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Fuente: Julio Bravo (abc.es)
El denominado circuito alternativo se ha convertido, en los últimos años, en uno de los más firmes valores de la escena madrileña. En este circuito bulle una frenética actividad con decenas de propuestas; muchas de ellas nacen y mueren, pero otras desafían su carácter efímero. Tras el parón veraniego, las salas recobran su (mucha) actividad. He aquí un repaso por sus programaciones de septiembre, de las más veteranas a las más jóvenes.
Una de las salas más antiguas es la Mirador, que recupera un clásico que está a punto de cumplir veinte años: «La katarsis del tomatazo»; también presentan el ciclo «Un cuerpo, mil danzas»(con las compañías Breakers, Saeeda Dance Group, Estuaria Compañía Flamenca e Interferencia Danza) y la obra «La gente», de Prez&Disla con dirección de Jaume Pérez. Otra sala histórica, Cuarta Pared, presenta nuevamente «Sé de un lugar», con texto y dirección de Iván Morales, e interpretada por Anna Alarcón y Xavier Sàez. Y al teatro Guindalera regresa «Duet for one», de Tom Kempinski, un fascinante montaje interpretado por María Pastor y Juan Pastor, con dirección de este último.
La sala Montacargas es otra de las veteranas del panorama teatral madrileño. Su programación, dedicada al clown y al humor, incluye«Tú vales mucho, pero mucho mucho. El casting», con idea original y dirección de Esteban G. Ballesteros; «El cabaret de la mujer pájaro», con dirección de Willy Éter; y «Cortázar», un espectáculo basado en textos del autor argentino, dirigido por Eduardo Gilio. Y en una línea también diferente circula el teatro Prosperidad, que presenta «Chocolate sexy», cabaret de Lomascrudoteatro; «¡Qué desamor mi amor!», de Evlin Pérez Yebaile; y «The life» y«Reinas de primavera», dos espectáculos de Sunflower.
El teatro Pradillo es otro histórico de la escena alternativa madrileña. La danza ocupa su programación, y presenta este próximo mes «The dream project: Encuentros en la tercera fase», de la coreógrafa Cuqui Jerez, y «Losquequedan unplugged», de Sandra Gómez y Vicente Arlandis. El teatro Victoria, por su parte, sigue con su programación clásica, con siete títulos: «Los miserables», adaptación de la novela de Víctor Hugo; «La venganza de don Mendo», de Muñoz Seca; «La vida es sueño», de Calderón de la Barca; «El burgués gentilhombre», de Molière; «El conde de Montecristo», sobre la novela de Alejandro Dumas; y las zarzuelas «Agua, azucarillos y aguardiente», de Chueca, y «La verbena de La Paloma», de Bretón.
Escapa un poco del circuito alternativo, pero por sus dimensiones también se puede incluir en él al teatro Quevedo, donde se recupera el musical «El otro lado de la cama», de David Serrano, y dirección de José Manuel Pardo. La puerta estrecha presenta «Refugio», de Leticia Pascual; «Las Fieras», de Roberto Arlt; y «El mono», basado en el «Informe para una academia” de Franz Kafka. Y otra sala, la jovencísima La puerta de al lado, estrena «¿Quién, yo?», de Thomas Cabané y Javier Enguix, con dirección de éste último.
El Teatro del Arte presenta en septiembre varias propuestas: destaca«Villa Puccini», con dramaturgia de Miguel Angel Orts y Alexander Herold, que dirige la función. María Luisa Merlo interpreta a una gran diva operística que aguarda su último concierto. La acompaña la soprano Emilia Onrubia, con el pianista José Madrid Giordano. Además están en cartel «Ángeles», una obra basada en «Padre Pedro». de Jose Ignacio Serralunga; «Desde el cielo te digo», con texto y dirección de Paco Anaya; «Noc», un vodevil dirigido por David Quintana; «Tod@s somos todos», un espectáculo unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Sonia Castelo: «Vagabundos», de Alexander Merelo; y «Dios no tiene tiempo libre», escrito y dirigido por Lucía Etxeberría.
«Pedro y el capitán», un texto de Mario Benedetti, es una de las apuestas de Teatro del Barrio, el espacio impulsado por Alberto San Juan. Con la tortura como telón de fondo, la dirige Emilio del Valle y la interpretan Chete Lera, Jorge Muñoz y Alberto Guío. Otras obras programadas son «Ruz-Bárcenas», de Jordi Casanovas; «Autorretrato de un joven capitalista español», un monólogo de Alberto San Juan, que también presenta otro texto escrito y dirigido por él: «Marca España».
La Casa de la Portera es uno de los espacios con mayor proyección; en este mes de septiembre siguen en cartel «Ascenso y caída de Mónica Seles», de Antonio Rojano, con dirección de Víctor Velasco;«Cerda», escrito y dirigido por Juan Mairena; «Elepé» y «Peceras», ambas con texto y dirección de Carlos Be; y «Yo amé a Edgar Allan Poe», un espectáculo de Pilar Massa basado en relatos del autor estadounidense; y regresan a este lugar «Ahora empiezan las vacaciones», un texto de Paco Bezerra inspirado en «El pelícano», de Strindberg, y dirigido por Luis Loque; y «Liturgia de un asesinato», de Verónica Fernández, con dirección de Antonio C. Guijosa,
Su hermana menor, La pensión de las pulgas, presenta dos estrenos:«Cliff», de Alberto Conejero, con dirección del autor y de Alberto Velasco; y «Un disgusto danés», escrita y dirigida por Jumon Erra. Y se reponen «Sótano», de Josep Maria Benet i Jornet, dirigida por Israel Elejalde; «Dorian», un texto escrito y dirigido por Carlos Be sobre «El retrato de Dorian Gray», de Oscar Wilde; «Yernos que aman», con texto y dirección de Abel Zamora; y «La maratón de Nueva York», de Edoardo Erba, dirigido por Jorge Muñoz.
La sala Kubik Fabrik tiene en cartel en septiembre dos propuestas:«Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», escrito y dirigido por Félix Pons; y «La invasión de los ladrones de cuerpos», una creación de Vicente Colomar, Ricardo Santana y Raúl Marcos con dirección del primero.
Nave 73 presenta en su programación «Mi pasado en B», escrito e interpretado por Javier Lara, con dirección de Pietro Olivera; «Ensayo general con público», con idea y guión de David Lavirgen; «La comunidad: un vecindario improvisado», un trabajo de improvisación de la escuela de Calambur Teatro; «Cabaret íntimo», escrito y dirigido por Susana Espelleta; «Manlet», de María Velasco; y«Yo, indígena, la conquista de uno mismo», con dramaturgia de José J. Serrano y dirección de Santi Senso.
En la Sala Tú hay también varias propuestas: «Efecto dominó», con texto y dirección de Javier Esteban; «Novecento», el conmovedor relato escrito por Alessandro Baricco, dirigido por Raúl Fuertes e interpretado por Miguel Rellán sobre el pianista del océano, que nunca pisó tierra; «Vacaciones en la inopia», escrito y dirigido por Íñigo Guardamino; «Matadero 36/39», con texto y dirección de Ramón Paso; «Sótano», de Josep M. Benet i Jornet, con dirección de Enio Mejía; y «Ay, Iniesta de mi vida», basada en la obra «Oe, oe, oe», de Maxi Rodríguez.
Tres son las obras que se presentan en la sala Azarte«Comment te dire adieu», escrita y dirigida por Sergi Manuel Alonso, que llega a Madrid tras estrenarse en Barcelona; «Tuyo Chopin», una coreografía de Alfonso Cayetano y Marco Antonio; y «Mínimo común», un espectáculo dirigido por Quino Falero con textos de Ariel Capone, Yolanda García Serrano, Fernando J. López, Juan Carlos Rubio y Paco Tomás,
Y por fin, Microteatro por Dinero, cuyo lema en septiembre es «Por pasión», presenta dieciséis trabajos; entre ellos figuran «Al borde», con texto y dirección de Pedro Herrero; «Butacas», de María Inés González y Miguel Ángel Cárcano, dirigida por éste último; «3,2 lo que hacen las novias», de Jota Linares y Roberto Pérez Toledo, con dirección de Ceres Machado; «Triangulados», escrito y dirigido por Elisa Ibáñez; y «Mística Atlética», con texto y dirección de Zenón Recalde.


