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Fuente: Saoia Camarzana (elcultural.es)

Una familia. Tres integrantes. Un círculo cerrado con apenas conexión con el mundo exterior. Bajo estas premisas, La Negra, El Negro y su madre, Marga, tejen la historia de una familia argentina con raíces españolas con códigos, a veces, amorales. Todo comienza con el cumpleaños de la cabeza de familia que quiere celebrarlo con sus amigos de la juventud, época en la que sigue anclada. Secretos. Muchos. Y un juego de contrastes es lo que narra el texto de Carolina Román, Adentro, que el director y actor Tristán Ulloa (Orleans, 1970) lleva al escenario del Teatro María Guerrero a partir de este fin de semana. 

Dirige la obra de Carolina Román, Adentro. ¿Qué podemos ver en esta pieza?
Adentro cuenta la historia de una mujer de cierta edad que decide celebrar su cumpleaños invitando a sus compañeros de colegio tirando de la agenda de aquella época. Con el shock que supone llamar para invitarles a este evento cuando muchos de ellos ya no están y ella piensa que está anclada en esa época. En realidad, la historia es un pretexto para hablar de dependencias emocionales en el seno de una familia muy encerrada sobre sí misma y con apenas contacto con el exterior. La excusa que usamos es la celebración del cumpleaños de la matriarca. 

Se trata de una familia aislada del mundo con profundos lazos de unión pero mucho dolor.
Tiene secretos que no se han pronunciado, no se han verbalizado tiene temas tabú que no han tocado y se vive de espaldas a muchas cosas de las que no se hablan. Digamos que la historia subyace como un río, una corriente de mucha información que no se menciona pero está ahí latente y que es muy evidente que está. El reto de la historia era hablar de todo esto sin mencionarlo. 

¿Cómo se manifiesta esto en la puesta en escena?
En el teatro además de la palabra existen otros códigos y lenguajes para expresarse y es todo eso lo que usamos. La gestualidad, las atmósferas que creamos, en el decorado, la historia, el contexto. Entramamos un poco los esquejes que van a configurar la historia que no es nada evidente. De lo que habla parece bastante trivial pero lo que subyace es verdaderamente la esencia de la historia. Una familia muy encerrada sobre sí misma en la que se producen relaciones muy amorales en ese sentido. Cuando se crea una vista desde el exterior es cuando la historia coge perspectiva. No hay juicios desde la escritura hacia los personajes y tampoco yo he decidido juzgarlos.

Se habla del vínculo familiar pero es una familia endogámica y el dolor es patente, es desasosegante. ¿Se sentirá el público identificado o se alejará de ellos?
Eso lo dejamos en manos del público. Yo nunca asumo o preasumo la percepción del público. Creo que tiene sentido, tenemos que ser valientes, arriesgar y decir que es una historia con muchas aristas y bastante ásperas pero con mucho sentido del humor. Manejamos el humor como catarsis pero en el fondo no deja de contar una historia difícil. El público, por lo que estamos viviendo nosotros, se ríe y se emociona a partes iguales, sale removido y con una reflexión que llevarse a casa. 

La mezcla del drama con humor funciona como paliativo.
Sí, creo que el humor no tiene que faltar por muy dramático que sea todo. Si cargas las tintas en la forma de contarlo puede ser algo insoportable, tanto para el espectador como para nosotros. Es necesario siempre el humor, incluso en los rincones más oscuros tiene que haber un poco de luz. No es un humor que frivolice sino que es bastante negro. Es muy idiosincrásico de los argentinos hacer humor de las situaciones más dramáticas.

La historia nace de un microteatro que funcionó bien. A veces los personajes de Carolina deciden tomar otra dirección a la establecida. ¿Ha ocurrido en este caso?
A partir de una pieza de quince minutos que se hizo en su día y funcionó muy bien decidimos desarrollar la historia en hora y cuarto. Así surgió Adentro, de la misma forma en la que surgió En construcción. Los personajes se van configurando en los ensayos. El texto es una guía y en los ensayos los vamos adaptando al proceso. Así conseguimos un total muy orgánico y muy coherente con la línea de construcción de cada personaje. Es una forma de ensayar que me gusta, no dejar nada cerrado ni predeterminado sino estar abierto a lo que pueda ir surgiendo.

Cuando Carolina Román estaba escribiendo la pieza se estaba formando en la psicología gestáltica. ¿Ha tenido influencia esto a la hora de elaborar el trasfondo de los personajes?
No lo sé. Nosotros no hemos trabajado con la gestalt sino con en los ensayos y con los actores día a día. No he usado ninguna técnica gestáltica para construirlos. Pero sí es verdad que la formación en la que ella estaba seguramente habrá influido a la hora de escribir esos personajes, al menos al hacer los bocetos. Pero nosotros a la hora de trabajar lo hacemos en los ensayos y haciendo propuestas, ejercicios, improvisaciones. 

¿Cómo han sido los ensayos hasta ahora?
Es un proceso que me gusta y con el que disfruto mucho. A mí me gusta casi más el proceso que el resultado. El resultado es un sitio al que se llega pero el proceso es lo interesante, el viaje, el cómo, el por dónde. Eso es apasionante, el viaje en sí es interesante, no solo el destino. 

