Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Arlequín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Arlequín. Mostrar todas las entradas

Fuente: Afonso Álvarez-Dardet (elpais.com)
Finalmente, el teatro Arlequín solo se cogió unas vacaciones. El escenario gestionado hasta ahora por la actriz Emma Ozores, que cerró sus puertas a finales de junio por motivos económicos, reabre a principios de septiembre, si se cumplen las previsiones en las obras de remodelación, con nuevos dueños, nuevo nombre y nuevo proyecto. Los actuales propietarios son los miembros de la compañía de teatro Jamming, especializada en espectáculos de improvisación actoral. “Siempre ha sido un objetivo de nuestra compañía buscar nuestro propio espacio”, asegura Lolo Diego, uno de los miembros.
Entre las pretensiones de los nuevos gestores está diferenciarse de la anterior línea, que consideran estaba “dirigida a un público más mayor” y reorientarlo a una franja más heterogénea. “No queremos que nuestro público sea más joven, pero sí para todos los públicos”, explica Diego y añade: “Queremos que la improvisación esté muy presente en el teatro, no solo con nuestra compañía, sino con otras. Buscaremos obras un poco más modernas de las que había. De calidad, pero no necesariamente de culto”.
Los nuevos administradores no se han puesto de acuerdo, todavía, en el nombre que van a darle al nuevo espacio, aunque barajan dos posibilidades: Linea 13 y La Strada. Las dos opciones, y otras que no triunfaron, se propusieron en un brainstorming (lluvia de ideas). La primera se debe a que en Madrid hay 12 líneas de metro. Al teatro se accede bajando unas escaleras. Esta sería la línea de metro que no existe y que llega directa al escenario.
La segunda idea se refiere al largometraje de Fellini del mismo nombre. “La película se desarrolla en un momento de crisis y trata sobre una compañía de teatro que va de pueblo en pueblo divirtiendo a la gente”, explica Diego. La idea del proyecto consiste en maximizar el espacio: “Estamos abiertos a todo tipo de expresión artística, que sobre todo será teatral, claro”. “Queremos ofrecer música. Queremos que los miércoles se hagan peleas de gallos, que haya un bar en el que se pueda hablar con gente con inquietudes similares. Que sea un intercambio de cultura”, agrega.
Aunque la mayor parte de la financiación de las obras ha sido asumida por la compañía, el 25% se obtiene por crowdfunding o cuestación popular. “Está por definir, pero sería algo así: al que aporta cinco euros se le da las gracias por apoyar el proyecto; por entre 15 y 20 euros, una entrada gratis; de 30 a 40 euros, dos entradas; por 100 euros, una entrada por un número de meses…”.
Para asegurarse el lleno de público los nuevos gestores proponen ofrecer las entradas gratis a los desempleados. “Hay un mínimo que tendrán que pagar, de dos euros, de gestión del papel. Se tendrá que demostrar en la taquilla, enseñando la cartilla de desempleo, que estás en paro. Las butacas que estén libres se les cederán”. El teatro tiene 321 localidades.
La compañía Jamming tiene pensado abrir las puertas de este nuevo espacio en septiembre, pero  hasta entre finales de octubre o principios de noviembre no será la inauguración oficial. Ese día será cuando se cambie el nombre y se presenten los nuevos proyectos. “Lo ideal sería que la primera actuación sea de nuestra compañía”. Por otra parte, aseguran que ya están recibiendo ofertas de compañías para ofrecer sus espectáculos. “Hasta el momento no tenemos nada decidido, aunque tenemos muchos proyectos interesantes”, asegura Diego.


Fuente: elcultural.es

Duro varapalo para el mundo del teatro, por partida triple. El teatro Arlequín, el Arenal y Garaje Lumière echan el cierre. Este último apenas ha sobrevivido dos años. Abrió en marzo de 2011, y recientemente ha tenido en cartel clásicos como El perro del hortelano, de Lope de Vega, y La douleur, de Marguerite Duras, que compartían programación con obras actuales y de corte social como Banqueros y S. Paradise. La programación se mantendrá durante el mes de julio.

El Teatro Arlequín también se suma a esta oleada de cierres. Fue adquirido por Antonio Ozores en 2010 y desde su fallecimiento lo ha regentado su hija Emma. El domingo, esta sala de la Gran Vía madrileña bajará el telón y su futuro quedará en suspenso. La actriz ha decidido dejar la gestión del teatro tanto por las dificultades derivadas de la crisis como por la imposibilidad de compaginar los negocios con su carrera de actriz.

“Ha habido momentos en los que se me juntaban hasta cuatro textos y no tenía tiempo para leerlos. Dirigir un teatro requiere mucha dedicación”, explica Ozores. De momento, ha puesto el teatro en alquiler y asegura la actriz que ya hay personas interesadas en él. La subida del IVA ha sido también determinante para tomar la decisión, ya que ha afectado muy negativamente a la taquilla del teatro en los últimos dos meses, asegura Ozores. Dirigir el Arlequín fue un sueño de su padre, y la actriz lo considera cumplido: “Han sido tres años maravillosos”.

