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Hay experiencias que merecen un reglón a parte y la que os intentaré narrar es una de ellas. No he visto nada similar en mi vida. Nunca. 

SLEEP NO MORE. Site Specific. http://sleepnomorenyc.com Viernes 9 de diciembre de 2016

A pesar de mis recelos al ver el trailer no me podía ni imaginar lo que me esperaba. Si tenéis pensado visitar Nueva York es un imprescindible y dejar de leer, es mucho mejor ir a tientas.

He sido público de algunos Site Specific en mi vida, pero nada comparable a esto. Lo que ellos llaman hotel, que es más bien una discoteca en un edificio de cuatro plantas, al menos las que te dejan recorrer. Sin abrigo y sin bolso, y con el móvil apagado te dan una máscara, requisito llevarla puesta durante las tres horas que dura la experiencia. Las 500-1000 personas que calculo que entran por función se convierten en seres anónimos e iguales. 

A partir de ahí eres libre de moverte, subir bajar, seguir a un personaje. Tú decides cómo quieres vivir la experiencia. Escasa iluminación en un ambiente lúgubre, una música repetitiva y penetrante te va acompañando en cada habitación. Según la sinopsis una mezcla entre Macbeth de Shakespeare y Rebecca de Hitchock, pero que poco importa si conoces de qué puede ir la historia porque al vivirla tan fragmentada y desordenada puede ser eso o algo completamente diferente. 

No hay diálogo, prohibido hablar entre el público y los personajes sólo hacen uso del movimiento, a veces con acciones repetitivas, otras es la danza la protagonista de su escena. La puesta en escena es impresionante, sólo de pensarlo aún hoy se me pone la piel de gallina, de lo que presenciaron mis ojos, cada una de las habitaciones estaba decorada hasta el más mínimo detalle, tuviera o no tuviera personaje. Al contar con una iluminación "pitch dark" cada vez que entras en una habitación, a veces lo de menos es lo que tus ojos puedan ver, sino lo que sientes, tus pies tocan el suelo, pero ha dejado de ser cemento, para ser tierra, para ser ramas, para ser...

No soy capaz, ni aún hoy, de describir el cúmulo de sensaciones que tuve en las tres horas, en las que literalmente no paré de recorrer las estancias. No sé si el secreto es ir siguiendo personajes para servir de nexo entre las diferentes y desordenadas escenas, quizás si en vez de campar a mis anchas durante algún tiempo lo hubiera hecho así, no me hubiera perdido la escena más gore de la trama. Sí que reconozco que el calor, el cansancio se apoderaron de mi (también es cierto que llevaba todo el día pateando Nueva York) y ví alguna escena por partida doble, al final pierdes la conciencia si has visto y entrado en todas las habitaciones posibles de las cuatro plantas. Simplemente deambulas buscando un nuevo personaje a quién seguir (y a ser posible que venga con sofá incorporado, a última hora de la noche, el espectáculo comienza a las 23h y termina a la 1h).

La última escena es conjunta, todo el público se "vuelve a ver las caras". A la salida, previo trago necesario de tap water, resulta de lo más interesante intercambiar opiniones. Y aunque el título advierta de que quizás esa noche no consigas dormir, yo cerré los ojos, de vuelta en Brooklyn, con una sonrisa de oreja a oreja. No tengo palabras. Increíblemente impresionante. OMG!

NEW YORK CITY. PART TWO

by on 20:54
Hay experiencias que merecen un reglón a parte y la que os intentaré narrar es una de ellas. No he visto nada similar en mi vida. Nunca.  ...

Tranquilos que no lo voy a escribir en inglés, confieso que no sé si sería capaz.

THE LION KING. Domingo 4 de diciembre de 2016.

La primera vez que vi un musical en Londres, hace 4 años, yo que no soy demasiado dada a los musicales, dije que me costaría ver un musical patrio. Después de ver El Rey León en Broadway lo confirmo. Es imposible ver algo así ni en Madrid ni en Barcelona, primero porque no tenemos teatros habilitados para tal ingeniería y segundo no podemos pagar 150€ por una entrada y abarrotar el teatro función detrás de función. Los actores quizás sea la parte más fácil de copiar. 

