Fuente: Maricel Chavarría (lavanguardia.com)

En la era de la Europa múltiple, en la que conviven la Europa de la crisis, la de la crisis salvaje... y la que se apeó del monopoly con antelación y ahora puede destinar sus buenos dineros a la ópera, es interesante observar hacia dónde enfocan artistas y pensadores sus cavilaciones. E incluso los propios directores de las casas de ópera. La Estatal de Baviera -la Bayerische Staatsoper de Munich-, la de mayor personalidad dentro de la nutrida geografía alemana, optó anoche por inaugurar excepcionalmente la temporada con un estreno mundial, es decir, con una ópera de nuevo cuño: Babylon. Un cuento de máquinas. una reflexión musical y filosófica sobre el inicio de nuestra civilización que levantó de sus asientos al público durante 17 minutos. Lo nunca visto en una ópera contemporánea.

Nikolaus Bachler, director general de la Bayerische, enroló en la idea al entusiasta compositor muniqués Jörg Widmann, el chico de moda de la ciudad a cuya obra dedican las tiendas de discos escaparates enteros. Contó además para el libreto con la lucidez del filósofo Peter Sloterdijk, que hasta hace poco tenía un programa en prime time televisivo..., y contó, en fin, con la imaginación plástica y conceptual de Carlus Padrissa, de La Fura del Baus, que ya había triunfado el año pasado en esta plaza con Zubin Mehta en Turandot. Juntos reinterpretan la mil veces analizada civilización babilónica deconstruyendo el mito de ciudad del pecado, víctima del castigo divino.

Esta mélange cinco estrellas, que debe tener muerto de envidia a Gerard Mortier -de Widmann es también la ópera Am Amfang con la que el actual director del Teatro Real se despedía en 2009 de la Bastille, causando revuelo al entregar el montaje a Anselm Kiefer- va más allá del capricho bávaro de regalarse una ópera excepcional. La historia es un complejo y barroquista homenaje a una cultura moderna, seno de invenciones definitivas, como la escritura, la astronomía, los días de la semana, el amor libre, el ladrillo, los edificios, las ciudades..., y las leyes que acabaron con el ojo por ojo del judaísmo, inventaron la presunción de inocencia y favorecieron el respeto entre etnias. 

¿Qué castigo divino ni que ocho cuartos?, viene a decir Sloterdijk. ¿Cómo iba a enviar Dios un diluvio para castigar a la humanidad y salvar las especies en un arca, pudiendo acabar con ella con un simple sarampión? ¡Si las catástrofes naturales tenían tan acojonados a los dioses y a los semidioses como a los seres humanos! 

Tres mil años antes de Cristo, judíos y babilonios se enriquecían mutuamente. Los primeros influían en los segundos para poner fin a los sacrificios humanos; los segundos rendían culto al sexo para compensar la elevada mortalidad infantil, construyendo templos del amor, en los que la gente se iniciaba a lo swinging antes del matrimonio. El judaísmo les acusó al final del gran pecado, tergiversando dos mil años después sus mitos, en las primeras escrituras. 

"Babilonia es la base de nuestra cultura. Y el culto al sexo, entendido como sexo libre, no ha llegado todavía pero ya llegará, está en camino", comentaba ayer justo antes del estreno Carlus Padrissa, frente a un suculento codillo bávaro. En escena, siete penes y siete vulvas hechas de termoplástico albergan a actores que simulan estar desnudos. 

La bacanal no tenía sentido de ninguna otra manera, pero ¿cómo pedirle al coro de la Bayerische que se desnude? "Optamos por buscar a cuatro personas que no tuvieran inconveniente en fotografiarse el cuerpo desnudo y de esa imagen hicimos un plotter, una impresora de tela, que es lo que llevan puesto, diseño de Chu Uroz, de manera que parece que las partes desnudas que les ven sean las suyas propias".