Fuente: Javier Molina (elpais.com)
Al bajar del taxi, José Martínez mira a su alrededor, se palpa la billetera y agarra a su mujer del brazo. Parece inquieto mientras camina entre la bulliciosa masa multicolor que pulula por las angostas calles del barrio de Lavapiés. “¿Eso es el teatro?”, pregunta incrédulo al llegar al portal número 24 de la calle de los Abades. Tiene 69 años y hace casi diez que no acude a una representación. Su perplejidad no disminuye al entrar en la sala, una casa oscura y estrecha de ornamento decimonónico. Su paciencia parece a punto de agotarse cuando, tras pagar la entrada, es conducido a una habitación de 20 metros cuadrados y sentado en una incómoda silla de madera rechinante. Al poco, la luz se apaga y aparecen dos hombrecillos barbudos disfrazados de niñas de colegio de monjas. Resopla, bosteza, remueve el culo. “No duro hasta el final”, advierte a su avergonzada esposa. El público chista para que se calle. Los minutos pasan y el desastre parece inminente. Pero algo ocurre a lo largo de la hora y cuarto que dura la obra: al final del primer acto, José parece atento y concentrado; en el segundo ha soltado más de diez carcajadas, y al finalizar la función, sus ojos son dos esferas abiertas y humedecidas y sus palmas amenazan con romperse de tanto aplaudir. “¡Bravo!”, grita antes de salir de La Casa de la Portera.
La obra en cuestión se llama Las huérfanas y es uno de los últimos éxitos de José Martret, director y fundador de la sala, que protagoniza junto a Jorge Calvo esta asombrosa comedia con ecos almodovarianos. Los 25 espectadores tratan de disimular las lágrimas ante estos dos travestidos que se hacen más complejos y entrañables a cada instante.
No es la primera vez que ocurre. El pasado 8 de marzo se cumplió un año desde que Alberto Puraenvidia reformó y decoró este bajo lóbrego –que fue local anarquista, refugio patera para inmigrantes y hogar de la portera– y lo transformó en el escenario de Ivan-Off, la versión de Chejov con la que su socio José Martret dio inicio a uno de los acontecimientos más sorprendentes del mundo de las tablas. Desde entonces, más de 10.000 personas se han sentado en las 25 butacas de La Casa de la Portera, según estimaciones propias, y el dúo fundador ha recibido más de 30 propuestas de repu­­tados directores. Las obras seleccionadas llenan a diario con listas de espera de hasta un mes para comprar entradas. Un milagro teatral que no llega solo: a su lado emergen otras salas alternativas que se mantienen a flote gracias a un boca a boca muy intenso. Entre las que destacan están Microteatro por Dinero, pionera de los formatos cortos, y la Flyhard, que está cautivando al público de Barcelona. A estas les siguen nuevos espacios con espectáculos de gran calidad, como las madrileñas LumièreKubik FabrikSala Tú y Teatro del Arte, y las barcelonesas Atic22Atrium y Porta 4. Son solo algunos de los ejemplos recientes que sirven como remanso y referente en el agónico pano­­rama de la escena independien­­te. El diario británico The Guardian ha llegado a referirse a algunos de estos lugares como parte de “una revolución cultural dentro del teatro español”.
El fenómeno de lo alternativo no tiene nada de nuevo. En España, desde mediados de los ochenta, varias compañías y escuelas de actores abrieron espacios no convencionales enfocados a un público menos numeroso, pero más entregado. Los noventa supusieron la consolidación de un movimiento que cristalizó en salas como la Cuarta Pared, la Triángulo y la barcelonesa Beckett, motor de la dramaturgia contemporánea catalana. Talleres, garajes, edificios en ruinas y todo tipo de rincones imposibles se teatralizaron gracias al esfuerzo de los creadores.
Si atendemos a las confidencias de los teatreros más curtidos, Madrid siempre fue el vivero de la escena nacional y hoy no ha dejado de serlo. Su poder telúrico tiende a concentrar un influjo cultural que se repite a lo largo del tiempo. Ya en el Siglo de Oro, algunos de los mayores genios de la historia, como Cervantes, Lope, Góngora y Quevedo, convivieron en unas pocas calles. Lorca, Alberti y Miguel Hernández hicieron de las suyas en el Madrid de preguerra. El arte más vanguardista volvió a ponerse de acuerdo desde los años previos a la movida. Y hoy, en plena crisis, parece brotar de las cenizas en pequeños espacios que ejercen un gran poder de atracción. Uno de los veteranos del teatro español, el actor y director José María Pou, no ahorra elogios para definir el fenómeno: “Estas salas son un semillero fantástico para los creadores”.
Un teatro que capta la atmósfera vital de nuestro tiempo, que surge del impulso de actuar ante los acontecimientos que vivimos. Animalario fue la palabra clave, y La boda de Alejandro y Ana, el punto y aparte que marcó la escena española en 2004. Aquella sátira sobre la derecha fue representada en un salón de bodas auténtico y aún hoy sigue inspirando a los miembros de la compañía. Uno de sus artífices, Alberto San Juan, regresa a salas alternativas como la Cuarta Pared –donde Animalario hizo sus pinitos– y la Triángulo para protagonizar monólogos cortos circunscritos en el teatro reivindicativo. Y es que para el actor, el resurgimiento de la escena independiente va ligado a la necesidad de cambio social: “Ya lo decían en el 68: cuando el Parlamento se convierte en un teatro, el teatro ha de ser un Parlamento”.
