Mostrando entradas con la etiqueta CNTC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CNTC. Mostrar todas las entradas

 


versión y dirección XAVIER ALBERTÍ
dramaturgia ALBERT ARRIBAS
interpretación JONÁS ALONSO, MIQUEL ÁNGEL AMOR, CRISTINA ARIAS, MIKEL AROSTEGUI, RAFA CASTEJÓN, ALBA ENRÍQUEZ, LARA GRUBE, ÁLVARO DE JUAN, ARTURO QUEREJETA, ISABEL RODÉS, DAVID SOTO GIGANTO y JORGE VARANDELA.
duración 120 aprox.
producción COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO y GREC FESTIVAL DE BARCELONA 2022
TEATRE GREC


El verso es un arma de múltiples filos, y aunque quien dirige la batuta lo domina muy bien, en este caso no ha sonado tan bien como debería. Y aunque, como podría suponerse habitual, no es un problema de pronunciación, porque la Compañía Nacional de Teatro Clásico es una experta en estas lindes. Sino creo que el ritmo le juega a la contra. Le falta rueda, eso de venir a estrenar a Barcelona directamente de la sala de ensayo a un montaje de estas características es cuanto menos peligroso.

Por otra parte, la adaptación del clásico de Xavier Albertí se queda a medio camino. No ya sólo por el verso, que quizás sea labor imposible reducirlo. También algún que otro toque machista que hoy resuena demasiado antiguo, y que si se quería acercar el clásico Don Juan a los tiempos actuales, que el honor siga residiendo en el sexo o que desposarse o no dependa de una figura masculina es sin duda más que chocante.

A nivel de interpretación ganan los personajes secundarios que han sabido hacerse con el verso y jugar con él. Mikel Arostegui ha dibujado un Don Juan al que le falta sangre, fuerza, garra, como si fuera suficiente pasearse por el escenario solamente para exhibirse. Para fuerza la que desprende el monólogo de Isabel Rodés, seguramente la mejor de un reparto desafortunadamente bastante irregular.

La puesta en escena es marca de la casa Max Graenzel, con una estructura giratoria que sirve como centro de toda la acción. La falta de definición también se nota en la iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que desaprovecha el espacio y la montaña se queda a oscuras con demasiada facilidad.

Una inesperada lluvia nos sacó por un momento del ensimismamiento en el que nos había sumido el calor de la excesivamente larga noche. Para clásico, la vuelta a casa, aunque ese argumento mejor lo dejamos para otro día.

EL BURLADOR DE SEVILLA

by on 13:11
  versión y dirección XAVIER ALBERTÍ dramaturgia ALBERT ARRIBAS interpretación JONÁS ALONSO, MIQUEL ÁNGEL AMOR, CRISTINA ARIAS, MIKEL AROSTE...

Fuente: José Luis Romo (elmundo.es) | Foto: E.M.
El pasado lunes, la directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Helena Pimenta, presentaba junto a José María Lasalle, Secretario de Estado de Cultura, y Montserrat Iglesias, directora del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), la rehabilitación del Teatro de la Comedia. Tras 13 años cerrado y unas obras valoradas en 21,6 millones, la CNTC estrenará allí el 15 de octubre su versión de El alcalde de Zalamea, protagonizada por Carmelo Gómez y Joaquín Notario. 
Que Madrid recupere uno de sus templos escénicos con más solera supone una gran noticia para los amantes del teatro en la ciudad y, sin embargo, esa alegría se torna en incertidumbre cuando se vuelve la vista hacia el Teatro Pavón, el coliseo que la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha usado como sede durante estos años de destierro. Este centro cerró sus puertas al público el pasado 17 de mayo con una representación de La celestina y son muchos los que se preguntan cuando volverá a verse un espectáculo en sus tablas... incluida su propietaria, la actriz y directora Amaya Curieses. Cuando se le pregunta por sus planes para el Pavón, ella se ríe socarronamente. «Perdona, estos días todos me hacéis la misma pregunta y la verdad es que no sé que contestar... Estoy en manos del INAEM». 
Curieses compró junto a José Maya el Teatro Pavón en 1999, cuando éste llevaba casi una década en estado de semiabandono. Su intención era estrenar allí textos clásicos y, desde 2002, lo venía alquilando a la Compañía Nacional de Teatro Clásico a través del INAEM. Allí la CNTC ha logrado éxitos históricos su montaje de La vida es sueño, protagonizado por Blanca Portillo. «Nosotros, cuando llegó la crisis les rebajamos el alquiler, ahora mismo les cobramos en torno a los 32.000 euros. Yo soy una mujer de teatro, no una empresaria», cuenta Amaya Curieses, quien acaba de estrenar una obra en elfestival de Almagro, «me gustaría llegar a un acuerdo con el INAEM pero están muy misteriosos... ahora la compañía está ensayando en el teatro El alcalde de Zalamea. Nunca habían utilizado el Pavón para ensayos y es muy raro. Yo quería haber aprovechado este tiempo para hacer mejoras, como la climatización del teatro, y no he podido porque están ellos. Estamos pendientes de firmar una prórroga del contrato... pero algo pasa porque no nos llaman». 
Una de las ilusiones de Curieses sería que la CNTC siguiese usando el Pavón como segunda sede. «Igual que el Teatro Español tiene el Matadero o el Centro Dramático Nacional se divide en dos teatros, podría ser una opción. Sobre todo si quieren darle más impulso a la Joven Compañía».

INAEM

Sin embargo, desde el INAEMaseguran a este periódico que el 31 de enero de 2016 dejarán el Teatro Pavón para centrar sus actividades en La Comedia. ¿Qué sucederá entonces con un centro que, inaugurado por Alfonso XIII en 1925, es uno de los escasos ejemplos de arquitectura art decó de Madrid? «No lo sé, yo he tenido ofertas, claro. Mucha gente viene y pregunta pero no hay nada concreto porque no hemos firmado nada con el INAEM y para nosotros, ellos tienen preferencia. Todo está en el aire». 
Lo que está claro es que al Teatro Pavón, el lugar donde Celia Gámez estrenó muchas de sus míticas revistas, le queda por delante una larga reforma. «Antes de irse tienen que dejarme el teatro como lo encontraron. Tiraron el ambigú para hacer despachos, cambiaron la embocadura del escenario, convirtieron la sala de ensayos en las taquillas... Todo eso me lo tienen que arreglar». 
Precisamente, el Pavón ha encarado unas obras recientemente para reabrir el bar de sus bajos. «Hemos descubierto las antiguas molduras y las hemos restaurado». Pero, si definitivamente el INAEM cumple con lo dicho yse va el 31 de enero, el bar que han inaugurado no tendrá espectadores a los que atender, ya que según Curieses, «a esas alturas no da tiempo a organizar una programación». Así pues, de cara a la próxima temporada Madrid habrá ganado un teatro para perder otro. «Eso sí, yo te aseguro que tengo toda la intención de que esto siga siendo un teatro pase lo que pase».

