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Font: Michael Paulson (ara.cat) | Foto: J. Persson
La reencarnació teatral de Benedict Cumberbatch en Hamlet -que tindrà lloc al Barbican de Londres a partir de demà i fins el 31 d’octubre- és sens dubte l’esdeveniment més esperat de la temporada teatral de Londres. La productora, Sonia Friedman, afirma que pot ser l’obra que ha venut les entrades més ràpidament de la història britànica: les anticipades es van esgotar en qüestió d’hores -a preus de 40 a 90 euros- i el teatre només ha deixat per vendre a la taquilla 30 seients de 10 lliures per funció. Fins i tot hi ha un grapat d’organitzacions benèfiques que estan subhastant entrades per recaptar fons. 
Cumberbatch, de 39 anys, ha assolit la popularitat gràcies al paper televisiu de la sèrie Sherlock i al film The Imitation Game (Descifrando enigma), pel qual va rebre una nominació a l’Oscar, però no és un estrany al teatre; els seus papers més recents són After the dance i Frankenstein al National Theatre. Ara bé, des de llavors la passió dels seus fans s’ha intensificat, impulsada per dones que fan servir Twitter, Tumblr i altres eines per compartir notícies, fotografies i comentaris sobre les seves aparicions en viu i a les pantalles. Les seguidores li troben un atractiu peculiar però sobretot destaquen la “decència” de la seva vida personal i professional: “És una combinació de la seva manera d’actuar, l’elecció dels papers i un carisma natural”, afirma Ann K. McClellan, directora del departament d’anglès de la Universitat de Plymouth, a Nou Hampshire (EUA). McClellan és alhora estudiosa de Sherlock Holmes i fan de Cumberbatch, i viatjarà a Londres per veure Hamlet com qui va a la Super Bowl.
Dirigida per Lyndsey Turner, l’obra s’està assajant amb total secretisme: cap protagonista en parla, les úniques fotografies són d’assajos amb roba de carrer i als cartells no hi apareix Cumberbatch. Friedman apunta que el muntatge serà “atemporal”, la durada menor que l’original i l’espectacle, “molt accessible, molt entretingut”. “Espero que, per als que mai han vist un Shakespeare, sigui molt rock and roll, realment emocionant, i que vegin que Shakespeare és tan fàcil d’entendre com un programa de tele o una pel·lícula taquillera”, diu la productora. Hamlet ha sigut interpretat abans per estrelles del cinema o televisió, des de Laurence Olivier fins a Jude Law. La companyia del Shakespeare’s Globe té actualment una troupe que volta el món per intentar representar l’obra a tots els països abans del 400 aniversari de la mort del Bard, l’any que ve.


Fuente: EFE vía lavanguardia.com

La esperada obra de teatro sobre la infancia del mago más famoso de la literatura contemporánea, Harry Potter, se estrenará en Londres en verano de 2016, según anunció hoy su creadora, JK Rowling.

A través de su cuenta de Twitter, la escritora confirmó que "Harry Potter and the Cursed Child" ("Harry Potter y el Niño Maldito") se representará en el Palace Theatre de la capital británica.

JK Rowling reveló que la obra de teatro servirá para divulgar la "parte nunca contada" sobre la vida de este personaje, si bien recalcó que no se trata de una "precuela" de sus novelas.

También destacó que el texto examinará las vidas de los padres de Harry Potter, Lily y James Potter, antes de que fuesen asesinados por Voldemort.

"No quiero decir mucho más, porque no quiero echar a perder lo que sé que es un auténtico regalo para los fans", dijo Rowling.

La escritora inglesa tampoco quiso explicar en detalle por qué ha optado por los escenarios teatrales para abordar esta etapa de la vida de Harry Potter.

"Para responder a la inevitable (¡Y razonable!) pregunta -por qué El Niño Maldito no es una novela- estoy segura de que cuando la audiencia vea la obra estará de acuerdo en que era el único medio adecuado para la historia", escribió Rowling en un "tuit".

El anuncio sobre la fecha de la representación de esta obra teatral coincide con "un día muy especial" para la escritora, quien recordó que hoy se cumplen 18 años de la publicación de "Harry Potter y la Piedra Filosofal", la primera entrega de una saga de siete novelas de las que se han vendido cerca de 500 millones de copias en todo el mundo.

En 2013, Rowling ya adelantó que estaba trabajando con un equipo de guionistas liderado por Sonia Friedman y Colin Callender para llevar a los escenarios teatrales la infancia de Harry Potter.

Dos años después, la autora confirmó hoy que el guion no es suyo, sino que ha salido del puño del escritor Jack Thorne, autor de la adaptación teatral de "Let The Right One In".

El director de "Harry Potter y el niño maldito" será John Tiffany, ganador del un premio "Tony" por la obra "Once".


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Una fotografía de John LennonRingo StarrPaul McCartney George Harrison cruzando por un paso de peatones fue la portada de uno de sus más célebres discos, titulado Abbey Road. En esta tranquila calle londinense se encuentran los estudios de grabación de los que salieron casi todos los discos del mítico cuarteto. Aquella icónica foto, repetida diariamente por decenas de turistas de todo el mundo, convirtió en legendarios a aquellos estudios.
Ahora, las históricas sesiones de grabación de los Beatles en Abbey Road se va a convertir en un musical, que se estrenará el 1 de abril de 2016 en el Royal Albert Hall londinense. «The sessions at Abbey Road» es su título Su responsable es el director estadounidense Stig Edgren, que ha dicho que el espectáculo «será un documental musical que ofrecerá al público un divertimento fiel, respetuoso y auténtico de la manera cómo se escribe la historia musical».
El musical reproducirá el célebre Estudio 2 de Abbey Road a tamaño real (18 x 11,5 metros, con paredes transparentes que permitirán al público seguir la acción. Cuarenta y cinco artistas en escena recrearan el proceso creativo del cuarteto de Liverpool, que cambiaba sus canciones sobre la marcha en el estudio.
«Esto será un ballet técnico, un flujo constante de movimientos de actores y músicos», ha dicho a AFP el director del espectáculo, Kim Gavin, que pretende «recrear la atmósfera de estas famosas sesiones de Abbey Road». No se buscará, sin embargo, llevar a los Beatles a escena. Se trata de recrear la música bastante más que la apariencia del grupo, dijo a The Times Stig Edgren. «No habrá pelucas ni disfraces».
El musical está inspirado en las memorias de Geoff Emerick, ingeniero de sonido que trabajó con frecuencia con el cuarteto de Liverpool, y que es además consultor artístico del espectáculo. Uno de sus productores, Jef Hanlon, ha dicho que se ha investigado mucho para ser «lo más fieles posible al proceso original. Toda la instrumentalización, los arreglos y las voces serán ejecutados de manera idéntica a los originales y habrá ocho cantantes para recrear los diferentes registros vocales de los Beatles».