Imagino que sirve también de formación personal.
En ese sentido somos una compañía muy horizontal, no voy con algo predeterminado. Me gusta ir a descubrir cosas, no tengo ninguna técnica para dirigir. Sencillamente dejo fluir y si una puerta se cierra estar atento a escuchar y a señales que se van produciendo en los ensayos. Es algo orgánico. Hay que ir con los deberes hechos desde casa pero donde realmente se trabaja es en el propio ensayo.

Es la segunda vez que se pone en la piel del director. ¿Cómo es? ¿Prefiere actuar o dirigir?
Me gustan las dos cosas, son dos formas de hacer lo mismo, que es contar historias desde puntos de vista diferentes. Una cosa alimenta y ayuda a la otra, se retroalimentan. Disfruto en ambos y no me planteo elegir. Es un oficio y dentro de él se puede hacer de todo. 

Con En construcción fue finalista de los Premios Max. 
Sí, fui finalista en la categoría de mejor dirección y también hubo candidatura por el texto en su momento. Son cosas que ayudan. Es un aliento.

¿Tiene algún proyecto futuro entre manos?, ¿alguna incursión en el cine?
Ahora mismo esto de giro con Invernadero y esta es una gira que llevamos todo el año y parte del que viene. Ver qué depara con Adentro. Más adelante empezaré a pensar porque tengo varios textos a los que echar mano pero ahora mismo no me planteo mientras esté en esto, ya de cara al verano. Para el cine tengo una película con Julio Medem para otoño-invierno pero todavía no sé muy bien fechas, está todavía por definir.

Fuente: Rocío García (elpais.com) | Foto: Álvaro García

Quién no ha escuchado un tango y ha sentido que lo que allí cantaban era algo propio? Los desamores, los celos, las tragedias, la vida…todo se desliza a través de un tango. “Toda mi vida es el ayer que se detiene en el pasado”. Las palabras del tango Naranjo en flor parecen nacidas para Adentro, la obra de teatro escrita por la argentina Carolina Román y que, bajo la dirección de Tristán Ulloa, se estrena el próximo día 15 en el teatro María Guerrero, del Centro Dramático Nacional. Todo en Adentro suena a tango y a vida. Una familia claustrofóbica llena de secretos y tabúes, de lazos inquietantes y complejos de culpa, un punto amorales, que se dispone a celebrar el cumpleaños de la madre, una mujer cuya demencia le hace vivir con una cierta distancia emocional. Ni la festejada torta con confititos y velas; ni el permiso carcelario del hermano —La Peligro le llaman en prisión—, obsesionado con las cremas hidratantes y el aloe vera; ni tan siquiera la llegada de esa compañera de la hermana, la persona ajena a la familia con la que parece entrar algo de aire fresco en ese ambiente sofocante, sirven para aliviar la tensión soterrada que se vive en una casa cualquiera de un lugar húmedo y caluroso en la provincia de Formosa, al norte de Argentina. Es ahí, en Formosa, donde nace la inspiración de Adentro, protagonizada por la propia Carolina Román en el papel de La Negra (la hija), Araceli Dvoskin (la madre), Nelson Dante (el hermano) y Noelia Noto (la amiga). En la nebulosa, siempre en la cama, la tía Edita, que, a sus 70 años, utiliza las medias de seda para rellenarse el pecho, y un padre, Huberto, mujeriego y parece que bailarín.


“La familia como origen de todo, como origen de cada uno de nosotros, mostrándola sin prejuicios ni juicios, pero mostrándola; unos padres sin culpa porque también han sido hijos de padres sin culpa. Un retrato de una familia con todas las historias que arrastra y que van repercutiendo de padres a hijos, de generación en generación”. Carolina Román se ha inspirado en su propia familia—“la mía es una fuente inagotable de temas”— a la hora de abordar esta obra que dirige su pareja, Tristán Ulloa. “Los que se fueron nunca se terminan de ir, nunca…”. De esa frase que suelta la madre en esa austera y desangelada habitación, con una pobre nevera y una mesita donde descansa el eterno mate, sabe mucho Román. “Como decía Italo Calvino, por más tiempo que uno lleve fuera, siempre vuelve para escribir de lo mismo, de su pueblo, de su gente. Yo tuve que irme para poder verme, reconstruirme y aceptarme a mí y a mi familia. Es un universo en el que me gusta entrar, que me da mucha curiosidad”, añade la autora y actriz, que hasta en la cola del pan busca la empatía y las historias de la gente que aguarda paciente con el talego y el euro, obsesionada con el ser humano y sus contradicciones.


