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Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)



SILENCIS. Dansa- Teatre. Creació: Claire Ducreux. Catalunya. 30min

Después de enamorarme de La Refugiada poética que la temporada pasada se pudo ver en La Seca Espai Brossa, la apuesta de Claire Ducreux era jugar sobre seguro. Asumiendo que con un simple gesto Claire Ducreux te puede robar el corazón, Silencis vuelve a estar impregnado de esa ternura, fragilidad e inocencia tan propio de sus espectáculos. 

La integración con el público dentro del espectáculo es maravillosa. Nadie se siente ofendido o cohibido porque la atmósfera que se crea es mágica. Una increíble y preciosa comunión con el espectador que desde el primer minuto provoca que no quieras salir de ella nunca.

Danza y mimo conviven a la perfección en esta pieza corta. Un arbol en invierno, al que ya no le quedan hojas es el punto de partido para danzar por sus ramas, de que la vida resurja en medio de un paisaje muerto.

Ya dicen que si Chaplin viviera trabajaría con ella. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. He empezado mi segundo día en Tàrrega entre los algodones delicados y puros de un alma singular que grandes y pequeños deberían conocer y disfrutar. Bravo, Claire!



A MI NO ME ESCRIBIÓ TENNESSEE WILLIAMS. Danza-Teatro. Director: Marc Rosich. Cia. Roberto Alonso. Catalunya. 60min.

Cuando haces dos montajes que se estrenan en menos de dos meses, puede pasar que uno sea más o menos óptimo y el otro una maravilla. Este es el caso de Roberto G. Alonso. Su montaje del Grec 2016 no había por donde cogerlo, pero el de la Fira Tàrrega es lo mejor de lo que llevo de fira. Para empezar aunque estemos citados en el Polideportivo, acabamos de excursión debajo de un puente, donde el alter ego de Blanche Dubois nos recibe. Nos separa de ella un riachuelo, pero la visión de la vida que estamos a punto de contemplar es tan triste que sólo nos hubiera faltado un salto para correr a abrazarla.

Con el humor y la ironía por bandera, nos relata cómo ha acabado debajo un puente. Ella y sus vestidos que nos va mostrando sin descanso. Su objetos más valiosos que han conseguido sobrevivir a los libros porque el invierno ha sido muy duro y la tinta calienta mucho. De hecho en el texto se explica con una frase brillante: "Nada arde mejor que la ficción y la fantasía." 
A medio camino entre el monólogo y la performance, observamos atónitos como hay algo más que capas de ropa. No es lástima lo que sentimos, sino una mezcla de ternura y comprensión.

Se nota, y mucho, el toque Marc Rosich en la dirección y en la dramaturgia. Todo un acierto que aporta una comicidad y frescura al montaje indiscutibles. La selección musical que abarca desde Mari Trini (Yo no soy esa), pasando por Burning (Que hace una chica como tu en un sitio como este) a piezas de música clásica es brillante y más cuando es la misma protagonista quien las interpreta.

"¿Quién dice que lo mío no es teatro político? No nos atreveremos a decirle que si la política fuera humanidad, ella tendría toda la "polis". Pero yo me quedo con su mirada triste, de muñeca rota, a la que la vida no se la han escrito como ella desearía. 


EL FILL QUE VULL TINDRE. Teatro. Director: Àlex Cantó, Joan Collado, Jesús Muñoz i Pau Pons. País Valencià. 70min.

Admitámoslo el teatro comunitario está de moda. Debe hacer sentirse muy bien compartir tu arte con gente de la calle, incorporarlos a tu proyecto para hacer que crezca, pero el problema surge cuando están de más y no ayudan al desarrollo del proyecto como es el caso. 

El Pont Flotant era uno de los pesos pesados de la cartellera de Fira Tàrrega que se desinfló en menos de medida hora. Cuando coordinas un proyecto como El Fill que vull tindre hay muchas teclas que apretar y medir con cuidado los tempos es una de ellas. En este caso se les ha ido de las manos, incluso la escena de la plastilina, donde el peso de la acción está manos de actores se alarga sin sentido y pierde toda la esencia que podía haber tenido en su justa medida.

