Los Monty Python, uno de los grupos humorísticos más relevantes de los últimos años, regresan a los escenarios, más de treinta años después de su último trabajo juntos. Así lo anunciarán dentro de unos días en una rueda de Prensa en Londres. John Cleese, Terry Gilliam, Terry Jones, Eric Idle y Michael Palin han desvelado en Londres que durante meses han estado en conversaciones para poner de nuevo en pie su Flying Circus. Durante años, ha habido varios intentos frustrados de reunión. Los cinco miembros supervivientes del grupo (Graham Chapman murió en 1989) dijeron que era «ahora o nunca».
John Cleese, de 74 años, Terry Gilliam, de 72, Eric Idle, de 70 años, Terry Jones, de 71, y Michael Palin, de 70, no han especificado si el grupo volverá a escena con una presentación en directo, un especial de televisión o una película. Eric Idle publicó ayer en su perfil de Twitter: «Sólo quedan tres días para la rueda de prensa de Python. Aseguraos de que los fans de Pyton estén en alerta ante la próxima gran noticia».
Este grupo de humor surrealista, fundado en Reino Unido a finales de la década de los 60, logró un gran éxito televisivo con la serie «El circo volador de Monty Python», emitida en la cadena británica BBC por primera vez el 5 de octubre de 1969 y que llevó a la banda a hacer giras, películas y musicales. Después de que la serie dejara de producirse en 1974, Monty Python se adentró en el cine con películas que lograron grandes taquillas y que hoy siguen arrastrando muchos seguidores, como «Los caballeros de la mesa cuadrada», de 1975, o «La vida de Brian», de 1979, un éxito que sigue emitiéndose cada Semana Santa.
Su última película, «El sentido de la vida», se estrenó en Estados Unidos en marzo de 1983 y fue el último proyecto en el que los cómicos de Monty Python trabajaron juntos a tiempo completo.
En 2005, Eric Iddle estrenó en Nueva York el musical «Spamalot», basao en varias películas y sketches del grupo.

DRAMATURGIA i DIRECCIÓN: PAUL BERRONDO
INTÉRPRETES: MARIA RIBERA, BORJA ESPINOSA i JORDI BUSQUETS
DURACIÓN: 1h 15min
PRODUCCIÓN:+TEATRE
ALMERIA TEATRE

Ha sido un visto y no visto en la cartelera. Tres semanas de representaciones que se acaban hoy pero que esta pieza requiere más. Llegaba al teatro sin saber apenas nada de la obra y el programa de mano tampoco me sacó de la duda. Seis líneas y todo un misterio: Ens Trobem./Ens Estimem. Però no et tinc./ Perquè no et tens. / I sense tu. / Jo no sóc.

A la entrada a la sala nos recibe el escenario en el medio, un rectángulo lleno de arena. Sobre él una serie de palés que representan una cama, una mesa, todo muy casual, como en medio de una playa desierta. Dando vueltas un músico con una guitarra eléctrica,  vestido muy ochentero: pantalones de pitillo de negro charol. Pronto los dos protagonistas entran en escena. El público sale de su pared y aplaude, comienza la obra.

Un continuo de flashfoward i flashbacks, teatro dentro de teatro para narrar la historia de amor de esta pareja, medio realidad, medio ficción, actriz y director que intercalan proyectos y sentimientos a golpe de música de guitarra eléctrica. Aunque algunos saltos puedan confundir al público, una vez que entras en el juego que propone el dramaturgo, quieres saber más de las dos historias. 

Nedant cap a la mar de la Xina está magníficamente interpretada por Maria Ribera, que nos regala un personaje extremadamente sensible pero que pisa con paso firme el escenario. A su altura, un consolidado Borja Espinosa que nos sorprende personaje tras personaje con una brillante polivalencia interpretativa. Los instantes como Shannon me ponen la piel de gallina en la creciente empatía con el sufrimiento del personaje.

Excelente puesta en escena de Jose Novoa, utilizando a la perfección la disposición de la sala y la enhorabuena a la iluminación de Danuta Beluchtung, que abandona las sombras acostumbradas en esta sala por una luz naturalista. ¿Os habéis quedado con ganas de verla? Espero que la obra gire y se pueda ver en algún otro lugar. Nedant cap a la mar de la Xina se merece seguir nadando.