Independiente, artesano, experimental… Las definiciones no sirven para concretar la esencia de los nuevos modelos que surgen ajenos al mundo institucional. Y mucho menos para explicar su éxito. Entrar un sábado en Microteatro por Dinero puede convertirse en una experiencia no apta para claustrofóbicos. Pero debe de ser que el roce es adictivo o hedónico. Solo así se explica la incesante afluencia de espectadores que acuden a ver las piezas de 15 minutos a cuatro euros por función. Ubicada en pleno centro de Madrid, la sala fue una antigua carnicería hasta que un grupo de actores y directores liderados por el cineasta Miguel Alcantud la transformó en una especie de burdel escénicocompuesto por cinco habitaciones alineadas de unos siete metros cuadrados cada una. El resultado es un lugar en el que, al decir del dramaturgo Félix Sabroso, “uno tiene la sensación de que va a hacer el amor”. Quince personas pasan en fila y se apiñan en cada cubículo como mejor pueden, sentados, apoyados en la pared o en el hombro del de al lado. Los actores trabajan a centímetros de los espectadores, casi llegando al contacto físico, a lo pudoroso.
“Nuestra casa es la de todos los actores, directores y dramaturgos que se atrevan a contar una historia en 15 minutos”. La sala recibe unas 150 propuestas mensuales y ha engatusado a decenas de miles de espectadores. Una comedia rusa, una escena de tanatorio, una discusión en una cama de matrimonio o una exhibición de danza acrobática pueden sorprender en cada sala. Nunca ver teatro fue tan visceral.
El auge de los pequeños formatos tuvo sus orígenes en los años cincuenta en el off-Broadway neoyorquino. Se trataba de una serie de locales que daban cabida a un arte premeditadamente humilde, sin los oropeles de los coliseos de Manhattan. En su tiempo fue todo un bombazo. Pero dos décadas después el off se contagió del éxito, los precios subieron y los creadores alternativos decidieron huir más lejos del centro para crear el off-off-Broadway en salas aún más pequeñas.
La esencia de lo alternativo no llegó directamente desde la Gran Manzana. Sudamérica funcionó como un gran pinball que hizo rebotar la bola hasta España. En los ochenta, la dictadura militar argentina llevó al exilio a decenas de profesores que exportaron el modelo a Madrid y Barcelona. La frescura del teatro bonaerense impactó a los creadores españoles acostumbrados al estilo declamatorio del franquismo. Hoy sigue siendo un referente indiscutible: en 2005, el porteño Claudio Tolcachir transformó su casa en un escenario –Timbre 4– que sacudió el mundo teatral con un éxito transatlántico. José Martret emuló el experimento en La Casa de la Portera y el eco de los aplausos llegó –como por un nuevo golpe de pinball– a los teatreros del otro lado del charco. Tanto es así que el pasado febrero, el actor y director Lautaro Perotti, cofundador de Timbre 4, estrenó en la sala de Martret su obra más intimista: Breve ejercicio para sobrevivir. “Estos pequeños teatros son nuestros hermanos”, comenta el porteño, “ambos nacemos del compromiso absoluto con el arte”. Un ejemplo de sinergia entre dos actitudes artísticas que no entienden de crisis.
Hoy, Timbre 4 tiene un gran palco de butacas. Y el proceso que ha experimentado la escena alternativa española es similar. Salas como la Cuarta Pared y la Beckett crecieron, comenzaron a depender de las subvenciones y se consolidaron como espacios de referencia en los que, al igual que en Nueva York, el término off cada vez encajaba menos.
La tormenta perfecta llegó con la crisis, y más aún tras la subida del IVA al 21%, decretada por el Gobierno en septiembre de 2012. En solo cuatro meses, el teatro perdió un 31,43% de espectadores con respecto al año anterior. Y tras la paulatina pérdida de las ayudas institucionales, muchos se cansaron de esperar y crearon microespacios constituidos como asociaciones culturales con propuestas artísticas más atrevidas. El off-off español ha llegado para quedarse. Aunque nadie se está haciendo rico en el camino, la respuesta del público está logrando mantener los puestos de trabajo. Y en estos tiempos, eso es una gran noticia.
Nos trasladamos a Barcelona, donde el fenómeno de las pequeñas salas se vive en versión catalana. El mayor éxito se traduce de forma unánime en la sala Flyhard, un espacio con 40 butacas ubicado en el barrio de Sants que, al decir del crítico de EL PAÍS Marcos Ordóñez, es “el lugar de la escena barcelonesa donde más cosas están pasando”.
En marzo, esta sala estrenó Rei borni, una sutil comedia negra sobre la violencia policial y la concienciación en tiempos de crisis. “Con este tema lo petaríamos en Madrid”, comenta Alaín Hernández, responsable de encarnar a un violento mosso d’esquadra capaz de provocar odio y carcajadas. El texto hila muy fino, los actores lo bordan y el debate que genera continúa en los bares barceloneses a golpe de cañas.
Nuevas salas, nuevos formatos, reencuentros con el pasado… ¿Qué está ocurriendo en los escenarios españoles? Para unos es una revolución, “una respuesta espontánea a un exceso de establishment”, comenta el dramaturgo Félix Sabroso. Otros, más pesimistas, nos recuerdan el reciente cierre de salas míticas, como la Ítaca, el Albéniz, la Tis o la Espada de Madera. Casi todos creen entrever una luz al fondo del túnel. “Estos lugares son un laboratorio lleno de futuro”, concluye José María Pou. Teatro de piel o, como prefiere Martret, “teatro subcutáneo”, que traspasa la piel del espectador y se instala en nuestro cuerpo para no marcharse, para convertirnos en militantes de la escena y para demostrarnos que el arte es alegría, autoestima y esperanza, incluso en estos tiempos.


