Fuente: Reyes Linera (www.elpais.com)
El espíritu del mítico bailarín y coreógrafo Antonio Gades volverá a visitar la capital este verano de la mano de una ilustre invitada: la gitana protagonista de uno de los clásicos de la danza española que el artista creó con la colaboración de Carlos Saura en 1983, Carmen. Desde el 29 de agosto hasta el 22 de septiembre, la Compañía Antonio Gades representará esta obra “imprescindible e imperecedera”, según el director del Centro Danza Canal, Marcial Rodríguez, en la Sala Roja de los Teatros del Canal.
“Hemos conservado la coreografía y la escenografía original”, afirma la directora artística de la compañía, Stella Arauzo, quien describe a Gades como su maestro “en la danza y en la vida”. Arauzo entró a formar parte de la compañía en 1981 con 17 años y, en 1988, tomó el relevo de Cristina Hoyos para encarnar a la pasional gitana, interpretada desde hace dos años por Vanesa Vento. No se muestra preocupada por el siguiente relevo que tendrá lugar próximamente —la compañía ha convocado audiciones el 4 de septiembre para elegir a una nueva Carmen— ya que opina que “los bailarines de ahora están técnicamente más preparados”.
Desde la Fundación Antonio Gades, una institución creada para conservar el legado del artista, María Esteve, presidenta del patronato e hija de Gades, recalca que no solo se trata de entretenimiento, sino de cultura. La directora de la fundación, Eugenia Eiriz, ha hecho hincapié en el precio “asequible” (entre 9 y 25 euros) de las entradas, que no variará con la entrada en vigor de la nueva tasa del IVA, según confirmó Amado Giménez, director general de Promoción Cultural de la Comunidad de Madrid. Giménez asegura que la crisis no repercutirá en la calidad de la cultura y augura un gran éxito a la obra.

Font: www.elpuntavui.cat
L'edició de 2012 de Sagunt a Escena ha rebut més de 14.000 espectadors, segons ha comunicat Teatres de la Generalitat, que ha destacat com a espectacle amb més assistència de públic la producció del centre teatral de la Generalitat, dirigida per Ximo Flores, Rei Lear. Aquest espectacle, que es va representar els dies 17 i 18 d'agost va reunir més de 2.000 espectadors.
L'altra producció amb més assistència de públic –va congregar vora 2.000 espectadors més– va ser Los cuernos de Don Friolera, de Valle Inclán, produïda també pel centre teatral de la Generalitat i protagonitzada i dirigida per José Sancho.
Segons Teatres de la Generalitat, aquests resultats “confirmen la solidesa d'aquest festival” que “es constitueix en el gran festival de les arts escèniques de la Comunitat Valenciana i en tota una referència nacional i internacional”.
De les onze funcions que han tingut lloc al teatre romà, set han estat de producció valenciana. També són de procedència valenciana sis de les deu companyies que han actuat en l'Off romà.


Fuente: Rosana Torres (www.elpais.com)

Puede que no compartan ningún aire de familia, pero los tres pertenecen a la misma estirpe de grandes actores españoles. Julia y Emilio Gutiérrez Caba e Irene Escolar están marcados por un oficio común, y por algo que han ido heredando y trabajándose generación tras generación: una gran coherencia, una intachable profesionalidad y un merecido prestigio.
La historia se remonta al valenciano Pascual Alba, quien en los años cincuenta del siglo XIX inicia la dinastía. Nació en Navajas (Castellón), una ciudad balneario donde su familia se refugió de la peste. Hacía teatro y zarzuelas y llegó a tener cierta fama que aumentaron sus hijas Leocadia, en el escenario desde los 11 años (debuta en 1880) e Irene Alba. Las dos formaron parte del mítico estreno de La verbena de la Paloma, en 1894, en Madrid. En aquella función también trabajaba Manuel Caba, con quien Irene Alba se terminaría casando y teniendo cinco hijos, de los cuales de nuevo dos chicas llegan a ser muy conocidas: Julia e Irene Caba Alba. Esta última se casa con el actor Emilio Gutiérrez en 1926 y tienen tres hijos: Emilio (el más pequeño), Julia e Irene (la mayor, que fallece en 1994, y cuya nieta, Irene Escolar, sigue la dinastía actoral).
En resumen, entre Pascual y la joven Irene hay toda una saga marcada por cientos de películas, obras de teatro, premios… y un rico anecdotario que rememoran estos tres actores en su primer encuentro juntos para un medio de comunicación.