Carlus Padrissa ha jugado a construir y destruir su decorado -unas 400 piezas móviles de lego sobre otras tantas fijas, la escenografía más grande de La Fura tras la muñeca del Le Grand Macabre-, para lo que al final tuvo que procurarse una red protectora, pues peligraban los stradivarius del foso. El montaje de vídeo no lo firma esta vez Franc Aleu, sino Welovecode/Tigrelab, más alejados de lo estrictamente digital. 

Todo ello al servicio de la idea de Jörg Widmann: componer una ópera sobre la antigua ciudad como una metrópoli multicultural, cosmopolita, efervescente. Y cuya destrucción final hay que leer como metáfora del amor entre la legendaria Innana, diosa/prostituta, y Tamur -la soprano Anna Prohaska, gran triunfadora de la noche, y el tenor Jussi Myllys-, que se derrumban y funden en un abrazo como inicio de algo nuevo. Toda creación conlleva una destrucción. Y el público de la Bayerische no pudo estar más de acuerdo.

Fuente: EFE via lavanguardia.com

El compositor alemán Hans Werner Henze, uno de los más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, murió hoy en Dresde (este de Alemania) a los 86 años de edad, informó su casa discográfica Schott Music.
"Hans Werner Henze, uno de los más versátiles e influyentes compositores de nuestro tiempo ha muerto", comunicó la editora en una extensa nota en su página web, que no precisa la causa del fallecimiento.

Henze alcanzó la fama tanto por su extensa obra musical, especialmente sus composiciones para teatro, como por su gran compromiso político, denunciando el nazismo y defendiendo con igual pasión el comunismo.
Su extenso trabajo musical incluye cerca de 40 obras para teatro, óperas, diez sinfonías, conciertos, obras de cámara, oratorios y un réquiem compuesto por nueve conciertos sagrados.

"Muchas cosas deambulan desde la sala de conciertos al escenario y viceversa", aseguró Henze en una ocasión.

Según la nota de su casa discográfica, lo verdaderamente "único" de este amplio trabajo "es la unión de la belleza atemporal y el compromiso contemporáneo".

Entre las cumbres de su creación destacan sus colaboraciones con el poeta austríaco Ingeborg Bachmann, con quien compuso El príncipe de Homburg (Der Prinz von Homburg, 1958-59) y El joven Lord (Der junge Lord, 1964) y los dramas musicales Elegía para jóvenes amantes (Elegy for Young Lovers, 1959-61) y Los Bassarids The Bassarids, 1964-65).

Su compromiso político surgió de la mano de las enseñanzas de su padre, un maestro de escuela, y se ahondaron con sus experiencias como prisionero de guerra en la Alemania nazi de Adolf Hitler.

Más adelante se involucró políticamente en las revueltas de 1968 y la revolución cubana, y decidió traducir su compromiso en un nuevo lenguaje musical.

Fruto de esta determinación nacieron obras clave en su trayectoria como compositor como Vamos al río (We come to the River, 1974-1976) o su novena sinfonía, una obra coral en siete movimientos basada en la novena "La séptima cruz" de Anna Seghers, un monumento contra el fascismo y la guerra.

En 1976, Henze fundó la Cantiere d'Arte en Montepulciano (Italia) y en 1988, la Biennale de Múnich, de las que fue director artístico hasta 1994.
Henze nació el 1 de julio de 1926 en Gütersloh (noroeste de Alemania) y fue educado desde joven en una perspectiva socialista de la mano de su padre, durante la convulsa república de Weimar, un período especialmente turbulento en la historia de Alemania que antecedió a la ascensión del nacionalsocialismo.

Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, Henze comenzó a llevar una vida doble, estudiando por la mañana en un conservatorio el currículo oficial y tocando música de cámara en una casa de una familia en parte judía.
Su padre murió en el frente oriental durante la II Guerra Mundial y Henze fue movilizado de forma forzosa en 1944, con el Ejército alemán ya en retroceso, y terminó encarcelado en un campo de prisioneros de guerra británico.

