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Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)

El 19 de octubre a las 20.30h se levantará el telón de una nueva aventura teatral, La Gleva, un teatro y espacio cultural que busca dar cabida a proyectos de pequeño formato. Ubicada en el barrio del Farró, Guinardó, en la calle que le da nombre (número 19), este nuevo espacio sorprende por la capacidad, hasta 120 personas, dependiendo eso sí de las disposición de la sala.

Sus propulsores son la compositora y pianista Bárbara Granados, el diseñador de luces Rafa Puig-Samper, el productor Juli Modesto y el periodista Albert de la Torre. La encargada de la programación es la Júlia Simó, que entre otras cosas es productora de la compañía El Martell.

A pesar de la juventud de Simó el espacio busca ser el lugar de encuentro de artistas de generaciones diversas. En esta primera temporada, de la que oficialmente sólo se presentará el primer trimestre, se han filtrado nombres como: Mario Gas, Angel Pavlovsky, Elisa Crehuet, Xavier Ruano, Ramón Simó, Sisa, Joan Ollé y compañías como El Martell, la Chacha del Rey o Oscillation.




El espacio, que también funcionará como bar, estará abierto todos los días desde las 9h con diferentes actividades, pero la programación más teatral será de jueves a domingo (de jueves a sábado a las 20.30h y el domingo a las 19h). Y de teatro se hablará, pero sus puertas estarán abiertas a la multidisciplina, artes escénicas, música jazz o clásica, conferencias, magia, poesía, circo, multimedia...

Primeros espectáculos confirmados:


  • MALI VANILI, LO NOSTRE NO FUNCIONA. Del 26 de octubre al 5 de noviembre. Un comienzo con un musical de humor, la mejor medicina para los tiempos que corren. Los músicos/actores Jofre Borràs y Miquel Malirach. Canciones originales, diálogos ocurrentes, juegos de palabras, letras ingeniosas y grandes dosis de humor. Una historia de los mejores fracasos del dueto más irreverente del panorama teatral actual.

  • NO MORE SHAKESPEARE. Del 9 al 12 de noviembre. Ramon Simó y Joan Alavedra presentan una conferencia espectáculo sobre la figura de Shakespeare en la actualidad que pasa del elogio a la crítica y de la crítica a la reivindicación del teatro contemporáneo a partir de la figura del bardo inglés. Todo en 60 minutos.

  • LA MAGA GISELL I LA COLECCIÓ ROCA. Del 16 al 26 de noviembre. La maga Gisell es una de las magas de mesa más reconocidas internacionalmente debido a su originalidad, teatralidad y puesta en escena. Esta vez, introduce en su espectáculo objetos del siglo XIX de la Colección Roca de magia que forman parte del fondo del Museu de les Arts Escèniques del Institut del Teatre.

  • TANGO A LA HORA DE LA SIESTA. Del 30 de noviembre al 3 de diciembre. El artista argentino Martin Curletto ofrecerá un espectáculo de máscara y tango. Un espectáculo sobre la memoria de nuestros abuelos y las nuevas tecnologías de las que se siente ajenos.

  • HEM VINGUT AQUÍ. Del 14 al 30 de diciembre. Jordi Oriol plantea este homenaje a Josep Maria de Sagarra como una ceremonia de despedida protagonizada por dos actrices y un clarinetista.



TEATRO + LIBROS

A partir del 8 de noviembre todos los miércoles a las 20.30h los protagonistas serán los libros en EL TEATRO DE LOS LIBROS, un espacio abierto a multitud de formatos: conferencias, lecturas dramatizadas, lecturas + debate posterior... en cada sesión será tratado un tema de la actualidad o personal a través de la lectura de un libro, de un capítulo, de una artículo, o de un trozo de palabra escrita. 

Se está contactando con institutos y universidades para promover entre profesores y alumnos este pequeño espacio para la reflexión. Un espacio para que la filosofía pueda salir de entre las asignaturas aburridas. 

El Teatro de los Libros busca que el contenido de los libros y su mensaje implícito salga a escena para profundizar en el diálogo como explorador de nuevos significados contemporáneos.


+INFORMACIÓN:

Sin web ni redes sociales, problema que en breve se resolverá y como siempre podréis encontrarles en el apartado de "para seguir soñando" del blog.


@Elisa Díez

Por Elisa Díez (Butaques i Somnis) | Fotos: Teatre Akadèmia

Después de la repentina despedida de Mercè Managuerra el pasado mes de abril, Guido Torlonia recoge la dirección artística del Teatre Akadèmia y presenta la temporada 17-18, una temporada de transición, mezcla de las dos direcciones artísticas.

Bajo el lema de uno de los espectáculos Sin fronteras, Guido Torlonia pretende que el Akadèmia se abra al mundo y su marca sea conocida internacionalmente. Formado en el Piccolo Teatro, Guido coge prestada la inscripción del teatro profesional más pequeño de Italia, el Teatro de la Concordia: "la civilización no se mide por metro cuadrado ni tampoco por sus metros cúbicos". Una frase que entiende el teatro como fundamento de la cultura sin límites y barreras. Toda una primera declaración de intenciones que choca con los tiempos que corren.

Sin embargo tendremos que esperar a saber quién tomará el mando de Guido, la mecenas del Akadèmia, Elsa Peretti, por boca de su portavoz, ha lanzado una llamada a la nueva generación teatral de jóvenes para que se postulen para dirigir el Teatro Akadèmia y se acabe, así el periodo de transición.

La temporada 17-18 estará dedicada al gran maestro de la escena Giorgio Strehler. Que según palabras de Carme Elias, "siempre ha sido un referente, desde la época de Fabio Puigserver. Hoy en día, sigue siendo el espejo donde mirarnos". El Akadèmia sigue apostando por el relevo generacional y por mezcla generaciones, mezclando los clásicos, con nuevas dramaturgias y explorando nuevos lenguajes.

Subimos el telón...


  • OKLAHOMA (Del 20/09 al 15/10). La nueva propuesta de la compañía Dei Furbi que ya se estrenó bajo el paraguas del Grec 2017 y que toma la versión más clásica del mundo como un teatro. Oklahoma es el último capítulo de la obra póstuma de Kafka y será su presencia una de las centrales de la obra, pero también encontraremos textos de Lewis Caroll, Luigi Pirandello o Calderon de la Barca. Todo un patchwork escénico que según su directora, Gemma Beltran "tiene un punto abstracto" pero regado con el humor que acostumbra a destilar los espectáculos de Dei Furbi. 