Emilio y Julia señalan que para ellos su familia no era distinta a otras, pero algo les diferenciaba de otros niños: aun creyendo en los Reyes Magos, se daban cuenta de que los de las cabalgatas no eran los auténticos, porque distinguían muy bien los pelucones y barbas postizas, esos que tantas veces se ponía su padre para trabajar. “En aquella época, los actores aportaban a la función todo: ropa, un bigote o un sombrero”, comenta Julia. Emilio reseña que incluso influía, a la hora de la contratación, si se tenía un buen baúl. “En más de una ocasión se oía: ‘Fulanito es muy mal actor, pero tiene el traje del Tenorio, así que vamos a contratarle’. Y cuando se buscaba a un cómico [término que se da a todos los actores, hagan lo que hagan], como mi bisabuelo, para una compañía, el empresario le preguntaba: ‘¿Qué repertorio tiene usted?’, y en vez de decir las obras que sabía, contestaba: ‘Tengo un frac, un esmoquin, una capa…”.
Los dos hermanos cuentan, con esa mirada viva, casi excitada y divertida, del que saca el anecdotario de su vida ante un ser querido (Irene en este caso), cómo el padre de ambos tenía un hermoso baúl y se ocupaba de su caracterización. Y luego van aún más atrás. “En la época del bisabuelo”, añaden en referencia a Pascual Alba, “los actores cobraban una parte en dinero y otra en velas. Como no había luz eléctrica en los teatros, se maquillaban a la luz de las velas. Los más considerados recibían varias por función. Solo gastaban dos, guardaban las sobrantes y cuando llegaban a Madrid o Barcelona las revendían en las cererías”.
El apuntador era entonces una figura imprescindible: “¿Cómo no iba a haber uno si se representaban 10 o 12 obras distintas a la semana?”, dice Julia. “¡Y cómo no iban a hablar alto si tenían que tapar al apuntador!”, apostilla Emilio, sobre un sistema que fue desapareciendo en los años sesenta y hoy solo se encuentra en algunas óperas, nunca dentro de la concha del proscenio.
“Cuando íbamos al norte con mis padres, a sanfermines y ferias, cada día se hacía una representación diferente”, recuerda Julia. “Según qué apuntador fuera, te podía ir bien o no. Era un seguro de vida, formaba parte del espectáculo y siempre preguntabas: ‘¿Quién viene de apuntador?’, y si era uno bueno, tenías claro que era suficiente con saberse los títulos y poco más”, dice Emilio.
Luego llegó la extinción de lo que por entonces se entendía como regidor de escena: “No tenían nada que ver con los de hoy, aquel mandaba absolutamente en el escenario; de hecho, la primera frase de la representación en escena te la marcaba él, no el apuntador, porque eso hubiera sido un sacrilegio, lo recuerdo de mi primera función de teatro”, dice Emilio rememorando un 20 de agosto de hace justo 50 años. Mientras él y Julia hablan, su sobrina nieta los mira arrobada y no para de sonreír, o de reír abiertamente.
A la hora de decidirse por este oficio, Julia y Emilio han sido los más tardíos y dubitativos. Ella empezó a trabajar diseñando, y él, en un laboratorio, mientras que su hermana Irene se lanzó como actriz a los 16 años. Aún más precoz ha sido la joven Escolar que participó en Mariana Pineda, de García Lorca, con solo 10 años.
Los primeros recuerdos teatrales de Emilio están dispersos. Provienen de la compañía del Infanta Isabel, con Arturo Serrano e Isabelita Garcés, donde todo era estricto y rígido, y de la compañía de Catalina Bárcena, completamente distinta. “En el instituto de San Isidro fui alumno de Antonio Ayora, y me di cuenta de que el teatro era un crisol enorme, lleno de diversidad”, dice de una institución de la que ha salido mucha gente implicada con la escena: el dramaturgo Ignacio Amestoy, los actores Manuel Galiana, Amparo Pamplona, José Carabias y el crítico Enrique Centeno, fallecido hace unos días. “Ayora era actor de la compañía de Margarita Xirgu e importante durante la II República; tras salir de la cárcel se hizo profesor de literatura, con su pasado muy silenciado. Con él montábamos un repertorio muy republicano, lleno de textos del Siglo de Oro”.