Fuente: Liz Perales (elcultural.es)

Día soleado en Barcelona. Hace tanto calor para el mes que estamos, noviembre, que los vendedores de castañas y boniatos desentonan por las calles. En el barrio de L'Esquerra del Ensanche Jordi Galcerán (Barcelona, 1964) tiene su estudio, un piso de espartana decoración: estanterías con libros, una funcional mesa de oficina, sus premios en un rincón junto a una foto en blanco y negro de sus rubios hijos. Cuenta que esta casa fue su domicilio hasta que el triunfo de El método Grönholm le permitió irse a vivir con su familia a una más grande. La comedia marcó un antes y un después en su vida y en su carrera: le convirtió en el rey de la taquilla del teatro español y, probablemente, en el único autor que hoy vive exclusivamente de la representación de sus obras. También en el más internacional: la obra se ha hecho en 60 países y todavía se sigue haciendo. Y aunque es difícil superar un éxito tan brutal, ha vuelto a hacer carambola con su nueva comedia. El crédito arrasa en la cartelera de Madrid y Barcelona, donde se representa al mismo tiempo en los teatros Maravillas y Villarroel. A poco más de un mes de ser estrenada, ya se ha traducido a cuatro idiomas. Además, ha adaptado la última entrega de Echanove como director, Conversaciones con mamá, que puede verse en el Bellas Artes de Madrid. 

Tengo entendido que para la escritura de El crédito siguió un proceso poco ortodoxo.
Hace dos años el Festival Temporada Alta de Gerona organizó un Torneo de Dramaturgos. Encargó a ocho autores una obra de dos personajes, de unos 40 minutos de duración. Cada noche se leían dos textos y el público votaba. La que ganaba pasaba a la siguiente eliminatoria. Al final ganó El crédito, y ya entonces la productora Bitó me propuso escenificarla. Pero claro, lo que yo había escrito era sólo el primer acto...

Y tuvo que estirarla.
Lo que no quería era engordarlo simplemente. Pensé que como acaba con una cierta expectativa -la de un personaje que le dice al otro: “ya sabrás lo que es bueno porque me voy a follar a tu mujer”- se podía continuar la historia, intentando encontrar la lógica. Tardé casi un año en acabarla.

Sí que le costó. 
Pasa en el teatro y en la vida. Cruiff decía: “¡Qué problemático es hacer las cosas fáciles!”, y tiene toda la razón. Hacer obras muy complejas, con 27 escenas, muchos personajes... es fácil. Lo que es difícil es dar con historias simples, intensas y que tengan un conflicto que teatralmente funcione.

Es un logro de esta comedia cómo el público acepta con naturalidad el comportamiento tan absurdo de los dos personajes.
Antonio toma decisiones absurdas pero debía construir el personaje y su situación para que su comportamiento fuera plausible. Él es un hombre al que le ha dejado su esposa, está desesperado y es capaz de hacer cualquier cosa para que su mujer vuelva. Y si la solución es que otro se la tire, que se la tire... Me gusta llevar a mis personajes al filo de la navaja, pero lo importante es llevarlos a un lugar verosímil. Por eso, aunque escribo rápido, reescribo mucho, intento mimar cada réplica, tratar los sentimientos de mis personajes... Y doy a leer las obras a mucha gente para que opine.

¿Por qué son tan contados autores de comedia hoy día?
Son poco habituales en nuestro país, pero el panorama está cambiando. Cada vez hay más autores que escriben con sentido del humor. ¿Por qué hay pocos? Creo que después de Franco, con el teatro independiente, se dio un tipo de teatro de creación colectiva. Por ejemplo, muchas de las obras de las grandes compañías catalanas de aquellos años no sabemos quién las escribió exactamente. Así que la figura del autor quedó relegada. Pero desde hace diez o quince años ha vuelto a resurgir. Y en cuanto resurge la figura del autor, emergen los géneros y todo tipo de escritura.

