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AUTORIA: JORDI GALCERÁN
DIRECCIÓN: SERGI BELBEL
INTERPRETACIÓN: DAVID BAGÉS y MIMA RIERA
DURACIÓN: 105min
FOTOGRAFIA: IVAN MORENO
PRODUCCIÓN: BITÒ
LA VILLARROEL (GREC 2017)

Hace más o menos una década cuando el boom de la dramaturgia catalana estalló (más de diez años después de que se escribiera Paraules Encadenades) preguntándole a sus protagonista por si escribían sus textos con el afán de que perduraran, la respuesta general era un ‘no’ rotundo. Eran textos para el consumo de hoy, actual, que si cuando pasen veinte años alguien los sacaba del cajón, quizás no entendería nada.

En mayor o menor medida es lo que le pasa a Paraules Encadenades, veintitrés años después hay muchas cosas que chirrían en nuestros oídos, y si eres mujer más. Mientras veía la obra me preguntaba qué sentido tenía haberla recuperado del fondo del cajón, si no hay textos en el mundo para recuperar, de autores catalanes o extranjeros, y no fui capaz de darme respuesta. 

Quizás a mediados de los noventa, cuando fue escrito y estrenado, el discurso machista, misógino y homófobo que desprende el texto no se concibiera como tal, y los oídos de los espectadores de entonces no estuvieran acostumbrados a escuchar las ‘lindezas’ que salen por boca de los protagonistas, sin excepción de género. Pero en el 2017 produce cuanto menos un sentimiento de repulsa y asco.

Lo que sí ha perdurado en el tiempo es el dibujo de la personalidad del psicópata, los libros no engañan y Jordi Galceran siguió en su momento la teoría palabra por palabra: obsesión con la figura de la madre, creerse una persona normal que ha enloquecido momentáneamente a partir de un determinado suceso en la vida… Pero, incluso en este punto el paso del tiempo también ha hecho mella. El paso del tiempo y la cantidad de series de televisión protagonizadas por psicópatas que hemos visto, quien más quien menos, en las últimas dos décadas. 

Gracias a las grandes interpretaciones de Mima Riera, por la que hemos sufrido durante todo el espectáculo y David Bagés, que ya no es la primera vez que borda el personaje de malo malísimo, el espectáculo tiene un bote salvavidas en el que guarecerse del vendaval. La puesta en escena con la escenografía de Max Graenzel, el diseño de iluminación de Kiko Planas nos regala una atmósfera de absoluto thriller. Al igual que el espectacular diseño sonoro de Jordi Bonet, que helará la sangre a más de uno.

Sin haber visto el espectáculo de estreno hace veinte años, tuve la curiosidad de leer el texto hace algunos años y siempre había imaginado que si se volvía a representar habría que modificar algunos aspectos en la dramaturgia. No ha sido el caso, simplemente se ha añadido un par de frases sobre la independencia de Catalunya, de lo más superfluo. Si se hubieran invertido los mismos recursos que se han utilizado en la puesta en escena en la adecuación de la dramaturgia al 2017 estaríamos hablando, probablemente, de uno de los mejores montajes del Grec 2017, pero viendo el resultado final se tendrá que conformar con el aprobado.

PARAULES ENCADENADES

by on 13:16
AUTORIA: JORDI GALCERÁN DIRECCIÓN: SERGI BELBEL INTERPRETACIÓN: DAVID BAGÉS y MIMA RIERA DURACIÓN: 105min FOTOGRAFIA: IVAN MO...

Fuente: Jesús Ruiz Mantilla | Rosana Torres (elpais.com) | Foto: Gorka Lejarcegi
De Antígona a las comedias de enredo, de Shakespeare y Rigoletto a Sonrisas y lágrimas,¿qué creación escénica no aporta una visión del mundo y resulta, por tanto, política? Es la respuesta más o menos común, con matices que la enriquecen, a la duda lanzada esta semana por Bob Wilson en la Cuatrienal de Artes Escénicas de Praga. El director estadounidense se preguntaba si cabe hoy hacer un teatro reivindicativo en términos políticos. Propugnaba, frente a las respuestas en ese ámbito, la confusión. Actores, directores y dramaturgos de la escena española entran al debate.
Nuria Espert, actriz y directora. “Creo que Bob Wilson no niega esa posibilidad; simplemente lanza una duda. Era una pregunta pertinente en tiempos de la dictadura, pero en época de libertad, todo tipo de teatro es bienvenido. Yo he hecho siempre teatro político, pero no panfletario. Lo respeto muchísimo. El arte, si es bueno, va unido a la política. El teatro, además, va unido a una vertiente educativa, y eso siempre lleva implícito algo de compromiso”.
José María Flotats, actor y director. “Desde Sófocles, 400 años antes de Cristo, con Antígona, hasta Tony Kushner, en el siglo XX y sus Ángeles en América, pasando por Shakespeare, con El rey Lear, Molière y su Tartufo, Lorca con Yerma o La casa de Bernarda Alba o Bertolt Brecht con El resistible ascenso de Arturo Ui, el gran teatro no ha dejado, también, de ser político”.
Juan Diego Botto, actor y director. “Todo teatro es político, desde los clásicos griegos a las comedias de puertas y sofás. Plantear una distinción es ir contra natura.Se puede hacer conscientemente o sin querer, pero siempre llevará implícita y explícitamente una visión del mundo. Vivimos un cambio profundo de sociedad y paradigmas; en este contexto, el teatro sirve para plantear y resolver dudas”.
Natalia Menéndez, directora del Festival de Almagro. “El quid reside en plantearlo de forma diferente según la época. Pero el teatro de rasgos políticos está triunfando hoy como nada, y más entre los jóvenes, en todo el mundo. El teatro fronterizo, que lidera en España Sanchis Sinisterra, o el teatro-documento que he visto triunfar en México o Perú, basado en testimonios o pruebas de denuncia de hechos concretos, funciona como pocas cosas. Siempre la escena se ha planteado fuertemente desde el compromiso, de Grecia a Shakespeare, Fuenteovejuna, La vida es sueño o Brecht. Así ha sido y será”.
Pedro Casablanc, actor. “No entiendo esa posición de Wilson. Menos cuando él habla de que la sociedad parece querer necesitar impactos y su teatro se basa, sobre todo, en eso y en distintos flashes. ¿De qué me está hablando? Yo no concibo ninguna expresión que no sea política. Más en una época como esta, cuando desde foros como el Teatro del Barrio, nos cuesta sacar tanto adelante espectáculos como el dedicado a [Luis] Bárcenas, el extesorero del PP. Está muy mal visto y no cuenta con apoyos”.
Jordi Galcerán, autor. “Los dramaturgos debemos plantearnos hacer buen teatro; el resto, si lo logramos, viene dado por añadidura. El teatro considerado político, el ideologizado, me parece redundante y normalmente pesado. Insisto: al hacer buen teatro, inevitablemente cae lo demás. Un autor contemporáneo, por lo demás, es imposible que no hable de lo que ocurre, más en un entorno de crisis, pero hay que dejarse llevar ante todo por las historias que contamos, no por las ideas que quisiéramos inculcar”.
Sergio Peris Mencheta, actor y director. “Siempre he creído que nuestro papel es el del bufón del rey. Consiste en soltar a la cara a quien gobierna lo que no hace bien. Otra cosa es que quien está al mando no acuda al teatro. Los patios de butacas adolecen de políticos, y más en épocas como esta. La ventaja que tiene el teatro sobre otras artes para expresar ideas políticas es la inmediatez. Por la mañana, Dolores de Cospedal suelta lo de los pagos en diferido de Bárcenas y por la tarde le hacen un monólogo. Yo soy partidario del teatro como medio de entretenimiento, de partida; es la única manera de despertar interés. Pero plantear la neutralidad, como creo que desearía Wilson, me parece erróneo, porque ésta es enemiga del arte”.
Gerardo Vera, director y escenógrafo. “El teatro y el compromiso político son inseparables. Son acción, intervención decidida, directa, sobre nuestro mundo más inmediato, que ilumina nuestras contradicciones como seres humanos y como ciudadanos con el fin de transformar la realidad. El teatro hoy ya no puede separarse del compromiso con nuestro entorno más cercano, y siempre será ese milagro que se hace posible a través del actor como centro de gravedad indiscutible de un arte que ya nunca deberá reducirse a informar ni a proponer soluciones, sino que nos permitirá profundizar en aspectos únicos de nuestra propia experiencia”.
Magüi Mira, actriz y directora. “¡Cómo no va a ser necesario el teatro político! La vida es política desde que uno se levanta y decide cómo vivir, a todas horas uno se está comprometiendo, y la política es un compromiso que nos correponde asumir a todos. El teatro, aunque no quieras, tiene que ser político. Por cierto, Bob Wilson también hace teatro político”.
Laila Ripoll, dramaturga y directora. “¿Teatro político? ¡Absolutamente! Y hay que abordarlo con rigor, mucho rigor, mucho arte, huyendo del ladrillo... Ya lo inventó Brecht. Todo arte es política, y las gentes del teatro creo que eso lo tenemos muy claro. No hay más que darse una vuelta por los escenarios de nuestro país”.