Su compromiso político y sus apuestas musicales lo separaron de sus colegas alemanes y en 1953 se trasladó a vivir a Italia, donde fijó su residencia hasta poco antes de su muerte.

La música "es lo opuesto al pecado: es la redención, la tierra prometida", aseguró Henze.

TEXT: DAVID HIRSON
TRADUCCIÓ: JOAN SELLENT
DIRECCIÓ: SERGI BELBEL
INTÈRPRETS: JORDI BOIXADERAS, PEPO BLASCO, JORDI BOSCH, CARLES MARTÍNEZ, MÍRIAM ALAMANY, ABEL FOLK, GEMMA MARTÍNEZ, ANNA BRIANSÓ i QUERALT CASASAYAS
DURADA: 1h (primera part) / 20 minuts (entreacte) / 1h 15min (segona part)
PRODUCCIÓ: TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA i BITÒ PRODUCCIONS
SALA GRAN (TNC)

Malauradament, La Bête s'ha fet esperar, però que totes les esperes siguin com aquesta. Sergi Belbel ha aconseguit el que volia, acabar la seva direcció del TNC i sortir per la porta gran. La Bête és un homenatge al teatre, posant en escena les contradiccions que s'amaguen darrera del teatre culte si el comparem amb el teatre popular o comercial.

Si bé és cert que aquesta Bête té un protagonista destacat, el Valere, magistralment interpretat pel Jordi Bosch i més si es pensa que s'ha hagut de fer amb el personatge en poc menys de tres setmanes. Sense restar-li cap mèrit a tan sorprenent feta, el veritable protagonista de La Bête és Joan Sellent, el seu traductor. La sonoritat d'aquests versos alexandrins catalans no deuen distar molt de la seva versió anglesa i són tot un gust a les orelles dels espectadors. No hi ha res impossible pel Sellent, i una vegada més demostra que és el millor traductor de textos anglesos que tenim.

La parella perfecta pel Valere, l'actor de carrer que està acostumat a treballar sol, i que ell mateix fa tot l'espectacle (text, vestuari, escenografia i interpretació) és l'Elomire (anagrama dedicat a Molière, com la resta de l'obra), genialment interpretat pel Jordi Boixaderas, un autor que viu amb la seva companyia al palau del Príncep Conti (Abel Folk) i que s'ha acomodat i les seves obres ja no interessen a ningú. 

Magnífic el primer acte de La Bête, amb protagonisme gairebé absolut pel Jordi Bosch que destil·la mestratge en el seu soliloqui de més de mitja hora que aconsegueix al·lucinar al públic i deixar-li bocadabat. Després de l'entreacte, arriba l'acció, s'explica la història i es deixa una mica de banda els discursos. Es dóna importància als personatges secundaris que durant la primera part actuen de mera comparsa.

Imponent, un cop més l'escenografia del Max Graenzel que converteix aquest "templete" en una mena de vaixell a la deriva, com un a companyia que necessita de sàvia nova per sobreviure. L'escenari de la Sala Gran del TNC s'acaba obrint i ensenyant-nos les seves entranyes mentres observen marxar els intèrprets. Millor final impossible a l'etapa de Bebel. Punt i seguit.

LA BÊTE

by on 18:02
TEXT: DAVID HIRSON TRADUCCIÓ: JOAN SELLENT DIRECCIÓ: SERGI BELBEL INTÈRPRETS: JORDI BOIXADERAS, PEPO BLASCO, JORDI BOSCH, CARLES M...


