o, como prefiere Martret, “teatro subcutáneo”, que traspasa la piel del espectador y se instala en nuestro cuerpo para no marcharse, para convertirnos en militantes de la escena y para demostrarnos que el arte es alegría, autoestima y esperanza, incluso en estos tiempos.

Fuente: Victoria Gallardo (metropoli.com)

Hace cuatro años, un prostíbulo de la madrileña calle Ballesta fue testigo de cómo el ingenio se puede convertir en el mejor arma contra la crisis. Durante 10 días, las 13 habitaciones de aquel burdel acogieron a casi 50 artistas entre directores, autores y actores dispuestos a dar un nuevo impulso al panorama teatral. Su propuesta, representaciones de 10 minutos para un aforo máximo de seis personas y a precios económicos. Acababa de nacer Microteatro por dinero. Tras el éxito cosechado y después de mudarse a una antigua carnicería de la calle Loreto y Chicote, este innovador formato cuenta cada vez con un mayor número de adeptos.


Alberto Puraenvidia y José Martret son dos de ellos. Tras alquilar y reformar un destartalado bajo en el barrio de La Latina, que antes de su llegada había sido un piso patera, estos dos socios abrieron al público las puertas de La Casa de la Portera, un espacio en el que dos habitaciones de apenas 20 metros cuadrados se convierten en el escenario hasta el que se han acercado espectadores de la talla de Mario Vargas Llosa, Maribel Verdú o Gracia Querejeta.
Lejos de concentrarse sólo en la capital, la fiebre del microteatro ha llegado hasta distintos rincones de nuestra geografía. Desde el pasado año, las noches cordobesas cuentan con un nuevo atractivo. "Cuando se sale de tapeo por Córdoba, siempre se recorren varios sitios. Es algo que tenemos asumido. Por eso, desde CortoCircuito lo que proponemos es un recorrido guiado para grupos de 20 personas en el que se ofrecen tres representaciones en tres espacios diferentes por siete euros", explica Paco Nevado, responsable de esta propuesta teatral itinerante.

Librerías, restaurantes, hoteles, patios de viviendas, estudios de diseño, salas de yoga, una tienda de bicis o, incluso, una clínica canina son algunos de los escenarios por los que ha desfilado el equipo de CortoCircuito, que aún se sigue sorprendiendo con la acogida que ha tenido su iniciativa: "La crisis nos abrió un nuevo campo de actuación. La gente se puso las pilas y, cuando las cosas se hacen con ganas, lo normal es que salgan bien". Tanto es así que, además de estar planeando una gira con las agrupaciones Escena Bruta (Málaga) y El Gato en Bicicleta (Sevilla), también están pensando en hacer similar en Granada y en Vigo.
Precisamente es en tierras gallegas donde se encuentra La Tuerka27, una productora que, tras una visita a Madrid, también se ha lanzado a la aventura de organizar sus propios montajes en La Coruña. "El microteatro es la forma más directa de estar visibles y hacer lo que nos gusta hacer. Es rápido de montar, sencillo e inmediato", asegura la directora Iria Ares. Tras convertir una antigua peluquería y un burdel en dos salas de teatro con capacidad para 20 personas, han conseguido cautivar cada semana a decenas de espectadores. "Lo que más impresiona al público es que la distancia con el actor se reduce a cero. Por ese se siente más partícipe que asistente de la ficción", asegura.
Sin embargo, esto también entraña riesgos: "Los errores siempre se van a detectar, algo que no ocurre en el teatro de gran formato, donde los actores tienes más recursos para salvar ese tipo de situaciones. La parte positiva es que eso les obliga a revisar sus técnicas interpretativas, a estar en constante evolución. Cuanto más cerca están de su público, más gusto les da actuar".