Fuente: Javier Yuste (elcultural.es)

20 años han pasado desde que Jordi Galcerán (Barcelona, 1964) irrumpiera vigorosamente en la escena teatral con Dakota, una alocada comedia que sigue los pasos de un dentista que, tras sufrir un accidente, sueña con extraños personajes que predicen el futuro. Desde entonces el dramaturgo se ha convertido en uno de los valores más seguros del teatro con fenómenos como El método Grönholm, una obra que se ha hecho en más de 60 países; Burundanga, que lleva 4 años en cartel en el Teatro Lara; o El crédito, su último éxito indiscutible (en la actualidad en el Teatro Maravillas). El Teatro del Temple, que también cumple 20 años, llega precisamente al Teatro Lara este martes y los próximos 9 y 23 de abril, con el montaje de Dakota. Hablamos con Galcerán de lo que significó esta historia para su trayectoria.

¿Cómo valora que una compañía como Teatro del Temple seleccionara Dakota para celebrar su 20 aniversario?
Estoy encantado. Para mí es un privilegio que las compañías de teatro sigan haciendo mis obras. Además Dakota también celebra 20 años, se estrenó en el 95. Me hace especial ilusión que después de tanto tiempo todavía alguien tenga interés en hacer una comedia como ésta. Por otra parte Dakota es atemporal, es una comedia que se podrá hace toda la vida porque trata temas universales y atemporales.

¿Qué importancia tuvo Dakota para su trayectoria como dramaturgo?
Dakota fue, para entendernos, el factor que cambió mi vida. La acogida que tuvo me llevó a abandonar definitivamente mi trabajo para ponerme a escribir. Es la primera comedia que estrené profesionalmente aunque estaba escrita para hacerla con mi grupo de teatro de aficionados. La envié a un premio [el Ignasi Iglesias] y lo ganó y en tres meses pasé de hacer mis obras en el teatro parroquial a hacerlas en el Poliorama. Y fue gracias al éxito de Dakota que conseguí trabajo escribiendo guiones para televisión y otros encargos. Es la obra que cambio mi vida.

¿Cuál fue la inspiración para esta obra?
Dakota es una comedia muy loca. Recuerdo que la escribí sin ningún plan en absoluto, como poseído por una locura, aunque casi siempre escribo de esta forma. Pero a veces las cosas cuadran. La historia se va creando ella sola y, mientras unas cosas se van sumando a otras, al final se cierra y parece que hubiera estados diseñada en torno a un plan desde el principio. Dakota es una obra muy surrealista, quizá la mas rara de las que he escrito, con muchas escenas, sueños y cosas extrañas. Todo se iba sumando y al final se construyó casi sola.

¿Por qué el mundo onírico funciona tan bien en la comedia?
La trama sigue a un dentista que cree tener sueños premonitorios que predicen el futuro. Vamos viendo estos sueños que pueden coincidir o no con lo que esta pasando en la realidad. Ese juego crea unos momentos de comedia muy divertidos pero el camino era este juego. Es decir, ¿qué pasaría si alguien viera su propio futuro y como reaccionaría? Y a partir de esta premisa cómica voy desarrollando la comedia.

¿Cree que los 20 años que han pasado desde que la escribió han modificado de alguna manera el sentido de la obra?
Hay un momento en el que un personaje llama por una cabina de teléfono. Hace 20 años no había móviles y ahora parece raros. Pero, a parte de todos estos detalles puramente prácticos, la comedia está exactamente igual. No he tocado nada porque la obra habla de ciertos sentimientos, como los celos, que son universales. Dakota no tiene ningún problema de ubicación en el tiempo y en el espacio.