¿No le sorprende la escasa atracción que han ejercido en las últimas generaciones de autores los buenos comediógrafos de nuestro teatro?
Hasta hace muy poco los autores de teatro se ponían muy solemnes. Era como si para escribir tuvieras que hacer algo más: hacer reflexionar al público, hacer una investigación formal, hacer experimentación... Como si escribir una buena obra de teatro no fuera suficiente. Y yo, por el contrario, siempre me he planteado ser un buen autor de teatro, nada más. Cuando escribo, mi objetivo es únicamente teatral, no quiero reflexionar sobre la sociedad, ni criticar a los poderosos, ni... Para eso escribiría un artículo de opinión en un periódico. Yo sólo quiero escribir una buena historia y sé que si lo consigo, ésta hablará por añadidura de cosas interesantes y entonces la gente podrá sacar una reflexión sobre ella. El trabajo de dramaturgo es escribir una buena historia.

¿Por eso tal vez la realidad aparece en sus obras como un apunte anecdótico?
Utilizo la realidad para hacer teatro pero no utilizo el teatro para hablar de la realidad. En Burundanga uso a ETA como elemento dramático, pero no para reflexionar sobre el terrorismo. Y en El crédito empleo algo que está pasando en la sociedad, pero lo empleo para hacer una comedia. 

¿Cómo empezó a escribir teatro?
Comencé en una compañía de aficionados. Y escribí una obra para niños. Pero a los 24 años nunca pensé que me ganaría la vida haciéndolo. Yo había estudiado Filología Catalana y mi futuro era dar clases. Luego estuve trabajando siete u ocho años en el Departamento de Educación de la Generalidad. Y en 1995, a los 30 años, las dos últimas obras que había escrito para la compañía, Dakota y Palabras encadenadas, ganaron dos premios. Entonces se estrenó Dakota y, a partir de entonces, me ofrecieron trabajo como guionista del culebrón de TV3 Nissaga de poder. Me di cuenta de que ganaba más y trabajaba menos, así que dejé mi puesto en la Generalidad.

La obra que funcionó muy bien en Barcelona fue Palabras encadenadas.
Recuerdo que hubo unas críticas tremendas, decían que yo era la gran esperanza del teatro. Claro… después de aquello atravesé un periodo de cinco años en el que no sabía qué escribir. Sólo guiones para televisión. En la primera edición del T6 (Tallers 6), cuando ya estaba Sergi Belbel en el Teatro Nacional de Cataluña (TNC), firmé un contrato que me obligaba a escribir una obra. Y estando allí tuve un pequeña iluminación. Me dije: “Si lo que gustó de mi teatro eran aquellas obras que escribía para pasármelo bien, tengo que volver a escribir de aquella manera, para que la gente disfrute, no para decir grandes cosas”. Así surgió El método Grönholm.

O sea, que estuvo cinco años en el dique seco.
Cuando estrené Palabras encadenadas me llamó Flotats, que estaba en el TNC. Quería hablar conmigo. Y su mensaje al término de la reunión fue: “Con lo bien que escribes, con la gracia que tienes, en vez de escribir obras como Dakota, haz algo con más profundidad, con más altura”. Me fui de allí diciendo 'tiene razón'. Hoy pienso que aquella reunión me hizo perder precisamente esos cuatro o cinco años en los que no sabía qué escribir. Hasta que me di cuenta que yo debía hacer lo que quería, no lo que le diera la gana a Flotats.


Altura teatral

Ahora tiene el aplauso del público pero si estrenara en un teatro oficial, ¿no tendría también el reconocimiento de las élites culturales? 

Si uno busca el reconocimiento, no escribirá. Es como la gastronomía, ahora es cultura y antes era hacer unos huevos fritos. Hoy hacer esos huevos se puede convertir en un gran acto artístico. Yo siempre digo que lo que escribo no tiene altura literaria. Y como lo sé, intento que tenga altura teatral, que sea un vehículo para que buenos actores cuenten una historia. Si fuera capaz de escribir obras apasionantes, con fantásticos personajes y de altura literaria, sería Shakespeare, o Brecht, o Beckett... Pero uno ha de ser consciente de en qué liga juega y yo quiero ganar mi liga, no la de los demás. Cuando veo teatro, me doy cuenta de que hay autores que juegan en una liga equivocada. 