Font: EFE via ara.cat | Foto: Garrick Theatre
L'actor i director de cinema britànic Kenneth Branagh ha format la seva pròpia companyia de teatre. Judi Dench, Lily James, Rob Brydon i Richard Madden formen part del repartiment que Branagh ha reunit per interpretar cinc obres amb la companyia, que porta el seu nom, la Kenneth Branagh Theatre Company.
Branagh serà l'encarregat de dirigir una temporada teatral al teatre Garrick de Londres anomenada 'Plays at the Garrick'. La companyia interpretarà obres de Shakespeare, com 'Romeo i Julieta' i 'Conte d'hivern', en què Branagh interpretarà el personatge de Leontes i Dench, el de Paulina. El grup teatral actuarà al llarg d'aquest any i interpretarà també l'obra de Terence Rattigan 'Harlequinade', així com 'The Painkiller', de Francis Veber, o 'The Entertainer', de John Osborne.
A la presentació de la companyia, Branagh ha expressat que l'objectiu d'aquest projecte és "connectar amb l'audiència" i veure el teatre amb "els ulls" dels espectadors. "Durant molt de temps volia tenir l'oportunitat de ser en un teatre on preparar una programació completa en comptes d'obres aïllades", ha afegit. Branagh treballarà en aquest projecte juntament amb el director Rob Ashford i el dissenyador Christopher Oram.

Fuente: Patricia Tubella (elpais.com) | Foto: Ian West (AP)

La actriz británica Angela Lansbury ha conseguido a los 89 años el primer premio Olivier de su dilatada carrera, por su papel secundario en la comedia Un espíritu burlón, durante la gala de los prestigios galardones teatrales que la pasada noche proclamó mejor obra del año a la fábula sobre la monarquía El Rey Carlos III y mejor musical a la recreación de la historia de la banda The Kinks, Sunny Afternoon.

Otra de las vencedoras de la noche ha sido la producción del clásico de Arthur Miller Panorama desde el puente, que se ha llevado los Olivier a la mejor reposición, actor protagonista en la categoría de drama (Mark Strong) y dirección del belga Ivo van Hove. La acogida por el público de esta producción del teatro Young Vic se tradujo en su traslado a los escenarios del West End, al igual que ocurrió con el musical Sunny Afternoon, estrenado en el Hampstead Theatre y cuyos dos principales actores (John Dagleish y George Maguire) también han sido premiados en la ceremonia celebrada en la Royal Opera House de Londres. En contraste con el éxito de estas salas modestas, ninguna de las producciones del National Theatre ha conseguido un solo galardón, en el que ha sido el peor balance de esa gran institución desde que se instauraran los Olivier hace 39 años.

Otra veterana de la escena, Penelope Wilton, cuyo rostro es muy conocido entre los televidentes de la serie Downton Abbey, fue galardonada como mejor actriz principal en su encarnación de la madre de un abogado judío que sufrió las consecuencias de procesar a Adolf Hitler antes de su ascenso al poder (Taken at Midnight).

Pero el momento más emotivo de la velada lo protagonizó Angela Landsbury, emocionada al recoger un Olivier en su regreso a las tablas londinenses después de cuatro décadas trabajando en Estados Unidos, donde ha cosechado cinco premios Tony. Muy popular entre el gran público gracias su encarnación de una escritora y detective amateur en la serie Se ha escrito un crimen, la presencia de la actriz en el reparto de la comedia de Noël Coward Un espíritu burlón, asumiendo el papel de una divertida pitonisa, se tradujo el año pasado en llenos absolutos en el teatro Gielgud.