  • YES, POTSER (Del 25/10 al 19/11). La compañía que ganó el Festival Mikro Teatre cuyo premio era estrenar una obra en la temporada siguiente presenta esta tragicomedia surrealista de Marguerite Duras que no enfrenta con nuestras miserias. Según su directora, Andrea Segura "es una crítica contra el imperialismo norteaméricano, que nunca pasa de moda". Estará protagonizada por Alícia González Laá, Anna Casas y Txabi Grass.


  • SIN FRONTERAS (Del 29/11 al 10/12) que es el resultado de creación del programa Workcenter Studio in Residence iniciado en marzo de 2016 y dirigido por Thomas Richards, sucesor de Jerezy Grotowski, una de las personalidades del teatro más influyentes del siglo pasado, que con sus teorías/método revolucionó el teatro contemporáneo. Nos trasladará al terremoto de Chile de 2010 donde un grupo de voluntarios de una ONG trata de ayudar a las víctimas del desastre. El montaje reflexiona sobre las fisuras que se obren en la sociedad y en los individuos que la componen después de una catástrofe natural, poniendo en evidencia la precaria estabilidad de nuestra civilización.

 

  • CARO MAESTRO! Recordant Strehler (Del 14 al 30/12). Cuando se cumplen 20 años de su muerte, el Teatre Akadèmia le hará un homenaje en forma de lectura dramatizada. Bajo la dirección del mismo Guido Torlonia, tres parejas de actores de primera línea leerán su obra: Carme Elias & Mario Gas (en catalán, del 14 al 17 de diciembre); Marisa Paredes & Mario Gas (en castellano, del 20 al 23 de diciembre) y Carlota Olcina & Pol López (en catalán, del 27 al 30 de diciembre).


  • YERMA (Del 10/01 al 04/02). El que fue, sin duda, uno de los éxitos de la temporada pasada, vuelve con el mismo equipo artístico pero con "más experiencia, para seguir creciendo, no para vender más entradas. Lorca respira de nuevo cada vez que pronuncias sus palabras", afirma su director Marc Chornet al frente de la compañía Projecte Ingenu.


  • ESPECTRES (Del 9/02 al 04/03). La companyia La Salamandra, residente en el Akadèmia, busca repetir el éxito de No èxit de la temporada pasada con este clásico contemporáneo de Henrik Ibsen. Protagonizada por Montse Guallar, Marc Garcia Coté, Víctor Pi, Pep Jové i María García VeraEspectres es una vuelta de tuerca a las relaciones familiares con una nueva visión contemporánea como afirma su directora, Loredana Volpe. Además nos avanza una de las primeras líneas sobre las que está trabajando "estoy con la figura del sol de Olafur Eliasson, el sol que brilla y busca esa luz que le falta a los personajes noruegos, atrapados en una niebla".


  • LINK LINK CIRCUS (Del 14-25/03). La gran sorpresa de la temporada, el Teatre Akadèmia acogerá la estrena mundial de este texto escrito e interpretado por Isabella Rossellini y dirigido por el mismo Guido Torlonia. Un monólogo inspirado en el mundo animal y su relación con la especie humana, basado en datos científicos pero con una visión cómica (no hace falta más que ver el vídeo de presentación). Un espectáculo en italiano pero con sobretítulos. 


  • SIS ESCENES D'UN MATRIMONI (Del 4 al 29/04). Marta Gil por fin ha conseguido dirigir esta obra que lleva tras ella desde 2011. Una radiografía del mundo de la pareja protagonizada por Anna Sabater y Jacob Torres. La psicología de los personajes y el modo de describirla de Ingmar Bergman es la característica más notable de este clásico. Gil quiere apostar por "la contención emocional y la expresión de esta ceguera en el lenguaje corporal". Una nueva dramaturgia más personal y contemporánea.


  • AIR DE PRINTEMPS (Del 5/05 al 03/06). Si la temporada pasada se apostaba por las arias italianas (Aria di PRIMAVERA), ésta el viaje será hacia el teatro francés: El desig de capbussar-se, al voltant de Butes de Pascal Quignard (del 10-13/05); Allons François de la Patrie (del 17-27/05) y Réparer les vivants de CDN de Normandie-Rouen (del 31/05-3/06).


  • FESTIVAL DE MIKRO TEATRE (14-22/06). La segunda edición de este festival que esta temporada se celebrará en junio (la temporada pasada fue en septiembre). Doce mikros competirán por dos premios: 'Premio del público' que servirá para representar durante 3 días la pieza. 'Premio Teatre Akadèmia' (jurado profesional) que conseguirá una Residencia al Teatre Akadèmia.

+ INFORMACIÓ DEL TEATRE AKADÈMIA AQUÍ


Por Elisa Díez (Butaques i Somnis)

¡Es la guerra! O al menos lo ha sido durante las últimas tres temporadas para el Grupo Focus: Condal, Goya, Romea y La Villarroel. Y una guerra, que como bien afirmaba su presidente, Daniel Martínez, ha sido muy dura, y que no han acabado de ganar. Al ya consabido 21% de IVA, que no baja y el que le quita el sueño a más de uno, incluido Martínez, que afirma que no sólo afecta al bolsillo sino psicológicamente, hay que unirlo la falta de interés por el teatro (la cultura en general) del público. El Conseller de Cultura Ferran Mascarell cerraba con su parlamento la rueda de prensa afirmando que en los últimos cuatro años el consumo cultural ha bajado un 20%. Tanto desde Focus como desde la consejera afirman que la temporada 15-16 será la temporada del cambio, de la recuperación, pero lo cierto es que llevamos dos temporadas con las misma cantinela, y la temporada del cambio de momento sigue ausente.

Pero bueno mejor mantener el optimismo y entrar en materia, teatro por teatro, nombre tras nombre. Consulta, compara, compra tu entrada, pero sobre todo no te quedes en casa. Ellos (21%) no pierden, perdemos todos. 

TEATRE ROMEA

Como bien comenté hace unas semanas, iniciará temporada con un montaje esperado, El Grito en el Cielo de la compañía andaluza, La Zaranda. Un imperdible que lleva unos cuantos meses de gira recibiendo alabanzas a diestro y siniestro y que todavía no habíamos podido disfrutar en Barcelona. Del 8 al 20 de septiembre.

Después la primera reposición, Sócrates de Mario Gas e interpretado por Josep Maria Pou, que llenó el Romea en julio y que es un éxito seguro del 24 de septiembre al 18 de octubre.

A finales de octubre nos llega El Largo viaje del día hacía la noche de Eugene O'Neill con Mario Gas y Vicky Peña, que llenó la temporada pasada en Madrid, dejando a espectadores en la calle y con buenas críticas.