Tiene dos tipos de obras, las que plantean situaciones inquietantes, tipo Palabras encadenadas, y los artefactos cómicos sazonados con ese humor corrosivo que le distingue.
Quizá se podría decir así por el tono de las obras, pero no por las historias que se cuentan. Cualquier trama se puede contar en cualquier tono. Dakota, por ejemplo, es la historia de un tipo que sueña que su mujer se va a liar con otro, lo hace y lo abandona. Podría haber hecho un drama. Palabras encadenadas es la historia de un hombre que secuestra a una mujer y la tortura hasta matarla. Mucha gente se reía de ello en el teatro. Carnaval cuenta un secuestro y el público también se reía. Creo que se puede hacer humor con casi todo. Además, las historias de comedia son de gente que sufre. El método Grönholm la escribí como comedia, pero en su adaptación al cine se convirtió en drama, y ya no me gustó.

¿Cree que todo puede llevarse al terreno de la comedia?
Hay que encontrar la manera, no es fácil. ¿Por qué nunca se había hecho una función con etarras? Nadie se había atrevido, es un tema muy sensible. Me costó muchísimo dar con los resortes de la historia. Sí que he encontrado un tema incompatible con la comedia: la pederastia.

Con el éxito de El método Grönholm consiguió algo excepcional en el teatro español para un autor, vivir de sus obras. Y entonces decide irse a Estados Unidos, para conocer el funcionamiento de Broadway.
Gané bastante dinero con El método... y decidimos irnos toda la familia a Estados Unidos, a pasar un año sabático. Y comenzamos las negociaciones para hacer allí El método... Pero todavía seguimos, aún no se ha estrenado en Nueva York.

¿Por qué es tan complicado hacerse un hueco allí?
La principal diferencia entre Broadway y nuestro sistema es industrial. El dinero que puedes ganar o perder es muchísimo y esto afecta a todo el proceso de producción. Para hacer algo allí el primer paso es tener agente, si no, no existes. Yo he conseguido tener una. Ella vendió las derechos al productor de Mamet, pero finalmente no lo vio claro y abandonó. El método... tiene un problema para los americanos: no tiene protagonista, los cuatro personajes tienen el mismo peso y allí es muy difícil encontrar una estrella que lo acepte. Luego lo vendí a unos productores más pequeños que hicieron una producción de prueba en Los Ángeles, fue muy bien y tuvo muy buenas críticas. Con aquello ya podíamos ir a buscar un productor mayor que financiara el desembarco en Broadway. Y ahí estamos. Es difícil que un autor extranjero entre en Broadway, ellos tienen 300 fantásticos. La única autora viva que lo ha conseguido es Yasmina Reza. Imagínese lo que cuesta que entre allí un tipo desconocido, de España, que encima escribe en catalán.


La importancia del actor

Carlos Hipólito y Luis Merlo protagonizan su obra en Madrid, y Jordi Boixaderas y Jordi Bosch en Barcelona. ¿Cuál de las dos producciones le convence más?

La de Barcelona funciona mejor cómicamente, pero la de Madrid tiene más verdad. Estoy encantado, lo más importante para mi teatro son los actores. Un actor poco puede hacer con una mala obra. Ahora, una buena obra sí que puede ser destrozada por un mal reparto.

¿Siente que ya sí tiene un público que le sigue?
Es algo que se obtiene con el tiempo. Ahora, con El crédito, parece que sí. Conseguir que el publico vaya a ver una obra por el autor es difícil en este país, porque generalmente van a ver a los actores. Sí puede que ahora la gente diga:“Vamos a ver la de Galcerán porque seguro que lo pasamos bien, es el mismo que el de El método”. Pero llegar hasta aquí ha costado mucho tiempo. 