Otra despedida

El cierre eventual del Teatro Pavón, situado en la calle Embajadores, número 9, es especialmente dramático para el barrio, que hace un par de meses despedía a otro centro escénico puntero. Se trata de La casa de la portera, ubicada en la calle Abades, y que se convirtió en una de las salas independientes que más expectación causó durante los dos años que abrió sus puertas. Ideado por José Martret y Alberto Puraenvidia para levantar su Ivan Off, en ese espacio uno podía encontrarse entre el público al Nobel Vargas Llosa o Nuria Espert. Allí jóvenes dramaturgos como José Padilla, Paco Bezerra o Juan Mairena estrenaban sus imaginativas propuestas a dos calles del hogar de Lope de Vega, Calderón o Tirso. Toda esa efervescencia teatral, del Siglo de Oro a los novísimos, de la que podía presumir esta zona de Madrid es ya historia. Sólo queda esperar que el Pavón vuelva a abrir a sus puertas pronto en un barrio que se ha quedado huérfano de teatros.

Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Por fin! El Teatro de la Comedia de la calle Príncipe, uno de los más importantes de la ciudad, y por el que ha pasado lo mejor del teatro español e internacional desde 1875, vuelve a estar abierto para el público después de que en 2002 se cerrara para acometer unas obras de rehabilitación que parecían no acabar nunca. Las reformas han sufrido varios retrasos, no siempre por los responsables directos de la rehabilitación, sino también por dejación de funciones de algunos cargos de Cultura -en este periodo han pasado cuatro gobiernos diferentes, con sus consabidos ministros-.
Pero el pasado 14 de julio el teatro ha sido entregado a su propietario, el Ministerio de Cultura, ya rehabilitado y hoy mismo José María Lassalle, secretario de Estado para Cultura, Montserrat Iglesias, directora del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música) y Helena Pimenta, directora de la CNTC (Compañía Nacional de Teatro Clásico) han hecho las presentaciones, con paseíllo incluido, a la prensa.
Debe su nombre a un Real Decreto de 1849 que estableció una normativa por la que determinó que en la ciudad de Madrid existirían, entre otros, un teatro de declamación, sostenido por el Gobierno y denominado Teatro Español, y otros cuatro teatros de “número” que acogerían representaciones de drama, lírico español, lírico italiano y de la comedia. El denominado Teatro de la Comedia tendría como cometido, según este decreto, la representación de todas las obras que no sean tragedias, dramas o melodramas.
El Teatro de la Comedia es sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico desde 1986 y fue adquirido por Cultura en 1998. En el 2004, tras la celebración de un concurso público, el proyecto de obras fue contratado por el equipo de arquitectos Araujo & Nadal. La ejecución de las obras fue contratada a la empresa OHL en 2010 y ese año comenzaron las obras con un plazo inicial de ejecución de 24 meses.
Entre otras muchas intervenciones se ha realizado una gran excavación, que ocupa la totalidad del patio de butacas, para la creación de un gran aljibe que garantice el funcionamiento del nuevo sistema de extinción de incendios.
Especialmente impactante es la elevación del escenario, donde se ha instalado el peine y contrapeine, lográndose una altura libre total, desde el contrafoso a la cubierta, de 28 metros.
Las intervenciones más relevantes en el edificio histórico han sido la restauración del lienzo del techo y su recolocación en su emplazamiento original, la reposición de todas las pinturas decorativas de la sala, la restauración de todas las barandillas de palcos y de escaleras. Además, la ampliación del edificio permite aumentar su superficie en 750 metros cuadrados y crear una nueva sala multidisciplinar de 300 metros cuadrados con un aforo de 100 personas y preparada para ensayos, representaciones, talleres, actividades pedagógicas y laboratorios de creación, entre otros.
Aún quedan algunos elementos de infraestructura escénica y equipación que estarán finalizados en septiembre de 2017 y que supondrá un importe estimado de 5.864.877.40 euros.
El presupuesto inicial de las obras previsto por el Ministerio ascendía a la cantidad de 27,65 millones de euros, de los cuales 15.986.511 euros (IVA incluido, al 18%) correspondían a la ejecución de las obras y se estima que el total de las obras y equipamiento escénico sea de 20.353.504 euros.
La apertura al público del Teatro de la Comedía está prevista para el próximo octubre de 2015 en la que la Compañía Nacional de Teatro Clásico comenzará su temporada 15/16 con la versión dirigida por Helena Pimenta de El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca, con Carmelo Gómez al frente del reparto.
Pero un teatro, aunque lo fundamental sea el escenario, con lo que conlleva, y el espacio para el público, no es solo eso. También es un vestíbulo, accesos, pasillos, taquillas, ambigú….. Y ahí es donde sorprende la rehabilitación que más bien parece hecha para una tienda de moda, una clínica dental o un restaurante de franquicia.
Paredes blancas, suelo de baldositas de colores varios de 5x5 centímetros (a observar su comportamiento en días de lluvia), y las maderas, las maravillosas maderas del vestíbulo de la Comedia, pintadas en blanco roto, o blanco sucio, o blanco… (hay 28 maneras de llamar al color blanco) ¡pintadas!, al igual que las columnas de ese vestíbulo del teatro en el último siglo (su última y profunda rehabilitación fue en 1915 cuando se quemó). Ni una butaca, banco o sitio donde sentarse por los vestíbulos. ¿Dónde tumbarán a alguien que se ponga enfermo o indispuesto? Las puertas y paredes de los palcos por la parte exterior de una madera de armario poco noble.
El ambigú ha desaparecido. ¿Dónde se podrá comprar agua, o unos caramelillos, tan necesarios para los inoportunos ataques de tos?
Y tampoco queda claro dónde se cortarán las entradas , de manera que se pueda separar al público que ya ha pasado esa barrera del que esté por entrar.

