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CONCEPCIÓN y COREOGRAFIA: ROBERTO G. ALONSO
DIRECCIÓN ESCÉNICA: JOSÉ MARTRET
DRAMATURGIA: CARLOS BE, MARC ROSICH y HELENA TORNERO
CREACIÓN y INTERPRETACIÓN: ANITA ASTRID, ROBERT G. ALONSO, ORIOL GENÍS, CÉSAR LÓPEZ, HUGO REAL y JUNYI SUN
INTERPRETACIÓN y CREACIÓN MUSICAL: ÀLEX RODRÍGUEZ FLAQUÉ
DURACIÓN: 60min
PRODUCCIÓN: GREC 2016 FESTIVAL DE BARCELONA y COMPANYIA ROBERTO G. ALONSO
MERCAT DE LES FLORS (GREC 2016)

En los tres últimos años el transgénero ha salido a la luz, por hablar en términos del colectivo "ha salido del armario", por eso sorprende que un espectáculo que pretende "impactar o remover de alguna manera las conciencias" se quede en una concepción tan básica y superficial de la transexualidad en sentido clásico.

Me explico. Partiendo del tópico hecho de que un niño encuentra una caja de zapatos de tacón en el armario de su madre y siente que él quiere ser una niña; pasando por la concepción de la feminidad, parece ser que las mujeres sólo somos la suma de zapatos de tacón, pechos, curvas y por supuesto todas nos pintamos los labios de rojo carmín, porque todo eso nos hace sentirnos mujer. ¡Demencial! Y para acabarlo de adobar con 6 intérpretes en el escenario, nadie, ninguno de ellos podía ser una mujer de nacimiento que deseara ser hombre, debía ser que no conjuntaba con los zapatos de tacón. Tanto aplauso a la diversidad, para quedar reducida a lo que cabe en una triste caja de cartón. Simple, muy simple, y más de lo mismo.

Al menos no han decidido incluir a un dragqueen, eso que nos hemos ahorrado, pero los temas narrados sí que han vuelto a caer en el tópico: problemas con la comunicación con los padres, ser uno mismo delante de amigos/compañeros de trabajo, la exclusión social (que no niego que exista), la vergüenza... Eso sí, tal y como dice en uno de sus monólogos el personaje de Oriol Genís, se acepta antes a un niño transgénero que a un hombre transgénero porque las cosas están cambiando.

Pero bueno, fuera de la decepción de la parte de contenido, la puesta en escena es el punto fuerte del montaje. Las cortinas como metáfora de "salida a la luz" de las voces que han estado dormidas y que a través de la palabra, la música o la danza nos explican qué sienten, qué piensan... su historia particular, la de los personajes que van pasando delante de nuestros ojos a veces como si estuviera expuestos en un escaparate o si fueran fotogramas a la espera que alguien les dé al botón de avance rápido.

La dramaturgia es irregular, hay momentos más lúcidos que otros. Algunos monólogos que destacan, en su mayoría protagonizados por Oriol Genís, pero en su conjunto no logran superar la superficialidad y conseguir que el contenido levante el vuelo. La parte de danza viene a reforzar la irregularidad total de la pieza. Un conjunto de movimientos inconexos que no acaban de enganchar con la parte dramática y que, en su mayoría, se quedan como un pegote, un añadido que no consigue aportar una coherencia clara al montaje.

Y, aunque reconozco que no soy una espectadora que partía de 0 en el tema del transgénero tampoco soy experta en el tema, pero e una obviedad que la transexualidad ha dejado la oscuridad en la que vivía en los 80 y los 90 y existen unos cuantos ejemplos audiovisuales a nuestro alcance para que sigamos en el modo iniciación. Ya es hora que pasemos al avanzado, que nos quitemos la careta y rasquemos un poco la superficie de tópicos para encontrar humanos diversos, que no sólo piensan, sienten y padecen en masculino ni conjugan los verbos con los ideales de sexualidad impuestos por el mundo audiovisual. Transitemos y conjugemos con coherencia, si us plau!
Fuente: Elisa Díez (Butaques i Somnis)

Carlos Be ha vuelto... a estrenar en Madrid. No te hagas ilusiones, desde que trajo Peceras y Elepé ningún programador ha vuelto a confiar en él y por ende los teatreros catalanes o viajamos o nos quedamos castigados. Sea como fuere, este julio durante tres días se ha podido ver su última obra, Añicos, dirigida por el jovencísimo Pablo Martínez Bravo al Festival Frinje. La crítica ha aplaudido el montaje y en septiembre ocupará La Pensión de las Pulgas.