Fuente: Patricia Peiró (elpais.com)
No importa que William Shakespeare escribiera sus versos hace más de 500 años, que sus obras se hayan representado una y otra vez, ni que se hayan llevado al cine en numerosas ocasiones. El dramaturgo inglés es lo opuesto a una moda pasajera. Siempre se puede dar una vuelta a sus libretos. No hace falta siquiera alterar el texto original para adaptarlo a la época actual. Basta con aportar un nuevo punto de vista o con incorporar música pop. El trabajo del bardo de Avon casa con prácticamente todo. Dos de sus creaciones se han puesto de acuerdo para coincidir al mismo tiempo en los escenarios madrileños.
Mucho ruido y pocas nueces y Hamlet están ahora en cartel en las tablas de la ciudad. Como si los teatros de Madrid hubieran tomado el relevo de The Globe, el famoso espacio londinense que vio por primera vez la mayoría de las piezas de Shakespeare.
El Teatro del Arte presenta un Mucho ruido y pocas nuecesrejuvenecido, en el que Benedicto y Beatriz se enamoran a ritmo deSarà perchè ti amo, la famosa canción de Ricchi e Poveri. El director, Juan López, eligió un elenco de veinteañeros, y algunos casi ni eso, para “acercar el clásico a los espectadores más jóvenes”.
El reparto pasó tres de los cuatro meses de preparación de la obra trabajando en la palabra y haciendo ejercicios grupales para que el verso resultara natural. “No he cambiado ni una coma, he sido muy rígido en eso. Quería reivindicar que las tramas de Shakespeare son las que vemos hoy por hoy en cualquier película romántica”. En este caso el argumento es el de los dos personajes que se odian a ojos de todos, pero en realidad están locos el uno por el otro.
Su Beatriz es María Hervás y su Benedicto es Eduardo Ferré, al que López denomina como un “Messi de la interpretación”. Ambos están de acuerdo en que sus alter ego son “dos líderes natos con miedo a reconocer lo que sienten el uno por el otro”. Los dos actores se miran constantemente y casi acaban las frases del otro.
Prueba de la complicidad que el director trabajó durante los meses previos al estreno. “Es una obra adecuada para estos tiempos. La gente necesita comedias y yo estoy convencida de que somos capaces de ser felices con lo que hacemos día a día a pesar de la situación que vivimos”, asegura Hervás en un alegato optimista.
Hamlet, retrato de familia busca escenificar la ruptura de dos generaciones y la identifica con el momento de cambio que según el director, Ximo Flores, vive el país, tanto en lo económico como el lo político. Su príncipe y su Ofelia tienen 23 y 22 años respectivamente. Para Flores, ellos se identifican con lo que el llama generación Hamlet, porque se niega a denominarla perdida.
El texto es original de Shakespeare, aunque lo han reducido para que la obra dure solo algo más de una hora. El director diseñó una escenografía muy sencilla, en la que las luces dieran la impresión de envolver al público “en una atmósfera cinematográfica”. El montaje se completa con música en directo y una pantalla en la que se proyectan imágenes.
Cuándo y dónde