¿Las claves de la comedia de Jordi Galcerán se han modificado en todo este tiempo?
Pues no lo sé. Después de Dakota y Palabras encadenadas, que funcionaron muy bien, pasé mi propia crisis de éxito. No sabía que escribir y estuve 5 o 6 años en el dique seco hasta que salió El método Grönholm y entonces volvimos a llenar. Ahora me tomo mi trabajo con mucha más tranquilidad. Escribo cuando se me ocurre algo. Por ejemplo, ahora, desde que escribí El crédito hace ya como 3 años, no se me ocurre nada interesante. Sigo escribiendo, trabajo mucho, traduzco, hago guiones para televisión, musicales, hago muchos encargos... Pero, respecto a obras propias, me lo tomo con mucha calma porque he llegado al convencimiento de que si no tienes una buena idea es mejor que no escribas y encontrar una buena idea para mí es muy difícil. Me gustaría ser Woody Allen que cada año hace una película pero lamentablemente no soy así.

Le inquieta que tarde en aparecer una idea...
No porque al final siempre tengo trabajo. Si no escribo otra buena comedia hasta dentro de 5 años pues no pasa nada y si no escribo ninguna más pues tampoco pasa nada.

¿Cuándo escribe donde le gusta hacer mas hincapié, en la trama o en los personajes?
En las historias. Me considero un autor de tramas. A mí lo que me atrapa es una buena historia, una buena expectativa. Todo lo demás viene luego: los personajes, la estructura, la forma... Pero lo primero es tener una buena pregunta sin respuesta.

Llega Dakota al Teatro Lara donde se ha hecho fuerte otra de sus obras, Burundanga. ¿Cómo valora el hecho de que esta obra aguante tanto tiempo en cartel en este teatro?
Lo mejor que le puede pasar a una obra de teatro es lo que le ha pasado a Burundanga. También le pasó a El método Grönholm, que se convirtió en un pequeño fenómeno y parecía que había que que ir a verla. Lo de Burundangaes algo que solo puede pasar en Madrid porque hay más cantidad de público potencial para el teatro. En Barcelona es imposible. Además, ahora está haciendo las mejores recaudaciones de toda su historia. Después de cuatro años en cartel es cuando mejor va. Es sorprendente pero la gente es libre, si quieren ir que vayan, yo no se que decir... [risas].

¿Qué le parece el momento que atraviesa en la actualidad el teatro?
Yo soy muy optimista. Lo he sido siempre pero últimamente lo soy todavía más. El ecosistema teatral está muy equilibrado. Hay teatro para todo tipo de público y de todo los tamaños posibles, que es lo que tiene que pasar. También tengo la sensación de que, cada vez más, el público, cuando quiera salir de casa, irá al teatro y a espectáculos en vivo y en directo. El futuro del teatro es muy esperanzador.

¿Qué proyectos tiene a corto plazo?
Tengo muchos pero puede que alguno no llegue a buen puerto. Estoy haciendo una serie de televisión para TV3 que todavía me llevará unos meses escribir, estoy con proyectos para musicales y tengo traducciones por hacer y una comedia por acabar. Muchas cosillas, a ver si alguna llega a buen término.

