Fuente: Juan Ignacio García Garzón (abc.es)
El IX Festival de Teatro Clásico de Olmedo ha arrancado con los ojos puestos en el cielo. Las nubes que hacían presagiar lo peor fueron clementes con el primero de los espectáculos programados, «La cortesía de España», de Lope de Vega, a cargo de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, en versión de Laila Ripoll dirigida por Josep Maria Mestres, pero se cerraron en aguas desatando a última hora del pasado sábado una tormenta de proporciones bíblicas que descargó con furia desmesurada sobre la localidad vallisoletana e hizo imposible que Ron Lalá pudiera presentar su último y aplaudido montaje, «En un lugar del Quijote», para el que se habían agotado las localidades. Hasta las cigüeñas que presencian cada noche las funciones desde el lienzo de la muralla que cierra el fondo de la Corrala del Palacio del Caballero llevaban paraguas para protegerse del diluvio.
Más suerte tuvo el domingo la compañía hispano cubana Mephisto, que, dirigida por Liuba Cid, ofreció su colorista versión de «El burgués gentilhombre» de Molière. Una propuesta de encarnadura escénica discreta, en la que el continuo cambio de posición de unas sillas sobre el escenario parece propiciar la reflexión sobre las ambiciones sociales y los grotescos esfuerzos por aparentar lo que no se es que contiene la comedia. Un reparto íntegramente masculino la interpretó en clave subrayadamente farsesca buscando la risa fácil; el público pareció divertirse y premió con sus aplausos al elenco al final de la representación.
Hasta el próximo día 27, en que cerrará el festival el espectáculo «Clásicos cómicos», a partir de textos de varios autores, con dirección de Jesús Peña e interpretación deTeatro Corsario, se ha programado la versión japonesa que Yoichi Tajiri ha realizado de «El caballero de Olmedo», de Lope, a cargo de la compañía Ksec-Act, dirigida por Kei Jinguji; un montaje de «La boba para otros y discreta para sí», también de Lope, con puesta en escena de Rebeca Sanz para La Finea Teatro; «El coloquio de los perros», de Cervantes, que trae la compañía colombiana Laboratorio Escénico Univalle con dirección de Ma Zhenghong y Alejandro González Puche; el último trabajo de la Compañía de Teatro Clásico de Sevilla, una escenificación de Alfonso Zurro de «La estrella de Sevilla», atribuida a Lope de Vega, aunque hay estudiosos que la ponen en el haber de Andrés de Claramonte; «La hermosa Jarifa», versión y dirección de Borja Rodríguez de la novela morisca del siglo XVI que pone en escena La Morgue; y «Otelo», de Shakespeare, en versión de Yolanda Pallín dirigida por Eduardo Vasco para Noviembre Teatro.
Por otra parte, paralelamente al certamen se celebran las novenas Jornadas sobre Teatro Clásico, que este año, con el título de «La fuerza del Fénix: últimas novedades y renovaciones de Lope de Vega», se centrarán en las escenificaciones realizadas en los últimos años de «El caballero de Olmedo» y otras obras del autor, con mención especial para la comedia «Mujeres y criados» descubierta en fechas recientes. Las Jornadas tributan también un homenaje a José Luis Alonso de Santos durante el que se presentará el último libro de la colección del festival, «El mundo, el demonio y mi carne», del dramaturgo homenajeado.

De clásicos por Olmedo

by on 17:32
Fuente: Juan Ignacio García Garzón ( abc.es ) El  IX Festival de Teatro Clásico de Olmedo  ha arrancado con los ojos puestos en el cie...

TEXTO y DIRECCIÓN: SERGI POMPERMAYER
INTÉRPRETES: MARTA DOMINGO, PABLO LAMMERS, SERGIO MATAMALA y CONCHA MILLA
DURACIÓN: 1h 25min
PRODUCCIÓN: FLYHARD PRODUCCIONS S.L.
SALA FLYHARD

Quan no tens res a perdre l'únic que pots fer és guanyar... Sería una gran frase para los que llegamos tarde a algunos espectáculos. Después de oír opiniones para todos los gustos, decido verlo con mis propios ojos y emitir la mía. Sorpresa: he ganado.

No reconocerlo sería faltar a la verdad, pero después de una temporada bastante irregular, la Flyhard da por fin en la diana. Un texto muy actual, una situación disparatada pero que tal y como están los ánimos no me parece tan lejana y una puesta en escena que sorprende son los elementos que han conseguido atraparme hasta el final.