Añicos es un thriller claustrofóbico, género fetiche del dramaturgo catalán afincado en Madrid. Para ver su obras mejor ir con los ojos cerrados y expectante a todo lo que pueda ocurrir. Añicos en este caso toma el relevo de Peceras. El público desconoce lo que le pasa a la familia protagonista. 

Seguro que te acuerdas de las noticias sobre el pederasta de Ciudad Lineal, durante una época vivimos pendientes de su captura. Carlos Be toma esta noticia como punto de partida de Añicos, su rostro en las portadas de todos los periódicos y en las cabeceras de todos los informativos le lleva a una reflexión: ¿qué sentirían sus familiares? ¿Qué sentirían a su vez las familias de las niñas violadas? Cómo los hechos perpetrados por un solo hombre puede trastocar la vida de un gran número de personas. Nadie sale indemne de las consecuencias. Partiendo de esta base, la obra trata de adentrarse en la historia personal de los afectados, de una u otra manera, por la actuación del pederasta.

Carlos Be ha dividido la obra en trece añicos, que no escenas, aunque según él pueden ser "agonías". Según su autor está obra viene a romper con la comodidad con la que disfrutamos en el día a día, donde no existen los sobresaltos, hasta que este bienestar desaparece y es reemplazado por el coraje y el miedo. Los personajes de Añicos está demolidos, sin nada donde agarrarse, pero qué buscan ¿justicia o venganza? Se convierten en seres impredecibles, todo es posible en sus acciones. Es un montaje que muestra la fragilidad del ser humano al mismo tiempo que su fortaleza.

Añicos. Texto: Carlos Be. Dirección: Pablo Martínez Bravo. Intérpretes: David González, Carlos López, Sara Moraleja y Raquel Pérez. Desde el 11 de septiembre en La Pensión de las Pulgas. Todos los viernes a las 20h. +INFO
Fuente: José Luis Romo (metropoli.com)

El crédito, la última comedia de Jordi Galcerán, se estrena estos días en Madrid y Barcelona. En la capital lo interpretan Carlos Hipólito y Luis Merlo a las órdenes de Gerardo Vera, mientras que, en la ciudad condal, lo hacen Jordi Bosch y Jordi Boixaderas bajo la batuta de Sergi Belbel. Dos tríos de lujo para un texto con dos montajes diferentes. Ésta ha sido la tónica en los últimos años de las carteleras barcelonesa y madrileña: vivir de espaldas la una a la otra. "Allí son muy suyos. La función ha ido bien en todas partes menos en Barcelona, porque allí sólo funciona lo que se hace en catalán", se quejaba Verónica Forqué hace un par de años, al hilo de la gira de Adulterios, la pieza de Woody Allen en la que dirigía a María Barranco y Miriam Díaz Aroca.


Sin embargo parece que, mientras en lo político Madrid y Barcelona se distancian, en lo escénico el puente aéreo cada vez tiene más vuelos. La efervescencia de ambas carteleras se contagia y retroalimenta. Autores punteros en Cataluña como Carol López han dado el salto a Madrid.
Ella triunfó la pasada temporada en la escena capitalina con Hermanas, pero se muestra cauta con esta tendencia. "Yo estrené Germanes en Barcelona con un éxito enorme en 2008 y a Madrid no llegó hasta 2013. Creo que sí podría haber venido antes pero no ha sido hasta ahora. Lo que ocurre es que no sé si de verdad en estos momentos hay más intercambio, que debería ser lo habitual. Oigo que compañeros van a Madrid y creo que así es como debería ser, pero no lo sé".
Coincidencia o no, Carol López regresará este año a Madrid para estrenar El viaje a ninguna parte en el Centro Dramático Nacional, mientras que el madrileño Miguel del Arco irá al Teatre Lliure a dirigir El enemigo del pueblo, en catalán. A sus órdenes tendrá a Pablo Derqui, actor popular gracias a montajes como Unes veus o Mort d'un viatjant.
"Estoy muy ilusionado con el proyecto. Creo que Lluis Pascual ha abierto mucho la mano y ahora ya no hay cosas sólo en catalán (en estos momentos, el Lliure programa Un trozo invisible de este mundo, un montaje de Juan Diego Botto, que empezó su andadura en el Teatro Español). Yo sí que noto cómo cada vez hay más gente de Madrid aquí y de Barcelona en Madrid. Todos salimos ganando porque lo importante es crear y el intercambio de ideas nos enriquece a todos". Derqui estará hasta el 13 de octubre en el Matadero con Roberto Zucco, una pieza que recibió magníficas críticas en su estreno en el Teatre Romea.