Font: Laura Serra (ara.cat)
El dramaturg Jordi Galceran sempre està d’actualitat perquè sempre té en cartell entre 20 i 30 produccions de mitja dotzena d’obres seves en algun lloc del món -sobretot de l’incombustible El mètode Grönholm -. El 2014 ha sigut l’any de l’expansió d’ El crèdit i de l’estrena del musical de Polònia, a més de l’adaptació en TV movie d’ El mètode. El 2015 es presenta amb projectes encara més grans: escriure una sèrie, estrenar a Broadway i obrir un teatre comercial a Barcelona.
Acostumes a dir que estàs tranquil perquè saps que l’èxit d’ El mètode no el podràs igualar, però ¿ho penses realment? No et repta superar-te? 
Sí, però costa moltíssim. El crèdit el vaig escriure fa tres anys i no n’he escrit cap altra. Vull pensar que és que sóc molt autoexigent, i no que tinc molt poques idees. Cada dia vaig a l’estudi i intento trobar una bona idea, que no hagis vist, que no et soni a res. Perquè això és el que la gent va a buscar al teatre, una cosa especial. Un cop se t’acut “Em follaré la teva dona”, la resta és fàcil.
¿Quan escrius El crèdit, ja saps que serà un èxit? 
Escrivint no, però quan vam fer la primera lectura a Girona la reacció de l’espectador va ser explosiva, a mi em recordava la d’ El mètode. Jo tinc una manera d’escriure anàrquica, no sé on acabaré, però tot el que escric m’ha de fer pixar de riure. I com que sóc un tio molt normal, penso que a la gent normal també li farà gràcia. El riure té molt a veure amb la sorpresa, amb l’absurd, que et surtin per un lloc que no t’esperes.
Això és el mètode Galceran? 
El mètode Galceran és no escriure fins que estàs convençut que tens una bona idea. És molt fàcil fer una comedieta dolenta. En canvi, una de bona és molt difícil. Hi ha gent que es pensa que la vida és com una marató, que vas corrent i, si aguantes, arribaràs al final. Jo crec que és com el tir amb arc: l’important és encertar-la, no és tirar 200 fletxes. Perquè un autor no tindrà la possibilitat d’estrenar 200 obres i veure quina va bé. Tens tres fletxes. I per això has d’entrenar-te molt. Puc pensar així també perquè les coses em van bé, però jo, si no se m’acut cap altra bona comèdia, no n’escriuré cap més. Entremig tradueixo, faig sèries, pel·lícules, em guanyo la vida.
¿Has tingut temptacions de fer El mètode Grönholm 2 ?
M’ho han proposat, però crec que quan una cosa t’ha quedat bé, no la toquis, fes-ne una altra. En el fons estaries fent el mateix acudit. I l’èxit ve de l’inesperat, de sorprendre.
El mètode va ser un èxit teatral internacional, però, en canvi, amb l’adaptació al cinema vas tenir un desengany que et va portar als tribunals per recuperar-ne els drets. 
No és gens tràgic. Tot va venir perquè van fer la pel·lícula abans que el Gronhölm fos un èxit al teatre i van dir: “Quina bona idea ha tingut aquest xaval, ara això ho farem bé”. La van canviar molt, però el que menys em va agradar és que van convertir una comèdia en un drama. I no és una història que me la pugui prendre gaire seriosament, no són personatges per a una tragèdia ni una crítica al sistema capitalista.
I les teves obres no pretenen fer un retrat o una crítica de la societat. 
Jo utilitzo la realitat per fer teatre però no utilitzo el teatre per parlar de la realitat. Per inventar-me una història, em fixo en el que tinc al voltant, llegeixo el diari, però no em plantejo el teatre a partir d’un tema. Si penses en els desnonaments, sortirà un rotllo. M’obligo a pensar històries, tot i que el primer que et ve són temes i conceptes. És com una redacció de tema lliure. Normalment la creativitat ve d’ajuntar dues o tres coses inconnexes. I si la història és bona, inevitablement parla d’alguna cosa interessant.
En tot cas, t’has tret l’espina? 
Sí, perquè quan una obra de teatre passa al cinema, l’obra desapareix i el que queda és la pel·lícula. La huella, per a la gent, és la pel·lícula de Michael Caine i Laurence Olivier. I per una vegada que em surt una cosa que agrada, vull que quedi bé.
Si dirigissis les teves obres t’estalviaries disgustos. ¿O opines el mateix dels actors que Albert Serra? 
Home, si es pogués fer teatre amb dibuixos animats seria tot més fàcil, esclar. Però jo tinc la sensació que la gran majoria de muntatges que s’han fet de les meves obres són millors que els textos. Ho he pogut comprovar amb diferents produccions. Veus Paraules encadenades amb Jordi Boixaderas i Emma Vilarasau i dius: “Quina obra més brutal!”, i la veus amb dos actors equivocats i el text es converteix en dolent. El meu teatre depèn moltíssim dels actors perquè no sóc Shakespeare, no sóc un autor d’altura literària, i els actors són els que fan créixer el text.
I no dirigeixes perquè... 
Crec que no hi sabria aportar res de nou. Quan he acabat l’obra ja sé com va, sé que, si aquí fas una pausa, farà gràcia. Però els actors han de fer un viatge per descobrir-ho, que per mi és avorridíssim, i els has de cuidar... i crec que ens emprenyaríem.
Com a dramaturg català que es guanya la vida amb el teatre, ets excepció. Hi haurà altres Galcerans? 
N’estic convençudíssim. El gran repte és que els autors catalans tinguin la intel·ligència, la capacitat i possibilitats d’obrir-se al mercat espanyol, que és el més automàtic -i això ja està passant, a Madrid hi ha 5 o 6 obres de catalans-, i més enllà. Has d’escriure per a un públic ampli. És molt difícil viure del teatre si només et quedes al mercat català, perquè som petitets. Jo tinc el camí més fàcil perquè el Grönholm va anar sol i tinc agents en diferents països. El primer que faig és traduir-me les obres en castellà i anglès. És allò que quan ets ric és més fàcil fer diners. La meva riquesa és el Gronhölm. Però em preocupa molt la situació industrial de l’autor de teatre. Al món anglosaxó hi ha la figura de l’agent, que aquí no existeix, i és qui mira de treure partit de les teves obres comercialment.
Diuen que el teatre no es pirateja...
Es pot piratejar. Jo he trobat una obra meva canviada de títol i firmada per un altre autor que es feia a Turquia des de feia tres anys i mai m’havien demanat permís ni m’havien pagat. I ho vaig trobar per Google! Després hi ha gent que fa la teva obra i no et paga drets d’autor. Perseguir això és una feina molt dura que la SGAE no fa i, com que no existeix l’agent, ho has de fer tu.
¿Sents que tens una certa responsabilitat dins del sector? 
No. Jo, si faig la millor obra possible, ja he complert. Sóc molt poc gremial. Quan em pregunten per què escric teatre, responc: “Per guanyar-me la vida”. Has d’escriure pensant a pagar les factures. Els autors fan teatre pensant que no et pots guanyar la vida senzillament escrivint, i és mentida. Es pot fer. L’únic és que t’has de dedicar a rendibilitzar el que has escrit. Si escrius teatre per guanyar-te la vida tens més possibilitats d’escriure una gran obra que no pas si escrius per fer una gran obra. Esclar que n’hi ha que ho fan, però són Shakespeare, Beckett... Ja m’agradaria ser Brecht!
El 2012 et vaig fer una entrevista i deies: “M’encantaria dirigir una sala comercial”. Com ho tenim?
Més avançadet, però encara és una il·lusió. Tinc quatre duros estalviats i m’agradaria gastar-me’ls en un teatre, però no en tinc prous per comprar un local i refer-lo, i hauré de llogar un teatre. N’he trobat un, però té problemes de llicències i encara no sé si me’n sortiré. M’agradaria portar una sala. Ho vaig veure molt clar quan vam estrenar el Gronhölm a Los Angeles. El director de Pretty woman (Garry Marshall) es va fer ric i es va comprar el Falcon Theatre i era allà, amb 80 anys, feliç. Vaig dir: “De gran vull ser com ell”.
L’horitzó és el 2015?
Si tot va bé, volem obrir la temporada que ve. Serà un teatre comercial dedicat especialment però no únicament a autors catalans i a la comèdia. Em fot una ràbia quan veiem comèdies angleses que nosaltres podríem fer molt millor! Ho farem sense ajuda pública, amb socis del sector. Barcelona és una ciutat petita però crec que dóna per a una o dues sales comercials més.
¿Et sents part del teixit teatral català o hi vius aliè?
Les dues coses alhora. En sóc un autor, però no tinc una gran relació amb el món del teatre. Tinc amics autors, però no m’implico gens en el món teatral, i crec que és bo per la feina que faig. Faig la mateixa vida que si treballés a La Caixa.
Pregunta obligada: ¿quan veurem El mètode Grönholm a Broadway?
Continuem amb la previsió d’estrenar-la a la tardor. Vam aconseguir un padrí, que era Mike Nichols, i vam trobar una estrella, que és l’única manera perquè els grans inversors hi posin diners. Doncs el dilluns fèiem la primera lectura i el dijous abans moria Mike Nichols (19 de novembre). I ara l’actor no ho veu clar i hem de tornar a començar. Si surt bé, bé, i si no, no passarà res.
Tens en cartell el musical de Polònia. Ets un dels autors a qui no li cauen els anells per fer encàrrecs. 
Al contrari. Per a mi la meva feina és un ofici. Mamet deia que és un ofici de putes. Jo, tot el que sigui dramàtic, fer històries, faig de tot. No he tornat a fer guions de televisió perquè no m’han ofert res. Però ara estic escrivint una sèrie per a TV3.
Com serà aquesta sèrie? 
Amb el Lluís Arcarazo vam pensar la sèrie que ens agradaria veure, com si fóssim americans. És de gènere, amb assassins, psicòpates, molt negra. TV3 per ara ens paga per escriure-la. El problema de TV3 és que pot tirar endavant dues o tres sèries a l’any i, per tant, té poc espai per al risc, les sèries han de ser blanques, per a tots els públics. A Espanya, en canvi, es fan sèries molt diferents. Com que Catalunya hi ha un superàvit de talent, la gent marxa a Madrid perquè aquí no hi ha espai. Per això tenim els millors actors del país fent el serial.