Mientras sus hermanas Irene y Julia transitaban por clásicos contemporáneos y dramaturgos vivos, Emilio recorría el barroco. “Ayora me enseña una literatura dramática muy distinta a la que conocía, incluso por mi familia”. Julia recuerda que cuando su hermano estudiaba, ella ya estaba enfrascada en su oficio y a veces rodaba por la mañana cine o televisión, representaba por la tarde dos funciones y ensayaba por la noche un nuevo montaje.
Desde pequeñas iban siempre con sus padres de gira: “Mi madre no se podía permitir ningún lujo, pero quería que pasáramos el mayor tiempo posible con ella”. Un verano en que ya no era tan niña, y animada por los compañeros de su madre, salió por primera vez al escenario. Su debut fue recibido con un apagón y ella se dijo: “Sabía que algo saldría mal”. Más adelante tomó conciencia de que tenía que aportar algo: “Estaba en una familia que se nutría de las adversidades de la escasez, y hacer un meritoriaje suponía que te pagaran los viajes, aunque no tuvieras sueldo”. Recuerda que era normal que los actores tuvieran alhajas: “No les daban créditos y las joyas se empeñaban; no era ostentación, era un seguro en un oficio que entonces y ahora es inseguro. Y más en una familia en la que todos eran actores”.
Irene, como sus tíos abuelos, su abuela, su bisabuela, su tatarabuela…, entra en contacto con el teatro antes de saber leer, escribir, andar, hablar: “Iba a ver a mi abuela al camerino siendo muy niña y quería actuar; ella me recordaba que no podía, porque no sabía leer y no podía aprender el papel y trataba de convencerla para hacer de perro y salir con ella”. Le daba igual todo con tal de salir al escenario. Su tía abuela lo confirma: “Apenas sabía andar, pero iba a vernos al camerino, agarraba lo que pudiera para pintarrajearse y buscaba el escenario; salía, antes o después de la función, al tiempo que preguntaba todo, ‘dónde te sientas, qué dices, qué haces…’, era infatigable”.
En el laboratorio, Emilio se da cuenta de que aquello es muy monótono, todo consistía en ascender y a los cincuenta y tantos jubilarse: “Y ya habías pasado la vida… Pensé que esto de vivir es igual de complicado en todas partes. Aproveché que había un sitio donde tenía facultades, más facilidad de moverme. Siempre desde ese empeño masoquista del ser humano de hacerlo todo más difícil… Hasta que empezó a eclosionar la televisión y me arrastró”.
Los tres tienen claro que han recibido un legado familiar intangible: “No había más que ver cómo eran y cómo habían vivido”. Les dejaban muy claro que estaban en esta profesión porque les gustaba, pero había que trabajar porque necesitabas dinero: “No era nada deshonroso; lo que trabajabas era lo que ganabas y no más allá; no entiendo las primas a futbolistas, es como si me dijeran: ‘si hace hoy un mutis glorioso, le pagamos más”, apunta Emilio.
Irene tiene claro que le gustaría ser igual de comprometida que ellos: “Tener la misma disciplina; miro a Julia y me encantaría ser como ella”. Y su tía le espeta: “Te lo cambio sin ver”. También hablan entre ellos de cómo en este oficio la discriminación hacia la mujer no se ha dado. Muchas actrices eran empresarias y ecónomas. Tampoco había rechazo al homosexual y se sabía, como algo natural, quién estaba con quién, fuera del sexo que fuera. “Lo curioso es que muchas actrices llevaban las riendas y llegaban a sus casas, y allí tenían el rol de mujer tradicional. Salvo alguna excepción, se desdoblaban, como mi madre, cuyo sueldo era el más importante, pero llevaba la casa; empezaba temprano con los desayunos, no para nuestro padre, que se acostaba al alba y nuestra madre a él le decía: ‘¡Emilio, la comida!”, dice el hijo de los protagonistas de esta anécdota. A Julia también le sigue gustando la noche para hacer cosas y, como su padre, sin salir. La joven Irene alude a la clave de por qué son tan trasnochadores los teatreros: “Cuando haces una función, sales con mucha adrenalina y necesitas varias horas de desconexión para poder dormir”.
Emilio lleva casi treinta años prepa­­rando un libro sobre las mujeres de su familia. Dice que de las cuatro Irenes no todas tenían la misma inclinación por el teatro,“pero la pequeña ha salido como su abuela, con una vocación tremenda, nosotros hemos visto la profesión con más distancia, y la tía Leocadia era pesadísima, siempre quería retirarse”. Julia sale en su defensa: “Le costaba estudiar, trabajó desde jovencita, había pasado calamidades y fue popular, pero fea”, dice de esta mujer que desde 1880 fue tiple de zarzuelas y, una gran característica, retirada en los años treinta.