La pieza de nuevo cuño que firma el autor británico Mike Barlett y ha encabezado el palmarés, El Rey Carlos III, imagina al actual heredero de la corona ascendiendo al trono tras la muerte de su madre y provocando casi de inmediato una crisis constitucional, al negarse a firmar una ley del gobierno para restringir la libertad de prensa. El teatro Almeida del norte de Londres cerró sus funciones el año pasado, pero la obra ha trasladado su cartel a centro de la ciudad gracias a la estupenda respuesta de taquilla.
La fiesta del teatro ha tenido su cierre con la aparición en el escenario de Kevin Spacey, premio especial, interpretando el tema Puente sobre aguas turbulentas, a modo de despedida de una elogiada década como director artístico del Old Vic.
Fuente: Patricia Tubella (elpais.com)
Kevin Spacey ha elegido interpretar al personaje de un insobornable cruzado liberal, tan distante de su famoso y maquiavélico Francis Underwood en la serie House of Cards, como despedida del teatro londinense que ha sido su casa durante once años. La última función de la obra Clarence Darrowel próximo sábado echará también el telón sobre la dilatada y productiva etapa de la estrella hollywoodense al frente del Old Vic, una venerable aunque envejecida institución cuando tomó las riendas como director artístico para recuperar su papel de primera línea en la escena teatral de la capital británica.
La reposición de este alegato en pro de los derechos civiles, firmado por el dramaturgo David W. Rintels, ha sido calificada de lección magistral por una crítica británica que subraya la capacidad del actor para convertirse en cómplice de su audiencia. Rodeado por un desorden de cajas de las que va extrayendo los expedientes que hilvanaron la lucha de un abogado estadounidense contra los prejuicios de su era, ya fueran los derechos de los ciudadanos negros, las reivindicaciones sindicalistas o la enseñanza en las escuelas de las teorías de Darwin, Spacey interactúa con el público, les comenta y pregunta sobre ese centenar de casos con la misma elocuencia, la pasión y también el cansancio de los años que emanaría la figura legendaria de Clarence Darrow (1857-1938).
Los llenos absolutos que han venido registrando las seis semanas en cartel de la pieza no van a ser el único homenaje que reciba su protagonista antes de hacer las maletas. Lo más granado del mundo de las artes y el espectáculo británico le prepara una gran gala el próximo 19 de abril en la que recibirá un premio Olivier especial por su contribución esencial “para recuperar al Old Vic y convertirse en parte de la historia del teatro de Londres”, según uno de los maestros de ceremonias, el músico Elton John.
Sobre aquellas tablas, Spacey ha prestado su piel tanto al shakespeariano Ricardo III, bajo la batuta de Sam Mendes, como a un encantador truhán de las clase privilegiada de la costa este americana en la comedia Historias de Filadelfia, porque abrirse a una diversidad de públicos ha sido clave en una gestión compatibilizada sólo en ocasiones con el papel de intérprete o de director. Los mejores actores británicos y estadounidenses, jóvenes y veteranos, han desfilado por un repertorio atento, pero no exclusivamente, a los clásicos de la dramaturgia, que permitió recuperar en la última década al bicentenario Old Vic como propuesta indispensable de la moderna cartelera.
Preguntada en una ocasión por la revista Time Out sobre su héroe londinense favorito, la respetada actriz Judi Dench respondió que no podía ser otro que Kevin Spacey. La gran dama de la escena británica se declaraba cautivada por el amor al teatro que condujo a un joven colega americano a comprometer una carrera cinematográfica ya merecedora por aquel 2004 de dos premios Oscar, para seguir la estela de los Olivier o Guielgud. “Cuando hace ya bastante tiempo me fijé una fecha de despedida del Old Vic, calculé que necesitaría al menos cinco años para recuperar una presencia destacada en el cine y la televisión”, ha declarado un Spacey sorprendido a los 55 años por su actual condición de fenómeno entre los millones de seguidores del drama político House of Cards en Canal + , que se ha anticipado a su desembarco definitivo en Estados Unidos. Aunque ello no impedirá que regrese de forma puntual a los brazos abiertos de esa escena de Londres que lo ha acabado proclamando uno de los suyos.


Fuente: Josep Sandoval (lavanguardia.com)

Gran expectación en Londres por el retorno a la escena de sus grandes estrellas, Emma Thompson después de 25 años de ausencia. Su carrera teatral es muy breve, pero su categoría de estrella ha hecho que ese regreso sea todo un acontecimiento, a pesar de que, insistimos, su carrera se basa en "Mucho ruido y pocas nueces", dirigida por Judi Dench, donde conoció al que fue su primer marido, Kenneth Branagh, con quien estuvo casada seis años, y en "Me and my girl", su último papel, hace 25 años.

El vehículo para este retorno ha sido "Sweeney Todd, el diabólico barbero de Fleet Street", donde interpreta a la señora Lovet, pareja del protagonista, cómplice en una carrera de asesinatos consecuencia de una calculada venganza del barbero tras la desaparición de su mujer e hija: la señora Loet se encarga de convertir los cuerpos de los asesinados en hamburguesas de éxito. Un musical extravagante y violento que gracias al talento de Stephen Sondheim se ha convertido en referencia de musicales de todos los tiempos.

La versión que ahora llega a Londres y se representan en el London Coliseum, sede de la ENO, English National Opera, aparece en formato concierto, con la orquesta sobre el escenario. Esta producción se estrenó en el Lincoln Center de Nueva York donde se hicieron cinco representaciones y se grabó para televisión, al igual que otras producciones de Sondheim, por ejemplo "Company" con Neil Patrick Harris. La crítica se cebó un tanto con Thompson, al cuestionar de nuevo si la obra es una ópera para cantantes o un drama para actores que entonan con cierta gracia. En aquella ocasión el beneficiado fue Bryn Terfel, un impresionante barítono que llega a unas notas bajísimas, ideal para las composiciones de Sondheim y sus complicadas partituras. Y lo mismo le sucede aquí: Terfel vuelve a ser el rey de la función, aunque Thompson, que se desenvuelve con eficacia en los cantables, araña constantemente con su presencia cada una (y son muchísimas) cada una de sus apariciones conjuntas- Thompson va siempre en contra de una dirección global, dirigida al grand guiñol tratado con exquisita elegancia mientras ella camina por la caricatura, gesticulando, recreando muecas y buscando la complicidad con un público que le ríe las gracias. Y eso que el montaje asusta al principio con la aparición del elenco en plan formato concierto, ellos de esmoquin y ellas de largo, todos de negro menos Thompson de rojo: En un plis plas cambia todo: Terfel tira su partitura al suelo, Thompson le sigue hasta con el atril y a partir de ahí todos se desgarran la ropa hasta quedar en un efecto tan brillante como eficaz: la versión sigue siento convierto aún con la ropa hecha girones: hasta los harapos podría firmarlos Chanel. El momento cumbre de este insólito inicio lo marca cuando el gran, enorme, piano de coa es izado por varios hombres que le quitan las patas y lo tiran al suelo convirtiéndolo en un elemento escenográfico más de la función, como la mesa tambor que suple las veces a la cocina de la señora Lovet, la trompeta trituradora o los platillos bandeja.