Font: Erik Piepenburg (The New York Times via ara.cat)
Tracy Letts sap que la seva obra, August: Osage County -aquí, senzillament, Agost-, és un cavall guanyador. La història mordaçment divertida d'una família trencada d'Oklahoma va guanyar el premi Tony, el Pulitzer i gairebé tots els altres guardons a la millor obra després que s'estrenés a Broadway el 2007. A Catalunya, l'adaptació dirigida per Sergi Belbel, en la qual es va poder veure l'últim gran paper d'Anna Lizaran, va fer rècord de públic al Teatre Nacional i es va endur tres premis Butaca. "Està provada en combat", va dir Letts en una entrevista. "L'obra s'ha posat a prova repetidament, així que no hi ha dubte". Però, ¿com funcionarà en una pel·lícula una història plena d'humor negre sobre gent intractable -especialment la matriarca Violet i les seves tres filles- ficada dins d'una antiga casa de les planúries d'Oklahoma? Letts ho esbrinarà ara que l'adaptació cinematogràfica d'Agost, protagonitzada entre d'altres per Meryl Streep i Julia Roberts -que no eren a la versió teatral-, arriba als cinemes. A les sales catalanes ho farà el 10 de gener.
"Sé que hi ha una dimensió en la pel·lícula que no és en l'obra: el comtat d'Osage", ha dit el dramaturg i actor (ha coprotagonitzat la tercera temporada de la sèrie Homeland ). La posada en escena no podia mostrar el que estava més enllà de les parets de la casa, i el públic probablement no conegui el territori. "Però portar-los a casa meva i mostrar-los el paisatge és com... profund, per a mi, un tipus que no només ha escrit una obra de teatre sinó que ha escrit una obra de teatre que és en certa manera autobiogràfica. El paisatge en si esdevé un personatge", diu Letts.
El camí de l'escena a la pantalla és difícil per als dramaturgs. Una pel·lícula que s'assembla massa a una obra de teatre pot semblar que no tingui vida i visualment pot quedar unidimensional. Però, d'altra banda, dóna a un director massa poder sense barallar-t'hi ni un cop, i ja no serà la teva història -per descomptat, si estàs en això pels diners de Hollywood, llavors tant hi fa-. Aquestes són les lliçons que van aprendre diversos dramaturgs quan les seves obres van passar a la pantalla gran.
ALFRED UHRY
'Tot passejant Miss Daisy' (1989)
Vaig tenir molta sort perquè tenia un director (Bruce Beresford) que havia dirigit diverses obres de teatre convertides en pel·lícules. Em va dir: "Deixa'm veure l'esborrany". I, quan el va veure, va afegir: "Has reescrit la teva obra. No has de parlar tant, en les pel·lícules. No cal dir: "Vaig a buscar el cotxe", ho has d'ensenyar. Enlloc de diàleg, dóna'm només una descripció de com recordes que imaginaves les coses". Així que en part va ser descriure la manera en què la llum del sol entrava a través de les persianes o els Reader's Digest apilats al radiador o com polir la plata amb un vell raspall de dents; eren coses que recordava. Jo diria que la lliçó és: simplement digues la veritat. I no la diguis massa vegades.
JOHN PATRICK SHANLEY
'Dubte' (2008)
Vaig fer Dubte al teatre (2004) i després com a pel·lícula i òpera (estrenada ara fa un any) -a Catalunya es va poder veure primer al cinema i el 2012 al teatre dirigida per Sílvia Munt amb Ramon Madaula, Rosa Maria Sardà i Nora Navas-. Vaig voler ser-hi per fer servir els nous mitjans que teníem per expressar la història de la manera que requeria. Em vaig adonar que si el sacerdot està oferint un sermó, s'ha de veure la congregació. Així que la pel·lícula va sorgir com una idea fílmica en lloc d'una idea de teatre. No és tan fàcil aconseguir que la gent vagi a veure una pel·lícula i compri crispetes per veure monges i sacerdots discutint. Realment tenia por.
TRACY LETTS
'Bug' (2006)
'Killer Joe' (2012)
'Agost' (2012)
Va ser decisió meva el fet de seguir la Bàrbara [la filla d'Agost interpretada per Julia Roberts al cinema i Emma Vilarasau al TNC] fora de casa al final de la pel·lícula, que és diferent de com acaba l'obra. Bé, em corregeixo. L'obra acaba amb la Violet [Meryl Streep/Anna Lizaran] sola a la casa, amb les seves filles que l'han deixat. Així és com acaba la pel·lícula, també. Però vaig decidir que veuríem el que passa una mica més tard. En el meu guió original, crec que la manera com havia descrit la Bàrbara era una mica més negra, més fosca. El director John Wells va prendre la decisió de no filmar-la així. La interpretació és potestat del director, en la pel·lícula. No es veu exactament com ho vaig posar sobre paper, però sí que vaig escriure que la Bàrbara sortia de casa. Hi ha un punt en el qual aixeques els braços i dius: "És la pel·lícula d'en John". No ets l'última autoritat del muntatge.
JOHN GUARE
'Sis graus de separació' (1993)
Jo vaig ser el que va haver de triar amb qui havia de dirigir-la. Vaig tenir l'oportunitat de conèixer un munt de directors. Els vaig entrevistar. Em vaig quedar molt sorprès amb el que volien fer amb l'obra, com redreçar la cronologia. En Fred Schepisi va dir que li encantava l'obra i la volia seguir [i va ser l'escollit]. L'única condició dels estudis MGM va ser que havíem de fer una prova a Will Smith. Vaig dir, solemnement: "¿Una estrella de sitcom a la meva obra?" Però en Fred i jo el vam conèixer al backstage d'El príncep de Bel Air i al cap tres minuts em vaig adonar que era el personatge d'en Paul. Imagina't: 35 milions de persones deixaven entrar el paio a casa un cop per setmana! Jo n'estava encantat. Va ser molt gratificant.
NEIL LABUTE
'En companyia d'homes'
(1997)
'La forma de les coses' (2001)
La primera gran lliçó que vaig aprendre, fa força anys, és: sigues pacient. La meva primera obra que tenia com a opció per als cineastes va ser Rounder (un títol que amb el temps es va convertir en l'obra The distance from here ). Vaig esperar un any perquè es fes la pel·lícula, cosa que mai va arribar a passar. Finalment, vaig acabar tan frustrat que vaig fer la meva pròpia pel·lícula, En companyia d'homes. Així que, segons com, la segona gran lliçó hauria de ser: sigues impacient.
AARON SORKIN
'Alguns homes bons'
(1992)
En el que em concentrava, durant l'adaptació del guió, era simplement a fer una reescriptura: escriure-ho millor. Mai he escrit res que no m'agradés tenir l'oportunitat de millorar. Alguns homes bons ha sigut la meva quimera durant 25 anys. Fa uns anys vaig fer un projecte nou per a una producció del West End. Sóc més vell i amb més experiència, i em pensava que ho podria escriure millor... També vaig aprendre que una càmera no era només un dispositiu per gravar interpretacions, que tenia un vocabulari propi. El públic pot no saber parlar aquesta llengua, però l'entén amb fluïdesa. Si fas un zoom in lent cap a un got d'aigua, es converteix en un got d'aigua significatiu, i ja pots tallar aquell text que tant t'agradava de l'obra de teatre sobre com d'important era el got d'aigua.
TERRENCE MCNALLY
'The Ritz' (1976)
'Frankie and Johnny' (1991)
Aconsegueix el millor director que puguis, que comparteixi el teu punt de vista, i lluita pels actors que desitgis. Amb The Ritz vaig tenir ofertes temptadores per fer-ho amb estrelles i directors famosos, però mai m'he penedit de la meva decisió [mantenir la majoria de l'elenc original de Broadway]. El que més em va agradar de les meves dues primeres pel·lícules és que vam preservar grans actuacions. Si et preocupes pel resultat final, has d'estar preparat per no acceptar el primer acord.
CHARLES FULLER
'Història d'un soldat' (1984)
El que no sabia abans de fer el guió d' Història d'un soldat era que escriure per a cinema és com portar un autobús, on cada viatger -i amb raó- té alguna cosa a dir sobre on està anant el teu autobús. Escriure obres de teatre, en canvi, és com anar en moto: tu ets l'únic responsable d'on va a parar el viatge i encara que tinguis algú gaudint del viatge amb tu, has de ser conscient que les motos només poden portar pocs viatgers.
Quan una obra de teatre passa al cinema, gairebé sempre deixa d'existir com a obra de teatre -explica el dramaturg Jordi Galceran, de qui han portat al cine Paraules encadenades i El mètode Grönholm sense que ell en fes el guió-. L'escena és efímera i el cinema roman en el temps. Quan parlem de Sleuth [ La huella ], per exemple, tenim al cap la pel·lícula amb Michael Caine i Laurence Olivier. L'obra d'Anthony Shaffer ha desaparegut. En aquest cas hi va haver sort, però si l'adaptació és dolenta, la teva història per sempre més serà dolenta. Per això és important estar molt a sobre de les adaptacions cinematogràfiques que es fan de les teves obres. Una cosa que jo no he sabut fer mai. Ni ganes.