Hamlet, retrato de familia. Hasta el 31 de marzo en la Sala Verde de los Teatros del Canal. (Cea Bermúdez, 1). De martes a sábado a las 20.30. Domingo a las 19 horas. De 10 a 22 euros.
Mucho ruido y pocas nueces. Hasta el 7 de abril en el Teatro del Arte (San Cosme y San Damián, 3). De miércoles a sábado a las 19.30. Domingos a las 19 horas. De 14 a 18 euros.
Fuente: EP vía lavanguardia.com

Con la primavera llega al Teatro del Arte de Madrid Mucho ruido y pocas nueces, una versión del clásico de William Shakespeare dirigida por Juan López-Tagle, con una puesta en escena contemporánea, "sin perder la esencia de los textos clásicos", según la organización.

Esta versión contemporánea apuesta por un reparto coral donde la música, el vestuario y una escenografía actual son los protagonistas de la representación. Una docena se actores formados en teatro, cine y televisión dan vida a los protagonistas de esta historia.

El mismo Juan López-Tagle es conocido por sus trabajos en Hospital Central y La Señora, entre otros. Mucho ruido y pocas nueces, una historia "donde el amor, los celos, la pasión, las apariencia, las traiciones y el perdón están presentes de una forma ágil, sin demasiado dramatismo y con un sentido lúdico que nos invita a disfrutar, en la medida de lo posible, de la vida", estará en el Teatro del Arte de Madrid a partir de este miércoles.

Fuente: Patricia Peiró (elpais.com)

El mundo teatral de Madrid vive su propia primavera. Y sus integrantes cada vez son más numerosos. Las salas alternativas crecen como setas frente a los grandes escenarios a los que, dicen las compañías, cada vez es más difícil acceder. Se consideran a sí mismos “invernaderos de cultura”. Hacen que siga viva, protegiéndola, hasta que pase el temporal. Un garaje, un sótano, una casa de dos habitaciones, un antiguo sex shop una peluquería barrida por la crisis son lugares perfectos para llenarlos de teatro. Su aforo es limitado, la programación se renueva constantemente, la escenografía se reduce a lo básico y se puede oír hasta la respiración de los actores. Las salas fuera del circuito convencional han subido el telón.




No siguen un patrón, cada una tiene una semilla diferente, pero cualquiera diría que se han puesto de acuerdo para brotar al mismo tiempo. Sol de York, ubicada en el barrio de Chamberí, por ejemplo, nació auspiciada por un mecenas enamorado del arte el pasado 20 de diciembre. A sus 89 años, Julio Amuriza permitió a seis socios transformar un antiguo centro de egiptología en un espacio teatral con clases, aulas de ensayos y una sala con 160 localidades. Uno de ellos, Javier Ortiz explica que “cada uno puso lo que pudo, unos dinero y otros trabajo”.
Y así, el invierno de su descontento se volvió primavera con el sol de York, como reza uno de los fragmentos de Ricardo III de William Shakespeare y del que surgió la idea para denominar el teatro. Como no tienen miedo, pintaron la estancia principal de amarillo, un color maldito para los artistas. En una de sus paredes de la entrada un montón de post-its contienen las opiniones de todos los que ya han visitado el espacio. “Gracias por arriesgar tan bien”, se lee en uno de ellos. Las propuestas osadas también son la especialidad de estas salas, aunque no todo es transgresión, ni mucho menos. Los que van a estas salas se encuentran a muchos actores conocidos, no solo de las tablas, sino también de la televisión o del cine. Muchas de ellas ofrecen obras también para el público infantil.

La Casa de la Portera acaba de cumplir su primer año. Esta sala se sitúa en el corazón de La Latina. La idea de montar un teatro en una vivienda podría parecer descabellada, pero no lo pensaron así ni sus creadores ni las compañías que en estos doce meses han seguido proponiendo ideas para representar en esta vivienda. Han llegado a interpretar un monólogo en el baño. Al atravesar el umbral, el espectador siente que se traslada a otra época, hasta los años cuarenta. Muchos de los asistentes entran vacilantes, pero en el reducido grupo de 25 personas que disfrutan de cada función hay algunos que ya conocen bien el sistema. Las obras se desarrollan sobre todo en dos estancias, aunque los actores pueden jugar con todo el espacio. “Estas salas dan más independencia al creador, sin necesidad de que tus ideas pasen por mil personas antes de llegar a escena”, apunta José Martret, uno de los directores de la sala junto a Alberto Puraenvidia.
En estos teatros los espectadores están muy próximos a los actores. Mucho. Y los intérpretes ven así la respuesta del público. Benja de la Rosa, que ahora presenta en la Casa de la Portera Louella Persons cree que “esto les va bien, porque el actor tiene que enfrentarse a esto para que se curta”. Esta cercanía permite incluso que los artistas interaccionen con más facilidad con los asistentes. “Para nosotros es el mejor escaparate, ahora que cada vez es más difícil entrar en los teatros convencionales”, añade De la Rosa.
La mayoría de los nuevos teatros tienen programación regular, pero cada día de la semana suelen ofrecer una propuesta diferente. Esto obliga a las compañías a dar una vuelta de tuerca a su creatividad y conseguir que un mismo escenario se convierta cada día en un espacio distinto con la mínima escenografía y juegos de luces. “Nosotros les ofrecemos la casa y ellos tienen que hacer algo que se adapte a este emplazamiento”, detalla Martret. El cambio continuo también facilita que el público rote y que así más gente conozca la sala, porque el boca a boca es uno de los grandes aliados de estos espacios.
Sala Tú, en Malasaña, abrió sus puertas el 15 de noviembre. Lo que hoy es un teatro y un pequeño bar, en su día fue una peluquería y unsex shop que no pudieron sobrevivir a la crisis. Sus seis socios se conocieron trabajando en la obra El divorcio de Figaro. Alfonso Lara es uno de ellos y está convencido de que “el futuro” de la profesión se encuentra en estas salas porque permiten "que los actores sigan activos" cuando los hermanos mayores, los teatros más grandes, no dan trabajo a todos.