El mate no falta ni dentro de la escena ni fuera. En los descansos de la obra, los actores, todos argentinos, buscan con ansia la infusión de yerba, que succionan lentamente y con ceremonia de la bombilla. Se ríen y comentan las escenas, mientras Ulloa, con absoluta delicadeza, va desbrozando ese camino por el que transcurre esta historia, una coproducción del CDN y la productora Adentro. Ha sido un trabajo en común en el que todas las propuestas han sido necesarias. El texto original de Carolina Román ha buscado y encontrado esa mirada exterior que uno siempre necesita para reafirmarse. “Me encuentro con evoluciones que me sorprenden. Me olvido que soy la autora. Yo escribo, pero sabiendo que es solo una guía de trabajo. A veces escribes algo muy ilusionada, pero cuando lo ves en el escenario te das cuenta de que no funciona. Me gusta dejarme sorprender, y con mis compañeros encuentro cosas más interesantes de las que yo ideé. Hay aportes que no me espero. Si uno es obtuso y celoso, se pierde la aportación del otro que enriquece mucho”, asegura la escritora. Y ahí ha contado con la mirada cómplice de Ulloa para ir depurando la función —“me encanta tomar la historia de otro y hacerla mía. Hay que tener la distancia suficiente para ser objetivo con ella, pero también la proximidad exigible para identificarse con lo que allí se cuenta. Es como alejarse del cuadro para admirarlo en su totalidad, saber lo que es imprescindible y lo que no”— como si de un tango se tratara, cuidando la liturgia y ceremonia y el torrente de armónicos que surgen de esas canciones siempre tristes.
Lo que está claro es que, en el complicado panorama teatral que atraviesa la industria en España, Ulloa se ha buscado un hueco a base de paciencia y tesón. Se ha convertido en motor de sus propios proyectos. Además de director y actor, participa como productor en dos compañías —Teatro del Invernadero (con Mario Gas, Gonzalo Castro y Paco Pena) y Adentro (junto a Carolina Román y Nelson Dante), las dos con el mismo nombre que las obras—. “Yo digo que estoy encontrando últimamente mi oficio, que son mis labores. Es algo que he aprendido en Argentina, donde el que quiere hacer algo lo hace con lo que tiene. Aquí tenemos unas enormes dificultades a las que ha contribuido el abusivo IVA del 21%. He aprendido a ser motor de mis propios proyectos por necesidad y por vocación. Es lo que me gusta y me siento privilegiado por ello. Pero hay algo por lo que no pasaré. Como productor, jamás pediré a nadie que trabaje gratis. El teatro son rosas, pero también pan”. Pan y rosas.
Adentro. Escrita por Carolina Román. Dirigida por Tristán Ulloa. Interpretada por Nelson Dante, Araceli Dvoskin, Noelia Noto y Carolina Román. Centro Dramático Nacional. Teatro María Guerrero. Madrid. Del 15 de abril al 17 de mayo.

Toda mi vida es el ayer

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Fuente: Rocío García ( elpais.com ) | Foto: Álvaro García Quién no ha escuchado un tango y ha sentido que lo que allí cantaban era a...


Fuente: EFE via lavanguardia.com

La novena edición del Festival de Artes Escénicas de Sevilla (feSt) acogerá los estrenos absolutos de las funciones teatrales de los actores Alberto San Juan, con "Masacre: una historia de la banca privada española", y de Cristina Medina (Nines en "La Que Se Avecina"), con "A grito pelao".

El feSt, presentado hoy en la sala La Fundición, también contará con la participación de los intérpretes Tristán Ulloa, Miguel Rellán y Pablo Carbonell y se celebrará del 17 de diciembre al 27 enero, con un parón entre el 21 de diciembre y el 8 de enero.

Las salas privadas La Fundición, Cero Teatro, Centro TNT y Teatro Duque-La Imperdible, junto con los espacios públicos Teatro Lope de Vega y Teatro La Alameda, se repartirán los 69 espectáculos teatrales que forman parte del feSt.

El Metro de Sevilla también será parte de la presente edición, con pequeñas representaciones teatrales en sus estaciones.

La asociación de salas privadas Escenarios de Sevilla, con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, la Diputación, la Junta de Andalucía y el Ministerio de Cultura, ha sido la principal impulsora de este festival, un "ejemplo de la colaboración del sector privado con el sector público", ha destacado José María Roca, presidente de Escenarios de Sevilla.

El certamen del 2013 tuvo más de 6.000 espectadores, con una ocupación de localidades del 86 %, según datos facilitados a Efe por la organización del feSt.

El presupuesto de esta nueva edición del fEst será superior al de la pasada, unos 175.000 euros, con una aportación de 70.000 euros por parte del Ayuntamiento de Sevilla.