La escena off barcelonesa también llegará a la ciudad del Manzanares. Un ejemplo es El rey tuerto, un gran éxito de crítica y público de Marc Crehuet. Este verano agotó entradas en el madrileño Teatro Lara y se ha hecho un hueco de nuevo en la Sala Mirador que comanda Juan Diego Botto, donde se verá a partir del 17 de octubre.

Otro gran éxito barcelonés de la pasada temporada que se podrá ver en Madrid es la comedia gay Smiley, de Guillem Clua. Él ya sabe lo que es estrenar en Madrid gracias a impresionantes montajes como La piel en Llamas. "Yo también creo que cada vez hay más trasvase teatral entre ambas ciudades. Es una de las pocas consecuencias buenas de la crisis, porque es fruto de la necesidad. Antes hacíamos una producción y a lo mejor nos conformábamos con estar dos meses en Barcelona. Ahora queremos moverla más". Él precisamente se va a mudar a Madrid por un tiempo. "Tiene que ver con esto que estamos hablando. Yo llevo años diciendo que es increíble que no haya más intercmbio, porque nos enriquece a todos".
Como hablamos de interambio, también hay madrileños a los que ir a Barcelona les sienta bien. Es el caso de Ron La lá. La compañía ha estrenado en el Tetre Poliorama su montaje Siglo de Oro, siglo de ahora, donde se podrá ver hasta el 13 de septiembre. Un montaje ganador del MAX que está funcionando muy bien en la ciudad condal.
Carlos Be, curiosamente, nació en Barcelona pero ha crecido como dramaturgo en Madrid con obras en castellano. Ahora, su ciudad natal le está descubriendo. Allí representa ahora Peceras y Elepé en Átic 22 y en Teatre Tarantana se podrá ver Exhumación, del 25 al 29 de septiembre. Todas ellas en castellano. "Yo creo que ahora mismo la cartelera de Barcelona es más permeable. A esto han ayudado mucho las redes sociales. Los aficionados a través de Twitter, por ejemplo, siguen lo que pasa en otros lugares y apoyan para que los montajes se muevan de un lugar a otro. Ocurrió por ejemplo con El rey tuerto de Crehuet". Además, Carlos B quiere dejar claro que la barrera idiomática no debería ser un problema. "Yo he trabajado en Checho. Aquí representamos las obras en castellano porque Cataluña es bilingüe. Lo importante es el boca oreja y que la calidad del texto sea buena".

Fuente: Rocío García (elpais.com)

Una virgencita, metida en un hueco en la pared, vigila a los 26 espectadores que caben en esta pequeña sala sin ventanas y presidida por un enorme espejo enmarcado en oro. Fotos, cuadritos, lámparas de araña, recuerdos familiares. Todo cabe en este espacio que se está convirtiendo en uno de los testigos privilegiados de las propuestas más estimulantes y singulares de los nuevos dramaturgos quienes, desamparados por la falta de apoyo institucional y olvidados en la programación de los teatros públicos, han encontrado un lugar en el que mostrar y hacer llegar a la gente toda esa explosión creativa teatral que se vive ahora en Madrid, algo a remolque de lo que viene pasando hace años en Barcelona.