Por su parte, el Teatro Arenal cerró el pasado día 10 de junio, como consecuencia de impagos de la empresa titular del contrato. A esto se suman los problemas económicos que viene arrastrando un sector asfixiado, sobre todo este último año. “Quedamos los locos y los héroes”, ha declarado Alejandro Colubi, Presidente de la Asociación de Empresarios de locales de teatro. “De cada 25 euros del precio medio de la entrada, 10 se van en impuestos y en pagos ajenos al teatro. Estamos en una situación de inanición”. El Arenal tiene 327 butacas, con los mismos gastos que una sala de 1.500, asegura.

“No somos un país culto y el teatro es el último eslabón de la cadena, lo primero de lo que se prescinde. No hay educación cultural ni de humanidades. Es algo que la gente que ocupa puestos en la política, como no la tienen, no la valoran”, dice Colubi. José Ignacio Wert también se lleva su ración de crítica: “No sé por qué es ministro de Cultura, porque jamás ha dicho una palabra de cultura. Es una persona absolutamente incompetente. No quieren ni saben oírnos”. Las predicciones son de un completo pesimismo. “Antes de que termine la temporada es posible que se cierren 5 ó 6 teatros más”.Ojalá no se cumpla. 


Fuente: Juanjo Abad (elpais.com)
Nino Bravo, Mecano, Joaquín Sabina, Cómplices... La tendencia señala que cualquier grupo o cantante de éxito en décadas pasadas es susceptible de tener su propio musical. Y si es en la Gran Vía madrileña, mejor. El último en adscribirse a esta moda ha sido el influyente cantante y compositor Carlos Berlanga. Exmiembro de Pegamoides, Kaka de Luxe y Alaska y Dinarama, fue una de los artistas más celebrados de la movida madrileña. La recuperación de su legado ha dado lugar a exposiciones sobre su faceta pictórica, discos homenajes, conciertos en su memoria… pero nada en el formato que ha provocado la reivindicación de Mecano –con Hoy no me puedo levantar– o que Más de cien mentiras, basado en la obra de Joaquín Sabina, se haya mantenido durante dos temporadas en cartel.
Hasta esta semana. Tras años de trabajo, mañana se estrena en el teatro Arlequín de Madrid A quién le importa, escrito por Jorge Berlanga en homenaje a su hermano. El libreto del musical nació hace siete años, pero el proyecto se vio truncado en junio de 2011 por la muerte de su creador. La insistencia del promotor Marcos Campos, de la familia Berlanga y la ayuda económica de una conocida marca de refrescos llevaron el proyecto adelante. “Ahora acaba un viaje de muchos años, pero empieza otro nuevo”, afirmaba el promotor en la presentación del musical.
En A quien le importa aparecen una veintena de canciones que Berlanga escribió a lo largo de su carrera, para los grupos que compartió con Alaska, en solitario, o que compuso para otros artistas –caso de No pensar en ti, para Raffaela Carrá–. La obra promete, además, pasajes que mezclan sueño y realidad por los que aparecen personajes como Andy Warhol, Salvador Dalí o Federico García Lorca.
Todo, reconocen sus creadores, con el sello de la familia Berlanga. “Están las canciones de mi hermano Carlos, por supuesto, pero también el talento de Jorge, que también vivió esa época y su punto de vista es interesante”, afirma Fernando Berlanga, uno de los hermanos que ha aprobado la plasmación de las canciones en el musical que por fin ve la luz. “Jorge era curioso y sarcástico, como mi padre. Y todo eso está patente en la obra”. Un enorme busto de Luis García Berlanga preside el vestíbulo del teatro, convertido para la ocasión en un remedo del Rockola, una de las catedrales de la movida. “La idea de Jorge”, incide su hermano Fernando, “era crear un retrato de todo lo que ocurría esos años a partir de las canciones de Carlos”.
A quién le importa comienza en un hospital. Allí Óscar, el protagonista –interpretado por Jacinto Bobo– se recupera mientras acuden a él, en forma de recuerdo, escenas de su pasado, más o menos surrealistas, y personajes como Camila –Cristina Esteban en el musical–, antiguos amigos y rivales, todos con vestidos diseñados para la ocasión por Francis Montesinos. Por las tablas del teatro aparece hasta Sor Ivonne (Laura Artolachipi), que interpreta a la perversa enfermera de la canciónHospital, de Alaska y los Pegamoides.
El montaje no es tan espectacular como el de otros proyectos de éxito de corte similar de la cercana Gran Vía. Pero al menos, incide Fernando Berlanga, sirve de nuevo para reivindicar el legado de Fernando Berlanga, uno de los escritores y columnistas más brillantes de su generación; y de Carlos Berlanga, músico de notable influencia en la historia reciente de la música española: “Son canciones inmortales, y este formato es el perfecto para acercarlo a las nuevas generaciones”. Se refiere a temas como Terror en el hipermercado, Perlas ensangrentadas o Bailando.
Su intención ahora, según afirma el portavoz de los hermanos Berlanga, es llenar el teatro y tal vez otro más grande en Madrid, paso previo a una gira por España. Siempre, con el apellido Berlanga, con su estética, sus canciones y su peculiar punto de vista.