Otros que llenaron y arrasaron fueron Els Veïns de dalt, la ópera prima teatral del cineasta Cesc Gay, que esta temporada repite escenario y reparto de 11 de noviembre al 24 de enero.

Noticias frescas nos esperan a finales de enero con Panorama des del pont de Arthur Miller, dirigida por Georges Lavaudant y con un reparto de lujo: Eduard Fernández, Jordi Martínez, Mercè Pons, Marina Salas, Marcel Borràs y Pep Ambrós. Del 30 de enero al 10 de abril.

A mediados abril Mérida se instalará un poco más de 15 días en Barcelona, hablo del espectáculo César & Cleopatra protagonizado por Ángela Molina y Emilio Gutiérrez Caba. Del 13 de abril al 1 de mayo.

¡Vuelve Oriol Broggi al Romea! con Els cors purs, basada en el relato Mary de Cork de Joseph Kessel con dramatúrgia del propio Broggi y Marc Artigau en el reparto Pablo Derqui, Miranda Gas y Borja Espinosa. Mes de mayo y junio.

A falta de concretar el espetáculo del Grec 2016, la temporada del Romea, se completa con Teatro Familiar, los Solos (Mario Gas, Juan Echanove, Emma Vilarasau, Lluís Soler, Josep Maria Pou y Vicky Peña) y el OFF SIDE con La revolta dels Àngels de Enzo Corman protagonizada por Xavi Sáez, Guillem Motos y David Menéndez del 25 de septiembre al 18 de octubre y Plató ha mort de Manuel Dueso.

TEATRE GOYA

Como también comenté, la temporada del Goya comienza con Allegro de Paco Mir y el Cor del Teatre del 12 de septiembre al 4 de octubre. Del 6 al 11 de octubre vuelve a Barcelona, Autorretrato de un joven capitalista español protagonizado por Alberto San JuanY otra gran vuelta a su teatro, tal y como afirma Josep Maria Pou es la de Concha Velasco con Olivia y Eugenio del 15 de octubre al 15 de noviembre.

Uno de los platos fuertes de la temporada es el musical de pequeño-mediano formato, pero producido cuidando los detalles, según explica el mismo Pou, 73 raons per deixar-te de Guillem Clua y Jordi Cornudella con la dirección de Elisenda Roca y la dirección musical de Andreu Gallén, y un reparto que quita el hipo: Abel Folk, Mercè Martínez, Mone Teruel, Marc Pujol. Del 1 de diciembre al 10 de enero.

En febrero llega la gran sorpresa del Goya, Joan Pera protagonizará L'Avar, la comedia de Molière revisionada por el actor catalán y para lo que Pou anuncia que es un cambio de registro en lo que habitualmente estamos acostumbrados a ver en Joan Pera. ¿Seguirá siendo una comedia, L'avar? Del 7 de febrero al 1 de mayo lo descubriremos.

Y seguimos con los retornos, Lolita Flores se volverá a subir a las tablas del Goya para dejar volar a su Colometa en la versión del Joan Ollé de La Plaza del Diamante que ya pudimos degustar la temporada pasada. Del 4 al 28 de mayo.

Y falta un espectáculo que es del Grec 2016, así que colgaremos el cartel del "To be continued".

LA VILLARROEL

Abre fuego el duo Àlex Rigola- Woody Allen con Marits i Mullers con Andreu Benito, Joan Carreras, Mònica Graenzel, Sandra Monclús, Mar Ulldemolins (que substituye a Alba Pujol) y Lluís Villanueva. Del 16 de septiembre al 18 de octubre. Durante estos días habrá OFF SIDE con la obra de la compañía mexicana Vaca 35 que se estrenará en Fira Tàrrega, Cuando todos pensábamos que habíamos desaparecido.

En enero llega la joya de la corona, Infamia de Pere Riera, acompañado de su musa Emma Vilarasau, Jordi Boixaderas, Anna Moliner y Francesc Ferrer, una obra sobre la vida, los deseos, las elecciones vitales y los caminos de decidimos seguir. Del 16 de enero al 14 de febrero.

El abril se presenta con aires madrileños, con La Estupidez de Rafael Spregelbrud protagonizada por Fran Perea, Toni Acosta, Ainhoa Santamaria, Javi Coll y Javier Márquez. Del 12 de abril al 1 de mayo.

Y acabando la temporada y antes de que empiece el Grec 2016 con la versión teatral de la película Smoking Room de J.D. Wallovits y Roger Gual con Abel Folk, Pau Roca y Joan Carreras... todo bajo el sello de Sixto Paz Teatre durante mayo y junio.

TEATRE CONDAL

Y para acabar seguimos con Emma Vilarasau y el mejor cómico del país, Jordi Bosch, como afirmó Jordi González, director de contenidos de Focus, en Caiguts del Cel dirigidos por Sergi Belbel y acompañados por Anna Barrachina y Carles Martínez. Del 4 de septiembre al 25 de octubre.

El resto de temporada la protagonizará el nuevo show del Mag Lari, OZOM del 1 de diciembre al 31 de enero. Taxi de y con Josema Yuste del 24 de febrero al 24 de abril. Y en mayo Reload 4.0, un coro gospel.

AUTOR: MARIO GAS y ALBERTO IGLESIAS
DIRECCIÓN: MARIO GAS
INTÉRPRETES: JOSEP MARIA POU, CARLES CANUT, AMPARO PAMPLONA, PEP MOLINA, BORJA ESPINOSA, RAMON PUJOL y GUILLEM MOTOS
DURACIÓN: 90min
FOTO: JERO MORALES
PRODUCCIÓN: GREC 2015 FESTIVAL DE BARCELONA, TEATRE ROMEA y FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA
TEATRE ROMEA

Por poco que sepas, algo sabes de Sócrates, aunque sólo sea por lo que es mundialmente famoso: "Sólo sé que no sé nada". Para los que estudiamos en otras épocas aprendimos su cuidado por la palabra, por la libertad, por la justicia, por la honradez, por el conocimiento. Hoy en día son palabras desgastadas y algunos van a oírlas como parte de su postureo. El individuo, ciudadano o no, que tenía a mi lado soltó antes de empezar: "Somos intelectuales por venir a ver una obra sobre Sócrates". Ahí queda eso, al medio minuto de empezar la función le sonó el móvil, la intelectualidad quedó en entredicho.

Sócrates es Josep Maria Pou o Josep Maria Pou es Sócrates, no me ha quedado muy claro donde empieza el actor y acaba el personaje. Le va como anillo al dedo. Un hombre de palabras, una entonación poderosa, una manera de explicar la historia amigable, sincera. Pou hace que Sócrates sea interesante incluso para aquellos a los que le cueste la filosofía.

