TEXTO: TERRENCE McNALLY
VERSIÓN: FERNANDO MASLLORENS y FEDERICO GONZÁLEZ DEL PINO
DIRECCIÓN: AGUSTÍN ALEZZO
INTÉRPRETES: NORMA ALEANDRO, CAROLINA GÓMEZ, MARCELO GÓMEZ, LUCÍA SILA, SANTIAGO ROSSO y HUGO ARGÜELLO
DURACIÓN: 110min (con entreacto)
PRODUCCIÓN: MAIPO ARTE JOVEN INTERNACIONAL S.L.
TEATRE BORRÀS

Hay ocasiones que solo se te presentan una vez en la vida, y esta es una. Llevaba años queriendo ver a una de las grandes actrices teatrales en escena. Puesto que se prodiga poco fuera de su patria natal, Argentina, pensé que nunca se produciría el momento. El viernes se cumplió el sueño. En Master Class, estrenada en 1994 y reestrenada en 2012 en el Teatro Maipo de Buenos Aires, Aleandro interpreta los últimos años de Maria Callas, ya retirada y contratada por la Julliard School de Nova York para dar unas clases magistrales.

El público ha llenado esta noche platea y anfiteatro del Teatro Borràs, expectante, pero a la vez sorprendido porque las luces no se apagan del todo y la salida de la actriz ya se ha consumado. Somos público pero formamos parte de la obra, se nos recuerda que esto es una master class y durante buena parte de la obra la famosa cuarta pared desaparece y se suceden la interpelaciones al público.

La obra, que tiene un inicio maravilloso donde las risas estallan y Aleandro es capaz  algo de lo que pocas actrices consiguen, meterse al público en el bolsillo desde su primera aparición. Dicho sea de paso, un público más próximo al Liceo que a un teatro convencional, sin contar la mitad de la comunidad argentina que conforma el resto de la platea. Pero da igual porque lo más importante sucede encima del escenario.

Brillante, hipnótica, soberbia, magistral en sus momentos cómicos y en aquellos que no es la risa sino la pura emoción la que desprenden sus palabras, sus gestos. Dos horas de una clase de interpretación superlativa, donde una vez se apagan las luces estallan los aplausos y los bravos. Toda la platea de pie, porque ella se lo merece. Una noche irrepetible y un sueño cumplido. Gracias. 


Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Es un activo para nuestros escenarios. José Carlos Martínez tiene dos objetivos como director de la Compañía Nacional de Danza: versatilidad y nuevos públicos. El que fuera bailarín estrella de la Ópera de París se muestra entregado a la promoción de una causa que en nuestro país deja caminos regados de melancolía. Este sábado arranca la temporada en el Teatro de la Zarzuela con piezas de Jirí Kylián (Falling Angels), Itzik Galili (Sub) y Ohad Naharin (Minus 16), primeras espadas de la coreografía contemporánea que resumen toda una declaración de principios. Y tras esta primera entrega, la CND abrirá 2014 con Nipón-Koku, de Marcos Morau (La Veronal), título que integra un decálogo que une danza y geografía a través de ciudades como Japón.

¿Cuál ha sido la filosofía para elegir estos tres montajes de apertura de temporada?
En primer lugar, seguir manteniendo un nivel de excelencia en la propuesta coreográfica, ofreciendo en una sola noche tres nombres de primer nivel. Es un programa de corte contemporáneo para alternarlo la propuesta que pudo verse en junio también en el Teatro de la Zarzuela, donde propuse una oferta de estilo más. Lo que me interesa es ofrecer al espectador la oportunidad de comprobar que la CND se ha abierto y es capaz de bailar distintos estilos.

¿Cuál es la virtud principal de Falling Angels
Es una pieza en la que Kylián utiliza de forma magistral la dinámica del espacio y el tiempo. Los movimientos más secos y percutivos se alternan con líneas suaves y elegantes, que pronto se convierten de nuevo en repentinos giros, espasmos, contorsiones... Este contraste en la calidad de movimiento, tan presente en Falling Angels, es lo que crea esa dinámica tan única y original de su estilo.

¿Cree que Sub refleja cierta idea de los conflictos actuales? 
Es un gran trabajo lleno de energía, Galili lo define como un combate de testosterona sin descanso en un campo de batalla.

¿Qué tiene de desafío Minus 16?
Sobre todo el hecho de que Naharin juega con la ruptura de fronteras entre el público y el espectador. Es considerado un revolucionario dentro del mundo de la danza contemporánea, creador de la técnica Gaga, un innovador lenguaje de movimiento que es aplicada y estudiada en todo el mundo.

¿Cómo ve el panorama que vive la danza en España en estos momentos?
Complicado. Las cifras que hace poco ha publicado la SGAE son realmente alarmantes, y eso que nosotros en la CND no nos sentimos afectados. Gracias a la versatilidad de nuestro repertorio hemos hecho el doble de espectáculos que la temporada pasada en España. Nuestro público ha ido en aumento y estamos contentos, pero la realidad es que la danza vive una crisis que habría que analizar en profundidad.

