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Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«Tennessee Williams es un poeta; yo lo comparo a Lorca, porque, siendo tan distintos, tienen una visión muy profunda del ser humano, lo saben entender y no se quedan en lo externo, y sus personajes son al tiempo triunfadores y perdedores, verdugos y víctimas». Son palabras de Silvia Marsó, que encarna a Amanda en la nueva producción de «El zoo de cristal» que presenta el teatro Fernán Gómez. Acompañan a la actriz Carlos GarcíaAlejandro Arestegui y Pilar Gil, bajo la dirección de Francisco Vidal. La versión es de Eduardo Galán y la escenografía de Andrea D’Odorico
Amanda, cuenta la actriz, «es un personaje grotesco, que a veces roza el ridículo. Está enferma de nostalgia; Amanda perdió la vida, las esperanzas, la ilusión, y se quedó anquilosada en esa nostalgia enfermiza, y se aferra a los recuerdos».
«El zoo de cristal», situada en el sur de Estados Unidos en los años treinta del siglo pasado, es una obra en parte autobiográfica. «Tennessee Williams es Tom, uno de los hijos de Amanda, pero retrata su recuerdo. Tiene algo de sueño. Se tiende a asociar a su autor con el naturalismo, pero esta obra no lo es al cien por cien. Tiene un punto poético, mágico y esencial. Sus personajes están muy bien dibujados, vistos a través de un microscopio. Amanda tiene muchos colores: es cruel, divertida, cariñosa, frágil».
El autor, añade la actriz, «no juzga a ninguno de sus personajes. Todos están frustrados, y eso les lleva a ser unos perdedores. Pero no hay culpables ni víctimas. En todo caso, lo serían de la sociedad. Y ahí sí opina Teneessee Williams, la crítica social está patente en el texto. La obra se sitúa en el período de entreguerras que, en cierta forma, tiene equivalencia con la época actual: desencanto, faltas de expectativas, de oportunidades; de esperanza para la juventud, principalmente. En eso es muy actual. Amanda quiere lo mejor para sus hijos de una manera obsesiva, enfermiza; pero yo creo que a los padres de hoy en día, que han costeado una buena carrera a sus hijos y ven que no tienen salida laboral y, en algunos casos, tienen que irse al extranjero, se verán identificados con ella».
«Las obras grandes, y ésta lo es, pasan la criba de los siglos -continúa Silvia Marsó-. Porque hablan de los conflictos del ser humano, por eso pasan las décadas y las décadas y siguen ahí».
Reconoce la actriz que el personaje de Amanda no es el más intensoque ha interpretado, pero sí el más complejo. «Nora, de "Casa de muñecas", o "Yerma", de entre las obras que he hecho recientemente, eran más intensas; pero éste es más complejo, porque en un mismo ser humano se dan varios registros, y a veces incluso en la misma frase. Pasa de la crueldad al amor desmesurado en menos de un segundo, y pasando por la ilusión y la desesperación. Si fuera psicóloga, para mí sería un lujo poder tratar a un personaje como Amanda. Es, como dice Paco Vidal, el director, un tanque que sale solo después de un bombardeo».
Ya empieza el personaje de Amanda a dejar huella en la actriz. «Todos lo hacen, porque me ayudan a crecer personalmente. Yo hace tiempo que elegí hacer este tipo de teatro, grandes textos con grandes personajes, y comprometidos con el ser humano; y el poso profundo de los autores me va enseñando sobre el hombre y sobre la vida. Y el espectador también aprende. Asistir a una representación de uno de estos autores es una lección de vida».
Acaba de cumplir Silvia Marsó treinta y cinco años de carrera profesional. «He tenido la suerte de poder enfocar mi carrera hacia este tipo de teatro. He rechazado otros proyectos más de entretenimiento o comercial, que también están muy bien, para centrarme en estos personajes. Porque ellos son la esencia de por qué soy actriz. Algunas series o programas de televisión que he hecho me han servido de trampolín, pero esto es lo que quería hacer».


