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TEXTO y DRAMATURGIA: EUSEBIO CALONGE
DIRECCIÓN: PACO DE LA ZARANDA
INTÉRPRETES: CELIA BERMEJO, ENRIQUE BUSTOS, GASPAR CAMPUZANO, IOSUNE ONRAITA y FRANCISCO SÁNCHEZ
DURACIÓN: 1h 15min
PRODUCCIÓN: LA ZARANDA. TEATRO INESTABLE DE ANDALUCÍA LA BAJA
TEATRE ROMEA

Es de admirar el riesgo que supone programar en un teatro comercial medianamente grande una compañía como La Zaranda, cuyos montajes no son fáciles, donde las risas están entrecortadas por la crítica, por una situación que al finalizar se te queda como un pesado poso en el estómago.

Con muy poca escenografía se construye el horror, de los cuerpos, de la senectud, de aquellos que han sido arrinconados por hijos y demás familiares porque ya no sirven, a los que viven esperando la muerte. Pero no se deprimen, ellos buscan una salida. Sus sueños, todavía intactos, luchan contra la muerte, porque la vida les importa y la valoran, quizás más que los que les arrinconaron.

El grito en el cielo es una tragicomedia con gran carga poética y una potencia poco vista en el terreno visual. Una extraordinaria iluminación del mismo Eusebio Calonge se funde perfectamente con el espacio escénico de Paco de la Zaranda y la música de Richard Wagner para convertir la oscuridad en momentos tétricos.

En la parte interpretativa encuentro algún "pero". Así como la parte del movimiento está genialmente representada, el exceso de repeticiones y las voces exageradas de los protagonistas para hacer reír a los espectadores caen en el esperpento más rancio. Todos hemos tenido la oportunidad de tratar con señores mayores y no conozco a ninguno que hable de la manera que lo hacen los protagonistas. No hacía falta que viniera el "cuñao" a escena.

No sé si en su huída han llegado al cielo o al infierno, pero yo les dejaría un tiempo en el purgatorio, para que limen las pequeñas asperezas y entren poco a poco por la puerta gran de los cielos.

EL GRITO EN EL CIELO

by on 18:08
TEXTO y DRAMATURGIA: EUSEBIO CALONGE DIRECCIÓN: PACO DE LA ZARANDA INTÉRPRETES: CELIA BERMEJO, ENRIQUE BUSTOS, GASPAR CAMPUZANO, IOS...


Fuente: Elisa Díez (Butaques i Somnis) | Foto: Víctor Iglesias

Por fin la compañía andaluza La Zaranda llega a Barcelona con El Grito en el Cielo. Hace algunos meses estuvieron en un bolo en Hospitalet y pese a las recomendaciones, sólo una función y prácticamente todo agotado no ayudaron demasiado. No te duermas que esta vez tampoco estarán mucho, tan sólo 13 funciones tienen programadas en el Teatro Romea.

El Grito en el Cielo surgió durante la residencia en la Biennal de Teatro de Venecia dirigida por Àlex Rigola de hace un año, y en noviembre pasado se estrenó en el Festival Temporada Alta. La acción se desarrolla en un geriátrico. Unos cuerpos abandonados acaben en el almacén de órganos deteriorados, sin posibilidad de regeneración. Una confortable y aséptica antesala de la muerte. A pesar de las circunstancias a estas vidas reducidas a ser mecanismos orgánicos no les han podido abolir la contraindicación de soñar. Algunos han decidido escaparse del acto final del destino, intentando una huida de la defunción medicamento certificada hacia la legendaria fuente de la eterna juventud. Un viaje de regreso a la vida recuperando el dolor como dimensión humana y la joya de la libertad perdida. Para el dramaturgo Eusebio Calonge: "una ácida crítica a un mundo deshumanizado y sin trascendencia, donde los historiales clínicos suplantan toda biografía y el arte, mutilado de su sentido espiritual, es un engranaje más de esa maquinaria de aniquilamiento."

La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la Baja es una de las compañías españolas con más proyección internacional. Sus creaciones impactan y conmueven, son una sacudida para los sentidos y el alma, ya que sus personajes "no viven un argumento, sino una pasión", como afirma Calonge. Pasión, compromiso y genuinidad definen a la compañía, que en el 2010 ganó el Premio Nacional de Teatro. Después de 37 años de trayectoria, dejando de lado las modas y las tácticas comerciales, la Zaranda sigue desarrollando su creatividad con un lenguaje teatral muy peculiar y extremadamente contemporáneo, textos depurados y efectivos, una plástica sencilla pero sobrecogedora y poética y el uso simbólico de objetos. Sus obras son el resultado de una búsqueda constante, de una introspección profunda y de un trabajo en común que da lugar a la creación, una realidad que surge como si tuviera vida propia. La muerte, las devastaciones que deja el paso del tiempo, la memoria son tratados con humor e ironía sin perder gravedad ni transcendencia.