El Teatre Romea se queda pequeño, no sólo por las entradas agotadas, sino porque la escenografía de Paco Azorín más bien pensada para la magnanimidad del Teatro de Mérida queda encerrada en el escenario del Romea. Falta visibilidad, no sé como se verá desde platea, desde el segundo anfiteatro se pierden algunas réplicas y se intenta inútilmente presenciar el monólogo a pie de platea de Amparo Pamplona, uno de los momentos más cómicos de la noche. Le hubiera quedado mejor el traje del Anfiteatro del Grec, si hablamos de Atenas que mejor paisaje.

Pero Josep Maria Pou no está solo, aunque lleve el peso de la función, le acompaña un coro de voces de entre los que destaca Pep Molina y Carles Canut, a lo que la experiencia gana a la hora de explicar la tragedia de Sócrates, que se niega a salvarse de la muerte, comprando su libertad. Honestidad hasta el final. Hora y media de alimentación para el intelecto, un tanto adormecido debido al calor excesivo de la sala. Ahora ya sabemos algo más.

SÓCRATES

by on 18:31
AUTOR: MARIO GAS y ALBERTO IGLESIAS DIRECCIÓN: MARIO GAS INTÉRPRETES: JOSEP MARIA POU, CARLES CANUT, AMPARO PAMPLONA, PEP MOLINA, BO...