¿Qué ha cambiado en la CND desde que usted llegó?
Tal vez el concepto de compañía. Podríamos decir que era básicamente de autor. Ahora se adapta más a la idea europea de compañía del siglo XXI que puede bailar un amplio repertorio. Hay veinte bailarines nuevos, con un perfil más clásico, más versátil, y solamente eso ya es un cambio. También hemos vuelto a incluir las puntas en el repertorio, cosa que no se hacía desde hace más de 20 años y estamos abriéndonos a nuevos públicos.La misión social y pedagógica de la CND es muy importante en mi proyecto, casi igual de importante que crear un nuevo repertorio o bailar los clásicos del siglo XIX. Gracias a la Fundación Loewe estamos poniendo nuestro granito de arena creando un programa pedagógico.

¿Cree que la danza contemporánea vive una edad de oro?
Edad de oro es mucho decir, tal vez estamos en un periodo de transición. Ahora está en plena evolución. Los grandes coreógrafos siguen presentes en todas las compañías, como Kylián, Forsythe, Naharin o Mats Ek, y hay muchos jóvenes luchando por una oportunidad. Tal vez el problema es que se arriesga poco.

¿Ve algún género en peligro? 
Pues en realidad todos si no se trabajan con rigor. El clásico ha costado veinte años de lucha recuperarlo. No es fácil encontrar buenos bailarines con técnica que quieran venir a la compañía, teniendo formaciones en Europa que ofrecen salarios mucho mas elevados. El contemporáneo tiene el handicap de que, si no ofreces buenos espectáculos y haces propuestas que conecten con el público, termina por no haber opciones reales de programarlo. Creo que durante un tiempo los coreógrafos se han desvinculado demasiado de los gustos del público y eso está pasando factura en las salas.

¿Ve desde su institución buena cantera de coreógrafos?
Yo estoy contento con las oportunidades que hemos dado hasta ahora desde de la CND. Han pasado por nuestras salas de ensayo Goyo Montero, que nos cedió su versión de Romeo y Julieta, Arantxa Sagardoy y Alfredo Bravo, Iván Pérez Gil, Juanjo Arqués, Alejandro Cerrado... Incluso dentro de la compañía hay jóvenes coreógrafos a los que estamos dando alguna oportunidad. Próximamente tenemos programado un estreno con Marcos Morau, director de La Veronal. Según mi criterio, es uno de los coreógrafos emergentes más interesantes que tenemos. Talento hay... sólo hay que buscarlo.

¿Qué tienen otros países que le falta a la danza española? 
Apoyo y creer que la danza es un arte imprescindible en la educación. Además, en otros países es un negocio, porque si la gente consume danza, si lo incluyen en su ocio, los espectáculos se llenan y son rentables. Es un tópico pero aquí lo que falta es cultura de la danza. Tenemos grandes bailarines, creadores, y la danza española, que es única en el mundo, pero el problema es que ni se cuida, ni se respeta, ni se aboga por su mantenimiento. Por experiencia propia, Francia sería un buen ejemplo a seguir, allí la danza forma parte de la cultura general, hay público, hay compañías y las instituciones lo apoyan. Quién sabe, igual un día nos podemos acercar a su modelo...

Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat)
Què passaria si un voluntari de la Creu Roja internacional aconseguís entrar en un camp de concentració per denunciar la situació deplorable dels jueus que hi ha internats i es troba amb una salutació cordial d'un comandant alemany culte (convençut que Europa és la seva literatura universal), uns nens que juguen i es barallen per una baldufa o s'assisteix, de lluny, a una conversa íntima entre una jove parella? Doncs que, contrariat, caldrà redactar un informe favorable i desfer els rumors de trens que carreguen homes, dones i nens amb pijama de ratlles i que desapareixen (tant els trens com les persones). Què fa que tot sigui mentida si l'observador internacional no rep cap ni un avís d'advertència dels veïns del camp? Qui és més culpable de la situació, l'informador que és llec en veure la farsa o els mateixos jueus que no donen peu a imaginar res? I fins a quin punt la perversitat humana pot actuar amb tanta fredor per amagar un extermini en massa de jueus, gitanos o homosexuals de mig Europa? La sala Atrium planteja aquestes preguntes, fins al 15 de desembre, amb el Himmelweg, de Juan Mayorga.
El quadre que exposa el delegat de la Creu Roja en el seu informe és d'imatge de gran angular. En canvi, la direcció de Raimon Molins planteja que tot succeeix en l'estret escenari de l'Atrium i que ho interpreten només tres actors (Guillem Gefaell, Patrícia Mendoza i el mateix Molins, que és el comandant nazi). En realitat, ells també donen veu i ànima als altres personatges però, enganyats per a l'escena plantejada com una operació de propaganda nazi més, esdevenen uns veritables titelles de la situació, es desdoblen gràcies a la manipulació de titelles. El joc és un bon reflex de la situació i una solució dramatúrgica que permet la seva viabilitat en les estretors (d'una intimitat indiscutible) de la sala.
Raimon Molins va experimentar, en el seu darrer espectacle (Litoral, 2013, Romea) els canvis d'ubicacions de l'epopeia del jove que busca on enterrar el seu pare. Ho va fer amb dos cubs que es transformaven amb eficàcia i màgia per possibilitar múltiples espais, unes localitzacions que també evocaven a escenes exteriors i llenguatge cinematogràfic. Molins ara aventura amb un text molt més pervers perquè amaga la crueltat en una acció molt educada aparentment, gens violenta, però que escup bilis per tots cantons. És fàcil imaginar que els universos de Molins i el de Mayorga coincidirien, tard o d'hora, perquè a tots dos els agrada treballar amb un teatre que diu més per dins que per fora. Que sense voler adoctrinar dóna elements per a la reflexió. Tant de caire personal com de tota la societat en general. Veient amb atenció més Mayorga i Molins tothom seria una mica menys malvat.
El cunyat perfecte
El dramaturg Juan Mayorga és el cunyat que tothom voldria tenir. Perquè és d'una tolerància inabastable. Sap escoltar, valorar els problemes. Posar-los en la taula d'operacions d'un espai escènic i anar eliminant tots aquells elements d'odi, por i rancúnia que genera el conflicte. Construeix amb una aparent senzillesa, amb un llenguatge net, que demana més modulació de la veu que no pas crit. No insulta.La pugna es trasllada al cor i al cervell de cada espectador: perquè amb una escriptura blanca, en realitat, desperta fantasmes i monstres de tot humà amb un mínim d'oïda emocional. Autor sensible i intel·ligent, coneix i segueix de fa anys el teatre català, amb Belbel i Benet i Jornet de còmplices.
I és que Mayorga (Premio Nacional de Literatura Dramática)gasta una teatralitat que és compatible amb fer versions per al Teatro Clásico però que, alhora, respira una turbulència interior. Què passaria si un policia perseguís un pederasta i els fills el temessin pel mateix? Clau de Hamelin. O què ha de pensar el Floquet de Neu, fart que el creuïn per aconseguir una carambola genètica amb un altre primat albí. Algú va pensar que aquesta icona de Barcelona no va pensar mai que volia morir amb calma i sense tanta pressió i plor de la ciutat en pes? Sí, tot plegat un informe dolorós.

Dolorós informe

by on 16:33
Font: Jordi Bordes ( elpuntavui.cat ) Què passaria si un voluntari de la Creu Roja internacional aconseguís entrar en un camp de conce...

TEXTO: ROBERTO BOLAÑO
ADAPTACIÓN y DIRECCIÓN: ÀLEX RIGOLA
INTÉRPRETES: JOAN CARRERAS y ANDREU BENITO
DURACIÓN: 55 minutos
COPRODUCCIÓN: TEATRE LLIURE y HEARTBREAK HOTEL
CON LA PARTICIPACIÓN DEL FESTIVAL TEMPORADA ALTA
CON LA COLABORACIÓN DEL TEATRO ABADÍA, LA BIENNALE DI VENEZIA y TRÀNSIT PROJECTES
TEATRE LLIURE (GRÀCIA)

Que un texto de Bolaño llegue a nuestras carteleras, me recuerda que hay autores de debería empezar a leer con urgencia porque desgraciadamente la educación de este país sigue ignorándolos. Con todo esto vengo a decir que desconocía el texto. Y que en cierta manera, fuera de una primera lectura de cuento, reconozco que sus múltiples dimensiones me han impactado.

Si que encuentro, que en el montaje de Àlex Rigola, a medio camino entre la lectura dramatizada y una obra terminada, el ritmo de las locuciones es excesivo para apreciar los pequeños detalles. No digo que sea culpa de la puesta en escena. Impactante, fuera de los momentos en que los dos actores permanecen sentados en sus respectivas sillas. Los momentos de sangre y rata provoca que la atención del espectador vaya más allá de la simple fábula.

Interpretaciones soberbias, pero me gustaría destacar la de Andreu Benito. Cada tono, cada palabra, cada gesto, cada silencio son de una maestría tal, que en muchas ocasiones pone los pelos de punta. Hacía mucho tiempo que no veía una interpretación tan electrizante. Yo, si fuera rata le tendría miedo.

Rigola, después del tropiezo de la temporada pasada, vuelve a convencer y a demostrar que es un gran director de actores. Pero sin embargo creo que juega mejor los textos contemporáneos que los clásicos. Es una opinión, si la temporada que viene nos sorprende con un clásico, quizás la modifique.