Valladolid también ha sido testigo de esta otra forma de hacer teatro. Tras comenzar en un bar a las afueras de la ciudad, Microteatro por la gorra consiguió un emplazamiento fijo mucho más céntrico en el restaurante El Desierto Rojo. "Cada jueves estrenamos tres obras diferentes porque esto no es Madrid: aquí no puedes tener las obras en cartel mucho tiempo. La entrada cuesta 1 euro y al final de la representación los actores pasan una gorra de la que sale la mayor parte de su sueldo", explicaba recientemente María Negro, una de las responsables de esta iniciativa que organizó en colaboración con su amiga Cristina Hernández. "Para enganchar empezamos con escenas cómicas, pero luego nos atrevimos como el drama y con noches temáticas, como la noche musical o la del cine mudo. La gente tiene muchas ganas de ver muchas cosas. Tiene ganas de cultura".

A pesar de que la reciente prohibición de realizar espectáculos de estas características en varios bares de Valladolid ha obligado a Microteatro por la gorra a "echar el cierre hasta nuevo aviso", sus fundadoras aseguran que seguirán luchando para que este "adiós" se convierta en un "hasta pronto".
El microteatro también se ha dejado sentir en Barcelona. A finales del pasado año, el Teatro Lliure puso en marcha una serie de representaciones con este formato. "Teníamos un espacio sin aprovechar, una sala del teatro que hubo que cerrar hace un año por falta de presupuesto. La transformamos en un pequeño café-teatro en el que se pudiera encontrar ese espíritu de inmediatez del que carecen habitualmente los grandes proyectos teatrales", asegura Pau Carrió, responsable de la dirección artística del teatro.
La duración de las actuaciones nunca deberían excedieran los 20 minutos, decisión no fue fruto del azar, sino que fue ese mismo tiempo el que consiguió aguantar la respiración bajo el agua el suizo Peter Colat, que entró en el Récord Guiness en el año 2011. Mientras trabajan en la programación de la próxima temporada, desde este teatro no pierden de vista su objetivo: seguir dejando al público sin respiración.
Sé que llego tarde, que después de 200.000 entradas vendidas en sus dos primeros años de vida ya hablan por sí mismas del éxito de esta propuesta, pero el pasado viernes me estrené en el Microteatro. Cada obra cuesta 4€ y son 15 minutos de función. Un sube y baja continuo, si fuera Barcelona, los #postfunción tendrían que ser de menos de 140 caracteres porque no habría tiempo para más.

He de decir que la primera obra es desconcertante. Poco importa de qué trate, como sea la interpretación, sumergirte en una minisala, con 15 personas como máximo, en un sótano, estás realmente más preocupada de tu claustrofobia que de lo que está pasando a tu alrededor. La segunda vez que bajas, ya no hay novedad y te puedes concentrar en la obra, en los personajes, en la historia y te das cuenta que estás formando parte de un universo mágico, empiezas a disfrutar.

No todas las obras son piezas de arte, ni llegarán mucho más allá que ser recordadas durante un instante por sus espectadores. Las hay que se salvan, que te invitan a un corto pensamiento y otras, las menos, que están bien escritas, y bien interpretadas. Pero más allá de un teatro con estrellas, Microteatro es una experiencia sensorial, una nueva forma de hacer, ver y disfrutar del teatro fuera de las grandes salas, con su escenario y su platea bien diferenciadas.

Mis tres primeras obras:

METRO
Texto y dirección: Agustina Bottinelli
Intérpretes: Inma Gamarra, Jean Cruz y Agustina Bottinelli
Género: Comedia

Un divertido paseo por la mente de tres personajes durante un viaje en metro. ¿Y tú, en qué piensas en el metro?

--> Primera obra, ya digo yo estaba en proceso de aclimatarme al espacio. Pero globalmente la que menos me gusto de las tres. Texto e interpretaciones demasiado forzadas. Eso sí, la idea es buena y da para escribir una más larga. Ahí lo dejo.

JOHNNY & KID. CAPÍTULO 1: MATAR POR LA CARA
Texto y dirección: Achero Mañas
Intérpretes: Vito Sanz, Camilo Rodríguez y Alfonso Blanco
Género: Comedia negra

Dos matones a sueldo cumplen un ajuste de cuentas por encargo.

--> Globalmente la más completa de las tres. Sustentada en una buena idea, muy al estilo Tarantino, con un buen texto y unas interpretaciones muy convincentes. 