Un teatro con historia

En la década de los setenta del siglo XIX se encargó al arquitecto Agustín Ortiz de Villajos la construcción de un edificio específico para acoger las representaciones del Teatro de la Comedia. A este arquitecto se deben, también, los proyectos de otros dos célebres teatros: el Circo Teatro Price -inaugurado en 1883- y el Teatro de la Princesa – actual Teatro María Guerrero, que fue inaugurado en 1885-. Los tres teatros son ejemplos representativos de la denominada “arquitectura del hierro madrileña”, al haber sido realizados con hierro colado, en vez de madera, tanto la estructura como los elementos decorativos, consiguiendo con ello unos edificios elegantes y ligeros. El proyecto de Villajos para el Teatro de la Comedia fue retomado por el arquitecto Godofredo Ros de Ursinos, pocos años después.
El espectáculo que inauguró la nueva sede del Teatro de la Comedia, el 18 de septiembre de 1875 (140 años y tres días antes que la inauguración de ahora), fue la comedia de un acto El espejo de cuerpo entero y las de tres actos El templo de la inmortalidad Me voy de Madrid. En el reparto de esas obras estaban reconocidos artistas como Dolores Fernández, Balbina Valverde, Carmen Genovés, así como al empresario del teatro y actor Emilio Mario.
Con posterioridad han sido numerosas las modificaciones que se han llevado a cabo para mejorar las prestaciones del teatro, entre las que destaca la instalación del alumbrado eléctrico en 1887, hecho que conllevó la protesta de los vecinos por el excesivo ruido que producían las máquinas generadoras y la inmediata clausura de la instalación por el Ayuntamiento. También es digna de destacarse la obra de embellecimiento de la fachada llevada a cabo en 1897. La tercera intervención relevante tras el incendio de 1915.

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«Creo que ya va siendo hora de que alguien llame a Tenorio por su nombre», asegura Blanca Portillo. La actriz prepara una nueva versión del popularísimo texto de Zorrilla, que verá la luz a principios de noviembre en el teatro Calderón de Valladolid y viajará después a Madrid. Del 9 de enero al 15 de febrero de 2015 se presentará en el teatro Pavón, dentro de la programación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (si todo va según lo previsto, será la última que se desarrolle en este escenario), presentada ayer por su directora, Helena Pimenta.
La CNTC ofrecerá este año siete espectáculos, de los cuales cuatro son producciones propias o coproducciones, y otros tres trabajos decompañías invitadas. Se celebrarán además dos dramatizacionesy se viajará a Francia y Gran Bretaña con un espectáculo incluído dentro del Proyecto Europa, pensado en colaboración con el Instituto Cervantes para promocionar nuestro teatro clásico en el extranjero, y compuesto por fragmentos de «La vida es sueño», «El alcalde de Zalamea» y «El perro del hortelano».
La temporada se abrirá la próxima semana con «Donde hay agravios no hay celos», de Francisco Rojas Zorrilla. Se trata de una producción que se estrenó en el pasado Festival de Almagro; la dirección es de Helena Pimenta, y en el reparto se mezclan actores habituales en la Compañía -David Lorente, Óscar Zafra, Rafa Castejón, Marta Poveda y Fernando Sansegundo- con otros que se han incorporado para este montaje -Jesús Noguero, Clara Sanchis Natalia Millán-. Es, dice Helena Pimenta, «una de las mejores comedias del Siglo de Oro».
A continuación, la CNTC repondrá «En un lugar del Quijote», una coproducción con la compañía Ron Lalá, que tuvo un gran éxito la temporada pasada. El montaje, incluído dentro del proyecto «Mi primer clásico» -pensado para iniciar al público infantil y adolescente-, está dirigido por Yayo Cáceres e interpretado por Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Daniel Rovalher, Álvaro Tato yMiguel Magdalena.
«Don Juan Tenorio» cuenta con una versión de Juan Mayorga. «Tenorio -dice Blanca Portillo- no es un héroe. Es alguien que huye de su propio vacío, llevándose por delante todo aquello que se cruce en su camino. No es un luchador en busca de un mundo mejor, de un cambio en el sistema, no es un buscador de belleza. Tenorio es hoy el vivo retrato del desprecio por los demás». El reparto está encabezado porJosé Luis García Pérez, a quien acompañan Miguel Hermoso, Juan Manuel Lara, Francisco Olmo, Ariana Martínez, Marta Guerras, Luciano Federico, Eduardo Velasco, Beatriz Argüello, Daniel Martorell, Alfonso Begara, Alfredo Noval, Raquel Varela y Rosa Manteiga.
La cuarta producción de la Compañía es «Enrique VIII y la cisma de Inglaterra», a partir de la obra de Calderón de la Barca «La cisma de Inglaterra», una pieza de juventud del autor apenas representada. «Es un texto -dice Ignacio García, su director- prolijamente estudiado en su aspecto literario pero olvidado, como tantos, fuera del canon y del repertorio habitual, condenado al destierro de los escenarios». En el reparto, la fórmula habitual de mezclar actores de la CNTC con otros no habituales; lo componen Sergió Peris-Mencheta, Joaquín Notario, Pedro Almagro, Emilio Gavira, Pepa Pedroche, Natalia Huarte, Mamen Camacho Anabel Maurín.
Las tres compañías invitadas esta temporada son la madrileña GG Producción y Distribución Escénica, la vallisoletana Teatro Corsario, y la sevillana Atalaya. Presentarán, respectivamente, «La hermosa Jarifa», a partir de la obra de Antonio Villegas; «El médico de su honra», de Calderón de la Barca; y «Celestina, la tragicomedia», adaptación del texto de Fernando de Rojas. Las dramatizaciones serán «La traición en la amistad», de María de Zayas, y «La corte de los milagros», de José Picón.