Como telón de fondo, la crisis y sus efectos: despidos, paro, hipotecas sin pagar, desalojos, bancos, preferentes... nada que no sepamos ya, hay miles de caras y de ojos a los que atribuirles el papel de víctimas y verdugos. Pero también es cierto que por miles de historias que hayamos escuchado nos siguen estremeciendo. New Order es una suma y sigue donde las aparentes víctimas se convertirán en verdugos, y los verdugos... han nacido para ello.

Marta Domingo realiza la interpretación más interesante de las cuatro, su papel es el que más jugo tiene, además sus discursos van directos al estómago. No llega a ser brillante pero sí lo suficientemente convincente para que en cada réplica los ojos de los cuarenta espectadores recaigan en ella y se abandonen del resto de la escena. Marta Milla dibuja con pequeños altibajos su papel, pero nos deja cinco minutos finales que dan ganas... de pensar y mucho. Sergio Matamala recupera su rol cómico, del que ya estamos acostumbrados, al igual que Pablo Lammers, pero sus personajes nos saben a papel excesivamente conocido.

Sergi Pompermayer dirige su mejor dramaturgia hasta la fecha. La puesta en escena y la disposición de una sala donde la proximidad es el pan nuestro de todos los días ayudan a que salgas con buen sabor de boca de la sala pero con un golpe en el estómago, de esos que por suerte o por desgracia no dejaremos de sufrir en mucho tiempo.

NEW ORDER

by on 20:03
TEXTO y DIRECCIÓN: SERGI POMPERMAYER INTÉRPRETES: MARTA DOMINGO, PABLO LAMMERS, SERGIO MATAMALA y CONCHA MILLA DURACIÓN: 1h 25min ...

TEXTO: ALFRED JARRY
DIRECCIÓN y DRAMATURGIA: DECLAN DONNELLAN
INTÉRPRETES: XAVIER BOIFFIER, CAMILLE CAYOL, VINCENT DE BOUARD, CHRISTOPHE GRÉGOIRE, CÉCILE LETERME y SYLVAIN LEVITTE
DURACIÓN: 1h 55min
PRODUCCIÓN: CHEEK BY JOWL en coproducción con el BARBICAN (LONDRES), LES GÉMEAUX/SCEAUX/SCÈNE NATIONALE y LA COMÉDIE DE BÉTHUNE-CENTRE DRAMATIQUE NATIONAL DU NORD-PAS-DE-CALAIS
LLIURE MONTJUÏC (GREC 2014)

Si me preguntaran qué pasó durante la primera hora de función, no estaría demasiado segura que responderles. Lo que sí puedo asegurar es que me mantuve impávida en mi asiento intentando buscarle uno o mil significados a lo que estaba presenciando. No sé si fui la única que no entendía nada en ese punto. Pero de pronto BOOM, algo estalló, algo como si hubiera permanecido ciega durante una hora y ahora algo o alguien me permitiera ver lo que estaba realmente pasando.

Lo que se nos presenta como un simple cena de una familia burguesa, esconde todo un juego de tiranía, conspiración y asesinatos del reino Ubú con unos instrumentos de aplicar justicia poco comunes pero con un cierto paralelismo a algunos reales. El poder, la codicia, la nula falta de respeto por el valor de la vida humana, quiénes son los enemigos, quiénes son los inocentes y quiénes los que los juzgan.

Como meros voyagers, el público asiste impasible a lo que se nos da para "comer", hasta que en un momento la cuarta pared se rompe, y nos convertimos en jueces de lo que está sucediendo, maravilloso momento, a partir del cual todo se ralentiza y juzgar no es un simple juego de niños. La utilización del audiovisual es sorprendente, como lejos de perdernos el backstage somos partícipes de todo cuanto ocurre. A veces, incluso, no querríamos llegar a visualizarlo y nos bastaría con usar la imaginación.

Ubu Roi es cruel y no se esconde, imágenes y sonidos se nos muestran de una manera excesivamente real. Aquí no hay medias tintas, está pasando, lo estás viendo. Por mucho que cierres los ojos, la imaginación es igual de poderosa.