Font: Maria Palau (elpuntavui.cat)
El crític teatral Francesc Curet trobava repugnant el Paral·lel d'abans de la guerra: “És la degradació del bon gust”. “És d'aquestes coses que a un li sap greu que es manifestin en català”, va escriure a la seva revista, un article en què, tot indignat, feia un repàs de les obres que s'havien estrenat en català l'any 1914 a Barcelona. D'un total de 50, una quarantena eren vodevils. Mentre Curet i altres prohoms de les elits culturals –fins i tot les progressistes– renegaven de tot el que es representava als teatres i altres sales del Paral·lel, l'empresari Manuel Sugrañes, el cèsar de les revistes, venia cada dia milers d'entrades dels espectacles que, per una estranya superstició, batejava amb títols de sis lletres: Kiss meShe-SheJoy- Joy.
Els intel·lectuals no van baixar del burro i sempre van abominar d'aquella escena tan popular, per més que parlés català. Sugrañes se'ls va encarar: “El Paral·lel no és pas un barri bord.” I va posar com a exemple l'Auca del senyor Esteve, que es va estrenar al Victòria, el 1917, perquè cap empresari “del centre” en va voler saber res. Doncs vet aquí que, amb el pas del temps, el Paral·lel primigeni es va anar fonent en l'oblit fins a no deixar rastre en l'imaginari dels catalans.
D'aquí que, quan el director escènic Xavier Albertí i el periodista Eduard Molner es van proposar fer una mostra sobre aquella època, es van trobar que hi havia un buit acadèmic desolador. Albertí i Molner van partir de zero, tot i que ara, amb l'exposició muntada al Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), l'ingent material que llueixen recompensa l'esforç de recerca.
El visitant entrarà en una dimensió desconeguda, però ben aviat es farà una idea del que va ser el primer Paral·lel que va emergir després que l'avinguda s'inaugurés oficialment el 1894. En alguns moments va arribar a tenir 50 teatres, que divertien les classes populars, sense oblidar els nombrosos cafès, com ara el descomunal cafè Espanyol, un dels més grans de tot Europa, en què els concerts de pianola eren eterns. “Broadway i Montmartre no van tenir mai tanta densitat escènica”, exclama Molner.
El fenomen del Paral·lel va ser únic, sobretot durant la Gran Guerra, i només el desdeny de l'alta cultura explica que avui la majoria de les estrelles artístiques del carrer siguin unes desconegudes totals. “Als francesos ningú els ha de dir qui van ser Maurice Chevalier i Josephine Baker; als catalans sí que cal explicar-los qui van ser Pilar Alonso i Elena Jordi”, emfasitza Albertí.
Pilar Alonso va ser una gran cupletista, com també ho van ser Mercè Serós i Blanquita Suárez, que a l'exposició no podria aparèixer més ben representada: Picasso la va evocar en una deliciosa peça cubista. Cap d'aquestes artistes no va poder eclipsar Raquel Meller, la primera star del Paral·lel que va aconseguir atreure famílies senceres de la burgesia, després que Eugeni d'Ors li dediqués una glossa en veure-la debutar, el 1911, a l'Arnau. Tot va canviar una mica a partir de llavors, però no suficientment...
Albertí diu que cal explicar també qui era Elena Jordi, capaç d'omplir a ulls clucs les 2.000 cadires del Teatre Espanyol. Elena Jordi, el nom artístic de Montserrat Casals, i Josep Papitu Santpere van ser els dos grans constructors del vodevil català. Jordi passava llargues temporades a París –on es reservava una planta sencera de l'hotel Palace– per conèixer els espectacles francesos i comprar vestuari. Va fer tanta fortuna que va estar a punt d'obrir un teatre amb el seu nom.
La mostra es clou el 1939, i no pas per caprici. La censura franquista va aniquilar la tolerància del Paral·lel original, que va deixar d'estar connectat, a més, amb les tendències escèniques populars internacionals. Després va aflorar un altre món, també amb personalitat pròpia, “però ja era una altre Paral·lel, del qual sí que se'n saben més coses”, sentencien els comissaris.
El Paral·lel. 1894-1939.
al cccb. fins al 24 de febrer.