Silvia Marsó se ha enfrentado, en los últimos años, con dos de los más importantes personajes de la literatura dramática universal: la Nora de Casa de muñecas, de Ibsen, y la protagonista de Yerma, la tragedia que escribió Federico García Lorca. Hoy llega al teatro María Guerrero, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional, este último texto, con dirección de Miguel Narros. En el reparto, además de Silvia Marsó, figuran Marcial Álvarez, María Álvarez, Iván Hermés, Eva Marciel y Roser Pujol, entre otros actores. A pocas manzanas del Teatro Español (donde se estrenó el 29 de diciembre de 1934), en un hotel de la calle Atocha, Silvia Marsó reflexiona sobre un papel que, dice, sigue descubriendo porque es un pozo sin fondo.
¿Dónde ha encontrado su nexo de unión con el personaje?
Hay varios. Uno de ellos, el amor a la naturaleza, el sentimiento de vivir en el planeta, que comparto con Yerma. Desde pequeña he aprendido a no sentirme la dueña de lo que me rodea. Y mucho antes de que el término ecologismo se utilizara, García Lorca escribió una obra que, entre otras cosas, era profundamente ecologista.
¿Qué aspectos del personaje le llaman más la atención?
En primer lugar la honra, que no tiene nada que ver con la religión, con la educación o con la moral social. Es una honra que tiene que ver con la dignidad de la persona, y es algo que yo he visto en mi madre: la dignidad, la pureza, algo que sale de ella. Porque si faltara esa honra, ella podría ser madre con cualquiera. Pero hay un estrato que me maravilla, y es el destino roto de Yerma. Ella estaba destinada para Víctor, y alguien lo truncó:su padre, que por codicia decidió casarla con otro hombre. Y en ese aspecto la obra es tremendamente actual, y a mi entender escalofriante. Ahora es el momento en el que hay más Yermas. La codicia de los banqueros ha generado la crisis, y ha truncado así el destino de millones de jóvenes; son los más preparados de la historia, hablan varios idiomas y tienen varias carreras, pero no podrán desarrollar su destino... Y tampoco podrán traer hijos al mundo. Nuestra tasa de natalidad es la más baja en muchos años. En la obra, todos los verbos que utiliza Juan, también un hombre codicioso, tienen que ver con la posesión:tener, acaparar, trabajar... Mientras que los de Yerma tienen que ver con la vida y con la libertad. Como Nora, es una heroína a pesar de ella misma
Hay quien sostiene que Lorca se retrató en 'Doña Rosita la soltera', obra que usted también interpretó. ¿Está retratado también en 'Yerma'?
Lorca está en todas sus mujeres. También en todos sus hombres, pero él, por primera vez en nuestro teatro, le dio voz a la mujer, a sus tragedias. No creo que quisiera expresar sus frustaciones a través de sus personajes;él estaba por encima de todo eso y escribió un drama universal de todas las épocas.
Debe de ser un placer poder decir un texto tan bello.
Decirlo y escucharlo... Todavía hoy hay frases que me sorprenden por su belleza. Y sus palabras son creadoras de imágenes tan claras que cualquiera puede verlas, y por eso gusta a todo el mundo. Tiene momentos de vida, de luz, es hermoso de hacer y de ver, porque sabía llegar a lo más profundo del ser humano.
¿Qué tal la experiencia con Miguel Narros, uno de los más grandes del teatro español?
–Increíble. Al principio me creaba inseguridades, porque cada día cambiaba lo que habíamos hecho el día anterior. Y llegué a pensar que no le gustaba. Pero poco a poco fui entendiendo que es su forma de trabajar. Yo le llamo «el Van Gogh del teatro» porque, al igual que un pintor impresionista, va creando el lienzo a base de pinceladas y correcciones, hasta que consigue el efecto que desea.


Fuente: Manuel Morales (elpais.com)
La obsesión de Yerma, esa mujer que llega a la enajenación por la imposibilidad de tener hijos, por un marido incapaz de amarla y una vida agraz vuelve al escenario madrileño. Una de las tragedias clásicas de Federico García Lorca, que se representó por primera vez en 1934 protagonizada por un mito como Margarita Xirgu, llega ahora con Silvia Marsó como Yerma y con el veterano Miguel Narros en la dirección.
Narros y Marsó, acompañados de otros actores de este montaje delCentro Dramático Nacional, asistieron ayer, en el teatro María Guerrero —donde se representará desde hoy viernes y hasta el 17 de febrero—, a una presentación que se convirtió en un diálogo entre el director y los intérpretes repleto de preguntas, réplicas y acotaciones. Para Narros, esta versión, que cuenta con música de Enrique Morente, "es una vuelta a la Yerma más desnuda, a la esencia de la obra": la de una mujer que no logra ser madre y vive en una Andalucía árida un matrimonio de conveniencia (la de su padre).
La barcelonesa Marsó, que ha tomado el testigo de Margarita Xirgu, Aurora Bautista o Nuria Espert, entre otras yermas, trazó una línea paralela entre esta obra escrita hace 79 años y la España de hoy. "La codicia de unos banqueros ha truncado el destino de millones de jóvenes, que no tienen para una casa, que no pueden tener hijos, estos son los yermos y las yermas de hoy. Hala, ya lo he dicho, tenía que quedarme a gusto".