PAR O IMPAR
Texto y dirección: Marta Aledo
Intérpretes: Iñaki Ardanaz y Antonio Galeano
Género: Comedia

Tarde de verano. Xavi y Yon han quedado para jugar al 'Landlords' como tantas y tantas veces. Cartas, tableros, intrucciones... pero hoy el juego no va ser de mesa.

--> Interesante el punto de partida, con un esperado final. El desarrollo de la pieza de va llevando y atrapando. Simplemente has de decidir si te dejas o no atrapar.


¿Alguien se anima a no tener que viajar 700 km para volver a disfrutar de la experiencia?  


Fuente: Manuel Morales (www.elpais.com)
En la sala 1, un secuestrado; en la 2, unos crímenes con mucha sangre; sala 3, misterio en un vagón de metro; en la 4, una policía enigmática; y sala 5, una fan enloquecida. En una noche de estreno, nervios y carreras, el espacio madrileño Microteatro por Dinero (Loreto y Chicote, 9) abrió el martes por la noche la nueva temporada con cinco obras de género negro y misterio, una iniciativa organizada con el canal de televisión de suspense Calle 13 (dial 20 de Canal +), que acaba de cumplir 13 años. Para esta ocasión se ha contado con textos escritos y en algunos casos dirigidos por nombres del cine como Juan Carlos Fresnadillo, Kike Maíllo, Juanma Bajo Ulloa y Rubén Ochandiano.
Entre los novatos en este formato, está Ochandiano, el actor madrileño es autor y director de Delirio, una pieza que trata de una enajenada que sufre alucinaciones eróticas por un actor. "Me he puesto al otro lado, me apetecía dirigir pero no actuaría en el microteatro, me da terror". Ochandiano asiste, inquieto, junto a una quincena de espectadores, los que caben en la minisala, a su obra, que se representa, como las demás, hasta seis veces y dura unos 15 minutos. "Delirio ha sido un capricho, me he permitido hacer serie B, algo que solo podía darse en este formato".
Un pensamiento que comparte el director vitoriano Juanma Bajo Ulloa (Alas de mariposaLa madre muerta...). Para él, es su segunda vez en el teatro de lo breve. "Me gusta porque se puede plasmar algo no convencional. Es un espacio tan pequeño que el espectador tiene una sensación diferente". En su obra, Poli muerto, poli bueno, la protagonista, una funcionaria interpretada por Esperanza Pedreño (la simpática Cañizares de la conocida serie Camera café) interactúa con el público, habla con ellos, les gasta bromas. Se pasa miedo mientras otros ríen. Entre ese público está Bajo Ulloa, al que le gusta ese juego con los espectadores “porque unos se quedan más parados y otros se meten más en el ambiente". Bajo Ulloa es también el director de esta función y ejerce en los descansos entre un pase y otro, da nuevas indicaciones a los actores y cambia alguna frase o situación. Más tensión.
A ese afán por la sorpresa se une algún imprevisto, como el que la pistola que empuña uno de los intérpretes de Poli muerto, poli bueno se rompa, una situación que ha pasado inadvertida para el público, que asiste "a un espectáculo de suspense en el que no se sabe lo que va a ocurrir a continuación".
Junto a las cinco obras estrenadas el martes, la oferta de Microteatro por Calle 13 hasta el 30 de septiembre se completa con ocho títulos más para las horas golfas (de miércoles a sábado a partir de las 23.30). Entre ellos, uno del escritor Lorenzo Silva, que está, como los toreros, en capilla, a la espera de que su A solas, que muestra un duelo interpretativo en un interrogatorio, guste a los aficionados. "Es la primera vez que asisto como espectador y me ha sorprendido la reacción del público, que está tan cerca de los intérpretes". El autor de El alquimista impacienteempezó precisamente su trayectoria escribiendo teatro hace muchos años y lo dejó hasta que Microteatro por Calle 13 le propuso, como a los demás elegidos, escribir una pieza de intriga. "Creo que es como un experimento en el que el espectador cae en la trampa del actor, hay mucha energía en el ambiente". Por eso, el microteatro, opina, es al arte dramático como el relato a la novela, "un torrente".
El público que acudió la noche del martes al estreno disfrutó también con Cuando cuente hasta 3, la creación de Juan Carlos Fresnadillo, que también ejerció de mirón. Se trata de una comedia negra con un veterano de la escena como Pedro Mari Sánchez en el papel de psiquiatra. También hay un especialista en la mente humana y sesión de hipnosis en Metro 13, del premiado con un Goya Kike Maíllo, que consigue recrear un vagón de metro ayudado por una proyección que muestra lo que ve la protagonista. Cine y teatro en una habitación estrecha en la que escuchas la respiración de los intérpretes y compartes la tensión literalmente codo con codo ¿se puede pedir más?