El primer Paral·lel

by on 14:42
Font: Maria Palau (elpuntavui.cat) El crític teatral Francesc Curet trobava repugnant el Paral·lel d'abans de la guerra: “És la d...


Fuente: Rocío García (elpais.com)
El maldito escalón. Los nervios. Paco la esperaba escaleras abajo. En el segundo escalón, ella tenía que comenzar su frase, pero en cada función de El águila de dos cabezas, de Jean Cocteau, se olvidaba. Y Paco le decía “pa, pa, pa…”, y le surgían las palabras de manera mágica. Eso era por 1949, en una gira por Andalucía, cuando Asunción Balaguer y Paco Rabal no eran ni novios, solo compañeros teatrales, y la actriz, entonces con 24 años, viajaba acompañada de una carabina, “pesada y horrorosa”. Hoy con 86 años tiene menos lapsus. “No me explico por qué, quizás tenga más recursos”. La actriz se enfrenta a partir del próximo jueves a un monólogo de una hora en la sala pequeña del teatro Español de Madrid, donde se cuenta a sí misma y al espectador su vida, y en el que intercala poemas de Antonio Machado. En El tiempo es un sueño, escrito y dirigido por Rafael Álvarez, El Brujo,abre su corazón de mujer libre, recuerda con admiración a su madre, habla de su carrera y se detiene en el gran amor de su vida, el actor Paco Rabal. Todo en un escenario oscuro, con solo tres butacas y la actriz vestida con un traje color calabaza.
Delicada, amable, sencilla, vitalista, dulce, va dejando a su paso un rastro de admiración y simpatía. Su papel de corista en el musicalFollies la trasladó a un mundo nuevo, la rejuveneció, aprendió a bailar claqué —“no es tan difícil”—, cantó. Los aplausos que le dedicaban día a día los espectadores le serán difíciles de olvidar. “Qué sorpresa, qué emoción, nunca había oído tantos aplausos. Notaba algo especial hacía mí y pensaba ‘si yo no hago tanto…’. Lo hice con mucha ilusión, pero tenía un miedo, sobre todo antes de interpretar la canción. Luego logré serenarme”.
Ahora da un salto más, y qué salto, y se estrena con el monólogo, después de más de sesenta años de carrera. “Golobart, Teresa Golobart. Esta era ella. Mi madre…”. Así comienza el texto en el que cuenta que nació en Manresa, en una casa grande con tres balcones a la calle y un piano que aún conserva, en una familia burguesa de seis hermanos con apellidos catalanes. “Todos catalanes, soy una emigrante, una emigrante catalana en Madrid…”, continúa el monólogo, que ya ha paseado por algunas ciudades antes de aterrizar en el Español, donde se vivirá la novedad de música en directo, a cargo de la pianista Ana Fernández. Sus comienzos fueron duros, era la posguerra, y además tenía la pega del acento. Hasta que un día, tras ser rechazada con burlas por Fernanda Ladrón de Guevara para un papelito en una compañía de Madrid por culpa del acento “horroroso” que tenía, se fue llorando, pero se juró a sí misma: “Nunca más. No volveré a perder un papel por culpa del acento”.
“No me disgusta contar mi vida”, dice con un tonillo cantarín esta mañana Balaguer, traje de chaqueta pantalón gris, perlas, bolso enorme y pesado. “Me gusta contarlo y que sea en una salita pequeña, porque en teatro me veo más distanciada del público. A mí en una obra de teatro no me gusta saber quién hay en el público, porque me desconcierta, pero aquí, como soy yo, me gusta tener esa confianza con el público y contarle mis cosas. Soy muy contadora, lo paso bien. Es como si estuviera con amigos a quienes les cuento mis cosas, y como los viejos tenemos tanto que contar… y tan bonito”.