Fuente: Maite Nieto (elpais.com)
Como Don Quijote, apelan a la épica y el humor para reflejar una realidad de tonos grises y buscar ideales que cambien el mundo. Su armadura es la palabra; la emoción, su fiel escudero, y los ‘gigantes’, los recortes que acechan a la cultura. Un nuevo teatro español apuesta por los invisibles, por el compromiso social sin pancartas y por la cercanía con un público que siente que le representa. Así es la generación que conquista el patio de butacas y cosecha los grandes premios de las artes escénicas.
No llevan armadura ni lanza, tampoco montan el famélico caballo del personaje de Cervantes, pero representan el espíritu entre épico, trágico y cómico del hidalgo de La Mancha. Son seis actores, autores y directores de escena, nuevos quijotes del teatro español que, como la mítica novela del siglo XVII, rebuscan en la realidad más cercana intentando encontrar ideales que muevan el mundo. Hacen visible lo que, consciente o inconscientemente, dejamos de lado para no tener que preocuparnos por ello, y exponen ante los ojos de los espectadores que van a ver sus obras un contexto social que no deja indiferente, que busca la reflexión y que invita a preguntarse qué es lo más cuerdo o lo menos loco.
También se enfrentan a sus propios gigantes, que en este caso no son imaginarios: el 21% de IVA que grava desde julio de 2012 cualquier producto cultural y la crisis económica, que aleja a los espectadores de las salas y cercena las programaciones de tantos centros de cultura municipales construidos en tiempos de bonanza, son los poderosos molinos contra los que deben luchar para poder sacar adelante sus producciones. Pero creen en el teatro vivo y buscan alternativas. Salas más pequeñas, producciones ajustadas, la grandeza de la palabra frente a la fuerza visual de las escenografías impactantes… Artimañas de titiriteros para encontrar las rendijas por las que colarse para seguir contando lo que quieren.
Juan Diego BottoSergio Peris-MenchetaTristán Ulloa, Esteve Soler, Juli Disla y Jaume Pérez pertenecen a una misma generación y, además de estar nominados a distintas categorías de los Premios Max 2014 –los máximos galardones de las artes escénicas en España–, comparten pasión por el teatro y una forma similar de entenderlo.
¿Representan una nueva dramática? Ellos opinan que no, que el teatro siempre ha hecho lo mismo, hablar de lo que percibe a su alrededor. Pero son conscientes de que no son tiempos de mensajes mesiánicos, de que el espectador no está por la labor de espectáculos que partan de la idea de “yo te voy a dar las soluciones”, y por eso sus obras juegan con el humor, las emociones y la honestidad. Con la necesidad de los propios autores de decir, precisamente ahora: “Esto no está funcionando bien y entre todos debemos pensar cómo podemos resolverlo”. El vehículo puede ser una trama de exilio y emigración –Un trozo invisible de este mundo–; una historia de amor de una pareja que huye del corralito argentino –En construcción–; una asamblea que debe decidir si apoya “el concierto”, un acuerdo que nunca se termina por saber en qué consiste porque es lo que menos interesa –La gente–, o una sucesión de escenas cortas que hablan de nuestros horrores contemporáneos –la trilogía Contra el progreso, Contra el amor y Contra la democracia–… Lo que importa es que el espectador sienta, sufra y ría a partes iguales, y que cuando se cierre el telón tenga la necesidad de hablar de lo que ha visto y de pensar sobre ello. A veces, hasta de cambiar alguno de sus hábitos mecánicos de vida.
Los seis se reunieron en torno a una mesa en las instalaciones de la madrileña Sala Mirador, cuya programación dirige desde principio de temporada Juan Diego Botto, para charlar de lo que saben y les interesa: arte, teatro y vida.
Juan Diego Botto. No me siento descubridor de ningún tipo de nueva forma de entender el teatro. Lo que hacemos es poner foco a aspectos de la vida que normalmente no se miran.
Tristán Ulloa. En mi caso, queríamos contar una historia de amor, pero es verdad que está enmarcada en un contexto de dos inmigrantes que superan juntos las adversidades. El teatro siempre ha tenido que servir de reflexión y de espejo, más allá del entretenimiento. Creo que nuestras obras lo hacen, utilizando recursos más pequeños, echando mano de nuestro dinero, sin grandes montajes…
Juli Disla. Una parte del teatro puede ser solo divertimento, pero otra parte puede ser esto, y la grata sorpresa es que ha conectado con el público.
Jaume Pérez. La realidad que estamos viviendo te está pegando directamente una hostia y no puedes volver la mirada hacia otro lado. No somos diferentes del resto de la sociedad; nosotros también somos invisibles. Antes lo social se atribuía mucho a la denuncia de lo que les pasaba a otros. Ahora el espectador se está dando cuenta de que ese otros puede ser uno mismo.
Esteve Soler. Hoy día, para no indignarse, deberíamos no ser humanos. De hecho, la gente que no se indigna denota elementos de inhumanidad.
Sergio Peris-Mencheta. Las mismas nominaciones de nuestras obras reflejan un cambio y una apuesta por un tipo de teatro, que quizá obedece a que los que han realizado la selección se han mojado en cierto sentido. Creo que hay algo que entronca con hacer partícipe al público desde otro lugar.
La visión de Antonio Onetti, presidente de la Fundación SGAE y miembro del comité de los Premios Max, a los que optan estos creadores, va por el mismo camino: “El teatro responde a la necesidad del individuo cuando se hace preguntas. La dramaturgia española tiene una gran calidad desde hace años, pero ahora la oferta es más variada que nunca porque la crisis genera encontrar nuevas formas de comunicación y nuevos lugares donde hacerlas. La variedad y la calidad están llevando a mucha gente a las salas, pero los profesionales no lo tienen fácil. El esfuerzo es titánico”.
En España se producen unas mil obras de teatro todos los años, según cuenta José Luis Alonso, dramaturgo y presidente en funciones de la recién estrenada Academia de las Artes Escénicas de España. “Una de las posibilidades del teatro es ser espejo y espía”, apostilla, “por eso estas obras han merecido la aprobación del público, porque tratan temas que escuecen y con ellos crean material dramático. Tenemos que sacar a la luz esas cosas escondidas con las que, a pesar de su dureza, convivimos cómodamente”.
El autor Juan Mayorga meditaba al respecto a finales del mes pasado en la cadena SER y resumía con sus palabras la esencia de un tipo de arte en el que podríamos encuadrar a los seis protagonistas de este reportaje: “Siempre digo que el teatro debe ser capaz de escuchar al mundo, pero no devolverle su ruido, sino poesía. Este género se ha redescubierto como la capacidad de encuentro entre un actor elocuente y un espectador que quiere ser cómplice, y eso nos convierte en muy poderosos”.
Los ajustes en medios, incluso en personajes, que ha impuesto la crisis y los recortes públicos no son una buena noticia, pero han empujado a representar obras –como las cuatro que nos ocupan– en salas más pequeñas, donde los espectadores palpan la emoción de los actores y se sienten salpicados por sus reacciones, como si les hablaran solo y directamente a cada uno de ellos. Sergio Peris-Mencheta refuerza esta idea: “En Un trozo invisible de este mundo, el público es protagonista desde el principio. En nuestro caso, se le sienta en el lugar del emigrante; en el de La gente, se les sitúa en la asamblea… Hay una invitación a tomar partido y no solo pasar un rato como voyeur. No se obliga, se invita a participar con humor, con mala baba, con sarcasmo. Y la realidad es que hay mucha demanda de querer decir: ‘Yo formo parte del asunto”.