El montaje es sólido, la incorporación de la orquesta llega a momentos fascinantes incluso es atractiva la utilización de la 'latea en determinadas secuencias. Las más de cien personas en escena (9 personajes principales, 30 de coro y 60 músicos) crean un universo particular, atractivo y, especialmente, bien servido de voces: una delicia, aunque parezca un contrasentido, esos asesinatos musicales producto de una rebeldía con causa a la que no escapa mortal alguno. Al fin y al cabo la vida de muchas vueltas y todo se acaba pagando, a veces con mayor crueldad que el fondo de inversión utilizado. Un gran reparto, un gran montaje en el que también está Emma Thompson que quizá se equivocó al elegir esta obra para su retorno, que quizá ella creyó que iban a cambiar los títulos y lo anunciarían como "La señora Lovet, esposa de Sweeney Todd", subtitulada "La esposa del diabólico barbero de Fleet Street", pero no es así: se equivoco la actriz, o su director.

Aviso a posibles visitantes: el London Coliseum es grande, 2356 plazas y suelen tenerlas todas vendidas: no desesperen, pues para el mismo día de la función, tres o cuatro horas antes se encuentran tickets verdaderas gangas, pues si la entrada más barata cuesta 95 libras, a esa hora la mejor localidad sale por 7, exactamente la mejor. Y siempre hay en taquilla.

Fuente: Rafael Ramos (lavanguardia.com) | Foto: An Versweyveld

Juliette Binoche le tiene cariño a Londres. Aquí triunfó hace ya casi 20 años con un Pirandello, aquí se ha disfrazado de la señorita Julia de Strindberg, y aquí es ahora la Antígona de Sófocles. Las obras pueden tener mejores o peores críticas, pero ella siempre es puesta por las nubes. Igual que en el cine.

Esta Antígona (con una nueva traducción de la poeta canadiense Anne Carson) no se va a quedar sin embargo en la capital inglesa sino que va a viajar, y mucho. Primero cruzará el canal de la Mancha para provocar a las audiencias de Amberes y Amsterdam, luego saltará el charco para ponerse a prueba en Nueva York (Brooklyn Academy of Arts), y concluirá su periplo en agosto en el Festival de Edimburgo

¿Qué puede haber impulsado a Binoche (o la Brioche, como la llaman en Francia) a meterse en la piel de una heroína griega, aparte de su conocida pasión por todos los retos artísticos habidos y por haber? "Para empezar, la explosividad de la obra -dice-, que es como una bomba atómica que se te lleva por delante. Explora todas las confrontaciones humanas posibles: la del hombre y la mujer, la de los valores éticos y políticos, la de las leyes de la sociedad y los derechos individuales, la de la familia y el grupo".

En otras manos, la tragedia de Sófocles podría tener incluso algún toque de melodrama de Hollywood, con la virtuosa dama que desafía al implacable tirano en el empeño de enterrar como dios manda el cuerpo de su hermano. Pero ni la actriz ni el director (el belga Ivo van Hove) hacen concesión alguna al lloriqueo, y han envuelto la producción en una sombría belleza estética capaz de helar el corazón.

El mensaje es muy contemporáneo, muy político y muy de actualidad, con el retrato de la misma intransigencia mutua que asola hoy en día todos los foros donde se toman decisiones que afectan a la vida de los ciudadanos, y donde los dictadores o los partidos tradicionales disfrazan sus propios intereses de patriotismo, empeñados desesperadamente en aferrarse al poder. ¿Qué debe predominar -se preguntaba Sófocles más de 400 años antes de Cristo-, la lealtad a la ciudad, a la familia, al grupo, a uno mismo?

Vivimos momentos turbulentos, y Juliette admite que al meterse en la piel de Antígona, sumergirse en los mitos y arquetipos que rodean al personaje, y plantearse inevitablemente todos esos interrogantes, no puede evitar pensar en los periodistas del Charlie Hebdo asesinados en París a principios de enero, una auténtica tragedia griega que le tocó muy de cerca.

Binoche llega hasta el tuétano en sus personajes, pero no dice mucho (defiende de manera obsesiva su vida privada y ha presentado querellas contra quienes han intentado entrometerse en ella), y cuando habla lo hace con rotundidad. Una de sus causas favoritas son los derechos humanos -y especialmente de la mujer- en Irán, país que ha visitado por su amistad con cineastas y artistas víctimas del fanatismo y la obcecación de los ayatolás.

En cualquier caso, no le gusta dar explicaciones. A los 51 años (los cumple hoy), sin cirugía estética y con mínimo maquillaje que no oculta las arrugas de medio siglo, la actriz parece en paz consigo misma. Nunca se ha casado, tiene dos hijos de padres distintos (el primero, un submarinista, el segundo, el actor Benoit Magimel), ha salido con Olivier Martínez, Daniel Day-Lewis y el argentino Santiago Amigorena, ganó el Oscar de 1996 por El paciente inglés y vive en un chalet de un privilegiado barrio de las afueras de París. Y sobre todo trabaja sin cesar. En su currículum figura medio centenar de películas, lo mismo superproducciones comerciales que proyectos independientes de escaso presupuesto.

Pero haga lo que haga, ya sea Antígona, Chocolate o los Tres colores, de Kieslowski, no le faltan nunca admiradores. El expresidente norteamericano Bill Clinton la invitó una vez a que lo visitara en la Casa Blanca, y ella -prudentemente- se negó. Fue él quien tuvo que ir a buscarla a ella, acompañado de Hillary...