Font: Antoni Ribas Tur (ara.cat) | Foto: Jero Morales
Mario Gas i Josep Maria Pou han trigat 22 anys a tornar a treballar junts després de Golfus de Roma, de Stephen Sondheim, el muntatge que van presentar al festival de teatre clàssic de Mèrida el 1993. Aquest any han tornat a Mèrida amb una obra que, en comptes de la comèdia i el musical, reivindica un altre tipus de teatre: Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano. Una setmana després de l’estrena a Extremadura, l’obra arriba aquesta nit al Teatre Romea en el marc del Grec. A més de dirigir l’espectacle, Mario Gas també és l’autor del text, juntament amb l’actor i dramaturg Alberto Iglesias. El resultat és un espectacle molt auster i sobri en què la paraula adquireix tot el pes. “Gairebé té el to d’un oratori”, diu Josep Maria Pou, que interpreta el filòsof. 
Les idees de Sòcrates es remunten al segle V aC però no han perdut vigència en ple segle XXI. “El discurs continu de Sòcrates a l’entorn de la virtut i l’honestedat i el seu mètode de voler esbrinar-ho tot qüestionant les coses una vegada i una altra és un consell per a tothom. Però el que el posa d’actualitat és la visió que Mario Gas i Alberto Iglesias posen de relleu en l’espectacle: no tant la del gran filòsof sinó la d’un ciutadà d’Atenes que emprenya el poder contínuament i que ensenya als joves del seu voltant que no han d’admetre les veritats dels seus pares ni dels governants perquè sí, sinó que ho han de qüestionar tot”, subratlla l’actor.
Un home coherent fins al final
Sòcrates no va deixar les seves idees per escrit i el seu pensament ha perviscut gràcies, sobretot, als diàlegs de Plató, que han servit de material per construir la dramatúrgia de l’espectacle, juntament amb textos de Plató, Xenofont, Diògenes Laerci, Aristòfanes, a més de Gas i Iglesias. “El que em sembla més important de l’espectacle és l’actitud de Sòcrates un cop l’han condemnat a mort, quan els mateixos jutges que l’havien condemnat donaven per fet que s’escaparia i que no arribaria mai a morir, ja que la corrupció estava tan generalitzada que els mateixos jutges i els guardians estaven esperant que Sòcrates els donés uns diners perquè el deixessin escapar. El que va sorprendre tothom i el que segueix sorprenent avui -assegura Pou-és que Sòcrates va dir que si la democràcia l’havia condemnat a mort segons unes lleis que havia jurat respectar i que respectava, havia de morir. Perquè, si no, s’estaria burlant de la democràcia i les lleis i els faria molt mal. Això em sembla la millor conseqüència de l’espectacle”. 
“Aquella jove democràcia no païa la independència, l’agudesa i l’ètica d’un home íntegre, valent, irònic, coherent i enfrontat per la seva actitud a l’obscuritat d’un sistema anomenat democràtic disposat a devorar els seus fills més valuosos. Els sona d’alguna cosa?”, es pregunta Mario Gas al text de presentació de l’espectacle, que està dedicat “al poble grec i al seu govern, esperant que el cas de Grècia serveixi perquè l’Europa dels ciutadans avanci i l’Europa del gran capital retrocedeixi”. 
Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano agafa el relleu de l’espectacle sobre el filòsof que Adolfo Marsillach i Enrique Llovet van muntar el 1970, i del qual Marc Antoni Broggi va fer una versió catalana que no es va arribar a estrenar. A més de Josep Maria Pou, el repartiment de l’obra inclou Carles Canut, Amparo Pamplona, Borja Espinosa, Guillem Motos, Pep Molina i Ramon Pujol. L’obra estarà en cartell fins al 2 d’agost i farà temporada al Teatro Español de Madrid el febrer de l’any que ve després de fer gira per l’Estat.
La necessitat d’un teatre polític
Tot i que Gas i Pou creuen en la càrrega política del teatre, la seva intenció no és fer proselitisme. “Crec molt en l’escenari convertit en tribuna de debat. El Mario i jo pertanyem a una generació que va començar a fer teatre als anys 60 i 70, en una època convulsa en què teníem el concepte d’un teatre de debat, d’un teatre d’oposició -recorda Pou-. Fèiem un teatre en oposició al franquisme i fèiem unes obres per dir damunt l’escenari moltes coses que no es podien dir en altres llocs a causa de la censura. Amb la democràcia aquest teatre més brechtià va perdre força i potser ara és el moment de recuperar-lo. Però això no vol dir que cada espectacle s’hagi de convertir en un míting polític. No hem d’oblidar que, per damunt de tot, el teatre ha de ser un producte artístic i també d’oci, i es pot aconseguir que el públic surti del teatre fent-se preguntes o havent trobat algunes respostes”.
El de Sòcrates s’afegeix dins la trajectòria de Josep Maria Pou a una llarga llista de grans personatges, sovint amb una força i una complexitat molt potents, com Roy Cohn, a Àngels a Amèrica, el rei Lear i el director d’orquestra Wilhelm Furtwängler de Prendre partit. “No els busco. Són els directors, els productors i els mateixos autors que em veuen o m’imaginen fent aquests personatges i per això me’ls ofereixen. No tinc un interès a fer-los, però un cop els assumeixo els disfruto com un bèstia i em permeten explorar la meva maleta de registres i treure partit de totes les meves capacitats”, diu Pou.
Fuente: Rocío García (elpais.com) | Foto: Gianluca Battista 
"Os vamos a contar lo que Atenas hizo conmigo”. El oráculo dijo de él que era el más sabio de todos los hombres. Sócrates, el maestro de Platón, que combatió como pocos la ignorancia, el primer filósofo que habló de la moral y fue condenado a muerte por la misma democracia que contribuyó a crear y en la que creyó. Un hombre olvidadizo, vago y un tanto desastrado que denunció la corrupción y las libertades pisoteadas por aquellos que ostentan el poder y sus círculos clientelares. Sócrates, acusado de burlarse de los dioses de Atenas y de corromper a la juventud, se dispone a tomar la cicuta que acabará con su vida. “Os vamos a contar lo que Atenas hizo conmigo”. Clara y poderosa, la voz de José María Pou inunda el escenario. “Se han dicho muchas cosas de mí. No soy nadie. La historia me atribuye una frase que no fue cierta: ‘Solo sé que no sé nada’. Soy un minúsculo guijarro pensante al que le invade el placer de hurgar en todo lo que hay que aclarar”. De blanco y con una túnica neutra, austera, casi monacal, Pou advierte al público que van a asistir a una representación del ciudadano Sócrates, de su juicio, de la sentencia y de la muerte por cicuta. Es entonces cuando José María Pou se retira al fondo del escenario, un círculo con dos pequeñas gradas donde aguardan sus fieles amigos y su mujer, pero también sus enemigos, y empieza la función: Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano.
El director Mario Gas y el actor José María Pou han unido sus fuerzas y su talento para llevar por primera vez al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida la tragedia de este filósofo que se vio obligado a morir en el año 399 antes de Cristo, después de haberlo puesto todo en duda, hablando, razonando, especulando y descubriendo. Este Sócrates, una coproducción del teatro Romea, el Festival de Mérida y el Grec e interpretado, junto a Pou, por Carles Canut, Amparo Pamplona, Borja Espinosa, Guillem Motos, Pep Molina y Ramon Pujol, se vislumbra como uno de los grandes espectáculos del verano, del que ya se anuncia amplia gira para la próxima temporada teatral. En la retina, aquel Sócrates que levantó Adolfo Marsillach, en 1972, en versión de Enrique Llovet. “Es mejor sufrir la injusticia que cometerla”. Marsillach reflexionaba años después de esta puesta en escena tan polémica, todavía bajo la dictadura franquista, cómo la frase de Sócrates le había perseguido de por vida. Algo parecido a lo que está experimentando esta pareja de teatreros que recibieron a Babelia la semana pasada después de un ensayo de la obra en Barcelona.
¿Por qué tantos años sin Sócrates? “No entiendo”, comienza Mario Gas, “por qué desde Marsillach no se había vuelto a abordar el tema. Sócrates es siempre un personaje interesante. Un demócrata que es masacrado por la propia democracia, y más en los tiempos que vivimos me parece un tema muy atractivo. Es un texto necesario hoy en día, no el texto en sí mismo, sino el hecho de abordar la verdad de Sócrates. Es una reflexión necesaria que clarifica mucho todo lo que está ocurriendo”. José María Pou se ha calzado (toda la función la realiza con los pies desnudos) y se ha quitado ya la túnica de Sócrates. “A mí me parece importantísimo el subtítulo de esta obra: ‘Juicio y muerte de un ciudadano’. Es el enganche completo con la actualidad. El público va a ser consciente en el espectáculo de estar viendo a un ciudadano, no sé si víctima o mártir, pero en cualquier caso sí una víctima de la democracia. Sócrates es el primer ciudadano condenado a muerte en la democracia. Esto no va a ser una lección de filosofía, sino que vamos a centrarnos en la vida del personaje, que es un señor que lo pone todo en duda, esa es la base de la filosofía socrática. Sócrates fue indiscutiblemente un personaje incómodo, alguien a eliminar. Sus dudas, sus preguntas, su empeño en encontrar respuestas, su continuo cuestionamiento de todo es lo que le hace actual, y más en este momento histórico de este país nuestro”.
Basándose en textos del discípulo Platón (Fedón y Critón) y del historiador Diógenes Laercio —ya se sabe que Sócrates no dejó escrito ningún pensamiento—, Mario Gas y Alberto Iglesias, los autores de la dramaturgia, se han centrado en el juicio que sufrió el filósofo tras haber denunciado la corrupción de Atenas y haber advertido sobre el papel supersticioso y manipulador de la religión oficial. “En Sócrates hay muchos asuntos, pero a mí me parecía que el tema principal estaba en el enfrentamiento con la propia democracia y el porqué le sometieron a ese juicio. Alrededor de ello, van apareciendo fragmentos de su relación con los amigos, sus reflexiones sobre la amistad, la ética y la moral, la vida y la muerte”, advierte Mario Gas, que ha llegado al ensayo alegre cantando “Flor de té, flor de té…”. “¿Estamos todos contentos, tranquilos, concentrados para hacer un ensayo completo?”, les pregunta cantarín el dramaturgo a los actores que ya esperan en el escenario.
Comienza la función, con esa primera advertencia de Pou-Sócrates sobre lo que el público va a ver, en la que no falta un guiño a las molestas toses, los sonidos de los móviles y las lucecitas de los mensajes telefónicos, y el escenario se inunda de palabras sobre la democracia, las leyes, la honestidad y la amistad. “Aparte de los textos sobre los que hemos trabajado, nosotros hemos modificado y añadido otros donde especulamos, pensamos y nos preguntamos”, añade Gas, que ha dirigido el ensayo como si de un director de orquesta se tratara, moviendo una supuesta batuta, señalando los ritmos y las entradas —“es una obra musical y rítmica, en la que hay que marcar las pausas, los tempos…”—. “El texto lanza flechas para que la gente lea y se enganche a cosas que a lo mejor nosotros hemos tocado solo tangencialmente o has dejado ahí para que se expanda. No quiero ser pedante, pero creo que hemos planteado una multiplicidad de visiones”.
José María Pou está disfrutando como actor y como ciudadano. Este Sócrates le ha unido de nuevo en la escena a su gran amigo Mario Gas, con el que trabajó hace ya años, precisamente en Mérida y con Golfus de Roma —“fue una experiencia alucinante”, recuerda el actor—, pero también le abre la posibilidad de proclamar a viva voz este texto tan cercano a la realidad actual y más con lo que está pasando estos días en Grecia. “Poder decir estas cosas ante las 3.000 personas de Mérida o ante las 800 de cualquier otro teatro me hace inmensamente feliz. Tuve la suerte de poder inaugurar Mérida hace tres años con Hélade, que fue todo un homenaje a la Grecia de aquel momento que creíamos se merecía un acto de solidaridad del mundo entero. Entonces no llegamos a vislumbrar lo que se está viviendo ahora. Nos creímos que iba a ser fácil salir de aquello”, se lamenta. “A mí el hecho de que en el teatro de Mérida se estrene un espectáculo que se llama Sócrates es una manera de hacer justicia, de convertir a Sócrates en un gran personaje dramático que tiene su lugar de ser y su razón de ser en esas piedras del teatro romano, aunque él fuera griego. Aunque a algunos les pueda parecer un sacrilegio, es convertir a Sócrates en figura dramática a la altura de Edipo, Agamenón, Orestes”, explica Pou mientras Gas procede a terminar el pensamiento: “Además de todo, la resolución de su vida, su muerte, le convierte en un personaje trágico, un ciudadano frente a su destino. Acepta el destino que le es dado como ciudadano. Que la tragedia de Sócrates aterrice en las piedras de Mérida me parece estupendo y que lo haga corporeizado y personalizado por Pou es doblemente feliz”.
¿Siempre la razón triunfó en Sócrates sobre la emoción?
Mario Gas. Hay todo un mundo que no vemos. Creo que Sócrates es un hombre profundamente emotivo dentro de su razonamiento, como cuando le dice a su amigo: “Nunca me he dejado llevar por las pasiones”. Pero esa razón es muy humanística, llena de bondad y de humanidad. Dentro de este proceso civil de ciudadano, hemos intentado dibujar un personaje con resortes humanos, al modo de reconstrucción exterior. Definimos la humanidad de Sócrates a través de sí mismo, pero también de los otros personajes y de las mismas leyes. Unas leyes a las que el filósofo les lanza, a modo de monólogo, un bellísimo texto de respeto por ellas.
José María Pou. Se lo dice Sócrates en la cárcel a su amigo Critón: “Ir en contra de las leyes es destruir la ciudad, ¿cómo voy a destruir yo la ciudad y la sociedad que he creado?”. Es un razonamiento precioso, de una honestidad por encima de toda duda. Además hay que decir que Sócrates, siendo un filósofo, palabra que puede asustar mucho a un gran público, era un filósofo que caminaba por la calle, andaba a pie, se sentaba en la plaza, hablaba con la gente en los mercados. Ese monólogo final que ha escrito Mario en el que Sócrates se dirige a las leyes me parece bellísimo. Un monólogo en el que el ciudadano Sócrates lanza un alegato de respeto profundo a las leyes, a pesar de que con esas mismas leyes le han condenado a muerte y acepta morir en beneficio de esa coherencia.
Y llega la hora de la muerte. “Un hombre que ha dedicado su vida a la filosofía debe mostrarse animoso ante la muerte”, decía Sócrates. Encadenado con grilletes, sus amigos le visitaban a diario para hablar de la belleza, del alma y de la muerte. Esa mañana, su amigo Critón ha llegado temprano a la cárcel. “¿Por qué vienes tan pronto?”, le pregunta extrañado Sócrates. “Mañana es el día, mañana tienes que poner fin a tu vida”, le contesta Critón desolado, mientras le intenta convencer para que huya, para que escape a ese trágico final. Sócrates se muestra inflexible: “Convenimos que la vida había que vivirla con coherencia, honestidad y justicia. Por eso mismo hay que ser coherente hasta el final”. El ciudadano-filósofo apura de un trago la copa con cicuta. Hasta el guardia llora al despedirse. “He oído que hay que morir en un silencio ritual”. Sócrates lanza el último alegato: “Sé que siempre habrá alguien para pasear a mi lado y denunciar a los corruptos, a aquellos que se llenan los bolsillos… Nunca he dejado de creer en los hombres. Sed felices y respetuosos…”. Le comenzaron a pesar las piernas y, tal y como le habían recomendado, se tumbó boca arriba para esperar la muerte. Se hizo un silencio, que era un grito, un lamento que inundó la ciudad de Atenas.
Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano. Texto: Mario Gas y Alberto Iglesias. Dirección: Mario Gas. Intérpretes: José María Pou, Carles Canut, Amparo Pamplona, Borja Espinosa, Guillem Motos, Pep Molina y Ramon Pujol. Teatro de Mérida, del 8 al 12 de julio. Teatro Romea, Barcelona, del 16 de julio al 2 de agosto.