En una calle tranquila del Madrid más castizo, en el portero automático de un edificio corriente un simple cartelito —Casa de la Portera— indica que ahí dentro, en esa minúscula vivienda, con la virgencita en una sala y un teléfono negro colgado de la pared del pasillo, algo mágico y nuevo encontrarás. No es el único caso en la capital. Desde un tiempo atrás están surgiendo como setas lugares y espacios pequeños —El Sol de YorkKubik Fabrikla sala Tú, el Teatro del ArteMicroteatro por Dineroy muchas más— siguiendo el ejemplo de la sala FlyHard en Barcelona o, un poco más lejos, la experiencia de Timbre 4, una casa en Buenos Aires, la del dramaturgo Claudio Tolcachir, en la que comenzó a mostrar a amigos y conocidos sus propuestas y que, poco a poco, el timbre sonó tantas veces que las colas en el 640 de la avenida Boedo se hicieron tan largas que lograron crear una compañía.
“¿Por qué pensar que el teatro importante, el que más cuenta, es el que se está haciendo en otro lugar, distinto de aquel en que estamos nosotros haciéndolo?”. La frase del dramaturgo Javier Daulte llena de esperanzas a esta generación de jóvenes, y no tan jóvenes, que contra viento y marea, con el único objetivo de contar sus historias, están sacudiendo la escena teatral en España. Nombres como José Padilla,Carlos BeDenise DespeyrouxPaco Bezerra y Pablo Messiez, en Madrid, y Marta BuchacaGuillem Clua y Marc Crehuet, en Barcelona, vienen demostrando, con tesón y trabajo y sin ningún tipo de ayudas, que tienen muchas cosas que contar y que no están dispuestos a bajar del escenario. Hay más ejemplos y más nombres. Como el del actorJuan Diego Botto, que se hará cargo de la programación de la sala Mirador de Madrid la próxima temporada, atrapando la explosión con lo que él llama teatro urgente. “Lo que está claro es que ahora los que menos pesan en el teatro son la vanguardia. Me apetecía formar parte de esta explosión y más en el momento social en el que vivimos, en el que hay muchos autores que buscan y están encontrando la compañía del público con historias que hablan de cosas que a todos nos interesan”, defiende Botto.
Como la mayoría de sus compañeros, Denise Despeyroux, uruguaya de 38 años, criada en Barcelona y ahora instalada en Madrid, no puede vivir del teatro. Guiones, trabajos editoriales, series de televisión, pero también cuidador de ponis o celador en una clínica psiquiátrica, como Carlos Be, han sido y siguen siendo el sustento económico de algunos de ellos. La mirada en el panorama teatral, dice Despeyroux, se ha horizontalizado.
Creo que cada vez más dirigimos la mirada a nuestros pares. En lugar de mirar en vertical, hacia arriba, hacia aquellos que aparentemente detentan un poder, el de ofrecer o negar ayudas económicas, espacios o reconocimiento, la mirada se horizontaliza, y pasan a ser nuestros propios pares los que nos hacen sentirnos autorizados, reconocidos, legitimados y, en definitiva, protagonistas”.
Después de nueve producciones de obras propias, la última La realidad, una inteligente y brillante apuesta con Fernanda Orazzi como única protagonista. Logró el “privilegio” de representarse con una más que buena acogida del espectador en el teatro Fernán Gómez de Madrid, con toda esa visibilidad que una sala pública ofrece. Pero su trayectoria está en esos espacios alternativos, que son los “únicos” que están dando oportunidades a autores como ella.
“Espero que con el tiempo y esta crisis que descoloca tantas cosas, las fronteras que a veces dividen tan marcadamente el teatro alternativo, el institucional y el comercial se vayan difuminando. Ojalá podamos tener un teatro comercial cada vez más alternativo, en el sentido de singular, estimulante e inteligente, y un teatro alternativo cada vez más comercial, en el sentido de que nos resulte a todos cada vez más rentable desde el punto de vista económico”, dice la autora y directora de Un infierno con fronteras, un insólito y fantástico juego sobre los psicoanalistas que se representó esta primavera pasada en La Casa de la Portera, el local regentado por José Martret y Alberto Puraenvidia.
Un actor, dos, tres como mucho. Más casi es un lujo. José Padilla (Tenerife, 1976) ha contado con siete enSagrado Corazón 45, una de las obras más impactantes de esta temporada, también en La Casa de la Portera, en la que cada lunes (dos funciones) había lleno total y una lista de espera imposible de atender. Escrita por el propio Padilla y codirigida con Eduardo Mayo, la obra, tres instantes de la vida en una misma casa, se estrenó el 15 de abril y se prorrogó hasta finales de junio. “Para nosotros ha sido determinante que confíen en nosotros los responsables de estas salas alternativas. No quiero ni pensar cómo sería si no existieran este tipo de espacios.
La perspectiva sería horrible. No habría forma de renovar el teatro, y que no se renueven dramaturgos, autores y actores implica que tampoco se renueva el teatro. Todo esto, añadido al disparate de la subida del IVA, acabaría en un desierto en el que solo quedaría El Rey León y poco más”, asegura Padilla, que critica la programación de muchos de los teatros públicos en España, que piensan más en elmarketing que en abrir caminos nuevos. “Con todos mis respetos, no entiendo que se programe en el Español toda la obra dramática de Vargas Llosa. Entiendo que se le represente porque no voy yo a descubrir los méritos que tiene Vargas Llosa, pero programar todas las obras, nueve en total, me parece que es fagocitar los recursos de un teatro público con un solo autor y que impide dejar espacio a otros”, denuncia Padilla, que el otoño próximo realizará en una institución privada, El Sol de York, una residencia artística para investigar y luego estrenar una nueva obra con un grupo de actores.
