Mostrando entradas con la etiqueta José Carlos Martínez. Mostrar todas las entradas
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Fuente: Cristina Marinero (elmundo.es)
Una desafortunada lesión de la primera bailarina, la coreana Seh Yun Kim, puso patas arriba el calendario de ensayos que José Carlos Martínez tenía marcado para estrenar hoy en los Teatros del Canal la temporada que celebra el 35º aniversario de la Compañía Nacional de Danza (CND). Pero todo se solucionó en seguida, con la rápida contratación de Mathilde Froustey, la figura del San Francisco Ballet, compañera suya en el Ballet de la Ópera de París y poseedora de la medalla de oro del prestigioso concurso de Varna. Froustey protagonizará el ballet de Balanchine, 'Allegro brillante', y el clásico de Marius Petipa y Glazunov que ha hecho suya Martínez, 'Raymonda divertissement', en este primer programa, de corte clásico. 
Estos imprevistos son un desajuste importante de la perfecta maquinaria que debe ser la CND. El director debe cuadrar las cuatro horas de ensayo que tienen cada día los miembros del cuerpo de baile, también las correspondientes a los solistas, trabajar en la oficina para las próximas giras, ensayar las coreografías que se presentan (suya es también 'Delibes suite', que, con 'Minus 16', de Ohad Naharin, completa el programa) y, sobre todo, resolver un día a día donde todo marcha porque hay muchas ganas de que las cosas salgan bien.
El tema de las horas extras que saltó a los titulares cuando iban a bailar en el Teatro Real en abril, sólo se ha medio solucionado. "Ahora cobran un complemento de 350 euros brutos al mes a cambio de empezar y acabar más tarde los horarios en giras", explica Martínez. Pero el resto sigue igual, las horas que superen las 60 extras anuales siguen pagándose con tiempo libre, algo que va en contra de la profesión de bailarín, ya que la clase de clásico diaria es vital para estar al día. En la tablilla ya están fijadas las obligadas vacaciones, en febrero de 2015, por las horas de más en las giras de noviembre y diciembre a China y Japón.
A José Carlos Martínez le encantaría, por un lado, tener un convenio sólo para los bailarines y, además, ajustado a la realidad de hoy, pues, asegura, "han cambiado tantas cosas... Por ejemplo, ya no es necesario tener libre el día que se viaja, como obliga el convenio, porque a muchos sitios se llega en un par de horas y se podría ensayar perfectamente después". Por otro lado, le gustaría también que quienes deciden sobre el tema de las horas extras se acercaran en algún momento a ellos. "Al igual que organizamos ensayos para que venga gente que quiere descubrir la CND, me gustaría que los responsables de Hacienda (como hizo en su momento el ministro Wert) se pasaran por nuestra sede para ver 'de cerca' el trabajo del bailarín y los esfuerzos que conlleva esta profesión".

Historia de una compañía

El espectáculo, entre tanto, debe continuar. Se celebra el 35º aniversario de la creación de la CND y su director quiere acercar al público algo de su historia, desde que despegó en 1979 como Ballet Clásico Nacional, dirigido por Víctor Ullate. Dos programas coreográficos, dos galas de homenaje a María de Ávila y Tony Fabre, exposiciones de trajes y carteles, además de un encuentro abierto al público entre ambos directores, se sucederán hasta el domingo 19 en los Teatros del Canal de Madrid. Le hubiera gustado haber puesto en escena un ballet clásico completo, como anunció, "pero las circunstancias no nos lo han permitido, aunque no me rindo y espero hacerlo antes de septiembre de 2016". 
Para las galas, José Carlos Martínez ha querido que estuvieran todos los antiguos directores de la CND, y los que han formado parte de ella de una u otra forma. "Estamos intentando que venga Maya Plisetskaya, me encantaría. Con Nacho Duato he hablado por teléfono. Dice que no está en contra de la compañía, pero no quiere firmar contratos con el INAEM y prefiere que no se bailen aquí sus coreografías".
"Es verdad que la situación no ha cambiado tanto con respecto a cuando estaba él", señala Martínez. "Sigue siendo necesaria una libertad de gestión para que la CND sea más ágil y se puedan hacer más giras y actuaciones. No es que el INAEM nos quiera frenar, no. Es que la casa está construida de tal forma que tienen por encima a Hacienda. Todo está estructurado así en este país, nadie tiene el poder de decisión al 100%. La libertad artística que deberíamos tener se encuentra frente a este muro".
Sin embargo, el aumento de actuaciones, 70 realizadas en la temporada anterior, trae buenas noticias. "El año pasado fue el primero, desde hace 18 años, que la CND ha cumplido sus objetivos y ha superado en ingresos los que el INAEM le marca". Con estos datos, y preguntado por una rápida solución para seguir creciendo, no tarda ni un segundo en contestar: "¡Si sólo tuviésemos una sala de ensayo más, nuestra vida cambiaría a mejor un 60%!". 
Con todo, José Carlos Martínez sigue con su labor de hormiguita, ideando soluciones, resolviendo. Así, han vaciado el gimnasio. El nuevo espacio lo utilizan en determinados momentos como sala de ensayo, "o pedimos prestada una sala de Matadero o del centro cultural que tenemos al lado, pero dependemos de sus horas libres". También está aprovechando vestuario antiguo que han descubierto en baúles medio abandonados en un almacén del Ministerio de Cultura. "Nos trajeron uno un día, lo abrimos, y había nueve tutús de hace 25 años o más, igual que nos ha pasado con el tutú de 'Raymonda' que va a llevar Mathilde: era de Arancha Argüelles o Carmen Molina, de los años 80. En otro baúl, además, hemos encontrado vestuario goyesco y voy a utilizarlo para hacer una 'suite' de 'Don Quijote' el año que viene", explica, aunque lo que más le inquieta "es saber dónde han ido a parar el resto de tutús y vestidos de esas producciones, decenas de trajes que no están". 
A pesar de todo, dice sentirse feliz con su trabajo y muy contento de ir viendo crecer su proyecto de compañía, donde clásicos y contemporáneos conviven. "Porque estamos en la primera división si hablamos del nivel de los coreógrafos que han venido a trabajar, como Mats Ek o Johan Inger, cuya 'Carmen' estrenaremos el año que viene en el Teatro de la Zarzuela. Pero donde no estamos en esa primera línea es en infraestructuras y en tener la libertad de gestión directa. Por el momento, lo que estamos haciendo es una intensa labor con el público. Queremos que sientan la compañía como suya, porque, en definitiva, lo es. A partir de ahí, espero ir consiguiendo lo demás".


Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Es un activo para nuestros escenarios. José Carlos Martínez tiene dos objetivos como director de la Compañía Nacional de Danza: versatilidad y nuevos públicos. El que fuera bailarín estrella de la Ópera de París se muestra entregado a la promoción de una causa que en nuestro país deja caminos regados de melancolía. Este sábado arranca la temporada en el Teatro de la Zarzuela con piezas de Jirí Kylián (Falling Angels), Itzik Galili (Sub) y Ohad Naharin (Minus 16), primeras espadas de la coreografía contemporánea que resumen toda una declaración de principios. Y tras esta primera entrega, la CND abrirá 2014 con Nipón-Koku, de Marcos Morau (La Veronal), título que integra un decálogo que une danza y geografía a través de ciudades como Japón.

¿Cuál ha sido la filosofía para elegir estos tres montajes de apertura de temporada?
En primer lugar, seguir manteniendo un nivel de excelencia en la propuesta coreográfica, ofreciendo en una sola noche tres nombres de primer nivel. Es un programa de corte contemporáneo para alternarlo la propuesta que pudo verse en junio también en el Teatro de la Zarzuela, donde propuse una oferta de estilo más. Lo que me interesa es ofrecer al espectador la oportunidad de comprobar que la CND se ha abierto y es capaz de bailar distintos estilos.

¿Cuál es la virtud principal de Falling Angels
Es una pieza en la que Kylián utiliza de forma magistral la dinámica del espacio y el tiempo. Los movimientos más secos y percutivos se alternan con líneas suaves y elegantes, que pronto se convierten de nuevo en repentinos giros, espasmos, contorsiones... Este contraste en la calidad de movimiento, tan presente en Falling Angels, es lo que crea esa dinámica tan única y original de su estilo.

¿Cree que Sub refleja cierta idea de los conflictos actuales? 
Es un gran trabajo lleno de energía, Galili lo define como un combate de testosterona sin descanso en un campo de batalla.

¿Qué tiene de desafío Minus 16?
Sobre todo el hecho de que Naharin juega con la ruptura de fronteras entre el público y el espectador. Es considerado un revolucionario dentro del mundo de la danza contemporánea, creador de la técnica Gaga, un innovador lenguaje de movimiento que es aplicada y estudiada en todo el mundo.

¿Cómo ve el panorama que vive la danza en España en estos momentos?
Complicado. Las cifras que hace poco ha publicado la SGAE son realmente alarmantes, y eso que nosotros en la CND no nos sentimos afectados. Gracias a la versatilidad de nuestro repertorio hemos hecho el doble de espectáculos que la temporada pasada en España. Nuestro público ha ido en aumento y estamos contentos, pero la realidad es que la danza vive una crisis que habría que analizar en profundidad.