Independientemente de si el tema te interesa o no, el espectáculo parece estar a medio producir. Cierto es que un montaje así no se puede desarrollar sólo en tres días, como ha sido el caso. Pero para presentarlo a medias, mejor quedarse en casa.



CONCEPCIÓN y COREOGRAFIA: ROBERTO G. ALONSO
DIRECCIÓN ESCÉNICA: JOSÉ MARTRET
DRAMATURGIA: CARLOS BE, MARC ROSICH y HELENA TORNERO
CREACIÓN y INTERPRETACIÓN: ANITA ASTRID, ROBERT G. ALONSO, ORIOL GENÍS, CÉSAR LÓPEZ, HUGO REAL y JUNYI SUN
INTERPRETACIÓN y CREACIÓN MUSICAL: ÀLEX RODRÍGUEZ FLAQUÉ
DURACIÓN: 60min
PRODUCCIÓN: GREC 2016 FESTIVAL DE BARCELONA y COMPANYIA ROBERTO G. ALONSO
MERCAT DE LES FLORS (GREC 2016)

En los tres últimos años el transgénero ha salido a la luz, por hablar en términos del colectivo "ha salido del armario", por eso sorprende que un espectáculo que pretende "impactar o remover de alguna manera las conciencias" se quede en una concepción tan básica y superficial de la transexualidad en sentido clásico.

Me explico. Partiendo del tópico hecho de que un niño encuentra una caja de zapatos de tacón en el armario de su madre y siente que él quiere ser una niña; pasando por la concepción de la feminidad, parece ser que las mujeres sólo somos la suma de zapatos de tacón, pechos, curvas y por supuesto todas nos pintamos los labios de rojo carmín, porque todo eso nos hace sentirnos mujer. ¡Demencial! Y para acabarlo de adobar con 6 intérpretes en el escenario, nadie, ninguno de ellos podía ser una mujer de nacimiento que deseara ser hombre, debía ser que no conjuntaba con los zapatos de tacón. Tanto aplauso a la diversidad, para quedar reducida a lo que cabe en una triste caja de cartón. Simple, muy simple, y más de lo mismo.

Al menos no han decidido incluir a un dragqueen, eso que nos hemos ahorrado, pero los temas narrados sí que han vuelto a caer en el tópico: problemas con la comunicación con los padres, ser uno mismo delante de amigos/compañeros de trabajo, la exclusión social (que no niego que exista), la vergüenza... Eso sí, tal y como dice en uno de sus monólogos el personaje de Oriol Genís, se acepta antes a un niño transgénero que a un hombre transgénero porque las cosas están cambiando.

Pero bueno, fuera de la decepción de la parte de contenido, la puesta en escena es el punto fuerte del montaje. Las cortinas como metáfora de "salida a la luz" de las voces que han estado dormidas y que a través de la palabra, la música o la danza nos explican qué sienten, qué piensan... su historia particular, la de los personajes que van pasando delante de nuestros ojos a veces como si estuviera expuestos en un escaparate o si fueran fotogramas a la espera que alguien les dé al botón de avance rápido.

La dramaturgia es irregular, hay momentos más lúcidos que otros. Algunos monólogos que destacan, en su mayoría protagonizados por Oriol Genís, pero en su conjunto no logran superar la superficialidad y conseguir que el contenido levante el vuelo. La parte de danza viene a reforzar la irregularidad total de la pieza. Un conjunto de movimientos inconexos que no acaban de enganchar con la parte dramática y que, en su mayoría, se quedan como un pegote, un añadido que no consigue aportar una coherencia clara al montaje.

Y, aunque reconozco que no soy una espectadora que partía de 0 en el tema del transgénero tampoco soy experta en el tema, pero e una obviedad que la transexualidad ha dejado la oscuridad en la que vivía en los 80 y los 90 y existen unos cuantos ejemplos audiovisuales a nuestro alcance para que sigamos en el modo iniciación. Ya es hora que pasemos al avanzado, que nos quitemos la careta y rasquemos un poco la superficie de tópicos para encontrar humanos diversos, que no sólo piensan, sienten y padecen en masculino ni conjugan los verbos con los ideales de sexualidad impuestos por el mundo audiovisual. Transitemos y conjugemos con coherencia, si us plau!