Fuente: Patricia Tubella (elpais.com) | Foto: Mark Douet
“¿Cuándo has escuchado por última vez la palabra ´musulmán´ sin que estuviera asociada con la idea de fanático, extremista o radical?”, se lamenta uno de los protagonistas de Multitudes, obra recién estrenada en Londres que confronta la creciente percepción de la comunidad islámica del Reino Unido como un bloque homogéneo, amenazador y ajeno a cualquier matiz. Los conflictos internos de una familia de musulmanes británicos en torno a la religión y la cultura de origen, el sentido de pertenencia a la patria de adopción o los problemas de identidad entre los más jóvenes protagonizan el cartel del teatro Tricycle con el objetivo de indagar en los retos de una sociedad multicultural cada día más cuestionada.
El debut como dramaturgo del actor inglés John Hollingworth centra la historia en un concejal musulmán de Bradford que es invitado a pronunciar un discurso durante el congreso del Partido Conservador en esta ciudad del norte de Inglaterra, con fuerte presencia de inmigrantes de origen paquistaní. Kash es un liberal sin filiación partidista, cuya firme adhesión a la bandera de la Unión Jack se ve retada por la radicalización de su propia hija adolescente, nacida del rechazo a las intervenciones militares occidentales en Oriente Medio y la influencia de oscuros personajes que intentan reclutar a jóvenes musulmanes desorientados. Viudo desde hace años, tampoco acaba de comprender –aunque respeta- la decisión de su actual pareja, una inglesa cristiana, de convertirse al Islam. Él no se lo ha pedido, pero la sociedad que contempla ese gesto con abierto rechazo así lo cree.
Las funciones de Multitudes (hasta el 21 de marzo) coinciden en el tiempo con los titulares que nos hablan de musulmanes británicos enrolados en las filas de un islamismo enajenado y violento, como el “yihadista John”, un joven informático londinense transmutado en el papel de verdugo de los periodistas y cooperantes occidentales decapitados en Siria bajo los designios del Estado Islámico. Y de la islamofobia especialmente apuntalada a raíz del atentado en la sede de Charlie Hebdo en París y contra un centro cultural de Copenhague que albergaba el inapelable derecho a la libertad de expresión, incluso cuando se trata de caricaturizar a Mahoma.
La obra, sin embargo, empezó a gestarse hace ya cuatro años como fruto de la experiencia de Hollingworth en esa localidad de Bradford en la que se crió y que encarna un encuentro o una colisión, según las diferentes percepciones, entre tradiciones culturales y religiosas diversas. En el transcurso de sus entrevistas con miembros de la comunidad musulmana de esta y otras ciudades inglesas, el autor encontró especiales reservas a la hora de contactar con mujeres británicas que habían decidido convertirse al Islam y que, en su grueso, se sienten estigmatizadas. Quizá por eso, el personaje de Natalie en Multitudes, una educadora social apartada de su trabajo cuando decide abrazar el Islam, aparece desdibujado en cuanto a los motivos que le conducen a dar ese paso. Pero la obra deja claro que quienes toman ese camino serán automáticamente objeto de la sospecha y de la incomprensión social.
Más perfilada aparece la figura de su madre, Lyn, una mujer cuyo concepto de lo que significa “ser británico” aniquila cualquier idea de la diversidad. Miembro del ala de los tories cuyos postulados hermanan con los del emergente Ukip, un partido antiinmigración rayano en lo racista, deniega a Kash el derecho a vindicarse como un ciudadano más del Reino Unido, sólo por el hecho de ser musulmán y a pesar de su perfecta integración en un país en el que arribó desde Pakistán cuando sólo contaba un año. “Tú no puedes ser un británico”, le espeta en paradójica coincidencia con la hija de Kash, una chica que siempre se sintió una apátrida hasta acabar seducida por los postulados del califato de Siria.
De cómo una adolescente de medio acomodado y con un futuro por delante, pero descolocada al vivir a caballo entre dos culturas, acaba comprometida con el radicalismo extremo forma parte del desenlace de la obra. Un epílogo que tiene su parangón en el reciente episodio de la vida real de tres adolescentes musulmanas huidas de sus hogares de Londres para engrosar las filas del EI en Siria, ante la incomprensión de sus familias. La misma que siente Kash en la obra, involuntariamente forzado por primera vez a elegir entre la adhesión a sus orígenes o a la sociedad en las que sus padres eligieron vivir y donde él creía haber encontrado su lugar. La suya es una de las múltiples voces que, especialmente ahora, claman sobre las tablas de un teatro contra un único estereotipo de la comunidad musulmana.

Fuente: EFE vía abc.es
El actor estadounidense Bradley Cooper, nominado a un Oscar por su papel en «American Sniper», dará vida al Hombre Elefante en los escenarios del West End londinense tras el éxito que ha logrado con ese mismo papel en Broadway, informó ayer la cadena británica BBC. El actor, de 40 años, encarnará a partir de mayo en el Teatro Real Haymarket de Londres el papel principal en la producción sobre la vida de Joseph Merrick, el hombre que se hizo famoso por sus malformaciones.
«Nunca pensamos que tendríamos el privilegio de realizar esta obra en Broadway y mucho menos en Londres. Me siento honrado de que Alessandro Nivola, Patricia Clarkson y toda la compañía tengamos la oportunidad de seguir contando esta historia», dijo Cooper. El estadounidense ha sido elogiado por los críticos neoyorquinospor su actuación en «El hombre elefante», dirigida por Scott Ellis, en la que aparece sin maquillaje, con el torso desnudo y en ocasiones ataviado con un chaleco de lana.
La historia de Merrick, que vivió en Londres durante el siglo XIX, se retrató en la gran pantalla en el filme de David Lynch de 1980, que estuvo nominado a los Oscar como mejor película. En la obra teatral, en lugar de utilizar una prótesis, como hizo el actor inglés John Hurt en la película de Lynch, Cooper contorsiona el cuerpo sobre el escenario con el fin de evocar las deformidades del Hombre Elefante. La obra escrita por Bernard Pomerance, que ya debutó en el Teatro Booth de Londres en 1979, se estrena el 19 de mayo en la capital británica y finalizará el 8 de agosto.
Bradley Cooper fue dos veces candidato a los Oscar, como mejor actor por su papel en «El lado bueno de las cosas» (2012) y como mejor actor de reparto por «La gran estafa americana» (2013), y está este año nominado como mejor actor por «El francotirador», de Clint Eastwood.