Fuente: Javier López Rejas (elcultural.com) | Foto: Antonio Moreno

Atenas. Año 399 a. C. Sócrates, famoso filósofo y veterano de guerra, comparece ante un tribunal de justicia al borde de los 70 años. Detrás, una vida pródiga en proezas dialéticas (recogidas por Platón, Jenofonte y Diógenes Laercio, entre otros) que elevaron su nombre por todas las plazas de la Hélade. Sus soberbias dotes oratorias, al servicio de un insobornable código ético, le proporcionaron tantos seguidores como detractores. Es el caso de Aristófanes, que en Las Nubes perfiló un personaje ridículo, más deforme y feo de lo que ya era, y un desastrado intelectual. Nada le ayudó a evadir su destino final.

Ánito, el instigador de la denuncia, acusa, junto a Meleto y Licón, a un orgulloso e imbatible anciano de no reconocer a los dioses, de introducir cultos nuevos y de corromper a la juventud. Las tres acusaciones fueron rebatidas por Sócrates con su proverbial verbo ante el pueblo ateniense, que contempló cómo ejerció su defensa utilizando sus afilados e incontestables argumentos. La ignorancia, la política y, por qué no, la envidia, fueron las auténticas causas de su muerte. No la cicuta final. “Si me condenáis a muerte, siendo tal y como digo que soy, no me vais a hacer más daño a mí que a vosotros mismos”, recoge Platón en su Apología de Sócrates. Y añade: “Me absolváis o no me absolváis no me comportaré de modo diferente, ni aunque hubiera de sufrir mil veces la muerte”.