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Que un grupo que desde hace casi 30 años está considerado como uno de los exquisitos malditos del teatro español llegue al escenario del Teatro María Guerrero ya dice mucho del grupo. Y quizá también de los programadores del Centro Dramático Nacional.
El caso es que La Zaranda Teatro Inestable de Andalucía la Baja es unarara avis de la escena española, que no se casa con nadie, que no calla ante nadie, cuya poética del desgarro (más bien del desgarrón) nunca llegó a los teatros comerciales, aunque en los últimos 15 años fue introduciéndose, poco a poco, como una droga irresistible, primero en el Teatro de la Abadía, luego en el Teatro Español, ahora en el templo sagrado del María Guerrero, sede del CDN. Ahí representan hasta el 7 de julio su último vómito esperpéntico: El régimen del pienso, escrito por el autor de cabecera de este grupo, Eusebio Calonge, una suerte de poeta escénico, y dirigido (¡cómo no!) por el antilíder Paco de la Zaranda. Y en la memoria de ambos el germen ideológico de la compañía, Juan Sánchez, fallecido hace tres meses. Y sus actores emblemáticos, Luis Enrique Bustos, Gaspar Campuzano y Francisco Sánchez, a quienes se ha unido en este espectáculo Javier Semprún. Y sus músicas tan antimoda, en esta ocasión de Pablo Luna, J. N. Hummel, Orlando Portocarrero y su Banda el Coro de Monges do Mosteiro de São Bento.
Para hablar de El régimen del pienso apelan a las palabras de Tolstoi enSonata a Kreutzer: “Si hay mucho hierro y qué metales hay en el Sol y las estrellas, eso se puede saber pronto; en cambio, denunciar la vida de cerdos que llevamos resulta difícil, demasiado difícil... Usted, al menos, me escucha y, aunque solo sea por eso, ya le estoy agradecido”. Claro que también recurren a Nostradamus y sus profecías para apuntar: “Hombre yacerá con Cerdo en desorden. Pestilente tufo recorrerá el reino”.
Lo que tienen claro es que este espectáculo refleja una realidad que ellos tratan de plantear como algo muy cercano a un compromiso social y de hecho hay algo de metáfora orweliana en su trabajo: “Manejamos otro tipo de códigos distintos que no es más que una consecuencia de nuestro intento de rescatar lo poético para aplicarlo a nuestras obras, a sabiendas de que el resultado es algo ajeno al teatro actual, pero La Zaranda asume ese riesgo ya que nuestra intención no es otra que contagiar, fundamentalmente a los espectadores, la pulsión del teatro”, señalan Calonge y Paco de La Zaranda.
Este grupo de culto con fieles seguidores que piensan que si existe dios, es muy probable que sea el que ha mandado a La Zaranda a que nos enseñen a los humanos cómo se hace teatro, y cómo convertir el arte escénico en un ritual donde no falta la oración, los lamentos, el recogimiento y, lo que quizá para ellos sea más chusco, el voto de pobreza al que se ven obligados desde hace 35 años, unas veces porque no eran considerados, otras por ser mucho más conocidos fuera de España que dentro, otras porque no estaban en los circuitos comerciales, otras porque no se contaba con ellos en los teatros públicos, otras por los recortes, otras…..
En esta ocasión han podido coproducir con el Festival Temporada Alta de Gerona, donde se estrenó el espectáculo hace unos meses. Un montaje en el que se habla de una epidemia porcina provocada en principio por un factor nutricional. Hay investigadores que sostienen que la causa es el engorde rápido, el exceso de pienso, otros apuntan al mal reparto de este. Las teorías veterinarias enfrentan pero no frenan el índice de mortandad en las pocilgas... Se inicia, una simulación medioambiental para clarificar las causas. La industria porcina comienza a verse afectada, su personal eliminado según los índices de rendimiento. La lucha por el puesto, con el único horizonte de un horario rutinario y vacío, sin más esperanza que la de una muerte indolora, hace que las vidas del cerdo y el hombre se crucen, se confundan. “Archivos, necropsias, el simulacro de existencia que representamos, en la que los artistas son forenses o los forenses simulan ser artistas, meros burócratas tramitando la nada oficial, científica o financiera”, dice Calonge de este trabajo que califica de necropsia de una sociedad.
Una vez más La Zaranda, que recibió el Premio Nacional de Teatro en 2010, quiere ser un grupo que sea discernidor, que preserva lo esencial y desecha lo inservible, desarrollando una poética teatral que, lejos de fórmulas estereotipadas o efímeras, ha consolidado en un lenguaje propio, que siempre intenta invocar a la memoria e invitar a la reflexión.