TEXTO: TERRENCE McNALLY
VERSIÓN: FERNANDO MASLLORENS y FEDERICO GONZÁLEZ DEL PINO
DIRECCIÓN: AGUSTÍN ALEZZO
INTÉRPRETES: NORMA ALEANDRO, CAROLINA GÓMEZ, MARCELO GÓMEZ, LUCÍA SILA, SANTIAGO ROSSO y HUGO ARGÜELLO
DURACIÓN: 110min (con entreacto)
PRODUCCIÓN: MAIPO ARTE JOVEN INTERNACIONAL S.L.
TEATRE BORRÀS

Hay ocasiones que solo se te presentan una vez en la vida, y esta es una. Llevaba años queriendo ver a una de las grandes actrices teatrales en escena. Puesto que se prodiga poco fuera de su patria natal, Argentina, pensé que nunca se produciría el momento. El viernes se cumplió el sueño. En Master Class, estrenada en 1994 y reestrenada en 2012 en el Teatro Maipo de Buenos Aires, Aleandro interpreta los últimos años de Maria Callas, ya retirada y contratada por la Julliard School de Nova York para dar unas clases magistrales.

El público ha llenado esta noche platea y anfiteatro del Teatro Borràs, expectante, pero a la vez sorprendido porque las luces no se apagan del todo y la salida de la actriz ya se ha consumado. Somos público pero formamos parte de la obra, se nos recuerda que esto es una master class y durante buena parte de la obra la famosa cuarta pared desaparece y se suceden la interpelaciones al público.

La obra, que tiene un inicio maravilloso donde las risas estallan y Aleandro es capaz  algo de lo que pocas actrices consiguen, meterse al público en el bolsillo desde su primera aparición. Dicho sea de paso, un público más próximo al Liceo que a un teatro convencional, sin contar la mitad de la comunidad argentina que conforma el resto de la platea. Pero da igual porque lo más importante sucede encima del escenario.

Brillante, hipnótica, soberbia, magistral en sus momentos cómicos y en aquellos que no es la risa sino la pura emoción la que desprenden sus palabras, sus gestos. Dos horas de una clase de interpretación superlativa, donde una vez se apagan las luces estallan los aplausos y los bravos. Toda la platea de pie, porque ella se lo merece. Una noche irrepetible y un sueño cumplido. Gracias. 


Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Es un activo para nuestros escenarios. José Carlos Martínez tiene dos objetivos como director de la Compañía Nacional de Danza: versatilidad y nuevos públicos. El que fuera bailarín estrella de la Ópera de París se muestra entregado a la promoción de una causa que en nuestro país deja caminos regados de melancolía. Este sábado arranca la temporada en el Teatro de la Zarzuela con piezas de Jirí Kylián (Falling Angels), Itzik Galili (Sub) y Ohad Naharin (Minus 16), primeras espadas de la coreografía contemporánea que resumen toda una declaración de principios. Y tras esta primera entrega, la CND abrirá 2014 con Nipón-Koku, de Marcos Morau (La Veronal), título que integra un decálogo que une danza y geografía a través de ciudades como Japón.

¿Cuál ha sido la filosofía para elegir estos tres montajes de apertura de temporada?
En primer lugar, seguir manteniendo un nivel de excelencia en la propuesta coreográfica, ofreciendo en una sola noche tres nombres de primer nivel. Es un programa de corte contemporáneo para alternarlo la propuesta que pudo verse en junio también en el Teatro de la Zarzuela, donde propuse una oferta de estilo más. Lo que me interesa es ofrecer al espectador la oportunidad de comprobar que la CND se ha abierto y es capaz de bailar distintos estilos.

¿Cuál es la virtud principal de Falling Angels
Es una pieza en la que Kylián utiliza de forma magistral la dinámica del espacio y el tiempo. Los movimientos más secos y percutivos se alternan con líneas suaves y elegantes, que pronto se convierten de nuevo en repentinos giros, espasmos, contorsiones... Este contraste en la calidad de movimiento, tan presente en Falling Angels, es lo que crea esa dinámica tan única y original de su estilo.

¿Cree que Sub refleja cierta idea de los conflictos actuales? 
Es un gran trabajo lleno de energía, Galili lo define como un combate de testosterona sin descanso en un campo de batalla.