La relevancia de los símbolos

Su compañero Marcial Álvarez, Juan en la obra, el marido de Yerma, hizo hincapié en "la castración del erotismo" y el "peso de la religión" que domina el texto de Lorca, una obra que calificó como "de gran profundidad poética". Una prosa bella que cambia a verso cuando la protagonista se refiere a ese hijo que tanto desea y no puede tener. De su personaje, Álvarez dijo que "es un hombre incapaz de amar como debe a su esposa". Su oponente en el escenario es Víctor, pastor al que el actor Iván Hermes definió como "la representación de la sensualidad y de la libertad". Sí, pero una libertad "con condiciones", matizó Narros, encantado durante la presentación con el juego de poner en aprietos a los intérpretes con sus agudas preguntas.
Sobre este montaje, que comenzó a rodar en Murcia el pasado marzo y ha recorrido varias ciudades, Narros mencionó la relevancia de algunos símbolos. "El agua como elemento fecundador; el fuego, que arde en los personajes…", pero no quiso comparar esta Yerma sobria con la que montó hace 15 años. "Para eso soy como un padre con sus hijos: los dos son guapísimos y muy listos".
Yerma comparte sus confidencias con su amiga María (Eva Marciel). La joven actriz hace de alguien "puro e inocente, que sí ha alcanzado la maternidad". Entonces, "¿por qué huye de Yerma?", inquirió Narros. "Porque Yerma la envidia, ve que María tiene lo que ella no ha podido conseguir. Es que esta obra es un canto a la maternidad", añadió este madrileño nacido en 1928, premio Nacional de Teatro en dos ocasiones, que ha montado y dirigido obras de Shakespeare, Faulkner, Tennessee Williams, Chéjov, Lope, Pirandello, Beckett... Son 60 años en los escenarios.
Narros también recordó la primera vez que se pudo ver Yerma durante la dictadura de Franco, en el año 1960, con dirección de Luis Escobar y protagonizada por Aurora Bautista. En aquella ocasión él fue uno de los figurantes de la función. En 1971 Núria Espert y el director Víctor García alumbraron una versión considerada histórica. La larga ausencia deYerma en las tablas ha propiciado que estén vendidas casi todas las entradas para el mes y semana que estará en Madrid.
En lo que ayer estuvieron de acuerdo todos los asistentes es en que Lorca planteó un conflicto "universal", por eso Yerma es un clásico, porque tiene vigencia. "El mundo está plagado de casos de opresión a las mujeres. Ahí están los asesinatos en el hogar, el machismo. Y no digamos lo que ocurre en los países musulmanes", apuntó Marsó. "Ni siquiera hace falta irse a esos extremos", agregó Marcial Álvarez. "El maltrato puede ser psicológico, porque a muchos hombres no se les ha educado correctamente y eso crea intolerancia". De la actualidad deYerma dio cuenta Narros al recordar que tras una función en Córdoba "una mujer de unos 50 años me dijo que no había parado de llorar durante toda la representación porque estaba viendo su propia vida".
¿Volcó Lorca en Yerma su propia frustración y obsesión? "Lorca era homosexual y, según Margarita Xirgu, el personaje principal representaba también lo que él sufrió", contó Narros. Para Marsó está claro: "Él siempre compartía algo de su vida con sus personajes".
Yerma. Desde hoy hasta el 17 de febrero. Teatro María Guerrero.


Es una y son todas las mujeres. Lorca supo retratar el alma femenina con toda su intensidad, con tanto desgarro como ternura. Así ocurre a lo largo de la trilogía de la que Yerma forma parte, junto a La Casa de Bernarda Alba y Bodas de sangreSilvia Marsó afronta el reto de interpretar un papel que estrenó Margarita Xirgú en 1935: "Claro que impone —nos cuenta Silvia—, pero ya no solo porque es un personaje que han interpretado las grandes actrices a lo largo de la historia, sino porque Lorca es un autor que me produce un gran respeto y al que admiro profundamente. Al igual que a Miguel Narros —director del montaje—, al que he seguido desde siempre, y con el que siempre quise trabajar".
Este es uno de los grandes atractivos de esta versión que está este fin de semana en el Teatro Romea de Murcia. Y es que podremos comprobar cómo lo lleva a su terreno otro de los grandes nombres de nuestra escena: "Hay algo que me gusta destacar de Miguel —continúa la actriz—, y es la sorprendente forma que tiene de ensayar. He llegado a la conclusión de que él es el Van Gogh del teatro. Así como este maravilloso pintor daba las pinceladas desde la emoción, borrando y corrigiendo continuamente, para crear una imagen llena de matices, de pulsos, él hace lo mismo. A veces desconcierta, e incluso sufres y piensas que lo haces mal, porque cada día da nuevas pinceladas, cambia cosas, te hace improvisar, te hace equivocarte. Es una forma muy viva de trabajar, un poco caótica, pero al mismo tiempo llena de inspiración. Te va conduciendo hacia un lugar, que es el cuadro que él tiene pensado, o que él va creando, mejor dicho".
Se trata de una de esas oportunidades que exigen una preparación a fondo: "He profundizado muchísimo en el texto, buscando las imágenes, las emociones que me provocaba Lorca, intentando sentir, en lo más profundo de mi ser, el conflicto y la frustración de esta mujer, que podría ser una mujer universal, de cualquier época y lugar del mundo. Yerma es la Madre Tierra, conectada con lo primigenio del hombre, que es la naturaleza y la fertilidad".
Fuente: Pablo Martínez Pita (www.abc.es)