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Fuente: Fernando Díaz de Quijano (elcultural.es)

Anabel Alonso (Baracaldo, Vizcaya, 1964) derrocha energía y llaneza al hablar, la misma que la convirtió en uno de los personajes más populares y queridos de la televisión desde los tiempos de Los ladrones van a la oficina, algo que confirmaría unos años más tarde la exitosa serie 7 vidas. Aunque siempre la ronda algún proyecto televisivo, ya sea como actriz o presentadora, es el teatro lo que la tendrá ocupada todo 2013. Concretamente Lastresuna comedia descarnada de Jorge Roelas dirigida por Jorge Steinhardt y coprotagonizada por Ana Fernández y Marta Belenguer. Tras pasar por Alicante y Valencia, ha prorrogado dos semanas sus funciones en el Teatro Bellas Artes de Madrid, antes de continuar por Granada, Bilbao y La Coruña.

Lastres iba a estar hasta el 31 de marzo en el Bellas Artes pero se prorroga dos semanas más. ¿Eso es que ha ido bien?
Ha ido muy bien y como a todos nos cuadraba con la agenda, hemos decidido quedarnos un poco más. La afluencia de público no es igual que antes de lo del IVA, pero se nota que la gente tiene ganas de ir al teatro a divertirse.

Últimamente vemos en la cartelera muchas comedias protagonizadas por hombres o mujeres de una franja de edad muy concreta (por ejemplo, 
Hombres de 40, actualmente en el Teatro Marquina). Parece un subgénero consolidado dentro del teatro.
Sí, pero aquí no se trata la cuestión generacional ni cómo afrontan la crisis de los cuarenta. Son tres mujeres amigas de la infancia, que por diversos motivos dejan de serlo y al cabo de los años el personaje de Ana Fernández reúne las fuerzas necesarias para convocar a las demás y poner las cosas en su sitio. La reunión comienza como todos los encuentros familiares, con una reunión agradable, pero van saliendo los trapos sucios y las cuentas pendientes y acaban enfrentándose todos con todos.

¿Qué tipo de lastres arrastran los personajes de esta obra?
Son lastres emocionales, esas cosas que te han hecho daño durante tu vida, sobre todo las que te han provocado tus más allegados, que saben dónde duele más. Cosas que se nutren de los complejos, del rídiculo que te han hecho pasar, de la envidia. Y a pesar de todo mantienes a esas personas en tu vida porque no puedes vivir sin ellas.

¿Cuál es el punto fuerte de Lastres?
Que es una comedia salvaje. He hecho mucho cine, televisión y teatro, pero esta es la comedia más punk, salvaje y descarnada que he hecho. Los conflictos se ponen encima de la mesa de una forma muy bestia, sin sentido del ridículo, ni pudor, ni miramientos. Mucha gente me dice que hacía tiempo que no se reía tanto.

Como dice, ha hecho de todo: teatro, cine, televisión como actriz y presentadora... ¿En qué momento de su carrera descubrió que era una actriz todoterreno?
Eso va surgiendo poco a poco, no he sido consciente. Te van proponiendo cosas y vas diciendo que sí, superando obstáculos y enfrentándote a nuevos retos. En ese sentido soy irreflexiva y hasta ahora siempre he salido airosa.

¿En cuál de los tres sectores ve la cosa más fastidiada?
Muy difícil me lo pones... Entre cine y teatro anda la cosa muy parecida. En cambio, la televisión es un monstruo al que hay que alimentar cueste lo que cueste. Siempre hay producción, aunque los contenidos sean menos ambiciosos. Al cine no sólo le afecta la crisis general sino la de su propio modelo. Lo que hay no nos vale y lo que está por llegar no termina de llegar.Y el público sigue demostrando que tiene ganas de ir al teatro, pero esta barbaridad del 21% de IVA nos está machacando.

¿Tiene algún otro proyecto aparte de seguir con la gira de Lastres?
De momento estaré centrada en esta obra todo el año. Se habla de cosas de televisión, series... pero nada cerrado aún.