Fuente: G. Belinchón (elpais.com)
El Playhouse Theatre, en pleno centro de Londres, nació de algo muy español: la especulación inmobiliaria. En 1882, Sefton Parry, un hombre de negocios que invertía en terrenos, compró una parcela y erigió el Avenue Theatre, pensando que en poco tiempo la colindante estación de trenes de Charing Cross se ampliaría. Y que allí estaría él para ofrecer un buen solar.
Se equivocó. El ahora Playhouse Theatre (rebautizado así en 1907) ha sufrido sus más y sus menos —estuvo cerrado en los sesenta—, pero hoy resplandece con su decoración de inicios del siglo XX. Eso en el patio de butacas, porque en el escenario explotan los colores más pop de los ochenta almodovarianos: aquí es donde se estrena Mujeres al borde de un ataque de nervios, el musical basado en la película homónima de 1988 del cineasta español. “Es increíble ver en Londres una obra que hable de Madrid como madre cultural”, confesaba sonriente Almodóvar el pasado sábado, tras asistir al último pase previo con público antes de que oficialmente hoy se abra la temporada del musical, que estará en cartel hasta el próximo mes de mayo. Por si hay dudas, al inicio una pizarra juega con las tres primeras letras de Madrid, que en inglés significan “loco”. A partir de ahí, montaña rusa. “Hay planes para que viaje a Australia y a otros lugares. Estaremos controlando”, confirma Almodóvar.
Metido como está el cineasta en la preproducción de Silencio, su nuevo largometraje, ha dejado que el musical vuele alejado de él. “Cuando alguien adapta un trabajo mío pienso que me rinde un maravilloso tributo. Pero cuando acabo una película ahí queda, rematada. Una adaptación es dar nueva vida a algo ya finalizado. Y para eso hay que darle libertad a sus creadores”, resalta.
Ya se la otorgó la primera vez. Mujeres al borde de un ataque de nervios es una revisión del musical que se estrenó en el Lincoln Center de Nueva York en 2010, donde trabaja como director residente Bartlett Sher, responsable entonces y ahora del montaje. Hace ya casi siete años que comenzaron los primeros ensayos. “Entonces estuve muy presente”, cuenta el cineasta español. “Me enganchó el proceso de los ensayos, cómo se exprimía día a día el talento, y cómo crecía la comunicación con los actores. Es algo que yo he intentado en mi trabajo. Eso sí, di absoluta libertad a Bartlett y a su equipo”.
Aquella experiencia no cuajó. Quienes han visto las dos versiones aseguran que la neoyorquina tenía demasiados movimientos, pasaban demasiadas cosas en escena, lo que provocaba un jaleo narrativo. En Londres hay alguna canción nueva, sketchesrefrescados y, sin perder la locura almodovariana, cierto orden. Ya no hay un taxi entero en el escenario, sino dos sillas y un volante que agilizan la acción. Su conductor se ha convertido, todo un acierto, en un juglar que acompaña a Pepa en sus dos días de desesperación huracanada.
Por eso el sábado por la noche la troupe que acompañaba al cineasta vivía muy tranquila la representación. Sí, Pedro y su hermano, el productor Agustín Almodóvar, han realizado viajes previos y visitado los ensayos, pero ahora están en otra cosa. El fin de semana londinense sirvió más para la diversión y para el reconocimiento al cineasta. Primero, con la emisión en directo del coloquio posterior a la representación del sábado en siete cines de toda Inglaterra. Después, ayer, domingo, con la proyección de una copia restaurada de Mujeres al borde de un ataque de nervios en el British Film Institute con, también, charla posterior. Colas, risas y otra demostración de que el cineasta engancha al público independientemente del idioma que use. O los que mezcle.
Y, finalmente, con el estreno hoy, lunes, del musical. Por supuesto, para ninguno de los actos quedaban entradas días antes, y se notaba claramente la representación española en cualquiera de los eventos. A Almodóvar le han acompañado estos días, además de su hermano, miembros de su oficina e intérpretes como Rossy de Palma —como actriz de Mujeres… también ha charlado con el público—, Miguel Ángel Silvestre, Blanca Suárez o Elena Anaya. Hoy algunos de ellos retornan a Madrid, y en Londres se espera a Antonio Banderas.

Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«Cats», uno de los musicales más populares de la historia, ha regresado a los escenarios londinenses, de los que se despidió el 11 de mayo de 2002 después de veintiun años ininterrumpidos de representaciones. El principal atractivo de esta nueva producción es la presencia de la cantante Nicole Scherzinger (novia del piloto de Fórmula 1 Lewis Hamilton), que encarnará a Grizabella hasta principios de febrero; será su debut en la escena londinense. 
«Cats», con música de Andrew Lloyd Webber sobre poemas de T. S. Elliot («Old Possum's Book of Practical Cats») , se estrenó e el New London Theatre el 11 de mayo de 1981, y bajó el telón en el mismo escenario veintiún años y 8.949 representaciones después. En ese tiempo, se convirtió en uno más de los atractivos turísticos de Londres. 
Producido por Cameron Mackintosh, con dirección de Trevor Nunn, escenografía de John Napier y coreografía de Gyllian Lynne, el musical cuenta la historia de un grupo de gatos jélicos que se reúnen la noche en que ha de decidirse cuál de ellos renacerá en una nueva existencia. El reparto inicial incluía a Elaine PaigeBrian BlessedWayne Sleep Paul Nicholas. Lloyd Webber conocería allí a Sarah Brightman (que formaba parte también del elenco), con la que más tarde se casaría, y que sería la protagonista de «El fantasma de la Ópera». Estaba previsto que Judi Dench interpretara a Grizabella, pero unos días antes del estreno se rompió el tendón de Aquiles durante un ensayo y fue sustituida por Elaine Paige.
El 7 de octubre de 1982 se presentó en Broadway, en el teatro Winter Garden, donde estuvo en cartel durante dieciocho años. El 19 de junio de 1997 se convirtió en el musical con mayor número de representaciones de la historia de Broadway; actualmente ocupa el tercer lugar, superado por «El fantasma de la Ópera» y «Chicago». Cuando cerró, en septiembre de 2000, se habían ofrecido 7.485 representaciones. La actriz Marlene Danielle, que estuvo en el reparto original de Broadway como suplente de varios personajes, permaneció en el espectáculo durante toda su andadura, desde 1982 hasta 2000.
España llegó el 17 de diciembre de 2003, de la mano de la productora Stage Entertainment (entonces CIE Stage Holding). Se estrenó en el teatro Coliseum de Madrid con un reparto que incluía a Helen de QuirogaPedro Ruy-BlasVíctor Ullate RocheEdu del PradoAlberto SánchezRaquel GrijalbaGuadalupe Lancho y Enrique Sequero. Estuvo en cartel algo más de un año, y se ofrecieron más de 200 representaciones. 
La obra ha sido traducida a quince idiomas (incluyendo el japonés, alemán, sueco, francés, italiano y español) y lo han visto 73 millones de personas en más de trescientas ciudades y una treintena de países en todo el mundo. De «Memory», la canción más popular del musical, se han realizado más de 150 versiones y grabacionesdiferentes, y en Estados Unidos se ha ofrecido por la radio en más de un millón de ocasiones.
Para la reposición londinense, Lloyd Webber ha retocado alguno de los números. «Rum Rum Tugger», por ejemplo, se ha convertido en un rap.

Fuente: EFE vía abc.es
Al Pacino volverá a la escena británica después de treinta años. El actor se lo ha revelado al diario «Daily Mail»: será en la primavera de 2016, en una producción de «Salomé», obra que ya ha representado en Nueva York y Los Ángeles. Según Pacino, esta versión será «más decadente, totalmente distinta a la que presentamos en Estados Unidos».
Aunque el año pasado pisó el escenario del London Palladium para un evento titulado «An evening with Al Pacino», el actor no actúa en Londres desde el año 1984, cuando protagonizó «American Buffalo», de David Mamet, en el Duke of York's Theatre
Esta semana, Al Pacino presentó en Londres. junto a Jessica Chastain -que interpretó a la protagonista en el montaje angelino en 2006, cuando era una actriz desconocida-. la película«Salomé», y el documental «Wilde Salomé», sobre la obsesión del actor acerca de la obra de Oscar Wilde y su trabajo durante el montaje teatral y el rodaje de la película.

Fuente: abc.es

Érase una vez un dramaturgo de finales del siglo XVI que dio el salto alcine a finales del siglo XX. Por el camino cosechó un premio Oscar a la mejor película en 1998 y su historia, dirigida por John Madden, guionizada por Tom Stoppard e interpretada por Joseph Fiennes y Gwyneth Paltrow fue un rotundo éxito.

Se trataba de «Shakespeare in Love», un argumento por el que el célebre dramaturgo va a dar ahora el salto al teatro, cerrando así el círculo de las artes escénicas. Hoy, el Noel Coward de Londres asisitirá al estreno de este título adaptado al teatro, con unas expectativas de éxito bastante elevadas. Se trata de un proyecto bastante arriesgado teniendo en cuenta el éxito de crítica y público que tuvo la película. Por esto, los productores han sido muy prudentes y aseguran que el 90 por ciento de la función se corresponde con el guión de la película. Los responsables de la obra harán notar su mano con una puesta en escena imaginativa, donde los 28 actores que tienen a su cargo tratarán de cumplir con lo que se espera de esta producción.
El director de la obra, Lee Hall, cree que «siempre es más difícil adaptar algo que es bueno, porque de algo malo siempre se puede hacer algo mejor», informa he New Tork Times». «Yo era muy consciente de que el trabajo de Tom [Stoppard] y [Marc Norman] era algo que a mucha gente le encantó. Yo quería ofrecer algo que era más que la película, de lo contrario no tendría sentido».
En principio, la función estará en cartel hasta el 25 de octubre y tendrá entradas para todo tipo de bolsillos. De las casi 900 butacas con las que cuenta el recinto, las hay por 19 euroshasta un máximo de 110. La producción está dirigida por Declan Donnellan y diseñado por Nick Ormerod, una comedia romántica que transportará a Shakespeare de vuelta a Londres.