¿Qué ha cambiado en la CND desde que usted llegó?
Tal vez el concepto de compañía. Podríamos decir que era básicamente de autor. Ahora se adapta más a la idea europea de compañía del siglo XXI que puede bailar un amplio repertorio. Hay veinte bailarines nuevos, con un perfil más clásico, más versátil, y solamente eso ya es un cambio. También hemos vuelto a incluir las puntas en el repertorio, cosa que no se hacía desde hace más de 20 años y estamos abriéndonos a nuevos públicos.La misión social y pedagógica de la CND es muy importante en mi proyecto, casi igual de importante que crear un nuevo repertorio o bailar los clásicos del siglo XIX. Gracias a la Fundación Loewe estamos poniendo nuestro granito de arena creando un programa pedagógico.

¿Cree que la danza contemporánea vive una edad de oro?
Edad de oro es mucho decir, tal vez estamos en un periodo de transición. Ahora está en plena evolución. Los grandes coreógrafos siguen presentes en todas las compañías, como Kylián, Forsythe, Naharin o Mats Ek, y hay muchos jóvenes luchando por una oportunidad. Tal vez el problema es que se arriesga poco.

¿Ve algún género en peligro? 
Pues en realidad todos si no se trabajan con rigor. El clásico ha costado veinte años de lucha recuperarlo. No es fácil encontrar buenos bailarines con técnica que quieran venir a la compañía, teniendo formaciones en Europa que ofrecen salarios mucho mas elevados. El contemporáneo tiene el handicap de que, si no ofreces buenos espectáculos y haces propuestas que conecten con el público, termina por no haber opciones reales de programarlo. Creo que durante un tiempo los coreógrafos se han desvinculado demasiado de los gustos del público y eso está pasando factura en las salas.

¿Ve desde su institución buena cantera de coreógrafos?
Yo estoy contento con las oportunidades que hemos dado hasta ahora desde de la CND. Han pasado por nuestras salas de ensayo Goyo Montero, que nos cedió su versión de Romeo y Julieta, Arantxa Sagardoy y Alfredo Bravo, Iván Pérez Gil, Juanjo Arqués, Alejandro Cerrado... Incluso dentro de la compañía hay jóvenes coreógrafos a los que estamos dando alguna oportunidad. Próximamente tenemos programado un estreno con Marcos Morau, director de La Veronal. Según mi criterio, es uno de los coreógrafos emergentes más interesantes que tenemos. Talento hay... sólo hay que buscarlo.

¿Qué tienen otros países que le falta a la danza española? 
Apoyo y creer que la danza es un arte imprescindible en la educación. Además, en otros países es un negocio, porque si la gente consume danza, si lo incluyen en su ocio, los espectáculos se llenan y son rentables. Es un tópico pero aquí lo que falta es cultura de la danza. Tenemos grandes bailarines, creadores, y la danza española, que es única en el mundo, pero el problema es que ni se cuida, ni se respeta, ni se aboga por su mantenimiento. Por experiencia propia, Francia sería un buen ejemplo a seguir, allí la danza forma parte de la cultura general, hay público, hay compañías y las instituciones lo apoyan. Quién sabe, igual un día nos podemos acercar a su modelo...

Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Decir que algo se mueve en la Compañía Nacional de Danza sería redundante si no fuera porque su director, José Carlos Martínez (Cartagena, 1969), ha empeñado su impresionante currículum en dinamizar y acercar al gran público un género que habitualmente se mueve en circuitos especializados. Y es que la Compañía Nacional de Danza Clásica, dependiente de la CND, se presenta el próximo jueves en el Teatro Real con la pianista Rosa Torres-Pardo y los bailarines Lucía Lacarra y Marlon Dino como artistas invitados. Martínez presume de haber armado un collage preñado de “calidad y excelencia” en el que podrá contrastarse el guiño a la danza en “Tres preludios”, de Ben Stevenson, la modernidad de “Holbert Suite”, de Tony Fabre, y el lenguaje único de George Balanchine en “Who Cares” con el academicismo de “Sonatas”, llevado a cabo por el propio director, y el toque clásico de “El Cisne Blanco”, de Ray Barra. El Bailarín Estrella de la Ópera de París y Premio Nacional de Danza 1999 defiende el programa elegido para la ocasión.

¿Considera “Sonatas” un ejemplo de su impronta en la institución?

Esta pieza marca una evolución en el rumbo de la compañía. Con este ejercicio de estilo sumamos un nuevo tono a la paleta de colores de la CND. Mi objetivo es darle una nueva identidad. La que considero que debe tener una verdadera Compañía Nacional. “Sonatas” es una pieza coral basada en "Scarlatti paso a dos" que teníamos en el repertorio durante la temporada pasada. Ese trabajo ha evolucionado y he ido integrando a los nuevos bailarines, trabajando directamente con ellos para crear una pieza a medida de la CND. "Sonatas" está basada en el vocabulario académico y la relación entre la música y el bailarín. 

¿Consideraría “Tres preludios” un homenaje a la danza?