Todo el espectáculo pero sobre todo la parte final, que nos desvelaré guarda un pequeño homenaje a la película Funny Games de Haneke. Todo parece como una broma macabra, todo parece muy real.

Espectacular puesta en escena de Nick Ormerod que junto con el diseño de luces de Pascal Noël otorga a Ubu Roi un aspecto de pesadilla, de la que muchos no pudimos despegar la vista y de la que tampoco queríamos salir. Bravo.

UBU ROI

by on 19:00
TEXTO: ALFRED JARRY DIRECCIÓN y DRAMATURGIA: DECLAN DONNELLAN INTÉRPRETES: XAVIER BOIFFIER, CAMILLE CAYOL, VINCENT DE BOUARD, CHRIST...


DIRECCIÓN: FRANCK CHARTIER
ASISTENCIA A LA DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: GABRIELA CARRIZO
CREACIÓN E INTERPRETACIÓN: LEO DE BEUL, MARIE GYSELBRECHT, HUN-MOK JUNG, MARIA CAROLINA VIEIRA, SIMON VERSNEL, BRANDON LAGAERT Y YI-CHUN LIU CON LA COLABORACIÓN DE EURUDIKE DE BEUL
DURACIÓN: 90min
PRODUCIÓN: PEEPING TOM
MERCAT DE LES FLORS (GREC 2014)

La vejez, esa de la que todos huimos, algunos estirada tras estirada que no evita nada y otros excusándose que todo está en nuestra cabeza, envejece el cuerpo pero no las ganas de vivir, algo parecido a lo que les pasa a los protagonistas de este montaje. Peeping Tom nos sumerge dentro del mundo de las residencias geriátricas, del abandono de los hijos a los padres (sin que estos tengan en mente que algún día, no muy lejano, serán ellos los abandonados), la soledad, la necesidad de compañía y de seguir siendo alguien importante para alguien.

La dramaturgia mezcla sabiamente los diálogos con la danza. Una danza imposible, Yi-Chun Liu hace suyo todo el escenario y en breves momentos nos encandila con su elasticidad increíble y sus movimientos rápidos y fugaces, un contrapunto a lo que está pasando en un segundo plano en el escenario.

Aunque la escenografía no es nada del otro mundo, la elección sonora del espectáculo te hace recordar momentos especiales de la vida de cada espectador. Todo el mundo tiene recuerdos de las canciones que van sonando, y en algunos momentos la fibra es tocada, aunque desde el principio sabes que no saldrás de la misma manera que has entrado.

Noventa minutos sublimes. Una combinación perfecta entre lo que se cuenta y lo que te imaginas que te golpea el cerebro el corazón pero también el estómago. Una sensación de disfrute del espectáculo que choca con todas las sensaciones y sentimientos que despierta. Y sales de la sala y te topas con la realidad, pero ¿qué realidad?

VADER (PADRE)

by on 17:37
DIRECCIÓN: FRANCK CHARTIER ASISTENCIA A LA DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: GABRIELA CARRIZO CREACIÓN E INTERPRETACIÓN: LEO DE BEUL, MARIE ...