Musical familiar con una puesta en escena apabullante en todos los sentidos, desde la escenografía, que sale, entra, se esconde, hasta un vestuario que te deja boquiabierto. Pero quizás lo que más me llamó la atención es el uso, en el fondo y en la forma de los títeres. Cómo desde el minuto uno dejas de ver al humano que los mueve y empiezas a ver el animal. Impresionante.

Ni que decir tiene que la música, las canciones que ya conocemos firmadas por Elton John y unas voces espectaculares te dejan sin aliento. Ya sea el mítico Hakuna Matata, que obviamente te sabes en castellano, por la malección establecida en España de traducirlo todo, pero que en inglés combina mejor.

Sin entender nada de inglés, como le pasó algún miembro de mi família, sólo por ver lo que se llega a desplegar en el escenario, es dinero bien invertido. Tendrá que pasar mucho tiempo hasta que vea algo similar. 

THE WOLVES. Texto: Sarah Delappe's. Dirección: Lila Neugebauer. Intérpretes: Kate Arrington, Brenda Coates, Jenna Dioguardi, Samia Finnerty, Midori Francis, Lizzy Jutila, Sarah Mezzanotte, Tedra Millan, Lauren Patten y Susannah Perkins. Duración: 90min. Foto: The New York Times. The Duke on 42nd Street. (Lunes 5 de diciembre de 2016)

Hecho inaudito, obra escrita por una mujer, dirigida por una mujer, protagonizada por mujeres y que habla de lo que le pasa al género femenino. Y sí, había hombres en el público. No era una secta. Juventud, una obra de juventud, con caras muy jóvenes, actrices que en algunos casos no parecen haber llegado ni a la mayoría de edad. 

Un equipo de fútbol europeo, el soccer allá es muy de chicas, se reúne para entrenar y durante los entrenamientos vamos conociendo las personalidades de sus protagonistas, sus miedos, sus anhelos, sus deseos, lo que en algunos casos simplemente parece un cúmulo de hormonas y otras un desarrollo de pequeñas historias con una intensidad sin límites. 

The Wolves más que tener un argumento de presentación, desarrollo y desenlace es un ejercicio de estilo que desarrolla el lenguaje, una verborrea que no cesa, a veces varias conversaciones a la vez, en una sala de pequeñas dimensiones, poco más de cien espectadores por función, un Off Broadway, que ha convencido al público y a la crítica. 

The Wolves es una bomba preparada para estallar, un buen ejercicio, lleno de ritmo que mantiene al espectador expectante y que guarda una sorpresa final. La manera como la dramaturgia te va llevando a su terreno, poco a poco sin revelarte casi nada es excepcional. He visto pocas obras que sin explicarte casi nada te mantengan en vilo de esta manera. Eso sí, si no dominas el inglés, te perderás buena parte del hilo. La atención a la acción es casi tan importante que te olvidas que estás en una sala. Eres tu, ellas y el impulso natural de querer saber de qué están hablando. 


THE NUTCRACKER. 2017 Winter Season New York City Ballet. Lincoln Center. Martes, 6 de diciembre de 2016

Actividad familiar que se salta mi poca disposición a las puntas. Me gusta la danza contemporánea pero no el ballet, y aunque la experiencia fue más que satisfactoria, la danza clásica me sigue sin gustar. Sólo recuerdo haber visto El Cascanueces una vez, y he de decir que no recordaba toda la parte teatral, gracias a esta gran carga interpretativa, superé con éxito no quedarme dormida (dicho sea de paso los días como turista en Nueva York son agotadores).

Pero aunque no me hubiera gustado la representación, el mero hecho de entrar en uno de los teatros del Lincoln Center, David H. Koch (la profesión tira) ya valió la pena la experiencia. Impresionante auditorio, donde la tecnología moderna se atisba a primera vista, pero que en esta ocasión lo moderno no está reñido con la belleza. 