Fuente: Elsa Fernández-Santos (elpais.com)
Casi trece años después de su cierre, el Teatro de la Comedia de Madrid al fin tiene fecha de reapertura: septiembre de 2015. De esta manera, la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) recuperaría la que fue su sede desde 1998 y Madrid uno de sus escenarios más emblemáticos, la histórica sala de la calle Príncipe. Aprovechando la presentación de la nueva temporada de la CNTC, el Ministerio de Cultura organizó una visita a las obras de un teatro cuya rehabilitación se ha demorado en exceso, según explicó el director general del INAEM, Miguel Ángel Recio, por los contratiempos que se han presentado a la hora de consolidar la estructura del edifico. “Y por la enorme dificultad que conlleva trabajar en un teatro situado en una calle tan estrecha y rodeado por todas partes de edificios de vecinos”, insistieron los arquitectos Sebastián Araujo y Jaime Nadal. Recio aseguró que la obra acabará costando 1,52 millones de euros por debajo de los costes previstos. Del presupuesto de partida (27,65 millones) 15,72 correspondían a la ejecución de la obra, cuyo coste final ha sido de 14,2. Se calcula que el precio para el equipamiento escénico rondará los 21,62.
La obra civil concluirá en el primer trimestre de 2015. Y la de equipamiento estará lista en verano. “Así que justo dentro de un año la Compañía Nacional de Teatro Clásico podrá presentar y arrancar aquí su temporada”, añadió Recio, quien confirmó que la placa de la fachada que recuerda que el teatro albergó el discurso fundacional de la Falange Española seguirá ahí.
Sin los andamios que hasta ahora cubrían como una telaraña metálica el coso, y con el lienzo del techo otra vez vivo (“lo desmontamos entero para restaurarlo en un taller”) el esqueleto del Teatro de la Comedia y su carne son ya perfectamente reconocibles. Gracias a la obra, el edificio ha ganado una superficie de 750 metros cuadrados, su aforo llegará a los 700 espectadores, además de una sala de 300 metros cuadrados para ensayos y representaciones con un aforo de 100 localidades.
En realidad, y según explican los técnicos, las obras del Teatro de la Comedia no empezaron hasta 2010. En 2002 se cerró, dos años después se abrió el concurso de obras y luego el del proyecto. Una vez licitado empezó un trabajo cuya principal dificultad radicaba en su estructura. En 1915, el teatro se incendió y en lugar de reconstruirlo con madera y hierro (sus materiales originales) se hizo con hormigón armado. “Trabajar con hierro y madera en mal estado es mucho más fácil que con un hormigón que estaba muy degradado, eso ha generado problemas terribles”, apuntan Araujo y Nadal. La ubicación del teatro, "para hacernos una idea, en un patio de vecinos", ha ralentizado cada nueva intervención y cada trabajo para consolidar el soporte físico de la sala, pero según los técnicos lo que queda ahora (ejecución de revestimientos, pavimentos y trabajos de acabado) es más sencillo.

Fuente: Macarena P. Lanzas (elmundo.es)
Dice haber heredado un tesoro, aquel que pulió Adolfo Marsillach hace ya casi 30 años. Un regalo que hay que hacer crecer, hermosear, para dejar al siguiente lo mejor. Para Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el momento actual es uno 'dulce', aunque aderezado en ocasiones por esa amargura en forma de IVA y crisis económica.
"Fue un golpe terrible, de desesperación sobre todo para el teatro privado, porque el IVA de las entradas supone un desgaste enorme", ha explicado Pimenta esta mañana antes de su ponencia en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid.
A pesar de ello, "creo que el teatro tiene una capacidad de resistencia extraordinaria. La gente ha seguido peleando. Aunque ha habido caída de compañías, es cierto. Porque aunque en el teatro público el IVA cultural del 21% no afecte a todas las zonas, sí lo hace en las diferentes operaciones de gastos, que anteriormente sólo alcanzaban porcentajes del 4% u 8%. No obstante, el teatro clásico ha atraído en dos años a una media de 70.000 espectadores más".
Pero si aquellos que viven sobre un escenario están dispuestos a luchar, también lo está el público. "Es un momento de mucha apertura hacia el teatro. Existe una recuperación por entusiasmo, por valentía", ha destacado la directora.
Porque si hay un arte necesario es el que se desarrolla tras un telón. "El teatro en la sociedad no es recomendable, es necesario. Por eso hay que crear las circunstancias que lo permitan, no lo considero un artículo de lujo, es absolutamente necesario para la ciudadanía".
Sobre su ponencia, la misión del teatro público en tiempos de crisis, Pimenta ha señalado que "sirve para construir ciudadanía, facilitando la existencia de profesionales de mucha altura, ofreciendo al espectador una gran variedad, que no sea un privilegio de unos pocos". Y es que "los que se dedican a ver teatro clásico, a ver belleza y a reflexionar sobre ella van a ser mejores personas, porque estamos más dispuestos a tolerar, a construir el encuentro, en vez de lo contrario".
Un ejemplo de ello ha sido el Festival de Almagro, donde "las calles eran una fiesta". Un futuro que, además, se presenta esperanzador gracias a un gran repertorio. "El teatro clásico tiene un camino y un patrimonio todavía por descubrir", ha asegurado.

La crisis de las horas extra en el Inaem

El problema originado por el pago de las horas extra en el Instituto Nacional de la Artes Escénicas y la Música, del que forma parte la Compañía Nacional de Teatro Clásico, tiene su origen en la Ley de Presupuestos de 2013. La nueva regulación impide al Inaempagar más de 60 horas extras anuales a sus trabajadores. El conflicto llega cuando la superación de ese tiempo es una práctica habitual.
"Es un tema en vías de solución que nos ha obligado ya a suspender algunas actuaciones por la falta de técnicos. Nuestros horarios son distintos al del resto de las ministraciones públicas, que no incluyen fines de semana o nocturnidad. Se está trabajando en ello, porque necesitamos un convenio diferente", ha explicado Pimenta.