“Este tipo de procesos es el que tenía que apoyar el sector público, que nos tiene completamente abandonados. Existimos, estamos aquí”. Casi un grito de desesperación de este hombre que ha vivido, sin embargo, una temporada brillante. Además de Sagrado Corazón 45 ha visto representar sus dos versiones de Enrique VIII, de Shakespeare, dirigida por Ernesto Arias, y La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, dirigida por Alfredo Sanzol.
Menos mal que a Carlos Be le queda Praga. Otro ejemplo de medio exilio de talentos. Este autor, nacido en Vilanova i la Geltrú en 1974 y que abandonó a un año de licenciarse la carrera de Medicina para dedicarse al teatro y crear su propia compañía The Zombie Company, vive a caballo entre Madrid y Praga, donde en estos momentos está escribiendo tres textos que se estrenarán la próxima temporada: Autostop (para el teatro Lara), otra obra para La Casa de la Portera y una versión a partir del Fausto de Goethe, que se estrenará en Bogotá. Be resalta la nula ayuda institucional para su compañía en contraste con la que sus tres montajes están recibiendo en Praga.
“Quizás en España sea algo difícil de comprender, pero en la República Checa es muy palpable entre los profesionales del teatro porque su verdadero motor no habla de triunfos sino de felicidad. En Praga, la calidad es un medio, no un resultado”, asegura el autor de Elepé y La pecera, las dos estrenadas en Madrid. Para Be, los escenarios en España son el reflejo del estado cultural de un país y las ganas de creatividad, ahínco y voluntad, que chocan con esas puertas cerradas del llamado “gran teatro”. “Sin la ayuda de este tipo de salas mi trayectoria y la de la compañía habrían seguido otros derroteros bien distintos. Generalmente, quienes llevan estos espacios son tremendamente generosos y luchadores. Les une un frente común que es el de satisfacer al público con propuestas interesantes, pero nunca gratuitas. Saben que no se la pueden jugar con supercherías como los teatros subvencionados”.
Lo que le obsesiona a Pablo Messiez, argentino de 39 años, son las palabras. Esas palabras —“elegidas responsablemente”, dice— que explosionan en las cuatro obras (Los ojosLas criadasAhora y La muda), que desde su llegada a Madrid, en 2008, ha conseguido estrenar y que le apuntan ya como una de las voces más estimulantes del teatro en español. “Mi mundo es un mundo de relatos que necesitan intimidad, un lenguaje que no se parece al que se puede ver en un aforo de 500 personas”. Por supuesto que le gustan los espacios grandes, pero ante la falta de ellos y la precariedad en las producciones, Messiez, ya definitivamente asentado en España, escribe pensando en ese teatro pequeño, simple, cotidiano, brillante.
“Es la necesidad de contar cosas la que nos ata al teatro. Llevo casi cinco años aquí y nunca había visto esta explosión de creatividad alejada de los grandes centros. Veo una gran vitalidad en espacios pequeños y una enorme desorientación en los grandes, atemorizados y que no quieren saber nada de riesgos”, asegura Messiez, sentado frente a una coca-cola en el café del Espejo de Madrid. Y cuando habla de riesgos se refiere a aquellos que buscan la renovación de nombres y autores, de responsables teatrales capaces de no ir siempre a lo seguro, de indagar y dar voz a los que quieren contar las cosas como sea. Pero, como buen argentino, sabe de crisis y su mirada es más que optimista.
“Las crisis económicas solo sirven y son buenas para una cosa: para preguntarnos qué deseo y necesidad tenemos de escribir, sin romanticismos”. Pero algo de romanticismo hay, aunque sea una gota, en la nueva propuesta que Messiez ensaya estos días en Madrid y para la que necesita, esta vez sí, un espacio grande. Su título, ya era hora,Las palabras, es una historia de amor hablada en verso. “Es mi pequeño homenaje a la poesía, tratar de decir lo indecible”. Las palabras, que se representará por primera vez a principios de octubre en Avilés, está a la búsqueda de espacio para su estreno comercial. “Me está costando horrores conseguirlo. Parece que hay interés, pero no se concreta nada”.
El que no busca espacios ni teatros ni escenarios grandes o pequeños es Paco Bezerra, almeriense de 35 años, premio Nacional de Literatura Dramática en 2009 por Dentro de la tierra, un thriller rural sobre los invernaderos del Sur. Lo de Bezerra, aunque de sus labios ha salido alguna queja por la falta de escenarios para algunas de sus obras —“las obras de dramaturgos jóvenes y con pintas no interesan”, “para que te escuchen tienes que tener barba y barriga”—, está en el papel. Él, con todas las obras escritas publicadas, lo que ya es todo un hito en la literatura dramática, nunca ha escrito para ningún montaje, ni grupo, ni sala.