No sé si un homenaje pero sí un guiño a ese momento tan importante en la rutina diaria de un bailarín. “Tres Preludios” es una pieza neoclásica que se sitúa en una clase de danza. Los dos intérpretes ejecutan sus ejercicios de barra y esa cercanía, esa pasión común, hace que poco a poco los sentimientos de ambos vayan evolucionando hasta mostrarnos un sentimiento romántico. En la CND hace más de veinte años que no se pone en escena una coreografía con vocabulario académico y me parecía una bonita imagen la de empezar el espectáculo con dos bailarines y una barra de ballet. El momento de agarrarse a la barra y empezar a trabajar es muy importante en la vida de un bailarín.

Vuelve Tony Fabre a la Compañía. ¿Consideraría “Holberg Suite”, de Grieg, un título fetiche?

Tony Fabre fue director de la CND2 durante años. Hizo varias coreografías para la compañía y me ha parecido importante incluir una de ellas en este estreno, ya que no quiero destruir el trabajo que se hizo en la CND antes de mi llegada, es nuestro patrimonio y no hay que ignorarlo. “Holberg Suite” se ha bailado en la CND desde el año 2000, pero esta vez los bailarines que interpretan la pieza tienen un perfil diferente, son bailarines "clásicos" que bailan una pieza de hoy. La música de Grieg ofrece a Fabre el acompañamiento ideal a un trabajo abstracto donde las imágenes se suceden sin una relación argumental. La ausencia de escenografía hace de la música y la coreografía los únicos protagonistas de este viaje. 

¿Es “El cisne blanco” un salto sin red? ¿Abre la puerta de la Compañía a los grandes títulos del repertorio?

El paso a dos del “Cisne Blanco” es un dúo extremadamente difícil que representa la esencia de la danza clásica. Dentro de nuestro espectáculo es una puerta abierta hacia el futuro. Una gran parte de nuestro público está esperando que la CND interprete "los grandes clásicos" pero queda mucho trabajo por hacer... He bailado los "príncipes" del repertorio clásico durante años y sé el trabajo que eso representa. Cuando artísticamente estemos listos, lo haremos.

Y mientras, ¿se refugia en la modernidad con George Balanchine y Gershwin en “Who Cares”?

Bueno, lo que pretendo sobre todo es traer de vuelta a Balanchine a la CND. “Who Cares”, inspirado en Broodway y en las comedias musicales, es una pieza ligera, llena de vida y de humor. En los tiempos que corren le diría que es una buena terapia.

Lucía Lacarra, Marlon Dino, Rosa Torres-Pardo... ¿Qué aportarán al conjunto del programa?

Lacarra es una bailarina extraordinaria que ha defendido el repertorio clásico por todo el mundo. Tenemos una extraordinaria relación hace mucho tiempo y, como desde el principio se mostró interesada en colaborar en esta nueva etapa de la compañía, me pareció importante poder traerla a esta gala. Estoy seguro de que el público del Real disfrutará muchísimo con “El Cisne Blanco”, que interpretará junto a Marlon Dino. Además, como Lucía siempre se ha mostrado abierta a colaborar con la CND, también podremos verla en una parte de “Sonatas” junto a los miembros de la compañía. Hemos estado ensayando en Múnich y creo que el resultado de su colaboración en el Real será muy positivo para todos. Los bailarines españoles que trabajan fuera están deseando poder bailar con la CND y, en la medida de lo posible, intentaré irles dando un sitio... Respecto a Torres-Pardo le diré que además de una excelente pianista es una gran mujer. Nos va a dar toda su energía. Gracias a ella el espectáculo será mágico.
Després que la Compañía Nacional de Danza (CND) presentés el primer programa sota la direcció del nou director José Carlos Martínez, al Teatro de la Zarzuela de Madrid, aquest cap de setmana arriba a l’Auditori de Sant Cugat per presentar tres coreografies, una de les quals és una estrena. Es tracta de la coreografia In Transit d’Annabelle López Ochoa, que s’oferirà al costat d’Artifact II de William Forsythe, que ja era al repertori de la CND des del 1998 i Walking Mad del coreògraf suec Johan Inger, una peça que va estrenar el Nederlands Dans Theater el 2001.