Leyes, poder y diálogo

Mérida. Julio de 2015. Mario Gas reconstruirá en el Festival de Teatro Clásico, del 8 al 12, el juicio del que fuera el primer gran filósofo de la historia. Al tiempo, reflexionará sobre la utilidad de las leyes, el poder de la palabra y la fuerza del diálogo para interrogarnos finalmente sobre lo relativo del conocimiento. Gas recoge así el guante escénico en medio de una España convulsa, arrasada política, social y culturalmente por la impostura y la corrupción. Ningún mensaje es más oportuno en estos momentos que el que declamará en la palestra de la localidad extremeña José María Pou. “Cualquier persona que tenga ojos, oídos y cerebro, y haga uso de la capacidad de sentir se da cuenta de que estamos en una época de gran confusión en la que todo es especulación -explica el director y autor a El Cultural-. Creo que en el teatro se pueden explicar cosas sin que ello signifique caer en el panfleto. El teatro tiene una relación metafórica con la realidad, de la que absorbe todo cuanto ocurre. Pienso en todas esas personas que se llenan la boca de democracia para luego utilizarla a su favor o en favor de una minoría... Sócrates fue un hombre que trabajó con las leyes y que creía en un orden marcado por la verdad y la honestidad y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Hoy se habría topado con el poder y estaría aniquilado o en un psiquiátrico”.

El texto, elaborado entre Gas y el actor Alberto Iglesias, está basado en los escritos de filósofos e historiadores griegos que se hicieron eco de la aventura existencial de Sócrates pero también hay “cosecha propia” inspirada en ensayos contemporáneos. Pese a que la idea de subirlo a un escenario surge de la lectura del Sócrates de Enrique Llovet -llevado a escena a principios de los setenta por la compañía de Adolfo Marsillach- nada hay en esta propuesta de lo ideado por el dramaturgo malagueño. “Es evidente que habrá algunas coincidencias pero nuestro trabajo es distinto -aclara Mario Gas-. Si en algo puede parecerse es en la presentación de los personajes (en el hecho de que algunos actores interpreten varios roles) pero ahí se acaban las comparaciones. Queríamos darle un enfoque más personal, más centrado en el juicio y más conectado con el público. Es un espectáculo dramático-narrativo y por eso pienso que hasta que no se confronte con él no puede decirse que la obra está completada”. El público juega en este Sócrates un papel fundamental. Es el interlocutor necesario y la pieza que hace vibrar la escena. Desde su posición pivotan las interpretaciones. De principio a fin, asistimos a una celebración colectiva, a un aquelarre en el que todo está dispuesto para interpelar y ser interpelado, para mostrar, como recoge Platón, que “de la riqueza no deriva la virtud sino que es de la virtud de donde deriva la riqueza y todas aquellas cosas que para el hombre, tanto en el ámbito público como en el privado, constituyen un bien”.

A estas reflexiones de Sócrates no es ajeno José María Pou, estos días perdido por las calles de Barcelona estudiando el papel. Vive la experiencia de forma obsesiva, como si recitara su texto, paso a paso, por los rincones del ágora. Le gusta el aire libre para prepararse la interpretación de un hombre libre. Por eso parte de la famosa sentencia del ateniense “sólo sé que no sé nada” (contradiciendo a la pitonisa de Delfos que lo entronizó como el hombre más sabio de Grecia) para interiorizarlo y mostrarlo como un ciudadano “que se hace preguntas para provocar nuevas preguntas”.

Pou quiere empezar desde cero. Olvidarse de los personajes “muy reales” que acaba de interpretar, al genial Orson Welles y al director de orquesta Wilhem Furtwängler, para meterse de lleno en quien es, según su opinión, “el primer condenado a muerte por la democracia”.

Mario Gas califica el trabajo de su actor estrella de versátil. “Posee eso que José Luis Gómez llama el ‘logos'. Y lo tiene muy bien aposentado. Dialoga sobre el escenario de una manera magistral. Pone todo su cuerpo, su inteligencia y su sensibilidad al servicio del personaje”. La misma entrega que utilizaron los actores de referencia que ambos han utilizado para levantar este Sócrates: Charles Laughton (en especial su interpretación en Tempestad sobre Washington) y Michel Simon.

Un oratorio laico

“Creo que va a ser un espectáculo muy vivo -explica Pou a El Cultural-. Hay un gran paralelismo con el hombre de hoy, especialmente en lo que se refiere a la conexión con la injusticia que vivimos. Me gusta el planteamiento de Mario Gas, que lo aborda como si se tratara de un oratorio laico. Veremos un espectáculo desnudo, sin grandes elementos escenográficos, pero sin embargo extraordinariamente interactivo”.

Pou parece angustiado pocos días antes del estreno en Mérida. La fase de ensayos pone en evidencia la cantidad enorme de palabras que ha de memorizar. Cerca del 80 por ciento del texto es suyo y los parlamentos dirigidos al público ahora le parecen interminables. “En esta fase estás acojonado”, reconoce, pero le puede la dimensión del personaje y del mensaje que nos ha llegado: “No hace falta ser actor para querer reproducir sus palabras, pronunciadas cara a cara tanto a los poderosos como a los más humildes”. Es la misma dinamita verbal que encontramos en algunos pasajes de Recuerdos de Sócrates, de Jenofonte: “No necesitar nada es algo divino, y necesitar lo menos posible es estar cerquísima de la divinidad; como la divinidad es la perfección, lo que está más cerca de la divinidad está también más cerca de la perfección”.

El regreso de Paco Azorín

El texto transparente y la manera rigurosa y veraz de llevar a las tablas el juicio y la condena de Sócrates es lo que animó a Paco Azorín a firmar la escenografía. El año pasado abrió el festival que dirige Jesús Cimarro siendo director de Salomé, una audaz revisión de la ópera de Strauss, protagonizada por Ángeles Blancas, que le consolidó como una de las figuras más ubicuas de nuestro teatro. “Siempre que trabajo en Mérida intento encontrar un vínculo con esa arquitectura milenaria. Hemos creado un senado o hemiciclo en el que se debate sobre la vida de Sócrates. El punto de partida de mi propuesta es continuar el graderío del teatro romano en el escenario con una zona central de actuación. Los espectadores serán público pero también jueces, testigos y acusadores”.

Mario Gas destaca en esta puesta en escena la creación de unos asientos que están destinados a los actores, “pero dando a entender en todo momento que también podrían ir destinados al público asistente”. Un vestuario atemporal, abrigos en forma de túnicas y actores con camisa y pantalón completan un planteamiento sin referencias historicistas en el que, según el director, “el público tiene que entender que no estamos haciendo historias ejemplares de la humanidad”.

Para Azorín, Sócrates debe ser reivindicado siempre pero estos días de manera especial: “Fue un pensador que luchó, y murió, en la defensa de la verdad. En un momento como el que estamos atravesando, en el que la verdad se ve cuestionada, escondida, disimulada, maquillada y retorcida por los políticos, los medios y las redes sociales, la conveniencia de reivindicar su figura y su discurso se convierte casi en una obligación”.