“Yo escribo literatura dramática. La obra de teatro para un dramaturgo no existe. Solo las palabras. No escribo necesariamente para que mi obra se represente. ¿Que se lleva al teatro?, ¡fenomenal! ¿Qué no?, pues ahí está el libro. Mi trabajo está en el libro. No tengo control sobre la puesta en escena de mis obras ni lo quiero”, dice seguro y poderoso. Pero ahí está el montaje de Grooming, que eligió nada más y nada menos que José Luis Gómez para dirigirlo en el Teatro de La Abadía, o la más reciente, Ahora empiezan las vacaciones, adaptación de la obra de Strindgberg, El pelícano, con un humor negro, corrosivo y duro, y que se incluyó en la programación de La Casa de la Portera y que el próximo 6 de septiembre se estrenará en Montevideo con la Comedia Nacional de Uruguay. “Me siento satisfecho con que se complete el ciclo de mi escritura, pero si pienso en la escena me coarta mi creatividad y libertad. Además, creo que el teatro no avanza si se piensa todo el rato en la escena”, dice Bezerra a quien le gusta más leer teatro que verlo. “Yo moriré y mis textos quedarán”.
En pleno Raval de Barcelona, en ese jardín gótico que alberga la Biblioteca Nacional de Catalunya, se han dado cita tres conocidos del mundo de la escena, Guillem Clua, Marta Buchaca y Marc Creuhet, que esta temporada han visto relucir sus nombres en oro, como sus obras, a reventar de público, han pasado de las salas alternativas a los grandes centros. No es nuevo esto en Barcelona. Ni tampoco son meros debutantes. La capital catalana lleva ya mucho camino recorrido en esta búsqueda de nuevas voces en teatro. Las flores salen cuando hay alguien que las riega. Y el agua en Barcelona ha salido de varias mangueras, como la del trabajo obsesivo e indesmayable de la Sala Beckett, fundada por Sanchis Sinisterra, y auténtico semillero de la dramaturgia en catalán o de salas como la FlyHard o el Espai Brossa, indispensables para dar visibilidad a los que están tocando la puerta de los teatros.
Una mezcla de talento y medios que el espectador ha acogido con pasión. Es el caso de Litus, la sexta obra de Marta Buchaca (Barcelona, 1979), que convoca a unos amigos en torno al aniversario de la muerte de un músico de rock que dejó cinco cartas sin leer. Litus se representó dos meses en la FlyHard para pasar luego al Lliure. “Estamos como en Argentina hace años. Levantar un proyecto es muy complicado. Los medios que tenía hace años me parecen ahora ciencia ficción. En el caso de Cataluña nos ha costado años demostrar a los productores que podíamos llenar un teatro”, lamenta Buchaca, quien califica de “triste” lo que está pasando en los teatros públicos que no se atreven a dar el paso de abrir sus espacios a otras voces.
Guillem Clua, con 40 años recién cumplidos, rechaza el calificativo de “nuevo”. “Quizás lo somos a nivel de público porque no se nos conoce demasiado, pero estamos en la primera fila hace mucho tiempo”. Es precisamente en el público en el que confía Clua para salir de ese anonimato y poder pisar con orgullo y decisión aquellas salas que ahora se les niega. “La obligación y prioridad de un teatro público es cuidar de su gente y no perpetuar la precariedad en la que estamos cayendo”. Su obra Smiley, una comedia gay con dos actores, alegre y optimista, también realizó el camino desde la FlyHard al Teatre Lliure, con un taquillazo en torno a los 15.000 espectadores.
Clua defiende con ardor que el teatro entre Madrid y Barcelona debe viajar más y mejor, que la dramaturgia entre ambas ciudades no puede ser algo ajeno. De esto sabe algo Marc Crehuet, cuyo viaje del norte al centro, de Barcelona a Madrid, no pudo ser más bonito. Crehuet (Santander, 1978) no salió de su asombro cuando le llamaron del Lara en Madrid para representar en el hall del teatro El rey tuerto, su segunda obra, y otro triunfo en la FlyHard de Barcelona esta temporada. Las entradas de los cuatro días para ver El rey tuerto, una comedia negra, mezcla de irónica crítica a la situación actual y patético encuentro entre un policía antidisturbios y un joven al que dejó tuerto en una manifestación, se pudo ver en el Lara, con un aforo de unas cien personas, se habían agotado con bastante antelación. El rostro de satisfacción de Creuhet, en la noche madrileña, no ocultaba su preocupación por el anquilosamiento del teatro oficial. “Siempre son los mismos. Hay gente de mi generación que no va al teatro. Tenemos que conseguir nuevo público porque las salas oficiales están muy alejadas de la calle. No confían en nosotros. No somos adolescentes”.
Pues les tendrán que oír y que ver y que festejar. Como se rindieron ante La función por hacer, la obra dirigida por Miguel del Arco y producida por Aitor Tejada, de Kamikaze Producciones. “Sí se puede”. El lema que llevó a la presidencia de Estados Unidos a Barack Obama sirve también para seguir el ejemplo de esta obra, que comenzó como experimento en un garaje, saltó al Off del Lara y ya es sin duda uno de los hitos teatrales de los últimos años.
La explosión está aquí y todo el mundo la aplaude. Pero, ¡ojo!, el fogueo de estas nuevas voces no se puede quedar en eso. Como asegura Aitor Tejada, la industria tiene que apoyar a esta nueva generación y no perpetuar su precariedad. “La puerta no puede permanecer más tiempo cerrada”.