Fuente: Álex Vicente (elpais.com)
A Yasmina Reza, el teatro le sigue pareciendo un lugar profundamente misterioso. “¿Por qué nos interesamos por otros personajes y sus vivencias sobre el escenario, cuando podríamos fijarnos en lo que nosotros vivimos a diario? ¿Por qué necesitamos esa ficción?”, se pregunta en el café de un lujoso hotel de Saint-Germain, meca de la intelectualidad parisiense, a dos pasos de su domicilio. En esta nublada mañana de verano, Reza no encuentra respuesta a su pregunta, aunque siga indagando en ella en cada una de sus obras. La reflexión aparece en medio de una conversación apasionada –y, a ratos, también tensa–, durante la que la autora se acabará mostrando generosa a su pesar. Reza dispone de un verbo lúcido, pero también punzante, que no duda en desenfundar cuando la ocasión lo requiere. En especial, para protegerse de cualquier intromisión. No le gusta sobreexponer su persona y se dice refractaria a los discursos grandilocuentes. Y, como tal, es alérgica a las entrevistas, que dice vivir como un auténtico martirio. “Si las acepto es solo para poder existir en este mundo. Si no, entre 500 libros, el mío pasaría desapercibido”, reconoce.
En 1987, Reza escribió Conversaciones después de un entierro, la primera de una larga serie de obras que, bajo la apariencia inofensiva de la comedia burguesa y el teatro de bulevar, abordan asuntos dignos de la más elevada metafísica. Sus personajes compran cuadros abstractos por el estatus social que estos confieren –Arte, traducida a 35 lenguas, la convirtió en la dramaturga contemporánea más representada en el mundo– y llevan a sus hijos al museo para “paliar el déficit escolar en la materia” –como los protagonistas de Un dios salvaje–, pero después no dudan en masacrarse los unos a los otros en la intimidad de sus comedores. Para Reza, la civilización es solo un delgadísimo barniz que desaparece cada vez que se presenta el más mínimo conflicto. Sus obsesiones reaparecen concentradas en una nueva novela, Felices los felices (Anagrama lo publicará en septiembre), donde destapa las alegrías y miserias cotidianas de 18 personajes atrapados entre la dificultad de vivir, el hastío de amar y el pánico a morir.
Su libro empieza con una frase de Borges: “Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor”. ¿Qué le gustaba en esta cita? 
Es una afirmación interesante, porque insinúa que quienes prescinden del amor también logran ser felices. Siempre he tenido esa misma intuición: asociar felicidad y amor es una auténtica estupidez. La cita encaja bien con lo que cuento en este libro, lleno de personajes en plena búsqueda sentimental, pero todos ellos infelices sin excepción. Amor y felicidad no son nociones colindantes, pese a lo que aseguran los cuentos de hadas. Intentar realizarse por vía del amor es una imposición social que vuelve desdichada a mucha gente.
El libro, como el resto de su obra, contiene un enorme recelo respecto a la pareja, e incluso hacia todo tipo de vínculo afectivo. 
No, eso último es demasiado. No puedo decir que esté de acuerdo. Lo que sí es cierto es que no creo en la pareja. Me parece una estructura solitaria y encerrada en sí misma. La pareja es una construcción extraña, básicamente porque no funciona. Claro, hay personas que, a base de insistir por todos los medios, logran hacerlas funcionar. Pero, para mí, se trata de una creación artificial.
¿Qué alternativa propone? ¡No propongo nada! El amor a secas, tal vez. El amor que no sigue un camino predeterminado. Vivir junto a tu pareja no es una necesidad. Hacerlo todo en pareja no es una necesidad. Tener amigos comunes, tampoco. El proyecto doméstico no es una necesidad, incluso cuando hay hijos de por medio. La pareja, tal y como se entiende hoy, no me interesa, lo que no significa que no haya participado en ella. He vivido mucho más tiempo en pareja que sin pareja, aunque nunca haya creído en ella.
Se la tilda a menudo de misántropa. ¿Qué hay de cierto? 
No lo soy en absoluto. Siento piedad y cariño por mis personajes. Yo misma me encuentro en cada uno de ellos. No sé de dónde surge ese malentendido. Decir que soy cínica o misántropa es hacer una lectura pésima de mi obra.
No negará que hay crueldad humana en sus textos… 
Claro, pero no soy yo quien la ejerce, sino los propios personajes. No pretendo compararme con él, pero sería como decir que Dostoievski es un autor misántropo solo porque sabe describir la misantropía. Lo que hago es mostrar a los personajes tal como son. Es decir, mostrarme a mí misma tal como soy.
En su crítica de la novela, ‘Libération’ la acusó incluso de misoginia. Decía que los hombres salían mejor parados que las mujeres. 
¿Misógina yo? Es completamente falso. El resto de críticos del planeta entendieron que este libro era claramente profemenino.
¿Y también feminista? 
No. Eso implicaría un aspecto militante en el que no me reconozco. Pero sí tengo simpatía por las mujeres. En ocasiones, las encuentro muy superiores a los hombres.
De hecho, sus personajes masculinos también salen mal parados. Los describe como hombrecillos que desearían vivir como Ivanhoe, pero se encuentran haciendo cola en el supermercado para comprar queso ‘gruyère’. 
Sí, pero no me haga extraer conclusiones sociológicas sobre la masculinidad. Un personaje nunca tiene valor universal. Yo solo soy una entomóloga. No puedo interpretar lo que escribo, como siempre me piden que haga en las entrevistas.
No es ningún secreto que las aborrece… 
Es que me parecen un ejercicio absurdo. En toda entrevista me suelen citar algo que he escrito y luego me piden que haga un discurso general al respecto. ¿Qué interés tendrá eso? Mi opinión cuenta lo mismo que la de la vecina de enfrente. Me parece estúpido abordar una entrevista así, con perdón. Para mí, toda entrevista es un suplicio y una catástrofe.
Usted iba para actriz. ¿Cómo se convirtió en dramaturga?