Fuente: Liz Perales (elcultural.es)

Día soleado en Barcelona. Hace tanto calor para el mes que estamos, noviembre, que los vendedores de castañas y boniatos desentonan por las calles. En el barrio de L'Esquerra del Ensanche Jordi Galcerán (Barcelona, 1964) tiene su estudio, un piso de espartana decoración: estanterías con libros, una funcional mesa de oficina, sus premios en un rincón junto a una foto en blanco y negro de sus rubios hijos. Cuenta que esta casa fue su domicilio hasta que el triunfo de El método Grönholm le permitió irse a vivir con su familia a una más grande. La comedia marcó un antes y un después en su vida y en su carrera: le convirtió en el rey de la taquilla del teatro español y, probablemente, en el único autor que hoy vive exclusivamente de la representación de sus obras. También en el más internacional: la obra se ha hecho en 60 países y todavía se sigue haciendo. Y aunque es difícil superar un éxito tan brutal, ha vuelto a hacer carambola con su nueva comedia. El crédito arrasa en la cartelera de Madrid y Barcelona, donde se representa al mismo tiempo en los teatros Maravillas y Villarroel. A poco más de un mes de ser estrenada, ya se ha traducido a cuatro idiomas. Además, ha adaptado la última entrega de Echanove como director, Conversaciones con mamá, que puede verse en el Bellas Artes de Madrid. 

Tengo entendido que para la escritura de El crédito siguió un proceso poco ortodoxo.
Hace dos años el Festival Temporada Alta de Gerona organizó un Torneo de Dramaturgos. Encargó a ocho autores una obra de dos personajes, de unos 40 minutos de duración. Cada noche se leían dos textos y el público votaba. La que ganaba pasaba a la siguiente eliminatoria. Al final ganó El crédito, y ya entonces la productora Bitó me propuso escenificarla. Pero claro, lo que yo había escrito era sólo el primer acto...

Y tuvo que estirarla.
Lo que no quería era engordarlo simplemente. Pensé que como acaba con una cierta expectativa -la de un personaje que le dice al otro: “ya sabrás lo que es bueno porque me voy a follar a tu mujer”- se podía continuar la historia, intentando encontrar la lógica. Tardé casi un año en acabarla.

Sí que le costó. 
Pasa en el teatro y en la vida. Cruiff decía: “¡Qué problemático es hacer las cosas fáciles!”, y tiene toda la razón. Hacer obras muy complejas, con 27 escenas, muchos personajes... es fácil. Lo que es difícil es dar con historias simples, intensas y que tengan un conflicto que teatralmente funcione.

Es un logro de esta comedia cómo el público acepta con naturalidad el comportamiento tan absurdo de los dos personajes.
Antonio toma decisiones absurdas pero debía construir el personaje y su situación para que su comportamiento fuera plausible. Él es un hombre al que le ha dejado su esposa, está desesperado y es capaz de hacer cualquier cosa para que su mujer vuelva. Y si la solución es que otro se la tire, que se la tire... Me gusta llevar a mis personajes al filo de la navaja, pero lo importante es llevarlos a un lugar verosímil. Por eso, aunque escribo rápido, reescribo mucho, intento mimar cada réplica, tratar los sentimientos de mis personajes... Y doy a leer las obras a mucha gente para que opine.

¿Por qué son tan contados autores de comedia hoy día?
Son poco habituales en nuestro país, pero el panorama está cambiando. Cada vez hay más autores que escriben con sentido del humor. ¿Por qué hay pocos? Creo que después de Franco, con el teatro independiente, se dio un tipo de teatro de creación colectiva. Por ejemplo, muchas de las obras de las grandes compañías catalanas de aquellos años no sabemos quién las escribió exactamente. Así que la figura del autor quedó relegada. Pero desde hace diez o quince años ha vuelto a resurgir. Y en cuanto resurge la figura del autor, emergen los géneros y todo tipo de escritura.