Sueño común

MIGUEL DEL ARCO
Qué está sucediendo en el sector teatral que, según algunas fuentes, tiene un 90% de paro, donde las producciones son cada vez más escasas, más pequeñas y con menos capacidad para sobrevivir. Donde las giras son casi una entelequia. En el que baja el número de espectadores y cierran muchas salas de exhibición. Donde los teatros institucionales y privados acuden a reposiciones de producciones anteriores. Donde el 21% de IVA causa estragos en la taquilla y la inversión de dinero público es cada vez menor… Qué sucede en este sector, ninguneado por el ministro de —no sé si de deportes, de cultura ya te digo yo que no— para que, sin embargo, hayan surgido en poco tiempo un buen número de creadores que han servido como revulsivo del panorama teatral. Pues francamente, no tengo ni idea. La coyuntura invita a hacer las maletas y marcharse (muchos lo han hecho) a hacer compañía a los científicos e investigadores que huyen de forma masiva de nuestro país. Lanzo una teoría: ¿será que nos hemos impuesto la autoexigencia? Esperamos poco de la clase política (y digo poco por no cerrar del todo la puerta. Soy un tipo optimista). Qué se puede esperar de ellos cuando no son capaces de apartar el partidismo, el cortoplacismo y ponerse las gafas de visión de Estado para consensuar algo tan fundamental como una ley de educación. El teatro, por el contrario, para que esté vivo, debe ser un espacio de diálogo y encuentro entre seres humanos. Sus profesionales tienen la obligación de entenderse para después hacer extensible esta experiencia al público. Un público que, a pesar de las dificultades, sigue acudiendo para celebrar con nosotros este espacio de libertad. Ahora que estoy preparando un nuevo trabajo con mi compañía, encontrando todo tipo de problemas, me fuerza a seguir adelante la alegría del equipo. El compromiso de los profesionales que me rodean para sacar adelante un sueño común. Resistamos compañeros. Seamos exigentes. Estrictos con nuestro sentido de la responsabilidad. A lo mejor conseguimos que se les pegue algo.
Miguel del Arco es autor y director teatral.

DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: CARLOS BE
INTÉRPRETES: FRAN ARRÁEZ, CARMEN MAYORDOMO e IVÁN UGALDE
DURACIÓN: 60 min
PRODUCCIÓN: THE ZOMBIE COMPANY
ATIC22

Sin quitarle méritos a la dramaturgia catalana actual, hay vida más allá de nuestras fronteras. No hace falta irse a países europeos, para descubrir nuevas dramaturgias que nos toquen, que sean cercanas y que te dejen con ganas de más. Un fenómeno parecido al que actualmente se está desarrollando en Barcelona, a nivel dramatúrgico, se está produciendo en Madrid. La diferencia algunos de nuestros autores llegan a estrenar en la capital pero no hay flujo a la inversa, y en Barcelona nos estamos perdiendo un gran potencial.

