Mostrando entradas con la etiqueta Cayetana Guillén Cuevo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cayetana Guillén Cuevo. Mostrar todas las entradas

Fuente: Saioa Camarzana (elcultural.es)

Los días de Cayetana Guillén Cuervo (Madrid, 1969) parecen tener más horas que las del resto. Actualmente compagina Versión española, su papel en la serie de televisión El Ministerio del Tiempo y encarna a Hedda Gabler en el teatro María Guerrero. Es la historia de una mujer inconformista en una sociedad en la que la felicidad de ellas dependía de la de los hombres. Con Hedda Gabler el dramaturgo culminaba su etapa más simbolista y ahora la llevan a los escenarios en una versión firmada por Yolanda Pallín y dirigida por Eduardo Vasco. 

Se mete en la piel de Hedda Gabler, ¿qué supone este papel?
Es un reto muy grande porque es uno de personajes más complejos de Ibsen, dentro de que sus caracteres femeninos son conocidos precisamente por ser contradictorios. [Ibsen] Marca una época del teatro, sin ninguna duda, porque fue un revolucionario, un romántico, aunque sus actitudes no lo fueran lo era en su literatura. Es un personaje que se ha interpretado menos que Nora de Casa de muñecas precisamente por eso, por su oscuridad y complejidad y ponerte en su piel, intentar comprenderla y cargarla de razones es una aventura. 

El personaje, dicen, es uno de los más complejos de la historia del drama moderno. ¿Qué dificultades ha tenido para representarlo?
Los actores siempre andamos buscando caminos en los que justificar a nuestros personajes y hay veces que realmente no se puede justificar las acciones cuando entran en un código, como Hedda, romántico, de transgresión constante. Hay que intentar más comprender que justificar, sin ninguna duda. Quisiera conseguir darle luz a las razones de Hedda frente a las actitudes de los otros personajes a través de su encierro, su claustrofobia y angustia para que los espectadores puedan entenderla. Hay algo que es la insatisfacción que todos podemos entender muy bien cada uno en su entorno y rincón del mundo. Es cuando en un momento dado empiezas a mirar alrededor y ves que no estás donde deseabas estar, que no has conquistado el lugar que crees que te va a hacer feliz. Entonces te empiezas a dar contra las paredes porque no tienes solución más que en tus propias decisiones. No puedes andar culpando al resto de tu infelicidad, que es lo que hace Hedda y lo que normalmente hacemos. Ante la culpa, si se puede llamar culpa, la responsabilidad es tuya y tienes que tomar decisiones para ir avanzando y, a veces, romper los esquemas que no son los establecidos. Ella no acepta el orden establecido y no la hace feliz. Es un arma en presente, lúcido e inteligente en ese orden establecido y a la hora de echar a volar destruye un poco lo que tiene alrededor y a ella misma, que es algo bastante habitual.

Una actitud, por otro lado, bastante actual.
Exactamente. Creo que vas culpando y haciendo daño al otro.

Además muchas veces la culpa la tenemos nosotros mismos pero lo hacemos para, de alguna manera, justificarnos.
Para quitarnos carga de culpa, efectivamente. Y una persona con amargura siempre está dando latigazos a los demás con su negatividad. A Hedda le pasa eso hasta que su inconformismo le explota a ella y a los demás. No es un ser hecho para conformarse y ese es su error, que intenta conformarse.

Pero en realidad es muy inconformista. ¿Qué más es Hedda Gabler y qué intenta transmitirnos Ibsen a través de ella?
Es inconformista, libre e inteligente. Lo que yo creo que intenta contar Ibsen es que no hay que encerrar a una mujer inteligente y lúcida, como se le encierra a lo largo de las generaciones con condicionantes sociales determinados de cada época, porque se convierte en un animal peligroso. Ibsen era un gran observador de la mujer y veía a mujeres muy capaces encerradas en unos condicionantes sociales inhabitables. 