No solo de la escena viven estas salas. La mayor parte de ellas sirven como semillero cultural y albergan exposiciones, música en vivo, cursos, ensayos o talleres. Es una forma de sacar el máximo rendimiento a unos espacios con los que “no te haces rico”, afirma David Sánchez, otro de los propietarios de Sala Tú. Las entradas a los espectáculos teatrales suelen ser algo más baratas. Oscilan entre los siete y los 20 euros, dependiendo de la obra y de la compañía. Algunos también hacen ofertas especiales a parados y a padres que lleven a sus hijos. Normalmente la sala y la compañía se dividen la taquilla a partes iguales.
Sala Tú ofrece un curso de interpretación lunes y martes. “Cuando todo se está viniendo abajo, lo que emerge es lo artesanal, que es el teatro: solo el texto y al actor. Sin artificios”, afirma Micaela Quesada, otra de las socias.
El lugar en el que ahora se ubica Sala Tú estaba destinado a ser un teatro. Allí actúo ya cuando aún era una peluquería la compañía Yo erótica, dirigida por Camilo Vásquez. En su búsqueda de espacios alternativos, Yo erótica acabo encontrando Espacio 8, a escasos metros de la Casa de la Portera. Este lugar nació hace cinco años como sala de exposiciones, de conciertos y almacén para grupos de teatro, entre otras actividades.
En noviembre se introdujo en el mundo de la oferta teatral cuando Vásquez lo encontró y propuso a su dueña, Larisa Balinge, que su obraLeche se interpretara allí. Fue un inicio accidental, pero Balinge, una promotora por sorpresa, está abierta a escuchar más propuestas cuando finalice la representación de Leche, a finales de este mes. “El espacio se convierte en un cuarto actor, esto no lo consigues en otro sitio más grande”, asegura Vásquez.
A veces hay que bucear un poco para encontrar estos teatros. O bajar al antiguo almacén de un bar para descubrir un escenario que a primera vista recuerda a The Cavern, el bar de Liverpool en el que Los Beatles ofrecieron sus primeros conciertos. Pero en realidad es El Sótano de la Graciosa, en la plaza Dos de Mayo.
Beatriz Ortega es una de sus directoras. “Es impresionante lo que hacen las compañías con tan poca escenografía”, se sorprende. Tras el pequeño escenario hay encajonados un minúsculo vestuario y un camerino. “Pequeños pero apañados”, asegura Ortega, mientras enseña orgullosa la sala que estrenó su primera obra el pasado septiembre. En estos espacios cada centímetro cuenta, cada foco que se pueda añadir aporta algo nuevo con respecto a lo anterior.
Lo mínimo se aprovecha en los nuevos teatros que surgen en los lugares más inverosímiles. En el piso de al lado o el sótano del bar pueden estar interpretando un texto de Shakespeare o de Chejov. Son los viveros teatrales que han eclosionado en el interior de Madrid. Ante la escasez de dinero, abundancia de ideas.

Las salas y su programación


Sol de York. Tiene en cartel Cuando fuimos dos yDe noche justo antes de los bosques. Arapiles, 16.
La Casa de la Portera. Presenta Luella PersonsLas huérfanas, entre otros. El fin de semana,Ivan-Off. Abades, 24.
Garaje Lumiere. Ofrece Medeas y Que nadie se mueva. Ciudad Real, 12
Espacio 8. Leche, hasta fin de marzo. Santa Ana, 8.
Arte y Desmayo. Ofrece Extraños en un diván yLos carisss. Baleares, 14.
Bululú 2120. Algunas de las obras son El Soldado Fanfarrón de PlautoCuerpo Dividido,Mi amigo en mí. Canarias, 16. Tarragona, 17.
Tarambana. Presenta, entre otras, La noche al revésArtrisisEscuela de machosImpro Night Show. Dolores Armengot, 31.
Sótano de la Graciosa. Las chicas del Cabaret, a partir de abril. Plaza del Dos de Mayo.
Sala Tú. Tiene en cartel El camello de al salir de claseEspañoles Franco ha muerto... otra vez!!?Velarde, 15.
Triángulo. Desperfectos, todo marzo. Zurita, 20.
Teatro del Arte. Tiene Oddi en cartel. San Cosme y San Damián, 3.


Fuente: Victoria Gallardo (metropoli.com)
"Todos los actores han pasado alguna vez por un bar para poner copas o para servir una mesa. Por eso, esta obra es un homenaje a la interpretación en sí misma".
Un formato rompedor, un único actor que interpreta a 35 personajesy la combinación de comedia, drama e intriga en un mismo acto son los ingredientes que el director Miguel Pittier agita en su coctelera. El resultado es Absolutamente comprometidos, la disparatada historia de un actor en paro que atiende el teléfono de reservas de un lujoso restaurante de Madrid.
Trece años después de su estreno en Nueva York, los personajes ideados por Mark Setlock vuelven a cobrar vida en esta obra protagonizada por Kike Guaza y producida por Imanol Arias. "Me llamó muchísimo la atención que fuese un actor (Setlock) el que los crease y que la escritora Becky Mode los hilvanase tan bien. Todos ellos están perfectamente costurados y eso implica un trabajo dramatúrgico muy importante", asegura Pittier.
El hilo conductor que teje esta trama es el teléfono que el protagonista descuelga para atender a sus interlocutores. "Cada persona que llama entra con su propia historia. Al ser personajes muy típicos de Estados Unidos, hemos tenido que buscar su correlato, su equivalente dentro de España".
Además de la adaptación, el montaje de 'Absolutamente comprometidos' conlleva un reto aún mayor: el de dar con el actor capaz de interpretar a 35 personajes diferentes.
El elegido para dar vida a celebridades caprichosas, jefes egocéntricos y demás clientela del restaurante ha sido Kike Guaza. Aunque durante los primeros ensayos echaba en falta algún compañero "real" a su lado, asegura que no ha tardado en acostumbrarse a estar solo sobre el escenario: "Al principio era raro hablar y contestarte a ti mismo, pero luego entras en una dinámica a la que te acostumbras pronto. Los personajes acaban siendo tan reales que me siento acompañado".
Aunque en los últimos meses las ofertas de trabajo no han dejado de lloverle, este actor que en sus ratos libres es profesor de inglés asegura que siempre hay que tener un plan B en la recámara. "Los actores sólo estamos bien cuando estamos trabajando. Llevo muy mal lo de estar quieto y quedarme esperando. Además, las cosas sólo empiezan a rodar si el motor está en marcha. Lo de la suerte es una historia muy puñetera, hay que buscarla".