EL POLICIA DE LAS RATAS

by on 21:20
TEXTO: ROBERTO BOLAÑO ADAPTACIÓN y DIRECCIÓN: ÀLEX RIGOLA INTÉRPRETES: JOAN CARRERAS y ANDREU BENITO DURACIÓN: 55 minutos COPROD...

Fuente: Lola Huete Machado (elpais.com)
Blanca Li (Granada, 1964) hay que cazarla al vuelo desde que se levanta, y cruje la madera del suelo de su casa parisiense bajo sus pies descalzos, hasta que se acuesta, y esta vuelve a sonar con igual ritmo enérgico. Cual coreografía: crack, crack, crack… Silencio. El París de Blanca Li ya desconecta. Sus dos hijos descansan. Etienne Li, su compañero sentimental y mano derecha, prepara bajo una lámpara una clase de matemáticas. Tao Gutiérrez, su hermano y colaborador, incuba nuevas músicas bajo las sábanas. Su amiga Rossy de Palma se ha retirado en taxi, pegada al Instagram, por las calles vacías de la capital francesa, donde es gran figura; su admirado Azzedine Alaïa, el diseñador de diseñadores, sigue de juerga tras la exitosa première hoy en el Palais Galliera; algunas modelos de Jean Paul Gaultier visualizan los pasos de tango para el desfile de mañana, pues empieza la semana de la moda… La casa de los Li se aletarga con dos décadas de historia dentro en objetos, cuadros, libros, discos, papeles, plantas y juguetes de los chicos.
La coreógrafa duerme. Al fin.
Porque durante el día, todo a su alrededor es giro vertiginoso, una mélange de música, movimientos, voces, citas… los teléfonos móviles locos y el timbre de su estudio que no conoce descanso. Ella, cuerpo espigado de exgimnasta, morena, boca grande, voz grave, va de esto a lo otro, tan tranquila. De una orden a un paso o una música, de los elementos de la escenografía a la elección del vestido para el sarao nocturno que hoy toque. Mucho control multitarea se masca en los Estudios Calentito. Muchas voluntades. Un equipo. Es este un estudio con tres salas –lleva nombre homenaje al bar madrileño que Blanca Li abrió en los ochenta, en plena movida– situado en un edificio de la Rue de les Petites Ecuries, antes muy neoyorquino, ahora remozado, en el populoso y multiétnico Faubourg Saint Denis, junto a la Porte Saint Denis. Por este arco del triunfo entraban secularmente a París los reyes coronados en la basílica homónima y cruza ahora el mundo entero, se diría, entre restaurantes multiculturales, tiendas de chinos y peluquerías afro hasta bajo las piedras.
Ella no será reina, se ríe Blanca, pero hubo un tiempo en que se hacía el camino andado desde su casa en la zona de Ópera ordenando el mundo a sus pies. Hasta empujando el carrito de los niños lo recorría. Paso a paso, Rue de La Fayette, Faubourg Montmartre, el Folies Bergère…, cruzaba de un centro burgués capital a otro bohemio y pecaminoso, noctámbulo, pleno de arte e influencias externas… El presente y la historia se iban (se van, lo comprobamos) transformando al ritmo en que sus piernas avanzaban, cambiaba el paisaje urbano, los edificios… y su mente engendraba mil proyectos. Muchos son ya realidad, desde ballets y óperas para grandes escenarios (Metropolitan de Nueva York, Ópera de París…) hasta obras musicales (Enamorados anónimos), pasando por películas (Le défi, Corazón loco…), galas (el baile de la Rosa de Mónaco en 2008 o los Goya de 2012, sin ir más lejos), conciertos y videoclips (Lily Allen, Kylie Minogue, Paul McCartney, Daft Punk…), mucho desfile y publicidad de moda a lo grande y mucho premio (incluido el Bellas Artes en 2008 en España). Pero cuando mira atrás, aunque percibe la intensidad de lo vivido, tiene una sensación rara, asegura: “Sé mucho más, pero siempre parece que empiezo desde cero”. Y ahí es donde se nota la madurez: “Sigues teniendo esa página en blanco, pero ese momento deja de ser un sufrimiento, ahora me divierte, me excita. Antes, cuando empezaba era horrible, me costaba tanto arrancar… Ahí sí noto las dos décadas en esto: voy al grano, sé lo que quiero, pierdo menos el tiempo…”.
Un caos aparente a ojos extraños es su día a día. Hay que ir rescatando y registrando pedazos de sus frases y sus actos –como si fueran fragmentos de la última coreografía, Robot, que ahora mismo su compañía “limpia” en una de las salas ante su atenta mirada (un, deux, trois; un, deux, trois; tatatata...)– y luego ir ensamblando esas piezas eclécticas, arriesgadas, una a una, hasta reconstruir la vida y obra de esta española peleona emigrada primero a Nueva York y luego aquí, a París.
Veinte años ya. Eso lleva. Eso celebra este 2013 que ya languidece. Los mismos también que tiene la compañía homónima con la que ha creado 14 grandes coreografías (desde Nana et Lila, 1993, pasando por Macadam Macadam, Borderline, Poeta en Nueva York…) y múltiples obras multiformato citadas en teatro, danza, televisión, publicidad, performance… Tanto y de tan alto vuelo últimamente que no solo Almodóvar ha contado con ella para su última película (Los amantes pasajeros), sino que hasta Beyoncé ha quedado prendada de su estilo de bailar contemporáneo: dos coreografías de videoclips le ha montado recientemente a la diva: el de Mrs. Carter´s World Tour y la campaña de H&M.