Por otro lado, uno de los rasgos que caracterizan a Ibsen es el realismo. ¿Qué hay de esto en Hedda Gabler?
Sí, en este caso es una de las últimas obras de su etapa más simbólica. Hay que entrar en el código romántico como espectador y como actor, si buscas solo un código realista te pierdes un poco y puedes no comprender determinadas cosas. Yo creo que hay que entrar en una metáfora de código romántico donde él suelta al personaje de Hedda y la deja anhelar ideales románticos y rincones que van más allá de la mediocridad que la rodea. Es esa búsqueda de un deseo que es más álgido y más complejo y que está por encima de lo que los demás te pueden dar. 

¿Podría tratarse de un retrato de la sociedad machista en la que siempre se ha dejado a la mujer en segundo plano?
Sí, es la heroína romántica más contemporánea de Ibsen y de los personajes más actuales. Fue una revolución en el XIX ahora creo que es contemporáneo, no revolucionario. Se pretendía o se esperaba que las mujeres fueran felices a través de ellos, de los trabajos de ellos o de una maternidad que ellas no deseaban pero ellos esperaban, ellas encerradas en casa esperando el fin de su jornada, el éxito y felicidad de él y la mujer como cualquier otro ser humano, si es capaz e inteligente tendrá que desarrollarse independientemente.

Pero Hedda se casa con alguien a quien no quiere y decide actuar aunque nadie le hace caso. ¿Qué ocurre?
Ella se deja llevar, es el análisis de que las acciones tienen consecuencias y que a veces nos vamos dejando llevar por lo que la vida nos va arrastrando y cuando te paras y te miras al espejo no te reconoces. La decisión de casarse con Jorge, que es un hombre estupendo, la ha tomado ella pero no es el hombre que puede hacerla feliz. Ella necesita admirar el talento, la brillantez a su lado. Digamos que vive intentando conformarse con el entorno pero luego recuerda quién era y revive, las alas empiezan a batir y aquello ya no vuelve a su orden. 

Hay quien dice que esta Hedda es la versión trágica de Nora de Casa de muñecas.
Puede ser que si Nora no se hubiera ido hubiera terminado como Hedda. Hay una diferencia fundamental y es que Nora es madre y su portazo se aplaudió mucho pero hay que recordar que Nora abandonó a sus hijos. Hedda no quiere ser madre, lo cual es una de las grandes cosas que se le cuestionan, como actualmente a la mujer que decide no tener hijos. Son cuestiones que no se superan en la sociedad, si una mujer no quiere hijos se le mira con cierta extrañeza y se le carga de culpa de egoísmo. Por eso es más contemporánea, porque plantea ese tipo de cosas. Ibsen es capaz de destruir a sus personajes como individuos para salvar al ser humano, quiere arrojar luz sobre una necesidad de la mujer más imperiosa y más grande que es su libertad, independencia y capacidad de decisión aunque se equivoque. Para eso Nora abandona a sus hijos, Hedda destruye a quien tiene al lado y se acaba suicidando, etc. Son situaciones extremas para a dar a conocer situaciones cotidianas. 

No es la primera vez que trabaja con Eduardo Vasco. ¿Cómo es?
Eduardo Vasco para mí es un pilar absoluto. Nos encontramos cuando estábamos construyendo El malentendido. Estamos levantando proyectos que son interesantes, grandes textos de la historia del teatro con una mirada contemporánea, limpia y honesta. Para mí es un regalo estar a su lado y con su equipo porque aprendo mucho.

Además de actriz es la productora de la pieza y está en la televisión con El Ministerio del tiempo. ¿Por cuál de todas esas facetas se decanta?
Me decanto por la interpretación, me gusta mucho más que conducir un programa. Pero ha sido mi manera de trabajar constantemente, estudié Periodismo y siempre me ha gustado mucho toda la vertiente de la comunicación en cualquier plano. Pero yo soy más feliz interpretando, ya sea en El Ministerio del Tiempo o en Hedda Gabler, pero proyectos interesantes.