Inasequible al desaliento, Sócrates dejó dicho, si Platón fue fiel a sus palabras, que mientras le quedara una gota de aliento seguiría filosofando. De ahí que Mario Gas haya abordado el personaje que veremos en Mérida desde la perspectiva de un hombre que entiende la moral como algo superior, tanto para el individuo como para la colectividad, y que elige la ética frente a la política: “Por eso tuvo muchos enfrentamientos con la política del momento. Fue un hombre de una gran resistencia pasiva”. Con todo, Gas y su equipo (completado por Carles Canut, Amparo Pamplona, Borja Espinosa, Guillem Motos, Pep Molina y Ramón Pujol) no han querido convertir el espectáculo en un tratado filosófico, apostándolo todo al imaginario teatral. “Pero ya es hora de marchar, yo a morir, vosotros a vivir”, dice Sócrates en la Apología de Platón. Sentencia que culmina en el Fedón ante Simmias y Cebes: “Los hombres ignoran que los verdaderos filósofos sólo laboran durante la vida para prepararse ante la muerte: siendo así, sería ridículo que después de haber estado persiguiendo sin descanso este único fin comenzara a retroceder y a tener miedo cuando la muerte se les presenta”. 

Fuente: Rocío García (elpais.com)
Uno siempre se puede ver reflejado en el espejo de Pinter. Pero quizás hay unas épocas más propicias que otras. El británico Harold Pinter (1930-2008) uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos, Premio Nobel de Literatura en 2005, ha dejado tal legado literario-teatral que es dificil que los teatreros no vuelvan una y otra vez a cobijarse en sus palabras y sus historias. Ahora le ha tocado el turno a Mario Gas y la obra El invernadero (The Hothouse), escrita en 1958 por un Pinter impresionado por la intervención soviética en Hungría y guardada en un cajón donde dormiría hasta 1980, año en la que el dramaturgo la estrenó bajo su dirección en el Hampsted Theatre.
Salvo un estreno en los noventa en una pequeña sala alternativa, El invernadero no ha sido representada hasta ahora en los grandes escenarios teatrales de España, en contraposición a la enorme repercusión que tuvo la obra en el mundo anglosajón. Hoy jueves, el Teatro de La Abadía, en Marid, estrena El invernadero, en versión y traducción de Eduardo Mendoza, dirección de Mario Gas y la interpretación de Gonzalo de Castro, Tristán Ulloa, Jorge Usón, Isabelle Stofel y Javivi Gil, entre otros. La obra es una coproducción de La Abadía y la nueva compañía Teatro del Invernadero, creada al calor de esta comedia bárbara y aterradora.
Mario Gas (Montevideo, 1947) llega bien abrigado, gorra y bufanda a rayas. En el patio del Teatro de la Abadía, el actor y director se somete disciplinado y divertido a la sesión fotográfica. “¿Pero no teneis ya suficientes fotos en el periódico?”, medio protesta al inicio. Su presencia es menos imponente que sus propias palabras. Es claro y directo, pasional y excelente conversador, sin pelos en la lengua. El invernadero, un retrato del control del poder más oscuro en los años cincuenta, es, dice Gas, “una fantasía que con el tiempo se ha hecho realidad”.
La obra da título a un centro de reposo, aparentemente plácido, de temperatura estable y palabras amables que esconde un lugar lleno de horror, un sitio de torturas psíquicas y todo en una jornada navideña marcada por un nacimiento y una muerte. “Pinter es siempre inquietante y negro. Se le idenfica con el silencio, la paradoja y las palabras no dichas. Aquí, en El invernadero, Pinter destroza, desintegra lo que tiene sentido del lenguaje, en un tono absolutamente sardónico. Es una comedia en la que la risa va quedando atrapada y se va haciendo cada vez más densa hasta acabar en una demostración de cinismo terrorífico”, explica Gas, para quien esta obra va mucho más allá de la época de la guerra fría y los años cincuenta o sesenta. “En la sociedad occidental de hoy se ha llegado a unos niveles de brutalidad, sofisticación y de negación absoluta de las cosas que ocurren fuera del control del poder que no hace falta ponerle nombre y apellido. A poco que pienses y sientas, todo lo que retrata Pinter lo relacionas con lo que estamos viviendo. Las armas del poder económico y político han atrapado al ciudadano medio”.
Y para poner en escena esta obra, Mario Gas, junto Paco Pena, el que fuera jefe de producción del Teatro Español, y los actores Gonzalo Castro y Tristán Ulloa han creado una compañía, a la que han puesto el nombre de Teatro del Invernadero. “Nos pareció bonito que estrenándonos con esta obra de Pinter le pusiéramos el nombre de Invernadero, que, entre otras acepciones, es un lugar donde cobijarse y estar a temperatura estable en los inviernos, como este invierno cultural al que nos ha llevado el Gobierno. Hay cierta necesidad de estar arropados, queremos crear una especie de hogar, de dulce hogar, donde poder hacer las cosas que nos gusten, poner en marcha una serie de textos y responder de alguna manera a la situación actual”. Sabe mejor que nadie, viniendo como viene de una larga y poderosa familia de cómicos, que el teatro es hermoso pero duro y lleno de altibajos. “El teatro es incertidumbre y más en un país como el nuestro en el que las circunstancias objetivas siempre van a la contra. Si no estás preparado para la incertidumbre es mejor que te dediques a otra cosa”.
De la conversación no se desprende nostalgia por los ocho años y medio al frente del Teatro Español, un tiempo “de sombras y luces” en el que creó un equipo, un lenguaje, un público, además de abrir tres nuevas salas. “No quiero parecer pedante pero, como decía Machado, hay muchos que no perseguimos la gloria sino disfrutar con nuestro trabajo. Si en un momento determinado tienes un instrumento público que te da la posibilidad de desarrollar un programa amplio que pueda ayudar a modificar cosas y avanzar en todos los terrenos tetrales es fantástico. Ahora estoy en el privado, pero en el privado que quiero estar”.
Indignado con la demonización que, en su opinión, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, hace con los que no piensan como él y con el IVA cultural —”una medida coercitiva y disciplinaria que se está llevando a parte del sector por delante”— Mario Gas saluda la llegada de movimientos como Podemos —”por favor que gane alguien con luz y esperanza, despues de lo que nos han esquilmado dejemos a las nuevas generaciones que se abran paso, si luego no responden o se equivocan ya veremos, pero hay que dejar que intenten cambiar las cosas porque lo que estamos viviendo es terrorífico”— pero también la aparición de Ángel Gabilondo como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid por el PSOE. “Estoy gratamente sorprendido”.