La cuarta Irene de la familia corrobora su inclinación por su oficio: “La pasión existe desde antes de empezar a trabajar. Aunque comencé haciendo cine, lo que quería hacer de verdad, de verdad, era teatro”, dice esta joven que está protagonizando una de las carreras más fulgurantes de la escena española. A sus 24 años ha trabajado, y con papeles importantes, bajo la dirección de Miguel del Arco, Andrés Lima, Álex Rigola y Mario Gas, entre otros. “El teatro ha cuidado de mí todos estos años y es donde he hecho los mejores personajes, quiero seguir ahí…”.
Su tío abuelo la mira y con tono de advertencia le dice: “El teatro es un amor que te puede traicionar, pero es verdad que es el eje, aunque ahora esté descacharrado con esto de los recortes”. Julia cambia de expresión y con una voz apesadumbrada dice: “Esta subida del IVA del 8% al 21% me ha producido una gran tristeza; el teatro siempre ha sido algo de minorías y no se le puede gravar con algo tan fuerte; es como si se hubieran revuelto mis ancestros, hacer esto a una cosa modesta de la que nadie se enriquece; los que hemos logrado vivir del teatro ha sido dedicando nuestra vida, horarios de trabajo brutales, nuestras no vacaciones; no digo, como Alberto Closas, que no debería tener impuestos, ni que sea más importante que la educación o la investigación, pero los del teatro no estamos enriquecidos después de trabajar sin descanso; todo esto me produce un gran dolor”.
Respecto a este tema que estos días tiene encendida a la profesión, Emilio señala: “El desprecio con el que el Gobierno de mi país trata a una actividad que en el caso de mi familia se inició en 1870 me hace pensar que quiere su desaparición, amparado en esa brutal búsqueda de rentabilidad económica neoliberal que arrambla con todo. Me avergüenzo de esta medida discuti­­ble; estoy de acuerdo con que la cultura también se sacrifique, pero no para quedar maltrecha. Dejar a las nuevas generaciones del teatro una herencia que yo, desde luego, no recibí, no es agradable en este mes de agosto en que celebraré mi 50 cumpleaños como actor. Tampoco olvido que los teatros públicos del Ministerio de Cultura están exentos de este impuesto, que el fútbol solo paga el 10%, lo que hace aún más ofensiva la medida adoptada”, y concluye: “Cultura y educación, para una sociedad cada vez más desorientada, debe ser el gran objetivo de cualquier Gobierno honesto”.
La joven de la familia, que piensa que la cultura forma parte de la identidad de un país, se emocionó con la inauguración de los Juegos Olímpicos al ver cómo Reino Unido apoya y defiende su cultura. “Me cuestiono si en un acto así, aquí recitaríamos a Calderón o a Lope, o pondríamos imágenes de películas de Berlanga. A España no solo se la reconoce fuera por sus deportistas, también por el cine de Buñuel, Almodóvar o Amenábar, la música de Paco de Lucía, las grandes interpretaciones de Bardem o los picassos. En vez de minar el camino y la evolución de nuestra cultura, habría que impulsarla, porque hay mucho talento”, señala esta joven, que dice, dolida, que su tía Julia se mataba a trabajar y su tío Emilio nació en una gira [en Valladolid] porque su madre no podía faltar a la representación. “Son anécdotas que me recuerdan lo dura que puede llegar a ser esta profesión; querría que lo que pasara en mi vida profesional fuera fruto del esfuerzo y el trabajo, escoger personajes de gran riesgo interpretativo, como han hecho las mujeres de mi familia”, dice Irene, quien siempre se ha sentido muy arropada por sus tíos. “Para mí, el día más importante después del estreno es cuando vienen y me dan su opinión”.
Es consciente de que, tal y como pintan las cosas, a lo mejor tiene que hacer lo que su abuela y su tía: compañía propia. Irene Gutiérrez Caba, con su marido, el actor Gregorio Alonso (seudónimo de Gregorio Escolar), con quien tuvo un hijo, José Luis, que se dedica a la producción cinematográfica. Su hermana Julia, con su marido, el actor y productor Manolo Collado, fallecido en 2009.