Hi ha força expectació davant l’actuació de la CND ja que el públic vol saber si hi ha un abans i un després de Nacho Duato, l’anterior director de la formació. En vista del programa i de les crítiques publicades després de la presentació a Madrid, de moment, José Carlos Martínez segueix amb el mateix estil amb què Duato va marcar la companyia i que tants èxits li va donar. És de suposar que Martínez necessita temps per poder mostrar l’estil que vol donar-li a aquesta formació, que segons les seves pròpies paraules inclou un ampli ventall de possibilitats.
No hi ha cap mena de dubte que la cita amb la Compañía Nacional de Danza és una interessant i reveladora proposta per al cap de setmana. El públic gaudirà de nou amb una de les obres mestres de William Forsythe, Artifact II, que il·lustra la sublim música de J.S. Bach de la Partita núm. 2 BWV1004 en Re menor, Chacona, interpretada per Nathan Milstein. Una peça especialment teatral on el moviment distorsionat del seu creador esculpeix el cos dels ballarins per oferir una dansa vital i d’una bellesa extrema.
L’estrena d’In Transit és firmada per la coreògrafa colombiana-belga, Annabelle López Ochoa, que explora l’estat mental d’un grup de persones que situa en un lloc de trànsit: un aeroport. Un remolí d’emocions com la impaciència, el malestar, la inseguretat i la por imprimiran el moviment dels intèrprets. Un ball esculpit per la rebel·lia davant d’un problema de gran actualitat. La tercera coreografia ésWalking Mad de Johan Inger amb música del Bolero de Ravel i Für Alinad’Arvo Párt. Una obra minimalista en què un mur marca el viatge emocional dels protagonistes.
Font: Carmen del Val (www.elpais.com)

Renovació o continuïtat

by on 13:46
Després que la Compañía Nacional de Danza (CND) presentés el primer programa sota la direcció del nou director José Carlos Martínez, al T...