¿Qué tiene de desafío Minus 16?
Sobre todo el hecho de que Naharin juega con la ruptura de fronteras entre el público y el espectador. Es considerado un revolucionario dentro del mundo de la danza contemporánea, creador de la técnica Gaga, un innovador lenguaje de movimiento que es aplicada y estudiada en todo el mundo.

¿Cómo ve el panorama que vive la danza en España en estos momentos?
Complicado. Las cifras que hace poco ha publicado la SGAE son realmente alarmantes, y eso que nosotros en la CND no nos sentimos afectados. Gracias a la versatilidad de nuestro repertorio hemos hecho el doble de espectáculos que la temporada pasada en España. Nuestro público ha ido en aumento y estamos contentos, pero la realidad es que la danza vive una crisis que habría que analizar en profundidad.

¿Qué ha cambiado en la CND desde que usted llegó?
Tal vez el concepto de compañía. Podríamos decir que era básicamente de autor. Ahora se adapta más a la idea europea de compañía del siglo XXI que puede bailar un amplio repertorio. Hay veinte bailarines nuevos, con un perfil más clásico, más versátil, y solamente eso ya es un cambio. También hemos vuelto a incluir las puntas en el repertorio, cosa que no se hacía desde hace más de 20 años y estamos abriéndonos a nuevos públicos.La misión social y pedagógica de la CND es muy importante en mi proyecto, casi igual de importante que crear un nuevo repertorio o bailar los clásicos del siglo XIX. Gracias a la Fundación Loewe estamos poniendo nuestro granito de arena creando un programa pedagógico.

¿Cree que la danza contemporánea vive una edad de oro?
Edad de oro es mucho decir, tal vez estamos en un periodo de transición. Ahora está en plena evolución. Los grandes coreógrafos siguen presentes en todas las compañías, como Kylián, Forsythe, Naharin o Mats Ek, y hay muchos jóvenes luchando por una oportunidad. Tal vez el problema es que se arriesga poco.

¿Ve algún género en peligro? 
Pues en realidad todos si no se trabajan con rigor. El clásico ha costado veinte años de lucha recuperarlo. No es fácil encontrar buenos bailarines con técnica que quieran venir a la compañía, teniendo formaciones en Europa que ofrecen salarios mucho mas elevados. El contemporáneo tiene el handicap de que, si no ofreces buenos espectáculos y haces propuestas que conecten con el público, termina por no haber opciones reales de programarlo. Creo que durante un tiempo los coreógrafos se han desvinculado demasiado de los gustos del público y eso está pasando factura en las salas.

¿Ve desde su institución buena cantera de coreógrafos?
Yo estoy contento con las oportunidades que hemos dado hasta ahora desde de la CND. Han pasado por nuestras salas de ensayo Goyo Montero, que nos cedió su versión de Romeo y Julieta, Arantxa Sagardoy y Alfredo Bravo, Iván Pérez Gil, Juanjo Arqués, Alejandro Cerrado... Incluso dentro de la compañía hay jóvenes coreógrafos a los que estamos dando alguna oportunidad. Próximamente tenemos programado un estreno con Marcos Morau, director de La Veronal. Según mi criterio, es uno de los coreógrafos emergentes más interesantes que tenemos. Talento hay... sólo hay que buscarlo.

¿Qué tienen otros países que le falta a la danza española? 
Apoyo y creer que la danza es un arte imprescindible en la educación. Además, en otros países es un negocio, porque si la gente consume danza, si lo incluyen en su ocio, los espectáculos se llenan y son rentables. Es un tópico pero aquí lo que falta es cultura de la danza. Tenemos grandes bailarines, creadores, y la danza española, que es única en el mundo, pero el problema es que ni se cuida, ni se respeta, ni se aboga por su mantenimiento. Por experiencia propia, Francia sería un buen ejemplo a seguir, allí la danza forma parte de la cultura general, hay público, hay compañías y las instituciones lo apoyan. Quién sabe, igual un día nos podemos acercar a su modelo...

Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat)
Què passaria si un voluntari de la Creu Roja internacional aconseguís entrar en un camp de concentració per denunciar la situació deplorable dels jueus que hi ha internats i es troba amb una salutació cordial d'un comandant alemany culte (convençut que Europa és la seva literatura universal), uns nens que juguen i es barallen per una baldufa o s'assisteix, de lluny, a una conversa íntima entre una jove parella? Doncs que, contrariat, caldrà redactar un informe favorable i desfer els rumors de trens que carreguen homes, dones i nens amb pijama de ratlles i que desapareixen (tant els trens com les persones). Què fa que tot sigui mentida si l'observador internacional no rep cap ni un avís d'advertència dels veïns del camp? Qui és més culpable de la situació, l'informador que és llec en veure la farsa o els mateixos jueus que no donen peu a imaginar res? I fins a quin punt la perversitat humana pot actuar amb tanta fredor per amagar un extermini en massa de jueus, gitanos o homosexuals de mig Europa? La sala Atrium planteja aquestes preguntes, fins al 15 de desembre, amb el Himmelweg, de Juan Mayorga.
El quadre que exposa el delegat de la Creu Roja en el seu informe és d'imatge de gran angular. En canvi, la direcció de Raimon Molins planteja que tot succeeix en l'estret escenari de l'Atrium i que ho interpreten només tres actors (Guillem Gefaell, Patrícia Mendoza i el mateix Molins, que és el comandant nazi). En realitat, ells també donen veu i ànima als altres personatges però, enganyats per a l'escena plantejada com una operació de propaganda nazi més, esdevenen uns veritables titelles de la situació, es desdoblen gràcies a la manipulació de titelles. El joc és un bon reflex de la situació i una solució dramatúrgica que permet la seva viabilitat en les estretors (d'una intimitat indiscutible) de la sala.
Raimon Molins va experimentar, en el seu darrer espectacle (Litoral, 2013, Romea) els canvis d'ubicacions de l'epopeia del jove que busca on enterrar el seu pare. Ho va fer amb dos cubs que es transformaven amb eficàcia i màgia per possibilitar múltiples espais, unes localitzacions que també evocaven a escenes exteriors i llenguatge cinematogràfic. Molins ara aventura amb un text molt més pervers perquè amaga la crueltat en una acció molt educada aparentment, gens violenta, però que escup bilis per tots cantons. És fàcil imaginar que els universos de Molins i el de Mayorga coincidirien, tard o d'hora, perquè a tots dos els agrada treballar amb un teatre que diu més per dins que per fora. Que sense voler adoctrinar dóna elements per a la reflexió. Tant de caire personal com de tota la societat en general. Veient amb atenció més Mayorga i Molins tothom seria una mica menys malvat.
El cunyat perfecte
El dramaturg Juan Mayorga és el cunyat que tothom voldria tenir. Perquè és d'una tolerància inabastable. Sap escoltar, valorar els problemes. Posar-los en la taula d'operacions d'un espai escènic i anar eliminant tots aquells elements d'odi, por i rancúnia que genera el conflicte. Construeix amb una aparent senzillesa, amb un llenguatge net, que demana més modulació de la veu que no pas crit. No insulta.La pugna es trasllada al cor i al cervell de cada espectador: perquè amb una escriptura blanca, en realitat, desperta fantasmes i monstres de tot humà amb un mínim d'oïda emocional. Autor sensible i intel·ligent, coneix i segueix de fa anys el teatre català, amb Belbel i Benet i Jornet de còmplices.
I és que Mayorga (Premio Nacional de Literatura Dramática)gasta una teatralitat que és compatible amb fer versions per al Teatro Clásico però que, alhora, respira una turbulència interior. Què passaria si un policia perseguís un pederasta i els fills el temessin pel mateix? Clau de Hamelin. O què ha de pensar el Floquet de Neu, fart que el creuïn per aconseguir una carambola genètica amb un altre primat albí. Algú va pensar que aquesta icona de Barcelona no va pensar mai que volia morir amb calma i sense tanta pressió i plor de la ciutat en pes? Sí, tot plegat un informe dolorós.

Dolorós informe

by on 16:33
Font: Jordi Bordes ( elpuntavui.cat ) Què passaria si un voluntari de la Creu Roja internacional aconseguís entrar en un camp de conce...