Botto introduce en la conversación una frase de Albert Camus que repite siempre que tiene oportunidad: “Un personaje de La peste dice que hay épocas en las que la indiferencia es criminal. Creo que esta es una de ellas. Y no nos referimos a crueldad intelectual, sino a la de un sistema que afecta a gente que tú conoces. Un colega que no tiene trabajo, un hijo que tiene que irse fuera a buscarse la vida, un conocido al que han repatriado por no tener papeles… No son cifras en un periódico. Ante esto es muy difícil permanecer indiferente, y cuando uno escribe teatro habla de lo que le emociona y le interesa”.
Surge una pregunta casi obvia: ¿por qué ha sido el teatro precisamente el que más se ha implicado en la batalla de servir de altavoz social?
Botto. El teatro es rápido y barato de hacer. En tres meses puedes tener la pieza terminada; otra cuestión es conseguir distribuirla, tener un espacio para representarla… En cine, por ejemplo, desde que escribes un guion hasta que consigues financiarlo pueden pasar cuatro años en el mejor de los casos.
Ulloa. Este medio aporta una libertad creativa muy importante. Yo no sabía de qué manera ni dónde, pero iba a hacer En construcción sí o sí, y además tenía claro cómo lo queríamos. Es lo bueno de ser el mayor responsable; lo único que te falta es un escaparate donde mostrarlo, y si no consigues sala, estamos dispuestos a hacerlo en el salón de nuestra casa. No es que la precariedad de medios estimule la imaginación, es que es ya un estado de las cosas.
Pérez. Los vínculos sociales estaban rotos por el individualismo de la masa y nos encontramos asistiendo a la necesidad de reconstruir lo que de alguna manera se están cargando. Antes ganaba la autosuficiencia, ahora nos hemos dado cuenta de que no se sostiene en pie. Se ha realizado la utopía de este capitalismo con el que se supone que habíamos alcanzado los topes y mira dónde hemos llegado.
Disla. Lo que no sé es cuánto se puede sostener esto en el tiempo. Con un proyecto como el nuestro, si te sale más o menos bien, vas a un par de festivales, haces algo de gira… Pero, a no ser que tengas otra proyección audiovisual, es difícil mantenerse. A mí me gustaría poder vivir de lo que sé hacer.
Juli ha metido el dedo en una herida abierta que afecta a todos, incluso a los profesionales más famosos del grupo. Según un reciente estudio de la Fundación AISGE, la entidad que gestiona los derechos de propiedad intelectual de actores, dobladores, bailarines y directores de escena, casi el 73% de los actores y actrices españoles no logran vivir de su profesión y el 55% no alcanzan los 645 euros mensuales considerados como salario mínimo interprofesional. José Luis Alonso recuerda una frase de los clásicos: “Da más un duro que un desnudo”. O lo que es lo mismo, con dinero siempre se funciona mejor. “En el arte, la buena voluntad no lo es todo”, explica, “estamos en el agujero negro de una economía empobrecida. En un teatro hace falta luz, técnica, comer… Se está produciendo un deterioro brutal, y no estoy diciendo que sea peor situación que la del resto de la sociedad, pero la cultura es muy necesaria y hay que conseguir dignificarla y dimensionarla de nuevo. La puñalada del IVA indignaría menos si no se hubiese impuesto a un mendigo al que ya le has quitado todas las ayudas, le has cerrado los circuitos y encima le estás diciendo como Administración que te estás ocupando del problema y no haces nada. Es casi de risa”.
“¡Con la Iglesia hemos topado, Sancho!”, que diría el hidalgo Don Quijote. Las voces se suceden para explicar los detalles del problema.
Botto. Lo que decía antes Juli es muy cierto. Nuestros espectáculos están nominados a un premio importante, el nuestro en concreto ha ido muy bien, pero vivir de esto… Mantener ahora mismo una sala es casi imposible. Para sentarte a escribir una obra tiene que tener garantizadas otras cosas, la nevera llena, un poquito de agua caliente y calefacción…, y eso te lo ponen muy difícil.
Ulloa. La gente cree que se gana una pasta y no es así. A cada recaudación hay que quitarle el 21% de IVA, el 10% de autores, otro 10% del porcentaje que se llevan las ventanas de ventas que cada uno utilice, más luego la sala… Con el 15% restante hay que pagar a los empleados. Si tienes una buena gira, consigues amortizar, pero que una pequeña o mediana compañía se abra camino es prácticamente imposible en las condiciones que ha puesto la Administración.
Soler. Pero ¿es igual en otros países de Europa? La respuesta es no. En el modelo inglés, el Estado da muy poco dinero para la cultura, pero existen medidas que permiten que las inversiones privadas desgraven. En Francia, las primeras 40 representaciones no pagan IVA, y luego existe un baremo bajo que permite subsistir. Otros modelos están basados en la subvención pública. En España, lo que ocurre es que alguien ha decidido que el modelo no debía existir, y en ese silencio está la perversidad absoluta.
Peris-Mencheta. Estamos hablando de los que gobiernan y del daño que están haciendo a la cultura. Pero el problema de verdad es mañana.
Botto. La cultura es una forma de aprendizaje social necesario; si no fuera útil, habría desaparecido. No entender eso y tratar de acomodar el espacio cultural y lo que significa a una cuestión monetaria no es algo ingenuo ni naif, tiene consecuencias dramáticas. Porque del mismo modo que se entiende así la cultura, se entiende la educación, y los conceptos de utilidad terminan por eliminar la filosofía, el latín o la música y concebir la cultura y la educación como algo que tiene que proporcionar un provecho económico y no como lo que da riqueza e identidad a una sociedad.
Ulloa. El teatro, la cultura en general, es un proyecto de emancipación de la sociedad, y eso a un Gobierno como este le da mucho miedo.
Soler. De hecho están haciendo un control del lenguaje. Hay palabras que no se utilizan, personajes que no se exponen en público. Acordémonos de flexibilización, crecimiento negativo, desaceleración…
Ante estos eufemismos estallan las carcajadas. Y vuelve el optimismo porque deciden que los siempre visibles no son los protagonistas en sus obras. Sergio Peris-Mencheta nos devuelve al teatro, a ese lugar “donde se abre el corazón de las personas y donde el humor es la manera que hemos encontrado para que el espectador empatice con lo que ocurre. Cuando nos podemos reír de lo que pasa, con lo que pasa y desde lo que pasa, nos sentimos parte del asunto”.
El lunes 26 de mayo, el Teatro Circo Price de Madrid se convertirá en un cabaré “de cuero, carne y pinchos”, como lo define Mariano de Paco, el director de escena encargado este año de la gala de los Premios Max.Acróbatas, bailarines, actores y música perseguirán que el público presente en la sala y quienes sigan el espectáculo por La 2 de TVE disfruten más y tuiteen menos. Algunos de nuestros seis personajes se llevarán el galardón a casa y otros esperarán, al menos, que la nominación dé algo más de vida a sus espectáculos. Pero todos ya tienen un premio: la respuesta que han recibido de los espectadores; la posibilidad de generar pequeños cambios. Como les ocurrió a Juan Diego y a Sergio al finalizar la representación de su obra en Mataró cuando una señora les dijo: “Aquí tenemos más de un 20% de inmigración, pero yo a la gente de mi escalera que son negros nunca los he saludado. A partir de mañana les voy a decir: ‘Hola, ¿cómo estás?”.
“No vamos a cambiar el mundo”, dice ­Botto, “pero si consigues despertar una inquietud… No hacemos teatro para que venga a verlo el ministro de Hacienda, hacemos teatro para la señora de Mataró que mañana va a hablar por primera vez con sus vecinos”.