Impresionante también el conjunto de la New York City Ballet Orchestra acompañada del New York Ballet. El despliegue de medios a nivel de escenografía, vestuario, iluminación es absolutamente majestuoso, incomparable con nada que hayan visto mis ojos hasta el momento, y dudo mucho que vuelvan a ver algo similar. Quizás no sea mucho de puntas, pero hay experiencias que vale más vivirlas.


Fuente: Vicente Jiménez (elpais.com)
Oír el color amarillo, ver un do sostenido, tocar el dulce del azúcar, saborear el tacto del terciopelo, oler un número… La sinestesia es un desorden (o un regalo del cielo) que mezcla los sentidos y que padecen (o gozan) muchas personas en la intimidad. El cielo y el infierno juntos. Peter Brook, el gran director teatral, nos entrega a los 89 años su tercer viaje al cerebro humano. Primero fue El hombre que (1993), basado en textos del neurólogo Oliver Sacks. Después llegó  Yo soy un fenómeno (1998), la historia real de un hombre condenado a recordarlo todo, desde la caída de una hoja hasta el nacimiento de un hijo. Ahora, el genio británico nos lleva al El valle del asombro (Valley of Astonishment), título tomado del poema épico La conferencia de los pájaros, del persa Farid Al-Din Attar(siglo XII), obra con la que vuelve, por décima vez, al Festival de Otoño a Primavera de Madrid del 23 al 26 de octubre en Teatros del Canal.
Brook recibe a EL PAÍS en el Theater for a New Audience de Brooklyn. Es una mañana luminosa y el teatro está vacío. Marie-Hélène Estienne, su compañera desde hace 40 años, llega la primera a la improvisada sala de café que acogerá la entrevista. Nos advierte de que no serán posibles las fotos en el escenario: “Están ensayando otra obra”. Brook aparece apoyado en su bastón. Le cuesta caminar pero cada paso, firme en su fragilidad, es una revuelta, una reafirmación de su presencia en la tierra. Brook posa en el patio con árboles que rodea al edificio. Allí, un tranquilo vagabundo ajeno a todo contempla la breve sesión.
Esta es su tercera obra sobre el cerebro humano. ¿Está obsesionado con ese órgano?
¿Tiene usted cerebro?
Creo que sí, pero a veces no estoy seguro.
Se equivoca. Le guste o no, todas las criaturas tienen algo ahí. Ese horroroso trozo de carne controla cada aspecto del pensamiento, del movimiento... Todo está ahí. Es un mundo, un universo. En uno de sus libros, Oliver Sacks dijo: “La gente a la que se considera loca, vive las mismas aventuras épicas que los mitos griegos”. Después de haber hecho Mahábharata nos preguntamos dónde podríamos encontrar eso hoy. No en las calles, no en la política... El teatro es compartir algo que toda la gente puede sentir, que es la riqueza y los problemas que se materializan en la gente que sufre alguna dificultad.
Parece más una investigación que una obra de teatro...
No sé cuál es la diferencia. En su día llamamos investigación teatral a El hombre que. Es más bonito en francés: recherche théâtrale. No sé cómo se dice en español.
¿Investigación teatral?
Investigación teatral. Hacer una obra de Shakespeare, ¿es una investigación? No sabemos a dónde vamos. Entramos en la obra, pero Shakespeare está más allá de usted y de mí. Siempre se abre algo. Esa es la razón por la que estoy en contra de la tradición. La tradición es cerrar la puerta. Me parece horrible una ópera cuando me dicen que su compositor la escribió hace 300 años para que se haga de una determinada manera. Yo les digo que la ópera está llena de vida, de humanidad, los cantantes, los actores…. ¿Investigación? Sí.