Cuando estudiaba en la universidad [cursó Sociología y Teatro en Nanterre, donde se originó el movimiento estudiantil del Mayo del 68], participé en una puesta en escena. Un profesor me dijo que tenía talento y me incitó a seguir. Actué en algunas obras hasta los 22 o 23 años, pero siempre supe que no sería mi profesión. Entendí que era un oficio que siempre me haría infeliz. Ser actor implica mantenerte a la espera de que alguien te llame y obligarte a agradar a todo el mundo cada cinco minutos. Me parecía imposible vivir así. Decidí cambiar de ruta. Un poco por orgullo, pero sobre todo por la convicción profunda de que tenía otras cosas que ofrecer. Además, por mi físico, solo me proponían papeles de gitanas y criadas, de árabes y judías…
¿Se sintió rechazada? 
Cuando hice las pruebas para el conservatorio, los miembros del jurado me encontraron interesante, pero no creyeron que encajara en ninguna categoría. No sabían qué hacer conmigo, tal vez porque tenía una personalidad demasiado moderna. Diez años más tarde, el teatro cambió completamente y se abrió a la diversidad, pero entonces todo era muy estricto y tradicional. Durante mucho tiempo viví ese rechazo como una gran injusticia.
¿Diría que fue un reflejo xenófobo por su parte? 
No lo creo. En todo caso, no fue así como lo interpreté entonces. Piense que el teatro funcionaba con categorías fijas y esquemáticas: el galán, la chica inocente, la criada… Era imposible que un negro entrara en el conservatorio, porque a nadie se le pasaba por la cabeza que pudiera interpretar a Ricardo III oEl enfermo imaginario. Francia todavía era una sociedad chapada a la antigua.
Uno de los personajes del libro, Marguerite Blot, se dedica a hablar con los muertos. ¿Sería esa la mayor variante de la nostalgia? 
Sin duda. A mí también me da por hacerlo. En especial, con mi padre. Con mi madre lo hago menos, porque falleció hace solo un par de años. Además, cuando estaban vivos, ya hablaba más con él que con ella.
¿Qué le enseñaron sus padres, un ruso de origen iraní y una judía húngara exiliados en París? 
Si debo elegir una sola cosa, diría que me enseñaron a ser libre. No sé si fue gracias a ellos o a su pesar, pero se lo agradezco. Es una cualidad que hoy no abunda. Cuando miro alrededor, diría que vivimos en un mundo lleno de gente asustada, preocupada y miedosa. Mis padres eran totalmente distintos. Fueron personas originales, extranjeras y un poco locas. No tenían nada que ver con el clásico burgués francés. Yo venía de otro lugar, lo que te da la libertad de no pertenecer a ningún sitio. Esa ha sido una constante en mi vida: nunca he querido pertenecer a ningún grupo, ni siquiera al establishment de la literatura francesa.
¿Por qué le dan miedo los grupos? 
Cuando uno se dedica a una actividad artística es necesario vivir en soledad. Para describir lo que ves, debes observar a distancia. Debes mantenerte un poco al margen para poder escapar de cualquier situación, cuando la ocasión lo requiera. Tal vez esto responda a su pregunta sobre la misantropía. No pertenecer a ningún club me ha creado, tal vez, algunos enemigos.
Es hija de violinista y creció en un ambiente parisiense e intelectual. ¿Habría llegado donde ha llegado si su padre hubiera sido carnicero en Clermont-Ferrand? 
No cabe duda de que no escribiría igual, porque los autores escribimos con nuestro ADN. Es decir, a partir de lo que sucede en nuestra infancia, que es el zócalo del edificio. Uno no se hace escritor con lo que ha vivido en la adolescencia, sino mucho antes. Si fuera hija de un carnicero de provincias, habría visto otro mundo y habría escuchado otras palabras, así que escribiría necesariamente de otra manera. Pero, por el resto, todo el mundo puede acceder a lo que he vivido yo. Al principio tampoco lo tuve nada fácil.
“Soy francesa porque escribo en francés”, ha dicho. ¿La patria es la lengua en la que se escribe? 
Es que, en mi caso, no tengo ninguna otra patria. Me he tenido que agarrar a la lengua, que por otra parte es una patria considerable. En cualquier caso, mucho más que poseer tres cerezos en alguna parte. En las cuestiones de identidad, la lengua cuenta mucho más que el territorio.
Tras el éxito internacional de ‘Arte’, le propusieron marcharse a Los Ángeles y escribir para las ‘majors’. ¿Por qué se negó?
Precisamente, porque esa no era mi lengua. Me proponían cosas que me resultaban totalmente ajenas. Tenía la sensación de que podía perder mi libertad.
¿Tuvo que aprender a decir que no? 
No, a mí ese no siempre me ha salido natural [risas]. Para mí, lo difícil siempre ha sido decir sí.
Dijo que no a Hollywood, pero también a la cadena HBO, que le propuso escribir una serie, e incluso a Sean Connery, quien quiso convertir ‘Arte’ en película. 
Pero le cedí los derechos para el teatro. Fue él quien la montó en Londres…
En cambio, dijo que sí a Roman Polanski cuando quiso dirigir una adaptación de ‘Un dios salvaje’. 
Polanski es un viejo amigo. Hace 25 años, montamos juntos una adaptación teatral de La metamorfosis, de Kafka. La película está bien y es agradable, aunque diría que no nos representa ni a él ni a mí.
A usted, seguro que no. 
La película de Polanski es una sátira, cuando su obra, pese a las risas, iba muy en serio. Tiene razón. Eso es lo que le reprocharía yo. Sus personajes son prototipos, cuando los míos no lo eran. Cambiar el final también fue idea suya. Polanski quería que los niños fueran felices, al margen de las disputas de los adultos. Yo no comparto esa idea. Los niños no viven protegidos en un mundo maravilloso, separados de odiosos adultos. Todos formamos parte de lo mismo.
PERFIL
(París, 1959) es una de las voces más destacadas del teatro mundial. El éxito y el reconocimiento le llegaron siendo treintañera, con la publicación de Arte. Antes de convertirse en escritora coqueteó con la interpretación, campo que abandonó para no ser encasillada en personajes de “criadas y gitanas”.
Hija de una familia de inmigrantes de origen judío, sus obras destacan por la precisión áspera con la que retrata a la burguesía. Ha recibido los premios más prestigiosos de teatro (el Molière y el Tony, entre otros), pero también ha escrito novelas y libros de no ficción, entre los que destaca El alba la tarde o la noche, un relato sobre Nicolas Sarkozy, a quien siguió durante un año de campaña presidencial.


Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.es)

Antes de salir al escenario Stathis Livathinos preparó a sus actores para lo peor: “No os preocupéis si después del descanso nos encontramos con las butacas vacías. Hemos hecho un gran trabajo”. Esa advertencia piadosa a su equipo la pronunció el año pasado en el Festival de Atenas, donde presentó una osadía escénica sin precedentes: montar la Ilíada de cabo a rabo, sin sortear ni uno solo de sus 24 cantos. ¿La duración? Casi cinco horas. Los peores augurios no se cumplieron. Más bien sucedió lo contrario: la impaciencia mordisqueaba al público, deseoso de ver qué sucedía tras el parón. “Ahí comprobé por qué Homero es Homero, la piedra filosofal de la narrativa occidental, y de quien Eurípides, Sófocles y Esquilo aprendieron a moldear tragedias y las técnicas para mantener en vilo al espectador”, sentencia Livathinos, que, al otro lado del teléfono, se demora desde Chipre en apasionadas explicaciones sobre los mil desvelos que le ha ocasionado este proyecto. 

Tras conquistar Atenas, fueron al Festival de Epidauro. Después recalaron en el Teatro Nacional de Ámsterdam, agotando hasta el último milímetro de papel en la taquilla y cosechando elogios de la crítica: por su energía desmedida, por su precisión quirúrgica, por su potencia poética, por sus conexiones con la deriva contemporánea... En España podremos degustarla por partida doble: el viernes y el sábado (18 y 19) estará en el Festival de Mérida y, ya en octubre, en el Valle-Inclán de Madrid. 