Es admirada Blanca Li. Un ejemplo. Esta misma noche, Carla Bruni Sarkozy la llevará consigo a un programa de France 2, adonde solo acuden sus amigos; invitados como Inès de la Fressange, Françoise Hardy o Julien Clerc, un programa clásico sábana titulado Vivement dimanche, donde Blanca se presentará subida sobre sus botas Louboutin, con robot NAO parlanchín en brazos, dejando boquiabiertos al público, a los técnicos y a la hierática ex primera dama.
“Que 20 años no es nada… y es tanto”, murmura ella en los Estudios Calentito, de espaldas al gran espejo donde todo se ve: pies desnudos, muchas cajas y cables, aparatos extraños que emiten la música de Tao bajo las órdenes del ingeniero Thomas Pachoud y asistentes… Y sentados, muy quietos, unos seres diminutos, muñecos de color azul y blanco, los NAO, observando, esperando su turno de baile como amantes despechados.
Seres humanos y máquinas. Un estudio cargado de ironía y momentos poéticos ha construido Blanca Li sobre el peso creciente de la tecnología en nuestro tiempo. Lo que nos quita y nos proporciona. Lo que representa a la hora de comunicarnos. “Enganchados a las máquinas vivimos”, apunta. Dos días de ensayos llevan entre la marabunta en la agenda. Sus dos asistentes, Glyslein Lefever y Déborah Torres, la sustituyen a ratos. “Yo lo que admiro en Blanca es la manera que tiene de hacer en un día lo que normalmente otra persona haría en una semana”, apunta la primera, soplando.
Claudia Gargano, amiga desde el tiempo de El Calentito en Madrid, la conoce bien y asiente. Asegura que a ella nada le sorprende. Ahora se encarga de ordenarle el archivo: “Una tarea bien complicada, para poner al día un trabajo increíblemente rico, poderoso, personal”. Conoció a Blanca en una fiesta en España cuando andaba con su grupo Las Xoxonees: “Yo la vi y de inmediato pensé ‘guau, esta mujer va lejísimos, esta mujer no tiene fin…’. Abrió el bar y allí me quedé a su vera, hasta hoy”.
Un caos aparente a ojos extraños es su día a día. Hay que ir rescatando y registrando pedazos de sus frases y sus actos –como si fueran fragmentos de la última coreografía, Robot, que ahora mismo su compañía “limpia” en una de las salas ante su atenta mirada (un, deux, trois; un, deux, trois; tatatata...)– y luego ir ensamblando esas piezas eclécticas, arriesgadas, una a una, hasta reconstruir la vida y obra de esta española peleona emigrada primero a Nueva York y luego aquí, a París.
Veinte años ya. Eso lleva. Eso celebra este 2013 que ya languidece. Los mismos también que tiene la compañía homónima con la que ha creado 14 grandes coreografías (desde Nana et Lila, 1993, pasando por Macadam Macadam, Borderline, Poeta en Nueva York…) y múltiples obras multiformato citadas en teatro, danza, televisión, publicidad, performance… Tanto y de tan alto vuelo últimamente que no solo Almodóvar ha contado con ella para su última película (Los amantes pasajeros), sino que hasta Beyoncé ha quedado prendada de su estilo de bailar contemporáneo: dos coreografías de videoclips le ha montado recientemente a la diva: el de Mrs. Carter´s World Tour y la campaña de H&M.
Es admirada Blanca Li. Un ejemplo. Esta misma noche, Carla Bruni Sarkozy la llevará consigo a un programa de France 2, adonde solo acuden sus amigos; invitados como Inès de la Fressange, Françoise Hardy o Julien Clerc, un programa clásico sábana titulado Vivement dimanche, donde Blanca se presentará subida sobre sus botas Louboutin, con robot NAO parlanchín en brazos, dejando boquiabiertos al público, a los técnicos y a la hierática ex primera dama.
“Que 20 años no es nada… y es tanto”, murmura ella en los Estudios Calentito, de espaldas al gran espejo donde todo se ve: pies desnudos, muchas cajas y cables, aparatos extraños que emiten la música de Tao bajo las órdenes del ingeniero Thomas Pachoud y asistentes… Y sentados, muy quietos, unos seres diminutos, muñecos de color azul y blanco, los NAO, observando, esperando su turno de baile como amantes despechados.
Seres humanos y máquinas. Un estudio cargado de ironía y momentos poéticos ha construido Blanca Li sobre el peso creciente de la tecnología en nuestro tiempo. Lo que nos quita y nos proporciona. Lo que representa a la hora de comunicarnos. “Enganchados a las máquinas vivimos”, apunta. Dos días de ensayos llevan entre la marabunta en la agenda. Sus dos asistentes, Glyslein Lefever y Déborah Torres, la sustituyen a ratos. “Yo lo que admiro en Blanca es la manera que tiene de hacer en un día lo que normalmente otra persona haría en una semana”, apunta la primera, soplando.
Claudia Gargano, amiga desde el tiempo de El Calentito en Madrid, la conoce bien y asiente. Asegura que a ella nada le sorprende. Ahora se encarga de ordenarle el archivo: “Una tarea bien complicada, para poner al día un trabajo increíblemente rico, poderoso, personal”. Conoció a Blanca en una fiesta en España cuando andaba con su grupo Las Xoxonees: “Yo la vi y de inmediato pensé ‘guau, esta mujer va lejísimos, esta mujer no tiene fin…’. Abrió el bar y allí me quedé a su vera, hasta hoy”.