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
La Zaranda (premio Nacional de Teatro 2010) es un grupo mítico en Latinoamérica y una formación de culto, ritual y poética para las gentes de la escena europea. Su trayectoria e historia no hubieran sido las mismas sin Juan de la Zaranda, seudónimo que siempre utilizó Juan Sánchez desde que fundara este grupo en 1978 con los que siempre llamó sus hermanos, alguno incluso de sangre: Paco de la Zaranda, Eusebio Calonge, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos.
Todos ellos también eligieron como nombre Teatro Inestable de Andalucía La Baja, dejando claro de esa manera su nomadismo y su precariedad, y todos ellos velaron ayer el cuerpo de Juan en el tanatorio de Jerez de la Frontera (Cádiz). Ciudad en la que todos nacieron y crecieron, en la que Juan nació en 1954 en la calle Juan Sánchez, en la que falleció el martes a las cuatro y media de la madrugada (hora a la que tantas veces se retiraba) y en la que será incinerado hoy a las once de la mañana. Preguntado su hermano Paco sobre la causa de la muerte, contestaba con apenas un hilo de voz, al más puro estilo zarandiano: “¿La causa de la muerte? Pues la vida. Estaba mal”.
En una pequeña autobiografía de Juan escrita con su seudónimo de escribidor, el dramaturgo afirmaba: “Grito claramente la esencialidad de mi obra con el Teatro de la Zaranda, con los que escribo: Los tinglaos de María Castaña (1982), Ojú, ojú, ojú (1983), Mariameneo, Mariameneo (1985) y Vinagre de Jerez, subtitulada Estudio dramático para una seguiriya (1987)”. Con esta última obra, La Zaranda hizo gira por medio mundo consiguiendo, más que espectadores fieles, auténticos feligreses de un culto escénico que nadie pudo ni supo imitar sobre un escenario y cuyo relevo tomó con pulso firme Eusebio Calonge, autor de La Zaranda y un trasunto contemporáneo de Valle-Inclán (con el que guarda un asombroso parecido físico… y mental), investido con el aliento poético de Juan Sánchez desde que el dramaturgo fallecido ayer iniciara su silenciosa retirada. Poco antes de emprenderla, escribió: “No sé lo que busco. ¿Una verónica de Rafael de Paula, un verso de Antonio Machado, un cante por bajito del Monea? Los nombro con prudencia, me desdigo, me repito, avanzo y retrocedo. Tal vez el intento de devolver al teatro ese eco de seguiriya que la historia me prestó”.
Desde esos primeros cuatro espectáculos marcados, ya para siempre y hasta ahora, por la poética de Sánchez, el sello de los zarandos, como les llaman en la profesión teatral, es convertir su teatro en un rito, no en una forma de hablar sino de actuar: “El origen del teatro es anterior a la escritura y el hablar se convierte en una acción, y esta acción no es propia sino revelada (...) porque en el teatro, como en la vida, nuestras obsesiones fundamentales: el amor, la muerte... van más allá de lo cotidiano, ocupan también nuestros sueños”.
Para un grupo como La Zaranda, el texto es una semilla que el autor deja caer en los personajes, y la mayoría de las veces, “los actores destrozamos esa semilla, tiene que morir para que salga algo vivo entre nosotros; los personajes que crea la compañía, que han creado Juan y Eusebio, habitan en la conciencia del espectador y el actor busca un recuerdo imborrable en la memoria del público. Si conseguimos eso significará que el misterio oculto en la obra habrá aflorado”, afirmaba no hace mucho Paco de la Zaranda refiriéndose al teatro escrito para ellos por Calonge y el dramaturgo ahora desaparecido, que siempre buscaba con su escritura descubrir lo más íntimo y silencioso que habita en la soledad del ser humano y para ello siempre renunció a la chabacanería, a lo fácil, al pelotazo, a la cacharrería intelectual y al andalucismo barato. Quien ha visto alguna vez en un escenario a La Zaranda sabe que lo que este grupo ofrece es algo más que teatro y que su poética, sus mundos apocalípticos, su estética y su ética de perdedores y, sobre todo, su ritual mirada lúcida, cruenta, tierna y existencialista tiene su origen claro y diáfano en la escritura dramática de Juan Sánchez, amigo íntimo de artistas flamencos como Ana y Manuel Parrilla, Diego Rubichi y Manuel Morao (y su compañía de Gitanos de Jerez), con quienes trabajó y para la que creó el espectáculo Tierra cantaora. Otros de sus trabajos fueron La vida es así y solo Dios, que la ha hecho, sabrá el porqué y en 1992 Antígona Monge, un estudio flamenco sobre la obra de Sófocles, Sur-Hondo (cuatro estaciones para el baile) o Pregón Mascandé.