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
La Compañía Nacional de Teatro Clásico mantiene desde hace años un idilio con el festival de Almagro. De hecho, no podrían entenderse el uno sin el otro. El certamen es la residencia veraniega del conjunto, que en cada edición pone en pie un nuevo montaje en el Hospital de San Juan, que desde 1993 es su sede. Este año no será una excepción, y Helena Pimenta, su directora, ha elegido «Donde hay agravios no hay celos», una comedia de Francisco Rojas Zorrilla, con versión de Fernando Sansegundo y dirección de la propia Helena Pimenta. David Lorente, Jesús Noguero, Óscar Zafra, Rafa Castejon, Marta Poveda, Clara Sanchis, Fernando Sansegundo, Natalia Millán y Mónica Buiza componen el reparto
-¿Qué le ha llevado a elegir esta obra?
«Es una comedia deliciosa -explica Helena Pimenta- que tuvo un éxito increíble. Hay datos de sus muchas representaciones en España en los siglos XVII y XVIII. Una obra de las de «arrasar en las taquillas». La tomaron los franceses y los ingleses como modelo, y extrañamente desapareció. Volvió a aparecer como zarzuela y en otras formas escénicas durante el siglo XIX... Es un texto incuestionable y posee una carpintería teatral extraordinaria; es una de las grandísimas comedias de nuestro siglo de Oro, que no se había hecho nunca en la Compañía, y era de justicia recuperarlo. Es mi responsabilidad sacar a flote títulos como éste, que como comedia tiene rasgos de perfección, y que yo comparo con las grandes comedias de Shakespeare.
-¿Y cómo se afronta?
-Se trabaja desde la verosimilitud. Siempre se ha hablado de que las comedias españolas, como hablan del honor, de la virtud, de la virginidad..., son muy difíciles de conectar con la sociedad actual, de encontrar las referencias que el público pueda reconocer. Y lo que tenemos es que crear un contexto que la haga creíble. Y aunque los temas puedan estar alejados de nuestra realidad, hemos de rescatar su gran comicidad en, por ejemplo, la construcción de personajes. Es una obra muy coral, con personajes deliciosos -los tres femeninos son magníficos-. Es un texto calderoniano, pero por otro lado reivindicativo y muy crítico.
-¿Cuál es ese punto de enganche con la sociedad actual?
-Me costó encontrarlo. Me llamaba la atención el título y la palabra agravio. Y pensé que a veces jugamos con el término con cierto victimismo Nos sentimos agraviados y justificamos una cantidad de actitudes heroicas que, en mi opinión, se acerca del centro, de la imperfección del ser humano. Era evidente que la obra trataba de hacer una parodia o una crítica del sentido del honor exacerbado, que a día de hoy ya no existe, por lo cual podía perder cierto valor. Pero existe de muchas formas. Seguimos forjándonos rígidos credos para protegernos; nos consideramos los guardianes de la moral, no importa el color ni la ideología. Y eso nos da una superioridad moral con respecto a los demás, con lo cual nos alejamos cada vez más de la verdad. Hacemos un discurso de apariencias y no un discurso real. Este ha sido mi punto de partida, al que hay que sumar un aspecto característico de Rojas Zorrillas: los apartes. Media obra está escrita en apartes, y la reflexión que hicimos Fernando Sansegundo y yo es que los personajes no se atreven a hablar sinceramente de forma directa. Tenía que ser en un aparte al público o en un monólogo. Al principio nadie habla, todos están heridos. Nadie es capaz de razonar. Pero conforme transcurre la obra, y llegamos a la tercera jornada, los apartes empiezan a desaparecer, y los personajes empiezan a ser capaces de verbalizar sus pensamientos. Y es cuando llega el perdón, cuando llega el amor. Cuando uno se siente agraviado, no es capaz de sentir ni de amar, y está perdido. El silencio y la incapacidad de expresar lo que se siente es otro lazo con el presente que he utilizado.
-Todo ello dentro de una comedia.
-Es que la obra posee una carpintería única, con una sola trama, lo que no es nada habitual, con ocho personajes sobre los que recae toda la acción y a los que cruza para conseguir una coherencia cómica y argumental impresionantes. Siempre me gusta trabajar la comedia desde el trasfondo, no me gusta trabajarla de un modo superficial.
-¿Los apartes son una complicación para la puesta en escena, sobre todo cuando hablamos de una comedia, que exige su ritmo?
-Fue la primera complicación que yo vi, y el primer elemento de provocación. Y comprobé que los apartes bajan de número en la segunda jornada y casi desaparecen en la tercera. Es decir, los personajes están muy solos y no son capaces de hablar entre ellos, porque están limitados por las reglas sociales en toda la primera parte. Y van aceptando y aprendiendo a comunicarse. Hay una dinámica muy bonita de juego de voces, y yo lo he resuelto creando un universo propio, con los ocho personajes que forman un coro. A mí me gusta unir los montajes a mis sentimientos actuales, y en ellos hay muchos silencios, muchas cosas que no decimos por miedo a perder algo o por miedo a hacer daño a nuestros hijos. Me siento orgullosa de lo que me ha tocado vivir, muy afortunada de estar donde estoy, pero al mismo tiempo muy responsable, y necesitaba expresar el dolor por la herida que tienen en este momento las artes escénicas y también la ilusión y lo importante que es para nosotros el rito, la ceremonia.

Fuente: Elsa Fernández-Santos (elpais.com)
Aunque el teatro clásico siempre fue un buen reclamo para llenar aforos, nunca se había detectado un fenómeno como el actual, capaz de generar un boyante circuito de público y festivales alrededor de los grandes textos literarios. Los clásicos asaltan las tablas con más fuerza que nunca. Ya sea el grecolatino de Mérida o el español de Almagro, estas citas se han convertido en un reclamo cultural y turístico que por un lado ofrece un balón de oxígeno para muchas compañías y por otro anima la vida de poblaciones como Olmedo (Valladolid), Alcalá de HenaresOlite (Navarra), Cáceres o Niebla (Huelva). Todos ellos reunirán en apenas dos meses decenas de montajes y una insólita concentración de unos 40 estrenos absolutos.
“El público ha descubierto la riqueza de nuestro repertorio y eso se debe a muchos años de trabajo y esfuerzo que ahora empieza a dar sus frutos", afirma Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), que llevará a Almagro la comedia de Rojas Zorrilla Donde hay agravios no hay celos y que es, junto a este festival manchego, punta de lanza del fenómeno. El teatro Pavón, sede de la CNTC, suele tener las entradas agotadas y Almagro cerró en 2013 sus puertas con una ocupación del 90, 47%. Su directora, Natalia Menéndez, celebra el éxito pero lanza una crítica: “En el fondo el teatro clásico es un valor seguro, y ahora mismo, sobre todo en cultura, lo que prima es la falta de riesgo”.
Según la directora de Almagro, el espectador tipo del festival es una mujer “independiente” cuya edad está bajando de 41 a 39 años, de profesión liberal y asidua al teatro. El 8% de los espectadores va por vez primera al teatro y hay un creciente público infantil y familiar. Pese a todo, el certamen (que incluye talleres para niños ciegos y 25 espectáculos familiares) ha visto su presupuesto reducido un 60% desde 2009. Almagro, que funciona como gran plataforma de difusión de la que se alimentan los festivales más pequeños, ha logrado un equilibrio entre excelencia y popularidad cuyos frutos son hoy indiscutibles.
Para Pimenta, si el público ha evolucionado ha sido gracias a propuestas nuevas y arriesgadas: “Lo cierto es que yo recuerdo escuchar hace nueve años en una cola a algún espectador reprochar que el vestuario no era de época. Eso hoy es impensable porque ya no hay resistencia a la apertura y a las nuevas formas. Ese público es un fenómeno nuevo, que va más allá de los aficionados de siempre a la palabra y a los grandes autores”. Para Pimenta existe una querencia “intuitiva” al patrimonio. Y el teatro clásico lo es. “Pero requiere un esfuerzo mayor, por el verso y por las espadas, y ese esfuerzo ahora se entiende porque hay afición”.
Mérida es un caso específico por la espectacularidad de su anfiteatro. Con sus 50 metros de boca, se trata de un monumento capaz de atraer espectadores de todo tipo. En 2013, 74.583 personas pasaron por el teatro romano, 21.191 más que en la edición anterior y 32.002 más que en 2011, según datos del festival. Es decir, lograron una cifra que ronda el 70% de ocupación. Para el productor y empresario teatral Jesús Cimarro, su director, existe cada vez más público para un turismo cultural “lejos de la playa” atraído por una oferta teatral que incluye un menú gastronómico-monumental. “Alcazabas, monasterios, castillos, corralas, fortalezas… La conjunción teatro-monumento es muy atractiva, aunque condicione y dificulte el trabajo. Sinceramente, pocas cosas me parecen mejor plan que una noche de verano en el teatro, con pareja o con amigos, un gintonic y una buena cena”. Mérida celebra este año su 60º cumpleaños con una apuesta tachada de excesiva concesión a la taquilla. Para Cimarro, se trata de combinar los clásicos con actores conocidos. “Al final tenemos que llenar 3.000 localidades cada noche, es el teatro más grande de España, y no es fácil”.
En este sentido, el festival de Olmedo incluso ha creado para este año un circuito de WhatsApp para que cada espectador valore el espectáculo. Benjamín Sevilla, codirector del certamen, asegura que tras nueve años Olmedo cuenta con un buen número de abonados y las entradas agotadas los fines de semana. “Nuestro festival dura 10 días y la media de ocupación es el 70%. Es un espacio al aire libre, con unas vistas maravillosas. El teatro en verano tiene una magia muy especial que te lleva directo al siglo de Oro”, dice, y explica que este año y gracias a la colaboración con otros dos encuentros, el de Chinchilla de Monte-Aragón y del Getafe de Madrid, el Ministerio les ha “recompensado” con 50.000 euros. “Nos hemos puesto de acuerdo para hacer una exposición de entremeses, un ciclo de clásicos cómicos corsarios y un Otelo”.
Lo cierto es que los clásicos tienen una extraña cualidad para interpretar el presente, o quizá para conformarse con él. “Nos hacen ver que hemos avanzado muy poco en la historia, que los problemas siguen siendo los mismos”, apunta Cimarro, mientras Natalia Menéndez echa mano de un ejemplo más práctico: “Son como un buen regalo, duran toda la vida, perduran porque hablan del ser humano y eso ahora mismo es un valor importante”.