Fuente: Clara Morales Fernández (elpais.com) | Foto: Gorka Lejarcegi
“Yo tenía con Hedda la misma reserva que todo el mundo: poder entenderla, y hacer que otros la entiendan”. Cayetana Guillén Cuervo (Madrid, 1969) no lo tenía fácil. La gran mujer de Henrik Ibsen, después de Nora de Casa de muñecas, ha sido tachada de caprichosa, de malvada, de nihilista, de loca, desde su nacimiento en 1880. El público y la crítica de la época no entendió la oscuridad de Hedda Gabler, la hija del general que destroza su matrimonio, a su antiguo amor y su propia vida en pos de una meta que ni ella misma consigue identificar. Incluso la brillante y libérrima escritora Lou Andreas-Salomé la tachó entonces de “lobo con piel de cordero”, de “mezquina” y de “frívola”.
Para liberarla de su mala fama, que llega hasta nuestros días (Laia Marull la representó en 2012 y dijo de ella que estaba “como una puta cabra”), ha querido alejarla de la locura. La Hedda Gabler que ha ideado junto a Eduardo Vasco a la dirección y Yolanda Pallín en la versión del texto “tampoco es una niña pija que se aburre”. La Hedda que subirá al Teatro María Guerrero de Madrid desde mañana hasta el 14 de junio es “una mujer capaz, que, por una serie de condicionantes, se comporta de una cierta manera”. La base de sus actos no está en sus elaborados laberintos mentales, sino en la sociedad. “Queríamos construir las razones de Hedda a través de la actitud de los demás”, defiende la actriz.
Hedda Gabler es, entonces, un marido dedicado a su trabajo, una luna de miel que dista mucho del ideal romántico, una tía política obsesionada con que un posible embarazo de la protagonista y una vida que no promete más que años de hastío. “Intermitente agitación femenina de pensamientos. Súbita angustia y espanto periódicos. Todo ha de ser soportado a solas. La catástrofe se aproxima inexorable, inevitablemente. Desesperación, lucha y destrucción”. Es el diagnóstico que Henrik Ibsen hacía de la vida doméstica de la mujer en 1878. La actriz, asegura, ha llegado a entender la sensación de asfixia de la antiheroína: “No puedes pasarte toda la vida pensando que tus acciones tienen consecuencias, como dice ella. Pero es verdad, la vida se construye con las cosas pequeñas. Empiezas una relación y de repente tienes un hijo. Ahí ya sí que no hay opción: estás atada a un ser humano, y a la familia del otro, para siempre”.
Habla a su salida del primer ensayo general de la obra, el pasado martes. Son ya las once de la noche y lleva trabajando desde primera hora de la mañana (rueda Versión española y Atención obras) y apenas ha comido. Jura, sonriendo, que no está cansada, y sigue dándole vueltas a la prueba de vestuario de los diseños por Lorenzo Caprile. Sus creaciones, un abanico de vestidos que pasan del gris al negro según avanza la obra, y el gran telón art déco elevan a Hedda por encima de su entorno como a una actriz del Hollywood de los años veinte sobre la muchedumbre.
Para el estudio del personaje (que han interpretado Ingrid Bergman, Isabelle Huppert o Cate Blanchett), Cayetana Guillén Cuervo se sumergió en la biografía del dramaturgo. “Es su alter ego. Por los condicionantes sociales que seguía a rajatabla, él vivía con angustia la vida cotidiana”, explica. La obra fue escrita solo un año después de la ya escandalosa Casa de muñecas, pero aquí la libertad se alcanza de manera mucho más tenebrosa: si Nora es capaz de escapar de casa con un simbólico y eterno portazo, Hedda solo encuentra escapatoria en la muerte. ¿Qué cambió? En verano de 1879, Ibsen se enamoró de una joven vienesa de 18 años. Él tenía 61. La esperanza parece esfumarse de su obra.
“Durante muchas generaciones, la mujer ha tenido que ser feliz a través del hombre. A ella eso le explota en la mano. No puede conformarse. Hasta que ya no tiene cabida en el mundo”. Las mujeres en revuelta (la femme revoltée de Simone de Beauvoir) no pueden ser entendidas por la sociedad, asegura. ¿Todavía es así? La voz de Cayetana Guillén Cuervo se oscurece cuando se le pregunta si la “catástrofe que se aproxima inexorable”, como escribió Ibsen, podría haberse evitado: “Siempre terminaría de la misma manera. Quizá si hubiera nacido hoy hubiera tenido más posibilidades. Pero me hace pensar en todas las mujeres que todavía intentan acomodarse para no ser criticadas, para sobrevivir. No lo sé. La verdad es que no lo sé”.