'Absolutamente comprometidos'. Teatro del Arte. Calle San Cosme y San Damian 3. Hasta el 31 de marzo.



Fuente: Ana Marcos (elpais.com)
- "María está enferma, este fin de semana no podrá cuidar de Rebeca", dice temblorosa Vera.
- "¡Ay, por Dios! ¡No, por favor!", responde con enfado su exmarido Michael, como si la distancia entre la tierra y el abismo se hubiera reducido en un segundo.
Esta escena dramática es el resultado de una de esas angustias de cuarto de estar que en el siglo XXI producen un dolor incuestionable. Un matrimonio en crisis consigue planificar -por separado- un fin de semana, pero, ¿qué hacen con la niña? El dramaturgo suizo Lukas Bärfuss se estrena en España con Málaga, "una autopsia del género humano", descifra la actriz Ana Wagener. Disfrazado de comedia, con dejes de Woody Allen, pero en esencia un thriller, el montaje llega a Madrid tras un descanso de ocho meses y una mini gira el año pasado por otros teatros españoles.
Aitana Galán se encarga de la adaptación del texto de Bärfuss, con la ayuda en escena de Wagener, en el papel de Vera, Roberto Enríquez como Michael y Críspulo Cabezas, el joven Alex, con ínfulas de director de cine, aunque en su tiempo libre se dedique a hacer de canguro. "El autor coloca a los personajes en una situación casi límite", explica Galán. "Toca la fibra hasta hacerlos estallar". La explosión en el teatro del Arte de Madrid -hasta el 3 de marzo- (antiguo teatro de Cámara de Chéjov) se produce a través del lenguaje directo y conciso del autor suizo. "No es nada complaciente con el espectador, pero tampoco juzga a los personajes", apunta la directora.
El pulso desde la dirección consiste en llevar a los actores hasta las esquinas del delirio social durante el tiempo preciso para hacer del texto un espejo en el que pueda mirarse el espectador. La reflexión y no la condena está en la batuta de Galán y la interpretación de los protagonistas. "Lo que no se dice es muy importante", cuenta Wagener, "es un reto brutal para una actriz encontrar las palabras para tapar los sentimientos y usar los silencios de tal manera que el patio de butacas vaya hilando las píldoras hasta terminar el puzle".
Su personaje de Vera se mueve en una contradicción que le produce tal vulnerabilidad que le lleva hasta la medicación. "Hay pocos personajes femeninos en teatro ahora, tan interesantes", asegura la directora, convencida de que en 2013 el teatro español sigue condicionado por lo políticamente correcto: "Hay mucha censura por parte de los autores y mucha censura no explícita de los que manejan, apostando siempre por un determinado modelo de mujer".
Roberto Enríquez da la vez a esta psiquiatra que cae en sus propios diagnósticos, ejerciendo de otorrino que no se escucha. "Hay una crítica no explícita a la sociedad actual, a la cultura dominante, que se percibe a través del argumento", dice Galán. La libertad individual por encima de la responsabilidad con los demás puede culminar, como analiza el autor, en la culpa y el reproche."Bärfuss hace trabajar al espectador y al final duele ver la obra", apostilla Wagener, "y eso me parece maravilloso". Málaga empieza cuando las luces se apagan.


Fuente: Rafael Esteban (elcultural.es)

Suave al principio, rugosa por el camino y áspera, muy áspera hasta llegar a herir, al final. Así es Málaga, la obra de Lukas Bärfuss, que empezará sus funciones este martes en el Teatro del Arte de Madrid. El montaje cuenta con dirección de Aitana Galán que considera al dramaturgo suizo, inédito en España, “uno de los autores centroeuropeos más brillantes de la nueva generación gracias a la profundidad de sus obras”. Aunque en algunas ocasiones, como en este texto, pueda parecer un poco banal, al menos al principio.

El planteamiento de la obra es “una chorrada”, según Galán, de las que ocurren a menudo en la sociedad actual. Un padre separado no puede pasar el fin de semana que le corresponde con su hija porque tiene que acudir a un congreso en el que debe jugar un papel importante. Por eso motivo pide a su antigua esposa que sea ella la que se que quede con la pequeña. Pero la mujer tampoco puede, ya que, aprovechando que no le tocaba estar con la niña esos días, había programado un viaje de placer a Málaga con un hombre que puede llegar convertirse en su nueva pareja.

A partir de ahí comienzan los reproches en el antiguo matrimonio hasta que acuerdan que lo mejor es que cada uno continúe con sus planes y la hija se quede con la canguro habitual. Pero la niñera no está disponible, lo que les obliga a buscar a otra persona, mientras los reproches mutuos entre los dos aumentan. Hasta convertirse en una auténtica discusión que amenaza tormenta cuando el único cuidador disponible es un vecino, no una vecina, de 19 años chiflado por el cine. Aunque al final el tiempo y las necesidades de cada uno mandan, por lo que deciden dejar a la niña con el joven pensando que lo que hacen es algo sin importancia y no va a pasar nada. Pero pasa.

Galán no quiere revelar qué. Tan sólo advierte de que durante el fin de semana “se produce un hecho muy importante que pone a los padres frente a sus propios demonios y los de la expareja”. Ya no son un antiguo matrimonio enfrentado, sino “unos salvajes que, con la excusa de la niña, buscan hacerse daño entre ellos”. Como arma les servirá a cada uno cualquier cosa que hiera al otro, cuanto más mejor, sin importar a ninguno si en la refriega él mismo acaba herido.