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Como si fuera una gran dama de la escena, la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) también se quita años. Al menos esa es una de las justificaciones que da su actual directora Helena Pimenta, al hecho de que estos días se estén celebrando las bodas de plata del nacimiento de esta unidad de producción del Ministerio de Cultura que fundó el recordado director, autor y actor Adolfo Marsillach y cuya primera representación fue en Buenos Aires en abril de 1986, como le gustaba hacer a María Guerrero con sus montajes, aunque aquí fue porque se programó en La Muestra de Teatro Español en Latinoamérica, en la que éste y otros espectáculos de Salvador Távora, Alfonso Sastre, García Lorca y José Luis Gómez, recorrieron varios países. Cierto es que de eso no hace exactamente 25 años, pero Pimenta recuerda que la efeméride coincidió con el cambio de dirección al frente de la CNTC, entre su antecesor Eduardo Vasco y ella. Además se ha tardado un tiempo en preparar una importante publicación conmemorativa y se ha querido que también coincidiera con el regreso de esta compañía a Buenos Aires.
Entonces y ahora la CNTC llevó a la capital mundial del teatro una puesta en escena arriesgada y nada acomodaticia de un Calderón. Marsillach eligió hace 27 años El médico de su honra, que se vio por primera vez en el más español de los teatros de la capital argentina, el Cervantes, levantado en 1921 por María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. Pimenta, por su parte, llega con La vida es sueño, que hoy se estrena en el bonaerense Teatro San Martín, una auténtica catedral del teatro, que acoge este espectáculo que ha triunfado allá donde se ha visto (lleva casi un año de gira por España) y con Blanca Portillo, actriz a la que en Buenos Aires adoran como si fuera una de sus divas escénicas, después de aquel trabajo, también calderoniano, de La hija del aire, bajo las órdenes de Jorge Lavelli.
“Tengo mucho miedo porque el público bonaerense es muy exigente, pero por otra parte siento un profundo orgullo del trabajo que hemos hecho con estos personajes con conflictos profundos y difíciles”, comentó ayer Blanca Portillo, que aquí se ha convertido en el príncipe Segismundo, quien está deseosa de que en Buenos Aires ocurra lo mismo que viene ocurriendo con este montaje desde que lo estrenaron y allá donde lo han llevado. “Es de desear que salgan tan enamorados, como lo estamos nosotros, de estos personajes que entre Calderón y Juan Mayorga [responsable de la versión] han conseguido que hablen más que nunca de nuestros propios conflictos”
Además de recibir este montaje que ha significado uno de los más importantes de la CNTC en toda su historia, el Teatro san Martín también estrena en colaboración con esta unidad de producción Los áspides de Cleopatra, obra de Francisco de Rojas Zorrilla que se estrenará en Buenos Aires en septiembre, antes de viajar a España, bajo la dirección de Guillermo Heras y tras abordar talleres en torno al verso con el actor y director Gabriel Garbisu.
En 1986 la crítica y el público se quedaron sorprendidos, tal y como reflejamos los periodistas que asistimos al acontecimiento, con aquel Calderón que huía decididamente de la arqueología y con el que su fundador y primer director quería crear las bases “para dar un patrón, unas líneas, sin duda discutibles, con las que iniciar un camino, no interrumpido, sino inexistente, que sé complicado y difícil”.
Marsillach reconocía que la CNTC arrancaba “con siglos de retraso”, ya que el proyecto nacía dos siglos después que el National Theatrebritánico y tres siglos con respecto a la Comedie Française, que eran claros referentes. Para Marsillach suponía una gran dificultad ya que él debía basarse en la recuperación de una tradición que no existía, de manera continuada, en el teatro español, donde de manera esporádica se representaban clásicos por actores que más que interpretarlos los declamaban o, en el mejor de los casos, afrontaban el teatro clásico con una concepción muy romántica del mismo. Marsillach creó una forma naturalizada de decir el verso, sin que se perdiera ni el ritmo ni la cadencia.
Y con aquellos mimbres se hicieron estos cestos. La CNTC ha creado hábitos escénicos entre espectadores de muy diferentes edades y, lo que es mejor, ha incentivado para que muchas compañías y muchos profesionales del sector escénico hayan perdido el miedo a los clásicos, que no el respeto, aunque se tratase de lecturas vanguardistas y atrevidas de estos autores. Lo cierto es que los objetivos de Marsillach, fallecido en 2002, entre los que estaba la consolidación de grandes títulos del repertorio, la recuperación de obras menos conocidas del barroco español, la formación especializada en la representación de los clásicos se han cumplido, a pesar de ciertos baches que en algunos años atravesó la compañía y que han quedado olvidados tras el impulso dado por sus dos últimos directores, Eduardo Vasco y Helena Pimenta, quien va a tener la suerte de reinaugurar la principal sede, ya elegida por Marsillach, el Teatro de la Comedia de la madrileña calle Príncipe, comprado por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) y cerrado desde 2002 para acometer una gran reforma que se dio a conocer en 2010.
A lo largo de estos 27 años se han puesto en pie espectáculos basados en obras de Agustín Moreto, Antonio de Solís y Ribadeneyra, Ramón de la Cruz, Diego de Figueroa y Córdoba, Fernando de Rojas, Francisco de Rojas Zorrilla, Gil Vicente, Guillén de Castro, José Carlos Somoza, José Zorrilla, Juan Ruiz de Alarcón, Luis Vélez de Guevara, Miguel de Cervantes, Molière, Moratín, Tirso de Molina
y en dieciocho ocasiones a Calderón de la Barca, las mismas que a su gran competidor Lope de Vega. Ello sin olvidar la presencia de muchas compañías invitadas con sus propios títulos y autores y las publicaciones especializadas que la CNTC aborda para dirigir al mundo universitario y de investigación en general, concebidas como puente entre la práctica escénica y los estudios académicos.