Con una actitud más cerebral que estética se presentó ayer en Barcelona el flamante director de la Compañía Nacional de DanzaJosé Carlos Martínez (Cartagena, 1969), quien ha abandonado su estatus de estrella de la Ópera de París para emprender una nueva singladura al frente de la formación que dejó –no sin desaire– Nacho Duato, cuando el Ministerio de González Sinde le exigió que se abriera al repertorio clásico. Con las ideas claras y una actitud pacienzuda para llevarlas a la práctica, José Carlos Martínez hace su debut catalán este fin de semana en el Auditori de Sant Cugat, donde desea prolongar la relación estable de la CND desde 1996.
Viene con un repertorio que se ocupa tanto de la creación española, con una pieza de Annabelle López Ochoa, como del neoclásico –con Artifact II de Forsythe– y del contemporáneo, con Walking Mad de Johan Inger.
Sí. Mi visión de la danza es bailar de todo, y ser el motor de la danza en España implica que la compañía sea capaz de hacerlo. Las compañías en el mundo ya no son clásicas como antes: está habiendo un perfil de bailarín como elemento de trabajo, con una técnica de base clásica pero que no se limita a eso. Estamos en el siglo XXI. Eso es hacer que evolucione la danza. Y sí, nuestra misión es recuperar coreógrafos de aquí; hacer posible que el público descubra a coreógrafos como Johan Inger, cuyas piezas ya están en el repertorio contemporáneo, y después abrirnos a nuevos estilos, que en el caso de la CND es un camino inverso, abordando cosas más académicas como ese Artifact de Forsythe, de 1984, que juega con el vocabulario clásico.
Con zapatillas de punta.
Exacto. Ya sé que la gente pretendía que volviéramos a las puntas, pero no se trata de hacer inmediatamente Giselle o El lago. Estamos empezando a trabajar y esa pieza de Forsythe es una buena opción para la transición: tenemos ahí dos parejas en puntas. Y además es una forma de respetar el pasado de la compañía, pues Duato también la programó.
¿Es factible así calzarse las puntas en esta compañía o, como asegura Ángel Corella, lo tiene usted difícil ya que después de tantos años eso va a doler?
Duele, sí, pero es un trabajo que hay que hacer. Y fíjese que yo pensaba que la cosa iría más lenta. De hecho siempre ha habido clases de clásico en la CND, con profesionales residentes e invitados. Ahora, sencillamente, hemos añadido un cuarto de hora más para puntas, separando chicos y chicas. Y piense que, para Artifact, el repetidor de Forsythe no escogió a ninguno de los tres nuevos bailarines que llegan del universo clásico: quería una danza más física, con caída, de manera que eligió a gente que llevaba años sin ponerse las puntas. Pero es como ir en bicicleta, no se olvida. Las propias bailarinas se han quedado sorprendidas de ello.
¿Cómo se ha encontrado la compañía?
Sin ninguna actuación prevista. Pero la dificultad no han sido los bailarines, que están motivados, sino la crisis. Y encima estamos sin repertorio porque no podemos bailar las piezas de Duato porque no quiere que se representen, lo que nos obliga a avanzar más rápidamente. En cualquier caso, la compañía está más cerca de la realidad internacional: no era cierto que todos los bailarines tuvieran el mismo perfil; los hay que no han olvidado el repertorio clásico que hacían antes en otras compañías. Hay una variedad interesante para los coreógrafos que puedan venir.
¿Le resulta chocante que haya pasado dos décadas sin bailar clásico?
Era la opción que se tomó, porque Duato lo dejó claro. Lo que me choca esque en España haya la costumbre de tirar por la borda todo lo que se ha hecho antes. En la Ópera de París, una institución de trescientos años, todo suma y nada resta. A lo mejor vengo con unas ideas un poco francesas, europeas...
¿Entiende que Duato haya reaccionado rompiendo con la compañía?
Entiendo que le habría gustado seguir. Lo que no entiendo es por qué no quiso hacer la apertura que le pedían, invitando a otros coreógrafos. Tenía razón cuando decía que la compañía perdería la identidad que él le había dado, pero no creo que tratándose de la única compañía nacional fuera esa la que le correspondía.
¿Ha hablado con él? ¿Cómo va a convencerle para que ceda sus piezas de nuevo?
Nos saludamos en la proyección del documental sobre sus últimos días en la CND pero no hubo tiempo de hablar. Lo primero es dejar pasar tiempo. Sus últimas declaraciones apuntan a que con el nuevo ministerio estaría dispuesto a negociar. Nosotros en la CND tenemos los trajes y las escenografías de sus coreografías y cuando se monta algo suyo nos las piden y estoy dipuesto a prestarlas. Porque es un patrimonio español que hay que exportar. Es necesario colaborar y sé que en el futuro lo conseguiremos. Será como unir lo que se hizo antes en su periodo y lo que se haga ahora. Seríamos casi la mejor compañía del mundo para bailar su repertorio.
¿Tiene alguna pieza predilecta?
Dependerá de lo que se quiera hacer pero White darkness me gusta mucho. Debía haberla bailado en la Ópera de París y al final no pudo ser. Y también me gustaría hacer su Romeo y Julieta, aunque sé que él no quería. De todas maneras, creo que si llegamos a ese punto de poder volver a hacer una coreografía de Nacho, dejaré que sea él quien la elija.
¿Recibe llamadas de gente que quiere unirse a la compañía?