Emilio piensa que los modelos que él y sus ancestros han tenido ya no sirven: “Antes ibas a una ciudad, te aplaudían y cobrabas al terminar; ahora te dicen: ‘ya le pagaremos”. Además estaba y está el riesgo de un batacazo, algo que Irene aún no ha probado, aunque ella reivindica, casi orgullosa, que ya le ha dado algún que otro meneo la crítica. “Tu abuela”, le dice Emilio, “estuvo a punto de retirarse por una crítica que le hicieron en Barcelona, le afectó mucho, yo nunca he vuelto a saludar a ese tipo, que fue grosero e innecesario”.
Confiesan que las críticas afectan, aunque saben que no tienen tanta importancia. Irene señala que lo importante “es que te llamen”. “Eso, eso”, apunta Emilio, y recuer­­da un dicho muy popular en su profesión que se adjudicaba a algunos directores: “Dios mío, Dios mío, que no me llame, que si me llama le voy a tener que decir sí”.


Font: Bernat Salvà (www.elpuntavui.cat)
“Un homenatge a l'amor, amb un plantejament romàntic i cinematogràfic.” Així defineix Mar Gómez Dios menguante, un espectacle de dansa estrenat per la seva companyia fa sis anys que interpreten ella mateixa i Xavier Martínez. Guardonat amb un premi Max el 2008 i amb el premi Ciutat de Barcelona de Dansa el 2011, el muntatge es podrà veure entre el 28 d'agost i el 9 de setembre a La Villarroel de Barcelona, dins de la programació Dansalona.
Mar Gómez i Xavier Martínez no saben exactament quantes vegades l'han representat. “Més de cent, segur –diu ell–. Més que un best-seller és un long-seller; portem anys fent-lo.” Gómez, però, precisa que “no és una reposició, s'ha mantingut amb vida tot aquest temps”.
El que sí recorden són els països on l'han representant: a més de l'Estat espanyol, on han fet nombroses representacions, també l'han portat a Anglaterra, Alemanya, Xile, el Perú, el Senegal... Les audiències de tot arreu han connectat amb la proposta, per bé que la reacció del públic varia molt. “Hi ha gent que plora i gent que riu amb l'espectacle, i això per a nosaltres és molt bonic”, diu Gómez.
Martínez explica que “la idea inicial era fer un projecte inspirat en el cinema neorealista italià, la història de la trobada de dues persones que acaba complicant-se, ambientada en un pati amb roba estesa, amb música de Nino Rota, molt fellinià”. L'espectacle, que ja s'havia vist a Barcelona, té un tercer personatge peculiar: una rentadora. “No teníem diners per a un altre ballarí”, bromeja Martínez. Assegura que “hi va ser des del principi i té vida pròpia”.
Dios menguante “no ha patit canvis estructurals, més enllà de l'evolució natural de l'espectacle”, assenyala Martínez. La companyia va aprofitar la presentació a la premsa de l'obra per bufar el pastís del vintè aniversari. Una celebració en plena activitat: al novembre estrenaran un nou espectacle al Festival de Tolosa de Llenguadoc. El futur no els preocupa excessivament, malgrat la profunda crisi que travessem. “La dansa és un col·lectiu acostumat a la incertesa –reflexiona Gómez–. Com viurem el futur? Sobre la marxa. Ara, afortunadament tenim molta feina, a curt termini. Ens haurem de reinventar. Canviarà tot, però serem allà.”

Un amor neorealista

by on 14:35
Font: Bernat Salvà (www.elpuntavui.cat) “Un homenatge a l'amor, amb un plantejament romàntic i cinematogràfic.” Així defineix Mar...
Font: Ana Torres (www.elpais.com)
Todo por un capricho. Por una pasión puramente carnal. El protagonista, el desalmado rey de Inglaterra Enrique VIII. La víctima, Ana Bolena. Y la consecuencia, una profunda transformación de la sociedad inglesa con el distanciamiento de Roma y la creación de la Iglesia anglicana. Fue el capítulo de la dinastía de los Tudor que más influyó en el devenir de la cultura anglosajona, y su adaptación al teatro fue un encargo de la reina Isabel I de Inglaterra a William Shakespeare. Ahora, por primera vez en la historia, Enrique VIII se representará en un escenario español, concretamente, en la sala verde de los Teatros del Canal de Madrid.