Redimir a Hedda Gabler

by on 15:52
Fuente: Clara Morales Fernández ( elpais.com ) | Foto: Gorka Lejarcegi “Yo tenía con Hedda la misma reserva que todo el mundo: poder e...

TEXTO: MARGUERITE YOURCENAR
DRAMATURGIA: MARC ROSICH
DIRECCIÓN: JOSEP MARIA POU
INTÉRPRETES: CARMEN MACHI, CAYETANA GUILLÉN CUERVO, NATHALIE POZA y ANA TORRENT
DURACIÓN: 90min
PRODUCCIÓN: TEATRE ROMEA i FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA
TEATRE GREC (GREC 2013)

Era el estreno en Barcelona, una plaza difícil y a pesar de las buenas críticas recibidas en el Festival de Mérida el público barcelonés es más complicado de convencer que otros. Aunque en el Anfiteatro estuviera bastante lleno de amigos, familiares y seguidores. En medio de la naturaleza, se apagan las luces, fundimos a negro y comienza el espectáculo que este año cierra el Grec y las agendas teatrales de muchos.

Carmen Machi es Marguerite Yourcenar, la narradora que da paso a los monólogos de las otras tres actrices. No es su mejor papel. Esta temporada hemos tenido saturación de ella (Juicio a una zorra, Dispara/Agafa el tresor/Repeteix y Fuegos), y quizás esta última sea la vez en que nos la hemos creído menos, pese que a ella no sea la protagonista, simplemente reparta juego y ponga un poco de tranquilidad entre tanta voz trágica.

El primer monólogo lo protagoniza María Magdalena (Cayetana Guillén Cuervo) con demasiada pose sobre el escenario. Nada natural ni en presencia, ni en cuerpo ni en voz. Como algunos apuntaban una Maria Magdalena rubia, demasiado terrenal y que se olvida del plano espiritual para sacar todas sus vísceras en escena. No hay credibilidad, Cayetana pasa por el personaje sin creérselo, es María Magdalena como puede ser otra mujer. Faltan rasgos, matices tanto en presencia como vocales. No convence y sólo deseas que pase rápido.

Le toca el turno a Clitemnestra (Nathalie Poza), el gran monòlogo de la noche. Sorpresa para algunos, esperada interpretación para otros. Es sin duda la mejor que pisa el escenario del Grec sin miedos. Natural, impetuosa, intimista, llena de matices en gestos, voz y movimientos. Su monólogo es igual de desgarrador que los otros tres, pero sus ojos están llenos de paz, de una tranquilidad que inunda toda su interpretación. Brillante, incisiva, en definitiva enamora.

Y finaliza una peculiar Safo (Ana Torrent) equilibrista, pero que en la puesta en escena le sobra movimientos y le falta alma. Si el monólogo de María Magdalena es demasiado visceral, este es demasiado introspectivo, des de la fila 4 ya se hace lejano, no me puedo imaginar cómo lo sienten los espectadores que moran más arriba. Safo se hace pequeña en un teatro demasiado grande para un interpretación excesivamente intimista. 

El espectáculo sólo tiene un par de fallos: la interpretación de dos de sus actrices (Cayetana Guillén Cuervo y Ana Torrent) y la iluminación de la primera hora. Obviamente dependerá desde donde veas el montaje, pero como siempre se tiene que pensar en todas las opciones. Miguel Ángel Camacho juega demasiado con las sombras (desde la fila 4 centrada) en un espectáculo donde ver la expresividad de las actrices es una pieza fundamental. Por contra el monólogo de Safo está perfectamente iluminado. A pesar de ello, la puesta en escena conservando el espíritu del Teatro Grec es acertadísima, estilo japonés, responde al juego que establecen las actrices.