Fuente: Manuel Morales (www.elpais.com)
Para las supersticiosas gentes del teatro, quizás no sea muy agradable hablar del número 13. Sin embargo, en esta ocasión no queda más remedio, y además el 13 se va a repetir unas cuantas veces. La conocida asociación cultural de Microteatro por Dinero se ha unido, en el comienzo de esta temporada, al canal de televisión de suspense y misterio Calle 13 (dial 20 de Canal +) para ofrecer, desde hoy y durante los próximos 13 días, hasta el domingo 30 de septiembre, 13 obras —de unos 15 minutos de duración cada una— con tramas propias del thriller y el cine negro. “Queremos ir más allá de lo que ven los espectadores en televisión. En las salas se va a crear una atmósfera especial porque la gente va a ver los crímenes en primera persona y, como en un juego, se convertirán en cómplices”, dice David Núñez, el director general de Calle 13, canal que está de fiesta tras cumplir el pasado 13 de septiembre 13 años de vida.
En las cinco salas de Microteatro por Dinero (en la calle de Loreto y Chicote, 9), con un aforo para unas 15 personas cada una, se representarán piezas escritas a propósito para esta ocasión, con el aliciente de textos de directores y actores de cine tan conocidos como Juan Carlos Fresnadillo, Kike Maíllo, Juanma Bajo Ulloa y Rubén Ochandiano. El funcionamiento de este espectáculo ya es conocido: las obras se suceden con unos minutos de diferencia y se programan durante tres horas hasta seis veces para que los asistentes tengan la oportunidad de verlas todas, a cuatro euros la función. Hoy la sesión es para invitados y desde mañana se abrirá al público, informan sus organizadores.
Entre los debutantes en el microteatro está el barcelonés Kike Maíllo, ganador de un premio Goya a mejor director novel en 2012 por Eva. También actor y guionista, Maíllo está “muy contento” por estrenarse en este tipo de formato, “que es como una pildorita”. Su obra se llamaMetro 13 y está ambientada en un vagón del tren subterráneo. Esta breve pieza cuenta cómo un psicoanalista recurre a la hipnosis para que su esposa supere una mala experiencia reciente. “Escribir el texto y ensayarlo nos ha llevado un mes y medio”, dice por teléfono un entusiasmado Maíllo. “Va a ser toda una experiencia para mí porque el público estará muy próximo y seguro que lo vive de manera muy diferente, hace de catalizador”. ¿Hay miedo a que no guste? “Bueno, si lo he hecho mal no se notará mucho porque es una cosa pequeñita”, bromea. El cineasta adelanta que con la escenografía preparada para Metro 13 “los espectadores van va a tener la sensación de formar parte del decorado”.