Fuente: Ana Marcos (elpais.com)
"Hasta que no te pones a ello, no sabes dónde puedes llegar", dice Lucía, mientras se afana en poner en práctica los últimos pasos que ha aprendido en clase de ballet. Esta mujer de entre cuarenta y cincuenta años, encerrada en un discreto vestido azul pastel, gira sobre su eje frente a dos amigas de la infancia a las que no veía desde hacía siete años y dos meses. Teresa, cardado infinito, medias verdes y vestido rojo, contraataca con Rafaella Carrà. Y la escena sobre las tablas del Teatro Bellas Artes de Madrid se torna en un multicolor excéntrico, propio de una película de Pedro Almodóvar. "¿Queréis una pasti?, me las pilla mi hija por YouTube", ofrece Teresa al tiempo que la tercera amiga, Concha, rellena por segunda vez las copas con vodka.
Todo el presupuesto inicial de las obra de teatro Lastres: tres amigas de la infancia que se reúnen por iniciativa de una de ellas; se va desmoronando por el peso de los problemas que acarrean y se desploma a medida que la verdad atraviesa el disfraz del autoengaño."Estos tres personajes muestran cómo aunque la vida pasa, si los resentimientos se larvan y enquistan, terminan por salir de manera explosiva", explica Anabel Alonso, parte activa en el papel de Concha, encargada de transformar en obra una lectura del también actor Jorge Roelas. "Estoy haciendo una obra como actor que se llama Educando a Rita, y en un momento mi personaje dice: 'Gracias por la confianza, pero si rascas un poco descubrirás que hay menos de mí en mí de lo que parece a primera vista", recita Roelas, en una parábola teatral y explicativa de lo que sucederá hasta el 31 de marzo, en Madrid.
Las falsas apariencias, muy exacerbadas por el vestuario, parapeta el acoso que recorre la obra en las vivencias de este trío, que completan las actrices Ana Fernández y Marta Belenguer. La carga dramática se rebaja por mediación de Heidi Steinhardt. La directora argentina recibió el texto una madrugada austral y aterrizó en España dispuesta a hacer del humor la mejor terapia para superar el dolor. "La obra tiene mucha crueldad, pero a la vez es muy graciosa", explica la dramaturga. "El atractivo es que aún con ese trasfondo serio o sensible, uno se ríe todo el rato, la gente sale reflexionando porque en apariencia uno asiste a una anécdota más, y no lo es". O en palabras de Alonso: "Es una comedia salvaje y punk, no hay tregua en la hora y media que dura la función".
Para conseguir este tono animal que se reproduce en diálogos y maneras, Alonso y el equipo de producción redireccionaron el guion hacia tierras argentinas en busca de una batuta que no se limitara a poner en escena palabras. "En España, en general, aunque haya gente muy válida, siempre se suele hacer un trabajo de ceñirse al texto, más formal, con menos enjundia", opina la actriz. El curriculum de Steinhardt se labra en la escena off de un país con una cartelera teatral de gran tamaño, enfocada en la dirección de actores. "El reto de la obra también ha sido enfrentarme a una manera distinta de trabajar", cuenta la directora, "y en esto Jorge ha sido muy generoso al ir reescribiendo el texto, adaptándolo según avanzaban los ensayos".
Lastres entra en la capital como un torbellino punk contra la crisis, los efectos del IVA cultural y la desazón generalizada ante tanta mala noticia. "Ahora, lo que más demanda tiene es la comedia", explica Anabel Alonso, "para que una producción privada sea factible, es decir, que no suponga un gasto desmedido, es mejor optar por estos montajes".
Teatro se escribe con a

"Puede que sea una coincidencia, aunque también es cierto que en este país hay más actrices que actores... y mejores", dice con jocosidad Anabel Alonso, mientras se atusa la melena rubia platino que luce en la obraLastres. La temporada teatral se escribe en femenino y con un reparto de personajes muy perfilados.
"Igual ha llegado el momento de que nosotras digamos cosas", continúa la intérprete. "Son funciones contemporáneas en las que nos pasan cosas, no somos las hijas, las madres o las hermanas, somos las protagonistas". Alonso se refiere a la coincidencia en cartel de Sofocos, Hermanas, El manual de la buena esposa, Lifting y Lastres. Muchas de las mujeres que se suben a las tablas rondan los 40 años y no les importa compartir con el patio de butacas, con independencia del sexo, de la menopausia, sus problemas matrimoniales y personales.
La fórmula del manual como Monólogos de la vagina o Confesiones de una mujer de 30 años da paso ahora a comedias, en la mayoría de los ejemplos, con trama que, a fin de cuentas, redundan sobre lo mismo, pero de madera dramatizada.