Sin duda lo mejor de la obra es el texto. Algunos echen de menos algunos de los monólogos y personajes que completan el libro original de Marguerite Yourcenar, pero los elegidos están sabiamente bien tramados en un dramatúrgia perfecta y precisa (nada fácil) de Marc Rosich. A pesar de la verborrea de alguno de ellos, el espectáculo tiene un ritmo que funciona. Sólo voces y algún momento musical concreto (Ne me quitte pas de Jacques Brel) completan un espectáculo que cierra un Grec 2013 que mejora notablemente el del año pasado y que deja buen sabor de boca en general y ganas de saber qué nos espera en el 2014.

FUEGOS

by on 19:54
TEXTO: MARGUERITE YOURCENAR DRAMATURGIA: MARC ROSICH DIRECCIÓN: JOSEP MARIA POU INTÉRPRETES: CARMEN MACHI, CAYETANA GUILLÉN CUERVO...


Fuente: Elisa Díez (Butaques i Somnis)

Después de su paso por el Festival Internacional de Mérida, Fuegos de Margarite Yourcenar llega al Festival Grec del 26 al 28 de julio. Fuegos cuenta con un elenco de lujo: Carmen Machi, Cayetana Guillén Cuervo, Nathalie Poza y Ana Torrent dirigidas todas ellas por Josep Maria Pou.

"Si su casa fuera asolada por las llamas, ¿qué querrías salvar de la destrucción? Yo sólo salvaría el fuego.". La conocida frase atribuida a Jean Cocteau era una de las preferidas de la autora y son aquestas llamas devastadoras las que centran la trama de Fuegos. Yourcenar, que no acostumbraba a enseñar públicamente su intimidad, abre su corazón para explicar la herida sentimental que la atormentaba. Para ello utiliza personajes clásicos como Clitemnestra, Safo o Maria Magdalena.

El dramaturgo Marc Rosich ha recopilado las prosas poéticas junto con otros textos de la autora para crear un artefacto dramático donde Carmen Machi personifica la voz en primera persona de la novelista y la resta de actrices se desdoblan en las diferentes heroínas que, como si fueran una máscara, le permiten a Yourcenar expresar los rincones más arrebatados y torturados de su decepción tras la ruptura con el editor André Fraigneu. Un juego teatral intenso pleno de pasión que tiene como telón de fondo el mundo clásico que siempre fascinó a la autora.

Fuegos, que fue escrita en 1935, alterna relatos basados en los mitos clásicos con fragmentos sobre la pasión amorosa. "Espero que este libro no sea leído jamás", primera y contundente frase del libro, a partir de la cual se dan cita mitos clásicos y textos sobre la noción de amor. La crisis sentimental le duró a Yourcenar dos años hasta que conoció a la traductora norteamericana Garce Frick y rehizo su vida. Con ella compartió su vida hasta la muerte de esta, diez años antes de la de Yourcenar.

Marc Rosich describe las palabras de la autora como una "purga, como si quisiera sanar de esa melancólica enfermedad, la autora vierte todo el dolor de su corazón en la escritura. El resultado fue esta colección de monólogos que tienen como elemento unificador una serie de interludios en primera persona, extraídos de su diario personal, donde ofrece aforismos, pesimistas y clarividentes, alrededor del sufrimiento amoroso."

Josep Maria Pou que en un principio rechazó el proyecto, producción del Festival de Mérida y la productora Focus explica porqué: "De entrada dije que no, porque me da mucho miedo todo aquello que no está pensado para que sea teatro y al leerlo vi que eran reflexiones en voz alta, pero había tres monólogos, los de Magdalena, Clitemnestra y Safo, que tenían más carne dramática y me empeñé en superar ese reto. Con Rosich buscamos el camino para que no fuera una actriz detrás de otra, sino algo unitario, cosa que nos facilitó el hecho de incorporar la figura de la propia Yourcenar, una mujer abandonada y convertida en materia artística."

Rosich y Pou han abordado la obra como si fuera un juego pirandelliano en el que los tres personajes conversan con la autora que las ha creado, y rompiendo la famosa cuarta pared, comparten esa experiencia con el público. "Tanto antes como ahora los personajes de las mujeres siempre han estado escritos por hombres. Con Yourcenar vemos a estas heroínas defendiéndose del papel que les ha dado la Historia y cuentan su propia versión, lo que es muy de agradecer porque vemos que son seres inteligentes y con capacidad de verbo", apunta Carmen Machi. Nathalie Poza añade: "La escritora describe muy bien el dolor porque lo conoce. Todos los personajes sagran por la misma herida." "Es un vómito emocional y privado", recalca Guillén Cuervo.