Bonito pero con algunas manchas negras que también las confesará. Es al final del monólogo cuando descubre algo muy íntimo, relacionado con Rabal, el hombre al que estuvo unida desde el año 1951, cuando se casó, hasta su muerte en 2001. “Fue un momento duro de mi vida en el que yo quería saber lo que pasaba. Finalmente, lo que me encontré no fue lo que yo me imaginaba”. La actriz no quiere desentrañar más en este encuentro. Lo que sí cuenta es que fue un taxista, “un ángel”, quien la hizo reflexionar ese día sobre la drástica decisión que ella, llorando a mares en el coche, le confesó iba a tomar, dejar a su marido. “No lo haga, piénselo, yo la llevo a dar vueltas por Madrid hasta que usted se calme, pero no lo haga”, le rogó el taxista. Ella siguió su consejo. “No rompí con él. Yo era bastante decidida, no tenía miedo a la vida, nunca lo he tenido. Ahora me doy cuenta de que he sido una mujer libre y luchadora. En ese momento, decidí quedarme con él y ayudarle”.
PACO, así en mayúsculas, aparece pronto en el monólogo. “Paco era todo para mí. La verdad, yo hice mucho por esa relación, pero él también. Porque tuvo muchas tentaciones, era guapo y las mujeres se le daban… Las mujeres le acosaban. Él me decía: ‘Asunción, yo salto el fuego, pero no me quemo’. Pero alguna vez se quemó”, confiesa sonriente y dulce. “Menos mal que no me enteré, o me enteré tarde cuando ya había pasado”, añade rápido esta mujer romántica que dice no haber sido nunca muy noviera. “Paco era listo, guapo, dulce y romántico. Me llenó de poesías”. Como aquella carta que le envió y en la que le decía: “Te amaré hasta la eternidad”. “Se dice pronto, ¡la eternidad!”, añade ella.
Todavía recuerda, emocionada, le brillan los ojos cuando lo cuenta, el día en el que Paco se declaró, apenas unas horas después de que bailaran y bailaran hasta bien entrada la madrugada, a los sones de un pasodoble. Fue en un autocar, de noche, una noche con muchas estrellas —“o al menos así lo recuerdo yo”—, llegando a Jerez desde Córdoba, donde habían actuado en el Gran Teatro. Le tomó la mano y le dijo que la quería. “Tenía la mano fría, helada, y me dio tanta ternura. ¡Aquella mano tan grande y helada!”.
Balaguer se detiene mucho en su familia, en la separación de sus padres, en la vida entonces al lado de su madre —“una mujer moderna que me apoyó mucho en mi empeño en dedicarme al teatro en aquellos años, que tuvo una vida tan sin amor”—, en la llegada de la República, en la guerra y, claro, en su profesión. Fue una niña curiosa que bailaba y cantaba, al atardecer, en Manresa, en una gran terraza, mientras su madre tocaba el piano, y a quien la impresionó, con apenas seis años, la instauración de la República. “Me acuerdo todavía muy bien de los carteles de Antonio Machado por las calles, de la figura de esa mujer arrogante y hermosa que era el símbolo de la República. Comprobé, incluso, cómo se liberaba la mujer, cómo alguna se separó de su marido que la pegaba. Los niños íbamos a las bibliotecas”.
Habla de sus estudios de teatro con Marta Grau, alumna a su vez de María Guerrero, de su compañera Aurora Bautista, de aquel profesor cura de Burgos que le puso su madre para quitarle el acento catalán y que fue luego el que los casó —“el padre García, un señor estupendo”— . También de su debut teatral con Lope de Vega en La discreta enamorada, dirigida por Tamayo. “Había quizás más penuria entonces, pero creo que la vida en el teatro era más fácil porque había menos gente que se quería dedicar a ello”.
Está algo nerviosa con su estreno en Madrid de El tiempo es un sueño.Y, al mismo tiempo, emocionada y convencida de que el acompañamiento musical engrandecerá el espectáculo. Sabe que se acordará de Paco en muchos momentos. De sus manos grandes y frías, heladas. “Tú guardas el fuego / yo gano el pan / y en esta noche de todos / tu mano en la mía está…”, recita ella de un poema de Machado. También de aquel taxista que le cambió el rumbo de su vida. “Dos veces no lo hubiera hecho. Lo he amado mucho. Se lo merecía todo. El Brujo dice que Paco tenía una herida en el alma. Él nació pobre y de repente fue rico, pero siempre llevaba la herida de la pobreza encima. Quizás tiene razón”.
El tiempo es un sueño. Monólogo de Asunción Balaguer. Escrito y dirigido por Rafael Álvarez, ‘El Brujo’. Dirección musical y piano: Ana Fernández Torres. Sala Pequeña del Teatro Español. Madrid. Del 1 al 18 de noviembre. www.teatroespanol.es/


Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Es una de las voces más potentes, personales e interesantes que ha dado América Latina al teatro en la última década. El chileno Guillermo Calderón (1971) es un joven dramaturgo, director de escena y actor (casi nunca ya en este papel), que se encuentra estos días en España con su último montaje Villa+Discurso, compuesto por dos de las obras más representativas de su mirada incisiva.
Criado en la dictadura de Pinochet, Calderón lanza dardos certeros sobre una sociedad, la chilena, que según él, no ha tenido ni verdad ni justicia: “Eso sigue creando problemas y estas pequeñas obras, que están conectadas, pretenden llevar esa reflexión al escenario”. Ambas han sido presentadas en distintos centros de tortura y exterminio, y Calderón quería que fueran muy transparentes: “Tratan de la historia política de Chile, nos gustaría que el público haga la conexión con la historia de aquí; hablamos de lugares de memoria y temas que pueden resonar acá”, dice de unas piezas coproducidas por la Fundación Festival Internacional Teatro a Mil, uno de los motores escénicos más vivos e importantes de América del Sur.
En Villa tres mujeres debaten sobre qué hacer con Villa Grimaldi, un centro de tortura de la dictadura de Pinochet. Discurso recoge una utópica intervención de despedida de la presidenta Michelle Bachelet al dejar el poder. “Es lo que me hubiera gustado que dijera, ella tiene una gran fuerza simbólica, fue la primera presidente víctima de la dictadura”, dice Calderón sobre esta política que fue detenida y torturada, al igual que su padre, en Villa Grimaldi.
Ha recalado en el teatro Valle-Inclán, de Madrid, sede del Centro Dramático Nacional (CDN), programado dentro del ciclo Una mirada al mundo, inventado por Gerardo Vera, anterior director del CDN y mantenido por el actual, Ernesto Caballero, en un alarde de coherencia en la gestión de un centro público, buscando lo mejor para la ciudadanía. Durante unas semanas desfilan por este ciclo grandes creadores de la dramaturgia internacional, que además imparten talleres y tienen encuentros con el público, como el de hoy sábado entre Calderón y sus actrices (Francisca Lewin, Carla Romero y Macarena Zamudio).
“Soy lo que en Chile llaman hijo de la dictadura, crecí en ella”, [nació en la década de los setenta] y la democracia llegó cuando era adolescente. “Lo específico de la transición chilena”, añade, “es que hubo una negociación muy decepcionante; siguió el sistema político y económico de la dictadura y no hubo justicia en el caso de la violación de derechos humanos; de ahí que hubiera mucha decepción y escepticismo en lo que se refiera a la posibilidad de tener una democracia… y eso crea una concepción casi nihilista respecto a vivir en Chile”.
En ese contexto emerge su opción política: “En mi obra he explorado personajes que tienen una visión anarquista con respecto al Estado, a la política, a la vida. El anarquismo como historia, y como idea, siempre es una gran fuente de inspiración”.
Su montaje seguirá viajando por diferentes ciudades españolas y también tendrá recorrido internacional como todos sus espectáculos, ya vistos en 30 países.