Livathinos llevaba toda la vida rumiando asaltar el texto homérico con las armas del teatro. Era una vaga intención que empezó a perfilarse con más nitidez en los tiempos en que este inquieto director, formado en la histórica Russian Academy of Theatre Arts, se hizo cargo del Experimental Stage of the Greek National Theater, en 2001. Estuvo al frente siete años, suficiente para muscular su coraje escénico (alumbró, por ejemplo, una adaptación de 6 horas de El idiota de Dostoievski) y establecer un clima de familiaridad con una serie de actores que luego le han acompañado todo este tiempo, hasta desembocar en la Ilíada. El elenco lo componen 15 intépretes, que afrontan diversos papeles en un montaje asentado en una especie de fábrica mugrienta, en la que una escalera de caracol dorada divide el Olimpo divino del arrabal mundano. “Si no hubiera contado con este grupo, jamás me hubiera metido en esta locura. El texto de Homero intimida, por eso creo que hasta ahora nadie se había arremangado con él para mostrarlo al completo sobre las tablas”. 

Lo cierto es que sí existe una diversidad más o menos amplia de versiones recitadas por monologuistas pero no parece haber rastro de producciones levantadas por una compañía, movilizando una pluralidad de actores. Livathinos pone la mano en el fuego: “Es la primera vez que se representa en Europa y diría que en el mundo”. Su salto, en cualquier caso, no ha sido al vacío. Contaba con una red de seguridad en su travesía sobre el alambre. Esa función la ha cumplido la traducción de la Ilíada firmada por el eminente profesor D.N. Maronitis, que tras varios años de trabajo trasvasó al griego moderno la escritura original de Homero. “Para nosotros ha sido crucial. Es un trabajo complicadísimo conseguir que la palabra de Homero suene como el habla de la calle, de las casas, de la vida cotidiana..., sin arañarle la sustancia ancestral y la carga poética. El éxito y el fracaso en una tarea así los separa una delgadísima línea. Él consiguió el equilibrio perfecto; nos dio un gran impulso disponer de un texto que posibilitaba una expresión oral natural, nada estilizada o poetizada artificialmente”. 

Otro empujón determinante para Livathinos y sus huestes (aqueas y troyanas) fue el tormento socioeconómico que atraviesa Grecia. En la Ilíada veía muchas de las claves que explican el devenir convulso de su país, especialmente marcado en estos últimos años: “No hay que olvidar que la Ilíada se abre refiriendo la palabra cólera, la que separa a Aquiles de Agamenón. La patria que están construyendo estos personajes permanecerá ya para siempre marcada por esa propensión al clima de guerra civil. Ese es el material humano del que estamos hecho los griegos de hoy”. Livathinos, al escenificar la epopeya, no ha hecho más que colocar frente a un espejo a sus compatriotas, cada vez más sedientos de teatro: “La crisis, paradójicamente, ha arrastrado más gente a las salas. Es la prueba de que necesitan explicarse lo que están viviendo y que el teatro les ofrece respuestas, o al menos lo intenta. Es un periodo de fervor teatral, con cientos de estrenos cada temporada. Falta dinero pero no talento ni entusiasmo. En Suiza es difícil encontrar buen teatro, al contrario de lo que ocurre en los países que las pasan canutas”. 

A Livathinos ese fervor se le ha atenuado tras la maratón de la Ilíada, que ha incluido una inmersión filológica en la antigua Grecia y lecciones de Kung-fu con monjes shaolin para coreografiar las batallas. Desfondado, reconoce que en absoluto planea completar el ciclo troyano. La Odisea la deja para otros: “Creo que la Ilíada es suficiente en una vida. Sólo si volviera a nacer, me lo podría pensar. Maronitis siempre dice algo que yo creo que es muy cierto: la Ilíada es un animal salvaje, lo contrario de un perro domesticado al que puedes darle instrucciones y obedece dócilmente. Uno tiene que convertirse en un salvaje también para medirse con ella sin acabar devorado”. 

La cólera perpetua, sin embargo, cesa al final con la tregua de Príamo y Aquiles, ambos consternados por los seres queridos aniquilados. Pero es sólo un remanso efímero, una ilusión de paz que Livathinos, además, perturba añadiendo los versos pesimistas de Los troyanos, de Cavafis: Desventurados son nuestros esfuerzos; / inútiles como aquellos de los troyanos. Casi 3.000 años después, toda esperanza se ha disipado.