Font: EFE via ara.cat
L'actor Ramon Fontserè (Torelló 1956) ha elegit Cervantes per signar el seu primer muntatge teatral al capdavant d'Els Joglars, una versió lliure de la novel·la El coloquio de los perros de Cervantes, que s'interpretarà al teatre Pavón de Madrid del 27 de març al 28 d'abril.
El coloquio de los perros és un muntatge en el qual es percep la filosofia de la companyia, fonamentada en la sàtira i la crítica, una proposta d'Albert Boadella a Fontserè i amb Martina Cabanas com a assistent de direcció. Els Joglars, format actualment per cinc intèrprets, afronta aquest projecte, coproduït amb la 'Compañía Nacional de Teatro Clásico' (CNTC), mentre es troba immers en una nova etapa des que Fontserè va rellevar Albert Boadella després de mig segle al capdavant de la companyia, el setembre de l'any passat. "Els cinc actors tenen presència permanent a l'escenari i l'attrezzo és molt subtil, s'ha de treure tot el partit als elements escènics, és un espectacle de suggeriments" ha assenyalat Fontserè. "Hem intentat fer, amb el mínim, el màxim", ha afegit.
Després d'El retablo de las maravillas i El Quijote, en un lugar de Manhatthan, és la tercera ocasió que Els Joglars recorre a l'obra de Cervantes, perquè la seva visió "pura i potent de la realitat", per molt cruel que sigui i carregada d'ironia, resulta molt afí a la filosofia de la companyia que dirigeix Fontserè. Els gossos Cipión i Berganza utilitzen un "llenguatge cervantí", per explicar les seves aventures, anades i vingudes, a l'aixopluc d'uns propietaris canviants, els humans, que apareixen sempre amb la cara coberta amb màscares.

TEXTO: PEDRO CALDERON DE LA BARCA
VERSIÓN: JUAN MAYORGA
DIRECCIÓN: HELENA PIMIENTA
DURACIÓN: 2h y 5min
PRODUCCIÓN: COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO
TEATRE LLIURE (MONTJUÏC)

Quede dicho de antemano, no haya alguien que vaya a llevarse a errores, que no soy persona de clásicos, que tiro más de la cuerda de directores como Jordi Casanovas que opinan que los clásicos está muy bien leerlos pero que la gran mayoría se han quedado obsoletos y su lenguaje, bello sin duda alguna, aleja al público de los teatros.

Que duda cabe que buena parte de la platea llena, por no decir la mayoría estábamos allí para admirar el buen hacer de la Blanca Portillo, sin ella ni se hubieran agotado las entradas, ni los bravos hubieran sido escuchados. Porque el montaje de Helena Pimienta es ella o mejor dicho su personaje, Segismundo, no hay más.

Sí, señores Blanca Portillo interpreta a un hombre, ¿y qué? Durante siglos los hombres interpretaron a mujeres y nadie le pareció importar. Y en este caso tampoco importa, no importa el sexo, que por otra parte no se ve. No ves a una mujer interpretando a un hombre, ves a una persona interpretando. 

Y la interpretación es soberbia, increíble de principio a fin, sólo por ella ya vale la pena pasarse más de dos horas de función. Blanca Portillo dibuja un Segismundo lleno de matices, fácilmente identificable, que emociona, que da miedo, por el que sientes pena, por el que lucharías para liberarle. Nunca había tenido el placer de ver a Blanca Portillo sobre las tablas, pero que duda cabe que es una de las grandes, que la próxima vez que vea su nombre en un cartel, correré a por las entradas.

El resto del montaje pasa sin pena ni gloria. Con interpretaciones desiguales destacaría la Rosaura de Marta Poveda, obviando su primera intervención, y Joaquín Notario como el rey Basilio. Y sorprendente cuanto menos la pluma del personaje de Astolfo interpretado por Rafa Castejón.

El verso no es fácil, esto es una obviedad pero la manera como lo ha escondido el montaje de Helena Pimienta no ayuda a su entendimiento. Por una parte, existe un claro problema de dicción, excepto en el caso de Blanca Portillo, no es normal que durante los veinte primeros minutos el texto sea ininteligible para el público, incluso situados en las primeras filas. Quizás sea que la magnánima escenografía de madera tampoco ayude a la sonorización, pero todo ello es una verdadera lástima que ha de sufrir el espectador.

Pese a ello, La vida es sueño es visualmente atractiva, sobre todo en los momentos de la presentación de Segismundo en sociedad con esas cortinas y el momento de la guerra por el poder. Pero a pesar del atractivo, la escenografía crea un punto de lejanía, acentuado por el verso, entre la trama y el espectador que no acaba de entrar para quedarse, sino que va y viene y se pierde en el camino.