¿Qué vínculos tiene esta obra con El hombre que y Yo soy un fenómeno?
Esta tiene que ir más lejos. Por eso se llama El valle del asombro, que viene de La conferencia de los pájaros, un viaje de decenas de pájaros en busca de un rey en el que tienen que atravesar muchos valles. Cada valle es más difícil y al mismo tiempo más abierto que el anterior. Subes, bajas y vuelves a subir. Y desde ahí ves lo que no podías ver desde el otro lado. El hombre que abrió este tema; Yo soy un fenómeno fue una investigación de algo nuevo, el caso de un hombre real con una extraordinaria memoria en la que la sinestesia mezclaba los colores, las formas, los sabores. Son personas que están entre el asombro y las dificultades. Desde ahí queríamos ir más lejos.
He intentado imaginar un mundo en el que cada sonido tiene un color; cada color, un sabor; donde un número es una mujer obesa, como sucede en El valle del Asombro. Me parece una pesadilla.
Pero podemos sentirlo. Cada vez hay más gente que viene a al teatro a ver lo extraordinario. El teatro nos permite sentir algo. Eso es el teatro, sentir algo.
¿Por qué la sinestesia?
Es una enfermedad que se conoce desde hace cientos de años. Ha habido grandes escritores, poetas, compositores que la han padecido. Pero solo recientemente, hace 30 o 40 años, los neurólogos le pusieron nombre. Cuando empecé mi investigación con Marie-Hélène, muchos amigos médicos me preguntaban qué estaba haciendo, y les decía que algo sobre la sinestesia. Ninguno de ellos conocía esa palabra.
Los sinestésicos, ¿son afortunados o desgraciados?
Las dos cosas. El médico les dice que es una enfermedad poco frecuente y que va a intentar curarles. Pero ellos dicen que no, que es su vida, que no puede arrebatársela. Y pagan un precio muy elevado, porque sufren. Sufren por sus padres, que les dicen que no se lo digan a nadie. Más tarde, en el colegio, los profesores les dicen que por qué no escuchan. Llegan a la edad en que pueden salir al mundo y esconden lo que les pasa. Se sienten apartados, pero desean formar parte de la comunidad. Algunos han descubierto que la enfermedad es una fuente creativa. Y se ponen a pintar. Otros son músicos. La pureza es una fuente de descubrimientos. Por eso decimos que la sinestesia puede ser tanto el paraíso como el infierno.
Para la obra trabajó con gente con sinestesia. ¿Cómo fue la experiencia?
Estaban muy contentos. La gente con cualquier enfermedad agradece el interés desde el cariño. Sin amor no puedes hacer nada.
El personaje principal es una mujer con una capacidad prodigiosa para recordar (interpretado por la estadounidense Kathryn Hunter). Pero al mismo tiempo es su condena. ¿Es posible vivir sin olvidar?
Podemos aprender a olvidar. Hoy en día existen técnicas para la gente que revive las cosas terribles que ha sufrido. Pero eso es muy pequeño en comparación con el vaciado de toda la memoria. Piense en su memoria, en la cantidad de cosas que tiene. Basta una cosa pequeña para que salgan a flote. No tengo ninguna razón para pensar en EL PAÍS o en Madrid, pero si usted los cita mis recuerdos me llevan a mi primera vez en Madrid. Y le puedo hablar de ello durante media hora. Para deshacernos de todo eso se necesita ayuda.
Los seres humanos recibimos cada día montañas de información desordenada. ¿Cómo soportarlo?