Discursos críticos aparte, al final hemos conseguido derribar algunos muros, la mayoría de ellos idiomáticos (como si aquí no entendiéramos el castellano, en fin) y este fin de semana hemos podido disfrutar de una de las obras más exitosas de la dramaturgia de Madrid.

Creo que es mejor ir a ver la obra sin saber de qué va, la sorpresa es aún mayor. No digo que conociendo sus directrices, como es mi caso, no saliera de la sala aturdida, consternada y muda por momentos. La obra habla de un hipotético futuro (esperemos que simplemente sea ficción) donde el papel del bien y el mal queda difuminado, y todo es vendible, no hay normas y si las hay simplemente sirven para que unos se puedan beneficiar de los otros.

Peceras se describe por marcos, escenas que ponen al público sobreaviso, le someten a un juego donde la confianza juega un papel de gran importancia. Al principio todos son risas hasta que la acción principal consiga ser la protagonista y todo lo que se había podido reír ha dejado de ser divertido y el público se ve sometido a un juego donde sus principios, su moral se verá cuestionada y congelada por un momento.

Es necesario dejarte llevar por la obra, que te creas el juego. Si, en un momento la obra te incomoda de tal manera que decides levantarte e irte, será un logro. Aunque después de lo que vemos diariamente en los informativos, no cuesta nada seguirle el juego a los personajes (en el fondo es ficción, lo de los informativos parece ser que no) y ver hasta donde pueden llegar.

Las interpretaciones de Fran Arráez, Carmen Mayordomo e Iván Ugalde magníficas, más aún si tienes la suerte de presenciarlas a escasos centímetros desde primera fila. Escenografía a cuatro bandas, en el medio simplemente una alfombra. Todo lo demás está por descubrir y por discutir. La sala llena, gran éxito. Peceras se va pero avisan que volverán. Imprescindible para los amantes del teatro que te toca, te trastoca y te hace pensar durante horas. Cuando vuelvan no se lo pierdan. 

PECERAS

by on 17:35
DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: CARLOS BE INTÉRPRETES: FRAN ARRÁEZ, CARMEN MAYORDOMO e IVÁN UGALDE DURACIÓN: 60 min PRODUCCIÓN: THE ZOMBI...

Fuente: Elisa Díez (Butaques i Somnis)

Al fin, Peceras de Carlos Be todo un éxito de la cartelera alternativa madrileña llega a Barcelona. Meses y meses viendo tuits del éxito de esta obra en la capital española, han encontrado un espacio donde poder representarla. La Nau Ivanow ha programado cuatro funciones los días 31 de enero y 1, 2, 3 de febrero, así que tampoco nos podemos dormir.

Peceras habla de futuro de ese que todos deseamos donde las leyes han cambiado y el papel de la mujer ha superado ese punto de inflexión en el que llevaba años sumido. Por desgracia lo que la ley ignora es que la verdad no modifica la voluntad. Con este montaje, The Zombie Company formula una crítica contundente contra todos aquellos que se escudan tras normas abusivas con el único objetivo que beneficiarse del prójimo.

Peceras nos translada a un mañana, demasiado cercano si seguimos por el camino equivocado. Peceras habla de la violencia de género, desde otro punto de vista, diferente al habitual pero sin olvidar que es una obra realista. Según la crítica, es un teatro duro y valiente que requiere a espectadores que no sean pasivos y que se impliquen emocionalmente en lo que están presenciando.

Es una obra que utiliza la violencia como placer. Algunos críticos la han comparado con Funny Games de Haneke o La naranja mecánica de Kubrick. Lo que si es cierto es que no estamos acostumbrados a ver violencia en escena y esta obra la muestra. És la obra ideal para verla en grupo y debatir a la salida los diferentes puntos de vista que ha dejado en el espectador.

Para quien no conozca al autor, Carlos Be, dramaturgo catalán (Villanova i la Geltrú), en 2003 crea The Zombie Company para representar Eloísa y el domador de mariposas en la Sala Artenbrut de Barcelona. De entre sus obras más aplaudidas destacan: Exhumación, estrenada en la Sala Triángulo de Madrid y que cosechó el premio a mejor espectáculo y mejor actriz en el Festival de Teatro y Danza Independiente de Santander y Muere, numancia, muere en el Festival Fringe de Madrid.

Si no podéis asistir a ninguna de las cuatro representaciones de la Nau Ivanow en Barcelona, también podéis ver Peceras, en el Off del Teatro Lara los días 15 y 22 de enero o en el Indifestival de Santander donde ya fueron premiados por Exhumación. Si hay algo que no os podáis perder este enero, eso es Peceras

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