Corría el año 1533 cuando España recibía con indignación el divorcio de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, y Enrique VIII. Fue su primera esposa y su cónyuge más longeva (24 años casados). Más tarde, se uniría en matrimonio con otras cinco mujeres. Fue Ana Bolena, inicialmente dama de compañía de Catalina de Aragón, una de las que correría peor suerte: murió decapitada por orden del propio monarca, quien se había encaprichado de una nueva dama. Un relato cargado de pasiones y venganzas en el que a través de sus personajes se reflexiona sobre la volatilidad del estatus, los mecanismos del manejo del poder y las luchas fratricidas por la preservación de las posiciones jerárquicas.
“Es curioso que Enrique VIII nunca haya sido representado por una compañía española”, opina Ernesto Arias, director de la obra. Su compañía, Fundación Siglo de Oro, es una gran privilegiada. Con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el comité olímpico encargó al Shakespeare’s Globe Theatre la creación del festival internacional Globe to Globe, en el que 37 compañías extranjeras representarían en sus respectivos idiomas 37 textos del dramaturgo William Shakespeare. La compañía Fundación Siglo de Oro fue seleccionada para representar a España en el certamen, con la única condición de que interpretaran sobre las tablas la obra EnriqueVIII, por su posible arraigo en España gracias al personaje de Catalina de Aragón.
Era la primera vez que un grupo teatral español pisaba el escenario del Globe Theatre. “Estudiamos en profundidad cómo eran las puestas en escena en el Globe de Londres. Temíamos una mala reacción del público inglés ante una adaptación a la española de una de las obras de su gran referente literario. Fue un éxito”, cuenta Arias. En su adaptación es Catalina la gran protagonista, su lucha por no sucumbir al egoísmo psicótico del rey. “Enrique VIII pidió la anulación del matrimonio y ella no se la concedió a sabiendas de que las represalias le podrían costar la vida. La dejaron casi en la indigencia y esa es su grandeza”. El monarca solicitó el divorcio bajo el pretexto de que ella no le proporcionaría un hijo varón. “Si ella hubiese accedido, él no habría renegado de la Iglesia católica. Ella es la clave de la transformación que devendría”, señala.
Pese a no estar considerada al nivel de las grandes obras shakespearianas, Hamlet, Otelo, Rey Lear o Macbeth, el texto es muestra “exquisita” de las conspiraciones, instigaciones e intrigas políticas que sacudieron la gobernanza del segundo monarca del linaje de los Tudor. Enrique VIII fue la última obra del eximio dramaturgo inglés.
Font: www.elpuntavui.cat 
Com si es tractés de menjar a domicili, la Companyia Solitària ofereix i representa funcions del seu espectacle Nòmades en terrasses i jardins privats. Després de la comanda, els integrants de la companyia arriben amb la seva maleta i un grapat de cerveses fresques. Només es cobra 5 euros a cada espectador, amb consumició inclosa.
L'última representació de Nòmades es va oferir a la terrassa d'un àtic del barri barceloní del Carmel. Hi van assistir més de vint persones, va explicar a l'agència Efe l'actor i codirector de la companyia Pol Pérez. Prèviament hi ha hagut altres funcions a barris barcelonins com ara el Raval o el Born i també a Vilanova i la Geltrú.
Ahir, la Companyia Solitària va actuar al pati d'una casa del Poble-sec. El 7 de setembre, la representació de Nòmades es farà en una casa rural de Tiana. L'única exigència de la companyia és que es garanteixi un mínim de vint persones en cada representació i una presa de corrent a l'espai que li sigui assignat; ells hi posen la resta.
Nòmades és obra del dramaturg Aleix Aguilà i està codirigida per Pol López i Pau Vinyals, que, amb Júlia Barceló, són els quatre membres que integren la Companyia Solitària. Tenen entre 21 i 30 anys.
L'obra narra la història d'una parella en constant mudança, escapant d'un cataclisme mundial que acabarà amb el planeta, una alarma de tsunami o de terratrèmol que els fa anar d'aquí a allà buscant llocs més segurs, en un constant conflicte que també afecta la relació dels protagonistes.
Xarxes i boca a boca

Els membres de la companyia aconsegueixen els seus bolos a través del boca-boca, dels seus amics o en les xarxes socials: a facebook.com/csolitariadeteatre, a Twitter (@ciasolitaria) o a  companyiasolitaria.blogspot.com.
La idea va néixer després de constituir-se la companyia amb un espectacle, anomenat també La companyia solitària, que va resultar guanyador de la beca Desperta, de l'espai teatral barceloní Nau Ivanov.