Directores y actores

Entre esos asistentes que acuden de forma habitual a la calle de Loreto y Chicote “suele haber muchos directores y actores, tanto novatos como otros con más cartel, que nos envían sus ideas y proyectos para montar obras”, subraya la gerente de Microteatro por Dinero, Verónica Larios. En esta ocasión se han escogido nombres muy conocidos del cine y las artes escénicas que tienen “una visión particular, su propio universo, y lo quieren trasladar al microteatro”. “El que haya caras conocidas detrás de las obras siempre supone un atractivo, es lógico, pero los aficionados saben que en nuestras propuestas siempre hay calidad”, dice Larios, integrante del equipo de profesionales que puso en marcha este invento, hace dos años, en un antiguo burdel y que se ha convertido en un referente del ocio madrileño. “Para estos directores, como Maíllo, que vienen del cine, es importante comprobar la reacción del público porque es muy variado”. A las funciones acuden grupos, gente de sesenta años, jóvenes, padres con niños… aunque en esta ocasión casi todas las representaciones son para mayores de 13 años.
Además de la obra de Maíllo conforman la oferta, entre otras, la comedia negra Cuando cuente hasta 3, escrita por el canario Juan Carlos Fresnadillo —también con un Goya como director novel— y Jesús del Valle y dirigida por Sonia Sebastián; Poli bueno, poli muerto, con texto y dirección de Juanma Bajo Ulloa, que aborda la alarma social provocada por un asesino. Larios destaca que el vitoriano “logra algo tan difícil como desarrollar una trama de acción en un espacio tan reducido”. Mientras que Delirio es un claro ejemplo de humor negro, nacido de la imaginación de Rubén Ochandiano.
El menú de este septiembre de Microteatro por Calle 13 lo completan otras ocho representaciones para las llamadas “sesiones golfas”, de miércoles a sábado a partir de las 23.30. En ese repertorio, junto a piezas creadas por principiantes de los que se aceptaron sus propuestas, destaca A solas, obra policiaca escrita por el premio Nadal Lorenzo Silva, que muestra un intenso interrogatorio en el que los dos protagonistas convierten la escena en una partida de pimpón. Al final, como suele pasar en el cine negro, nada es lo que parece.


Fuente: Julio Bravo (www.abc.es)
Para sortear la crisis, el mundo del teatro busca nuevas formas de atraer al público y mantenerle fiel. Dentro de esa tendencia nace «Teatro En Serie», la representación de una obra «por capítulos» como si de una serie de televisión se tratara. El primer título de este nuevo formato es «Días como estos», una obra de Luis López Arriba, dirigida por él mismo e interpretada por Carlos Chamorro, Inma Isla, Fran Calvo, Inma Gamarra y Toni González.
«Días como estos» se representará en la librería madrileña «La buena vida», ya que la obra transcurre en una librería y el proyecto busca escenarios también no convencionales. El primer capítulo, de cuarenta minutos de duración, se estrenará el próximo 28 de septiembre.

Teatro a un euro

Otro proyecto diferente es el que ha iniciado el teatro Prosperidad y que se llama «Teatro a un euro». Consiste en la representación de cinco piezas cortas de humor; la primera cuesta un euro, tres la segunda, otros tres euros la tercera, tres euros más la cuarta y cinco euros la quinta, ésta interpretada por actores conocidos. Los títulos que han inaugurado esta fórmula son: «Bonito plumaje», con Eneas Martínez y Oscar Bueno; «El estresado», con Karlos Klaumannsmoller; «City», con David Vega y Sebastián Ametller; «Más vale paja en mano que cientos participando», con Eneas Martínez y Coan Gómez; y «Viuda de un vivo», con Isabel Prinz o Miriam Díaz-Aroca.

Suspense en corto

«Microteatro por dinero», una iniciativa ya consolidada en Madrid y, a punto de cumplir dos años de vida, presenta este mes un ciclo organizado junto a la cadena Calle 13, en la que participan actores y directores de prestigio. Son piezas cortas de teatro de suspense o comedia negra que se representarán del 18 al 30 de septiembre en la sala de la calle Loreto y Chicote.
Carlos Molinero firma y dirige «1' 30”» con Ana Villa y Jarek Bielski; Juan Carlos Fresnadillo y Jesús del Valle han escrito «Cuando cuente hasta 3», dirigida por Sonia Sebastián, con Aura Garrido, Pedro Mari Sánchez y Enric Benavent; Roberto Enríquez y Celia Feijeiro interpretan «Metro 13», escrita y dirigida por Kike Maíllo; Juanma Bajo Ulloa es el autor de «Poli bueno, poli muerto», que dirige él mismo e interpretan Esperanza Pedreño y Sergio Arce; y finalmente, «Delirio», escrita y dirigida por Rubén Ochandiano, con Silma López, Irene Rubio y Nico Romero.