Sí, hay gente que quiere audicionar desde que hemos estrenado en la Zarzuela y han visto que hemos hecho Forsythe, etc., y te dicen: "yo estoy preparado para eso, eso otro lo he bailado'. Pero tengo un problema: están los 43 bailarines de la CDN con su potencial y para traer bailarines nuevos tengo que echar a otros. No peudo ampliar. Estoy con esa dificultad de ver a la vez hasta dónde pueden llegar los que están, para así decidir a quién se renueva y a quién puedo traer.
¿Qué porcentaje de españoles hay?
Muy pocos. La mayor parte son gente que venía de trabajar con Nacho y vienen de fuera. Pero tampoco es cuestión de echar a los extranjeros. En todo caso, en igualdad de potencial escogería a un español. De momento ya he hablado con ellos. Saben por ejemplo que si los coreógrafos contemporáneos que vienen no les eligen nunca es que tendrán que empezar a ponerse las puntas. Necesito que la compañía pueda hacer una cosa u otra. Tenemos 9 solistas, pero a veces puedes ser solista para contemporáneo pero no te puedes poner las puntas. De hecho hay gente de la CND-2, la compañía joven, que en un momento dado está de solista. Tal vez en el futuro esa división entre compañías no será tanto por la edad sino por estilos, pudiendo echar mano de ambas para una misma producción.
¿La reforma laboral se lo pone más fácil para despedir a bailarines?
No cambia nada, porque a todos se les acaba el contrato el 31 de julio. Tienen contratos anuales y si quiero echarlos a todos y cogerlos nuevos puedo hacerlo. Pero no me parece que sea lo apropiado empezar de cero, la cosa no va por ahí, hay un potencial. Y sería hacer lo contrario de lo que proclamo.
Usted pasó 24 años en la Ópera de París. ¿No le dio vértigo venir a España, donde la idea de país respecto a la danza es muy otra?
Cada vez que venía me iba diciendo que nunca podría trabajar aquí, pero con el tiempo he visto que es más atractivo venir a un sitio donde todo está por hacer. Hay algo agradabe que me motiva, que es ir buscando soluciones a los problemas. Me da la impresión de que en los cinco meses que llevo a aquí vamos siempre avanzando, construyendo.
¿Incluso en un contexto de crisis, cuando todavía no tienen ni los presupuestos de 2012?
Bueno, es la primera vez que dirijo, así que no puedo comparar. Además, todo el mundo de la danza es consciente del momento que vivimos y están dispuestos a colaborar. A lo mejor dentro de dos años me quiero ir.
¿Tiene un plan b?
Vivo al día. En París quieren que vuelva, me pidieron que fuera maestro de baile en la compañía, pero les dije que quería tener mis propias experiencias. Si lo que hago aquí es interesante y me ofrecen la oportunidad, renovaría dentro de cinco años, pero será en función de lo que pueda hacer aquí artísticamente. También he rechazado hacer coreografías para venir a hacer eso. Y eso me da la posibidad de tirarme a la piscina sin saber si hay agua en la Compañía Nacional. Porque si mi proyecto es inviable me iré y no pasa nada.
¿Había coreógrafos que echaba de menos en la ópera de París y que tendría ocasión de traer?
Christopher Wheeldon y David Dawson ya deberian estar en la Ópera de París y en cambio no lo están y no llevan camino de estarlo. Es cuestión de circuitos. Me encantaría traerlos pero primero hay que traer coreógrafos españoles y tener bailarines que estén listos. Y tenemos pocos medios. Hay un abismo entre lo que em gustaría y lo que puedo hacer. Pero quiero intentarlo, tengo muchos contactos con coreógrafos.
¿Qué le hace falta para poder traer grandes nombres y a la vez ponerse al servicio de coreografos españoles?
Una compañía con un teatro estable. Para poder hacer un programa con españoles, otro con emergentes internacionales, otro con consagrados como Jiri Kylian -de quien haremos un programa completo de tres piezas en junio- y Mats Ek y luego una gran produción. Para hacer cuatro espectáculos al año necesitas un teatro.
¿El Teatro Real?
Podría ser, pero no está en la mente de nadie. Duato pasó 20 años intentando tener un teatro propio, aunque bastaría con que fuera un teatro para la danza. Pero intentaremos crear circuitos para hacer cada tipo de espectáculo: ver si podemos colaborar cada temporada con el Real, tener un programa para este teatro, otro para la Zarzuela y y ver si podemos tener un programa en Catalunya, etc. Así se fideliza al público.
¿Cómo será "El lago de los cisnes" que nos monte en el futuro?
Pienso que la escenografía del ballet contemporáneo debe usarse también en el clásico. Lo que es antiguo no es el vocabulario del ballet sino la forma de representarlo. También he visto que en España hay una visión muy clásica del clásico, pero yo odio el tutú; lo importante es quedarse con la esencia de la pieza.
¿Le veremos bailar o coreografiar?
No está previsto. Mi trabajo es ahora programar y hacer que el público tenga ganas de conocer a mis bailarines. Para dirigir hay que ser generoso y darle a cada persona que va a trabajar contigo su sitio. Si eres bailarín y coreógrafoa la vez pones tu ego, te mezclas con los demás. Es necesario saber ponerte en sengudo plano, aunque tampoco hay mucha costumbre aquí en España, los medios quieren una bandera, la gente quiere verte bailar, que estés delante.
Fuente: Maricel Chavarría (www.lavanguardia.es)