"Porque cuando una mujer deja ser amada, se convierte en invisible." El Teatre Grec las devolverá al sitio donde siempre debieron estar del 26 al 28 de julio.


Fuente: Marta Castro (elpais.com)
Cayetana Guillén Cuervo, definida como “la cara de la cultura de TVE”, arranca este viernes en La 2 (23.45) ¡Atención obras!, un magacín semanal que repasará las propuestas más novedosas en las artes escénicas, las artes plásticas y la música. El programa nace sin fronteras. “Vamos a ir mucho más allá de la hora que dura el espacio. En la página web de RTVE el espectador podrá tener acceso al programa cuando quiera, pero además tendrá los temas ampliados; si un reportaje dura en el programa tres minutos, en la web lo encontrará de ocho y con más contenidos”, explicaba Xabier Obach, director del espacio.
¡Atención obras! está formado por parte de los equipos de programas especializados que han dejado de emitirse, como Programa de mano, dedicado a la música culta, Mi reino por un caballo, al teatro, y Miradas 2. Fusionados darán paso a este, más genérico, y que, por tanto, atraerá a más personas y en mejor horario, según Manuel Arranz, director de La 2.
Cada semana, Cayetana Guillén Cuervo tendrá la presencia de dos entrevistados en el plató. Para abrir boca, en la primera emisión, la presentadora charlará con la actriz Marta Etura y el músico italiano Franco Battiato.
Además, en cada entrega visitarán el plató dos colaboradores especializados en los diferentes ámbitos artísticos que toca el programa, y que pondrán el foco en las tendencias o estrenos que el espectador no debe dejar pasar. Chema Conesa será la referencia para la fotografía, Tomás Fernando Flores en música contemporánea, El Chojín en arte urbano y Efraín Bernal en artes plásticas. En el estreno estarán presentes Mikaela Bergara, especialista en música clásica, y Benjamín Prados para hablar de literatura.
También habrá reportajes sobre el concierto de Julieta Venegas en Madrid, la exposición del museo Guggenheim de Bilbao L´art en guerre y el homenaje de jóvenes artistas a Antoni Tápies. Por último, el programa se pasará por dos nuevos estrenos teatrales, el último montaje de la ópera La Marina de Arrieta y el estreno teatral A cielo abierto, protagonizado por Nathalie Poza y Josep María Pou.
Otra de las apuestas más firmes del programa es sacar las obras de arte de su contexto original. “Hacer pensar al espectador”, explica Obach. Para el primer programa la compañía Teatral Impromadrid, el graffitero Suso 33 y el músico Nacho Mastretta sacaron su espectáculo a un mercado madrileño para sorprender a los compradores. Para próximos programas está previsto emitir la canción con la que Iván Ferreiro y Leyva, excomponente de Pereza, sorprendieron a los clientes de una cafetería de Madrid. “Hay algunos artistas que tienen mucho entusiasmo por actuar para un público que no es el habitual, es un reto para ellos”, contaba Obach.
Son el refugio de la cultura en la pequeña pantalla. “Estamos orgullosos de ser la excepción. Es ser el oxígeno de la televisión”, decía ayer Cayetana Guillén Cuervo. La también actriz se ha implicado a fondo en este proyecto, interesándose por cada contenido del programa. Guillén Cuervo seguirá también al frente del veterano Versión Española. “A estas alturas no hacerlo sería como si me faltara un brazo”, sentencia sonriendo.