“Bueno, mira cómo han despedido a Mortier… El interés por la cultura, en general, siempre ha sido un poco extraño en España. Yo he visto que los políticos la usan para sus propios fines, no les interesa nada. Es una pose, una foto, y luego se olvidan. Por eso no hay danza ni difusión verdadera de lo cultural, no hay redes. Allí vas a veces a teatros municipales, a mí me ha pasado, a actuar y nadie acude a recibirte. Ensayas, haces el show… y ahí no viene nadie; recoges tus cosas y alguien llega y te dice ‘me han encargado que le entregue esto’. Te dan un sobre con un cheque y no ves nunca a quien te programó ni al director. Esto es inconcebible en Francia. Aquí siempre viene alguien a darte la bienvenida, a decirte: ‘encantados, este es el director, etcétera’. Hay un mínimo de cortesía, algo. Que no estás llegando a un hotel, que produces un espec­táculo, y, claro, eso implica mucho: es un modo de funcionar, es decir que a muchas de estas salas les da igual quien venga, no han hecho ninguna promoción, pueden estar incluso vacías o semivacías… nadie se implica”.
Hora de avances: un proyecto en Miami para un cabaret y otro en París, actuaciones, poner en marcha su película postergada y eterna, Cabaret latino. “Sé que la haré un día, me lo tomo con tranquilidad, pero saldrá… hay proyectos que tardan más y otros menos”. Y también de repasar lo penúltimo hecho. En 2009 estrenó El jardín de las delicias y luego Elektro Kif, una obra teatral de sabor mestizo que sigue rodando (como tantas otras que pone y repone, intemporales), producto de un encuentro casual con bailarines de tal disciplina, chicos de gimnasio y disco, segunda generación de inmigrantes. “Grupo étnico ‘de la banlieue”, se ríe. Siempre le gustó mezclar, compartir con otros artistas contemporáneos: “Me resulta enriquecedor. Así cada obra supone algo nuevo para mí”. Elektro Kif lleva tres años sin parar de girar por el mundo, en China, en Europa… “Menos una vez una sola actuación en España, en todos lados”, apunta.
Y fue después de hacer Elektro Kif cuando empezó a pensar en este Robotque ahora se trae entre manos. “Tenía ganas, la robótica, las máquinas siempre me han interesado, siempre he incorporado algo de ellas en mis espectáculos. Me fui a Japón, donde están obsesionados con la mecanización, buscando inspiración”. Y la encontró. Se topó con Maywa Denki, un colectivo de artistas que inventan sus propios robots musicales. Ellos son los autores de los que aparecen en el espectáculo. Tardaron casi dos años en ponerse de acuerdo vía email transcontinental.
Y ahí están los robots. De dos tipos: los creados por el colectivo japonés citado, extraños, caprichosos artilugios de material reciclado, pensados para ejecutar la música compuesta por Tao, y esos otros, los NAO, de ojos luminosos, de apenas medio metro, creados por la firma francesa Aldebaran Robotics, que bailan y hablan y se mueven e interaccionan con los bailarines… Nos fascinan… Se caen. Se levantan por sí mismos. Y se vuelven a caer.
“Tenemos que estar preparados para todo, puede pasar cualquier cosa en cada show. ¿No es curioso que sean las máquinas las que más improvisen en este espectáculo?”, se ríe la coreógrafa. Y eso es precisamente lo que le interesa.
Y esto es obsesión y maravilla al tiempo para los ocho bailarines de la obra. Lo dicen unos y otros. “Nada es fijo, hay que prepararse para improvisar y estar con la cabeza aquí y el ojo allá”, opina la mallorquina Margalida Riera, de 29 años, exbailarina de RTVE y también de Shakira. Lleva seis años con Blanca, a la que considera una madre: “Ella es todo lo que yo quiero como jefa, es humana, alegría, corazón, me ayudó desde el principio”. Muy osada al atreverse a esto, coinciden todos los bailarines que nos dan, además, frases para definirla. Yacnoy Abreu, cubano, de 27 años: “Si se enfada, son cinco segundos y ya… Curiosidad y osadía, así la describiría yo”. Emilie Camacho, de 33 años, medio portuguesa, caboverdiana y guineana: “Admiro su seriedad, la libertad que nos da y su honestidad”. Aliashka Hilsum, de 24 años y de origen ruso, mongol y holandés: “Ella es como la electricidad que pone en marcha las cosas”. O Samir M’Kirech, de 28 años: “No puedo en una sola frase: es demasiado. Loca, muy humana, fashionista, muy abierta”.
Geraldine Fournier: “Crea espectáculos muy físicos, pero sin presión. Es muy respetuosa con los otros, todo el mundo tiene su plaza, es muy horizontal siempre su planteamiento”. Gaël Rougegrez, de 33 años, y Yann Hervé, de 27, usan dos palabras: “Energía, sol”.
Hubo un tiempo en que Blanca Li abandonó París por otra ciudad. Se fue a vivir a Berlín, en 2002, al ser nombrada directora del ballet de la Ópera Cómica de la capital alemana. Pero aquello no duró: al poco abandonó. “Fue un intento de tener compañía institucional para evitarme, digamos, la parte dura de una independiente, donde sufres mucho buscándote el sustento… Pensé que estando en una institución todo eso estaría cubierto y entonces podría dedicarme a la creación sin tener que andar pensando cómo voy a pagar sueldos, todo lo administrativo… pero no fue así”. No le compensaba: “Perdía la independencia. Y fue difícil. Primero, por la relación tan funcionarial con los bailarines, tan diferente a lo que es en una compañía privada. Y segundo, que Berlín estaba prácticamente en bancarrota cuando yo aterricé, todo eran recortes, querían cerrar. De un día a otro me decían: ‘Hay que despedir a cuatro…’. ¡Era un sufrimiento mayor que en mi compañía con mis problemas económicos! Les dije: ‘Yo he venido para crear, no para destruir’. Y nada más irme, a los seis meses despidieron a la compañía entera”. Aun así, la experiencia fue muy valiosa. Aprendió algo: “Que tengo que estar rodeada de personas que compartan mi pasión, que tengan un sentido artístico. Era triste estar en un lugar donde se supone que debe primar la creación y ¡parecíamos un banco!”.