La situación le sirve al autor de excusa para reflexionar sobre la sociedad actual. “Lo que a Bärfuss le interesa es hablar de la responsabilidad de cada uno ante las cosas que ocurren a nuestro alrededor, de cómo afrontamos la culpa por lo que hemos hecho cuando las cosas se nos van de las manos”, explica la directora. Para ello se sirve de “una intriga creciente que sabe graduar muy bien y de un lenguaje claro y muy directo, nada complaciente, que pone a cada uno en su sitio”, resalta Galán para diferenciar Málaga de otras obras parecidas que se sirven de algo banal para desnudar a una pareja.

El montaje ha variado su puesta respecto a las funciones anteriores a su llegada a Madrid. “Hemos cambiado la disposición escénica. Ahora la hacemos con el público a tres bandas, en vez de a la italiana, lo que nos permite acentuar su hiperrealismo y conseguir una proximidad mayor con los espectadores, que van a sentir hasta la respiración de los actores”, explica Galán. Entre ellos está Ana Wagener que habrá dejado de representar La anarquista apenas 72 horas antes de la primera función en el Teatro de Arte. Con la actriz, que borda su papel de funcionaria de Justicia y antagonista de Magüi Mira en el texto de David Mammet, comparten escenario Roberto Enríquez en el papel del exmarido y Críspulo Cabeza como el vecino inquietante a cargo de la niña durante un fin de semana que empieza como comedia, se convierte en un drama y acaba en tragedia.


Fuente: Patricia Ortega Dolz (elpais.com)
Dice el actor Imanol Arias que hay que devolver la suerte. “Si has tenido suerte y te va muy bien no está mal devolverla un poco”. Lo soltó así ayer, mientras hacía las veces de padrino de un curioso traspaso teatral: donde estaba el histórico Teatro de Cámara de Chéjov está, desde hace escasas 24 horas, el nuevo Teatro del Arte.
Y es curioso porque hace seis meses se producía un hecho insólito. Una universidad online, la de La Rioja concretamente, con sus 12.000 alumnos, llegaba al rescate in extremis de ese teatro de vocación rusa, al borde del abismo del cierre, que durante 30 años ha vivido en el número 3 de la calle San Cosme y San Damián (Lavapiés) y que dirige —ahora desde la calle de Mártires de la Ventilla 68, Plaza Castilla— el veterano director escénico Ángel Gutiérrez. “Buscábamos un lugar en el que poder crear un máster de interpretación y dirección”, explicaban entonces los responsables de la universidad riojana.
Pero ahora, seis meses más tarde, lo que hay es otro teatro, con letras grandes en la puerta (Teatro del Arte) y con otros gestores. Al frente del nuevo proyecto, Lucía Bouzas, que hace cinco años se dedicaba a la aviación privada alquilando horas de vuelo y ahora sobrevuela ella la escena madrileña. ¿Qué ha pasado aquí?
Pues varias cosas. Por un lado, los de La Rioja midieron mal el espacio. Demasiados alumnos y actividades (salas de ensayo, clases magistrales, talleres...) para el sitio que, in illo témpore, fue un invernadero del antiguo palacio Fernán Núñez (en la calle de Santa Isabel). Por otra parte —y menos ahora con los escrupulosos controles de aforos que hay a raíz de la tragedia del Madrid Arena—, el lugar no cumplía la normativa de seguridad para las pretensiones universitarias. Y, por último, en agosto finalizaba el contrato de alquiler que el Teatro de Cámara de Chéjov tenía con la propietaria. No se renovó. Y ese mismo mes se lo ofrecieron a Bouzas que, desde que dejó los aviones, venía produciendo funciones teatrales —“Por pura afición”— y había montado la escuela Sube al escenario, alquilando un espacio en el Nuevo Teatro Alcalá.
La flamante promotora teatral acometió las obras de reforma de la sala de Lavapiés, consiguiendo una licencia para un aforo de 116 personas, y planeó su programación: “Hay muchísimos espectáculos de mediano formato que no tienen cabida ni en los teatros privados, porque no pueden asumir sus costes, ni en el teatro alternativo, porque son demasiado pequeños”, explica. “Creemos que podemos responder a esa demanda y que esta sala puede ofrecer producciones de mucha calidad”, resume.
Así las cosas, el Teatro del Arte echó a andar anoche con Razas, de David Mamet, sobre su escenario desmontable. La obra, protagonizada por el diputado de UPyD Toni Cantó, se despide con esta inauguración de los escenarios, después de dos años en cartel y de gira por toda España. “Esta es la última oportunidad de verla”, advertía ayer el productor Juan Carlos Rubio. Estará sobre el escenario hasta el próximo domingo.
Le sucederá Oddi (del 19 de diciembre al 13 de enero). Una obra basada en el texto del dramaturgo catalán Sergi Pompermayer, dirigida Paco Montes, e interpretada por los actores Víctor Clavijo, Manolo Solo y Olga Rodríguez. Se trata de una función de metateatro que plantea la crisis de un dramaturgo, desesperado porque no logra darle salida a sus obras en un mercado imposible, y que decide suicidarse. No se atreve a hacerlo solo y contrata a un asesino a sueldo.
Es más que posible que el nuevo espacio, tal y como lo han concebido los nuevos gestores, acoja también conciertos, cabaré, circo, clases magistrales... “Vamos a explotar sus posibilidades al máximo con propuestas de calidad. Queremos dejar claro desde el principio que quien venga aquí verá algo bueno, le guste más o le guste menos”. Fue la declaración de intenciones de Bouzas, que ya anda buscando un local cercano en el que emplazar su escuela. “El escenario nos servirá también como sala de ensayo”, dijo.
Entre tanto, ya han programado otras dos funciones. Absolutamente comprometidos (del 21 de diciembre al 13 de enero), una comedia de Becky Mode interpretada por Kike Guaza y dirigida por Miguel Pittier, que Imanol Arias ha producido: “Es una manera de seguir en contacto con el hecho actoral. Para mí es una experiencia y una oportunidad maravillosa”, justificó. Y también Y además enero, donde Charo Amador pone en escena La indagación de Peter Weiss sobre el Holocausto nazi.