Fuente: Elsa Fernández-Santos (elpais.com)
En 1969, Fernando Guillén y Gemma Cuervo eran dos jóvenes actores con su propia compañía de teatro, dos hijos pequeños correteando entre ensayos y bambalinas, un tercero en camino y un sueño: contribuir a la divulgación de ­autores fundamentales cuya voz seguía sujeta a los vaivenes de la mordaza franquista. El 19 de septiembre de aquel año se estrenaba en el teatro Poliorama de Barcelona El malentendido, de Albert Camus, obra en tres actos sobre el fatal engaño del hijo pródigo de la dueña de un mísero hostal. Veinte años después de abandonar a su madre y a su hermana Marta, Jan regresa, rico, dispuesto a rescatarlas, aunque oculto tras una falsa identidad, para acabar provocando su propia muerte. Ellas, convertidas en pobres asesinas en un mundo de pobres supervivientes, y él, víctima de un absurdo silencio, de un trágico error, de un bobo equívoco. Inspirada en un suceso real, la obra se había estrenado en 1944 en París y llegaba a España gracias al empeño de un grupo de nuevos actores forjados en el mítico Teatro Español Universitario (TEU).
Sin duda, eran tiempos duros, pero los sueños se cumplían, o quizá sea más correcto decir que sí, eran tiempos duros, pero gracias a una generación de jóvenes que creían en lo que hacían, los sueños no dejaron de cumplirse. Adolfo Marsillach dirigía la versión de José Escue Porta; Fernando Guillén, Gemma Cuervo y María Luisa Ponte encabezaban el reparto, y antes de la representación, grabada en cinta magnetofónica, la voz de Agustín González leía reflexiones que introducían al virgen público español en la figura del malogrado autor deLa peste, fallecido casi diez años antes en un accidente de coche que privó a Europa de su intelectual más luminoso y moral.
La última cita pertenecía a William Faulkner y hablaba de aquel sol, aquella luz que tanto necesitaba Camus, y también de la muerte, de la fatalidad de todo artista, de su infructuosa búsqueda de una respuesta que jamás encontrará. Cuando a Camus le concedieron el Nobel, el autor de Mientras agonizo le dirigió un telegrama que decía: “Saludo al alma que constantemente se busca y se interroga”.
Ha pasado mucho tiempo desde aquel estreno, pero cuando hace tres años Fernando Guillén empezó la batalla contra una larga enfermedad, probablemente también se hizo algunas de esas preguntas sin respuesta. Fue entonces cuando El malentendido regresó del pasado. “Le dije: ‘Papá ¿qué te gustaría que te dedicara? ¿Qué homenaje puedo hacerte?’. Y él me dijo: ‘Revisa El malentendido”. Cayetana Guillén Cuervo quería hacer algo por su padre, y Camus, de cuyo nacimiento se conmemora este año el centenario (vino al mundo el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, Argelia), se interpuso en el camino entre padre e hija, entre pasado y presente, entre actor y público. Y así llegamos a otro estreno, el próximo 29 de enero, de un nuevo Malentendido en la sala Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional, en Madrid. Guillén Cuervo, Julieta Serrano, Ernesto Arias y Lara Grubeen el reparto, adaptación de Yolanda Pallín y dirección de Eduardo Vasco. No es solo una nueva versión de la obra, es el reconocimiento a esa pléyade de hombres y mujeres que entre los años sesenta y setenta buscaron la luz del teatro moderno en un país condenado al polvo del teatro muerto. Una señal que llega del pasado para recordarnos que hizo falta un esfuerzo colectivo, una fe conjunta, para salir del túnel.
En 1970, desde las páginas de la mítica revista Primer Acto, escribía Marsillach: “Gemma Cuervo y Fernando Guillén emprenden, por su cuenta y riesgo, una nueva aventura teatral. Démosles las gracias. Han elegido lo más difícil cuando todo les impulsaba a lo fácil. Son jóvenes, creen en un teatro que no se propone solo ganancias económicas, están llenos de ilusiones… y asustados. Me gusta. Merecen algo más que el éxito. Aspiran a su confianza. Estoy convencido de que ustedes se la darán”.