–Ha hecho mucho últimamente: publicidad, teatro, películas… ¿Prefiere algo en concreto?
“Lo que más me gusta tras la danza es el cine. Me divierte y cada vez trabajo más con directores más vanguardistas, en publicidades, videoclips… Es otra manera de ver el baile; una coreografía para la cámara es muy diferente, los planos van muy rápido, tienes que inventarlo todo. Por ejemplo, cuando Pedro Almodóvar me llamó para Los amantes pasajeros fue genial. En el avión ya iba yo pensando hacer esto, aquello. Me encanta ese estado de inventar constantemente. Y claro, en el caso de Beyoncé y otros es un gusto trabajar con artistas y directores de ese calibre que confían en ti plenamente. Todo es siempre un paso hacia delante, como de hormiguita…”. Asegura que nada de esto huele a Hollywood: “El del videoclip es un mundo que no tiene presión de grandes productoras. Artista y productor acuerdan un concepto y lo defienden a muerte. Se rueda y ya está”.
Dice que no admira a nadie especialmente, pero sí que está agradecida a muchas personas. Muchas la motivan. Pero en la noche del estreno de Alaïaen el Museo Galliera, bajo un cielo estrellado, con la Torre Eiffel iluminada y el todo París del glamour, la moda y la política cerca, ella cita a Raquel Boismene, su maestra y preparadora: “Nunca he tenido una lesión en mi vida gracias a ella: me enseñó cómo caer, a tener en la cabeza los movimientos del cuerpo, a no dejar que te sorprenda”.
Y lo que lleva también a rajatabla, afirma, es intentar estar al día: “Tengo mucha curiosidad por ver lo que pasa, salgo mucho en París o allá donde voy. Ahora acabo de llegar de Colombia, pues en la próxima película de mi hermana, Chus Gutiérrez, he coreografiado tres escenas con cientos de bailarines… Fue genial, salí mucho, a ver el ambiente, nuevos bailes, tendencias… Me fascinaban los pechos y los culos de las modelos en los escaparates: des-co-mu-na-les. ¡Eso allí se lleva!”, dice soltando una risotada.
 –Los Gutiérrez (siete hermanos, hijos de funcionario de la Casa de Moneda y Timbre) son muy artistas, ¿cómo ha vivido este tiempo en su propia familia, con sus dos hijos?
“Cuando eres bailarina tienes miedo de que esto te frene, que tener un hijo signifique dejar de danzar, perder el cuerpo. Decidí que si me lo estaba pidiendo el cuerpo, es que era el momento. Fue hace nueve años, los que tiene mi hijo mayor… Di el paso. Y ahora me alegro mucho porque no cambió mi vida tanto. Era un falso miedo, no he sacrificado nada a nivel artístico. Sí, quizá es una suerte esta profesión, los he podido llevar conmigo de viaje. Y luego, la sensación del cuerpo que cambia… pues apenas unos meses después volví al escenario. Me di cuenta de que el cuerpo posee una memoria impresionante, que los bailarines poseemos una preparación increíble…”.
Es ahora, confiesa, cuando siente que ya no tiene la necesidad imperiosa de danzar y estar siempre en escena. “Es la evolución natural de la profesión, antes tenía que estar en el show, pero ahora ya no. Si estoy, bien; si no, también. Yo creo para los bailarines y lo disfruto igual. Mi cuerpo no está para hacer esto o no me apetece… ¡Es todo más fácil cuando estás en el escenario que cuando estás sentada en una silla! Y no dejaré nunca de bailar. Por las mañana necesito mi clase, que mi cuerpo esté activo; es adictivo, como tomar café”.
Pero de lo hecho y enumerado, el mayor éxito es su compañía. El haber sabido hacer de lo familiar una empresa. Y de la empresa, una familia. “Tengo un equipo impresionante, he recorrido este camino con mucha gente a mi lado. Por ejemplo, mis asistentes, bailarinas también antaño, que me sustituyen y estoy supertranquila. Si, por ejemplo, decido irme dos o tres semanas a Colombia, puedo hacerlo. Porque las tengo a ellas; tengo a Tao, que no necesitamos ni vernos; tengo a Etienne, que es mi base, se ocupa de toda la administración; a los técnicos y creadores de luces, escenografía y vídeo que llevan conmigo más de una década. Nos conocemos bien y he delegado mucho”.
Blanca Li ahonda en esa idea: “Delegar es importante para crecer. Hay momentos en que tienes que soltar amarras. Si no lo haces, malo. Confiar quiere decir que cuando la persona te dice: ‘Blanca, he tomado tal decisión…’, pues vale, no puedes descalificarla. Esto es algo que debes aprender. Y entonces ves que a veces toman decisiones incluso mejor que tú, defienden las cosas mejor, son más exigentes. Esto me da una libertad enorme, me permite ver qué es lo más importante en cada momento y poder dedicarme a otros proyectos que me llenan”. Y cuenta que ve muchos creadores cercanos que han llegado bien lejos, pero están solos. “Tan alto y tan solos…”, repite. Quizá muy máquinas, pero poco humanos.
'Robot', de la Cia. Blanca Li, se presenta en Teatros del Canal, en Madrid, del 10 al 13 de abril de 2014.