Apenas llega al teatro de la Zarzuela, ya le esperan varios asuntos para resolver. «Son días muy intensos —explica José Carlos Martínez, director de la Compañía Nacional de Danza—; cuando uno asume un cargo así, siempre le advierten que pasará más tiempo en los despachos que en los estudios, y por mucho que se trate de evitar acaba siendo así». Martínez presenta hoy en el coliseo de la calle Jovellanos los frutos de sus primeros cuatro meses y medio de trabajo con la compañía, a la que llegó para suceder a Nacho Duato (con un año de transición en manos de Hervé Palito). «Ha habido que preparar un espectáculo sin ninguna base, sin experiencia, porque es la primera vez que dirijo una compañía, sin conocer en principio a nadie del equipo. He ido aprendiendo poco a poco y aún sigo con ese aprendizaje. Han pasado muchas cosas en esta compañía, y he encontrado a la gente con muchas ganas de comenzar esta nueva etapa; lo mejor ha sido encontrar a los bailarines muy motivados, y lo más fácil para mí ha sido mi relación con ellos; al fin y al cabo hablamos el mismo lenguaje».
¿Se ha encontrado lo que esperaba?
Uno puede imaginarse y oir muchas cosas, pero hasta que no se vive una situación así no se sabe bien cómo es. Yo llevaba en Francia veinticinco años, y en cuanto a la manera de trabajar y a la organización hay muchas diferencias entre España y Francia. Y eso me ha obligado a mi a adaptarme, pero también la propia compañía se ha de acostumbrar a mi.
¿El programa que presenta en la Zarzuela es una declaración de intenciones o es lo que cree que hay que hacer en este momento?
El programa es lo que se puede hacer ahora mismo. Hay una diferencia entre lo que a mí me gustaría hacer con la Compañía Nacional de Danza y lo que se puede hacer con los medios, los bailarines y el contexto actual. Teniendo en cuenta esta situación he diseñado este programa aprovechando al máximo todos esos factores: económicos, humanos. No pensaba que fueran tan bien los ensayos de «Artifact II» —una coreografía de William Forsythe—; tenemos tres elencos distintos, y solo está una de las chicas nuevas. El resto de las bailarinas estaban ya en la compañía. Ha habido un trabajo, una evolución, están ampliando sus registros... Se ha hecho, además, en muy poco tiempo; normalmente, cuando asumes la dirección de una compañía, ya está la programación hecha y empiezas a trabajar en la del año siguiente. Pero no ha sido el caso, yo empecé a trabajar el 1 de septiembre y no había nada programado. No es fácil encontrar coreógrafos que puedan estar disponibles en las fechas en que tú los necesitas. Tengo los pies en la tierra, y sé cuál es la situación en que me encuentro. Puedo entender que se critique el programa, que se me reproche que no hay una creación, que no hay una pieza clásica... Yo lo asumo. Estamos en un contexto y hay que trabajar con los medios que se tienen.
No tiene usted prisa, entonces por cambiar la compañía...
Pero eso ya no tiene qué ver con los medios, sino con mi manera de ver las cosas. Para hacer bien el trabajo hay que ir tranquilamente: despacito y con buena letra, decía mi abuela. Daremos cada paso cuando podamos darlo, con un objetivo: que todo lo que hagamos tenga la misma calidad. Para mí, eso es lo esencial. Prefiero hacer cosas pequeñas con calidad que tratar de aparentar lo que no somos.
¿Es partidario entonces de esperar a tener las condiciones adecuadas para hacer, por ejemplo, un «Lago de los cisnes»?
Claro; se puede hacer, pero no de la manera en que yo creo que debe presentarse. El arte de la danza es muy difícil, y hace falta tiempo.
¿Se ha encontrado en la compañía y en el Ministerio las puertas abiertas?
En el Ministerio siempre; mi proyecto era muy claro y he empezado a ponerlo en práctica. En la compañía hubo al principio ciertas dificultades, porque había bailarines —alguno sigue teniéndolas— con sus inquietudes; no me conocían, y al ver que venía de la Ópera de París tenían miedo a que transformara toda la manera de trabajar y que nos pusiéramos a hacer de primeras El lago de los cisnes. Tardaron un poco en conocerme, en ver cómo íbamos a trabajar y parecía que no se creían lo que les decía. Pero en cuanto llegó el primer coreógrafo, Johan Inger, para montar «Walking Mad», se tranquilizaron. Y han entendido que la programación está hecha en función de ellos. Pero han de hacer un esfuerzo para ampliar registros, porque van a venir coreógrafos muy diferentes.
¿Y en el mundillo de la danza?
Hasta ahora bien... Pero no sé qué pasará una vez estrenemos. En este país hay todavía un combate entre clásicos y contemporáneos, y ya que la única opción es la Compañía Nacional de Danza, me gustaría que quienes quieren ver clásico vengan a ver otro tipo de espectáculos, y lo mismo quienes apuestan por el contemporáneo. Tengo la sensación de que hay un público que solo quiere ver lo que conoce, y me gustaría fomentar las ganas de descubrir cosas nuevas. Por eso elegí este programa, no son coreografías escogidas al azar: hay zapatillas de punta, universos distintos, un coreógrafo español (algo que tiene que ser uno de los sellos de identidad de la compañía)... La idea es despertar la curiosidad en públicos distintos.
¿Le ha sentado mal la reaparición de Nacho Duato apenas una semana antes del estreno?
No... Alguien ha querido levantar polémicas, pero no ha pasado nada en realidad. El documental que se ha presentado es una película sobre el último momento de Nacho con la Compañía; algo casi privado, casi un recuerdo de familia. Y no hay por qué crear polémica. Nacho se fue hace ya más de un año, e incluso ha declarado que está dispuesto a hablar en el caso de que la Compañía quisiera sus coreografías. Yo siempre he dicho que Nacho Duato tiene abiertas las puertas de la Compañía Nacional de Danza; era él quien no quería que bailáramos sus piezas. Si él cambia de opinión, pues aquí estamos para hablar con él, igual que con el resto de los coreógrafos.
Para usted tiene que haber sido una satisfacción que haya cambiado de parecer en este sentido.
Hasta ahora reponer aquí las coreografías de Nacho parecía algo inviable. Ahora ya no. Y para nosotros es bueno en todos los sentidos. Tenemos todo el repertorio; no solo a los bailarines, sino el vestuario y las escenografías. Y en tiempos de crisis montar una pieza de Nacho es interesante porque ha estado veinte años en la Compañía Nacional, porque es un coreógrafo español super conocido, pero además remontar ese tipo de piezas nos permite hacer más espectáculos durante el año. Todo es positivo para la Compañía.
¿Ha tenido ya contacto con los nuevos responsables de Cultura?
No, de forma directa no.
¿Van a hacer gira con este programa?
A veces haremos este programa, y en otros lugares mezclaremos. La semana que viene vamos a Santander, donde estrenaremos una creación de Annabelle López Ochoa, In transit; y un dúo que he hecho yo sobre música de Scarlatti.
¿Siente envidia de los bailarines?
No, ninguna. Al contrario; es un placer verlos bailar, y ver que descubren cosas nuevas es como si bailara yo mismo. No siento nostalgia del escenario. He bailado ya mucho.
Fuente: Julio Bravo (www.abc.es)