Lo hacemos, porque tenemos un mecanismo que dice esto sí y esto no. Sin embargo, El valle del asombro es la historia de alguien que no puede. Es un paraíso y un infierno. Es maravilloso poder recordar cuando lo deseas, y horroroso cuando sientes que no puedes evitar hacerlo, que todo queda ahí. Imagine todo lo que le sucede en un día. Si cierra los ojos y todo eso vuelve, usted gritaría.
¿A qué se refiere cuando dice que quiere llevar al espectador a territorios desconocidos con esta obra?
Usted hace el esfuerzo de ir al teatro y espera algo que le emocione. El teatro está para experimentar algo. Si vas y te decepciona, tienes una experiencia mala. Pero si vas y, como se dice en francés, ça vaut la peine... ¿Cómo es en español?
Vale la pena.
Esa es la prueba, si vale la pena. Esa es toda la diferencia. Es la razón por la cual no puedo trabajar sin sentir que el público forma parte de ello. No tiene sentido. Si el público no forma parte de lo que hacemos, es una masturbación. Un grupo de actores trabajando sin público es una masturbación. Todos los ensayos son para el momento de la verdad. Es ese momento en el que piensas que estás viviendo la misma experiencia que la gente. En ese momento la experiencia vale la pena.
¿Se refiere a eso cuando afirma que con El valle del Asombro nos quiere enseñar lo invisible?
Quiero enseñar cómo lo invisible se apodera de nosotros. Es lo que se llama inspiración. En el flamenco, por ejemplo, el cuerpo que estamos viendo no cambia, es igual, la cara, los ojos, el pelo... Pero mientras escuchas, de repente, sientes la inspiración, lo invisible llega y entra en el sonido, en las palabras y se apodera de ti. Es como la corriente eléctrica, como la luz.
¿Una obra es como un cerebro humano?
El teatro lo es. Para mí, es un cerebro compartido. Nosotros, el público, la gente que actúa, los músicos, compartimos la experiencia dentro de un espacio. Lo ideal para la concentración es un espacio cerrado. Pero no cualquier espacio cerrado, sino uno que da a todo el mundo esa sensación de estar dentro de un cerebro.
Esta es la décima vez que usted acude al festival de Madrid.
Madrid forma parte de mi vida. Empezó muy pronto. Una cosa muy interesante que observé es que en el español hay algo más cercano al inglés que en los otros idiomas europeos. Aunque es un idioma latino y son culturas diferentes, hay algo común en el gusto y en la textura. En la época dorada del teatro español observamos una mezcla de algo hermoso y poético, en el sentido de un idioma que tiene una textura.
Veo que se atreve con algunas palabras en español.
Aprendí un poco con un libro antes de ir a Madrid en mi primera visita. Le dije al hombre del hotel: “La llave”. “Sí, señor”, me contestó. Le dije, “Perdón, he olvidado mi nombre”. Yo quería decir que había olvidado mi número. Y me dijo, “Un momentito”. Vi que fue a buscar al director y le oí algo sobre una película en la que alguien había perdido la memoria. Me di cuenta de mi error y le dije, en inglés: “He olvidado mi número”. Y dijo: “Ah”. Esa fue mi primera experiencia.
¿Le interesa el teatro actual?
Dicho así, en general, no. Es como si me pregunta si me interesa la comida. La comida abarca todas las cosas, pero me interesa si me dan algo bueno. Es lo mismo con el teatro. Me interesa cuando hay una buena experiencia. Pero no me interesa el teatro como forma, como profesión. El teatro es comida. Cuando la gente me pregunta cuál será el futuro del teatro yo le contesto que cuál será el futuro de la comida.