Font: Laura Serra (ara.cat)
Paco Azorín té el quarter general al Maresme, però la feina repartida entre Barcelona i Madrid i alguns cameos internacionals esporàdics. Il·luminador i escenògraf habitual de directors com Carme Portaceli i Lluís Pasqual, demà estrena al Teatre Romea una adaptació de Julio César de Shakespeare dirigida per ell i encarregada pel Festival de Teatro Clásico de Mérida. Aquests dies aprofita la proximitat del Romea amb el Gran Teatre del Liceu per treballar amb la Tosca de Puccini, l'òpera que hi estrenarà el 2014. "Tenir feina és una actitud. S'ha de practicar, com ser optimista", defensa quan se li fa notar que, en una època de vaques magres, ell no para quiet.
Que el moviment es demostra caminant és una màxima que ja va practicar quan, el 2003, va fundar a Santa Susanna i va dirigir durant quatre edicions el Festival Shakespeare, l'únic de l'Estat dedicat íntegrament a la figura del dramaturg anglès. Des de llavors que la tragèdia Juli Cèsar li volta pel cap. "No és una obra de les més difícils, és diàfana, arriba a tothom amb certa facilitat. Dubto que jo li pugui plantar mai cara a Hamlet, Macbeth o el rei Lear. En canvi, Juli Cèsar és una altra cosa: les paraules diuen el que volen dir", explica amb humilitat. Qüestió de concentració i mesura. També diu que només dirigeix un projecte teatral a l'any per "l'energia" que li requereix, mentre que pot fer tres escenografies alhora. "Trobo que Juli Cèsar és de la meva mida -afirma- i que és convenient. Parla del llenguatge, de les paraules i el seu sentit. Les mateixes paraules pronunciades per una persona o una altra volen dir coses diferents. I, sobretot, mostra com el poder utilitza la paraula contra el poble".
Traçar el paral·lelisme entre les justificacions de l'assassinat de Juli Cèsar que fan Brutus i Marc Antoni per guanyar-se el favor del poble, antagòniques, amb les de la classe política actual és només qüestió de perícia. "Al públic se li ha d'encendre una alarma. Hi ha una apel·lació al sentit comú: no tot el que surt de la boca d'un polític és veritat", adverteix Azorín. Les metàfores nàutiques el posen negre.
El perill del poder i els homes
El Julio César que es veurà demà i dimecres al Teatre Romea -hi ha poques probabilitats que l'obra torni a fer temporada a Barcelona- és una versió reduïda a 1 hora 40 minuts feta pel mateix Azorín de bracet del gran traductor de Shakespeare al castellà Ángel-Luis Pujante. L'original va ser escrit el 1599 i recrea la conspiració real contra el líder romà Juli Cèsar, que peca de supèrbia en desafiar els idus de març, és traït pel seu amic Brutus -que l'acusa de voler-se convertir en un dictador- i és assassinat amb la connivència de l'aspirant Marc Antoni.
Azorín ha concentrat l'escenografia en un obeslisc i unes cadires que, disposades en forma de platea de cara a l'espectador, fan de mirall del públic. "Quan vaig començar a treballar només tenia clara una cosa: que no faria un muntatge escenogràfic. Confio en els actors i en la paraula. Són monstres", diu el director. Els protagonistes són Sergio Peris-Mencheta (Marc Antoni), Tristán Ulloa (Brutus) i Mario Gas (Juli Cèsar). José Luis Alcobendas, Agus Ruiz, Pau Cólera, Carlos Martos i Pedro Chamizo completen el repartiment d'un espectacle en què el poder i el seu mal exercici va intrínsecament lligat a la condició masculina. "Per això estem com estem. M'he carregat els petits papers femenins que hi havia a l'original per ressaltar la idea castrense de la política, de pensar i decidir amb la testosterona masculina. Això ens ha donat uns resultats lamentables, com ara es pot veure", opina Azorín. L'obelisc de l'escenari remet a això, al fet que "un home sempre construeix després de carregar-se el que ha fet l'home anterior -observa-. Ens ho hauríem de replantejar. L'ambició forma part de l'ADN de l'home. El poder no té límit".
La cirereta del festival
Julio César tancarà la desena edició del Festival Shakespeare (la primera que s'ha celebrat al Raval), amb epicentre a la Biblioteca de Catalunya -el festival venia de Mataró, on s'havia anul·lat el 2011-. Ahir la seva directora, Montse Vellvehí, destacava la gran acollida de públic que ha tingut, "per sobre les expectatives": "S'ha creat molt ambient de festival, ha anat com un rellotge i totes les funcions han estat plenes o gairebé", assegurava. En els set dies de festival -de dijous passat a dimecres que ve- hauran gaudit de totes les cares de Shakespeare uns 1.900 espectadors.