DIRECCIÓN y DRAMATURGIA: ORIOL MORALES i ALEIX PLANA
INTÉRPRETES: KAROLINA LEE GLUECK y MARTA FÍGULS
DURACIÓN: 55min
PRODUCCIÓN: TEATRE SENSE SOSTRE
PORTA 4

Es necesario a veces salir del circuito más comercial y sumergirte en las pequeñas salas que pueblan Barcelona para descubrir joyitas. Os presento una, Del que mengen les bèsties. Evidentemente los medios de los que puede disponer Teatre Sense Sostre al Porta 4 serán muy diferentes a los que tendría en una sala más comercial, aunque tampoco considero que con más medios el resultado fuera mejor.

Del que mengen les bèsties es un de esos montajes que te toca, que te emociona. Sus actrices te hacen sentirte identificada, sufres con ellas, te emocionas con ellas y sientes minuto a minuto el que se está desarrollando en escena. Un espectáculo muy vinculado con la naturaleza, desde un punto de vista simbólico pero también real, que nos muestra la aventura hacia los orígenes de dos hermanas, jóvenes, que viven en la ciudad y vuelven al pueblo natal. Al no estar satisfechas con sus vidas actuales tendrán que tomar una decisión importante.

Entramos en una sala a la italiana donde en la parte escenográfica hay partes de tierra con forma de L. Una tierra muy simbólica pero que al mismo tiempo da mucho juego a las protagonistas. Los cambios de luces y, sobre todo, algunos detalles en el texto la hacen próxima y sirven para que te identifiques con ella. 

Las interpretaciones naturalistas y llenas de vida, de sentimiento y adaptadas perfectamente a la intimidad de la sala, convierten a Del que mengen les bèsties en un must de aquellos que un aficionado al teatro no debería perderse.