Font: Erik Piepenburg (The New York Times via ara.cat)
Tracy Letts sap que la seva obra, August: Osage County -aquí, senzillament, Agost-, és un cavall guanyador. La història mordaçment divertida d'una família trencada d'Oklahoma va guanyar el premi Tony, el Pulitzer i gairebé tots els altres guardons a la millor obra després que s'estrenés a Broadway el 2007. A Catalunya, l'adaptació dirigida per Sergi Belbel, en la qual es va poder veure l'últim gran paper d'Anna Lizaran, va fer rècord de públic al Teatre Nacional i es va endur tres premis Butaca. "Està provada en combat", va dir Letts en una entrevista. "L'obra s'ha posat a prova repetidament, així que no hi ha dubte". Però, ¿com funcionarà en una pel·lícula una història plena d'humor negre sobre gent intractable -especialment la matriarca Violet i les seves tres filles- ficada dins d'una antiga casa de les planúries d'Oklahoma? Letts ho esbrinarà ara que l'adaptació cinematogràfica d'Agost, protagonitzada entre d'altres per Meryl Streep i Julia Roberts -que no eren a la versió teatral-, arriba als cinemes. A les sales catalanes ho farà el 10 de gener.
"Sé que hi ha una dimensió en la pel·lícula que no és en l'obra: el comtat d'Osage", ha dit el dramaturg i actor (ha coprotagonitzat la tercera temporada de la sèrie Homeland ). La posada en escena no podia mostrar el que estava més enllà de les parets de la casa, i el públic probablement no conegui el territori. "Però portar-los a casa meva i mostrar-los el paisatge és com... profund, per a mi, un tipus que no només ha escrit una obra de teatre sinó que ha escrit una obra de teatre que és en certa manera autobiogràfica. El paisatge en si esdevé un personatge", diu Letts.
El camí de l'escena a la pantalla és difícil per als dramaturgs. Una pel·lícula que s'assembla massa a una obra de teatre pot semblar que no tingui vida i visualment pot quedar unidimensional. Però, d'altra banda, dóna a un director massa poder sense barallar-t'hi ni un cop, i ja no serà la teva història -per descomptat, si estàs en això pels diners de Hollywood, llavors tant hi fa-. Aquestes són les lliçons que van aprendre diversos dramaturgs quan les seves obres van passar a la pantalla gran.
ALFRED UHRY
'Tot passejant Miss Daisy' (1989)
Vaig tenir molta sort perquè tenia un director (Bruce Beresford) que havia dirigit diverses obres de teatre convertides en pel·lícules. Em va dir: "Deixa'm veure l'esborrany". I, quan el va veure, va afegir: "Has reescrit la teva obra. No has de parlar tant, en les pel·lícules. No cal dir: "Vaig a buscar el cotxe", ho has d'ensenyar. Enlloc de diàleg, dóna'm només una descripció de com recordes que imaginaves les coses". Així que en part va ser descriure la manera en què la llum del sol entrava a través de les persianes o els Reader's Digest apilats al radiador o com polir la plata amb un vell raspall de dents; eren coses que recordava. Jo diria que la lliçó és: simplement digues la veritat. I no la diguis massa vegades.
JOHN PATRICK SHANLEY
'Dubte' (2008)
Vaig fer Dubte al teatre (2004) i després com a pel·lícula i òpera (estrenada ara fa un any) -a Catalunya es va poder veure primer al cinema i el 2012 al teatre dirigida per Sílvia Munt amb Ramon Madaula, Rosa Maria Sardà i Nora Navas-. Vaig voler ser-hi per fer servir els nous mitjans que teníem per expressar la història de la manera que requeria. Em vaig adonar que si el sacerdot està oferint un sermó, s'ha de veure la congregació. Així que la pel·lícula va sorgir com una idea fílmica en lloc d'una idea de teatre. No és tan fàcil aconseguir que la gent vagi a veure una pel·lícula i compri crispetes per veure monges i sacerdots discutint. Realment tenia por.
TRACY LETTS
'Bug' (2006)
'Killer Joe' (2012)
'Agost' (2012)
Va ser decisió meva el fet de seguir la Bàrbara [la filla d'Agost interpretada per Julia Roberts al cinema i Emma Vilarasau al TNC] fora de casa al final de la pel·lícula, que és diferent de com acaba l'obra. Bé, em corregeixo. L'obra acaba amb la Violet [Meryl Streep/Anna Lizaran] sola a la casa, amb les seves filles que l'han deixat. Així és com acaba la pel·lícula, també. Però vaig decidir que veuríem el que passa una mica més tard. En el meu guió original, crec que la manera com havia descrit la Bàrbara era una mica més negra, més fosca. El director John Wells va prendre la decisió de no filmar-la així. La interpretació és potestat del director, en la pel·lícula. No es veu exactament com ho vaig posar sobre paper, però sí que vaig escriure que la Bàrbara sortia de casa. Hi ha un punt en el qual aixeques els braços i dius: "És la pel·lícula d'en John". No ets l'última autoritat del muntatge.