Una buena elección del montaje ha sido incluir música en directo, que aporta ritmo y emoción en algunas escenas más lentas. Está bien recordar de dónde venimos de vez en cuando, pero pretender vender La vida es sueño como un texto actual me parece poco plausible. Es un clásico, no hay duda, y está bien que sea recordado aunque una servidora prefiera un teatro más contemporáneo. Ya sabéis, para gustos los colores. ¡Felices sueños!

LA VIDA ES SUEÑO

by on 20:41
TEXTO: PEDRO CALDERON DE LA BARCA VERSIÓN: JUAN MAYORGA DIRECCIÓN: HELENA PIMIENTA DURACIÓN: 2h y 5min PRODUCCIÓN: COMPAÑÍA NACI...
Font: Laura Serra (ara.cat)

Blanca Portillo (Madrid, 1963) és una de les grans actrius de l'escena espanyola. Arriba al Teatre Lliure per primer cop, "un somni", diu, interpretant el protagonista masculí de La vida es sueño, Segismundo.
Quan mira al seu voltant, ¿també li sembla que tot és un somni?
Fa molta por. A la vida tot va canviant constantment. Per això busquem estabilitat, serenor. I la vida és tot el contrari: un gran somni, en què tot canvia. Obres una porta i hi ha un precipici. Fa vertigen!
Com l'afecta aquest context?
Com a ciutadana, m'horroritza. Però vull creure que això no és etern; canviarà. En l'àmbit professional, està fent que el teatre surti de les sales convencionals i les històries que s'expliquen tenen un nivell de compromís mot alt. Em genera inquietud veure què hi podem fer.
¿La vida es sueño és una lliçó de política?
I de vida, perquè nosaltres també manipulem les nostres existències i ens convencem de coses que no són. Ens expliquen una realitat que assumim com a absoluta i no és veritat. S'ha d'anar alerta: no em creuré el que em diguis; ho vull veure, ho vull viure jo.
El seu personatge és símbol de repressió i llibertat. Se sent així?
Hi connecto molt, en aquest sentit. Arriba a la conclusió que pots imposar a la força una sèrie de coses, però si l'ésser humà manté la seva essència no el pots manipular. En aquesta engruna de la nostra llibertat més íntima, tenim dues opcions: construir o destruir. Ningú neix ni bo ni dolent ni manipulador ni manipulable; és una opció de vida. Si tots féssim com ell, el món seria molt millor. Els malparits han triat el camí de la malparidesa, perquè fer les coses bé costa. I tant!
L'educació fa la diferència?
El salva això: que algú li ha ensenyat a parlar. La paraula, i poder pensar per ell mateix, el salva. Si no, es tornaria boig i seria un destructor.
Tornant a la política: ¿el govern vindria a ser com el rei manipulador?
La gent que està en llocs de poder polític -perquè n'hi ha de molts tipus-, i que pot afectar la vida dels altres, ha de posar abans les necessitats dels altres que les pròpies. Això ha de ser una norma, sigui el cap d'una oficina o sigui una mare amb el seu fill. I, si no, que es quedi a casa. Això no passa avui per res. Tot és tan lleig i trist que, quan estàs treballant un material tan elevat sobre l'ésser humà, no vols ni mirar.
Quin personatge li falta per fer?
No tinc cap personatge que sigui una meta, perquè llavors s'ha acabat el somni! El pròxim serà el millor. I no em plantejo que sigui masculí o no. Mentre sigui interessant, m'és igual. Jo no sento que el meu gènere em defineixi irremeiablement, sinó la meva manera de ser.
Quan va morir Lizaran, Lluís Homar va dir que només ella i vostè són capaces d'interpretar éssers.
Que bonic. Una cosa que em fascinava de l'Anna era la seva capacitat de risc, de joc, la seva sana i bella bogeria. I el fet de no deixar-se definir per elements externs. Quan em vaig rapar, milions d'amigues em van dir: "Què has fet?" Se'ns ha ficat al cap que hi ha signes externs que ens defineixen. I no: jo sóc més dona que una dona atòmica de 90-60-90 probablement.
¿Siete vidas li queda molt al passat remot? I què li presenta el futur?
No. Ho tinc molt present. Per això tinc la sensació d'una tremenda joventut actoral. Què faré? No ho sé. Sento que el teatre és el meu lloc i sé per què vull lluitar: perquè cada cosa que faci tingui valor per al públic. A mi m'hi va la vida, en això. Aquesta professió no és gens banal.


Font: L.S. (ara.cat)
La Compañía Nacional de Teatro Clásico –companyia fundada per Adolfo Marsillach el 1986 per difondre el teatre del Segle d'Or– arriba aquest dijous al Teatre Lliure de Montjuïc amb "una catedral del teatre" segons Lluís Pasqual, 'La vida es sueño' de Calderón de la Barca. La directora Helena Pimenta, que ostenta el càrrec des del setembre del 2011, com que ja no disposa d'una companyia estrictament estable, ha escollit els seus actors i ha apostat per un repartiment que té la singularitat d'estar liderat per una actriu en el paper d'un home: Blanca Portillo. "Per què no? –es pregunta l'actriu–. L'escenari és l'espai de la llibertat i el somni". Darrere seu, 14 actors i quatre músics d'instruments barrocs. L'espectacle ha tingut un gran èxit a Madrid i de gira, i estarà a Barcelona només en 10 funcions.  
Juan Mayorga ha adaptat l'obra, estrenada el 1635, "com 'Pulp fiction', sense deixar-hi empremtes', amb màxima rigorositat però sense màniga ampla. "La pregunta de fons és: qui mou les nostres vides i els nostres somnis?", es pregunta Pimenta. La història del protagonista, Segismundo, que va ser reclòs des de menut pel seu pare perquè el rei va llegir en l'horòscop que el noi comportaria el final del regne de Polònia. Quan l'home es fa gran, i per deixar el regne a un hereu, i alhora treure's la culpa de sobre, el deixa sortir per comprovar si serà capaç de ser rei. Indomable, acaba sent tancat de nou i alliberat pel poble.
"La idea de manipulació del poder respecte les persones governades, des d'un país a una família", diu Pimenta, és el que ha volgut resseguir aquesta proposta. Els gran temes que aborda el text (la llibertat, l'esclavitud, l'amor, el desamor, la venjança) s'aprofundeixen a través de l'acció i dels conflictes dels personatges. "Em sorprèn la capacitat de l'ésser humà de vèncer-se a ell mateix", diu la directora.