Fuente: Sílvia Hernando (elpais.com)
Una mujer y un hombre, una pareja. Una cafetería y unos cafés. Diálogos, sueños, recuerdos. Unos sobre su hogar en Argentina, que tuvieron que abandonar; otros de su casa en España, en la que ya no saben si se pueden o quieren quedar. Todos en torno a cuestiones “muy pequeñas”, experiencias, dudas y decisiones de la vida cotidiana. Y a la vez, tremendamente grandes, por ser estas las que definen el curso de una existencia. Con aires de “historia de amor pero con una vuelta”, como explican sus autores e intérpretes, Carolina Román y Nelson Dante, embebida en unos tiempos convulsos, los actuales, y con un sabor natural, “a texto orgánico”, como defiende su director, Tristán Ulloa, el trío presenta en el Teatro del Arte de Madrid En Construcción, una función que se representará entre el 9 de mayo y el 23 de junio.
“Más que como una reivindicación o una denuncia, la obra surge de la necesidad de contar algo”, señala Dante. “No es solo la historia del viaje de la emigración, sino que es un espejo en el que cualquiera se puede mirar”. Ambos argentinos y residentes en España, los escritores y protagonistas dieron con el germen del texto hará unos cinco años, cuando su historia sobre la difícil determinación de dejar el propio país para forjarse un porvenir se veía en Europa como una realidad lejana y poco identificable. “Quizá por eso aquí no interesó entonces”, dice Román. Pero hoy, las tornas han cambiado: “Cuando escribimos esto es como si lo estuviéramos escribiendo después, porque antes los emigrantes éramos nosotros, y ahora lo son los españoles”.
Por entonces gerentes de una milonga en Madrid, un local en el que, además de enseñar tango, se animaban a “hacer de todo”, desde exposiciones a sesiones de tarot, dieron primero con un pequeño texto, “una micropieza” (que, de hecho, se representó en un par de ocasiones en Microteatro por dinero), que han ido ampliando poco a poco y que, aunque ya está prácticamente perfilado, sigue abierto a consideración. “De ahí el título de la obra”, adelanta Ulloa, “que a la vez alude al hecho de que el personaje de Nelson trabaja en una obra, además de ser una metáfora de la pareja, que intenta construir su relación como emigrantes”.
El cambio del habitual registro de actor al de director de Ulloa (que ya hizo sus primeros pinitos en el largo de 2007 Pudor, que realizó junto a su hermano David) se remonta a aquellos orígenes en la milonga, donde tomaba clases de tango. “Ellos me propusieron dirigir aquella historia, que eran 15 o 20 minutos ante un público muy reducido, y el resultado fue de una intensidad tremenda, porque lo que contaba era tan reconocible, era un material tan delicado, tan valioso, que vimos la posibilidad de desarrollarlo”. Quizá como rescoldo de aquellos tiempos, también se escuchará tango en la función, además de la música compuesta por Julio de la Rosa. “También hay una canción que nos cedió Jorge Drexler porque encajaba muy bien”, cuenta Ulloa, “y cuando se lo propuse él lo entendió perfectamente”.
Sin apoyos ni subvenciones, el equipo ha conseguido levantar la función a base de una puesta en escena “sencilla”: una mesa, unas sillas, un sofá “y poco más”, a los que se suman unas telas blancas sobre las que se proyectarán imágenes. “Con la ayuda de mi hermano en Madrid y de un amigo en Buenos Aires, hemos rodado varias escenas con las que mezclamos cosas de allí y de aquí”, señala Ulloa. “Al tener pocos medios, pensamos que lo mejor era hacer de ello una virtud, y al final la austeridad acabó estimulándonos la imaginación”.