Fuente: Patricia Tubella (elpais.com)
La demanda de entradas en el londinense teatro Gielgud se ha disparado gracias a la presencia en cartel de una dama de la escena que sigue en activo a sus muy bien llevados 88 años. Angela Lansbury, actriz británica que ha desarrollado el grueso de su carrera al otro lado del Atlántico, regresa este fin de semana a los escenarios del West End y tras una ausencia de cuatro décadas para interpretar el papel de una médium en Un Espíritu Burlón, obra de Noël Coward que en Estados Unidos ya le procuró su quinto premio Tony. El reestreno de esa comedia en el Reino Unido ha concitado a legión de admiradores de su trabajo en las tablas, el cine y sobre todo la televisión. Porque para muchos sigue encarnando a aquella escritora y detective amateur de la popular serie Se Ha Escrito un Crimen.
Sólida actriz que a tenor de sus declaraciones no parece tomarse demasiado en serio la fama, Lansbury es un personaje todavía repleto de vitalidad que desconoce el parón laboral y ni por asomo aparenta su edad. La venerable cabellera gris, uno de los pocos indicios del paso de los años, quedará oculta bajo una peluca pelirroja cuando encare el papel de Madame Arcati, la pitonisa que en la pieza de Coward (Blithe Spirit, en su título inglés) convoca al espíritu de la primera esposa de su cliente con consecuencias desastrosas.
Las representaciones que arrancan el próximo sábado supondrán la primera aparición de la actriz en un teatro de Londres desde el Hamlet en el que participó en 1975 bajo la dirección de Peter Hall. Por entonces ya era sólo una visitante en su tierra natal, que había abandonado en su adolescencia para instalarse junto a su madre viuda en Nueva York. Aquella chica nacida en el este de Londres (1925) fue pronto seleccionada por la MGM para interpretar a la doncella inglesa de la película Luz de Gas, cinta protagonizada por Ingrid Bergman y Charles Boyer y que reportó a la actriz de reparto su primera nominación al Oscar cuando sólo contaba 19 años. A pesar de una inmediata segunda nominación en la misma categoría por su rol en El Retrato de Dorian Gray (1945), los productores seguían sin ver en ella el glamour que estimaban necesario para brindarle papeles estelares. En propias palabras de Lansbury, “me utilizaron básicamente como una utilidad”.
Después de un matrimonio fallido y de una segunda boda con el actor y agente Peter Shaw –fiel compañero durante 54 años y hasta su muerte- en 1963 llegó la tercera nominación a la estatuilla dorada con el filme El Mensajero del Miedo. Su presencia en el cine estaba afianzada, pero Lansbury decidió volcarse en el teatro y principalmente en los musicales, un amor descubierto gracias al maestro Stephen Sondheim. A pesar de los cinco Tonys que se ha labrado desde entonces en las tablas, la actriz ha reconocido que su poder de atracción para muchos de los espectadores que asistirán a las funciones de Un Espíritu Burlón reside en el recuerdo del personaje de Jessica Fletcher en la teleserie Se Ha Escrito un Crimen, que interpretó a lo largo de doce años y 264 episodios.
Ese papel entrañable es, sin embargo, sólo el granito de una carrera legendaria que este mismo año le ha procurado un Oscar honorífico. Ya lo ha recibido en un acto previo a la ceremonia de entrega de premios de la Academia de Hollywood que se celebrará el próximo domingo. Mientras las luminarias de Hollywood festejan en Los Ángeles, Angela Lansbury estará a miles de kilómetros sólo preocupada en recordar su texto para las representaciones de Un Espíritu Burlón en Londres. Eses es el verdadero reto, ha admitido, para una actriz de su edad.

Fuente: Patricia Tubella (elpais.com)
La historia de una obsesión, encarnada en una mujer que acosa a su ex amante hasta extremos demenciales, arrastró a millones de espectadores a las taquillas de cine de finales de los 80’ y convirtió a su protagonista, Glenn Close, en toda una estrella. Aquel jugoso material de la película Atracción Fatal ha sido ahora reciclado en carne del teatro londinense, con un cartel que encabezan las televisivas Natasha McElhone (Californication) y Kristin Davis, la chica más mojigata del cuarteto de la serie Sexo en Nueva York.
Davis ya lleva un tiempo instalada en Londres para los ensayos de una obra que supondrá su debut sobre las tablas del West End. Su papel de sufrida esposa de un abogado neoyorkino que le es infiel con una compañera de trabajo –y que luego será víctima de la venganza de esa mujer- tiene un plano secundario en la trama. Pero los carteles que anuncian el preestreno de la producción para principios de marzo equiparan su imagen y su nombre a los de la pareja protagonista, el marido y la ex amante, probablemente para rentabilizar el gancho de su fama nacida en la pequeña pantalla.
Porque es McElhone quien asume el rol más sustancioso encarnando al personaje de Alex Forrest, una femme fatale que convierte al abogado Dan Gallagher en objeto de su deseo y luego de una terrible venganza cuando éste la deja plantada para regresar al redil familiar. Formada en el teatro inglés y partícipe en un ramillete de cintas tanto británicas como hollywoodenses (El Show de Truman, Sobreviviendo a Picasso…), aunque la popularidad se la ha brindado la serie estadounidenseCalifornication, el principal desafío para la actriz serán las inevitables comparaciones con una impresionante Glenn Close.
Mark Bazeley, un sólido actor británico apenas conocido fuera de las fronteras de su país (a pesar de su participación en la exitosa película La Reina), encarna al abogado que paga muy cara su infidelidad y que en la gran pantalla tuvo el rostro de Michael Douglas.
La traslación al teatro de guiones de películas de éxito es una tendencia creciente en el West End, con resultados desiguales que abarcan desde los éxitos de Billy Elliot y Una Rubia Muy Legal, hasta fracasos estrepitosos como Carrie, pasando por producciones sin otra ambición que la meramente comercial (Ghost, El Guardaespaldas). El grueso de esas propuestas se ha decantado por el formato del musical. Ese no será el caso de Atracción Fatal, un drama en toda regla que ha conseguido embarcar a uno de los directores más prestigiosos y veteranos de la escena británica, el septuagenario sir Trevor Nunn. Se trata de un viejo conocido de Close, a quien dirigió hace doce años en una producción de Un Tranvía Llamado Deseo en el National Theatre de Londres. Por aquel entonces, la actriz estadounidense ya había acumulado cinco de las seis nominaciones al Oscar que han jalonado su carrera (nunca ha ganado la estatuilla dorada), entre ellas por interpretar a la desquiciada Alex Forrest.
Aquel goloso papel para una actriz entonces en alza fue ideado por el guionista James Dearden, que ahora repite con la adaptación deAtracción Fatal a las tablas. Su secreto mejor guardado es si la nueva versión va a incluir o no uno de los momentos más recordados e impactantes de aquel thriller psicológico de 1987: la escena en que Alex hierve en una olla al conejillo mascota de la familia Gallagher.