¿No le sorprende la escasa atracción que han ejercido en las últimas generaciones de autores los buenos comediógrafos de nuestro teatro?
Hasta hace muy poco los autores de teatro se ponían muy solemnes. Era como si para escribir tuvieras que hacer algo más: hacer reflexionar al público, hacer una investigación formal, hacer experimentación... Como si escribir una buena obra de teatro no fuera suficiente. Y yo, por el contrario, siempre me he planteado ser un buen autor de teatro, nada más. Cuando escribo, mi objetivo es únicamente teatral, no quiero reflexionar sobre la sociedad, ni criticar a los poderosos, ni... Para eso escribiría un artículo de opinión en un periódico. Yo sólo quiero escribir una buena historia y sé que si lo consigo, ésta hablará por añadidura de cosas interesantes y entonces la gente podrá sacar una reflexión sobre ella. El trabajo de dramaturgo es escribir una buena historia.

¿Por eso tal vez la realidad aparece en sus obras como un apunte anecdótico?
Utilizo la realidad para hacer teatro pero no utilizo el teatro para hablar de la realidad. En Burundanga uso a ETA como elemento dramático, pero no para reflexionar sobre el terrorismo. Y en El crédito empleo algo que está pasando en la sociedad, pero lo empleo para hacer una comedia. 

¿Cómo empezó a escribir teatro?
Comencé en una compañía de aficionados. Y escribí una obra para niños. Pero a los 24 años nunca pensé que me ganaría la vida haciéndolo. Yo había estudiado Filología Catalana y mi futuro era dar clases. Luego estuve trabajando siete u ocho años en el Departamento de Educación de la Generalidad. Y en 1995, a los 30 años, las dos últimas obras que había escrito para la compañía, Dakota y Palabras encadenadas, ganaron dos premios. Entonces se estrenó Dakota y, a partir de entonces, me ofrecieron trabajo como guionista del culebrón de TV3 Nissaga de poder. Me di cuenta de que ganaba más y trabajaba menos, así que dejé mi puesto en la Generalidad.

La obra que funcionó muy bien en Barcelona fue Palabras encadenadas.
Recuerdo que hubo unas críticas tremendas, decían que yo era la gran esperanza del teatro. Claro… después de aquello atravesé un periodo de cinco años en el que no sabía qué escribir. Sólo guiones para televisión. En la primera edición del T6 (Tallers 6), cuando ya estaba Sergi Belbel en el Teatro Nacional de Cataluña (TNC), firmé un contrato que me obligaba a escribir una obra. Y estando allí tuve un pequeña iluminación. Me dije: “Si lo que gustó de mi teatro eran aquellas obras que escribía para pasármelo bien, tengo que volver a escribir de aquella manera, para que la gente disfrute, no para decir grandes cosas”. Así surgió El método Grönholm.

O sea, que estuvo cinco años en el dique seco.
Cuando estrené Palabras encadenadas me llamó Flotats, que estaba en el TNC. Quería hablar conmigo. Y su mensaje al término de la reunión fue: “Con lo bien que escribes, con la gracia que tienes, en vez de escribir obras como Dakota, haz algo con más profundidad, con más altura”. Me fui de allí diciendo 'tiene razón'. Hoy pienso que aquella reunión me hizo perder precisamente esos cuatro o cinco años en los que no sabía qué escribir. Hasta que me di cuenta que yo debía hacer lo que quería, no lo que le diera la gana a Flotats.


Altura teatral

Ahora tiene el aplauso del público pero si estrenara en un teatro oficial, ¿no tendría también el reconocimiento de las élites culturales? 

Si uno busca el reconocimiento, no escribirá. Es como la gastronomía, ahora es cultura y antes era hacer unos huevos fritos. Hoy hacer esos huevos se puede convertir en un gran acto artístico. Yo siempre digo que lo que escribo no tiene altura literaria. Y como lo sé, intento que tenga altura teatral, que sea un vehículo para que buenos actores cuenten una historia. Si fuera capaz de escribir obras apasionantes, con fantásticos personajes y de altura literaria, sería Shakespeare, o Brecht, o Beckett... Pero uno ha de ser consciente de en qué liga juega y yo quiero ganar mi liga, no la de los demás. Cuando veo teatro, me doy cuenta de que hay autores que juegan en una liga equivocada. 

Tiene dos tipos de obras, las que plantean situaciones inquietantes, tipo Palabras encadenadas, y los artefactos cómicos sazonados con ese humor corrosivo que le distingue.
Quizá se podría decir así por el tono de las obras, pero no por las historias que se cuentan. Cualquier trama se puede contar en cualquier tono. Dakota, por ejemplo, es la historia de un tipo que sueña que su mujer se va a liar con otro, lo hace y lo abandona. Podría haber hecho un drama. Palabras encadenadas es la historia de un hombre que secuestra a una mujer y la tortura hasta matarla. Mucha gente se reía de ello en el teatro. Carnaval cuenta un secuestro y el público también se reía. Creo que se puede hacer humor con casi todo. Además, las historias de comedia son de gente que sufre. El método Grönholm la escribí como comedia, pero en su adaptación al cine se convirtió en drama, y ya no me gustó.

¿Cree que todo puede llevarse al terreno de la comedia?
Hay que encontrar la manera, no es fácil. ¿Por qué nunca se había hecho una función con etarras? Nadie se había atrevido, es un tema muy sensible. Me costó muchísimo dar con los resortes de la historia. Sí que he encontrado un tema incompatible con la comedia: la pederastia.

Con el éxito de El método Grönholm consiguió algo excepcional en el teatro español para un autor, vivir de sus obras. Y entonces decide irse a Estados Unidos, para conocer el funcionamiento de Broadway.
Gané bastante dinero con El método... y decidimos irnos toda la familia a Estados Unidos, a pasar un año sabático. Y comenzamos las negociaciones para hacer allí El método... Pero todavía seguimos, aún no se ha estrenado en Nueva York.

¿Por qué es tan complicado hacerse un hueco allí?
La principal diferencia entre Broadway y nuestro sistema es industrial. El dinero que puedes ganar o perder es muchísimo y esto afecta a todo el proceso de producción. Para hacer algo allí el primer paso es tener agente, si no, no existes. Yo he conseguido tener una. Ella vendió las derechos al productor de Mamet, pero finalmente no lo vio claro y abandonó. El método... tiene un problema para los americanos: no tiene protagonista, los cuatro personajes tienen el mismo peso y allí es muy difícil encontrar una estrella que lo acepte. Luego lo vendí a unos productores más pequeños que hicieron una producción de prueba en Los Ángeles, fue muy bien y tuvo muy buenas críticas. Con aquello ya podíamos ir a buscar un productor mayor que financiara el desembarco en Broadway. Y ahí estamos. Es difícil que un autor extranjero entre en Broadway, ellos tienen 300 fantásticos. La única autora viva que lo ha conseguido es Yasmina Reza. Imagínese lo que cuesta que entre allí un tipo desconocido, de España, que encima escribe en catalán.