“Para mis padres aquello fue importante, y por eso yo me puse a ello”, explica Cayetana Guillén Cuervo. “Era difícil conseguir los derechos, pero después de muchas idas y venidas en la negociación lo logramos. Mi padre me insistió: ‘Revisa la obra, hoy es oportuna. Hay que recuperar su valor crítico en un momento tan confuso’. Para hombres como mi padre, estamos en un momento muy triste y decepcionante. Después de tanta lucha, ¿esto?”.
Gemma Cuervo estaba embarazada de su hija pequeña cuando empezaron los ensayos de la obra: “Tengo unos recuerdos extraordinarios. Era el primer Camus que se estrenaba en plena dictadura. En Valencia, necesitamos sillas supletorias, y las colas daban varias vueltas al teatro. Fue todo un acontecimiento. El teatro que se hacía entonces era de comedia, muy sencillo, y hacer esta obra era un riesgo, un reto y una aventura que salía de nuestra limitada economía familiar”. Aquel bebé que nació pocos meses antes del estreno de El malentendido recibió 2013 corriendo entre los ensayos y el hospital donde ingresaron a su padre, obstinada en esa carrera a contracorriente que pretende ganarle tiempo al maldito tiempo. “Mi madre dice que la mediocridad se contagia, y es verdad. Mi padre siempre ha sido una persona muy serena. Exigente, pero con elegancia. Con él me pasa algo que sé que no me pasará con nadie más: saber que soy suficiente para hacer feliz a alguien. Yo nunca he sentido ninguna losa con él. No me juzga. No me aplasta. Al contrario. Me querrán de otra manera, pero así nunca. Poco a poco, se nos va toda una generación de actores que fue importante, muy importante. Por lo que hacían y por cómo lo hacían. Y me temo que nosotros ni somos tan importantes ni tan completos. Mi padre es un hombre capaz de ser feliz con una mañana de sol y un libro en las manos. Un caballero, siempre un señor. Con sus ojos verdes, y esa voz. ¿Qué más se puede pedir? Sinceramente, al menos como hija, nada más”.
Su hermano, el también actor Fernando Guillén Cuervo (solo la mayor, Natalia, se apartó de la vocación familiar para ser abogada), recuerda cómo pasó su infancia entre cajas, repitiendo por los pasillos de su casa los textos que escuchaba a los mayores. “En mi casa, El malentendidose vivió como algo grande. La conciencia de mis padres era artística, pero también era política y social. Subir a Camus a escena, como a otros, era consecuencia de un instinto muy activo, puro y muy necesario. Y para nosotros, como niños, todo ese entusiasmo era fascinante”. Ese entusiasmo no se diluyó con los años, y el actor evoca las 10 veces seguidas que acudió a ver a su padre interpretar Equus,uno de sus grandes éxitos. “Me conmovía. Es raro, pero es algo que nunca ha dejado de pasarme, el timbre de voz de mis padres sobre el escenario me transporta directo a la infancia. Vuelvo a tener seis años y sigo escondido entre cajas”.
Entre cajas o entre el público, los hijos escucharon ese timbre de voz alzarse hasta Los secuestrados de Altona, de Jean Paul Sartre; en Todo en el jardín, de Edward Albee, o en su despedida, en 2007, a los 75 años, con El vals del adiós, texto inspirado en la carta que el poeta francés Louis Aragon escribió en 1972 para cerrar su etapa en la revista Lettres Françaises, distanciado del Partido Comunista, acorralado por la soledad después de la muerte de su compañera, la escritora rusa Elsa Triolet, y profundamente sumido en la angustia de comprobar que el mundo era un lugar cada vez más frustrante. En aquella ocasión, Guillén apuntó cierto paralelismo entre la desazón del poeta y la suya propia.
Pero ante el hastío y desencanto de una generación cuyo fuego se extingue nace el deber de otra que no puede permitirse la indiferencia. “Este homenaje nace de un alma exquisita”, dice Gemma Cuervo con orgullo, “porque nosotros recordamos con amor infinito a estos personajes de Camus, lo que fueron para nosotros, a Marta y su necesidad de ver el mar”. Cuando en 1959 el escritor recogió el Premio Nobel, apuntó en su discurso una idea que hoy multiplica su fuerza, demasiado próxima y certera para no pensar que aquel tiempo también es el de ahora mismo: “Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizá sea aún más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta generación ha tenido, en sí misma y alrededor de sí misma, que restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno el vivir y el morir”.