JOHN GUARE
'Sis graus de separació' (1993)
Jo vaig ser el que va haver de triar amb qui havia de dirigir-la. Vaig tenir l'oportunitat de conèixer un munt de directors. Els vaig entrevistar. Em vaig quedar molt sorprès amb el que volien fer amb l'obra, com redreçar la cronologia. En Fred Schepisi va dir que li encantava l'obra i la volia seguir [i va ser l'escollit]. L'única condició dels estudis MGM va ser que havíem de fer una prova a Will Smith. Vaig dir, solemnement: "¿Una estrella de sitcom a la meva obra?" Però en Fred i jo el vam conèixer al backstage d'El príncep de Bel Air i al cap tres minuts em vaig adonar que era el personatge d'en Paul. Imagina't: 35 milions de persones deixaven entrar el paio a casa un cop per setmana! Jo n'estava encantat. Va ser molt gratificant.
NEIL LABUTE
'En companyia d'homes'
(1997)
'La forma de les coses' (2001)
La primera gran lliçó que vaig aprendre, fa força anys, és: sigues pacient. La meva primera obra que tenia com a opció per als cineastes va ser Rounder (un títol que amb el temps es va convertir en l'obra The distance from here ). Vaig esperar un any perquè es fes la pel·lícula, cosa que mai va arribar a passar. Finalment, vaig acabar tan frustrat que vaig fer la meva pròpia pel·lícula, En companyia d'homes. Així que, segons com, la segona gran lliçó hauria de ser: sigues impacient.
AARON SORKIN
'Alguns homes bons'
(1992)
En el que em concentrava, durant l'adaptació del guió, era simplement a fer una reescriptura: escriure-ho millor. Mai he escrit res que no m'agradés tenir l'oportunitat de millorar. Alguns homes bons ha sigut la meva quimera durant 25 anys. Fa uns anys vaig fer un projecte nou per a una producció del West End. Sóc més vell i amb més experiència, i em pensava que ho podria escriure millor... També vaig aprendre que una càmera no era només un dispositiu per gravar interpretacions, que tenia un vocabulari propi. El públic pot no saber parlar aquesta llengua, però l'entén amb fluïdesa. Si fas un zoom in lent cap a un got d'aigua, es converteix en un got d'aigua significatiu, i ja pots tallar aquell text que tant t'agradava de l'obra de teatre sobre com d'important era el got d'aigua.
TERRENCE MCNALLY
'The Ritz' (1976)
'Frankie and Johnny' (1991)
Aconsegueix el millor director que puguis, que comparteixi el teu punt de vista, i lluita pels actors que desitgis. Amb The Ritz vaig tenir ofertes temptadores per fer-ho amb estrelles i directors famosos, però mai m'he penedit de la meva decisió [mantenir la majoria de l'elenc original de Broadway]. El que més em va agradar de les meves dues primeres pel·lícules és que vam preservar grans actuacions. Si et preocupes pel resultat final, has d'estar preparat per no acceptar el primer acord.
CHARLES FULLER
'Història d'un soldat' (1984)
El que no sabia abans de fer el guió d' Història d'un soldat era que escriure per a cinema és com portar un autobús, on cada viatger -i amb raó- té alguna cosa a dir sobre on està anant el teu autobús. Escriure obres de teatre, en canvi, és com anar en moto: tu ets l'únic responsable d'on va a parar el viatge i encara que tinguis algú gaudint del viatge amb tu, has de ser conscient que les motos només poden portar pocs viatgers.
Quan una obra de teatre passa al cinema, gairebé sempre deixa d'existir com a obra de teatre -explica el dramaturg Jordi Galceran, de qui han portat al cine Paraules encadenades i El mètode Grönholm sense que ell en fes el guió-. L'escena és efímera i el cinema roman en el temps. Quan parlem de Sleuth [ La huella ], per exemple, tenim al cap la pel·lícula amb Michael Caine i Laurence Olivier. L'obra d'Anthony Shaffer ha desaparegut. En aquest cas hi va haver sort, però si l'adaptació és dolenta, la teva història per sempre més serà dolenta. Per això és important estar molt a sobre de les adaptacions cinematogràfiques que es fan de les teves obres. Una cosa que jo no he sabut fer mai. Ni ganes.