Muy viajado a Buenos Aires, el flamante director –nacido, por cierto, en Francia, descendiente de emigrantes españoles-, reconoce que el buen hacer porteño a la hora de generar y promover la cultura fue en sí mismo una inspiración: “Me contagio mucho de lo que se concibe allí, que siempre late al margen del contexto político o socioeconómico: hay mucho que aprender de aquel país, que siempre está en crisis pero tiene una cultura efervescente. Uno no tiene que esperar, hay que ser activo, y así lo entienden en muchos sitios, aunque es verdad que ellos no tienen los palos en las ruedas que nos ponen a nosotros, como el 21% de IVA”, apunta. “Es alucinante que la cultura no esté al alcance del pueblo moribundo”, añade Román. “Por eso queremos aprovechar estas cuatro paredes para poner voz a la gente que querría gritar lo mismo que nosotros”.


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
La Medea del Ballet Nacional de España (la coreografía fetiche de la compañía) volverá a Mérida para abrir la LIX edición del festival de teatro clásico, que se ha presentado en la ciudad extremeña. que se desarrollará del 5 de julio al 25 de agosto, dirigido por Jesús Cimarro. No será la primera vez que en el festival se pueda ver este ballet de José Granero, Miguel Narros y Manolo Sanlúcar sobre uno de los mitos más vinculados al certamen. En esta ocasión, el conjunto que dirige Antonio Najarro estará acompañado en el foso por la Orquesta de Extremadura.

Carmen Machi Nathalie Poza son los dos nombres confirmados en el reparto de Fuegos, que dirigirá José María Pou a partir de dos obras de Marguerite Yourcenar: Fuegos y Las caridades de Alcipo. Se trata de textos de prosa poética inspiradas en mitos griegos, que Pou ha convertido en un espectáculo para cuatro actríces.
Rafael Álvarez «El Brujo» estará en Mérida con El asno de oro, de Lucio Apuleyo, un autor de la Roma clásica. El protagonista, según El Brujo, «se ha convertido en un asno y vive con su alma humana en el interior de un cuerpo animal un largo espacio de tiempo hasta recobrar su forma humana otra vez con la luz ahora de un nuevo nacimiento. Es una historia de caída y redención, de crisis y conversión. Se ha relacionado el relato con los rituales procesos psicológicos vinculados con los antiguos misterios, especialmente los mitos de Isis y Osiris».
Shakespeare
La siguiente cita tiene como protagonista a Shakespeare. El director y escenógrafo Paco Azorín dirige Julio César, con un reparto en el que están confirmados Sergio Peris-Mencheta (Marco Antonio), Mario Gas (Julio César) y Tristán Ulloa (Bruto). «Creo firmemente -dice Azorín- en la oportunidad y conveniencia de la lectura en clave contemporánea (aunque no únicamente actual) de Julio César, en un momento claro de banalización del lenguaje y de pérdida de valor de las palabras y, por lo tanto, de las ideas».
A pesar de haber anunciado su retirada, Concha Velasco sigue atada a los escenarios. En Mérida vuelve a trabajar con uno de sus directores favoritos, José Carlos Plaza, y será la protagonista de Hécuba, de Eurípides, en una versión de Juan Mayorga. El dramaturgo se refiere a la obra como «la tragedia de la venganza».
Producciones locales
Las tesmoforias, de Aristófanes, llegará a Mérida en versión de las compañías extremeñas Samarkanda Teatro y Triclinium Teatro. Dirige Esteve Ferrer, que dice sobre la obra, un capítulo más en la guerra literaria que sostenían su autor y Eurípides: «Es una de las comedia más blancas y brillantes de la segunda etapa de la gran producción de Aristófanes».
Cerrará el festival otra producción local: Los gemelos, de Plauto, con dirección de Paco Carrillo. Se trata de una de las comedias de Plauto de mayor éxito e influencia, es el más significativo ejemplo de comedia de equívocos de toda su producción,
El festival se completará con la programación off, que incluye talleres formativos, representaciones en el Templo de Diana, un ciclo cinematográfico, pasacalles y conferencias. También acogerá el certamen la segunda edición de los premios Ceres.