La importancia del actor

Carlos Hipólito y Luis Merlo protagonizan su obra en Madrid, y Jordi Boixaderas y Jordi Bosch en Barcelona. ¿Cuál de las dos producciones le convence más?

La de Barcelona funciona mejor cómicamente, pero la de Madrid tiene más verdad. Estoy encantado, lo más importante para mi teatro son los actores. Un actor poco puede hacer con una mala obra. Ahora, una buena obra sí que puede ser destrozada por un mal reparto.

¿Siente que ya sí tiene un público que le sigue?
Es algo que se obtiene con el tiempo. Ahora, con El crédito, parece que sí. Conseguir que el publico vaya a ver una obra por el autor es difícil en este país, porque generalmente van a ver a los actores. Sí puede que ahora la gente diga:“Vamos a ver la de Galcerán porque seguro que lo pasamos bien, es el mismo que el de El método”. Pero llegar hasta aquí ha costado mucho tiempo. 
Fuente: José Luis Romo (metropoli.com)

El crédito, la última comedia de Jordi Galcerán, se estrena estos días en Madrid y Barcelona. En la capital lo interpretan Carlos Hipólito y Luis Merlo a las órdenes de Gerardo Vera, mientras que, en la ciudad condal, lo hacen Jordi Bosch y Jordi Boixaderas bajo la batuta de Sergi Belbel. Dos tríos de lujo para un texto con dos montajes diferentes. Ésta ha sido la tónica en los últimos años de las carteleras barcelonesa y madrileña: vivir de espaldas la una a la otra. "Allí son muy suyos. La función ha ido bien en todas partes menos en Barcelona, porque allí sólo funciona lo que se hace en catalán", se quejaba Verónica Forqué hace un par de años, al hilo de la gira de Adulterios, la pieza de Woody Allen en la que dirigía a María Barranco y Miriam Díaz Aroca.


Sin embargo parece que, mientras en lo político Madrid y Barcelona se distancian, en lo escénico el puente aéreo cada vez tiene más vuelos. La efervescencia de ambas carteleras se contagia y retroalimenta. Autores punteros en Cataluña como Carol López han dado el salto a Madrid.
Ella triunfó la pasada temporada en la escena capitalina con Hermanas, pero se muestra cauta con esta tendencia. "Yo estrené Germanes en Barcelona con un éxito enorme en 2008 y a Madrid no llegó hasta 2013. Creo que sí podría haber venido antes pero no ha sido hasta ahora. Lo que ocurre es que no sé si de verdad en estos momentos hay más intercambio, que debería ser lo habitual. Oigo que compañeros van a Madrid y creo que así es como debería ser, pero no lo sé".
Coincidencia o no, Carol López regresará este año a Madrid para estrenar El viaje a ninguna parte en el Centro Dramático Nacional, mientras que el madrileño Miguel del Arco irá al Teatre Lliure a dirigir El enemigo del pueblo, en catalán. A sus órdenes tendrá a Pablo Derqui, actor popular gracias a montajes como Unes veus o Mort d'un viatjant.
"Estoy muy ilusionado con el proyecto. Creo que Lluis Pascual ha abierto mucho la mano y ahora ya no hay cosas sólo en catalán (en estos momentos, el Lliure programa Un trozo invisible de este mundo, un montaje de Juan Diego Botto, que empezó su andadura en el Teatro Español). Yo sí que noto cómo cada vez hay más gente de Madrid aquí y de Barcelona en Madrid. Todos salimos ganando porque lo importante es crear y el intercambio de ideas nos enriquece a todos". Derqui estará hasta el 13 de octubre en el Matadero con Roberto Zucco, una pieza que recibió magníficas críticas en su estreno en el Teatre Romea.

La escena off barcelonesa también llegará a la ciudad del Manzanares. Un ejemplo es El rey tuerto, un gran éxito de crítica y público de Marc Crehuet. Este verano agotó entradas en el madrileño Teatro Lara y se ha hecho un hueco de nuevo en la Sala Mirador que comanda Juan Diego Botto, donde se verá a partir del 17 de octubre.

Otro gran éxito barcelonés de la pasada temporada que se podrá ver en Madrid es la comedia gay Smiley, de Guillem Clua. Él ya sabe lo que es estrenar en Madrid gracias a impresionantes montajes como La piel en Llamas. "Yo también creo que cada vez hay más trasvase teatral entre ambas ciudades. Es una de las pocas consecuencias buenas de la crisis, porque es fruto de la necesidad. Antes hacíamos una producción y a lo mejor nos conformábamos con estar dos meses en Barcelona. Ahora queremos moverla más". Él precisamente se va a mudar a Madrid por un tiempo. "Tiene que ver con esto que estamos hablando. Yo llevo años diciendo que es increíble que no haya más intercmbio, porque nos enriquece a todos".
Como hablamos de interambio, también hay madrileños a los que ir a Barcelona les sienta bien. Es el caso de Ron La lá. La compañía ha estrenado en el Tetre Poliorama su montaje Siglo de Oro, siglo de ahora, donde se podrá ver hasta el 13 de septiembre. Un montaje ganador del MAX que está funcionando muy bien en la ciudad condal.
Carlos Be, curiosamente, nació en Barcelona pero ha crecido como dramaturgo en Madrid con obras en castellano. Ahora, su ciudad natal le está descubriendo. Allí representa ahora Peceras y Elepé en Átic 22 y en Teatre Tarantana se podrá ver Exhumación, del 25 al 29 de septiembre. Todas ellas en castellano. "Yo creo que ahora mismo la cartelera de Barcelona es más permeable. A esto han ayudado mucho las redes sociales. Los aficionados a través de Twitter, por ejemplo, siguen lo que pasa en otros lugares y apoyan para que los montajes se muevan de un lugar a otro. Ocurrió por ejemplo con El rey tuerto de Crehuet". Además, Carlos B quiere dejar claro que la barrera idiomática no debería ser un problema. "Yo he trabajado en Checho. Aquí representamos las obras en castellano porque Cataluña es bilingüe. Lo importante es el boca oreja y que la calidad del texto sea buena".